Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 111 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Copos de nieve acumulados sobre los barrotes de hierro.
Vlad contemplaba en silencio la puerta de la mansión, la cual no se había movido ni una sola vez ni daba indicios de que fuera a abrirse.
"..."
En realidad, hallarse ante una puerta firmemente cerrada era algo a lo que estaba acostumbrado. A lo largo de su vida, los lugares que le habían franqueado el paso de par en par podían contarse con los dedos de una mano.
"¿Acaso les parezco ridículo?"
"¿Eh? No... no es eso..."
La actitud de los porteros ante aquel caballero errante recién llegado del norte era glacial. Su arrogancia al atreverse a despreciar a un caballero dejaba entrever el inmenso poderío que ostentaba la Casa del Conde Bitskaya.
Aquel renombre era algo que él debió haber sopesado antes de llamar a la puerta, y el no haberlo advertido a tiempo constituía, sin duda, un error propio.
"Tan solo vengo en busca de una respuesta. No a implorar un permiso."
Por lo tanto, que no hubiesen sido capaces de reconocer quién era él debía pasar a ser culpa exclusiva de ellos.
En cuanto terminó de hablar, Vlad sacó de entre su equipaje un pequeño estandarte y lo clavó en la tierra de una sola estocada.
¡Clang!
Saltó una diminuta chispa. Desde el suelo rígidamente congelado resonó un chasquido metálico semejante al choque entre dos espadas.
"¿Qué cree que está haci...?"
Con aquel único movimiento, Vlad había expuesto su auténtico nivel marcial. Al presenciar la escena, los guardias del portón comenzaron a comprender, al fin, que Vlad pertenecía a una categoría completamente distinta a la de los caballeros que habían visto hasta entonces. Aquel hombre de armas no había venido a mendigarle nada al conde.
"Por muy simple caballero que sea, al menos debería poder obtener una respuesta del señor conde."
El viento soplaba en ese instante. Una ráfaga gélida originada en las tierras boreales obligó a alzarse al pendón fijado en la tierra helada. Y, al hacerlo, proclamó la identidad de aquel hombre llamado Vlad.
En la tela que ondeaba al viento se hallaban bordados los blasones heráldicos de varias casas nobles y organizaciones. Mas, de entre todas aquellas insignias, hubo una marca específica que atrapó por completo la mirada de los porteros.
"Mata... dragones."
"Santo cielo..."
Habría sido imposible para aquellos sirvientes identificar los escudos de todas las familias del norte. Sin embargo, en el pendón de Vlad relucía un emblema que resultaba perfectamente reconocible incluso para ojos tan ignorantes como los suyos. Era una marca que cualquiera identificaría de inmediato en cualquier rincón del continente.
"A partir de este instante, aguardaré aquí su respuesta."
Bajo la cabeza de un dragón que exhalaba fuego, se extendía una gruesa línea horizontal. El emblema del Matadragones. Al reconocer aquel grabado, los rostros de los guardianes se tornaron pálidos como la ceniza.
En el corazón del condado de Bitskaya, un pequeño estandarte norteño ondeaba con orgullo frente al viento.
Solo existía un método capaz de demoler la discriminación y el desprecio arbitrario: la demostración del valor propio mediante los hechos. Y el caballero que aguardaba frente a la mansión era alguien que ya se había probado a sí mismo derramando la sangre más perfecta que existía.
Aunque la insignia se estremecía bajo la ventisca, los ojos azules del caballero permanecían inmutables e inquebrantables.
\* \* \*
Verduras y frutas amontonadas hasta el borde de una amplia bandeja. Sobre ellas escurría de forma tosca un aderezo abundante.
"¿Cuántos años dijiste que tenías?"
"Dieciocho años este año."
Frente al conde de Bitskaya se apilaba una colosal montaña de ensalada, como si hubiese sido interrumpido en pleno banquete. O quizá, pensó Vlad, aquella indiferencia a la mesa no era más que su manera de reprocharle la audacia de una visita tan intempestiva.
"¿Dieciocho años y cazaste a un dragón?"
"En aquel momento tenía diecisiete."
"... Ja."
El dragón más veloz de las tierras boreales. El Lindwurm. El conde de Bitskaya no podía evitar abrigar profundas sospechas ante la afirmación de que el joven caballero frente a él hubiese derribado a semejante bestia.
'Sin embargo, la marca es legítima.'
