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Leer El Juego del Árbol del Mundo (Novela) Capítulo 66 online gratis en español

🏴 Grupo: Nishino✍️ Traducción: Nishino
Esta era una ruina enterrada entre matorrales de enredaderas y maleza. Unos cuantos duendes se estaban reuniendo alrededor de una fogata, asando un conejo de monte bastante obeso. De pronto, una vasta sombra los envolvió por completo... Antes de que aquellos duendes lograran reaccionar, una mano de extremada robustez sujetó al cabecilla que asaba la presa, levantándolo como si fuera un vulgar polluelo. Los duendes restantes voltearon a mirar y, aterrorizados hasta perder el aliento, se apresuraron a darse la vuelta para arrodillarse sobre el suelo, temblando descontroladamente... Frente a ellos se desplegaba un pelotón de semiorcos de apariencia feroz y desalmada, cuyo líder no era otro que Blackstone, un combatiente posicionado en la cima del rango Hierro Negro Superior. Blackstone contempló al duende suspendido en el aire que no paraba de tiritar de espanto, mientras un matiz de aversión cruzaba por sus ojos. Lo arrojó al suelo sin el menor cuidado y dijo: "¿Dónde se encuentra su líder?" El duende rodó por el suelo al caer, pero no mostró el menor atisbo de enojo. Se apresuró a incorporarse a toda prisa y, al tiempo que le dedicaba una sonrisa zalamera a Blackstone, comenzó a gesticular haciendo sonidos de "ah, ah, ah" mientras señalaba hacia una dirección. Al presenciar sus gestos ridículos, Blackstone soltó un resoplido de desdén, tomó el conejo de monte que permanecía sobre la fogata y le dio un mordisco. Sin embargo, muy pronto frunció el ceño y escupió el bocado de carne de golpe, pareciendo profundamente insatisfecho con las habilidades culinarias del duende. Ante su reacción, el duende quedó sumido en la zozobra y el pánico, sollozando mientras no paraba de inclinarse. Blackstone no dijo nada más y le asestó una patada al duende: "Guía el camino." Su voz no admitía réplica alguna. ... Bajo la guía de los duendes, la tropa de semiorcos arribó ante una edificación derruida situada en medio de las ruinas. Los duendes avanzaron unos cuantos pasos en primer lugar y, utilizando manos y patas a la vez, apartaron un atado de paja para revelar un enorme hoyo en el lateral del inmueble. Acto seguido, se deslizaron hacia el interior con absoluta destreza. Los semiorcos agacharon el lomo y procedieron a seguir a los duendes para ingresar a la construcción. El recinto albergaba escombros colapsados y desperdicios abandonados por doquier, emanando un hedor sumamente desagradable, mientras que en el centro se conservaba un sendero angosto y tortuoso. Encabezados por los duendes, los semiorcos continuaron adentrándose en las profundidades. A medida que avanzaban más y más, el campo de visión ante Blackstone y sus subordinados comenzó a despejarse paulatinamente, hasta que, tras múltiples vueltas y desvíos, llegaron finalmente a una gruta de considerable amplitud. Este lugar fungía como el asentamiento oculto de la tribu Roca de la Montaña en el Bosque de los Elfos, sirviendo asimismo como estación de paso para la cacería de elfos. En el centro de la cueva ardía una pira de leña, junto a la cual tres semiorcos yacían perezosamente, durmiendo a pierna suelta mientras dejaban escapar sonoros roncados. A su lado, un par de duendes sostenían enormes hojas de árbol con las que les abanicaban sin descanso. Aparte de ellos, en las zonas más profundas de la cueva, hallábase una celda de piedra excavada artificialmente. A través de las barrotas de hierro, podían divisarse de forma tenue unos cuantos pares de ojos que destellaban con una mezcla de terror y desesperanza. Blackstone echó una primera mirada a la celda de piedra mostrando una clara sorpresa en el rostro, para luego dirigir la vista hacia los tres semiorcos. Al contempla a los tres sujetos durmiendo con total desparpajo, su rostro, de por sí espeluznante, se tornó aún más sombrío. Dejó escapar un resoplido helado, caminó directamente hacia ellos y le propinó una patada a cada uno. "¡¿Qué bastardo se atreve a arruinar el dulce sueño de su abuelo semiorco?!" Los tres individuos despertaron de golpe por los puntapiés y, lanzando alaridos de furia, desembolsaron sus armas con rabia desbordante. No obstante, en cuanto distinguieron con claridad la fisonomía del recién llegado, el color de sus