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Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 100 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
La desolación de haber quedado huérfano no se reducía únicamente al dolor de perder a sus padres. "¡Maldito mocoso ladrón!" "¡Que yo no he robado nada!" El verdadero tormento era que ya no quedaba nadie en el mundo que diera la cara por el muchacho para proclamar su inocencia. La cruda realidad de no tener a quién aferrarse agotaba sin tregua al joven Vlad. "¡Maldita sea mi suerte! ¡Por eso jamás se debe confiar en los bastardos sin padre ni madre!" El mundo lo aprisionó dentro de sus prejuicios y, al final, al pequeño no le quedó más remedio que doblegarse por dentro para adaptarse a la supervivencia de un huérfano de los callejones. De ese modo, con el alma arrugada y magullada, Vlad había vivido una existencia en la que solo le cabía mirar un palmo por delante de sus narices. Sin embargo, en ese instante, ante el joven que permanecía en soledad sobre el estrado del tribunal, había alguien dispuesto a alzar la voz para asegurar que la culpa no era suya. "A partir de este momento, seré yo quien responda en nombre de Sir Vlad". Así, resguardando a sus espaldas al muchacho que vacilaba al hablar. Andrea era un hombre convencido de que, aunque resultase algo tarde para desarrugar el alma estrujada del joven, todavía no era demasiado tarde. ※※※※ "Por supuesto, todos sus actos venideros seguirán acompañados por esa voz. Y yo creo con firmeza que dicha voz proviene de Dios, quien mora en lo alto". Las preguntas de Pierre acorralaban a Vlad pintándolo como a un individuo marcado por presagios aciagos, pero las réplicas de Andrea lo retrataban como a un hombre colmado de bendiciones. Se trataba de una misma persona, mas lucía diametralmente opuesta según el prisma con que se la contemplara. "Es un plebeyo de cuna vil, parido por una ramera. ¿Acaso creéis que la bendición divina es algo tan baladí?". ¿Una bendición del cielo concedida a un simple huérfano de los bajos fondos? Si la gracia de Dios en verdad hubiera descendido sobre alguien llamado Vlad, lo habría hecho nacer en el seno de un linaje noble, no en la inmundicia de los callejones. "Frausen, el Rey Fundador de nuestro imperio, también fue vástago de una estirpe noble en ruinas y padeció incontables tribulaciones en lo más hondo de la miseria. Sin embargo, ¿qué ocurrió con él? Al final, la bendición de Dios estuvo a su lado". Mientras el obispo de la Iglesia contemplaba el lodo donde Vlad había nacido, el sacerdote de la Iglesia miraba hacia la cumbre a la que el muchacho avanzaría. Pues, aun habiendo nacido en el fango, Andrea era un hombre convencido de que aquel joven albergaba un potencial más resplandeciente que el de cualquier otro. "… Siguiente pregunta". El metal forjado no es lo único capaz de constituir un arma afilada. Aunque no se blandiera acero, en aquel templo de Shoara también había hombres empuñando armas invisibles y lacerantes, asestando estocadas y parando golpes. "El caballero Vlad se crio en los callejones de Shoara y ha vivido cometiendo innumerables crímenes hasta el día de hoy. ¿Es esto verdad?". Robar, despojar y, en ocasiones, matar. Vlad indudablemente había vivido cargando con la culpa del pecado. "Fueron tragedias que no tuvo más remedio que cometer para subsistir. Sus faltas no fueron sino un socorro desesperado en nombre de su propia supervivencia". Con todo, aquel muchacho no había vacilado en cargar el féretro y martillar los clavos por una desdichada mujer y su criatura. Nadie osó aproximarse por terror a la maldición, pero solo aquel joven se acercó a ellos movido por la piedad. No haber podido vivir conforme a la rectitud innata de su corazón no era, en verdad, culpa exclusiva de Vlad. "¡En menos de un año desde que empuñó la espada, el caballero Vlad derrotó a entidades siniestras y dio muerte a un dragón! ¿Acaso semejante hecho resulta admisible ante la razón y el sentido común?". En menos de un año despertó el Aura, cercenó a un dragón y doblegó a los caballeros del oeste. Aquel crecimiento que desafiaba toda lógica sin duda despertaba suspicacias a ojos ajenos. "…". Antes de responder al interrogante de Pierre, Andrea evocó por un instante aquel día. Un muchacho que, pese a no ser más que un simple mercenario, cabalgó a través de la noche cerrada para cumplir con su deber. Aquella jornada, el mundo interior de Vlad, quien llegó rasgando el firmamento nocturno, resplandecía