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Leer El inmortal del escuadrón de prisioneros es malinterpretado (Novela) Capítulo 3 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
\* Plan de Desarrollo del Distrito Administrativo Especial 8. Hacía más de un siglo, impulsado por un ambicioso proyecto de expansión urbana promovido por el ayuntamiento, se puso en marcha un macroproyecto de proporciones astronómicas que terminó encallando de forma estrepitosa a raíz del colapso de la burbuja inmobiliaria de aquel entonces. Sometido a una recesión infernal tras semejante fracaso catastrófico, el ayuntamiento de Dun City optó por desentenderse y retirar por completo los pies del Distrito 8. En poco tiempo, forasteros de la peor calaña y criminales atraídos por las deslumbrantes luces de Dun City comenzaron a asentarse en esta ciudad abandonada. Por descontado, mafias, bandas callejeras y fugitivos de la justicia fueron los primeros en llegar. A ellos se sumaron subespecies marginadas y despreciadas por el resto del mundo, tales como hombres lobo, demonios, vampiros, gigantes y enanos. E incluso aberraciones de ultratumba como muertos vivientes, fanáticos demoníacos, practicantes de maldiciones, psíquicos y hechiceros invocadores; toda clase de especímenes se congregaron en masa en el Distrito 8. Resultaba irónico, pero en una era donde la dictadura, la vigilancia omnipresente y el control férreo eran la norma, un estercolero como el Distrito 8 era precisamente el lugar donde se respiraba la mayor libertad. Como consecuencia de ello, el Distrito 8 se hizo famoso de la noche a la mañana como una urbe donde cualquiera con suficiente destreza podía amasar una fortuna por la fuerza. Y esa ilusión atrajo a una cantidad aún mayor de personas hacia sus fauces. Sin embargo, pese a todo, este Distrito 8 no dejaba de ser un suburbio marginal claramente segregado de los demás distritos administrativos: la sombra oculta de Dun City. Hacía mucho que Dun City había aislado al Distrito 8 del resto de las demarcaciones, tratándolo como un pasado bochornoso que preferían no recordar. Un exhaustivo control de los medios de comunicación a lo largo de décadas se encargó de borrar de la mente colectiva el monumental fracaso bautizado como Distrito 8. Lo que ocurría dentro de sus límites jamás salía al exterior ni salpicaba a los otros distritos. Por esa misma razón, la política del Departamento de Policía del Distrito 8 era sumamente simple. Al fin y al cabo, era una ciudad abandonada. Un barrio de escoria donde si parabas al azar a cualquier idiota que caminara por la calle y lo registrabas, nueve de cada diez resultaban ser residentes ilegales. ¿Qué motivo tendría la policía de la ciudad para molestarse en proteger la vida o el patrimonio de quienes ni siquiera gozaban de la condición de ciudadanos? Por ende, al departamento de policía le importaba un rábano lo que sucediera en el Distrito 8. Su única preocupación se reducía, única y exclusivamente, al estrato superior de la zona, donde residían los ilustres y distinguidos 'ciudadanos'. “Sin embargo, la situación dio un giro radical hace poco tiempo.” Aquel hombre, que se había presentado como el líder de equipo Joseph, comentó sosteniendo un cigarrillo entre los labios: “En las afueras del Distrito Especial 8 se descubrió un yacimiento masivo de piedra mágica que alcanza la friolera de veintiséis millones de toneladas.” La piedra mágica era un mineral precioso similar a las tierras raras, pero incomparablemente más sencillo de procesar. Y por encima de todo, constituía el material indispensable para fabricar los implantes, aquellas máquinas de aumento cibernético que se insertaban en el cuerpo humano. A raíz de semejante hallazgo, el ayuntamiento central de Dun City volvió a poner en marcha el Plan de Desarrollo del Distrito 8 que yacía olvidado desde hacía más de un siglo. “Y gracias a eso, nos cayó encima la orden de estabilizar 'hasta cierto punto' el orden público en el Distrito 8.” Joseph exhaló una densa bocanada de humo con una mueca de amargura. Si habláramos del estrato superior del Distrito 8, donde aún se podía ejercer cierto control, la cosa sería distinta. Pero la mayor parte de esta ciudad hacía tiempo que había mutado en un nido de delincuencia desatada y en una auténtica guarida demoníaca. Un laberinto moderno erigido y expandido sin control, pisoteando cualquier normativa de construcción. E incluso en las