Leer El inmortal del escuadrón de prisioneros es malinterpretado (Novela) Capítulo 2 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Hacía una semana, el anciano de nariz aguileña que se dedicaba a la intermediación me había dicho:
‘Si llevan un tatuaje de escorpión, se trata de la Familia Rollione. Hace poco contrataron a varios hackers para un asunto relacionado con el hackeo de una megacorporación. Tu hermana estaba entre ellos.’
Sacó una pipa de su tabaquera y se la llevó a los labios.
Ante sus palabras, le pregunté al anciano:
‘Entonces no tiene sentido. Si la Familia Rollione fue la que los contrató, ¿por qué motivo...?’
‘Pues para cortar la cola, por supuesto.’
¡Clac! Sonó el encendedor y una columna de humo de tabaco se elevó en el aire.
‘El encargo salió a pedir de boca, pero parece que querían ocultar a toda costa el hecho mismo de haber hackeado a una megacorporación. O tal vez consideraron que no podían fiarse de un puñado de hackers independientes... Tras indagar un poco, descubrí que ayer, aparte de tu hermana, todos los demás hackers que aceptaron ese trabajo fueron asesinados o desaparecieron.’
El viejo me echó una mirada de reojo y añadió:
‘No me mires con esos ojos, mocoso. En este bajo mundo, cosas como esta ocurren todos los días.’
Vaya porquería de mundo.
“...”
Dejé atrás la puerta de entrada, que había quedado literalmente hecha añicos.
Ni los sistemas de seguridad blindados ni las recias estructuras de hormigón y acero tenían el menor significado frente a una cantidad tan descomunal de explosivos que casi me costaba moverme por el calor sofocante que desprendían.
Por supuesto, mi propio cuerpo también había saltado en pedazos con la detonación, pero eso me traía sin cuidado.
Incluso si eso ocurría, que yo no moriría era una premisa más que demostrada durante el transcurso de la última semana.
Inmortalidad.
A todas luces, parecía ser la única 'habilidad' que se me había otorgado en este mundo.
Mientras recogía la ropa y las armas que había dejado preparadas de antemano en las inmediaciones antes de inmolarme, divisé a varios hombres trajeados que bajaban despavoridos al piso inferior.
“¡¿Q-qué demonios ha pasado?!”
“¡Por la mierda, qué clase de bas...!”
Antes de que pudieran terminar la frase, los mafiosos se desplomaron esparciendo sangre por doquier.
Sencillamente porque abrí fuego contra todo lo que se cruzaba en mi campo de visión.
“¡Maldición...!”
“¡Nos atacan...! ¡Gugh!”
Apreté el gatillo de la ametralladora sin un ápice de piedad contra los que intentaban retroceder a toda prisa.
En medio de la lluvia de balas, el contrataque que desataron me perforó el cuerpo sin miramientos.
A consecuencia de los impactos, mi hombro derecho salió volando, pero ni siquiera me inmuté.
Sabía de sobra que, en cuanto muriera y volviera a la vida, se restauraría por completo.
Sin titubear, desenfundé la pistola que llevaba a la cintura, me la pegué a la cabeza y apreté el gatillo.
¡Bang—!
Junto al estampido del disparo, mi brazo derecho se regeneró en ese mismo instante.
“¡¿Q-qué mierda es esto...?!”
“¡S-su brazo!”
Frente a aquel espectáculo tan inverosímil, se olvidaron incluso de responder al fuego. Les apunté con serenidad y volví a apretar el gatillo.
¡Ratatatatata—!
Y lo sentí con total claridad.
Cuanto más moría, más indiferente me volvía ante el dolor.
Durante la semana transcurrida tras mi primera muerte, no me había dedicado únicamente a preparar la venganza.
A lo que más tiempo le invertí fue, nada más y nada menos, que a comprender a fondo mi habilidad de inmortalidad.
