Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 117 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Vlad abrió la bolsa que había recibido del conde y contó una por una las monedas de oro que contenía. El dinero entregado por el noble ascendía a un total de veinte monedas de oro.
"Es una suma ambigua."
Aunque las brillantes monedas de oro relucían invitantes ante sus ojos, Vlad se limitaba a fruncir el ceño. Si se juzgaba únicamente como la paga por escoltar el carruaje, sin duda era una suma considerable; no obstante, si se sopesaba el precio de haber arriesgado la vida, resultaba a todas luces mezquina. Al parecer, el Conde Bitskaya pretendía saldar la cantidad faltante a cambio de rencor.
"Goat."
"¿Eh?"
Goat atrapó por puro reflejo las monedas que volaron hacia él.
"Tu paga."
"O-oh..."
Tres relucientes monedas de oro. Al contemplar una ganancia que a un campesino arrendatario común le costaría un año entero de extenuante trabajo reunir, Goat pataleó de pura emoción.
"¡¿Qué?! ¿Vas a darme tres monedas de oro cada vez a partir de ahora?"
"Si hay dinero, sí."
"¡Uf!"
Goat mordió una moneda de oro mientras pensaba: 'Definitivamente hice bien en seguirlo'. Por muy capaz que fuera un señor, si resultaba tacaño a la hora de aflojar la bolsa, servirle se convertiría en un tormento. Sin embargo, el caballero que tenía delante no escatimaba en absoluto a la hora de velar por sus subordinados. Se asemejaba a los capos de los callejones cuando derrochaban dinero con magnánima soltura.
"Y esto es para los gastos."
"¡¿Otra más?!"
Acompañada de aquellas palabras indiferentes, otra moneda de oro voló hacia él. El semblante de Goat al contemplar la moneda surcar el aire parecía rebosar de renovada dicha.
"Paga la posada con eso."
"Por descontado."
"Y paga también la del que se hospeda en la habitación contigua."
"Por descontado, pagaré también la del que está en la habitación conti... ¿Eh?"
Goat, que había estado pletórico con las brillantes monedas de oro, no pudo evitar fruncir el ceño ante la orden que acababa de escuchar.
"¿Por qué la de al lado? ¿Acaso nos moveremos junto a ese sujeto a partir de ahora?"
Vlad no había sido el único en recibir el embate del hombre del capuchón gris sobre el puente de piedra. El pómulo lívido de Goat aún le recordaba sin tregua el dolor de aquel día.
"Dentro de las tres monedas de oro que te di también va incluido el precio de acatar órdenes sin rechistar."
"...¿Y acaso ese tipo tiene un caballo para seguirnos el paso?"
Vlad sofocó la queja de Goat con la simple contundencia del oro y se puso en pie.
"¿Adónde vas?"
"A ver a Stefan."
Si se recurría a los servicios de otros, debía pagarse el precio debido. Además, dado que la Banda de Mercenarios del Espino había obedecido a Vlad, habían caído en desgracia ante los ojos de Bitskaya, por lo que él debía compensarlos por aquel perjuicio.
"No huyeron. Merecen que se les reconozca el valor."
Goat asintió ante las palabras de Vlad. Habiendo pertenecido ambos al oficio de las armas a sueldo, sabían de sobra cuán preciada era una tropa mercenaria que defendía su puesto hasta el final.
"Me marcho."
"Que vaya bien, jefe."
Vlad se ciñó la capa y salió al gélido exterior tras dejar tan solo esa escueta despedida. Mientras contemplaba la espalda de Vlad abrir la puerta de la posada, Goat se rascó la barbilla.
"...Ahora sí que tiene porte de caballero."
En su primer encuentro, la figura de Vlad no había sido más que la de un muchacho montaraz e ignorante del mundo; pero la espalda del Vlad que salía ahora al exterior correspondía, a ojos de cualquiera, a la imponente estampa de un caballero de peso. Era el mismo invierno de antaño, pero los hombros de Vlad, al cruzar el umbral, se habían ensanchado con el paso del tiempo.