La fama suele ser vana y engañosa, mas el verdadero honor no pierde su fulgor en ningún rincón del mundo. Y en el pendón enarbolado por aquel caballero bisoño resplandecía un emblema de honor imposible de desdeñar. Ahora bien, para ostentar públicamente semejante insignia se requería inexorablemente la venia de la Orden de Caballeros Matadragones.
"¿Quién te confirió el derecho a portar esa marca?"
Al oír el cuestionamiento, Vlad miró con serenidad al señor feudal de las tierras centrales que lo examinaba con recelo. Pese a que su estandarte exhibía más de un blasón y condecoración, el conde no cesaba de inquirir únicamente sobre la marca de Matadragones.
Observando aquella fijación, Vlad comprendió una certeza inapelable: la influencia del norte no alcanzaba a llegar hasta allí.
"Fue concedida por Sir Mircea Dragulia, comandante de la Orden de Caballeros Matadragones."
Y comprendió, asimismo, que el imponente prestigio de los Caballeros Matadragones dominaba por completo las regiones centrales del continente.
"Mircea... el comandante de los Matadragones."
En cuanto aquel nombre brotó de los labios de Vlad, no solo el conde, sino también los caballeros que montaban guardia a su alrededor comenzaron a murmurar entre sí con visible agitación. Aunque a Vlad le desconcertó aquella reacción tan tempestuosa, se abstuvo de manifestar su sorpresa.
"Si tus palabras resultan ser una falsedad, morirás aquí mismo."
Al escuchar el nombre de Mircea, el conde se puso en pie y le gruñó a Vlad con ferocidad.
¿Cómo se atrevía un advenedizo del norte a mancillar el nombre de la Casa Dragulia y de la Orden de Caballeros Matadragones? Ante la mención de seres ilustres cuya identidad jamás debía usurparse, la mirada del conde de Bitskaya adquirió una severidad implacable. La sangre azul de nobleza que fluía por sus venas proyectó una opresión aplastante sobre la figura del joven.
"No hay mentira alguna en mis palabras, señor conde. Con certeza di muerte al Lindwurm, y Sir Mircea presenció la hazaña con sus propios ojos."
Sin embargo, Vlad encajó la punzante advertencia del magnate con total aplomo. Su porte, desprovisto tanto de soberbia como de servilismo, sumió al conde de Bitskaya en un mar de cavilaciones.
'... No sé quién demonios lo habrá instruido, pero han forjado a una pieza excepcional.'
La presión que ejercía el título de conde sobre un hombre común era ciertamente formidable. Mas, al ver que el joven caballero frente a él ni siquiera se inmutaba ante su presencia, el conde de Bitskaya no pudo evitar chasquear la lengua con asombro. Llegados a este punto, incluso si se tratase de un impostor consumado, no quedaba más remedio que reconocerle el mérito por su osadía.
"De acuerdo. ¿Dices que deseas que te preste un mago?"
"Así es. Preciso transmitir un mensaje de máxima urgencia a mi señor, quien reside actualmente en Shoara."
Que un caballero solicitase el uso de un orbe de comunicación durante una encomienda era algo inusual, pero no insólito. Si Vlad hubiese pertenecido a las tierras centrales y no a los confines del norte, el conde le habría franqueado el acceso al orbe de cristal de buen grado y sin reparos.
"¿Podría inquirir cuál es el motivo de semejante comunicado? A juzgar por tus modos, parece tratarse de un asunto harto apremiante."
"..."
Con todo, que un caballero del norte hubiese descendido hasta el centro del continente, y para más señas hasta los dominios orientales de este feudo con el único propósito de emplear un enlace mágico, era un acontecimiento sin precedentes. El conde de Bitskaya requería enterarse del contenido del mensaje no por mera curiosidad, sino en cumplimiento de su solemne deber como gobernante de aquellas comarcas. Porque una noticia urgente portada por un individuo tan extraordinario no podía ser otra cosa que un asunto de trascendental gravedad.
"... Hace pocos días, descubrí una entidad abominable en los bosques de Dobrechti. Poseía la fisonomía de un trol, pero no moría aun cuando le arrebaté la vida."
Ante la exigencia del conde de revelar los pormenores, Vlad no vaciló en absoluto. Después de todo, aunque guardara silencio en ese instante, era una verdad que de cualquier modo saldría a la luz.
