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Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 110 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
En las postrimerías del pleno invierno. Josef había girado hacia la ventana el sillón donde solía sentarse y contemplaba el exterior. A través del ventanal, ante las puertas de la muralla de Shoara, una multitud de sacerdotes de la Iglesia se arremolinaba a la espera de alguien. "¿Lo has averiguado?" Zayar advirtió que el brillo en los ojos de Josef al contemplar la ventana era insólito. Era una mirada tensa, como la de quien observa una tempestad que se avecina. "Dicen que es el propio hijo del Duque Dragulia. Por lo visto, es medio hermano de Mircea, el comandante de la Orden de Caballeros Matadragones". Tan pronto concluyó el informe de Zayar, los movimientos de los sacerdotes que se divisaban allá afuera se volvieron ajetreados. Un único trazo grueso que segaba el cuello de un dragón. Bajo el estandarte que representaba a la Orden de Caballeros Matadragones, los caballeros hacían su entrada en Shoara. "Su nombre es Radu. A pesar de su juventud, es un caballero que ya cuenta en su haber con la muerte de varios dragones". Josef prestaba oídos a Zayar, pero sus ojos no se apartaban de las puertas de la muralla. Eran tres los caballeros que cruzaban bajo el estandarte. Sin embargo, aun entre ellos, la silueta del hombre que cabalgaba a la vanguardia se distinguía a lo lejos: un porte cuya imponente gallardía se transmitía incluso desde la lejanía de aquel despacho. "El hijo del Duque de la Sangre de Dragón... Radu Dragulia...". Si bien la Casa Bayezid gozaba de renombre por engendrar caballeros ilustres, aun así difícilmente rivalizaría con la Casa Dragulia de las tierras centrales. Pues ellos eran un linaje que heredaba la sangre de los dragones, un hecho consignado no en leyendas vanas, sino en las mismísimas crónicas de la historia. Y ahora, bajo la cortés invitación del obispo Pierre, un caballero de sangre draconiana entraba a paso firme en Shoara. "Y además, esto". Esta vez, en vez de palabras, Zayar le entregó una pequeña nota a Josef mientras proseguía con su informe: "Los ojos de Bayezid informan haber detectado movimientos sospechosos en diversos rincones del norte". "..." Josef tomó la nota que le ofrecía Zayar, la desplegó con cautela y comenzó a leer lo escrito en su interior. "Mmm...". Un gemido que no pudo reprimir, pese a intentarlo. Aunque no se trataba más que de breves frases anotadas en el papel, el entrecejo de Josef no dejaba de fruncirse conforme avanzaba en la lectura. Aquella nota entre sus manos era una explicación de la situación, mas también una sosegada advertencia que le transmitía su padre, Peter. "...Por lo visto, erré en mis cálculos". "¿Cómo dice?" Acompañando sus palabras, Josef se levantó de su asiento y se acercó todavía más a la ventana. Al ser incapaz de empuñar la espada, había templado una mirada aguda y un pensamiento profundo. Sin embargo, por feroz que hubiese sido ese entrenamiento, parecía no ser suficiente frente a un inquisidor de herejías que había vivido toda su existencia en el campo de batalla de la lógica implacable. "El objetivo del obispo Pierre jamás fue Vlad". Era indudable que Josef y el obispo Pierre se disputaban el control de Shoara. No obstante, el poder sobre Shoara, que para Josef constituía su objetivo y su propósito final, para el obispo Pierre no era más que un medio descartable del que podía prescindir en cualquier momento. El obispo Pierre miraba mucho más allá de lo que alcanzaba Josef. Las iglesias del norte pertenecientes a la Santa Sede se estaban movilizando. Quien primero había alzado el estandarte no era otro que Pierre, el obispo de Shoara, y el lugar hacia donde convergían los soldados de la Iglesia era uno de los feudos arraigados en el norte desde hacía largo tiempo. Una ciudad de la baronía Utman: Mosiam. \*\*\* La bendición del topo resplandeciente era en verdad poderosa. Durante todo el trayecto para salir de los bosques de Dobrechti, Vlad y Goat jamás sufrieron el ataque de monstruo o fiera alguna; es más, sus pasos