Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 114 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Una atmósfera singular gravitaba sobre la mesa. Sentir aquellos ojos dorados clavados en él desde tan corta distancia resultaba abrumador. A diferencia de momentos antes, su rostro permanecía inexpresivo, pero sus pupilas centelleaban con la misma vivacidad que aquellas mariposas que habían revoloteado en la ilusión.
'¿A qué viene esto?'.
En franco contraste con esa mirada, el elfo varón lo contemplaba con gélida aspereza. Los ojos de aquel elfo llamado Baradis eran severos, muy distintos a los de la muchacha. Era la clase de mirada que se le dedica a quien ha osado tocar algo que jamás debió haber rozado.
'¿Y a este qué le pasa ahora?'.
Soportando la tensión entre las miradas de dos elfos con temperamentos tan dispares, Vlad se esforzaba por mantener un semblante sereno. Ignoraba qué motivaba la actitud de ambos, pero de algo estaba seguro: la imagen que hasta entonces se había forjado de los elfos se desmoronaba poco a poco.
'¿Cuándo demonios van a servir el té?'.
El caballero y los elfos permanecían frente a frente, separados por la mesa. En medio de aquel silencio incómodo donde nadie se atrevía a romper el hielo, Vlad prefería mil veces que trajeran pronto aquel brebaje insípido. No había nada más incómodo que soportar semejante escrutinio sin tener nada con qué ocuparse.
"… El caballero que protegió el aliento de los infantes".
Fue Baradis quien finalmente quebró el pesado silencio.
"¿Qué significado tiene esto?".
Los ojos azul marino de Baradis contemplaban la armadura de Vlad. Y, al mismo tiempo, la piedra de ámbar que pendía del extremo de su espada. Aunque su voz inquiría por la inscripción grabada en el metal, su mirada percibía, sin duda alguna, algo más profundo que yacía en su interior.
"Fue grabada por la archidiócesis norteña de San Rozino".
Vlad apretó con fuerza los puños bajo la mesa al presenciar la reacción de Baradis. Tal como la joven antes, aquel elfo reconocía de inmediato los objetos que albergaban la presencia de los espíritus. Su idea de interrogar a los elfos acerca de los espíritus y la piedra de ámbar no había sido errónea.
"Durante una misión en la que combatí a una entidad impía, alcancé cierto mérito".
Sin embargo, en contraste con el regocijo que burbujeaba en su pecho, la voz de Vlad sonó comedida. Sabía de sobra que era demasiado pronto para dejarse llevar por la euforia ante un único logro, pues el camino por delante aún era largo. De haber estado Josef en su lugar, con certeza habría actuado de este mismo modo.
"Combatiste a una entidad impía… Admirable".
Al oír las palabras de Vlad, ambos elfos asintieron al unísono. Al ver a Baradis y a la muchacha, que no se asemejaban en nada físicamente pero replicaban los mismos ademanes, Vlad intuyó que llevaban mucho tiempo conviviendo juntos.
"Parece que el té está listo".
En el mismo instante en que la puerta de la cabaña se abrió, un aroma fragante comenzó a esparcirse por el aire. Era el perfume que emanaba de las tazas que transportaban los soldados elfos.
"Más allá de las diferencias raciales, expreso mis respetos al caballero que hizo frente a una entidad impía".
"Se lo agradezco".
Aunque su semblante continuaba siendo frío, la cortesía que manifestaba era incuestionable. El hecho de que estuvieran dispuestos a agasajarlo con un té tan valioso que solo se canjeaba por lingotes de plata significaba, al menos, que no les resultaba desagradable.
'Si las cosas marchan bien, esto podría funcionar'.
Vlad no había olvidado el propósito que lo había llevado hasta allí. Si había prestado su ayuda al conde Bitskaya para llegar a este lugar, era con el único fin de adentrarse en el bosque de los elfos. De mantenerse este ambiente favorable, tal vez podría conseguir una invitación directa sin necesidad de recurrir a la mediación del conde.
