Leer El inmortal del escuadrón de prisioneros es malinterpretado (Novela) Capítulo 7 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
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De cualquier forma, decidí tocar el único casillero que se podía leer: \[Magia Básica de Fuego\].
\[Puntos de habilidad insuficientes.\]
“Puntos de habilidad, ¿eh...?”
Ahora que lo pensaba, el mensaje anterior había anunciado claramente que mi nivel había aumentado.
¿Será que al subir de nivel te otorgan puntos de habilidad?
¿Y que con ellos se van desbloqueando las casillas de este árbol de destrezas?
“Esto se está poniendo bastante interesante.”
Se sentía como estar dentro de un videojuego, lo cual me generaba una ligera punzada de emoción en el pecho.
“Si nos toca salir a combatir mañana de nuevo, podré ponerlo a prueba.”
Probablemente no hubiera un solo preso en todo este destacamento militar que esperara con tantas ansias el próximo despliegue como yo.
Si Walter me escuchara decir semejante cosa, no me cabe duda de que me tacharía de demente desquiciado.
“Por cierto... ¿está bien que use magia?”
Según había escuchado tiempo atrás, a cualquier hechicero que no estuviera formalmente registrado en la Torre Mágica se le tildaba de hereje y se le marginaba sin contemplaciones.
“Bueno, qué más da.”
Al fin y al cabo, aquellos magos heréticos también eran criminales fuera de la ley.
Siendo yo mismo otro convicto más, no creía que nadie fuera a ponerse exquisito si un criminal recurría a técnicas propias de criminales.
“Sea como sea, lo primero es darme un buen baño.”
Para empezar, el estado en el que me encontraba era lamentable.
Apestaba a quemado y a sudor rancio, y por más que me sacudiera la ropa, una densa capa de ceniza seguía pegada a mi piel.
Con suerte, si me duchaba a buen ritmo todavía alcanzaría a llegar a tiempo para el turno de la cena.
Con esa idea en mente, me despojé sin miramientos del uniforme táctico que había quedado convertido en una auténtica piltrafa.
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“No, pero a ver... ¿en serio me estás diciendo que lo liquidaste tú solo?”
Aquella misma noche.
Nada más recibir el alta de la enfermería y regresar a la celda, Walter me lanzó la pregunta con una mirada cargada de incredulidad absoluta.
“Escuché que lo habían mandado a la enfermería, señor. Sí que volvió rápido, ¿eh?”
“······.”
“Aunque bueno, supongo que para que a uno lo dejen hospitalizado primero tendría que haber resultado herido de verdad.”
Pensándolo con calma, la maniobra que había ejecutado frente a la fábrica me pareció una jugada sumamente hábil y natural.
Una estrategia brillante en la que un escudo de carne enviaba a otros escudos de carne por delante para salvar su propio pellejo.
Gracias a su perspicacia, con excepción del propio Walter, todos los demás habían corrido en alegre fila india directamente hacia las fauces del matadero en la Puerta B.
Carraspeando con incomodidad ante mi comentario, Walter respondió con total descaro:
“¿Qué pasa? ¿Tienes alguna queja al respecto?”
“No. Para nada.”
Tal como había cavilado anteriormente, si uno carecía de la ambición de acumular conmutaciones de condena, me parecía una conducta sumamente sabia y pragmática.
“Y bien... ¿cómo carajos mataste a ese tipo?”
“Pues le disparé con la pistola y se murió, sin más.”
“¡¿Y me sales con esa estupidez?! ¡Por supuesto que si le metes un tiro a alguien se muere, pedazo de imbécil! ¡¿Acaso esperabas que siguiera vivo?!”
'Bueno, para ser sincero, hay gente que no se muere aunque le disparen.'
Sin ir más lejos, yo mismo era el ejemplo viviente, aunque consideré prudente guardarme el pensamiento para mis adentros.
Mientras tanto, Walter tomó asiento sobre la litera de enfrente, clavando sus ojos fijamente en mí durante varios segundos antes de soltar a quemarropa:
“Oye... ¿quién demonios eres tú en realidad?”
“¿?”
Parpadeé un par de veces antes de responder:
“Pues... ¿un recluso con un cuerpo un poco más duro y resistente de lo habitual?”
