Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 113 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
El hombre en la niebla (2)
Dos carromatos y más de treinta hombres. Con más portadores de espadas al cinto que mozos destinados a cargar y descargar fardos, aquella comitiva mercantil presentaba una formación que a ojos de cualquiera resultaba a todas luces insólita. Si a ello se sumaban las miradas torvas que de cuando en cuando lanzaban los caballeros, más bien parecía una hueste dispuesta a asaltar algún enclave.
"¿Para esto me trajo consigo?"
"Bueno... por una cosa y por otra. Para matar dos pájaros de un tiro."
Stefan, rascándose la nuca punzante por el escozor de la incomodidad, no pudo evitar soltar una risa de pura desazón ante la desganada respuesta de Vlad. Con razón le había ofrecido una recompensa tan generosa; semejante trampa se ocultaba tras ella.
"Apenas hace un mes que nos establecimos en esta ciudad. Y por lo visto, ya nos hemos ganado la animadversión de los de arriba."
"El señor conde me aseguró que tendría especial consideración con nosotros."
"Aun así, siempre existen rincones que los ojos de los superiores no alcanzan a vislumbrar."
Al pronunciar aquellas palabras, Stefan volvió ligeramente la cabeza para mirar hacia atrás. Allí estaban los caballeros de Bitskaya, observándolos a él y a Vlad con ojos cargados de hostilidad y recelo.
"Nos embolsamos una buena ganancia y luego partimos hacia otro sitio. ¿Acaso no es esa la naturaleza misma de los mercenarios?"
"... Dice la verdad, pero en una situación tan inoportuna que no me deja palabras para responderle."
Stefan comprendía a la perfección que, por más que refunfuñara a estas alturas, no había nada que hacer. Este torpe caballero que vagaba desorientado por el bosque ya se había enzarzado en una gran disputa con los caballeros de Bitskaya, y ellos, ignorantes de aquel hecho, habían aceptado su contrato. En pocas palabras, estaban cargando a la fuerza con el rencor que Vlad se había granjeado.
"Más tarde te cederé una parte de mi propia tajada, así que pongamos empeño. En adelante difícilmente volverá a presentarse una oportunidad tan jugosa."
"... Me va a volver loco."
Vlad fingió deliberadamente no haber escuchado el último lamento de Stefan. Estaba más que dispuesto a tolerar cualquier queja o reproche que saliera de sus labios, pues Stefan era un hombre que valía con creces cada moneda invertida en él.
'Hice bien en traerlo.'
Comportándose como auténticos mercenarios de probada destreza, los hombres de la Banda de Mercenarios del Espino controlaban el convoy con consumada pericia. Gracias a que se movían con la agilidad y disciplina de soldados regulares, Vlad había podido hacerse con la iniciativa de la marcha sin mayores dificultades. Sin duda alguna, contratar mercenarios en lugar de desgastarse forzando la cooperación de los renuentes caballeros de Bitskaya había sido una decisión acertada.
"A este paso, llegaremos en menos de tres días."
"Bien."
Al escuchar a Stefan, Vlad acarició maquinalmente la piedra de ámbar de Alicia. La única pista que la Voz le había legado. Aquellos capaces de reconocer el paisaje grabado en su interior solo podían ser los elfos, quienes según se decía mantenían un vínculo íntimo con los espíritus.
'... Tres días, entonces.'
Los elfos: una raza velada por el misterio y objeto de fascinación para tantos. Al pensar que al cabo de tres días tal vez podría contemplarlos cara a cara, el corazón de Vlad latió con una sutil agitación. Era una emoción que jamás había experimentado en toda su vida, pero el temblor que ahora recorría su pecho no le resultaba en absoluto desagradable. Aunque el viaje había comenzado con el propósito de hallar el nombre de la Voz, aquella travesía estaba, a no dudarlo, ensanchando los horizontes de su mundo.
\*\*\*
El último día de aquella travesía de tres jornadas.
Acaso debido a la densa muralla de árboles que se alzaba en derredor, el mismísimo aroma del aire que aspiraban parecía haber cambiado por completo. Conforme se internaban más y más, el sendero transitable se desvanecía gradualmente bajo la maleza, haciendo que los carromatos crujieran con un traqueteo estrepitoso.
"Sir Vlad, a partir de este punto asumiremos nosotros la guía."
"Adelante, háganlo."
No se apartaba intimidado por la afilada mirada que le clavaba el caballero. Vlad había acudido única y exclusivamente para frenar a aquel saqueador de identidad desconocida, y dado que había conducido la caravana hasta allí sin percances, la mitad de su cometido bien podía darse por concluida con éxito.
"Tal como decían los rumores, parece que solo asalta los carromatos cuando van cargados de té."
"Mmm."
Habiéndose retirado con naturalidad hacia la retaguardia de la columna, Vlad asintió ante las palabras de Goat a su lado. Tal como afirmaba su escudero, a lo largo de toda la marcha no habían sufrido asalto alguno. Y eso a pesar de que transportaban carromatos repletos de lingotes de plata destinados a pagar el precio de la mercancía.
'¿Estará en guardia?'