"El aroma es exquisito".
Vlad sonrió mientras contemplaba la infusión de un límpido tono verdoso. Aunque era una bebida que no se avenía a su paladar, estaba más que dispuesto a beberla con una sonrisa si con un solo sorbo lograba causar una buena impresión. Así debía haber sido.
"No".
Sin embargo, Vlad no pudo alzar la taza.
"Tú no debes beberlo".
Unos dedos pálidos se abalanzaron para arrebatar la taza que Vlad sostenía. Debido a la anchura de la mesa, la muchacha, prácticamente recostada sobre la superficie de madera, lo miraba fijamente.
"…".
"…".
Ante la repentina e imprevista conducta de la joven, el aire dentro de la cabaña pareció congelarse por completo. No solo los elfos, sino también los caballeros de Bitskaya quedaron petrificados, sin saber cómo reaccionar ante lo que acababa de suceder ante sus ojos.
"… ¿Por qué?".
Vlad apenas logró articular aquella única palabra, extrayendo el escaso aire que le restaba en los pulmones. Sin embargo, la muchacha se limitó a esconder el rostro, evitando con empeño su mirada mientras apartaba en silencio la taza hacia sí. El pataleo desamparado de sus pies al borde de la mesa ofrecía una estampa casi conmovedora.
\* \* \*
La hora del té había concluido.
El primer encuentro con los elfos en toda su vida le había dejado un regusto tan amargo como el sabor que perduraba en la punta de su lengua, y Vlad aún no lograba reponerse del desconcierto.
"Cálmate, jefe".
"Yo no hice nada malo".
Goat intentó serenarlo al notar la mirada extraviada de Vlad, pero la respuesta que obtuvo fue del todo vacía.
"Aun así, tienes que despabilarte. Los elfos no dejan de mirarte solo a ti".
El ambiente era sumamente extraño. Los elfos observaban a Vlad con recelo, pero al mismo tiempo con una indisimulada curiosidad, como si contemplaran a una bestia insólita.
"Además, parece que esa chiquilla tiene una posición muy alta. Cuando subió al carruaje hace un rato, había otros elfos atendiéndola a su alrededor".
Entre todos ellos, era la muchacha quien clavaba en Vlad la mirada más ardiente. Aferrada a la cintura de Baradis, apenas asomaba la cabeza para observarlo. Al ver a la joven elfa, cuyos ojos destilaban un anhelo ferviente mientras que sus actos habían sido de puro rechazo, Vlad no pudo evitar soltar un profundo suspiro.
"En fin, me temo que entrar al bosque de los elfos ya es imposible".
Aunque no había sido por un error suyo, el encuentro recién concluido se había torcido de forma irremediable. Siendo los elfos una estirpe que de por sí rechazaba a los humanos, era imposible que vieran con buenos ojos la situación actual.
"Vámonos ya. Debemos partir antes de que sea demasiado tarde".
"Entendido".
Ante la advertencia de los caballeros de Bitskaya de que debían cruzar el desfiladero antes de la puesta de sol, Vlad montó a Noir con desgana.
"Un momento".
A espaldas de la comitiva que ya se disponía a regresar, resonó la voz de Baradis. La muchacha le susurraba algo al oído mientras Baradis escuchaba con la cabeza inclinada. Tras oír lo que la joven decía, Baradis asintió y, con una sonrisa forzada, detuvo el paso de Vlad.
"Lamento tener que despedirte en estas condiciones".
El semblante de Baradis era tan peculiar que resultaba imposible discernir si sonreía o estaba furioso. Vlad pensó que casi prefería la expresión gélida de antes.
"Te ruego que disculpes la falta cometida contra ti por nuestra… distinguida señora".
"De ningún modo. No tiene importancia".
"Tengo entendido que también ocurrió algo en el carruaje hace un momento".
"…".
Al ver a Vlad asentir en silencio, Baradis, con una fatiga evidente dibujada en el rostro, le tendió la mano.
