arrow_back

Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 108 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Visto a través de su mundo interior, el roble azul estaba llorando. Ante una violencia tan injusta e irremediable, lo único que le quedaba era retorcerse y clamar de puro dolor. "..." Vlad vio una esfera resplandeciente en el interior de la profunda hendidura del árbol. Aquel objeto desprendía una sensación muy semejante a la piedra de ámbar amarillo que llevaba engarzada en la empuñadura de su espada. Al contemplar aquel fulgor, Vlad pudo sentirlo con absoluta certeza: había llegado al lugar correcto. "Creo entender lo que pretendías hacer." El trol blandía un hacha y el árbol lloraba. El aliento de los niños pendía del campanario y los padres se deshacían en llanto. Por más cosas valiosas que alguien sostuviera en sus manos, si carecía de la fuerza para defenderlas, no le quedaba más remedio que ser despojado de ellas. Este mundo estaba plagado de individuos que medraban sentados sobre esas lágrimas arrebatadas. "Pero es que yo también tengo asuntos pendientes con este árbol." Vlad alzó su espada en lugar de aquel árbol que derramaba lágrimas. Blandir el acero en favor de un ser que no tenía modo alguno de protegerse a sí mismo. "Así que no le pongas las manos encima." A eso llamaban caballero los preceptos del Maestro de la Espada. \* \* \* ¡Buum! Dejando tras de sí el suelo que saltaba en pedazos, Vlad rodó con presteza entre las piernas del trol. Un avance que desafiaba el peligro, un instante fugaz obtenido a cambio. Aunque su postura se había quebrado por completo, Vlad no dejó escapar aquella brecha. "¡Hup!" Acompañado por el destello de la espada, un torrente de sangre estalló en el aire. ¡Guaaaaah! Entre los corvejones tajados de un corte certero, quedaron colgando los tendones desgarrados del trol. "Lo ten—" Al ver que la bestia se tambaleaba a punto de desplomarse, Vlad se apresuró a lanzar un segundo embate, pero una gélida sensación le erizó la nuca y alzó la espada en el acto para cubrirse. ¡Clang! "¡Kgh!" No era un ataque ordinario. Se sentía como si una malicia viscosa y densa estuviera adherida a la hoja del hacha. Aunque logró desviar el impacto levantando su espada, la fuerza residual que no alcanzó a disipar lo arrojó implacablemente a rodar por el suelo. "... Esto es ridículo." La cabeza del trol, separada y caída a cierta distancia, comenzó a soltar una sonora carcajada al presenciar la desconcertada expresión de Vlad. La herida infligida por la espada ya se había cerrado de forma impecable. Hacía apenas un parpadeo los tendones colgaban destrozados, pero en ese preciso instante ni siquiera quedaba el rastro del acero. 'Menuda capacidad de regeneración más maldita.' Los troles no eran criaturas nativas del norte. Sin embargo, tampoco eran bestias que pudieran encontrarse con frecuencia en las regiones centrales, de modo que resultaba comprensible que Vlad, al enfrentarse a uno por primera vez, se sintiera desconcertado. Grrr. Habiendo recogido su propia cabeza para encajarla de nuevo sobre el cuello, el trol comenzó a clavar sus ojos inyectados en sangre sobre Vlad. En su mirada, cargada de muerte, se arremolinaba un instinto asesino que resultaba casi insoportable de resistir; sin embargo, Vlad se limitó a escupir a un lado y a plantarle cara con frialdad. "Maldito engendro. Eres repugnantemente feo." No tenía ni idea de qué clase de bicho era aquel, pero al menos le había quedado claro que poseía una capacidad de recuperación monstruosa. Ahora que sabía eso, había llegado el momento de comprobar si continuaba con vida en caso de que le arrancara algo más que la cabeza. "A ver si tampoco te mueres con esto." Habiendo tomado su determinación, el aura que no cabía en su espada comenzó a ascender como una columna de humo desde el ojo izquierdo de Vlad. Era una energía tan extraordinaria que incluso el trol, que hasta entonces había mostrado una sonrisa confiada, borró la mueca de su rostro y se puso rígido. \* \* \* \*Kyuu.