Dicho sin rodeos, significaba que me había dedicado a morir para poner a prueba mi propia capacidad.
Como resultado, pude averiguar varias certezas.
Una de ellas era que, en el instante preciso de resucitar, cualquier herida previa a la muerte quedaba restablecida a su estado original como si jamás hubiera existido.
Y la otra era que, con cada muerte, el dolor y el terror que conllevaba se embotaban a un ritmo aterrador.
Y un ser humano que no muere y sigue avanzando sin detenerse jamás... constituye, por su mera existencia, el terror absoluto.
“¡P-piedad...!”
Le disparé a las piernas del mafioso que intentaba huir, haciéndolo caer derribado.
“¡Aaaagh!”
Lo agarré del pelo, tiré de él hacia arriba y le señalé el teclado numérico de la puerta.
“Señor. La clave.”
“P-por favor, no me mates.”
“Ya te escuché. La clave.”
Temblando de pies a cabeza, extendió los dedos hacia la puerta de seguridad de la oficina, firmemente atrancada.
Bip, bip, bip, bip, bip, bip. Clic.
Al escuchar cómo se desactivaba el cerrojo, le solté la nuca.
“Ya te puedes ir.”
“¡H-hyeek!”
El mafioso intentó escapar a gatas.
Aparté la vista de él y, en el preciso instante en que empujé la puerta de seguridad...
Una lluvia de proyectiles brotó del interior como si hubieran estado aguardando ese mismo segundo.
“¡Uaaagh!”
Chasqueé la lengua al ver cómo el mafioso caía abatido por las balas que habían disparado sus propios camaradas. Acto seguido, saqué una granada de la cintura y la arrojé con fuerza hacia el interior.
Volví a cerrar la pesada puerta de seguridad y apoyé la espalda contra ella.
“Bien hecho, viejo.”
Sintiendo una sacudida brutal acompañada por un atronador ¡Bum—!, murmuré para mis adentros:
“La potencia es una auténtica maravilla.”
En este bajo mundo, siempre que tuvieras dinero podías conseguir lo que se te antojara.
Aquel intermediario no solo traficaba con armas de fuego, sino también con explosivos de primera calidad.
“...”
Al percatarme de que el interior se había sumido por fin en el silencio, abrí la puerta una vez más.
Un penetrante olor a quemado me asaltó las fosas nasales.
En aquella oficina, convertida en un escenario dantesco, apenas quedaba nadie con vida.
Salvo una sola persona.
“¡Cof! ¡Cof, cof! ¡Maldita sea...!”
A excepción de un hombre de mediana edad vestido con ropa ligera de estar por casa.
‘¿Será este tipo?’
Saqué la fotografía del bolsillo interior de mi chaqueta, la comparé con él e incliné la cabeza con curiosidad.
“¿Tú eres Ronas Rollione?”
“¡H-hijo de perra...!”
La espaciosa y abierta oficina desbordaba lujo por los cuatro costados con solo mirarla.
Incluso contaba con una piscina cubierta adosada a la terraza, justo detrás del escritorio principal.
‘Vaya vida de reyes que se dan los mafiosos.’
Me acerqué a Rollione, que yacía despatarrado en el suelo sin acertar a recomponerse.
“Eres tú, ¿verdad? Ronas Rollione.”
“¿De... de qué familia eres? ¿O acaso te enviaron esos malditos empresarios corporativos?! ¡¿Eh?!”
“Rena Clarke.”
“¿Qué...?”
“La hacker que ordenaste liquidar hace una semana. ¿No te acuerdas?”
“N-no me digas que...”
La expresión de Rollione se tornó de absoluta incredulidad.
“¿Me estás diciendo que armaste toda esta carnicería... solo por ese puñado de hackers?”
“¿'Solo por ese puñado de hackers'?”
Claro, para escorias como ustedes, el valor de Rena Clarke no pasaría de eso.
Una simple pieza desechable que se tira tras usarla.
