Leer El inmortal del escuadrón de prisioneros es malinterpretado (Novela) Capítulo 8 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
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“¡¿Qué?!”
Casi al unísono con el grito de alarma, y como si hubiese estado aguardando ese instante exacto, una oleada de maldición carmesí y negruzca brotó de las entrañas de los patrones arácnidos.
El suelo de hormigón corroído por aquella ponzoña literalmente 'murió' en cuestión de un parpadeo.
“¡Maldita sea!”
En el preciso instante en que los peldaños se desmoronaban reducidos a polvo impalpable, los reclusos intentaron retroceder a la desesperada; no obstante, la reacción llegó una fracción de segundo demasiado tarde.
“¡Nooo!”
“¡¡Aaaaaagh!!”
Privados por completo de cualquier punto de apoyo bajo las botas, nos precipitamos al vacío hacia las fauces de una oscuridad impenetrable.
\*
“Uf... qué dolor de cabeza...”
¿Cuánto tiempo habría transcurrido desde la caída?
Al recuperar la consciencia, descubrí que me encontraba sepultado bajo una densa montaña de escombros y cascotes de hormigón.
“¿Y este lugar dónde demonios queda?”
Intenté mover las extremidades para liberarme de los escombros, pero al instante fruncí el ceño con disgusto.
Me percaté con retraso de la razón: carecía por completo de sensibilidad de la cintura para abajo.
'¿Se me habrán seccionado los nervios espinales?'
Debió haber sido una colisión descomunal, pues tanto la terminal táctica de muñeca como el comunicador del casco habían quedado completamente inservibles.
Por fortuna, la cámara corporal adosada a mi pecho parecía haber salido relativamente bien parada, limitándose el daño a una tenue grieta en la superficie del lente.
Por si acaso los micrófonos de la bodycam aún captaban audio, cubrí la rejilla con la palma de la mano, desenfundé la pistola que llevaba sujeta al muslo, me la apoyé en la sien y apreté el gatillo sin pestañear.
¡BANG!
Un instante después, la sensibilidad fluyó de vuelta a mis piernas de manera instantánea y perfecta.
'Tener que pegarme un tiro en la cabeza cada vez que me lesiono es un incordio de lo más fastidioso...'
Siendo honesto, recurrir a semejante método cada vez que entraba en combate resultaba un procedimiento bastante engorroso.
Para pillar al enemigo con la guardia baja resultaba una táctica sublime, pero si por azares del destino había otros reclusos presentes, la situación se tornaba sumamente delicada.
'Pegarse un tiro en el cráneo y levantarse como si nada a los dos segundos...'
Cualquiera con dos ojos en la cara deduciría de inmediato que se trataba de algo idéntico a un ser inmortal.
'Ojalá existiera algún tipo de botón mágico para morir al instante, rápido y sin llamar la atención de nadie.'
De contar con un truco así, al menos podría justificarlo ante los demás alegando que poseo esa súper-regeneración de la que tanto hablan las leyendas urbanas.
Tras apartar con esfuerzo los pesados bloques de piedra que aprisionaban mi torso, logré salir a gatas del montículo de escombros; fue entonces cuando divisé los cuerpos inertes de varios convictos diseminados en medio de la penumbra.
Por desgracia, daba la impresión de que algunos habían muerto desnucados por el impacto directo de la caída.
Extendí la mano y le cerré los párpados al recluso rapado, cuyo cuerpo yacía grotescamente ensartado por una varilla de acero corrugado.
“Pero... ¿dónde se metieron los demás?”
Comencé a hacer un recuento mental: uno, dos, tres... Faltaban efectivos.
El contingente desplegado en la misión ascendía a un total de ocho reclusos, incluyéndome a mí.
Sin embargo, en este sector apenas se encontraban tres individuos.
Y para colmo de males, con la única excepción de mi propia persona, los otros dos no eran más que cadáveres despedazados sin el menor rastro de vida.
'¿Acaso no me vieron sepultado bajo las piedras y siguieron avanzando sin mí?'
Entre la densa oscuridad reinante y el hecho de haber quedado enterrado bajo un montón de escombros, resultaba bastante comprensible que hubiesen pasado de largo sin percatarse.
“Le pido esto prestado.”
Tomando el fusil de asalto carabina del sujeto rapado —el cual se conservaba en condiciones bastante aceptables—, decidí reanudar la marcha en solitario.
Al fin y al cabo, si seguía avanzando por el corredor, tarde o temprano me toparía con algo o con alguien.