\* El topo ya no era un ser resplandeciente. La razón era simple: ya no quedaba nadie que lo reconociera. Por más extraordinario que fuera un ser, si nadie era capaz de percatarse de su existencia, no era más que un topo ordinario. Sin embargo, aquel humano de destello dorado era diferente. De la armadura que vestía y de la espada que empuñaba emanaba el aroma de sus semejantes, un vestigio de su propia estirpe. A pesar de haber sido apenas con una mirada tenue, aquel hombre lo había reconocido. "¡Pero si no se muere, maldita sea!" Por muy sólido que fuera el mundo interior que forjara, no bastaría para detener a la criatura que tenía enfrente. Cualquier ataque magistral sería incapaz de alcanzarlo si existía una diferencia de calibre. El nivel actual de este humano todavía no alcanzaba la jerarquía necesaria para quebrar la maldición de la inmortalidad. ¡\*Kyu\*! En ese caso, tendría que echarle una mano. Algunos humanos talaban y quemaban el bosque para ensanchar sus cultivos, pero también había quienes, aun pasando hambre, eran capaces de compartir un puñado de frambuesas silvestres. Tan solo esperaba que el caballero de luz dorada fuera un ser humano digno de elevar su jerarquía. \* \* \* Le cercenó los brazos, le amputó las piernas y le partió la cintura. Le atravesó el corazón, le reventó los pulmones y le arrancó las entrañas para desparramarlas por la tierra. Los cabellos rubios de Vlad, teñidos por completo de un escarlata intenso por la sangre enemiga, daban testimonio de la brutalidad de su lucha a muerte. "... Este bastardo está demente." Atrapado en un enfrentamiento que se sentía como hundirse cada vez más en un cenagal, Vlad no podía evitar que la impaciencia se apoderara de él. Tenía que encontrar una respuesta a como diera lugar antes de que el agotamiento lo hiciera desplomarse. 'La voz me dijo que ella pudo lograrlo.' Aunque sus recuerdos eran vagos, sabía con certeza que la voz, tras tomar prestado su cuerpo, había conseguido doblegar a aquel jinete decapitado. Decían que no había podido rematarlo, pero de haber dispuesto de tiempo suficiente, sin duda le habría puesto un final definitivo. '... ¿Acaso es porque mi mundo todavía es demasiado superficial?' Al ver al trol, que volvía a recuperar su figura íntegra en un parpadeo, Vlad terminó mordiéndose el labio inferior. Aunque por fin había subido un peldaño en su senda, todavía quedaban demasiadas cosas en el mundo que escapaban a su conocimiento. Vlad sentía que solo ahora comprendía los motivos por los que Josef lo había expulsado de Shoara. "Deja de reírte, malnacido." Aun así, tenía que lograrlo. Todavía tenía un pacto pendiente que no había cumplido. Vlad no deseaba despedirse de aquella voz sin haber sido capaz siquiera de pronunciar su verdadero nombre. Los tajos que blandía en este momento ya no eran por el árbol que lloraba a sus espaldas, sino por sí mismo. "¡...!" Si no bastaba con rebanarlo ni con ensartarlo, esta vez le desmembraría las cuatro extremidades para esparcirlas tan lejos como pudiera. En el mismísimo instante en que Vlad apretó con ferocidad los dientes tras tomar su resolución, un cúmulo de luces titilantes comenzó a brillar desde las profundidades del bosque. '¿Qué es eso?' Era un fulgor que no alcanzaba a distinguir con claridad debido a la distancia. Teniendo delante a semejante trol grotesco, Vlad asumió de inmediato una postura de guardia por temor a que estuviera emergiendo otra criatura extraña, pero no se trataba de eso. ¡Hii-hii-hiiin! El espíritu de la estepa que galopa sin freno no tolera ningún obstáculo que se interponga en su camino. Ni siquiera si se trataba de un trol inmortal. "¿Noir?" ¡Baaang! Apareciendo a una velocidad ante la cual nadie habría sido capaz de reaccionar, Noir embistió de lleno el costado del trol sin vacilar un solo instante. El impacto de la colisión entre ambos fue tan colosal que incluso Vlad tuvo que cerrar los ojos por una fracción de segundo. ¡Guaaaah! Una velocidad aterradora, una distancia de salto portentosa y, sobre su frente, un cuerno blanco inmaculado que se manifestaba con nitidez. Ante la arremetida de Noir, que había concentrado hasta la última gota de su fuerza, esta vez fue el trol quien no pudo evitar rodar por el suelo de manera estrepitosa. El mundo tuyo y el mío se vuelven más perfectos al encontrarse y entrelazarse. Habiendo cruzado la espesura del bosque en busca de una versión más completa de sí mismo, Noir había dado por fin con el caballero dorado. ¡Hii-hii-hiiin! "¡Maldito animal, ¿cómo diablos llegaste hasta aquí?!" Sin ocultar la alegría que le inundaba el pecho, Vlad montó de inmediato sobre los lomos de Noir y tomó distancia apresuradamente mientras clavaba la mirada sobre el trol. A diferencia de cuando se enfrentaba a pie contra él, el trol retrocedía a toda prisa mientras intentaba recoger y embutir de vuelta en su costado las horrendas vísceras que le colgaban del flanco. '¿Por qué?' Que las entrañas