Y aunque llegara a saberse, no habría problema alguno. Mantenerse en guardia contra una entidad maligna y perversa no era algo insólito en ningún rincón del mundo.
"¿Cómo es eso de que no muere aunque lo mates...?".
"En el norte también ocurrió algo similar. Me temo que una presencia desconocida está comenzando a desperezarse poco a poco".
El vestíbulo, que hasta hacía un instante bullía en murmullos, quedó en absoluto silencio, como si le hubiesen arrojado un balde de agua helada ante la descripción de Vlad sobre semejante ser perverso. Hasta tal punto las historias ligadas a la magia negra ponían los nervios de punta a cualquiera.
"...¿En dónde dices que estaba ese engendro que no muere?".
"En Dobrechti, feudo de la Casa Dalmatia. Y la ciudad más próxima a ese lugar es precisamente esta, Tanovo".
'Tengo mis propios asuntos, pero también he venido a advertirles. Y a pesar de ello, ¿se atreven a tratarme con semejante desdén?'. Al conde Bitskaya le dio la impresión de que las pupilas azules de Vlad le transmitían con exactitud aquel mensaje.
"¡Préstadle un orbe de cristal al distinguido huésped del norte!".
Al percatarse de la gravedad de la situación a través de la inquebrantable mirada de Vlad, el conde elevó de inmediato su consideración: de intruso norteño a invitado de honor. Aunque el giro de los acontecimientos daba la apariencia de que un simple caballero le había asestado un golpe directo a su orgullo, el conde no era un hombre al que le importasen semejantes pequeñeces.
"Se lo agradezco".
"Lamento haberte hecho esperar afuera. Últimamente llegan demasiados caballeros en busca de un puesto y di por sentado que eras uno más del montón".
Vlad no pudo evitar sorprenderse al ver a un noble de rango condal disculparse en persona. Era un cambio de actitud demasiado vertiginoso para venir del mismo hombre que momentos antes lo había desdeñado sin dignarse a abrir la puerta.
"Lo comprendo, señor conde".
"Bien. Ve a enviar tu informe de una vez".
Un saludo impecable y una compostura intachable. Al contemplar a Vlad, quien a pesar de provenir del norte exhibía los modales refinados de las tierras centrales, los ojos del conde brillaron con viveza. Así, el conde grabó en su memoria hasta el último ademán de la figura de Vlad mientras este se retiraba.
"Averígüenlo de inmediato".
"Sí, señor. Enviaré a alguien a Dobrechti ahora mis...".
"¡Eso no!".
En el vestíbulo, sumido en un denso silencio tras la partida de Vlad, resonó la voz baja pero categórica del conde Bitskaya. Consciente de que el joven ya debía de encontrarse fuera, el tono del conde rezumaba apremio.
"¡Averigüen si ese infeliz es un auténtico matadragones! ¡Si de verdad es un caballero de la Casa Bayezid!".
"¡S-sí, mi señor!".
La mirada del conde se tornó severa al constatar que el comandante de su guardia ni siquiera sabía discernir las prioridades.
"¡Lárguense todos!".
Ante la orden de desalojo del conde, quien los apremiaba agitando la mano con impaciencia, los caballeros congregados en el vestíbulo salieron en tropel. Aunque todos mantenían un porte marcial y disciplinado, la prisa casi atropellada de sus pasos reflejaba a las claras el implacable temperamento del conde Bitskaya.
"¡Ja!". Al quedarse por fin a solas, el conde contempló la ensalada servida frente a él y murmuró entre dientes:
"Insolente, pero dotado de un porte imponente".
Apenas ahora tomaba asiento para reanudar su demorada comida por culpa de aquel intempestivo visitante, y sus ojos relucían con un matiz enigmático.
"Habrá que comprobar si tiene la destreza necesaria para respaldar semejante altivez".
Sobre la cuchara de plata que el conde sostenía se reflejaba una silueta difusa. En su mente aún permanecía grabado con total nitidez el blasón del matadragones bordado en el pendón.
※※※※
"Es carísimo...".
Era la primera vez en su vida que enviaba un despacho mediante artes mágicas. Aquel método para transmitir noticias a tierras lejanas mediante fórmulas arcanas resultaba sin duda insustituible por su utilidad, pero exigía pagar un precio desorbitado.
"¿Tan costoso es?".
"Dijeron que cobran una moneda de oro por cada carácter escrito. Y que a mayor distancia, la tarifa aumenta todavía más".