“Esto parece una especie de galería comercial subterránea, pero...”
Avanzando a lo largo del pasillo en penumbra, descubrí múltiples regueros de sangre seca salpicando las fachadas y escaparates de las tiendas.
“¿Acaso los pandilleros se dedicaron a perpetrar una masacre indiscriminada?”
Aquello no encajaba con el comportamiento habitual de una banda urbana.
Semejante nivel de carnicería se asemejaba mucho más al modus operandi de una célula terrorista que al de unos simples delincuentes de barrio.
Y en medio de todo aquel baño de sangre, lo más desconcertante era que apenas se vislumbraban cadáveres en el suelo.
Fue justo en ese momento.
“Sniff... snif... Por favor... que alguien me ayude... por favor...”
Desde el interior de una tienda de ropa cercana, el eco de un llanto quejumbroso alcanzó con claridad mis oídos.
'¿Qué es eso?'
A juzgar por el timbre de la voz, pertenecía a alguien de una fragilidad evidente.
Sosteniendo el fusil al frente con el cañón en guardia, me deslicé con sigilo hacia el interior del establecimiento.
Por muy cínico que uno fuera, resultaba difícil hacer oídos sordos ante una súplica de auxilio; y por encima de todo, si por un golpe de fortuna resultaba ser una ciudadana legal con derechos plenos, aquello representaría un beneficio colosal para mi expediente.
Salvar a un ciudadano con plenos derechos se traduciría, sin duda alguna, en una reducción de condena mucho más sustanciosa.
Encendí la linterna táctica adosada al guardamanos del fusil e iluminé el rincón de donde provenían los sollozos; agazapada entre los percheros, divisé a una jovencita encogida sobre sí misma.
“¿Hola? ¿Hay alguien ahí?”
“¡¡Hiiik!!”
Sobresaltada por el haz de luz, la chica se encogió aterrorizada y alzó la mirada hacia mí, con lágrimas gruesas como perlas desbordándose por sus mejillas.
“¡Por favor... por favor, no me haga daño...!”
Al contemplar su rostro, se me cortó la respiración de manera involuntaria.
Y es que, para ser totalmente honestos, la chica poseía facciones de una hermosura sencillamente descomunal.
'¿Pero qué carajos...? ¿Acaso es una elfa?'
Sin embargo, al fijarme bien, sus orejas no presentaban la menor terminación puntiaguda.
Fuese como fuese, en toda mi vida jamás me había topado con una jovencita tan primorosamente hermosa como una muñeca de porcelana.
“Eh... disculpa, ¿posees la ciudadanía legal?”
Había que cumplir con el protocolo reglamentario, después de todo.
“¿C-ciudadanía...?”
“Sí. Ciudadanía. ¿Llevas encima una tarjeta de identificación oficial? ¿No tienes?”
“N-no... no tengo nada de eso...”
“Vaya, qué lástima.”
“... ¿Eh?”
“No, nada. Olvídalo.”
Menudo dilema.
Si hubiese sido una ciudadana con derechos plenos, mi labor se limitaría a protegerla y reportar su rescate; pero al tratarse de una residente indocumentada, el panorama se complicaba de sobremanera.
'Aun así, tampoco puedo dejar abandonada a su suerte en este antro a una chiquilla muerta de miedo.'
Pero por otro lado, si quería rascar una reducción de condena, necesitaba cosechar méritos tangibles de combate.
Justo en el instante en que me debatía entre ambas opciones, la chica, como si hubiese intuido mi dilema interior, abrió tímidamente los labios:
“H-hermano... ¿acaso eres un p-policía?”
“¿Policía?”
Parpadeé un par de veces ante la pregunta.
“Bueno... dependiendo del ángulo desde el que se mire, supongo que encajo en la descripción.”
“... ¿?”
“Sí, soy policía.”
Al fin y al cabo, ambos nos dedicábamos a cazar y abatir a los criminales, de modo que en la práctica venía a ser prácticamente lo mismo.
En cuanto escuchó mi respuesta, el semblante de la joven se iluminó con una radiante esperanza:
“¡Y-yo... yo vi con mis propios ojos hacia dónde se llevaron a toda la gente! ¡Por favor, señor policía! ¡Se lo suplico, ayúdeme! ¡Se llevaron a mi mamá y a mi papá junto con los demás...! ¡Sniff!”
“¿Viste hacia dónde los arrastraron?”