aún no hubieran regresado a su sitio significaba que no se estaba regenerando como era debido. El impacto asestado por el cuerno de Noir, a diferencia de los suyos propios, sin duda alguna había supuesto un golpe certero para el trol. '¡Si es así...!' Tal vez la sangre de espíritu que albergaba Noir era lo que había surtido efecto. Tras llegar a esa conclusión, Vlad aferró con firmeza las riendas de Noir y comenzó a galopar con fiereza alrededor del trol. "¡Ahora!" ¡Hiiiigh! Habiendo arrebatado la iniciativa gracias a la irrupción de Noir, no existía necesidad alguna de forzar una apertura de forma precipitada. El trol descargó su hacha a la desesperada hacia los dos que cargaban en su contra, pero a lomos de Noir se encontraba Vlad. ¡Clang! ¡Pum! El caballero desvió el hacha con su espada y el corcel embistió de lleno con su cuerno espiritual. Ante semejante velocidad, multiplicada por la mole del caballo, el trol sintió un dolor agonizante y rodó con violencia por el suelo. '¡Funciona!' El abdomen perforado tampoco se cerraba esta vez. Era un ataque que surtía un efecto demoledor. "¡Otra vez!" En el instante en que Vlad retrocedió para ganar distancia de embestida, el trol también comenzó a buscar una salida con frenesí. El árbol contra el que él mismo había estado descargando golpes hasta hacía un momento. La criatura corrió a toda prisa, se plantó de espaldas al tronco y abrió ambos brazos, disponiéndose a frenar a Noir en seco. Grrr... Si no podía esquivarlo, le bastaría con apresarlo. Aunque sufriera una herida profunda, si lograba contener la arremetida de aquel caballo azabache, poco importaría el caballero que iba a sus lomos. "¡...!" Al ver a la bestia aguardando con los brazos abiertos mientras cargaba contra ella, Vlad se mordió el labio. Sabía de sobra que no era un adversario ordinario, pero aun así, semejante maniobra trascendía con creces los límites del intelecto que cabía esperar de un monstruo. "¿...?" En el momento exacto en que dudaba entre seguir con la carga o refrenar el paso, Vlad sintió que la espada que empuñaba se volvía un poco más pesada. "Pero qué... Este enano..." El topo resplandeciente había salido arrastrándose desde el interior de su armadura sin que él se percatara. Aferrado a la piedra de ámbar que le había entregado Alicia, el bicho no dejaba de agitar una pata hacia Vlad, que lo contemplaba estupefacto. De haber sido humano, el gesto habría equivalido con certeza a levantar un pulgar en señal de triunfo. "¿Qué demonios estás hacien...?" Justo cuando intentaba apartar con premura de la empuñadura al topo, que mostraba una conducta tan repentina como inexplicable, Vlad sintió una extraña vibración que comenzó a propagarse a través del acero. '¿Qué?' Una sensación desconocida y, sin embargo, profundamente familiar. Una conmoción semejante a cuando la Serpiente Blanca de Heinal lo había envuelto en su abrazo sacudía ahora la mano derecha de Vlad. La piedra de ámbar de Alicia resplandecía. Hay mundos que se hieren y punzan cada vez que entran en contacto; pero existen otros mundos que, al rozarse, se ensanchan el uno al otro. Así había sido con Noir, así había sido con la Serpiente Blanca, y así había sido con la Voz. "Esto es..." Y en aquel instante, el topo resplandeciente obraba el mismo prodigio. La bendición del topo, nacida desde la piedra de ámbar, comenzó a trepar a lo largo de la hoja del arma. La protección de la tierra, aquella que cualquier ser viviente que pose sus pies sobre el suelo es capaz de sentir, se condensaba sobre la espada de Vlad. La tierra es el cimiento elemental que sostiene sobre sí todas las cosas del mundo. Igual que una plomada precipitándose hacia las simas del océano, la bendición de la tierra caló hondo en los confines del mundo interior del alma de Vlad, forzándolo a contemplar lo más recóndito de su propio ser. Le permitió desenterrar, siquiera por un instante fugaz, el fundamento primigenio que yacía sepultado en sus profundidades. "¡Vamos!" En el bramido con el que Vlad ordenó la carga se entremezclaba ya un gruñido bestial. El trol, que hasta hacía nada parecía una muralla infranqueable, ahora a sus ojos no era más que una piltrafa arrastrada por el lodo. '¿Cómo osa una escoria como tú plantarme cara?' ¡Graaaaah! Al ver cómo Vlad acortaba la distancia inexorablemente, el trol soltó un alarido desgarrador sin poder contenerse. Un humano cuya imponente presencia había alcanzado la bóveda celeste en un abrir y cerrar de ojos. El cuerno albo