“¿Por qué carajos lo dices con tono de pregunta?”
“Soy un recluso con un cuerpo duro y resistente.”
“No me jodas. ¿Pretendes que me trague el cuento de que despachaste a semejante monstruo solo porque tienes el cuerpo duro?”
Con un gesto de indignación y perplejidad, continuó reprochándome:
“¡Ese cabrón barrió a un pelotón entero en un abrir y cerrar de ojos! ¡En un solo parpadeo! He visto a mis compañeros de escuadrón estirar la pata infinidad de veces en este infierno, ¡pero jamás en mi puta vida había presenciado una masacre instantánea de semejante calibre!”
“Al final del día logramos neutralizarlo, ¿no es eso lo que cuenta?”
“¡No, pedazo de estúpido, a lo que me refiero es...! Uf.”
Tragándose el suspiro que amenazaba con escapársele del pecho, Walter murmuró por lo bajo:
“Ya me parecía a mí que algo no cuadraba desde el momento en que escuché aquel apodo del Carnicero de la Mafia.”
“Oiga, ¿quién fue el genio de pésimo gusto que me encasquetó ese mote tan ridículo de 'Carnicero de la Mafia'?”
“¿Y yo qué sé? ¿La prensa sensacionalista, tal vez?”
Menudo sentido de la estética.
Si se iban a tomar la molestia de ponerme un alias público, al menos podrían haberse esmerado en buscar algo que sonara más imponente.
'Cualquiera que lo escuche pensará que me dediqué a descuartizar a cientos de mafiosos.'
Cuando en realidad apenas me había despachado a unas pocas docenas; resultaba un poco injusto que exageraran tanto las cifras.
“Sea como fuere, tanto en el Pelotón 4 como en el resto de las instalaciones no se habla de otra cosa que no seas tú.”
“¿Ah, sí?”
“Sí. Todo el mundo está alborotado diciendo que ha llegado un monstruo colosal a las filas.”
“Vaya, vaya.”
Si mal no recordaba, Joseph nos había dejado muy claro que estaba terminantemente prohibido parlotear con miembros de otros pelotones, así que me intrigaba saber cómo diablos se había enterado de semejantes chismes tan rápido.
El flujo de información en la cárcel era un auténtico misterio.
Soplando suavemente sobre el cañón de mi pistola para remover el polvo, dejé escapar un pensamiento que me vino a la mente:
“Aunque mirándolo bien, es bastante curioso que los únicos que seguimos con vida seamos precisamente los dos de esta habitación.”
Tendido cuan largo era sobre su cama, Walter replicó:
“Ja, pues tienes toda la maldita razón. Quién diría que las cosas saldrían de esta manera.”
“¿Y qué ocurre ahora en una situación como esta?”
“¿A qué te refieres?”
“A que somos los únicos dos supervivientes que quedan en nuestro pelotón. Me preguntaba si nos dejarán en espera hasta que asignen nuevos reemplazos.”
“Por lo general, sí. ¿Qué diablos pretenderías que hagan dos miserables gatos en un despliegue?”
“Ah... ¿en serio?”
Para ser completamente francos, no daba la impresión de que los demás miembros del pelotón hubiesen aportado demasiado en la misión anterior.
“¡Oye, mocoso! No te olvides de que al menos yo me cargué al francotirador que estaba en la azotea.”
“Exactamente a eso me refiero. Descontándolo a usted y a mí, el resto no hizo absolutamente nada útil. Salvo, no sé... ¿rebanar la puerta con la espada con una pose sumamente elegante para terminar volando por los aires segundos después?”
Al escuchar mis palabras, una risita burlona se le escapó a Walter de entre los labios:
“Bueno, si he de ser totalmente honesto contigo, esa entrada triunfal que se marcó tuvo bastante estilo.”
“Lo admito. Se vio bien.”
“Maldición, y pensar que esa mujer estaba para comérsela de lo buena que estaba.”
“Pues mucho no le sirvió, considerando que ahora no es más que una pila de carbón vegetal.”
“Una verdadera lástima, te lo juro. Qué desperdicio.”
“¿Y qué tiene usted que lamentar? Ni que fuera a darle una oportunidad a alguien como usted.”
