Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 102 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Tiempo atrás. En un pasado no tan remoto, Vlad había mantenido una conversación semejante con los miembros de la banda de Jorge.
"Ah. ¡Si tan solo tuviera cien monedas de oro!"
Eran las típicas charlas manidas que los hombres solían entablar cada vez que se reunían. Alcohol, mujeres e historias de antaño sin nada en especial. Y tras dar un par de vueltas a tales asuntos, surgía de manera natural la misma cuestión de siempre.
"¿Y qué harías si tuvieras cien de oro?"
"Si las tuviera, dejaría esta maldita vida y me compraría un pedazo de tierra en cualquier sitio para asentarme."
"Has vivido aquí toda la vida, ¡como si fueras capaz de ponerte a labrar el campo!"
Eran conversaciones sobre dinero. Para ser exactos, fantasías que no quedaba más remedio que imaginar, a sabiendas de que jamás llegarían a suceder.
"Miren al jefe. Antes que la agricultura, lo suyo es el comercio. Conseguir algún edificio decente y..."
"Y luego quebrar estrepitosamente. ¿Acaso te crees que los negocios son fáciles?"
Una vida cuyo porvenir se vislumbra con tanta claridad resulta desoladora. Por eso, de vez en cuando, hacían falta semejantes charlas triviales. Después de todo, para soñar y hablar de ello no se requería credencial alguna.
"..."
Comprar tierras, adquirir un inmueble, o tal vez fundar un negocio. En medio de aquella acalorada discusión que desbordaba entusiasmo a pesar de carecer de todo sentido, Buray posó la mirada en el muchacho que se encontraba apartado a solas en la lejanía.
"Oye, novato. ¿Tú qué harías si tuvieras cien monedas de oro?"
Era el miembro más joven de la banda, quien pasaba el trapeador en silencio mientras escuchaba las ociosas divagaciones de sus superiores.
"¿Acaso alguien me las va a dar?"
"¿Qué tiene de malo hablar por hablar? No cuesta nada imaginárselo."
Ante la pregunta de Buray, el muchacho de cabellos dorados detuvo por un instante la tarea y meditó con calma. Si de pronto cayera en sus manos semejante fortuna, ¿qué sería lo primero que haría?
"... Si tuviera cien monedas de oro, creo que primero pagaría mis deudas."
"¿Qué? ¿Acaso debes cien de oro?"
"Vaya con el mocoso, tiene mala traza. ¿En qué tugurio te metiste a apostar?"
Era imposible que sucediera, pero nada le impedía imaginarlo; y aun en esa fantasía, Vlad pensaba que lo primero debía ser saldar sus cuentas pendientes.
"No es una deuda de juego, pero aun así hay unas cuantas cosas que debo pagar."
En un rincón de la mente de Vlad, siempre había permanecido grabada una hilera de nombres de personas con las que debía ajustar cuentas. En su gran mayoría figuraban aquellos contra los que albergaba rencores, pero también estaban aquellos con los que estaba verdaderamente en deuda y a quienes debía recompensar. Y en la cima de esa lista, siempre figuraba escrito el mismo nombre.
"... Trescientos veintiocho de oro, ¿eh?"
Y ahora, cuando debía abandonar Shoara, en las manos de Vlad descansaba una suma que superaba con creces las cien monedas de oro.
¿Qué hacer cuando se tiene dinero?
Ya no estaba Buray para escuchar su respuesta, pero Vlad decidió hacer aquello en lo que siempre había pensado.
Apenas le quedaba tiempo antes de marchar. Por tanto, había llegado la hora de pagar.
\*\*\*
"Parece que tú y yo no encajamos muy bien."
"Eso parece."
Entre el bullicio de los clientes, dos hombres intercambiaban jarras de cerveza. Gregory, a quien le habían impuesto una vez más el arresto disciplinario, y Vlad, sobre quien pesaba la orden de destierro definitivo, se contemplaban el uno al otro ociosamente, relevados por completo de sus deberes.
"¿Cuándo te marchas?"
"¿Quedarán unos cinco días? Pienso partir en cuanto termine de prepararme."
Josef le había otorgado a Vlad un plazo de una semana. Podía parecer holgado, pero para Vlad, que se veía obligado a abandonar la ciudad donde había vivido toda su vida, era un tiempo sutilmente apremiante.
"... Al menos todo lo que planeamos llegó a su fin."