con una blancura que deslumbraría a cualquiera. "… No he sido el único en presenciar el resplandeciente mundo de Sir Vlad, señor obispo". Y ciertamente, no solo Andrea había atestiguado el mundo de Vlad. "Aquí dispongo de los testimonios sellados de diversas casas nobles". Andrea apretó las actas que Josef le había entregado y las alzó hacia lo alto. En cada pliego figuraban estampados los blasones de las más ilustres casas. Todos y cada uno de los nombres inscritos pertenecían a quienes habían contemplado con absoluta claridad el potencial de Vlad. "¡Duncan de Heinal, Justia de San Rozino y el propio Volkov de Baranov! ¡Todos ellos atestiguan que cada una de las hazañas logradas hasta hoy fue consumada por este joven!". A fin de cuentas, solo uno mismo puede defenderse. Andrea estaba extrayendo a Vlad de las ponzoñosas celadas de Pierre, pero aquella cuerda de salvación que le arrojaba estaba trenzada con las verdades que el muchacho había cimentado con sus propios actos. Vlad permanecía en medio de un infierno de recelos, pero era él mismo quien, en última instancia, se estaba salvando. "… Los testimonios de los caballeros. Han sido constatados". El semblante de Pierre se endureció al examinar las declaraciones juradas de los caballeros que Andrea le presentaba. Sospechas sobre su piedad, la bajeza de su cuna, delitos inconfesables y las dudas sobre un talento prefabricado. Pierre había urdido una red tupida para apresar a Vlad, pero la defensa del sacerdote Andrea desgarraba aquella malla en jirones. La daga de la verdad que Andrea esgrimía poseía un filo implacable. "…". Pierre observó a los inquisidores que rodeaban a Vlad. Con cada pregunta que el obispo había lanzado con anterioridad, los orbes de cristal se habían ido retirando del círculo. Sin embargo, desde la llegada de Andrea, ni una sola de las esferas había extinguido su luz, y ahora solo restaba un único orbe de cristal en el centro del ruedo. 'Al final, ¿no queda más remedio que sacarlo?'. Si había de arriesgarlo todo en una jugada decisiva, debía ser en este preciso instante. Pierre comprendió que un simple interrogante más no bastaría para hundir a Vlad de manera irreversible, por lo que resolvió emplear el recurso que había dispuesto para una contingencia extrema. Josef y Pierre se hallaban en orillas opuestas, pero compartían un rasgo en común: "¡Traed lo que teníamos preparado!". Ambos se anticipaban siempre al peor de los escenarios. Siguiendo la orden de Pierre, un grupo de paladines comenzó a introducir un enorme bulto sellado en la sala del tribunal. Un objeto envuelto en el misterio, transportado no por clérigos subalternos ni peones, sino por las manos de los propios guerreros consagrados. La pesada arca de madera, custodiada por densos precintos en cada arista, advertía sin lugar a dudas que su contenido distaba de ser ordinario. "Yo, Pierre, presidente de este tribunal, me reservo todavía una última pregunta". Las pupilas grisáceas de Pierre se clavaron con saña en Andrea. Por culpa de este insignificante sacerdote que osaba desafiarlo ante su estrado episcopal, el procedimiento se había vuelto en extremo fastidioso. "Y he determinado disipar las sospechas que pesan sobre él mediante una prueba irrefutable, en lugar de limitarme a formular otra pregunta". A una seña de Pierre, los inquisidores procedieron a romper los sellos del gran cofre de madera. El público contuvo el aliento mientras la tensión atenazaba a los propios inquisidores. "Por todos los cielos…". Al vislumbrar la reliquia que por fin emergía, Andrea dejó escapar un gemido ahogado de pesar. "¿Un espejo?". "¿Qué hace un espejo ahí de repente?". Lo que había salido de aquel embalaje sellado era un espejo. Y Andrea lo conocía a la perfección. "En lugar de la última pregunta, ordeno que se ejecute el rito de exorcismo sobre el caballero Vlad". El Espejo de San Marcello. Un objeto sagrado catalogado oficialmente por la Santa Sede, reputado como un tesoro que reflejaba la verdad desnuda de quienquiera que posase los ojos en su azogue. "Si la conciencia de Sir Vlad está en verdad limpia, que acepte mi designio". Y los inquisidores de herejías solo recurrían a un artefacto sagrado en una única circunstancia: cuando buscaban arrancar y exponer la presencia del mal agazapada en el alma de un mortal. "¡Esto es absurdo!" Que en el interior de Vlad anidaba un demonio: el rito de exorcismo de Pierre era un acto concebido bajo semejante premisa. "¡Hasta ahora ha demostrado su inocencia respondiendo