“¡Oye! ¿Acaso se lo preguntaste? ¡¿Se lo preguntaste tú, pedazo de desgraciado?!”
“Desde el momento en que subimos al helicóptero hasta una milésima de segundo antes de quedar calcinada, no le dedicó ni una mísera mirada, señor.”
“Hijo de perra...”
Bueno, al menos yo había cruzado miradas con ella en el pasillo, lo que convertía esto en una indiscutible victoria para mí.
Terminando de ensamblar las piezas de mi arma de fuego, inquirí:
“En resumen, eso significa que estaremos libres de obligaciones durante una buena temporada, ¿no es así?”
“Así es.”
Dejé escapar un suspiro de pesadumbre:
“Qué lástima...”
“¿Qué lástima?”
Walter me dirigió una mirada de genuina estupefacción y horror:
“... De verdad que nos ha tocado un puto lunático de primera categoría.”
Era la reacción que cabía esperar.
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Dos días más tarde, en horas de la tarde.
¡Uiiiiiiiiiiiiiing—!
\[Situación de emergencia. Situación de emergencia. El Pelotón 3 debe cambiarse de uniforme de inmediato y formarse en el pasillo. Se repite. El Pelotón 3 debe cambiarse de uniforme de inmediato y formarse en el pasillo.\]
Bajo el aullido histérico de la alarma roja, Walter y yo nos quedamos mirándonos fijamente en completo silencio.
“······.”
“······.”
Rompí el silencio:
“¿No decía que no tendríamos despliegues en una buena temporada?”
Walter pegó un brinco descomunal sobre el colchón:
“¡Mierda! ¡¿Qué carajos haces ahí parado?! ¡Ponte el uniforme de inmediato!”
Vaya, esto empezaba a sentirse como un auténtico déjà vu.
En cualquier caso, tras colocarnos los pertrechos de combate y descender al patio de armas con el mejor de los ánimos, lo que nos aguardaba sobre la pista no era otra cosa que el mismísimo helicóptero de transporte de la última vez.
Al verlo allí apostado, Walter balbuceó con incredulidad:
“No me jodas... Esto no puede ser real...”
“¡¡Pelotón 3!! ¡¡Aborden la aeronave a toda prisa!! ¡¡Rápido!!”
“¡Oiga, oficial! ¡¿No habrá algún maldito error en la orden?! ¡Solo somos dos personas!”
“¡¡Pelotón 3!! ¡¿Acaso no escuchaste la orden de embarque, imbécil?!”
“¡Maldita sea!”
Soltando una retahíla de improperios entre dientes, Walter subió a trompicones a la cabina y se dejó caer pesadamente en el asiento a mi lado.
Habiendo subido mucho antes que él, me abroché el cinturón de seguridad y comenté con tranquilidad:
“Ya sabe que ponerse a discutir con los guardias no sirve para nada, señor.”
“¡Me quejo porque esto es una soberana estupidez sin pies ni cabeza, carajo!”
“¿De qué se queja? A mí me parece fantástico.”
“¡Maldito enfermo mental! ¡¿Tienes algún tornillo zafado en la cabeza o qué te pasa?!”
“Mírelo por el lado positivo: tómelo como si fuéramos de excursión o de picnic al campo y disfrute del viaje.”
“¡Te juro que este mocoso me va a volver completamente loco!”
“¡¡Cierren la boca y dejen de parlotear!!”
El oficial apostado junto a la compuerta atrancó las ventanillas blindadas con un estruendo y nos lanzó un grito destemplado.
Mientras tanto, los rotores batieron el aire y el helicóptero inició el ascenso.
En pleno trayecto a toda velocidad hacia un destino desconocido, aquel mismo guardia escuálido que nos había instruido en la misión anterior se plantó frente a nosotros:
\[Las reglas de enfrentamiento son idénticas a las del despliegue anterior. Ninguno de los dos es un novato en esto, de modo que doy por sentado que entienden perfectamente el procedimiento.\]
Al escuchar la voz distorsionada por los comunicadores de los cascos, Walter dejó escapar un suspiro de frustración:
“¿De verdad no nos van a explicar qué demonios está ocurriendo?”
\[No hay gran misterio. Antes de ayer se produjeron múltiples bajas en el Pelotón 2. Simplemente decidimos rellenar los huecos vacantes recurriendo a los remanentes del Pelotón 3.\]
Vaya, no me esperaba semejante maniobra administrativa.