al avanzar no hacían sino sentirse livianos. Aquel viaje, que transcurrió con una fluidez tan impecable que rayaba en lo insólito, hizo que ambos dejaran atrás los bosques de Dobrechti mucho antes de lo previsto... y fue precisamente ahí donde radicó el origen del problema. "Vaya, comed con calma. Nadie os lo va a quitar". Una fogata chisporroteaba al pie de un árbol teñido de blanco por la nieve. Bajo el humo que ascendía junto al reconfortante calor, dos hombres engullían sopa a toda prisa. El hombre que los observaba justo enfrente les habló a Vlad y a Goat con una mirada cargada de compasión. Pues, aun habiéndose llevado la sopa caliente a la boca, los labios todavía cerúleos de ambos revelaban cuán penosamente habían andado errantes hasta entonces. "Se lo agradezco. De no habernos topado con ustedes, habríamos estado en un gravísimo apuro". A quienes comparten la comida es menester mostrarles gratitud. Vlad, que antes de ser carterista había sido un pequeño mendigo, conocía bien el valor impagable de un tazón de sopa caliente; por ello, expresó su sincera gratitud a los mercenarios que los habían socorrido. "Oh...". "...Vaya, cosas veredes si uno vive lo suficiente". Sin embargo, al recibir el agradecimiento de Vlad, los mercenarios se limitaron a abrir los ojos de par en par, perplejos. Ante la incomodidad que de pronto tensó el ambiente, Vlad sondeó de inmediato la situación, preguntándose si acaso habría cometido una falta. La prudencia y la astucia aprendidas en los callejones brotaban con tanta naturalidad como el respirar. "Señor caballero, ¿acaso no procede de las tierras centrales?" Sin embargo, el hombre que se había presentado como capitán mercenario se limitó a sonreír afablemente mientras le tendía un trozo de cecina cortada. Daba la impresión de que el porte agradecido de Vlad le resultaba bastante grato. "No soy de las tierras centrales. Vengo del norte". "Oh, conque por eso". Liberado ya del frío y del hambre, Vlad, que por fin recobraba los sentidos, prosiguió al notar que los mercenarios lo contemplaban con curiosidad: "¿He cometido alguna incorrección hace un momento?" "¡No, no, en absoluto, señor caballero! ¡Ja, ja!" El hombre de pelo rizado soltó una franca risotada ante la pregunta de Vlad y le sirvió otro tazón de sopa. "Es solo que es la primera vez que unos parias de los bajos fondos como nosotros escuchamos un agradecimiento de labios de alguien como su merced". Al ver a los mercenarios tildarse a sí mismos de parias de los bajos fondos, Vlad experimentó una sutil extrañeza. Quien en verdad se había arrastrado por los bajos fondos no era ninguno de aquellos mercenarios, sino el mismísimo Vlad; sin embargo, en esta nueva tierra, a los ojos de los demás su figura no era más que la de un joven caballero. 'Parece que he pecado de excesiva cortesía'. Por lo visto, en las tierras centrales la jerarquía estamental era aún más rigurosa que en el norte. Puesto que era natural que existieran divergencias de acuerdo con las costumbres regionales, Vlad decidió que convendría tener sumo cuidado con tales detalles en adelante. "Por cierto, señor caballero, ¿hacia dónde se dirige?" "Íbamos de camino a Tanovo. La ciudad del condado de Bitskaya". Con esas palabras, Vlad alzó la cabeza y miró fijamente al hombre de cabello rizado. El capitán mercenario no pudo evitar sonreír al ver a Vlad observarlo mientras sostenía el cuenco de sopa. Pues, aunque no lo hubiese manifestado de viva voz, la intención que albergaba su mirada era por demás evidente. "Vaya coincidencia. Casualmente, nosotros también nos dirigimos a Tanovo". "¡Oh!". Antes de que Vlad pudiera siquiera articular palabra, Goat exhaló un indiscreto suspiro de alivio. "Menos mal, jefe. Si seguimos a esta gente, podremos llegar a Tanovo". "Cállate." Vlad no pudo contener la furia que le hervía en las entrañas y terminó soltando aquella palabra entre dientes. Antes de partir, aquel tipejo se había golpeado el pecho asegurando que solo debían confiar en él. Sin embargo, al final había provocado semejante desastre, de modo que a Vlad no le quedaba más remedio que culparse a sí mismo por haber