La intención había sido buena, mas el resultado distó de serlo. Siendo en cierto sentido el causante de todo este trance, Gregory deseaba tener una consideración a su manera con Vlad, quien debía abandonar la ciudad por culpa de lo que él mismo había propuesto.
"Dentro de poco, la gente de la Familia Cannor vendrá a Shoara."
De cualquier modo, el Oso Negro y su banda habían desaparecido de los callejones, abriendo un terreno propicio para que la Familia Cannor se afianzara en Shoara.
"Es un negocio que no puede fracasar. Ya está coordinado en cierta medida con Lord Josef."
"..."
Tal como había dicho Bordan, los caballeros no eran hombres que acumularan riquezas únicamente a través de su soldada. La ventaja de mantener lazos estrechos con las figuras influyentes solía colocar a los caballeros frente a un sinfín de brillantes monedas de oro.
"Haz una inversión, aunque solo sea testimonial. Me aseguraré de que recibas una parte generosa."
La expansión de la Familia Cannor hacia Shoara. Cualquier otro comerciante se despedazaría a gritos por participar en semejante empresa, pero Gregory le estaba ofreciendo a Vlad abrirle una puerta exclusiva para él.
Porque el caballero que tenía delante era alguien que se había ganado con creces semejante derecho.
"¿Cuánto haría falta?"
"No sé cuánto habrás recibido como paga extraordinaria, pero aporta lo que te resulte cómodo."
La mirada de Gregory se dirigió a Vlad por encima de la jarra de cerveza. En circunstancias normales, el plan habría sido echar raíces poco a poco en los bajos fondos junto a Vlad, quien conocía al detalle la realidad de aquellos callejones.
"Mmm."
A oídos de cualquiera habría sonado a la típica treta de unos estafadores, pero la persona sentada frente a Vlad era un caballero de Bayezid cuya sola reputación bastaba para garantizar su lealtad.
"¿Cincuenta de oro bastarán?"
"Es una cantidad adecuada."
Era una cifra irrisoria para semejante empresa, pero bastaría para tener el pretexto de inscribir su nombre. Además, la Familia Cannor ya era una de las casas que patrocinaban a Vlad, por lo que sin duda se encargarían de compensarlo con generosidad.
"Cuídate mucho en el camino."
"Le encargo que cuide de este lugar mientras no esté."
"Descuida."
Gregory le ofreció sus disculpas y Vlad le encomendó lo que dejaba atrás. Con ello, ambos se habían dicho todo lo necesario, y ya no restaba más que apurar el contenido de sus jarras.
"..."
Mientras Gregory alzaba su jarra de cerveza, Vlad contempló con desinterés el aperitivo servido frente a él. Una salchicha asada de un vivo color rojizo.
"La verdad es que no sabía nada bien."
Antes de conocer el mundo exterior, para Vlad no existía nada que pareciera más apetitoso que aquella salchicha. Sin embargo, Vlad ya había decidido que no volvería a conformarse con las toscas salchichas fabricadas por el Oso Negro.
\*\*\*
"¿Qué es esto? Ya te dije que no hace falta que pagues por la estancia."
"Ya no podré quedarme más tiempo aquí. Y además, incluye la parte del viejo Ramund, que huyó sin pagar."
Vlad le entregó cincuenta monedas de oro a Marcela entre bromas para disimular la incomodidad. De no hacerlo de ese modo, sabía que ella jamás las aceptaría.
"... Esta posada no cobra unas tarifas tan caras, ¿sabes?"
"Tómelo como una inversión. Ya me devolverá las ganancias más adelante."
Vlad aprovechó para aplicar con Marcela las mismas palabras que le acababa de decir Gregory.
"Creo que La Sonrisa de la Rosa prosperará de sobra una vez superado este bache."
"... ¿De veras?"
Marcela estaba invirtiendo una gran suma de dinero a su manera para transformar el burdel de La Sonrisa de la Rosa en una posada. No obstante, por muchos ahorros que hubiera acumulado a lo largo de los años, la mayor parte se había esfumado a causa de las trabas de Jack el Manco y, aunque procuraba no demostrarlo, Marcela se encontraba en esos momentos asfixiada por las penurias financieras.
"... Gracias. No te arrepentirás de esta inversión."
"A cambio, de ahora en adelante deben usar exclusivamente las salchichas de la Familia Cannor. Y a ser posible, promocionarlas."
"Je, je. Con tales condiciones, acepto con gusto."