"...¿Y cuántos caracteres escribiste?".
Goat se quedó con la boca abierta ante la explicación de Vlad. La compensación que le habían sacado al barón Dalmatia recurriendo a cuanta treta tuvieron a mano apenas alcanzaba unas diez monedas de oro. Sin embargo, a juzgar por lo que Vlad acababa de decir, era una fortuna que se evaporaría por completo con apenas diez míseros caracteres.
"Me dijeron que no me preocupara por los gastos".
"¡Ay, cielos...! Menos mal".
El precio no era el único inconveniente. El mago del conde le había advertido que, para dirigir un mensaje a una localidad determinada, era indispensable conocer la frecuencia mágica correspondiente a esa región. Habiendo sido esta su primera incursión en tales menesteres, era imposible que Vlad estuviera al tanto de semejante dato. Al final, el mago del conde no tuvo más remedio que soltar un hondo suspiro y buscar por su cuenta el registro asignado a Shoara.
"Si hubiéramos ido a ver a cualquier hechicero de tres al cuarto, nos habríamos quedado de brazos cruzados sin conseguir nada".
"..."
Sintiéndose algo avergonzado por el comentario de Goat, Vlad se rascó la nuca mientras avanzaba por el corredor de la mansión. Hacía buen rato que había dejado de prestar atención a las fastuosas esculturas y ornamentos que engalanaban cada rincón.
'Ni siquiera sabía algo tan elemental... ¿y así pretendo llamarme caballero?'.
Había pensado a la ligera en enviar un mensaje mágico sin más, ignorando que incluso para un trámite así se requerían conocimientos y nociones fundamentales. Aunque se hubiese quedado tranquilamente en Shoara, le habría llevado muchísimo tiempo adquirir las tablas necesarias para conducirse como un caballero cabal. Saber blandir una espada no bastaba en absoluto para serlo.
"...Bueno, aunque nuestra llegada a este lugar no haya sido precisamente agradable, creo que ha sido un gran acierto conseguir que el señor conde nos conozca la cara".
Al notar cómo el semblante de Vlad se endurecía paulatinamente bajo el peso del autorreproche y las cavilaciones, Goat se apresuró a desviar la conversación. Siendo incapaz de prestarle auxilio con el acero, comprendía a la perfección que debía esforzarse al máximo en cumplir esa otra faceta de su deber.
"¿A qué te refieres con eso?".
Arrancado de sus pensamientos por la voz a su lado, Vlad preguntó por el sentido de aquellas palabras, pero Goat se limitó a encogerse de hombros y señalar las piezas ornamentales a su alrededor.
"¿Qué tienen de raro?".
Las tallas y reliquias de la residencia, ignoradas hasta ese instante por culpa de su ensimismamiento, se hicieron patentes ante su vista. Aunque carecía de criterio para tasar semejantes artículos de lujo, hasta un lego como Vlad podía percibir el aire profundamente exótico que emanaba de aquellos adornos.
"Me enteré de que fueron obsequios entregados por los elfos".
Mientras Vlad se entrevistaba con el conde, Goat no se había quedado cruzado de brazos perdiendo el tiempo. Un embaucador consumado siempre debía permanecer atento a los rumores y movimientos del entorno.
"Al preguntarles a los sirvientes de por aquí, me dijeron que los elfos no permiten que cualquiera ponga un pie en sus tierras".
El feudo del conde Bitskaya se ubicaba en el extremo oriental de las tierras centrales. Antaño no había sido más que una comarca rural tan modesta e irrelevante como Dobrechti; sin embargo, bajo el gobierno de la actual generación de su señor feudal, había conseguido erigirse como un destacado punto neurálgico del comercio.
"Y resulta que el señor conde de este lugar se las ingenió de algún modo para abrir una ruta comercial con ellos. En otras palabras, es alguien con la capacidad de entenderse y negociar con los elfos".
"..."
Vlad sintió una súbita chispa de lucidez al escuchar las palabras de Goat, aunque prefirió guardar silencio. En su lugar, alzó una mano y acarició la superficie de uno de los relieves tallados en el muro.
Allí donde se posaron los dedos de Vlad, se encontraba esculpida una figura cuyas orejas eran demasiado largas para corresponder a las de un ser humano común.
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• Autor: Q10
• Traductor: Inmensurable
⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨

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El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela)
Capítulo 112
El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 111
Estás leyendo el capítulo 111 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 20 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.