"Espero que podamos volver a vernos pronto. Servirá también para disculparme por la descortesía de hoy".
Vlad contempló en silencio la mano que se le ofrecía. ¿Acaso el apretón de manos tenía el mismo significado para los elfos?
"Es la manera que tenemos los elfos de extender una invitación. A diferencia de los humanos, nosotros no ofrecemos la mano con facilidad".
"Ya veo".
Al escuchar las palabras de Baradis, los caballeros de Bitskaya contuvieron el aliento con un asombro contenido. Al ver que Vlad obtenía en un solo día lo que a ellos les había costado tanto tiempo y esfuerzo procurar, les resultaba imposible no quedar atónitos.
"Le agradezco la invitación".
Al ver a la muchacha agitar tímidamente la mano a lo lejos, Vlad se sintió profundamente confundido. De improviso se había subido encima de él mientras dormía, arrastrándolo a una ensoñación ilusoria. Luego le había arrebatado la taza cuando se disponía a saborear el té. Y, aun así, en ese instante lo invitaba al bosque de los elfos prometiendo un próximo encuentro.
'¿Qué se supone que está haciendo?'.
Frente a la conducta de la muchacha más veleidosa que jamás hubiera conocido, Vlad no pudo evitar vacilar por un instante. No obstante, por muy sospechoso que fuera el comportamiento de la joven, no podía desairar la mano que tenía extendida ante sí.
"Será una valiosa oportunidad para ampliar mis horizontes. Vendré a visitarlos sin falta".
"Así es. Espero sinceramente que vengas".
Sobre el apretón de manos, las miradas de ambos hombres se cruzaron. Los caballeros de Bitskaya, que habían permanecido en vilo al notar la breve vacilación de Vlad ante el gesto de Baradis, soltaron un leve suspiro de alivio.
"Y asegúrate de traer contigo esa piedra de ámbar".
"¿Perdón?".
"Nuestra distinguida señora tiene un gran interés en ella".
Al soltarle la mano, Baradis volvió a adoptar su semblante adusto mientras clavaba los ojos en Vlad.
"Al igual que en ti, por supuesto".
"…".
Al oír las palabras de Baradis, Vlad dirigió la vista hacia la muchacha que permanecía de pie en la distancia. Aquella mano que se agitaba, asomándose apenas desde detrás de la espalda del elfo, parecía decirle con claridad que se verían la próxima vez.
\* \* \*
"Al final, ni siquiera pude preguntarle su nombre".
Sobre el lomo oscilante de Noir, Vlad frunció el ceño como si acabara de percatarse de ello. Todo había transcurrido de un modo tan atropellado y caótico que no había tenido ocasión de inquirir lo más elemental.
"¿Para qué quieres saber su nombre?".
"Tendré que llamarla de algún modo cuando la vuelva a ver, ¿no?".
"Bueno, hay que admitir que era hermosa, como buena elfa. Cuando crezca un poco más, va a ser difícil hasta sostenerle la mirada".
Vlad lo miró con evidente desprecio al escuchar las palabras de Goat, quien sonreía con picardía mientras lo observaba.
"¿De verdad eres capaz de pensar semejante estupidez mirando a una niña?".
"Y a todo esto, ¿cuántos años tienes tú, capitán?"
Ante la réplica mordaz de Goat, a Vlad se le atragantaron las palabras. Pensándolo bien, apenas habían transcurrido unos pocos meses desde que él mismo alcanzara la mayoría de edad.
"Al fin y al cabo... ya soy un adulto, ¿no?"
"Ella también podría serlo. Al menos parecía bastante más madura que Jemina."
Frente a un contraargumento armado de una verdad tan mezquina, Vlad no tuvo más remedio que sellar los labios. En una coyuntura como aquella, sacar a colación a Jemina equivalía a jugar sucio.
"Además, tratándose de elfos, es imposible calcularles la edad. Aunque aparente ser una chiquilla, bien podría haber superado el siglo de vida."