“¡S-sí! ¡Sí, de verdad!”
“Vaya.”
Aquello sí que era una excelente noticia. Dado que mi terminal táctica había quedado completamente destrozada tras la caída, me venía como anillo al dedo.
“En ese caso, ¿podrías indicarme la dirección exacta? Tengo que capturar a esos desgraciados sin falta.”
“¡P-por supuesto! ¡Por favor, sígame!”
“······.”
Al ver cómo se enjugaba las lágrimas con presteza y se ponía en pie con una admirable determinación, añadí con tono sereno:
“Iremos juntos solo hasta las proximidades del lugar, ¿entendido?”
“¡Sí! ¡E-es por aquella dirección!”
Qué muchacha tan valiente, la verdad.
“Muchísimas gracias, de verdad. Me había quedado completamente sola y no tenía la menor idea de qué hacer...”
Cuando la chica alzó sus deslumbrantes ojos azules hacia mí y me dedicó una tímida y angelical sonrisa, sentí como si todo el lúgubre pasillo se iluminara por arte de magia.
Era una sensación auténticamente terapéutica y reconfortante.
Le respondí con mi tono más dulce y afable:
“Comprendo perfectamente.”
“Mis padres se dejaron atrapar deliberadamente para salvarme. Hicieron ruido para llamar la atención de los maleantes y darme tiempo para escapar... sniff.”
“Pobrecilla. Qué tragedia.”
La jovencita volvió a secarse los ojos:
“Por eso... no sabe lo inmensamente agradecida que estoy de que un policía tan bueno como usted haya venido en mi ayuda...”
“Mmm, ya veo, ya veo.”
Sin mediar palabra adicional, deslicé con total naturalidad el selector de tiro de mi fusil carabina de tiro a tiro a ráfaga automática.
“Es por aquí. En aquella sala de conferencias al fondo reunieron a todos los... ¡¡Kyaaaaaaaa!!”
Presa del pánico, la joven se arrojó repentinamente a mis brazos, aferrándose con fuerza a mi pecho.
“¡A-allí... mire allí...!”
“Carajo.”
Al dirigir la mirada hacia el interior del salón que señalaba, descubrí una auténtica montaña de cadáveres apilados unos sobre otros.
Lo verdaderamente siniestro era que todos y cada uno de los cuerpos estaban tan aterradoramente consumidos y esqueléticos que la piel parecía pegada directamente a los huesos, como momias disecadas.
A juzgar por los uniformes tácticos que aún vestían, todo apuntaba a que se trataba de los mercenarios privados de una agencia de seguridad cercana.
Seguramente el dueño del complejo comercial los había contratado de emergencia antes de que la policía interviniera en el incidente.
'Así que esto era lo que se traían entre manos. Por eso la policía no nos soltó una sola palabra en el informe.'
Como era de esperar.
Ahora se entendía a la perfección por qué habían arrojado a la Unidad 141 por delante como conejillos de indias.
Pálida como la cera, la chiquilla alzó su rostro angelical hacia mí:
“H-hermano policía... ¿Qué vamos a hacer ahora?”
“¿Qué vamos a hacer? Pues lo que se hace siempre que ves algo con lo que estás más que familiarizada.”
“¿Eh?”
Ante la genuina confusión que se dibujó en aquel bellísimo y angelical rostro, desenfundé la pistola que llevaba al cinto y apreté el gatillo a quemarropa contra su frente.
¡BANG!
Acompañada por un estruendo ensordecedor, la cabeza de la muchacha voló literalmente en mil pedazos.
El cuerpo que se aferraba a mi torso se desplomó pesadamente sobre el suelo, inerte como una marioneta a la que le hubiesen cortado los hilos.
Sin embargo, no tenía la más mínima intención de quedarme de brazos cruzados.
Alineando con firmeza la culata del fusil contra mi hombro, apunté hacia el cuerpo caído y vacié el cargador entero en ráfaga continua y despiadada.
¡RAT-A-TAT-A-TAT-A-TAT-A-TAT!
En una fracción de segundo, el cadáver fue literalmente triturado por una lluvia de plomo.
Solo tras consumar semejante carnicería pude contemplar con absoluta claridad lo que yacía frente a mí.
Mirándolo con atención, lo que había sobre el suelo distaba a leguas de ser una frágil y desvalida doncella.
Su verdadera naturaleza no era otra cosa que un burdo y ordinario maniquí de tienda de ropa.
En efecto.