\*\*\*
En las postrimerías del frío invierno. Aunque no alcanzaba el rigor implacable del norte, este paraje en los confines de la región central resultaba igualmente gélido.
"Dijeron que les dieron una fortuna, ¿por qué la cena es solo esto?"
El hombre del capuchón gris removía de un lado a otro el caldero preparado por Goat mientras chasqueaba la lengua.
"¿Acaso no se necesita carne para tener fuerzas? Un caballero jamás debería escatimar en comida."
Goat torcía el gesto con disgusto al ver cómo aquel individuo despreciaba el estofado que había cocinado con tanto esmero. Con todo, si guardaba silencio era únicamente porque conocía a la perfección la temible destreza del hombre que tenía enfrente.
"Los precios en Tanovo están desquiciados."
"Por muy caros que sean..."
"No quedó más dinero porque tuvimos que comprarle un caballo a cierta persona."
"...En ese caso, no hay más remedio."
Tras escuchar la respuesta de Vlad, el hombre del capuchón gris sostuvo el cucharón con el que revolvía en silencio y se sirvió una porción en el cuenco. Aquellos que deambulaban por las simas más bajas debían aprender a ser agradecidos incluso con el auxilio más modesto.
"¿Dices que no sabes quién es tu maestro?"
"Si lo supiera, se lo habría dicho hace mucho. En aquel momento tenía su espada clavada casi en mi cuello."
El hombre del capuchón gris escrutó a Vlad con atención por encima del cuenco que sostenía, pero la mirada del joven caballero no vaciló en lo más mínimo. Resultaba firme hasta un punto exasperante.
"Ya se lo he dicho una y otra vez. Yo también estoy buscando saber quién es."
"Mmm."
No era una verdad absoluta, pero el hecho de que Vlad buscara a su maestro no constituía una mentira en sí misma. Si hubiese respondido con un embuste, por muy astuto que fuera Vlad tras haber sobrevivido en los callejones, jamás habría podido engañar al hombre frente a él. Pues aquel individuo era un maestro consumado a la hora de discernir la verdad de la falsedad.
"La espada imperial es algo que jamás debió filtrarse al exterior..."
Al escuchar las palabras de Vlad, el hombre del capuchón gris frunció el entrecejo con gesto abrumado y tomó la cuchara.
"Pero, ¿lo que empleo es en verdad la esgrima practicada por la Orden de Caballeros Imperiales?"
"Para ser exactos, es la espada imperial. El principio del golpe letal definitivo es algo que solo contados elegidos aprenden, incluso dentro de la propia Orden de Caballeros Imperiales."
El hombre del capuchón gris lo explicó: era un arte marcial reservado con exclusividad a quienes portaban sangre imperial o a un puñado de caballeros que figuraban entre sus más allegados confidentes. Vlad no pudo evitar sentirse desconcertado ante la certeza de haber estado empuñando una esgrima tan formidable sin saberlo.
"¿Entonces no debería usarla?"
"¿Acaso tu padre resulta ser el emperador?"
"No lo creo."
"Entonces podrías meterte en graves problemas."
Alguien carente de autorización no tenía derecho a emplearla. El principio del golpe letal definitivo pertenecía, a fin de cuentas, a la corte imperial. Para ser exactos, se trataba de la esgrima de Frausen, el Rey Fundador y único Maestro de la Espada de la historia humana; por lo tanto, la corte imperial no se quedaría de brazos cruzados si semejante hecho salía a la luz.
"La gente del norte no logró reconocerlo, pero a medida que nos adentremos en la región central, habrá quienes sí lo hagan."
"Si te descuidas, podrían arrestarte bajo el cargo de lesa majestad imperial".
"......¿Entonces qué debería hacer?".
Ante la abrumadora gravedad del delito que brotó de los labios del hombre, la voz de Vlad menguó de forma involuntaria. Habiendo vivido toda su existencia sin haber concebido jamás la mera noción de la "corte imperial", semejante revelación no podía resultarle más opresiva.