del corcel azabache y la espada refulgente le infundían pavor; no obstante, lo que más terror sembraba en sus entrañas eran las pupilas del hombre que se abalanzaba hacia él. "¡Muere de una vez!" Bajo el filo hendido con la bendición de los espíritus, el trol profirió su último y agónico estertor. Sintiendo la muerte en aquel vértice afilado donde colisionaban ambos mundos, el monstruo recordó por última vez los ojos del caballero que acababa de cruzar a su lado. En aquellas gélidas pupilas azules anidaba la ferocidad más absoluta del mundo, una salvaje crueldad ante la que era imposible sostener la mirada. ※※※※ Fshhh. En una habitación en penumbra, repleta de velas encendidas que sin embargo no proyectaban luz, una de las llamas se apagó de improviso. "..." Una mujer cuya cabellera nacía en tonos azulinos y remataba en un negro azabache clavó la mirada en la vela recién extinguida. Aquella luz señalaba al trol que ella misma había enviado a los bosques de Dobrechti. "... Es imposible que haya alguien de semejante calibre en un feudo rural tan apartado." Únicamente un alma que hubiera trascendido sus propios límites era capaz de quebrar su maldición. Consciente de esa verdad, la mujer balanceó los dedos de los pies, que flotaban en el aire sin tocar el suelo, e hizo tintinear una pequeña campanilla. "¿Me habéis llamado, Lady Lamashtu?" Un caballero ingresó a la estancia al compás del sonido metálico. Sobre el peto de su armadura destacaba grabado el blasón heráldico de la Casa del Barón Utman. "Ve a comprobarlo." La mujer arrojó la vela consumida hacia el hombre y sentenció: "Y cámbiate de rostro antes de ir." "Entendido." Si posees algo valioso, debes ser capaz de defenderlo con tu vida. Y aquella máxima era una verdad que concernía por igual a Vlad. En la lúgubre estancia, en medio de los cirios titilantes, la mujer cuyos pies no pisaban la tierra contemplaba en silencio hacia la dirección donde se extendía Dobrechti. ※※※※ Una niña pequeña se hallaba encogida dentro de una reducida cueva. Gracias a las frambuesas silvestres esparcidas a su alrededor, que no sabía quién se las había dejado allí, conseguía engañar al hambre; sin embargo, su tobillo, terriblemente hinchado, presentaba un aspecto alarmante. "Snif..." La noche anterior no había podido pegar ojo. Ante los ruidos espeluznantes que sacudían el bosque, no había hecho más que llorar en la oscuridad. Con toda certeza se trataba de los alaridos emitidos por aquel horrendo gigante que había visto en aquella ocasión. Deseaba de corazón que al menos aquel topo tan bueno regresara pronto a su lado. "Jefe, ¿es aquí?" "El topo dice que sí." "¿Ahora también hablas con los topos?" "Hablo contigo, así que ¿por qué no con él?" Al escuchar el murmullo de aquella conversación que se aproximaba en la lejanía, la niña contuvo la respiración y abrió los ojos de par en par. Si tan solo hubiera tenido la certeza de que se trataba de habitantes de la aldea, habría gritado con todas sus fuerzas para advertir su presencia; no obstante, consumida por el pánico atroz que le había infundido el trol, la pequeña no se encontraba en un estado propicio para razonar con serenidad. Sin embargo, el eco de los pasos alcanzó la entrada de la cueva con pisadas firmes y resueltas, como si supieran con exactitud el escondite en el que se ocultaba. "¡...!" Petrificada de miedo, la niña se aferraba con fuerza a sus propias manos temblorosas. Por fin, la figura que se reveló ante ella fue la de un apuesto joven de cabellos dorados y serenos ojos azules. Pese a ello, lo que verdaderamente disipó el terror del corazón de la niña no fue la apariencia del hombre, sino el topo que, sentado sobre su hombro, le agitaba una patita con alegría. "Pequeña. Vamos a casa." Tanto Vlad como el topo estaban exhaustos, pero aún conservaban el aliento necesario para dedicarle una cálida sonrisa que terminara de calmarla. Del menudo cuerpo de la niña, a la que alzó con delicadeza en sus brazos, se transmitía un reconfortante y tierno calor. \----- • Autor: Q10 • Traductor: Inmensurable ⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨
El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela)

Continúa leyendo

El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela)

Capítulo 109

Siguiente Capítulo ›

El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 108

Estás leyendo el capítulo 108 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 20 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.