La jovencita de hacía unos instantes no había sido más que una marioneta hueca manipulada a distancia mediante hilos invisibles de maná.
“Sabía que había gato encerrado.”
Para empezar, que la supuesta única superviviente de una masacre estuviera llorando a voz en cuello en lugar de ocultarse conteniendo la respiración ya resultaba sumamente sospechoso.
¿Y que una niña que temblaba de puro terror se ofreciera de repente con semejante valentía a guiarme hasta la guarida de los atacantes?
Por dondequiera que se lo mirase, la farsa apestaba a trampa desde kilómetros de distancia.
Al cabo de unos segundos, los restos destrozados del maniquí se disolvieron en un líquido negro y viscoso, filtrándose lentamente entre las junturas de las baldosas.
“Jajaja... Fascinante.”
Casi al mismo tiempo, una suave y melodiosa risa femenina reverberó desde las sombras del fondo de la estancia:
“Es la primera vez en mi vida que veo a un ser humano percatarse por sí mismo del engaño estando bajo los efectos de mi maldición de alucinación. Debo admitir que resulta sumamente impresionante.”
Al alzar la vista, descubrí a una mujer de una belleza arrebatadora y voluptuosa emergiendo de la penumbra, envuelta en una túnica oscura y exhibiendo una sonrisa cargada de seducción y malicia.
Daba la impresión exacta de ser la versión adulta y corrompida de aquella jovencita de hacía unos instantes si hubiese tomado el peor de los caminos imaginables.
La encaré con frialdad:
“¿De verdad soy el único idiota que logró descubrir semejante farsa barata?”
Desde el planteamiento de la escena hasta el comportamiento de la supuesta víctima, todo había sido una cadena interminable de incongruencias absurdas.
La mujer se acarició con lentitud la perfecta línea de su mentón y dejó escapar una risita burlona:
“Bueno, verás... por lo general, cualquier falta de credibilidad en la historia queda más que compensada con un rostro tan perfecto como este, ¿no te parece?”
“······.”
Maldita y asquerosa sociedad obsesionada con las apariencias.
Aunque debía reconocer que la mujer era despampanante, las cosas como son.
“No me mires con esos ojos tan severos, muchacho. A decir verdad, tú también tienes un rostro bastante atractivo y adorable. Si tuviera un poco más de tiempo libre, te juro que me encantaría disecarte en vida para conservarte como pieza de colección en mi vitrina personal.”
“Paso del ofrecimiento, la verdad.”
En particular, la parte de 'disecar en vida' me producía un rechazo visceral.
Al igual que ser enterrado vivo en las profundidades de la tierra, la idea de ser disecado vivo constituía una de las mayores pesadillas imaginables para un ser inmortal.
Fui directo al grano:
“Eres una hechicera de maldiciones, ¿verdad? Y de las peores: de aquellas que utilizan la sangre de seres humanos como alimento para nutrir su poder.”
“Fufufu... ¿Qué te hace pensar semejante cosa?”
“Al menos podrías haberte tomado la molestia de esconder esa montaña de momias disecadas antes de fingir demencia.”
“¿Quién te dice que esa pila de cadáveres frente a tus ojos no es otra ilusión óptica creada por mi magia?”
“Ni de chiste.”
Ante mis ojos, nadie podía falsificar a la muerte.
Habiendo muerto y regresado a la vida más veces de las que alcanzaba a contar, conocía el fenómeno mejor que nadie en este mundo.
Ese hedor metálico y rancio, esa densa y pesada atmósfera gélida que desprendía la descomposición cadavérica jamás podrían ser emulados mediante una simple alucinación.
“Sí... Qué lástima. Una verdadera lástima.”
La hechicera me escaneó de arriba abajo con un destello de genuina fascinación en la mirada:
“De haber dispuesto de más tiempo, te aseguro que me habría esmerado en taxidermizarte con el mayor de los cuidados artísticos.”
'Y ahora... ¿cómo procedo con esto?'
Tratándose de una experta en maldiciones ilusorias, ni siquiera tenía la certeza absoluta de si la mujer parada frente a mí era un cuerpo de carne y hueso o una nueva proyección mágica.
Desde luego, si me metía un tiro en la sien con la pistola, la maldición se disiparía al instante junto con mi resurrección, pero...
'Si esa mujer no es la verdadera, estaré en serios problemas.'
Ello equivaldría a revelar de par en par mi as oculto de la inmortalidad ante los ojos de la verdadera hechicera, quien seguramente estaría observando el desenlace desde las sombras.