Si hubiera sido una simple muestra de conmiseración nacida del tierno corazón de un muchacho, ella jamás lo habría aceptado.
Sin embargo, Vlad le estaba proponiendo un negocio formal y, bajo el pretexto legítimo de una inversión, depositó las monedas de oro en sus manos. Al tratarse de una mirada compartida entre dos iguales y no entre un adulto y un niño, Marcela no tenía motivo alguno para rechazarlas.
"Cuide bien de Jemina mientras yo no esté."
"No puedo prometerte nada al respecto."
Al ver la expresión ambivalente en el rostro de Marcela, Vlad se limitó a sonreír con cierta amargura. Tras enterarse de que él sería desterrado de Shoara, Jemina permanecía encerrada en un rincón de su alcoba, negándose a salir. El vacío de su pérdida era algo que únicamente la presencia de Vlad podía colmar.
"¿Adónde vas?"
"Tengo varios asuntos pendientes."
Mientras descendía las escaleras rumbo a su siguiente deber, Vlad detuvo el paso por un instante y volvió la cabeza. Allí estaba Marcela, sosteniendo la bolsa de monedas de oro que él acababa de entregarle.
"Gracias por todo."
"¿Eh? ¿Por qué lo dices?"
Aunque Jorge lo había recogido de la calle, fue ella quien lo aseó. Hasta que Marcela no le lavó la cabeza, el cabello de Vlad no había sido más que una maraña grisácea cubierta de mugre. A partir de ahora, a su posada llegaría carne de excelente calidad proveniente de la Familia Cannor, y contaría con fondos de sobra para no tener que preocuparse por las pérdidas durante una buena temporada. Por ello, Vlad decidió tachar el nombre de Marcela de la lista que guardaba grabada en su memoria.
"Volveré pronto."
Ya quedaban muy pocos días del plazo concedido por Josef. Tras abandonar la posada a paso vivo, Vlad se dirigió al camposanto del convento y limpió la lápida del viejo herrero. Aunque sentía que las manos se le congelaban debido a la gélida intemperie, insistió en hacerlo.
"Gracias por todo."
Deseaba despedirse por última vez de aquel viejo artesano al que no volvería a ver durante una larga temporada. Junto a ese adiós postrero, Vlad borró el nombre del anciano herrero de la lista que custodiaba en su mente.
"Solo te devolví el valor de haberme salvado la vida."
"Aun así, necesitaba darle las gracias en persona."
Al acudir al ayuntamiento, Vlad inclinó la cabeza ante el caballero que había custodiado La Sonrisa de la Rosa en su lugar. A pesar de que afirmaba haber saldado su deuda, el caballero Maksim se había plantado por voluntad propia frente a los soldados del obispo. Habiéndose ganado el rencor ajeno en beneficio de Vlad, este contempló a Maksim mientras aceptaba su reverencia y tachó otro nombre más de su registro interior.
Para Sir Bordan, que había proclamado el decreto en su nombre, llevó los dulces que tanto le gustaban. Para Otar, que había confiado en él y lo había seguido con lealtad, compró una magnífica hacha de combate. De ese modo, cada vez que ponía algo en manos de alguien y se inclinaba con gratitud, los nombres grabados en la mente de Vlad se iban borrando uno por uno.
"..."
Había personas a las que no se atrevía siquiera a retribuirles aún, como Josef, Sir Zayar o el sacerdote Andrea. Como Vlad todavía no se hallaba en una posición desde la cual pudiera corresponderles debidamente, decidió postergarlo para el futuro. Y ahora, solo quedaba un único nombre; el más antiguo de todos los que figuraban en su lista.
"¿Por qué me hiciste venir hasta aquí?"
"Para pagar una deuda."
"¿Qué clase de deuda?"
Avanzando con paso renqueante mientras seguía a Vlad, Haben no tardó en divisar una enorme edificación recostada junto a la ribera del río congelado.
"Esto es un astillero."
"Así es. Es un astillero."
El implacable clima del norte solía congelar durante casi medio año el río que servía como sustento vital de la región, pero Shoara, al ser la ciudad ubicada en el extremo más meridional de esas tierras, lograba escapar un poco de semejante rigor. Aquel astillero era la prueba fehaciente de ello.
"Pero ¿a qué vinimos?"
"Ya te lo dije: a saldar una deuda."
