arrow_back

Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 106 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
En la oscura noche, Vlad se hallaba tendido boca abajo sobre una colina baja junto a los soldados. La estampa resultaba un tanto ridícula, pero tender una emboscada de aquella guisa era el mejor método para vigilar quién entraba o salía del campo de cebada que se extendía ante ellos. "A decir verdad, la niña que desapareció en esta ocasión se extravió muy cerca de este lugar..." "..." El principio elemental de una emboscada era el sigilo. Ocultarse con total disimulo, como si uno apenas existiera allí, dictaba el sentido común; sin embargo, en la cabeza del comandante de la orden de caballeros, que parloteaba sin cesar al lado de Vlad, semejante noción brillaba por su ausencia. "Dicen que justo al lado de donde desapareció la pequeña se había cavado un pozo sumamente profundo". Vlad comprendía muy bien por qué aquel hombre se le pegaba con tanta familiaridad fingida. Al tratarse de un caballero al que podían emplear a bajo costo, desearían exprimirlo todo lo posible. Probablemente el barón Dalmatia pretendía endosarle también el asunto de la niña que, según decían, se había extraviado esa misma mañana. 'Eso no va a suceder'. Aunque la desaparición de la pequeña era lamentable, eso no significaba que Vlad pudiera cargar con todos los problemas de Dobrechti. Si había aceptado la misión de vigilar el sembrado de cebada, era rigurosamente porque sospechaba que bien podría estar vinculada con los espíritus. No había asumido el cometido de custodiarlo por otra razón que la sospecha de que guardara relación con ellos. "Esa chiquilla era una niña muy dócil y bien educada; es una verdadera lástima. Hoy mismo vino su madre a la mansión del señor, llorando a mares..." "Un momento". Al comandante de caballeros se le cerró la boca de golpe ante la mano que Vlad le plantó apresuradamente sobre el rostro. Aunque el joven no lo hubiera hecho con mala intención, los terrones de tierra que le llenaron la boca hicieron que el rostro del comandante se contrajera en una mueca de absoluto disgusto. "¿No lo oye?". "¡Pua, puaj! ¿De qué estás...?". En medio de la penumbra, las orejas de Vlad se aguzaron al instante. El oído que había adiestrado desde su niñez para el contrabando cumplía cabalmente con su cometido. "Maldición". Hasta hacía un instante, Vlad procuraba ahogar hasta el sonido de su propia respiración; mas en ese momento se precipitaba colina abajo a toda prisa, como un lobo que se arroja sobre su presa. "¡Sí... síganlo! ¡Sigan a Sir Vlad!". Ante la repentina arremetida de Vlad, los soldados apostados con él intentaron seguirlo a trompicones, mas en aquella oscura colina solo consiguieron chocar entre sí, tropezar y rodar cuesta abajo. Por el contrario, la agilidad con la que Vlad se desplazaba en un paraje donde no se filtraba ni un solo rayo de luna resultaba casi sobrenatural. "Jaah, jaah... Sir Vlad. ¿Por qué de repente...?". Sin embargo, la escena que presenciaron los soldados al descender a duras penas la colina no fue otra que la de Vlad, contemplando el campo de cebada con gesto desolado. "Nos lo han saqueado todo". "¿Cómo?". Ante las palabras de Vlad, encendieron a toda prisa las antorchas para inspeccionar el sembrado; en efecto, las semillas esparcidas durante el día se habían esfumado como por arte de magia, sin dejar rastro alguno. "¿C-cómo es posible...?". El comandante de caballeros de Dalmatia se quedó pasmado ante aquella estampa inverosímil. Por muy oscura que fuese la noche, ellos habían permanecido vigilantes; ¿cómo demonios había sucedido tal cosa? "¿Trajeron palas?". "Sí. Aquí tiene". Tanto el comandante como los soldados estaban aturdidos y sin saber qué hacer, pero Vlad tomó la pala que le entregó el soldado a su lado y comenzó a excavar la tierra del campo. No había podido impedir el hecho, pero para encontrar siquiera una pista debía agotar todos los esfuerzos hasta el final. 