Leer El inmortal del escuadrón de prisioneros es malinterpretado (Novela) Capítulo 4 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
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“¿Es el reemplazo del Pelotón 3?”
“¿Cuánto crees que durará?”
“Se ve bastante enclenque. ¿Tres días?”
“Yo le doy dos.”
“Mierda, ese desgraciado está mirando hacia acá.”
“¡Ustedes! ¡Apártense de la alambrada!”
En cuanto el oficial de guardia aporreó la alambrada del patio de armas para advertirles, los reclusos se dispersaron como si jamás hubiesen estado congregados allí.
“¡Dejen de parlotear estupideces!”
Todos ellos, sin excepción, llevaban algún vendaje en el cuerpo mientras barrían el suelo con escobas.
“Son los heridos.”
Joseph, que caminaba hacia el edificio de reclusión, comentó sacudiendo distraídamente la ceniza de su boquilla de tabaco:
“Si quedan lesionados, los ponemos a limpiar las instalaciones a modo de rehabilitación.”
“Es más humanitario de lo que esperaba.”
“Je.”
Ante mi comentario, que no llegaba a ser una broma, esbozó una risa de significado indescifrable.
Tras consultar la hora en su reloj de pulsera, Joseph abrió la puerta del bloque penitenciario y tomó la palabra:
“Mientras te guío hasta tu habitación, te explicaré un par de cosas indispensables que debes tener claras para sobrevivir en este lugar.”
“¿Cuáles son?”
“La primera es que, en principio, está estrictamente prohibido mantener conversaciones innecesarias con los reclusos de otros pelotones. Lo mismo se aplica a entrar en las habitaciones de otros internos.”
“Entendido.”
A todas luces, parecía una regla diseñada para prevenir cualquier tipo de coordinación o conspiración organizada entre los presos.
“Las luces se apagan a las veintidós horas en punto. Es muy probable que surjan misiones de despliegue en plena madrugada, de modo que lo más aconsejable es que te vayas a dormir lo antes posible. Las comidas se sirven a las siete, a las doce y a las diecisiete; comer es opcional, pero si no respetas los horarios te quedarás sin probar bocado, así que tenlo presente.”
Tal como había afirmado, el interior del penal estaba considerablemente más limpio de lo que cabía esperar.
Avanzando a lo largo de un pasillo blanco e impoluto, continuó hablando:
“En principio, siempre que no ocurra nada fuera de lo normal, tienes plena libertad de utilizar cualquiera de las instalaciones comunes asignadas a tu pelotón durante las horas de rutina. Con excepción del pase de lista reglamentario, nadie te molestará.”
“Eso suena bien.”
“El Pelotón 3 comparte la tercera planta del Bloque 2 de Confinamiento con el Pelotón 4. Las habitaciones son dobles. En tu caso particular, compartirás cuarto con tu mentor.”
“¿Incluso nos asignan un mentor?”
“Necesitarás la orientación de un veterano para aclimatarte cuanto antes.”
Tras sacar una tarjeta magnética de su bolsillo y desactivar la cerradura de seguridad, abrió una puerta que daba acceso a una modesta área de descanso.
Al alzar la vista, descubrí múltiples cámaras de vigilancia de circuito cerrado monitoreando cada rincón del recinto.
“La habitación que usarás está por aquí.”
En el pasillo que señaló se alineaban cuatro habitaciones contiguas, pegadas unas a otras.
Aproximándose a la que estaba más próxima a las escaleras, Joseph abrió la puerta.
“Walter.”
De inmediato, desde el fondo de la penumbra del cuarto, emergió una voz áspera y rasposa:
“¿Qué pasa?”
“Es el novato. Cuídalo bien.”
“¿Un novato?”
Al mirar hacia el interior, divisé a un hombre negro en ropa interior tendido sobre una litera, limitándose a alzar la cabeza con desgana.
Con ambos brazos reemplazados por completas prótesis mecánicas, examinó mi rostro durante unos segundos para luego soltar un resoplido cargado de burla.
“Mierda. Bienvenido a este maldito infierno, no-va-to.”