rostros se mudó al instante; perdiendo toda la fiereza, quedaron reducidos a un estado de absoluta sumisión y cobardía. "Este... Señor Blackstone, ¿cómo... cómo es que ha venido a este punto de avanzada?" Sonrieron de forma servil y se apresuraron a ocultar sus garrotes con púas y grandes sables tras las espaldas, hablando con marcado servilismo. "¡Bah, tres desperdicios que no poseen el menor sentido de la alerta!" Blackstone lanzó un exabrupto lleno de indignación por su falta de agallas, para luego declarar con voz grave: "El Señor Mountain me ha enviado a investigar ciertos acontecimientos, tengo asuntos que interrogarlos." Los tres semiorcos intercambiaron miradas y sus expresiones se tornaron progresivamente serias: "¿Ha venido usted a investigar la desaparición del pelotón de cacería semiorco?" Blackstone los contempló un momento y asintió con la cabeza: "Ese es también uno de mis objetivos; sin embargo, antes de eso, debo preguntarles: ¿ha ocurrido alguna anomalía recientemente en el Bosque de los Elfos? En especial... en las cercanías de las ruinas de Florencia." Al escuchar las palabras de Blackstone, los tres semiorcos se desconcertaron un instante; intercambiaron miradas entre sí y luego sacudieron la cabeza: "Este... nos parece... que no ha ocurrido nada fuera de lo común." La expresión de Blackstone se volvió sombría: "Será mejor que lo piensen con más cuidado... No me vengan con que durante todo este tiempo no han hecho más que dormir dentro de la gruta." Mientras hablaba, la opresiva aura de un combatiente de rango Hierro Negro Superior comenzó a desplegarse gradualmente desde su cuerpo, sofocando a los tres semiorcos de rango Hierro Negro Inferior al punto de impedirles respirar con normalidad. Bajo la abrumadora presión de una existencia de mayor jerarquía, los tres cayeron arrodillados casi al mismo tiempo sobre el suelo; mudos de espanto y con los rostros desencajados, las gotas de sudor del tamaño de canicas no paraban de rodar por sus frentes. De pronto, uno de los semiorcos levantó la cabeza y, temblando descontroladamente, exclamó a viva voz: "¡Señor Blackstone! Yo... ¡lo recuerdo, lo recuerdo! ¡Recuerdo qué ha estado fuera de lo normal últimamente!" Al escuchar su exclamación, Blackstone retiró poco a poco su presión intimidante: "Habla." El semiorco arrodillado dejó escapar un suspiro de alivio y acto seguido declaró con voz temblorosa: "Últimamente... en las inmediaciones parecen haber aparecido más bestias mágicas de rango bajo, y muchas de ellas eran criaturas que en el pasado solo rondaban por la zona de Florencia; da la impresión de que están realizando una migración colectiva..." "¿Mmh? ¿Una migración de bestias mágicas de rango bajo?" Un destello de agudeza cruzó por los ojos de Blackstone. Dentro del Bosque de los Elfos, la conciencia territorial de las bestias mágicas era extraordinariamente fuerte; bajo circunstancias normales, jamás se presentarían esta clase de desplazamientos migratorios. Y cuando ocurría una migración, por lo general obedecía a dos escenarios. El primero consistía en que hubieran encontrado un hábitat superior para su supervivencia, realizando una reubicación por voluntad propia. Mientras que el segundo radicaba en que hubieran percibido algún tipo de amenaza, viéndose forzadas a migrar... El Bosque de los Elfos rebosaba de recursos naturales, siendo prácticamente un paraíso para las bestias mágicas, por lo que el primer escenario resultaba extremadamente raro. Por no mencionar que las inmediaciones donde la tribu Roca de la Montaña había establecido su punto de avanzada eran de por sí paupérrimas... De modo que el primer escenario podía descartarse en primer lugar. Entonces... el resultado caía por su propio peso. "Se encuentran huyendo de algo... Hay algo que les ha provocado un sentimiento de crisis, obligándolas a migrar de forma colectiva. ¡Y la fuente de ello... me temo que se sitúa precisamente en Florencia!" La mirada de Blackstone destelló. Si sus cálculos no fallaban, me temo que este era el punto clave que el Gran Sacerdote Mountain le había encomendado investigar. Tras reflexionar un momento, volvió a interrogar: "¿Entre ellas hay bestias mágicas poderosas?" El semiorco que había respondido sacudió la cabeza: "No, para nada... Todas son bestias mágicas sumamente débiles; las más fuertes apenas están ingresando al rango Hierro Negro