'Estoy seguro de que lo escuché'. Sin duda alguna había oído el sonido de algo moviéndose. No obstante, en las inmediaciones no quedaba huella alguna y, bajo los sentidos que había aguzado desde lo alto de la colina, nada se había cruzado en su campo de visión. Siendo así, ¿no quedaba acaso una única posibilidad? "...Comandante. ¿A qué distancia de aquí queda el lugar donde desapareció la niña que mencionó antes?". "No está lejos. Basta con subir aquella colina para llegar de inmediato". Vlad terminó por fin de palear. Su figura, clavando una mirada penetrante en el pozo que acababa de abrir, presagiaba algo ominoso. "Pero ¿por qué pregunta por ese lugar...?". "Una antorcha". En vez de responder a la pregunta, Vlad cogió la antorcha que le ofreció un soldado e iluminó el hueco excavado. "¿Qué demonios es esto...?". "¡Santo cielo...!". Por fin encararon lo que yacía bajo el sembrado. El comandante y los soldados no pudieron sofocar su estupefacción ante lo que contemplaban. Pues allí donde la antorcha proyectaba su lumbre, se abría un foso profundo ya horadado, a pesar de que Vlad jamás había llegado a excavar tan hondo. "¿Había dicho usted que en el sitio donde desapareció la niña también había un foso abierto?". Un foso profundamente horadado bajo el campo de cebada. Aunque su boca era estrecha, la negrura resultaba tan insondable que ni el fulgor de la antorcha alcanzaba a vislumbrar su fondo. "Tendré que ir a echar un vistazo. A ese lugar". Nadie osaba articular palabra al contemplar aquel pozo que, bajo ningún concepto, parecía obra humana. Porque todos comprendían que una presencia de naturaleza desconocida se cernía sobre Dobrechti. En la noche cerrada, bañado por la solitaria luz de la antorcha, Vlad contemplaba el foso tenebroso mientras cerraba en silencio su ojo izquierdo. ※※※※ Era una conducta demasiado insólita para atribuírsela a una bestia o a un monstruo. Si las alimañas hambrientas del bosque hubiesen descendido, ¿por qué ignorarían las viviendas y el ganado que tenían justo enfrente solo para desenterrar semillas? Y más aún, tomándose la molestia de cavar semejantes pozos. "¿Y qué dices que está haciendo Sir Vlad ahora?". El comandante de la orden, que la noche anterior había custodiado el campo de cebada junto a Vlad, inclinó la cabeza para rendir cuentas ante el barón Dalmatia. Dado que en todo el feudo solo había dos caballeros, él, que ejercía a la vez como comandante, caballero y consejero, debía dejarse ver en cada rincón. "Fue conmigo al lugar donde desapareció la niña y... ahora se encuentra reuniendo a los ancianos de la aldea". "¿A los ancianos? ¿Con qué propósito, por todos los cielos?". Aunque él mismo se lo hubiera pedido, ¿no estaba hurgando más de la cuenta? Aun así, nada podía hacer al respecto, pues a espaldas de aquel caballero llamado Vlad se erguía el inmenso respaldo de la Casa Bayezid. Si osaba restringir sus pesquisas, equivaldría a infligirle un grave agravio, lo que a la postre podría desatar contratiempos infinitamente peores que los actuales. "Al parecer, se propone indagar entre los ancianos sobre acontecimientos del pasado". "¿Acontecimientos del pasado?". El barón Dalmatia frunció el ceño con disgusto al escuchar las palabras del comandante. Aquel era un feudo montañoso enclavado en la periferia de la región central. Al encontrarse al margen de la influencia de la Iglesia, allí aún pervivían antiguas tradiciones transmitidas de generación en generación. "Esos viejos no soltarán ninguna insensatez, ¿verdad?". "¿Acaso no se habrán vuelto prudentes