Cabía la posibilidad de que la numerosa escolta armada le hubiese infundido cautela, disuadiéndolo de actuar. No obstante, puesto que se decía que aquel misterioso saqueador solo se manifestaba ante los carromatos cargados de té, habría que aguardar y mantenerse vigilantes durante el camino de regreso.
"Hemos llegado. Se divisa allá al frente."
Saliendo de sus cavilaciones, Vlad dirigió la vista hacia el lugar que Stefan señalaba. En medio del denso bosque, abriéndose paso entre la arboleda, se erguían unas cuantas construcciones rústicas. Tenían la apariencia de un campamento de leñadores, mas para tratarse de un simple refugio forestal, las empalizadas que lo cercaban se antojaban considerablemente sólidas.
"Parece que ese es el lugar del intercambio."
"Así parece ser."
'Permitimos el comercio, mas no os adentraréis en nuestro bosque'. Los elfos no cedían sus dominios a los humanos con ligereza, y el Conde Bitskaya se había visto obligado a idear sus propios métodos para lidiar con el recelo y la intransigencia de aquella estirpe. Aunque las estructuras que ahora se vislumbraban parecían modestas, tras ellas se ocultaba un esfuerzo extenuante y casi conmovedor por parte del señor conde.
"Parece que los elfos ya han llegado antes que nosotros. Sir Vlad, ¿sería tan amable de custodiar el convoy por un momento?"
"De acuerdo."
Los caballeros de Bitskaya entorpecían de manera descarada cualquier atisbo de contacto entre Vlad y los elfos, pero era una actitud perfectamente comprensible. Los lazos con los elfos eran nada menos que el sustento vital de la Casa Bitskaya; excluir a un forastero de un asunto tan crucial era una elemental muestra de prudencia. Por supuesto, la animadversión que albergaban hacia Vlad también debía de haber pesado en su decisión.
"Cómo me hubiera gustado ver a un elfo siquiera una vez..."
Vlad asintió en silencio ante el lamento de Goat y trepó hasta el techo de uno de los carromatos. Un viento que se antojaba fresco más que frío revolvía sus cabellos.
"Qué se le va a hacer. Habrá que montar guardia. Todos, manténganse alerta."
La ventaja de ser un caballero radicaba en poder impartir órdenes. Tras disponer a Goat y a los mercenarios en sus puestos, Vlad cruzó las piernas, se tendió sobre el techo y contempló el cielo. Para alguien que había vivido toda su existencia en una urbe abarrotada de gentío, un aire tan puro y diáfano como aquel resultaba una experiencia inédita. Era una brisa que no había respirado jamás, ni en las llanuras del norte ni en las dehesas de la Familia Cannor.
\*\*\*
En el interior de la pequeña cabaña de troncos, varios hombres se miraban fijamente frente a frente, separados por una mesa alargada.
"...Por lo tanto, por el momento esto es todo lo que podemos pagar".
Acompañada de un tintineo metálico, una caja se deslizó sobre la mesa. Al advertir la escasez de su contenido, las orejas del varón se irguieron con agudeza.
"El acuerdo era otro".
Aunque pronunciada en un tono discreto, la voz resonó con una fuerza imponente. El caballero de Bitskaya no pudo evitar tragar saliva, subyugado por la profunda resonancia que vibraba en aquellas palabras.
"El proceso de convertir las hojas de tuzon en té exige una labor inmensa. No es una tarea que se resuelva con el esfuerzo de un par de manos".
"Lo sé muy bien, señor Baradis. Sin embargo...".
Pese a tener sillas dispuestas justo ante ellos, los elfos se obstinaban en permanecer de pie. Bajo la silenciosa presión de quienes deseaban zanjar la conversación cuanto antes, el caballero de Bitskaya se vio forzado a relatar los asaltos del atacante desconocido que bloqueaba sus rutas comerciales; y, con ello, justificar el inevitable retraso en el pago de la suma acordada.
"...¿Se está vendiendo bien el té?".
La negociación bien podía haberse roto en ese instante. Tratándose de elfos exasperadamente exigentes, el caballero se había preparado para el peor de los desenlaces; sin embargo, lo que recibió a cambio fue una simple pregunta sobre la acogida del brebaje.
"Así es. Por ello, si nos conceden tan solo un poco más de tiempo, liquidaremos la deuda en su totalidad sin falta".
"¿Y qué hay de las regiones más allá de la zona central? ¿A ellos también les agrada nuestro té?".
"Ya causa auténtico furor entre la nobleza central, de modo que a los señores de otras tierras no tardará en fascinarles. Las modas funcionan de ese modo".
El elfo llamado Baradis asintió en silencio tras escuchar la explicación del caballero. Este último había temido un estallido de cólera ante la tardanza del pago, pero parecía que los elfos albergaban también grandes esperanzas depositadas en aquel negocio.
"Espero que no nos obliguéis a tomarnos la molestia de buscar a otro señor feudal".
"...Se lo agradezco".
Bien podían buscar a cualquier otro gobernante con quien comerciar. Acompañada de aquella advertencia velada por parte de Baradis, la caja sobre la mesa pasó a manos de los elfos. Pese a contener apenas la mitad de la suma habitual, habían resuelto aceptarla.