“El resto te lo explicará Walter. Nos vemos en el próximo despliegue, Kyle.”
Tras darme un par de palmadas en el hombro, Joseph le dedicó un gesto de complicidad al hombre llamado Walter, cerró la puerta y se marchó.
Chasqueando la lengua con fastidio, el hombre se incorporó de la cama, abrió el cajón del escritorio cercano y me arrojó una tarjeta magnética.
“Es tu tarjeta de recluso. Durante las horas de rutina, puedes usarla para acceder a cualquier instalación de este piso. Ya sea la sala de entrenamiento, las duchas o lo que carajos sea. Pero te está estrictamente prohibido salir de la tercera planta.”
Señaló con el dedo el collar bomba que también ceñía su propio cuello.
“Sin la autorización expresa de la policía, jamás.”
Daba a entender que, de dar un paso en falso, a uno le reventaría la cabeza al instante.
“Grábatelo a fuego. Esto no es un collar bomba cualquiera. Está diseñado para garantizar la muerte instantánea incluso de usuarios de habilidades de endurecimiento corporal, así que ándate con cuidado.”
Walter golpeó la chapa de un armario metálico empotrado en el muro.
“Y esta es tu taquilla personal.”
Al abrir la puerta del armario empotrado en la pared, hallé en su interior un uniforme de combate enteramente negro, un chaleco antibalas y un fusil de asalto tipo carabina.
“Pertenecían al tipo de antes, pero me encargué de limpiarlo todo a grandes rasgos. Cuando suene la alarma, sin importar lo que estés haciendo, te pones de pie, te vistes con esto y... ¿Manejas algún otro tipo de arma?”
“No. Ninguna en particular.”
“Era de esperar. Si la usaras, esos cerdos policías te la habrían dejado aquí. En fin, solo tienes que agarrar el fusil, los cargadores y correr a toda prisa hacia el patio de armas. Has disparado un arma antes, ¿verdad?”
“Eh... ¿las armas se quedan guardadas directamente aquí?”
“En el Gulag no te permitirían tener ni una mísera cuchilla de afeitar dentro de la celda. Pero aquí, ¿qué sentido tendría molestarse en quitártelas? Si quieres estirar la pata, las oportunidades te sobran a la vuelta de la esquina.”
En ese instante, su brazo mecánico se abrió repentinamente por el lateral.
Oculto en su interior no había otra cosa que un peculiar cañón de arma de fuego.
“Además, mi propio brazo es un arma letal. ¿Pretenderías que me desmonte los brazos cada vez que salgamos al despliegue?”
“Visto así, tiene sentido.”
“Bueno, si insistes en volarte la cabeza con tu propio fusil no seré yo quien te detenga, pero al menos no lo hagas en esta habitación. Es un fastidio tener que limpiar el desastre.”
“Por casualidad, el que ocupaba este puesto antes...”
Guardé silencio a media frase.
Me percaté de que yo mismo acababa de formular una pregunta estúpida.
Walter soltó una carcajada sarcástica.
“¿Por fin comienzas a darte cuenta? Te dejaste embaucar por la maldita labia de ese cabrón de Joseph. Apuesto a que te soltó el cuento de que bastaba con pudrirte aquí tres o cuatro años, ¿verdad? ¿Y que si aguantabas como un campeón te concederían la ciudadanía?”
Soltó una risa seca, como si encontrara el planteamiento absurdamente ridículo.
“¿Tres años? ¿Cuatro años? ¡Y una mierda! Maldita sea, si logras aguantar con vida aunque sea un mes ya puedes considerarte un afortunado. ¿Sabes algo? He perdido la cuenta de cuántos novatos han desfilado por esta misma habitación.”
Con un semblante que rayaba en la demencia, Walter me apuntó con el dedo y sentenció:
“Un infierno impoluto. Eso es exactamente el 141. Si tenías la mínima esperanza de sobrevivir un poco más, te aseguro que el Gulag habría sido cien veces mejor opción.”
“Un infierno impoluto... Vaya, usa expresiones bastante complejas. Oiga, señor, ¿de verdad es usted un criminal de los suburbios?”