con los años? Jamás dirán ante un caballero forastero algo con lo que la Iglesia pudiera incriminarlos". Ante la réplica del comandante, el barón Dalmatia se frotó las sienes y dejó escapar un largo suspiro. Había creído que bastaría con abatir a un simple monstruo; jamás imaginó que el asunto fuera a escalar a tales extremos. "Ponle a alguien encima. Para evitar que ande hurgando en cosas turbias sin necesidad". "Entendido". Con todo, la certeza de que un hombre como Vlad resultaba indispensable para resolver aquel embrollo permanecía inalterable. Pues era indudable que su espada resultaba infinitamente más afilada que la del comandante de caballeros que agachaba la cabeza ante él. ※※※※ "¡Ancianos venerables! ¿Acaso no les conmueve la suerte de la pequeña desaparecida? ¡Una sola pista que ustedes nos brinden podría salvarle la vida!". La ancianidad traía consigo la sabiduría, mas eso no garantizaba que siempre se tomaran las decisiones acertadas. En especial cuando un consumado embaucador parloteaba sin tregua frente a sus narices. "¡Quién sabe si en este preciso instante sigue atrapada en algún pozo, llorando desconsolada...!". "¡El señor caballero al que sirvo no abriga la menor intención de causarles daño! ¡Únicamente arde en fervor por resolver este asunto!". Frente a los ancianos congregados, Goat no paraba de mover la lengua ni un solo segundo. Al contemplar aquella escena, Vlad llegó a pensar que parecía idéntico a un buhonero pregonando elixires milagrosos. "¿De verdad no se les viene nada a la cabeza? Todo esto...". "Bueno... haber, había algo". La confianza que inspiraba Vlad, la compasión hacia la niña desaparecida y, además, la velada amenaza de que un peligro inminente se cernía sobre ellos. "¡Ay, venerables ancianos! ¡Por fin!". Bajo la diestra labia del embaucador, que manejaba con consumada maestría la intimidación y el apaciguamiento, al fin uno de los ancianos comenzó a sucumbir a sus artimañas. "Lo de que desapareciera la cebada ya ocurría desde antaño". "Cuando éramos niños, solíamos celebrar ritos de ofrenda". "Pero llegó la Iglesia y nos ordenó que dejáramos de hacer tales cosas". En cuanto uno cedió a la fascinación del estafador, los testimonios empezaron a brotar por doquier. Daba la impresión de que los propios ancianos también habían estado albergando su propia frustración ante la calamidad del pueblo. "Sin embargo, jamás había desaparecido una criatura". "Alguna vez hubo quien acabó devorado por los lobos, pero que se lo tragara una fosa... no, jamás. Desde luego que no". Al escuchar las palabras de los ancianos, el caballero de Dalmatia comenzó a consumirse de inquietud. Y con razón, pues la sonrisa que Vlad dibujaba en el rostro era densa y harto significativa. "¿Y a qué estaban dedicados esos ritos?". "......". Al oír aquella repentina pregunta, los ancianos volvieron la cabeza y, al toparse con los ojos de Vlad, que resplandecían con un fulgor azulino, sellaron sus labios al instante. "¿Qué clase de ritos eran, venerables ancianos? Si no nos lo dicen, no podremos rescatar a la pequeña". "Al espíritu de la tierra. En el bosque habita un espíritu de la tierra". "No es que fuera una criatura maligna; mientras le ofreciéramos sus ritos, se encargaba de volver fértil la tierra". "Pero en estos tiempos, con eso de roturar campos, prendieron fuego al bosque y...". Goat, prestando oído a las palabras de los viejos, se encogió de hombros mientras miraba a Vlad, que aguardaba a sus espaldas. Con su mirada fiera y enfundado en una armadura reluciente, a Vlad le habría resultado de todo punto imposible suscitar semejante confesión. "Averigua qué es ese espíritu de la tierra. Yo esperaré afuera". "Entendido". En cuanto Vlad comprendió que no hacía más que estorbar, le susurró