"Por cierto...".
"Decidme, por favor".
El caballero, que exhalaba un discreto suspiro creyendo que el regateo había concluido, observó cómo Baradis entrecerraba los ojos en dirección al exterior. Aunque la pared de madera les vedaba la vista, el elfo ladeó la cabeza como si fuese capaz de ver con total nitidez a través de ella.
"¿Quién es ese tipo que ha venido con vosotros?".
"¿A quién os referís?".
"Al que está tendido sobre el carruaje".
"...¿Acaso hay alguien tendido sobre el carruaje ahora mismo?".
Apartando la mirada con frialdad ante un humano incapaz de comprender, Baradis permaneció inmóvil en su sitio para palpar la insólita emanación que llegaba desde fuera. Una presencia caótica, difícil de definir con certeza, perturbaba a todas luces sus sentidos.
"Debe de haber sido agotador llegar hasta aquí; os invitaré a una taza de té".
"¿Cómo?".
"No os cobraré nada a cambio, por descontado".
El caballero de Bitskaya quedó atónito ante la repentina amabilidad con la que Baradis lo trataba. Sin embargo, la mirada del elfo no se posaba en el guerrero que tenía enfrente, sino en alguien situado a la distancia.
"Haced pasar también a los de afuera para que beban con nosotros".
Una presencia extraña y a la vez familiar. Aquel guardián del bosque tenía el deber inexcusable de verificar la naturaleza de esa turbia emanación, cargada con una amalgama de esencias sospechosas.
※※※※
No estaba dormido, mas soñaba.
En aquel sueño se erguía un arce que no contemplaba desde hacía largo tiempo. Las hojas caídas que revoloteaban a su alrededor poseían un matiz encendido y profundo.
"...¿Qué demonios es esto?".
Había cerrado los ojos en medio del crudo invierno, pero al abrirlos se halló sobre una colina acariciada por el tibio aliento remanente del otoño; Vlad quedó desconcertado. En un paisaje demasiado vívido para considerarlo una mera ilusión, se apresuró a escudriñar sus alrededores. El ocaso, hundiéndose en el lejano horizonte, teñía de un rojo ardiente un ondulante trigal.
"Esto no parece un sueño...".
Vlad reconoció con certeza el paraje donde se encontraba: el paisaje contenido en el ámbar que ahora solo podía rescatar de su memoria. El mismo lugar que la voz en su mente había afirmado haber visitado tiempo atrás.
Vlad se volvió con presteza. Allí se alzaba un arce firme y majestuoso, como si hubiese estado contemplándolo desde el primer instante.
"¿Flores?".
Aquel árbol estaba cubierto de flores. Era imposible que un arce floreciera, mas sus ramas rebosaban de capullos sin sombra de duda. Miríadas de flores multicolores se ocultaban entre el follaje crepuscular.
Mecida por el viento, una de aquellas flores descendió hacia Vlad junto a las hojas marchitas. Era una corola de un blanco platinado resplandeciente.
"...Me volveré loco".
Había caído siendo una flor, pero al descender se transformó en una mariposa. Ante semejante portento, Vlad no tuvo más remedio que aceptar la verdad: aquel sitio no pertenecía a la realidad.
El grácil revoloteo de la mariposa, meciéndose al compás del atardecer, era juguetón y vivaz. En medio de un paisaje donde todo languidecía hacia el crepúsculo, solo aquella singular mariposa preservaba su propia luminosidad, hasta posarse sobre el puente de la nariz de Vlad.
Al contemplar cómo la criatura plegaba con lentitud sus alas, Vlad cerró en silencio el ojo derecho.
Para extraer la imagen del alma, el ojo izquierdo.
Para invocar la realidad, el ojo derecho.
Aunque nadie se lo había enseñado, Vlad comprendía las reglas inscritas en aquel mundo, de modo que, a través de sus párpados cerrados, rememoró el escenario donde se había adormecido.
"¡Jefe...! ¡Jefe!".
La voz de Goat llegó tenue a sus oídos, como el eco distante de un ensueño. Entre las imágenes residuales que aún fluctuaban como olas en su percepción, Vlad pisó por fin el suelo de la vigilia.
"..."
Al abrir los ojos, Vlad aún pudo ver a una mariposa revolotear ante su rostro. El último aliento del crepúsculo, que se hundía más allá de las montañas, reposaba sobre la melena blanco platinada de una muchacha.
"¿Qué es esto?".
La armadura imbuida con la bendición de la Serpiente Blanca.
"Y esto".
El ámbar de Alicia, bendecido por el topo.
"Y también esto".
Y un níveo dedo presionando con suavidad el puente de su nariz.
Junto a un par de orejas inquietas que se contraían con curiosidad, unas pupilas doradas contemplaban fijamente a Vlad.
Incluso aquí, en el mundo de la vigilia, una mariposa continuaba revoloteando.
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• Autor: Q10
• Traductor: Inmensurable
⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨

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Capítulo 114
El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 113
Estás leyendo el capítulo 113 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 20 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.