profundidades del estrato inferior, un territorio maldito donde monstruos inimaginables y aberraciones campaban a sus anchas reclamando su propia autonomía. Un vertedero sin parangón donde la cifra oficial de homicidios reportados al año superaba con creces los doce mil casos, aun sin contar todo lo que se pudría en las sombras. Eso era el Distrito Administrativo Especial 8. “Pedirnos que 'estabilicemos' el orden público en semejante pocilga con el fin de explotar una mina con tranquilidad... Cuanto más lo escuchas, más descabellada te parece la exigencia, ¿verdad?” Decían 'estabilizar el orden público', pero en la práctica equivalía a someter una porción del Distrito 8 bajo el control absoluto de las fuerzas de seguridad de Dun City. Ante sus palabras, dejé escapar un leve murmullo reflexivo: “¿Entonces no bastaría con desplegar al ejército?” Al fin y al cabo, ¿no se solucionaría todo arrasando la zona con tanques de guerra? Ante mi sugerencia, el comisario Joseph curvó las comisuras de los labios con un gesto divertido: “Por supuesto que esa sería una alternativa viable. Pero por desgracia, las relaciones entre Dun City y las naciones vecinas son cualquier cosa menos amistosas.” Daba la impresión de que no podía revelar los pormenores de la situación fronteriza, pero lo que quedaba meridianamente claro era que no contaban con margen de maniobra para movilizar tropas militares. “Aun así, de alguna manera tienen que explotar la piedra mágica, mientras que con el personal policial actual resulta casi imposible no ya controlar el Distrito 8, sino incluso asegurar el perímetro del yacimiento...” Joseph se dio unos golpecitos en la sien con el dedo. “Por eso a los peces gordos de arriba se les ocurrió una idea brillante.” Para limpiar la basura, ¿qué mejor que utilizar a la propia basura? 'Ya veo...' Mi vista se posó en el expediente donde rezaba la inscripción: 'Unidad de Estabilización del Orden Público 141'. “Es una especie de batallón penal, ¿cierto?” “Bueno, se podría definir de ese modo.” Joseph no lo negó en absoluto. “Pero aun así, ¿no es infinitamente mejor esto que pudrirte en el Gulag? Al menos aquí te darán buena comida, una cama decente y gozarás de mucha más libertad. Además, podrás sacarle provecho a tus talentos especiales. ¿Acaso no es una ganga?” Ciertamente, si uno se quedaba solo con esas palabras, sonaba como una oferta bastante tentadora. 'Pero ¿por qué motivo se molestarían en darme buena comida y una cama decente?' Cualquiera podría pensar ingenuamente que se trataba simplemente de salir a partirse la cara con otros delincuentes, pero mi deducción iba por otro lado. Dudaba mucho de que recurrieran a una unidad penal para situaciones ordinarias. 'Seguramente nos arrojarán solo a los despliegues más brutales e irregulares.' Escenarios excesivamente peligrosos donde meter a policías convencionales supondría un coste inaceptable de bajas. Hacía mucho tiempo. En alguna ocasión escuché a mi hermana hablar sobre los horrores espeluznantes que acechaban ocultos en el Distrito 8. Sin necesidad de descender al estrato inferior, toda suerte de amenazas letales pululaban por esta urbe. Sin ir más lejos, en los desagües subterráneos merodeaban quimeras caníbales a plena luz del día. Para la policía, enviar agentes a ciertos lugares debía de ser como abrir una caja sorpresa sin saber qué monstruosidad iba a saltarles al cuello. Y pretender suprimir cada uno de esos focos por la vía legal terminaría devorando a todo su personal. 'Pero ¿y si utilizan a gente cuya vida les importe un comino?' ¿Y si obligan a esos parias desechables a abrir la peligrosa caja sorpresa en su lugar? ... Por supuesto, a mí todo aquello me traía sin cuidado. 'De todos modos yo no puedo morir, y además...' Si la cosa se ponía fea, siempre me quedaría la opción de fingir mi muerte y fugarme. Para controlar a un escuadrón de convictos, lo máximo que podían hacer era implantar una bomba en el cuerpo. Ya había experimentado lo que era volar por los aires una vez; no había motivo para que no pudiera estallar una segunda vez. Interpretando mi silencio a su manera, Joseph se apresuró a añadir: “Tan solo cuatro años. En lugar de cuarenta, solo tendrás que cumplir cuatro años de servicio sustitutorio y serás un hombre libre. No solo eso: aquellos que destaquen en las operaciones recibirán indultos especiales y múltiples beneficios. Y si cumples tu condena satisfactoriamente y lo deseas, se te otorgará la ciudadanía legal.” Ante esa última promesa, no pude evitar estremecerme ligeramente. “... ¿La ciudadanía?” “Sí, la ciudadanía con plenos derechos.” Al escuchar aquello, lo tuve claro. La ciudadanía no era algo que se concediera con facilidad. Y el hecho de que pusieran la ciudadanía sobre la mesa con tanta ligereza significaba... 