Perteneciendo a una raza de tan dilatada longevidad, resultaba temerario conjeturar sus años; no obstante, Vlad albergaba la certeza de que aquella muchacha de ojos dorados distaba mucho de ser una adulta. Las desconcertantes conductas que manifestaba de tanto en tanto distaban demasiado de pertenecer a un ser cabal y maduro.
"Es por estos contornos."
Mientras zanjaba la conversación con aquel obstinado mutismo, un caballero de Bitskaya se aproximó con cautela para presentar su informe.
'Ha resultado más eficaz que molerlos a golpes.'
El desdén disimulado de la víspera, cuando lo trataban como a un advenedizo venido del norte, se había evaporado sin dejar rastro. La invitación de Baradis había surtido, a todas luces, un efecto formidable.
"Desde este punto hasta el puente que cruza el desfiladero se extiende la zona de mayor peligro. Es en estas inmediaciones donde suele abalanzarse ese maldito saqueador."
Siguiendo las explicaciones del caballero, Vlad desplegó con presteza el mapa para calibrar su posición. Las lecciones sobre lectura de mapas que había recibido en Sturma por fin daban sus frutos.
"A juzgar por lo visto a la ida... aquel puente de piedra parecía ser el tramo más expuesto."
"En efecto. En ese mismo paso perdimos no pocas carretas."
Vlad contempló el sol declinante, sumiéndose en cavilaciones. La noche no tardaría en cernirse sobre ellos, de modo que prefería, si cabía la posibilidad, acampar en una posición segura.
"¿Qué les parecería pasar la noche aquí apostados antes de reanudar la marcha?"
"Eso resulta de todo punto imposible."
El caballero de Bitskaya replicó con una inflexión tajante, denegando de plano la sugerencia.
"A diferencia del dominio élfico, la helada de este bosque es implacable. Si no alcanzamos Tanovo con la mayor celeridad, las hojas de té acabarán por congelarse sin remedio."
Los elfos se limitaban a cosechar y secar las hojas de tuzon, absteniéndose de someterlas a cualquier otro proceso posterior. Por ende, a menos que regresaran de inmediato a Tanovo para pulverizar las hojas y prensarlas en un bloque compacto, el follaje de tuzon se arruinaría por la escarcha con pasmosa rapidez.
"A partir de este instante, habremos de avanzar incluso recortando las horas de sueño."
"Entendido."
Vlad ya contaba con ello, mas las condiciones del viaje de vuelta diferían sobremanera de las de la ida. Había formulado la propuesta creyendo que una sola jornada de margen no acarrearía mayores males, pero la oposición de los caballeros era inflexible. No en vano se hallaban a un paso de ver frustrados todos los desvelos padecidos hasta la fecha, por lo que su postura resultaba del todo comprensible.
"Prosigamos. Stefan, a la retaguardia."
"A vuestra orden, señor caballero."
Vlad asumió la vanguardia absoluta, destinando a la Banda de Mercenarios del Espino a cubrir la cola de la comitiva. Con los caballeros de Bitskaya flanqueando ambos costados de los carromatos para consolidar la formación, Vlad comenzó a avanzar con prudencia. Difícilmente habría forajido con semejante osadía como para asaltar una caravana que contaba en sus filas con nada menos que seis caballeros.
'Aun así, si se atreve a aparecer... sin duda perseguirá un propósito muy distinto.'
Por desorbitado que fuese el valor del té de los elfos, cualquier empresa entrañaba un precio que pagar. Quien pretendiese arrebatar la carga abriéndose paso a través de seis caballeros y una decena de mercenarios debía de ambicionar algo muy alejado del mero dinero.
Vlad clavó la mirada al frente, contemplando cómo el bosque se sumía en sombras cada vez más densas. Allá a lo lejos, tendido entre los abismos del desfiladero, aguardaba el puente de piedra. Bajo la menguante claridad del cielo crepuscular, su perfil esquelético parecía aguardar con un presagio lúgubre el paso de la comitiva.