'Y eso sería una catástrofe monumental.'
Y si decidía huir del lugar tras presenciar mi resurrección, la misión se iría al traste.
En ese preciso instante, una punzada atroz de dolor me atravesó el cráneo, obligándome a sujetarme la cabeza con ambas manos de manera involuntaria.
“Esto es...”
Al ver mi reacción, las comisuras de los labios de la mujer se curvaron en una sonrisa triunfal:
“Jajaja... Mis maldiciones también pueden ser transmutadas y destiladas en forma de un veneno letal instantáneo. Parece ser que por fin comienza a surtir efecto en tu organismo, ¿verdad?”
Un hilo denso de sangre negra comenzó a brotar de mis fosas nasales.
Casi al mismo tiempo, el mundo a mi alrededor comenzó a girar en un torbellino vertiginoso.
“¡Cof! ¡¡Cof, cof, cof!!”
Al cubrirme la boca ante el violento ataque de tos que me sacudió el pecho, descubrí mis palmas completamente empapadas de una espesa sangre ennegrecida.
“Mierda...”
Observando cómo me tambaleaba al borde del colapso, la mujer prosiguió con un tono rebosante de regocijo sádico:
“Habría sido un deleite exquisito verte retorcerte en agonía lamentando tu propia estupidez tras haber caído en mi trampa... pero bueno, ver cómo te desmoronas de esta forma tampoco está del todo mal.”
“¡Cof!... ¿Dónde... dónde están... los otros miembros... del pelotón...?”
“¿Los miembros de tu pelotón? Ah, ¿te refieres a tus compañeritos?”
La sonrisa de la hechicera se ensanchó con malicia:
“Fufufu... ¿quién sabe? A estas alturas, ¿no estarán ya convertidos en un montón de carne reseca y disecada?”
Chascó los dedos con elegancia; de inmediato, desde la profunda oscuridad de la sala de conferencias, dos hombres armados hicieron acto de presencia.
O con mayor precisión: lo que 'alguna vez habían sido' pandilleros.
Habiendo sido despojados de cualquier vestigio de consciencia humana para convertirse en títeres descerebrados, los dos sujetos me sujetaron por ambos brazos justo cuando mis piernas cedían.
Dándose media vuelta con desdén, la hechicera ordenó con tono cantarín:
“Parece ser que los rumores sobre los escuadrones de castigo de la policía eran completamente ciertos. Los criminales de alta peligrosidad rebosan una vitalidad tan desbordante que resultaron ser unos sacrificios magníficos para mis artes.”
Lanzó una última instrucción a sus marionetas:
“En cuanto ese mocoso estire la pata, traigan su cadáver al fondo de la sala.”
La practicante de maldiciones dio apenas un par de pasos hacia adelante.
Fue justo en ese momento.
“Qué interesante.”
“¡¡...!!”
Al escuchar aquella voz serena resonando a sus espaldas, un escalofrío de terror helado le recorrió la espina dorsal a la mujer.
“Resulta que no eras ninguna alucinación después de todo. Eras completamente real.”
“¡¿Qué...?!
El giro desesperado de la hechicera y el estruendo de mi disparo se produjeron casi en la misma fracción de segundo.
¡BANG!
“¡¡Aaaaaagh!!”
El proyectil le perforó limpiamente el hombro, arrancándole un desgarrador alarido de dolor.
Sus ojos se desorbitaron presas de un pavor absoluto e incomprensible:
“¡¿C-cómo es posible...?!
Apartando de un violento empellón a los dos títeres que no sabían reaccionar sin órdenes directas, respondí a su pregunta vaciándole el fusil a quemarropa.
¡RAT-A-TAT-A-TAT-A-TAT-A-TAT!
“¡¡¡Aaaaaaaaaaaagh!!!”
'Jamás imaginé que de verdad fueras la auténtica.'
Habiendo muerto de forma natural a causa del veneno de su maldición y resucitado en una fracción de segundo, ¡menuda sorpresa me había llevado!
'¡No era ninguna proyección mágica!'
Siendo ese el caso, ya no existía la menor necesidad de contenerse.
¡RAT-A-TAT-A-TAT-A-TAT!
Decenas de proyectiles de alto calibre desgarraron la carne de la hechicera a una velocidad vertiginosa.
“¡¡¡Kiiiiiaaaaaaaagh!!!”