“Bastante eficientes con el presupuesto, ¿no?”
“¡Oiga, pero si jamás en la historia habían hecho algo semejante!”, protestó Walter.
Sin inmutarse, el guardia extendió la mano y dio un par de toques secos sobre el collar bomba que ceñía el cuello de mi compañero:
\[Y bien... ¿tienes alguna objeción que formular?\]
“······.”
\[En cuanto la aeronave tome tierra, se integrarán de inmediato a la disciplina del Pelotón 2 y procederán con el asalto.\]
Habiendo sellado los labios de Walter en una milésima de segundo, el oficial dio inicio al informe de combate:
\[El objetivo es un complejo comercial ubicado en el Sector 3. Una banda criminal ha tomado las instalaciones por la fuerza y se encuentra atrincherada en el interior. Su cometido es el habitual: penetren con celeridad, evalúen las condiciones tácticas del terreno y procedan con la neutralización. La operación concluirá en cuanto la banda que ocupa el edificio sea aniquilada en su totalidad.\]
“Qué extraño...”, masculló Walter entre dientes.
“¿Desplegar a una unidad penal de castigo para lidiar con una simple pandilla callejera?”
La función predilecta del Escuadrón 141 solía consistir en abrir cajas sorpresa de alta letalidad como conejillos de indias.
Daba la impresión de que los mandos se estaban guardando información crucial bajo la manga.
\[El punto de infiltración será la azotea del edificio comercial. Los planos estructurales han sido cargados en sus terminales tácticas.\]
\[¡Dos minutos para el aterrizaje!\]
\[Procederemos a la inspección de las cámaras corporales.\]
Tras verificar el correcto funcionamiento de las bodycams adosadas a nuestros uniformes, el oficial prosiguió con tono severo:
\[Como de costumbre, aquellos reclusos que demuestren un desempeño sobresaliente serán recompensados con reducciones especiales de condena. Les sugiero afrontar la misión con la debida entrega. Fin de la transmisión.\]
En ese instante, la voz metálica del piloto resonó a través de los auriculares:
\[¡Iniciando maniobra de aproximación!\]
\[¡Pelotón, prepárense para el desembarco!\]
\[¡Todos en pie!\]
En cuanto Walter y yo nos incorporamos de nuestros asientos, ¡bum!, un impacto sordo sacudió el fuselaje y las luces rojas de combate dieron paso a un destello verde esmeralda.
¡Klang! La escotilla trasera se abatió hacia el exterior. Al asomarme hacia la amplia azotea, descubrí a un contingente de reclusos fuertemente armados aguardando en posición: sin duda alguna, los efectivos del Pelotón 2.
\[¡¡Desembarco!! ¡¡Desembarco ya!!\]
Ante los apremios de los guardias, Walter y yo saltamos con presteza sobre el tejado.
Sin perder un solo segundo, el helicóptero elevó el vuelo y se marchó a toda potencia como si no tuviese el menor apego por lo que dejaba atrás.
Observando la estela de la nave, Walter negó con la cabeza:
“Huele a podrido por todas partes.”
“¿Acaso ha habido alguna vez en que las cosas no apesten en este basurero?”
Al girar el rostro, me topé con la figura de un coloso imponente que lucía una prótesis ocular cibernética en uno de sus ojos.
“Jackson.”
“Walter. Y a tu lado... ¡Ja! Así que tú eres el mentado novato de los rumores, ¿no es así?”
“¿Rumores?”
“Dicen por ahí que despachaste a un hechicero tú solito mientras el resto del Pelotón 3 mordía el polvo por completo.”
Lanzando una mirada burlona de soslayo hacia Walter, el gigante estalló en carcajadas:
“¡Porque estaba cantado que este vago inútil no sirvió para un carajo en el tiroteo! ¡¡Jajajajaja!!”
Al escuchar las mofas, varios integrantes del Pelotón 2 dejaron escapar risitas socarronas.
Walter soltó un resoplido de desdén:
“Hmph. Métanse en sus propios malditos asuntos.”