“¿A quién llamas viejo, pedazo de imbécil? Mi miembro sigue tan activo y vigoroso como el de un chaval de veinte años.”
“Creo que nos llevaremos bastante bien, señor.”
“Menudo lunático me ha tocado. ¿Escuchas semejante advertencia y te quedas tan campante?”
Tomé asiento con naturalidad sobre la litera que parecía corresponder a mi plaza y le pregunté:
“Pero aun así, usted sigue vivito y coleando hasta el día de hoy, ¿no es así? ¿Tiene por casualidad algún truco o consejo para sobrevivir durante tanto tiempo?”
“¿Trucos? ¡Y un carajo! He sobrevivido por pura y maldita suerte, nada más.”
“No creo que la suerte sea algo que se prolongue de manera tan consecutiva.”
Intenté seguir tirándole de la lengua para sacarle información útil, pero Walter se limitó a chasquear la lengua con indiferencia.
“¿Y a ti qué mierda te importa?”
Dicho esto, se tumbó de nuevo en la litera, guardó silencio unos instantes y luego añadió:
“Como último consejo: no te molestes en intentar hacerte amigo de los miembros de tu pelotón.”
“¿Por qué?”
“¿Hace falta que te lo explique, idiota? La gran mayoría acabará criando malvas antes de que pase un mes. ¿Para qué molestarse en forjar lazos con ellos? Así que tú tampoco me dirijas más la palabra. No tengo la menor afición por recordar los nombres de tipos que están a punto de reventar.”
“Por cierto, ¿qué delito cometió usted para terminar en un sitio como este?”
Walter me dedicó una mirada de incredulidad absoluta.
“¿Acaso me has estado escuchando una sola palabra...?”
“A modo de dato, yo maté al cabecilla de una mafia, pero dio la casualidad de que el tipo era un ciudadano con derechos plenos y por eso terminé aquí.”
“¿Al jefe de una mafia?”
Frunció el ceño con extrañeza y, de repente, se giró hacia mí con los ojos desorbitados por el asombro.
“¿No me digas que a Ronas Rollione?”
“Ah, ¿lo conoce?”
“¡Carajo! ¡Quién iba a imaginar que el Carnicero de la Mafia del que hablaban los periódicos era semejante mocoso!”
¿El Carnicero de la Mafia?
¿Qué diablos significaba ese apodo tan estrafalario?
Walter comenzó a contemplarme con un destello de genuina curiosidad en la mirada.
“¿De verdad fuiste liquidando a cuanto mafioso se te cruzó por delante sin pestañear?”
“... ¿Cómo dice?”
Me daba la impresión de que los rumores se habían distorsionado enormemente por el camino.
Fue justo en ese instante.
¡Uiiiiiiiiiiiiiing—!
\[Situación de emergencia. Situación de emergencia. Pelotón 3 y Pelotón 4, cámbiense de indumentaria de inmediato y fórmense en el pasillo. Se repite. Pelotón 3 y Pelotón 4, cámbiense de indumentaria de inmediato y fórmense en el pasillo.\]
Bajo el repentino baño de luz carmesí que tiñó la habitación, Walter se puso en pie soltando una maldición entre dientes.
“¡Mierda! ¿Qué carajos esperas? ¡Ponte el uniforme de inmediato!”
“¡...!”
Casi al unísono, las voces de los oficiales resonaron estrepitosamente desde el exterior:
“¡¡Pelotón 3!! ¡¡Pelotón 3, formación!!”
Salté de la litera con presteza, me despojé del mono de recluso y me enfundé el uniforme táctico de operaciones.
En cuanto terminé de ajustarme el equipo de combate a toda velocidad, y como si hubiera estado esperando ese momento exacto, la puerta de la celda se deslizó hacia un lado tras emitir un pitido de confirmación.
“Acabas de llegar hoy mismo... Sí que tienes una suerte de perros.”
“Jaja, parece que sí.”
Walter, atónito ante mi calmada indiferencia, salió de la estancia en primer lugar.
Al seguir sus pasos y salir al pasillo, pude ver a los demás reclusos alineados en perfecta fila india.