'Que las probabilidades de salir con vida de allí son prácticamente nulas.' Sin embargo, al mismo tiempo me asaltó otro pensamiento: 'Pero si se trata de mí... ¿no estoy en condiciones de conseguirla de sobra?' Para alguien como yo, incapaz de morir, aguantar un puñado de años en cualquier circunstancia no debería suponer un reto insuperable. Y por encima de todo, aquellas palabras provenían de boca de un oficial de policía con galones. Sin duda tendrían mucho más peso que las promesas vacías que aquel charlatán de Ronas Rollione escupía para salvar el pellejo. En medio de esas reflexiones, de pronto el rostro de mi difunta hermana me cruzó fugazmente por la memoria. — Yo... preferiría que vivieras una vida más normal. “...” Y con la ciudadanía en mano, sería posible llevar una vida normal. Incluso podría asistir a la escuela. “¿De verdad me la otorgarán?” “¿Eh? Ah, ¿la ciudadanía?” Tras aplastar la colilla del cigarrillo en el cenicero, Joseph asintió con la cabeza: “Por supuesto.” “¿Lo jura por lo que más quiera?” “... No sé qué pretendes que empeñe, pero te doy mi palabra de honor empeñando mi propia placa de policía.” En ese caso, no tenía ningún motivo para rechazar la propuesta. “Está bien. Acepto el trato.” 'Si veo que el asunto no me convence, siempre podré darme a la fuga y listo.' Sin percatarse de mis verdaderas intenciones, la boca de Joseph se curvó en una sonrisa de satisfacción: “Me gusta la gente con determinación.” Extrajo el contrato y un bolígrafo del sobre amarillo mientras decía: “Entonces permíteme presentarme formalmente. Soy el comisario Joseph Howard. Líder del equipo Alfa de las Fuerzas Especiales del Departamento de Policía del Distrito 8, y a la vez ejerzo como comandante al mando de la Unidad de Estabilización del Orden Público 141.” Conque era el mismísimo comandante de la unidad. Confirmando mis sospechas, abrí la boca: “Soy Kyle Clarke.” “Bien, cuento contigo de ahora en adelante, Kyle.” En el preciso instante en que tomé el bolígrafo y estampé mi firma en el documento... Un nuevo mensaje que jamás había visto flotó ante mis ojos. \[Completa el servicio sustitutorio en la Unidad de Estabilización del Orden Público 141.\] \[Recompensa: Ciudadanía de residencia en Dun City y (Censurado)\] '¿Y esto qué demonios es ahora?' Un enunciado idéntico al de las misiones de un videojuego. Tras el mensaje de que el tutorial había finalizado, era la primera notificación que presenciaba. Pasado el sobresalto inicial, no pude evitar fruncir el ceño. 'El apartado de recompensas tiene algo raro.' La parte de la ciudadanía se leía con total claridad. Sin embargo... '¿Censurado?' ¿Qué significaba eso de censurado? En cualquier caso, tenía la firme sensación de que, a raíz de los incidentes de estos últimos días, algo importante se había puesto en marcha. Entre el repentino cambio del mensaje del tutorial y ahora la aparición de una misión. En medio de aquel desconcierto donde nada terminaba de encajar, la voz del comisario Joseph me sacó bruscamente de mis cavilaciones: “Bueno, como no tenemos tiempo que perder, nos moveremos de inmediato.” En cuanto agitó una mano hacia la cámara de seguridad, ¡clic!, la puerta se abrió de par en par y dos agentes de complexión hercúlea entraron a la sala. Joseph me dedicó una sonrisa socarrona: “Nos vemos en un rato.” “¿Qué...?” En ese instante, los agentes me encasquetaron un saco de tela oscura en la cabeza. Al mismo tiempo, un pinchazo agudo me atravesó el cuello. Con el cuerpo completamente laxo, caí sumido en un profundo sueño. \* ¡Trastabillé al despertar sacudido por una violenta vibración! Una ráfaga de viento helado y el ensordecedor batir de las aspas de un helicóptero me azotaron los oídos. Al alzar la vista, escuché una voz conocida muy cerca de mí: “¡Ah, por fin despiertas!” “Este lugar es...” “¡Disculpa, pero estamos a bordo de un helicóptero de transporte! ¡Apenas se te escucha!” “¡¿Dónde demonios estamos?!” “¡¿Dónde va a ser?! ¡De camino a la base del 141!” ¿Volando en helicóptero? Alguien me colocó unos auriculares en la cabeza y, al instante, la voz de Joseph comenzó a llegarme con total nitidez. \[La ubicación del destacamento es materia clasificada. De ahora en adelante, cada vez que nos desplacelemos te cubriremos los ojos o te impediremos ver el exterior. No habrá excepciones, ni para salir a una misión ni para regresar a la base.