Inferior, motivo por el cual no le prestamos atención anteriormente." ¿Bestias mágicas débiles? El brillo en los ojos de Blackstone se intensificó una vez más. Aquello demostraba que la amenaza no era desmedidamente fuerte; al menos las bestias mágicas de mayor nivel no habían percibido peligro alguno... En un parpadeo, Blackstone evocó a los peculiares elfos de la revelación divina que el Gran Sacerdote Mountain había mencionado antes de su partida. "Elfos que combaten a muerte contra los duendes..." Se sumió en profundas reflexiones. ¿Será posible... que aquellos peculiares elfos mencionados por el Señor Jushan estuvieran haciendo de las suyas? Además del siervo del Dios de la Muerte al que se refirió el Gran Sacerdote... "¡Cierto, cierto! ¡Recordé dos cosas más!" Justo mientras Blackstone permanecía pensativo, otro semiorco levantó la mano. Blackstone lo contempló y ordenó: "Habla." El semiorco inhaló hondo y declaró: "Hace aproximadamente un mes... unas cuantas decenas de duendes huyeron hacia el punto de avanzada; sin embargo, la gran mayoría parecía haber sufrido un susto terrible, mostrando un estado mental sumamente inestable..." "Por otro lado, el destino final del Señor Rock y los suyos eran precisamente las ruinas de Florencia, situadas en la región central del Bosque de los Elfos..." Al escuchar esto, la cara de Blackstone se ensombreció de golpe: "¡¿Por qué no dijiste todo esto desde un principio?!" El semiorco se estremeció levemente y respondió con cautela: "Este... los duendes siempre han sido cobardes y nosotros no lográbamos entender nada de sus chillidos raros, de modo que no le prestamos atención... En cuanto al Señor Rock... Señor Rock... hace un momento me puse muy nervioso... y se me olvidó..." "¡Bah, pedazo de inútil!" Maldijo Blackstone. No volvió a mirar a los tres semiorcos; por el contrario, comenzó a hilar continuamente la información obtenida en su mente. De forma imperceptible, una conjetura empezó a cobrar forma en sus pensamientos: "Un grupo de elfos de bajo nivel ha regresado al Bosque de los Elfos. Parecen haber recibido la gracia del Dios de la Muerte, expulsando a los duendes de Florencia y a las bestias mágicas de las inmediaciones; es muy probable que estén tramando algo en las ruinas de Florencia..." "En medio de todo esto, es muy posible que haya un siervo del Dios de la Muerte involucrado, mientras que la desaparición del pelotón de cacería liderado por Panshi se deba a que descubrieron su secreto...." "La fuerza de este siervo del Dios de la Muerte debe de ser sumamente poderosa... De lo contrario, no habría sido posible que Rock y los suyos sufrieran semejante percance. Aun contando con la reliquia sagrada que me entregó el Gran Sacerdote, no es seguro que pueda hacerle frente." "Si irrumpo a ciegas en Florencia, me temo que resultará extremadamente peligroso..." "Jeje, parece que esa chusma de orejas largas no es tan leal como dicen las leyendas; pensar que llegarían a vincularse con el Dios de la Muerte..." Un matiz de burla cruzó por la mirada de Blackstone. Con un destello en los ojos, volvió a interrogar: "¿Todavía hay bestias mágicas huyendo continuamente en los alrededores en este preciso momento?" "Sí... así es...." Respondió el semiorco temblando de pavor. Blackstone se sumió de nuevo en sus pensamientos. Las bestias mágicas siguen siendo ahuyentadas, lo cual demuestra que esos elfos aún deben de estar rondando por las inmediaciones de Florencia. Lo que significa... ¡que debería tener la oportunidad de capturar a un cautivo en los alrededores de Florencia! ¡Esa debería de ser la estrategia más segura! Pensando en esto, Blackstone impartió sus órdenes: "Vayan a reunir a un grupo de duendes para que me acompañen a investigar la situación en las cercanías de Florencia."
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El Juego del Árbol del Mundo (Novela) Capítulo 66

Estás leyendo el capítulo 66 de El Juego del Árbol del Mundo (Novela), un novela. En _El Reino de los Elfos_, la Guerra Celestial de hace mil años provocó la caída del Árbol del Mundo. En un mundo gobernado por dioses verdaderos, la caída de la civilización élfica no tardó en llegar. Han pasado mil… Este capítulo tiene publicado el 29 de agosto de 2026, Traducido por el grupo Nishino. El Juego del Árbol del Mundo (Novela) tiene 80 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.