confiado en un embaucador. "Soy Vlad de Shoara. No... solo Vlad." "Soy Stefan, de la Banda de Mercenarios del Espino, señor caballero." Conteniendo la indignación que le quemaba por dentro, Vlad esbozó una sonrisa y le tendió la mano al capitán de los mercenarios. Al estrecharse las manos, sus miradas se cruzaron. Vlad pensó que los ojos azules de Stefan armonizaban a la perfección con su cabello rizado y anaranjado. ※※※※ Era la primera vez que contemplaba una ciudad de las tierras centrales. Lejos de ser un feudo remoto como Dobrechti, Tanovo era una auténtica urbe de pleno derecho, y la sola estampa que se desplegaba ante sus ojos ensanchaba los horizontes de Vlad, quien había pasado toda su vida en Shoara. "Es la primera vez que visito una ciudad de las tierras centrales." "En ese caso, este lugar no le decepcionará." Por experiencia, Vlad sabía muy bien que parecer un pueblerino lo convertía a uno en presa fácil del crimen; aun así, la atmósfera de una ciudad desconocida volvía a encender una renovada agitación en su pecho. "Esta ciudad puede considerarse uno de los principales enclaves comerciales con los elfos del este. Por eso la frecuentan tantos mercaderes y mercenarios." Stefan se esforzaba por mostrar tanta cortesía y buena voluntad como le era posible ante aquel caballero de aspecto inexperto. Por muy joven que pareciera, un caballero era un caballero. Si con apenas unos cuencos de sopa y unas cuantas palabras afables lograba forjar lazos con uno, sin duda sería un negocio por demás lucrativo. "¿Desea que le busque una posada? Conozco un par de sitios decentes." "Mmm. Bastará con que me recomiendes una. Primero tengo la intención de presentarme ante el señor de estas tierras." "Oh, ya veo." Al ver a Vlad declarar con semejante aplomo que se reuniría con el conde Bitskaya, los ojos de Stefan brillaron mientras asentía. Por mucho que ostentaran el título de caballero, no todos eran hombres de verdadero valor. Entre aquellos que se paseaban con la cabeza en alto arrogándose el título, a menudo había sujetos más ruines y desaliñados que los propios mercenarios. No obstante, el bisoño caballero que tenía delante no solo poseía un porte distinguido y fuera de lo común, sino que ahora mismo afirmaba con orgullo que visitaría al conde, de modo que la mirada de Stefan no pudo evitar encenderse de expectación. "Si alguna vez necesita ayuda, no dude en acudir a nosotros. Estaremos hospedados durante unos días en la posada del cruce que está allí adelante." "Se lo agra... Digo, así lo haré." Aunque Vlad cambió de pronto a un tono informal y distante propio de un superior, Stefan, lejos de ofenderse, asintió con la cabeza como si considerara que así era exactamente como debía comportarse. "Te lo agradezco." "No hay de qué, señor caballero." Tratar con condescendencia a alguien mayor que él resultaba sorprendentemente difícil. Sin embargo, Vlad debía acostumbrarse a tales modos a partir de ahora. Ya no estaban allí ni Josef ni los caballeros veteranos que respaldaban su autoridad; en adelante, le correspondía a él mismo hacer valer su posición. "En cuanto a la mansión del conde, bastará con que busque el edificio más grande de la ciudad." Stefan, que observaba cómo Vlad se esforzaba por asumir su rango, se despidió con una sonrisa que denotaba total comprensión. El grupo de mercenarios que lo seguía inclinó la cabeza con respeto ante Vlad antes de disolverse entre el gentío de la calle. "Tendré que ir a buscarlos de verdad más tarde para invitarlos al menos a un trago." Si uno recibe algo, debe devolverlo. De no haber sido por Stefan, tal vez aún seguirían vagando sin rumbo por el gélido bosque invernal, de modo que lo justo era expresar su gratitud de manera apropiada. "Si vas a invitarles un trago, jefe, más te vale que sea uno caro." "¿Por qué?" Goat, que venía caminando detrás junto con los mercenarios de Stefan, le dirigió a Vlad una mirada cargada de intención y respondió: "Parece que les va de maravilla. A juzgar por el equipo que llevan y por lo rápido que pasaron la inspección en las puertas de la ciudad, al menos son una compañía con nombre y