Haciendo honor a su condición de criminales que habían dejado una huella sanguinaria en la sociedad, conformaban un desfile de individuos sumamente pintorescos y siniestros.
En particular, parada justo a mi espalda, se encontraba una belleza rubia de gran estatura que empuñaba una larga espada de combate.
Al cruzarse nuestras miradas, la saludé con total serenidad:
“Hola, ¿qué tal?”
La respuesta fue una mirada gélida que me escaneaba como si estuviera contemplando al lunático más desquiciado sobre la faz de la tierra.
Debo admitir que eso dolió un poco.
“¡Todos sigan a este oficial y mantengan el paso! ¡Rápido!”
“¡Muévanse! ¡Deprisa!”
En medio del ensordecedor aullido de las alarmas, ¡bam!, la pesada compuerta de seguridad de la tercera planta se abrió de par en par.
Descendí las escaleras a zancadas veloces siguiendo los talones de los guardias.
Al irrumpir en el patio de armas, divisé dos helicópteros de transporte militar ya preparados sobre la pista, con el ensordecedor rugido de sus hélices batiendo el aire con furia.
Un oficial apostado al frente, agitando una vara luminosa de color naranja, vociferó a través de su radio:
“¡¡Abran las compuertas!!”
¡Klang! La escotilla trasera de las aeronaves descendió con estrépito.
“¡¡Pelotón 3!! ¡¡Todos a bordo del helicóptero de inmediato!!”
“¡Si no quieren que les estalle el pescuezo, muévanse de una puta vez!”
“¡Muévanse, pedazos de escoria!”
Tras verificar el recuento del personal que abordaba a toda prisa, el oficial a cargo transmitió su informe:
“¡Pelotón 3, embarque completado!”
\[¡Pelotón 4, embarque completado!\]
Acto seguido, un contingente de policías fuertemente armados subió a la cabina y cerró herméticamente los ventanales blindados.
“¡Queda terminantemente prohibido mirar hacia el exterior durante el traslado! Si alguno siente la tentación de infringir la orden, ¡que le pregunte a la bomba que lleva colgada del cuello qué le espera!”
“Malditos bastardos...”
Walter, sentado a mi lado, masculló una maldición por lo bajo mientras se abrochaba el cinturón de seguridad.
“¡Despegue autorizado!”
\[Recibido. Iniciando ascenso.\]
En ese instante, el helicóptero de transporte comenzó a elevarse en el aire.
¡Traqueteo! Junto a una fuerte sacudida de la nave, una luz roja de combate se encendió en el compartimento de tropa.
Al desviar la mirada, descubrí a un hombre de aspecto feroz, con el rostro cruzado por grotescas cicatrices, abriendo y cerrando los puños con evidente nerviosismo.
Al cruzarse nuestros ojos, me enseñó los dientes en un gesto agresivo y amenazante:
“¿Qué mierda miras, bastardo? Te voy a arrancar los ojos de cuajo si sigues mirándome.”
“······.”
Sin duda alguna, ahora comprendía a la perfección por qué habían elegido a Walter como mi mentor.
Daba la impresión de que, en comparación con semejantes salvajes, él era prácticamente una figura venerable de santa virtud.
'Tengo que portarme bien con el viejo.'
Parece bastante solitario, así que procuraré darle conversación a menudo.
En medio de mis reflexiones, los fragmentos entrecortados de las transmisiones policiales alcanzaron mis oídos a través de la radiofrecuencia:
\[... ciudad. En Henzairo... se produjo una detonación. Los sospechosos...\]
\[Aseguren el perímetro... Que no escape... ni una sola hormiga...\]
'¿Henzairo? ¿Se refieren al Complejo Industrial Henzairo?'
Lo recordaba como una planta de producción farmacéutica adquirida tiempo atrás por Kepler, una influyente megacorporación.
Aunque el Distrito Especial 8 era indudablemente una zona de alta criminalidad, eso no significaba que estuviera exento de actividad corporativa formal.
Al contrario: una cantidad sorprendente de empresas operaban y hacían negocios dentro de sus fronteras.