"No es que carezcas por completo de una salida".
El hombre de la capucha gris lo contempló con una tenue sonrisa.
"Para empezar, por lo que pude apreciar en tu esgrima... diría que el principio del golpe letal definitivo que ejecutas debió de haberse filtrado hace ya bastante tiempo".
Al haber recibido de lleno aquella estocada en la que Vlad lo arriesgó todo, el hombre de la capucha gris reconoció con total nitidez su técnica. La esgrima de Vlad pertenecía indudablemente a la espada de la corte imperial; sin embargo, guardaba claras diferencias con la que se practicaba en el presente.
"¿Por qué lo cree?".
"Porque lo que tú blandes se aproxima mucho más a su forma primigenia".
El hombre empuñó el cucharón y comenzó a remover con suavidad el caldero donde borboteaba el estofado.
"Si este guiso insípido fuera el principio del golpe letal definitivo que utilizas ahora...".
Comenzó a cortar y arrojar al interior las salchichas reservadas para la jornada siguiente. La suculenta fragancia de la carne y las gotas de grasa que se dispersaban empezaron a enriquecer la profundidad del estofado hirviente.
"... esto sería el principio del golpe letal definitivo que la corte imperial emplea en la actualidad".
Los años fluyen sin tregua y todo lo que posee forma está condenado a transformarse. Con trescientos años transcurridos desde la fundación del imperio, era natural que, al compás de ese curso inexorable, la espada de la corte imperial también hubiera evolucionado una y otra vez.
"Tiene mejor sabor que antaño, ¿verdad?".
"......".
Vlad observó los trozos de carne suspendidos en el caldo. Creyó vislumbrar un atisbo de lo que aquel hombre de la capucha gris intentaba transmitirle.
"......Entonces...".
"El principio del golpe letal definitivo surge de lo imprevisto".
El hombre continuó hablando mientras servía las salchichas en su propio cuenco:
"Y lo imprevisto no brota de preceptos rígidos y pulidos, sino de una inspiración insondable y milagrosa".
Tras haber retirado al fin los trozos de carne flotantes, el hombre posó su mirada en Vlad y sonrió.
"Ahora te corresponde a ti añadir aquí tus propios ingredientes. Hasta lograr que, incluso si alguien de la corte imperial lo contemplara, no pudiera evitar ladear la cabeza en señal de desconcierto".
Aunque brote de la misma raíz, haz florecer tu propia flor. Pues el principio del golpe letal definitivo es un arte marcial consagrado a perseguir esa meta.
"¿Serás capaz de lograrlo?".
Un caballero del norte que esgrimía la espada de la corte imperial. Un joven caballero cuya mera existencia era el vivo retrato de lo imprevisible. En el rostro del antiguo comandante de la gendarmería imperial, mientras observaba a Vlad, afloró una sonrisa de insondable sutileza.
\* \* \*
"Pero... ¿a qué se debe semejante honor? ¿Cómo es que ha venido hasta aquí?".
En el interior de un despacho colmado de ornamentos élficos, el Conde Bitskaya se afanaba presuroso por atender a tan repentino huésped.
"¿Acaso no fue usted quien solicitó mi presencia?".
"Bueno... sí, pero aun así...".
Si bien le había pedido que viniera, el caballero jamás le había confirmado que acudiría. Por ello, el conde no podía disimular su desconcierto ante la imponente figura que se alzaba frente a él. Mircea, Comandante de la Orden de Caballeros Matadragones. Se trataba de un noble caballero de tal altura y renombre que nadie osaría convocar a la ligera.
"¿Le apetecería tomar una taza de té...?".
"......El té de los elfos no es de mi agrado".
Cabellos dorados y ojos azules. Al toparse con la mirada cortante de Mircea, el Conde Bitskaya evocó de forma inevitable a aquel forastero errante del norte que había abandonado la ciudad pocos días atrás.
"¡Por supuesto! ¡Faltaría más! Desde luego, no es una bebida digna de servirse a alguien de su augusta estirpe".