\* \* \*
Al principio, creyó que se trataba de la luz de una estrella. La noche era lóbrega y, al tratarse de una zona de riscos escarpados con un desnivel abrupto, la frontera entre el cielo y la tierra se difuminaba en la penumbra.
"¡Aaaagh!"
Sin embargo, en el instante en que aquel destello se precipitó a una velocidad sobrecogedora, Vlad comprendió que aquella luminaria no pendía de la bóveda celeste.
"¡Es una emboscada!"
"¡Es el saqueador! ¡El saqueador ha caído sobre nosotros!"
Antorchas agitadas con frenesí, caballos que relinchaban aterrados. En mitad del tumulto desatado en un abrir y cerrar de ojos, la vista de Vlad descubrió a uno de los caballeros de Bitskaya tendido en el suelo rocoso.
'¡Ni siquiera pude verlo venir!'
Había sucedido en una fracción de segundo. El peto de acero del caballero, grotescamente abollado, evidenciaba la magnitud colosal del impacto.
"¡Primero formad un cuadro...!"
"¡Corran todos! ¡Crucemos el puente ahora mismo!"
En lo alto de un puente desprovisto de toda cobertura lateral y abierto al vacío, Vlad rugió con fuerza al ver a los caballeros intentar adoptar por instinto una formación cerrada.
"¡Pero, Sir Vlad!"
"¡Obedezcan mis órdenes!"
Cargando al caballero derribado sobre su silla de montar con presteza felina, Vlad bramó en respuesta:
"¡Si nos detenemos aquí, no haremos más que bailar al son que ese bastardo desea!"
Solo un depredador comprende a otro depredador. El hecho de haber abatido a un caballero a modo de advertencia no era un arrebato ciego, sino una acción calculada.
"¡Corran! ¡Atraviesen el puente!"
"¡Aferren las riendas!"
Sobre el puente sumido en sombras, Stefan y Goat repetían a voz en cuello el mandato de Vlad. Y los caballeros de Bitskaya, abrumados por la imponente resolución que Vlad desprendía en aquel trance, no tuvieron más opción que espolear a sus corceles a toda prisa.
\*¡Pum! ¡Crack!\*
"¡Vienen piedras volando!"
"¡Están destrozando las antorchas!"
Desconcertado tal vez ante la determinación de Vlad de forzar el paso del puente en lugar de vacilar como sus predecesores, el saqueador agazapado en la oscuridad se afanaba en extinguir las fuentes de luz. Cierto era que un caballero curtido en el acero debía saber encarar de frente cualquier amenaza; no obstante, un caballero forjado en los bajos fondos jamás albergaba reparo alguno a la hora de huir si la ocasión lo exigía.
"¡No se detengan y corran!"
Vlad cerró de inmediato su ojo izquierdo y alzó su espada en todo lo alto.
"¡Limítense a seguirme!"
El Aura de Vlad comenzó a condensarse a lo largo del filo. Guiados por la única luz que resplandecía sobre el tenebroso puente, los carromatos empezaron a avanzar entre chirridos de madera y hierro.
\*¡Clang!\*
'¡Ni lo sueñes!'
Hendiendo de un tajo la piedra que salía disparada hacia su persona, Vlad calibró de inmediato la dirección del impacto. La vibración que estremeció la punta de su acero daba cuenta del demoledor poder que entrañaba aquel proyectil.
'¡Es un solo hombre!'
Si bien las piedras llovían desde distintos ángulos sembrando el caos, no cabía duda de que procedían de un único tirador. El aguzado oído de Vlad captó el roce apresurado de unos pasos humanos desplazándose con sigilo en mitad de la negrura.
'¡Ya viene!'
Apretando los dientes, Vlad clavó la mirada en el extremo opuesto del puente. Aunque la oscuridad impedía distinguirlo con claridad, aquel enigmático saqueador se hallaba ya apostado ante la boca del camino que debían tomar, serenando el aliento.
"¡Cargaremos a través de él!"