con absoluta sinceridad a todas las preguntas! ¿Por qué pretende someter a Sir Vlad a un rito de exorcismo?" Además, someterlo a un exorcismo en este instante quedaría grabado en Vlad como un estigma, persiguiéndolo por siempre jamás cual símbolo de deshonor. "Sacerdote Andrea. Mi deber es esclarecer hasta la más mínima brizna de duda." Sin embargo, Pierre no había recurrido al Espejo de San Marello únicamente para mancillar el honor de Vlad. Vlad había vacilado de forma evidente ante la pregunta de si escuchaba una voz en su cabeza. Y el veterano Pierre no había dejado escapar el instante en que el testigo titubeó. "¡Pero...!" "Si de verdad su alma está limpia, bastará con que se siente frente a él, ¿no es así?" No había falsedad en sus palabras, mas tampoco eran del todo justas. Pues era indiscutible que el mero hecho de someterse a semejante acto imponía sobre Vlad una carga abrumadora. "..." Andrea no tuvo más remedio que volver la mirada hacia el muchacho que aguardaba tras él, con un semblante de amarga impotencia. Aquel último recurso de Pierre se asemejaba a las convulsiones desesperadas de una fiera acorralada, y ni siquiera Andrea, tras haberlo defendido con todo su empeño, tenía la potestad de frenar una medida como esa. "No temas. Es un artefacto sagrado concebido únicamente para revelar presencias malignas anidadas en el interior." Andrea confiaba con fervor en que Vlad era un hombre devoto, por lo que creía que, con solo superar esta última prueba, el juicio concluiría a salvo y sin más zozobras. "..." Andrea era una de las contadas personas que habían vislumbrado la verdadera naturaleza del muchacho. Sin embargo, había una faceta de Vlad que no había alcanzado a percibir: el muchacho no se hallaba enteramente solo. Incluso en este preciso instante, en su alma residía una entidad, la voz que lo había acompañado a través de cada prueba y tribulación. El Espejo de San Marello. La mirada que Vlad posaba sobre aquel cristal temblaba con inquietud. "..." Con las manos entrelazadas en silencio mientras examinaba la situación, Pierre tampoco pasó por alto el titubeo en los ojos de Vlad. ¿Acaso de verdad ocultaba algo? Sus pupilas inexpresivas, desprovistas de todo calor humano, comenzaron a brillar poco a poco con una insidiosa avidez mientras contemplaba al joven. A pesar de ser un trance crítico en el que su identidad podía quedar al descubierto, la voz que resonó en su interior era serena. Pues, desde el momento en que se abrió este juicio, la voz ya estaba preparada. "...No te preocupes. Da un paso al frente." La voz recordaba al viejo herrero que le había entregado la espada al muchacho. Aquel anciano había anhelado que su tosca arma jamás fuera un lastre para Vlad; y la voz, aun sin haber intercambiado jamás una sola palabra con él, sentía una profunda afinidad hacia aquel artífice. 'Pero...' "Durante este tiempo, ya te he enseñado todo cuanto podía enseñarte." El paso de Vlad se detuvo un instante ante la repentina respuesta de la voz. No obstante, las miradas afiladas e implacables de los inquisidores no consintieron su titubeo. "Para no quedar reflejado en ese espejo, debo sumergirme en un mundo aún más profundo." En el pasado, la voz ya se había replegado brevemente en las profundidades de su fuero interno para evadir la mirada del sacerdote Andrea. Sin embargo, lo que ahora tenía ante sus ojos era una reliquia sagrada de la que se enorgullecía la mismísima Santa Sede. Para escapar a la mirada de semejante portento sagrado, tendría que descender a un mundo incomparablemente más profundo que en aquella ocasión. 'Si eso ocurre...' "El mundo de un caballero es tan vasto y hondo como el océano. El mundo que has desplegado hasta ahora no ha sido más que meter un solo pie en sus aguas." Rutger hacía vibrar su espada; Gregory golpeaba el suelo con el pie. Sir Pablo, el caballero que había guiado el mundo de Vlad, entrechocaba la espada y el escudo. Todos y cada uno de aquellos gestos no eran sino llaves destinadas a despertar y extraer el propio mundo desde lo más recóndito de su ser. "Ya has forjado los cimientos; ahora ha llegado el momento de consagrarte para ascender hacia cumbres aún más altas." Vlad apenas acababa de posar los pies en el mundo de los caballeros, y todavía le aguardaban incontables peldaños por subir. Sin embargo, a partir de este punto, ya no era una senda por la que pudiera avanzar recibiendo simples lecciones ajenas. La voz sabía a la perfección que este era el momento preciso en el que el muchacho debía alzarse por sus propios medios. "¡Caballero Vlad, abra los ojos! ¡Y contemple el espejo frente a usted!" "..." Aunque con pasos pesados Vlad finalmente llegó ante el espejo, le resultaba imposible encarar su reflejo con ligereza. Sabía con certeza lo que acontecería en cuanto abriese los ojos. 