La práctica ausencia de regulaciones por parte del ayuntamiento central, la abundancia de mano de obra clandestina fácil de explotar a precios irrisorios y la explosiva demanda generada por la densa población del Distrito 8 constituían motivos de peso más que suficientes para invertir, aun asumiendo el riesgo inherente a una zona marginal.
'Sin embargo, una empresa de ese calibre debería contar con su propio equipo de seguridad corporativa.'
Que hubiesen recurrido a las fuerzas policiales evidenciaba que la situación se había descontrolado a niveles monumentales.
En ese momento, la voz del oficial a cargo retumbó a través de los comunicadores integrados en nuestros cascos de combate:
\[Llegaremos a la zona de operaciones en breves instantes.\]
Al alzar la vista, vi a un oficial escuálido apostado en la parte trasera del helicóptero toser levemente antes de proseguir:
\[A continuación, expondré brevemente las reglas de enfrentamiento.\]
Alzó el dedo índice para enfatizar sus palabras.
\[Primero: se autoriza el uso de fuerza letal preventiva contra cualquier amenaza potencial una vez hayan ingresado al objetivo. Segundo: en caso de entrar en contacto con civiles desarmados, su prioridad absoluta será verificar de inmediato si poseen la condición de ciudadanos legales. Si confirman que se trata de un ciudadano, reporten de inmediato y prioricen su protección por encima de todo.\]
Dicho en otras palabras: si el individuo no gozaba de ciudadanía legal, poco importaba si lo dejaban con vida o lo liquidaban en el acto. O al menos esa fue la conclusión lógica que extraje de sus palabras.
\[¿Alguna duda al respecto?\]
Al ver que los reclusos negaban en silencio con la cabeza, el oficial prosiguió con las instrucciones:
\[El objetivo es una planta de manufactura situada en la avenida Henzairo. Hemos transmitido los planos arquitectónicos a las terminales de sus trajes tácticos, revísenlos con atención. El punto de infiltración será la Puerta B, ubicada en el flanco oriental. No disponemos de información fidedigna sobre la situación en el interior.\]
Walter exhaló un suspiro cargado de pesadumbre y tensión contenida.
\[A juzgar por las detonaciones reportadas, se presume que el objetivo principal de los sospechosos es una operación de sabotaje industrial. Tras la penetración inicial, concéntrense en evaluar rápidamente las condiciones del terreno.\]
\[¡Dos minutos para el aterrizaje!\]
\[Atención todo el pelotón, procederemos a la inspección de las cámaras corporales.\]
De inmediato, los oficiales se aproximaron para verificar con celeridad las bodycams adosadas a los chalecos tácticos de cada convicto.
\[Como bien saben, aquellos reclusos que se distingan con méritos notables durante esta operación recibirán una conmutación especial de su condena. Les sugiero abordar el despliegue con la debida motivación. Fin de la transmisión.\]
En medio del tenso ambiente, la voz del piloto resonó con fuerza en el intercomunicador:
\[¡Tomando tierra!\]
\[¡Pelotón, prepárense para el desembarco!\]
\[¡Todos en pie!\]
Al unísono, los reclusos que ocupaban la cabina se pusieron de pie.
Un instante después, ¡bum!, el helicóptero tocó suelo con un impacto seco mientras las luces de combate del interior cambiaban a un destello verde esmeralda.
\[¡Desembarco! ¡Desembarco ya!\]
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• Novela: El inmortal del escuadrón de prisioneros es malinterpretado (죄수 부대의 불사자는 착각당한다)
• Autor: Full Draw (풀드로우)
• Traducción: Inmensurable
🪖 \[Fin del reporte de misión — Escuadrón 141\]
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Estás leyendo el capítulo 4 de El inmortal del escuadrón de prisioneros es malinterpretado (Novela), un novela. Tras perder a la mujer que cuidó de él en una traición atroz, Kyle consuma su venganza y es condenado al infame Escuadrón 141, una unidad militar penal con una tasa de supervivencia prácticamente nula. Al arrojarse sin… Este capítulo tiene publicado el 22 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El inmortal del escuadrón de prisioneros es malinterpretado (Novela) tiene 30 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.