“¿Ustedes dos ya se conocían desde antes?”, pregunté con curiosidad.
“Por supuesto. Hasta hace poco formábamos parte del mismo pelotón.”
¿Del mismo pelotón?
“Puede que el novato aún no lo sepa, pero el mando del 141 acostumbra a mezclar y redistribuir a los pelotones con bastante frecuencia. Según esos cerdos policías, obedece a 'estrictas razones de seguridad y contrainsurgencia'.”
“Sabes perfectamente que las cámaras corporales están encendidas y grabando, ¿verdad, Jackson? Esos cerdos nos están escuchando ahora mismo.”
“¿Y qué mierda me importa? Si no les gusta lo que escuchan, ¡que me vuelen la cabeza si tienen los cojones bien puestos! ¡¡Jajajajaja!!”
Walter sofocó un suspiro de resignación:
“Será mejor que nos pongamos en marcha antes de que te tomen la palabra y nos revienten a todos.”
Esbozando una sonrisa lobuna, Jackson se plantó frente a la pesada puerta de acero que daba acceso al interior del edificio, la cual se encontraba herméticamente atrancada desde dentro.
“Bueno, veamos qué tenemos aquí.”
En esa fracción de segundo, el brazo derecho de Jackson comenzó a hincharse y dilatarse monstruosamente como si fuera un globo inflado a presión.
“¡¡Huuumpf!!”
¡¡KABOOOOOM!!
De un solo y descomunal puñetazo, la compuerta blindada de metal fue arrancada de cuajo de sus bisagras y salió disparada hacia el interior del pasillo.
“Vaya.”
Al presenciar semejante proeza de fuerza bruta, Walter se inclinó hacia mi oído y susurró en voz muy baja:
“Dicen que fue víctima de experimentos biológicos ilegales.”
“¿Experimentos biológicos?”
“Hablo de Jackson.”
Señaló con la mirada la masa muscular hipertrofiada de su extremidad:
“Al parecer, un grupo de alquimistas intentó modificarlo genéticamente para convertirlo en una quimera, pero el experimento quedó a medio camino por alguna razón.”
“Ya veo.”
Con razón las fibras musculares de su brazo podían expandirse y contraerse de una manera tan grotesca y antinatural.
En este bajo mundo te topabas con especímenes de las calañas más insólitas concebibles.
“¡Muy bien! ¡En marcha, hermanos míos!”
“¿Hermanos de quién, pedazo de imbécil?”
“Cierra la maldita boca de una vez, Jackson, antes de que te corte ese pescuezo tan gordo que tienes.”
Ante la gélida y hostil respuesta del resto de los presidiarios del Pelotón 2, el coloso esbozó una mueca de fastidio y chasqueó la lengua:
“Qué amargados son todos... Seguro es porque les da vergüenza demostrar afecto.”
Walter enarcó una ceja:
“¿A quién carajos pretendes engañar con esa excusa?”
“Ejem.”
Siguiendo las espaldas de Jackson, nos adentramos en el inmueble, envuelto en un silencio sepulcral que ponía los pelos de punta.
La escalera de servicio estaba sumida en una oscuridad opresiva, rota únicamente por el parpadeo lúgubre de una luz de emergencia carmesí anclada al techo.
Descendiendo a zancadas por los peldaños interminables, le pregunté al gigante:
“Oiga, señor Jackson... ¿y qué delito cometió usted para terminar reclutado en el Escuadrón 141?”
“¿Eh? ¿Yo?”
Acariciándose los abultados bíceps con un orgullo desbordante, Jackson proclamó con el pecho inflado:
“¡Pues verás, me quedé sin un centavo en los bolsillos y decidí asaltar un banco en el Estrato Superior!”
“Legendario.”
Jamás en mi vida había visto a alguien confesar un asalto a mano armada con semejante grado de vanagloria.
“Y durante el atraco, maté accidentalmente a un ciudadano legal. ¡Pero escucha con atención, muchacho! ¡Te juro que no tuve otra alternativa!”
Juntó las cejas con un gesto de profundo agravio:
“¡Yo no tenía la menor intención de cargarme a nadie, pero uno de los banqueros estaba escondido y de repente empezó a dispararme a quemarropa con una pistola! ¿Qué se suponía que hiciera yo en ese trance?”