en voz baja a Goat y salió de la estancia. Después de todo, a los hombres había que emplearlos en el lugar adecuado, y el talento de Goat encajaba mucho mejor con el de un estafador que con el de un simple mozo de cuadras. "Sir Vlad. Esos ritos no son nada abominable, es solo que...". "Lo comprendo perfectamente". Ante las disculpas del caballero, en el rostro de Vlad, donde hasta hacía un instante flotaba una sonrisa significativa, se posó sin demora una expresión de refinada nobleza. Era la misma sonrisa que la condesa Oksana le había enseñado a esbozar en presencia de las damas. "Habiendo vivido durante tantas generaciones en estas tierras, es natural que existan ciertas normas ancestrales que se vieron obligados a preservar. Lo entiendo". Celebrar ritos dedicados a entidades ajenas al Creador equivalía a una flagrante idolatría. Aunque no solo en Dobrechti, sino también en otros confines perduraba el respeto reverente hacia seres arcaicos, la Iglesia prohibía tajantemente todas aquellas prácticas. Si semejante transgresión salía a la luz, el castigo podía ser devastador; por esa razón, el caballero se hallaba sumido en semejante zozobra. "Juro ante Dios que solo me consagraré a dar con la niña desaparecida y con el ladrón de cebada". Sin embargo, dado que Vlad le aseguraba que pasaría el asunto por alto haciendo la vista gorda, al caballero de Dalmatia no le quedó más remedio que inclinar la cabeza, aliviado. "Ah... Se lo agradezco de corazón, Sir Vlad". En el interior, un estafador; en el exterior, un carterista. Ambos engañaban a la gente. Con todo, la razón por la que podían mostrarse resueltos y con la frente en alto, a diferencia de su pasado, radicaba en que verdaderamente se esforzaban por resolver la tribulación de Dobrechti. Pues Vlad y Goat, amparados bajo el pendón heráldico, ya no eran criminales de los bajos fondos, sino un caballero y su escudero. \* \* \* "Da la impresión de ser una especie de espíritu. Decían que en el pasado solían ofrecerle ritos de ofrenda". "Mmm. Excelente". Menos mal que se trataba de un rincón rural y apartado donde aún pervivían las viejas costumbres. Resultaba que en Dobrechti verdaderamente subsistían tradiciones vinculadas a los espíritus. "Me contaron que hace poco el señor feudal quemó el bosque y lo roturó para ensanchar los cultivos. Y resulta que el lugar exacto donde celebraban los ritos era el mismísimo cebadal donde el jefe estuvo cavando la tierra. ¿No te pone la piel de gallina?". El propio Goat, como si sus palabras le provocaran escalofríos, se estrechó los hombros con ambas manos. Desde su perspectiva, bien podía tratarse de una historia tétrica y desoladora: consagrar ceremonias y tributar ofrendas a un ente de naturaleza desconocida. No obstante, para Vlad, que lo escuchaba con atención, aquello fue como hallar un manantial de agua en mitad de un árido desierto. "¿Y qué es exactamente ese espíritu de la tierra?". "Bueno, el espíritu de la tierra tiene que ver con las labores agrícolas". El ser venerado desde antiguo en Dobrechti era una entidad íntimamente ligada al suelo. Para los siervos del feudo, que sobrevivían cultivando una tierra ingrata y pedregosa, no debía de existir mayor amparo que un espíritu capaz de bendecir los campos. "Dicen que, si le celebraban los ritos, la tierra se volvía fértil y rica. Para cultivar hay que cavar muy hondo, ¿no? Pues afirman que ese espíritu de la tierra se encargaba de hacer ese trabajo. Un disparate sin sentido, vamos". ¿Y por qué iba a ser un disparate? Si hasta existía una serpiente que moraba en un árbol sagrado. Una criatura que, por si fuera poco, poseía la virtud de atemperar el clima. Comparado con la Serpiente Blanca, que hacía brotar limones en el gélido norte, enriquecer un poco el suelo