La comitiva embistió hacia adelante como una manada de toros enfurecidos. En la testuz de Noir, que abría la marcha en primera línea, comenzaba a despuntar un pequeño cuerno.
'¡Lo arrollaremos!'
Vlad pretendía pisotear al saqueador valiéndose del propio impulso de la embestida. Quienquiera que les cortaba el paso era, a todas luces, un consumado maestro de las armas; si consentían que aquel ímpetu inicial se extinguiera, tal vez jamás volverían a tener ocasión de cruzar el puente con vida.
"¡Caballeros! Todos preparados para el choq..."
Vlad rugió la orden a pleno pulmón, mas las palabras se le congelaron en la garganta.
Desde el confín del paso, una claridad empezó a irradiar con la intensidad de los primeros albores del amanecer.
'¡Maldición!'
Percibiendo la súbita y temible transmutación en el ímpetu del saqueador, Vlad convocó de inmediato el mundo interior de su alma. Al poder del Aura solo se le podía hacer frente con Aura. Y en aquel desfiladero, el único ser capaz de desplegar semejante prodigio no era otro que él.
"¡Noir!"
\*¡Hiiiii-hiiiin!\*
Al clamor de Vlad, el espíritu de la estepa que en su momento atravesara de parte a parte al mismísimo trol comenzó a cobrar forma con majestuosa nitidez.
El principio del golpe letal definitivo nacía de lo imprevisto. Y la senda más propicia para forjar lo imprevisible radicaba en la pura velocidad. Tan solo una presteza que desafiara cualquier cálculo humano sería capaz de contener el embate del hombre que aguardaba al frente.
"¡Ahora!"
Vlad y Noir, que hasta ese instante habían acompasado su marcha a la columna, rompieron el compás en un quiebro inverosímil y salieron disparados hacia adelante. Una aceleración que triplicaba o cuadruplicaba con creces la carrera desplegada hasta entonces.
Al presenciar semejante arremetida, los ojos del desconocido se dilataron de asombro.
"¡Ábrete paso!"
Acabar con todo de un solo golpe. Guiándose al pie de la letra por las directrices grabadas por aquella voz. Del párpado izquierdo de Vlad, férreamente cerrado, brotaban relámpagos blancos que su cuerpo apenas alcanzaba a contener.
\*¡Craaack! ¡Bzzzzzzt!\*
La luz del amanecer y el rayo albino.
Ambos fulgores, revestidos de una tonalidad idéntica, colisionaron en una sola deflagración que desató un trueno descomunal sobre las piedras del puente.
\* \* \*
"......La senda de la espada ha de desplegarse recta, justa y sin vacilación alguna."
Bajo una capucha gris desgarrada a jirones, un rastro de sangre carmesí salpicaba la cabellera blanca y las arrugas que asomaban al descubierto.
"Y lo único que abre esa senda no es sino un golpe decidido, cimentado en lo imprevisible."
"......Cof."
Luchando contra la niebla que enturbiaba sus sentidos, Vlad estiró la mano milímetro a milímetro en pos de su espada, arrojada a cierta distancia. No obstante, las palabras que resonaron a continuación le obligaron a abrir los ojos de par en par.
"Ese es, en verdad, el principio del golpe letal definitivo."
"......¿Qué?"
Los carromatos, clavados en el sitio. Noir, desplomado cuan largo era. Y Vlad, postrado sobre la tierra dura, clavando la vista en aquel individuo enigmático.
"¿Quién eres tú?"
Una gota de sangre resbalaba entre las cejas canas del forastero.
"¿Quién demonios eres tú para estar usando la esgrima de la corte imperial?"
Sobre el risco tenebroso, donde todo vestigio de luz se había desvanecido, una densa niebla comenzaba a arremolinarse. Las miradas de dos hombres que transitaban por la misma senda sin conocerse se cruzaron, enredándose en un abismo de desconcierto.
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• Autor: Q10
• Traductor: Inmensurable
⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨

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El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela)
Capítulo 115
El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 114
Estás leyendo el capítulo 114 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 20 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.