Sin embargo, fuese por su propio poder arcano o gracias a la inmensa cantidad de energía vital que había drenado de sus 'sacrificios', la bruja se negaba a perecer a pesar de recibir una andanada de plomo tras otra.
Bajo una niebla oscura, su carne destrozada comenzó a recomponerse en espantosas formaciones grotescas.
Pero a mí me traía completamente sin cuidado.
“Basta con seguir disparando hasta que revientes de una maldita vez.”
Al fin y al cabo, ella no era inmortal como yo.
“¡¡Detente!! ¡¡Detente de una putaaa veeez!!”
Cambiando de cargador con movimientos fluidos y mecánicos, volví a martillear el cerrojo y vacié otra tolva completa sobre su silueta.
En mis acciones no cabía la menor vacilación.
Si tienes la oportunidad de eliminar a un enemigo peligroso, lo ejecutas sin titubeos hasta cerciorarte de que no vuelva a respirar.
¡RAT-A-TAT-A-TAT-A-TAT!
En medio de la lluvia de balas, los ojos de la hechicera destellaron con un fulgor enloquecido y una letal maldición de muerte instantánea atravesó salvajemente mi caja torácica, perforándome el corazón.
Sin embargo, al ver que mis manos continuaban presionando el gatillo con absoluta normalidad y sin pestañear, la mujer chilló presa de la más pura histeria:
“¡¡¿Por quéeeee?!! ¡¡¿Por qué carajos no te mueres?!! ¡¡¿Por qué no funciona nada contra tiiiiii?!!”
Desató una andanada desesperada de maleficios mortales una y otra vez, pero todo fue en vano.
Cada vez que sus maldiciones consumaban mi muerte biológica, mi organismo resucitaba de inmediato en un estado de salud aún más formidable.
Es más, gracias al efecto pasivo de 'Temple de la Muerte', sentía como si mis músculos y mis reflejos se volvieran más ligeros y ágiles con cada impacto letal asimilado.
¡¡BANG!! ¡Clac!
Cuando el último proyectil del cargador percutió en la recámara, el silencio descendió sobre la sala.
“Gof... aagh...”
Tras sacudirse un par de veces sobre el charco de su propia sangre, el cuerpo de la hechicera quedó finalmente inmóvil en el suelo, silenciado para siempre.
Una densa humareda con olor a pólvora quemada se elevaba en el aire.
“Vaya que era dura de pelar.”
¿Cuánta sangre humana habría tenido que devorar para amasar semejante reserva monstruosa de vitalidad?
“Llegados a este punto, no veo qué diferencia hay entre esta tipa y un vampiro de verdad.”
En el fondo, ambos no eran más que monstruos aberrantes enfundados en piel humana.
Bajando la vista hacia la cámara corporal adosada a mi pecho, golpeé suavemente el lente agrietado con los nudillos y hablé con tranquilidad:
“¿Hola? ¿Hay alguien ahí al otro lado? ¿Están viendo esto?”
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Mientras tanto, en el interior del tráiler blindado del puesto de mando táctico en las inmediaciones del objetivo:
\[¿Hola...? Chhh... ¿Están... viendo... esto?\]
“······.”
“······.”
“······.”
El silencio que reinaba en la estancia era tan espeso que se podía cortar con un cuchillo.
\[Aquí el 43471... Chhh... Repito: situación concluida~.\]
Ante las inconcebibles imágenes transmitidas en riguroso directo a través de la bodycam del recluso, las pupilas de todos los oficiales y mandos presentes en la sala temblaron descontroladas, presas de un estupor absoluto e indescriptible.
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• Novela: El inmortal del escuadrón de prisioneros es malinterpretado (죄수 부대의 불사자는 착각당한다)
• Autor: Full Draw (풀드로우)
• Traducción: Inmensurable
🪖 \[Fin del reporte de misión — Escuadrón 141\]
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El inmortal del escuadrón de prisioneros es malinterpretado (Novela)
Capítulo 9
El inmortal del escuadrón de prisioneros es malinterpretado (Novela) Capítulo 8
Estás leyendo el capítulo 8 de El inmortal del escuadrón de prisioneros es malinterpretado (Novela), un novela. Tras perder a la mujer que cuidó de él en una traición atroz, Kyle consuma su venganza y es condenado al infame Escuadrón 141, una unidad militar penal con una tasa de supervivencia prácticamente nula. Al arrojarse sin… Este capítulo tiene publicado el 23 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El inmortal del escuadrón de prisioneros es malinterpretado (Novela) tiene 30 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.