\] “¿Por miedo a que alguien escape?” \[Bueno, ya te lo imaginarás, pero casi todos los que acaban en el 141 son criminales de extrema gravedad. Nunca se sabe por dónde van a salir, y muchos conservan organizaciones o compinches en el exterior. Así que esto no es más que una medida de prevención ante cualquier imprevisto.\] Solo entonces caí en la cuenta de que me habían ajustado algo extraño alrededor del cuello. Tenía la textura fría de una banda metálica. Al ver que me la tocaba, el comisario Joseph me sujetó del brazo para detenerme: \[Si aprecias tu pescuezo, te sugiero que no tires de eso.\] “... ¿Es una bomba?” \[Agradecería que lo entendieras como una medida inevitable. Si no recurrimos a esto, la inmensa mayoría de ustedes se negaría a obedecer órdenes.\] No me causó mayor sorpresa. A grandes rasgos, ya me imaginaba que recurrirían a algo semejante. Al fin y al cabo, era un recurso habitual en las películas. \[Aguanta un poco aunque te resulte sofocante. Estamos a punto de aterrizar.\] Tal como advirtió, sentí en el estómago cómo el aparato comenzaba a perder altitud. Poco después, la nave tomó tierra con un golpe sordo. “¡Firmes! ¿Es este el interno número 43471?” “Interno 43471 Kyle Clarke, nuevo integrante destinado al Bloque 2 de Confinamiento, 3.er Pelotón.” “¡Entendido, verificado!” Guiado por la fuerza de los brazos que me sujetaban, descendí del helicóptero y, al instante, alguien me retiró la capucha de tela de la cabeza. ¡Un destello hiriente de luz solar me abrasó los ojos! Joseph extendió un brazo hacia adelante y proclamó: “Bienvenido a la Unidad 141.” “Vaya...” Lo primero que captaron mis pupilas fueron unas imponentes alambradas de más de dos metros de altura y un formidable muro perimetral de hormigón. Al desviar la mirada, divisé las instalaciones del centro penitenciario alzándose solitarias en medio de un páramo desértico y estéril. Un panorama desolador que parecía haber reciclado un complejo industrial abandonado hacía décadas. A juzgar por aquel paisaje, uno sentía como si hubiera sido arrojado directamente al corazón de un apocalipsis. “¿Qué tal? ¿A que está mucho mejor de lo que esperabas?” Encendiendo con destreza un cigarrillo pese al vendaval provocado por las hélices, Joseph señaló hacia el penal: “... Comparado con el Gulag, desde luego que sí.” “El exterior tendrá ese aspecto tétrico, pero por dentro las instalaciones son bastante limpias y no están nada mal.” Seguí a Joseph mientras inspeccionaba con naturalidad todo a mi alrededor. Estaba claro que nos encontrábamos fuera de los límites de la ciudad, pero debido a los colosales muros exteriores resultaba imposible distinguir en qué dirección quedaba la metrópoli. 'Qué meticulosos son.' Con la repentina llegada del helicóptero escoltado por agentes armados, sentí sobre mí las miradas de varios reclusos que se encontraban en el patio de armas. Todos y cada uno de ellos exhibían rostros cargados de mofa y un amargo derrotismo. Alguien entre ellos murmuró con sorna: “Vaya, vaya... Parece que ha llegado otro cordero para el matadero.” \----- • Novela: El inmortal del escuadrón de prisioneros es malinterpretado (죄수 부대의 불사자는 착각당한다) • Autor: Full Draw (풀드로우) • Traducción: Inmensurable 🪖 \[Fin del reporte de misión — Escuadrón 141\] ⚔️ ¿Logró sobrevivir soldado a este despliegue? ¡Deja tu comentario y reacción para respaldar el proyecto y acelerar el siguiente informe de combate! ✨
El inmortal del escuadrón de prisioneros es malinterpretado (Novela)

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El inmortal del escuadrón de prisioneros es malinterpretado (Novela) Capítulo 3

Estás leyendo el capítulo 3 de El inmortal del escuadrón de prisioneros es malinterpretado (Novela), un novela. Tras perder a la mujer que cuidó de él en una traición atroz, Kyle consuma su venganza y es condenado al infame Escuadrón 141, una unidad militar penal con una tasa de supervivencia prácticamente nula. Al arrojarse sin… Este capítulo tiene publicado el 22 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El inmortal del escuadrón de prisioneros es malinterpretado (Novela) tiene 30 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.