Un astillero no solo era el lugar donde se construían navíos, sino también donde se vendían. Por supuesto, una transacción semejante requería de trámites sumamente engorrosos, pero para alguien investido con el rango de caballero como Vlad, aquello no representaba un obstáculo mayor.
"Uf... Mira eso. Es un navío tipo nao. ¿Se habrá quedado atrapado por el río? Su capitán debe de estar consumiéndose de angustia."
"Ese era demasiado caro."
"¿Cómo?"
Guiado por Vlad al interior del astillero, Haben comenzó a escudriñar los alrededores con una fascinación propia de un niño pequeño.
"Desde hace mucho tiempo deseaba visitar este lugar al menos una vez."
"..."
A Haben le habían fascinado los barcos desde la infancia. Solía repetir sin cesar que algún día compraría uno y que cruzaría el río para dejar atrás los callejones. Lo decía como quien sella una promesa, como quien se niega a olvidar. Y el pequeño Vlad, al contemplar a ese Haben, había aprendido a mirar hacia las estrellas.
"¿Todavía quieres navegar en un barco?"
"Pues claro."
"¿Deseas marcharte lejos de Shoara?"
"Desde luego. Pero ¿a qué viene esto? ¿Por qué me lo preguntas así?"
Aquel era el mismo Haben que solía jurar que saldría a mar abierto antes de morir. No obstante, por proteger a Vlad y a Jemina, había terminado atado de pies y manos a la penumbra de los callejones.
"Aquel costaba doscientas monedas de oro."
Hubo un día en que Vlad talló un tosco bastón de madera para un Haben que había quedado lisiado por su causa. Aquel día, agazapado en un rincón de los callejones mientras desbastaba la madera, Vlad tomó una determinación: juró que sin falta le pagaría su deuda a Haben. Por esa razón, había grabado su nombre en lo más alto de su memoria.
"¿Una coca?"
Hacia donde apuntaba Vlad, encajada en un rincón del astillero, descansaba una pequeña embarcación. Portaba una única vela cuadra que proclamaba su condición de velero: se trataba de una coca, el modelo más utilizado por los mercaderes fluviales.
"Esa era algo más asequible. Así que la compré."
"¿Qué?"
Incapaz de asimilar lo que acababa de escuchar, Haben balbuceó con voz atónita, pero Vlad se limitó a hacerle una seña a un empleado del astillero para que se acercara.
"A partir de ahora es tuya."
"..."
Vlad extendió el documento que traía el empleado del astillero y le dijo:
"Firma. Pon tu nombre."
Aquel pliego blanco que sostenía el empleado era el título de propiedad del navío.
"No, pero... esto... ¿qué significa todo esto...?"
Desconcertado por aquel suceso tan repentino, Haben no atinaba a articular palabra, pero al sentir el roce de algo que se posaba sobre su cabeza, el tartamudeo se le cortó en seco.
"A partir de hoy, eres el capitán Haben."
Lo que traía el dependiente del astillero no era solo el documento que aguardaba una firma. También llevaba un sombrero de forma triangular y textura rígida: un tricornio que solo aquellos que poseían un navío tenían derecho a portar.
Haben el lisiado. A partir de hoy, se despojaba de aquel nombre andrajoso de los callejones para recibir una nueva identidad como regalo.
"... Capitán Haben."
Al contemplar la sonrisa de Vlad, un brillo espeso de lágrimas comenzó a anegar sus pupilas vacilantes.
¿Qué harías si tuvieras cien monedas de oro?
Aunque ya no quedaba nadie para escuchar la respuesta, Vlad estaba contestando en aquel instante a aquella vieja pregunta.
"Capitán Haben... Capitán..."
Cada vez que el trazo del nombre de Haben se imprimía sobre el espacio en blanco de la firma, su nombre se iba borrando de la lista mental de Vlad.
Hubo una época en la que Vlad desbastaba la madera entre sollozos por un Haben que se había derrumbado por su culpa. Sin embargo, quien lloraba en ese instante era Haben, y en lugar de un tosco bastón de madera, lo que ahora se posaba en sus manos era un navío provisto de velas. Aunque tuviese los tendones del tobillo cercenados y debiera seguir renqueando al caminar, en el mar, lejos de la tierra firme, podría erguirse con más orgullo que nadie.
Porque aquel era un mundo que no se recorría con los pies, sino impulsado por las velas.
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• Autor: Q10
• Traductor: Inmensurable
⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨

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El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 102
Estás leyendo el capítulo 102 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 20 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.