renombre." "¿Ah, sí?" Al contemplar la figura de Stefan alejarse, los ojos de Vlad también comenzaron a brillar. No era solo Stefan quien deseaba obtener algún provecho de aquel encuentro. ※※※※ Las mansiones del norte se caracterizaban por un marcado sentido práctico. Instalaciones con fines inequívocos y muros levantados a gran altura; una austeridad tan adusta que bien podría considerarse una pequeña fortaleza era el rasgo distintivo de las residencias norteñas. No obstante, el estilo de las tierras centrales era muy distinto. "¿Qué asunto lo trae por aquí?" Los muros exteriores de un blanco inmaculado que cercaban la mansión y los relieves esculpidos a lo largo de las paredes dejaron a Vlad sin palabras por un instante. "Soy Vlad, caballero de Bayezid. He venido a presentar una petición especial ante el señor feudal de estas tierras." "¿Qué motivo debo transmitirle?" Aunque aquella inutilidad ornamentada que veía por primera vez lo había desconcertado por un momento, no por ello olvidó su cometido. "Tengo un asunto urgente que comunicar a mi señor, por lo que desearía hacer uso del despacho mágico de un mago. Te ruego que le transmitas al conde Bitskaya mi anhelo de contar con su benévola ayuda para con un caballero en apuros." Aunque se había presentado a toda prisa y sin audiencia previa, facilitar una comunicación mágica era algo que bien podían concederle. Un soberano que gobernaba un feudo entero no dejaría escapar la ocasión de ganar prestigio a cambio de una cortesía tan insignificante. "Jefe, ¿dejamos lo de la posada para después? Quién sabe, tal vez nos inviten a pasar." "De acuerdo." Ante la sugerencia cómplice que Goat soltó a sus espaldas, Vlad asintió con un leve movimiento de cabeza. En el norte existía la arraigada costumbre de honrar a los huéspedes que llegaban a las puertas. Si en aquellas tierras compartían una tradición semejante, tal vez hasta consiguieran que los invitaran a cenar. Sin embargo, pasaron diez minutos, luego una hora... y hasta que las sombras de la noche envolvieron por completo los alrededores, nadie salió a llamar a Vlad. "..." El propósito de Josef al enviar a Vlad fuera de sus tierras no solo era protegerlo de los posibles reparos y hostigamientos de la Santa Sede, sino también brindarle la oportunidad de contemplar un mundo más vasto. Visto desde esa perspectiva, la intención de Josef estaba cosechando un éxito rotundo en ese preciso instante. "¿Cuándo llegará una respuesta?" "No lo sé." "Al menos me gustaría saber si la respuesta es afirmativa o negativa." "Debe esperar." Un desdén glacial. A ello se sumaban las risotadas apagadas y socarronas que resonaban de cuando en cuando. Vlad no se enfureció ante aquella frialdad que no experimentaba desde hacía mucho tiempo. Era algo a lo que estaba más que acostumbrado, de modo que podía tolerarlo y dejarlo pasar sin inmutarse. Lo único que le causaba perplejidad era por qué le dispensaban semejante trato a pesar de haber acreditado debidamente su identidad y condición. "¿Hasta cuándo?" "..." El corazón del continente se hallaba en las tierras centrales, y los señores del centro creían con fervor que ellos eran el eje del mundo. Estaban convencidos de poseer una nobleza incomparable frente a la escoria del oeste, que devoraba tierra seca, o los bastardos del norte, cuya sangre estaba mezclada con la de los bárbaros. "Debe esperar hasta que el señor conde decida llamarlo." "..." La rana en el fondo del pozo había visto el mundo. Sin embargo, aquel mundo que creía infinito no estaba más que atestado de nuevos muros. Así era como el centro del mundo discriminaba a las gentes del norte. Frente a las puertas de la mansión del conde, firmemente cerradas, a Vlad no le quedó más remedio que permanecer allí de pie, inmóvil y en silencio. \----- • Autor: Q10 • Traductor: Inmensurable ⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨
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El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 110

Estás leyendo el capítulo 110 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 20 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.