'Todavía me falta demasiado para alcanzar ese mundo...' "Aun así, algún día lo alcanzarás." 'Tomará muchísimo tiempo. ¡Podría no conseguirlo en toda mi vida!' Cuando solo lo contemplaba desde la distancia no lo comprendía, mas al haber arribado por fin a este punto pudo entenderlo: qué clase de mundo anhelaba para sí, y cuán colosal era la muralla que debía franquear para llegar hasta él. "Considero que ha llegado la hora de que continúes por ti mismo." Mas la voz ya lo había asumido, y este era el instante en que debía actuar. Así como la espada sin ornamentos se había quebrado tras cumplir con su cometido, a la voz le correspondía ahora apartarse del camino. "Hasta entonces, adiós." El murmullo de la concurrencia. El coro de plegarias de los inquisidores, que se alzaba con creciente fuerza. Mas, aun en medio de todo aquel estrépito, Vlad escuchó con absoluta nitidez la despedida que le consagraba la voz. "...Entendido." Frente al espejo, Vlad no pudo evitar inclinar la cabeza. Al tratarse de un mundo entrelazado con el suyo, fue capaz de percibirlo: aquel mundo que siempre lo había protegido se hundía, como en un derrumbe silencioso, hacia las profundidades abisales. "¿Qué está haciendo ahora?" Al ver vacilar a Vlad, los ojos de Pierre comenzaron a relucir con avidez. ¿Acaso anidaba de verdad en el muchacho aquello que tanto había ansiado presenciar? "¡Abre los ojos y mira al frente! ¡Vlad!" Aunque ahora se hallaba sumergido tan en lo profundo que ya no podía sentirlo, Vlad aún recordaba qué clase de universo constituía sus propias raíces. El mundo de la voz. Su mundo era tempestad y tormenta de truenos. Y un horizonte rebosante de un blanco níveo e inmaculado. "¡...!" Al fin encaró el Espejo de San Marello. Frente a él, Vlad abrió los ojos con gallardía y contempló los vestigios del mundo que hasta hacía un instante había estado en comunión con el suyo. Eran los restos del mundo blanco que la voz le había dejado como última ofrenda. "Eso es..." "¿El espejo... está brillando?" Al reflejar al muchacho, el espejo resplandeció. Con una blancura cegadora, como si estuviera a punto de estallar. "Santo Dios..." El devoto sacerdote que se ponía en pie de golpe, los inquisidores desconcertados sin saber cómo reaccionar, y hasta el mismísimo Pierre, estupefacto ante aquel desenlace jamás previsto. Originado a partir de la sagrada reliquia de San Marello, el mundo del muchacho comenzó a desbordarse como un torrente impetuoso, amenazando con hacer estallar la sala del tribunal. "...No se ve nada que yo haya hecho mal." El relámpago se engendra en las nubes y desciende desde lo alto del firmamento. El blanco es un color noble; un tono reservado únicamente para quien no alberga una sola mancha de vergüenza en su ser. El mundo de la voz, que forjaba las raíces del muchacho, se había originado en las alturas celestes. "...Entonces, ¿por qué carajos tienen que estar jodiéndome tanto?" Los mundos colosales siempre habían aplastado al muchacho. En el pasado, se habría hecho pedazos sin ser capaz de soltar un solo alarido, pero ahora... ahora bien podía permitirse clamar con todas sus fuerzas al menos una vez. "¡Ya vieron que no he hecho nada malo!" ¡Krooom! ¡Bum! Junto con la indignación acumulada del muchacho, un relámpago comenzó a descargar desde el cielo. Las nubes de un blanco resplandeciente, congregadas en un instante sobre las alturas, dejaron caer un fulgurante rayo sobre el punto más elevado de aquella falsa iglesia. Tolón... Tolón... Tolón... El muchacho no tenía culpa alguna. Simplemente había sobrevivido y había hecho lo que debía hacer. Y el último testigo que demostró su inocencia no fue otro que la voz que siempre había permanecido al lado de Vlad. En la ciudad de Shoara, el tañido de las campanas proclamando la inocencia de Vlad comenzó a resonar con fuerza por todo lo alto. \----- • Autor: Q10 • Traductor: Inmensurable ⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨
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El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 100

Estás leyendo el capítulo 100 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 20 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.