No obstante, aun compartiendo el mismo color azul, la hondura de su mirada era inconmensurablemente distinta. Al advertir el gélido rechazo de Mircea, el conde se apresuró a calentar agua fresca sin perder un instante.
"¿La elaboración del absilon marcha según lo previsto? Recibí informes de que rondaba por aquí un asaltante de identidad desconocida".
"¡Está resuelto! ¡Quedó perfectamente solucionado!".
Un conde sirviendo con humilde servilismo y el hijo de un duque apoltronado en el asiento de honor como si fuera el amo indiscutible del recinto. Aquella escena, donde señor e invitado parecían haber trocado sus papeles, estaba lejos de ser un mero espejismo: reflejaba con cruda elocuencia la auténtica relación de sumisión entre el Condado de Bitskaya y la Casa Dragulia.
"¿Y de qué forma?".
La sensación fue idéntica a la de una aguja traspasándole el entrecejo. Al sostener la gélida mirada de Mircea, el conde sintió que hasta el último rincón de su mente se entumecía.
"¿No había asegurado usted que se trataba de un adversario formidable, imposible de abatir únicamente con los caballeros apostados en esta plaza?".
"Así... así era, en efecto".
El conde se humedeció los labios con la punta de la lengua y, esforzándose por disimular su crispación, respondió:
"Apareció un caballero llegado del norte. Era un muchacho imberbe, pero poseía una destreza admirable con la espada".
"......¿Del norte?".
Al escuchar el informe del conde, las cejas de Mircea se crisparon levemente.
"En efecto. Respondía al nombre de Vlad, y he de admitir que sabía blandir el acero".
Habiendo calentado una nueva tetera de té negro, el conde vertió la infusión en la taza mientras proseguía con cautela:
"Sin embargo, como suele ocurrir con la escoria norteña, no supo reconocer cuál era su lugar y se atrevió a mostrarse insolente".
"......".
"Después de todo, un linaje rastrero siempre acaba delatándose sin importar dónde se encuentre. ¿Acaso la sangre de los bárbaros puede renegar de su propia bajeza?".
Con una sonrisa complaciente dibujada en el rostro tras soltar aquellas palabras, el conde alzó la vista hacia Mircea. El semblante de este último lucía en calma mientras levantaba la taza para aspirar el aroma del té negro. 'Sin duda, el refinamiento en el arte del té que aprendí de los elfos basta para complacer incluso a los encumbrados nobles de la región central...'.
¡Clang!
El estrépito de la porcelana quebrándose en pedazos. Había sido tan solo el crujido de una taza al romperse, pero el conde se estremeció violentamente y abrió los ojos de par en par. Entre los fragmentos destrozados, el té escarlata se filtró tiñendo la superficie de la mesa con un matiz funesto.
"¿De verdad te lo pareció?".
Un denso silencio se desplomó sobre el despacho en una fracción de segundo. La fractura originada en la taza de té parecía haberse propagado hasta la mismísima atmósfera de la estancia.
"......¿Cómo dice?".
"Ese linaje que acaba delatándose sin importar dónde se encuentre".
El conde se aferró de forma inconsciente la mano temblorosa. Aunque su mente aún tardaba en asimilarlo, su instinto ya lo había advertido con pavor. El incesante repiqueteo de la vajilla vibrando descontrolada sobre las bandejas resonaba con estrépito.
"Te estoy preguntando si ese linaje que aseguraste reconocer te pareció en verdad tan rastrero".
Al escuchar semejante pregunta, el Conde Bitskaya tragó saliva con dificultad y alzó la mirada. Aquellos ojos azules que lo escrutaban fijamente... albergaban en su profundidad una ferocidad tan aterradora que ni la mismísima sangre azul de la nobleza sería capaz de soportar.
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• Autor: Q10
• Traductor: Inmensurable
⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨

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El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela)
Capítulo 118
El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 117
Estás leyendo el capítulo 117 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 20 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.