“¿Eh? ¿Acaso eso no cuenta como legítima defensa?”
“¡¿A que sí?! ¡¿Verdad que fue en legítima defensa?! ¡Y sin embargo, esos bastardos me condenaron a cuarenta años de trabajos forzados solo por quebrar a un ciudadano! ¡Y eso teniendo en cuenta que el banquero tenía un arma de fuego y yo estaba completamente desarmado, con las manos desnudas! ¿No te parece una auténtica injusticia?”
Bueno, estaba claro que esas 'manos desnudas' suyas distaban leguas de ser las manos de un ser humano ordinario.
“Visto así, a usted también lo trajeron aquí de manera bastante injusta.”
“Y tú, novato... ¿por qué razón viniste a parar a este pozo de mierda? Te ves bastante joven todavía.”
“Yo me limité a matar al jefe de una mafia, pero dio la casualidad de que el tipo era un ciudadano con derechos plenos y por eso terminé aquí.”
“¿Al jefe de una mafia? No me digas que a... ¿Ronas Rollione?”
“¿Usted también lo conoce, señor?”
“¡Pues claro que lo conozco! ¡Carajo! ¡¿Quién se iba a imaginar que el mentado novato era el mismísimo Carnicero de la Mafia?! ¡Ya me parecía a mí que desde el primer momento en que te vi despedías un aura completamente distinta al resto! ¡¡Jajajajaja!!”
Por el amor de Dios...
¿Hasta qué extremos se había propagado mi fama en este lugar?
Justo en el instante en que me hacía esa pregunta, el convicto rapado con aspecto de skinhead que lideraba la marcha al frente de la formación se giró en redondo con violencia:
“¡¡Jackson, quieres cerrar la maldita jeta de una puta vez?!!”
Acto seguido, una reclusa armada que avanzaba tras de él murmuró con el entrecejo fruncido:
“Esto no me gusta un pelo. Hay algo muy raro aquí.”
“¿Raro?”, inquirió Walter mientras sus ojos se entrecerraban con desconfianza.
“Aparte de los rebuznos de este imbécil de Jackson, todo el edificio ha estado sumido en un silencio absoluto desde que pusimos un pie adentro.”
“Tiene razón.”
Amartillando su fusil de asalto, otro de los convictos asintió con gravedad:
“Debieron haberse enterado de nuestra llegada hace bastante tiempo.”
“Si ese es el caso, ¿no debería haber al menos algún tipo de resistencia o emboscada?”
“O tal vez salieron huyendo despavoridos en cuanto vieron caer el helicóptero. Los pandilleros callejeros son famosos por ser unas ratas traicioneras y cobardes.”
Fue en ese preciso instante.
“¡Un momento!”
El sujeto rapado que encabezaba la fila alzó la mano bruscamente, ordenando un alto inmediato.
Inclinándose con cautela sobre el rellano de las escaleras, inspeccionó la superficie del suelo con ojos desorbitados por el horror.
A través de las sombras de los peldaños, una serie de intrincados patrones negros se extendía en todas direcciones, reptando por el suelo como una espesa telaraña de pesadilla.
“¡¡Esto es...!!”
Girándose hacia nosotros con el rostro descompuesto por el pánico, bramó con todas sus fuerzas:
“¡¡Es una maldición!! ¡¡Todos apártense de inmediato!!”
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• Novela: El inmortal del escuadrón de prisioneros es malinterpretado (죄수 부대의 불사자는 착각당한다)
• Autor: Full Draw (풀드로우)
• Traducción: Inmensurable
🪖 \[Fin del reporte de misión — Escuadrón 141\]
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El inmortal del escuadrón de prisioneros es malinterpretado (Novela) Capítulo 7
Estás leyendo el capítulo 7 de El inmortal del escuadrón de prisioneros es malinterpretado (Novela), un novela. Tras perder a la mujer que cuidó de él en una traición atroz, Kyle consuma su venganza y es condenado al infame Escuadrón 141, una unidad militar penal con una tasa de supervivencia prácticamente nula. Al arrojarse sin… Este capítulo tiene publicado el 23 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El inmortal del escuadrón de prisioneros es malinterpretado (Novela) tiene 30 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.