era una proeza harto sencilla. "...... En todo caso, parece ser una criatura aficionada a la cebada y que habita en las entrañas de la tierra". Vlad alzó la mirada hacia el firmamento. La noche caía sobre ellos. "Y da la impresión de que también prefiere la oscuridad". La cebada siempre se desvanecía al abrigo de las sombras nocturnas. Si se trataba de seres que habitaban bajo el suelo, resultaba evidente que preferirían las tinieblas a la luz solar. Ignoraba si guardaba relación directa con el misterio, pero, dado el clima gélido, tendrían que actuar con presteza si querían rescatar a la muchacha desaparecida. "Ve y consigue algo de cebada". "¿Cebada?". A Josef siempre le había fascinado predecir los movimientos de su adversario. Era un hombre consagrado a diseñar el tablero, anticipar cada jugada y forjar con frialdad los desenlaces. "Sí. Cebada". Aunque todavía no conocía la identidad exacta de la criatura, sabía qué despertaba su apetito. Siendo así, él también podía intentar prever su comportamiento en alguna medida. Después de todo, algo de provecho había aprendido al observar con detenimiento a aquel hombre de ojeras profundas. La noche se cernía inexorable. \* \* \* Una noche cerrada y azabache. Vlad y Goat. \*Prrrffft...\* Y, en medio del sombrío sendero montañoso, tan solo los acompañaba Noir. "Jefe, ¿de verdad crees que con esto bastará?". Goat observó a Vlad con semblante perplejo. Habían esparcido a lo largo y ancho del camino de montaña la cebada recogida al caer la noche, pero ¿bastaría únicamente eso para desenmascarar al ladrón del grano? "Además, ¿por qué te empeñas en colocarla precisamente encima de las rocas?". "Chitón". Aun así, Vlad albergaba la certeza de que funcionaría. Tenía claro que se trataba de una criatura habituada a cavar la tierra, pero que era incapaz de resquebrajar la roca viva. El tacto de la piedra pétrea que había sentido al hundir la pala daba testimonio irrefutable de ello. "Ya lo veo". Por consiguiente, si la criatura pretendía apoderarse de la cebada, no tendría más remedio que encaramarse sobre la superficie de la roca. Fuera lo que fuese aquel ser. En la oscuridad de la noche, algo que había percibido el aroma de los granos de cebada esparcidos comenzó a abrirse paso excavando hacia la superficie. Husmeando con un hocico húmedo, emergió de la tierra y trepó sobre la roca. \*¡Kiuuuuik!\* Los vestigios de la voz, la bendición de la Serpiente Blanca y la piedra de ámbar de Alicia. Y, junto a ello, un corcel negro que albergaba la sangre latente de un unicornio. Habiendo acudido cargado con todo vestigio vinculado a los espíritus, Vlad entrecerró con suavidad su ojo izquierdo al contemplar a la criatura que por fin se había arrastrado hasta la cumbre de la piedra. "Pero si no es más que un topo". "No es un simple topo". Bajo la pálida luz de la luna se revelaba la silueta de un diminuto topo. Contemplado a través de los vestigios de la voz, aquel topo desprendía, aun en la más profunda penumbra nocturna, un tenue resplandor dorado. "Es un topo resplandeciente". Incluso en estos tiempos, cuando la Iglesia propagaba la voluntad sagrada bajo un único nombre divino, los bosques de Dobrechti aún custodiaban antiguos misterios. Y el nombre de aquel prodigio era el de un topo resplandeciente. \----- • Autor: Q10 • Traductor: Inmensurable ⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨
El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela)

Continúa leyendo

El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela)

Capítulo 107

Siguiente Capítulo ›

El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 106

Estás leyendo el capítulo 106 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 20 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.