Sin embargo, para mí, su vida era algo infinitamente más valioso.
“Sí. Por ese puñado.”
Con un desprecio absoluto, le planté el cañón del arma en la cara.
“Y vas a morir exactamente por ese puñado.”
“¡E-e-espera un momento! ¡Está bien! ¡Fue... fue mi culpa! ¡Te compensaré! ¡Sí, te pagaré lo que sea! ¿Dinero? ¿Drogas? Lo que quieras. ¡Te conseguiré cualquier cosa que me pidas! ¡S-sí, la ciudadanía! ¿Qué te parece la ciudadanía? ¡Si soy yo, puedo conseguirte una ciudadanía legal!”
Ciudadanía.
Al escuchar esa palabra, un recuerdo me vino a la mente.
‘Tenlo bien presente. Ronas Rollione es un ciudadano con plenos derechos.’
Me había advertido el anciano de nariz aguileña.
‘¿Sabes muy bien lo que le ocurre a un no-ciudadano si mata a un ciudadano, verdad?’
Podrías terminar viendo un espectáculo indescriptible.
‘¿Aun así piensas hacerlo?’
Aquello ni siquiera merecía una respuesta.
“¿Q-qué me dices, eh? ¡Si tienes la ciudadanía, podrás salir de este estercolero y comenzar una nueva vida...!”
“Acabo de recordar algo.”
“¿Q-qué?”
“Antes de llegar a este lugar.”
Mi vida anterior.
Apenas recordaba nada de ella, pero justo en este momento se me vino un detalle a la cabeza.
Le encajé el cañón de la pistola directo entre las fauces y murmuré:
“Detestaba profundamente a los tipos habladores.”
“¡N-no p...!”
Mi dedo apretó el gatillo sin la menor piedad.
¡Bang—!
“...”
Un final demasiado patético para un jefe de la mafia.
Alcé la cabeza y solté un breve suspiro en ese preciso instante.
\[¡Alto ahí!\]
\[¡Arrojen las armas y levanten las manos!\]
Acompañado por el ensordecedor aullido de unas sirenas, un helicóptero completamente negro hizo su aparición sobre la piscina.
En su fuselaje destacaban las siglas 'ESPD' (Departamento de Policía del Distrito Especial 8).
En ese segundo, ¡crash!, irrumpió un oficial que me disparó un dardo de táser a quemarropa sin mediar palabra.
Me limité a recibir el impacto como un idiota, tal como había estado haciendo hasta ahora, y al instante una violenta descarga de chispas me frió el cuerpo entero.
¡Bzzzt!
‘Ah, ya veo.’
Pensé mientras me desplomaba torpemente contra el suelo.
‘La inmortalidad te hace inmune a la muerte.’
Pero no a una pistola eléctrica.
Esto era algo que sin duda debía anotar para corregir a futuro.
“¡Sospechoso neutralizado!”
“¡Espósenlo!”
Sentí cómo varios agentes se abalanzaban sobre mí, inmovilizándome con violencia mientras gritaban órdenes.
Y justo en ese instante, un mensaje nunca antes visto flotó ante mis ojos.
Bip.
\[El tutorial ha finalizado.\]
‘¿Qué?’
En ese mismo segundo, una porra eléctrica se clavó en mi nuca y, con un crujido sordo, mi consciencia se apagó por completo.
\*
La noticia sobre la Familia Rollione se propagó por todo el Distrito 8 como si le hubieran salido alas.
Por más que hubiera sido un ataque por sorpresa, la sede central de una familia mafiosa de considerable envergadura había sido reducida a cenizas.
Por supuesto, era imposible que aquello no se convirtiera en el tema de conversación de toda la ciudad, desde quién lo había instigado hasta quién había sido el ejecutor.
A raíz de este suceso, Ronas Rollione falleció sin haber designado a un sucesor, y los remanentes de la banda, convencidos de que alguno de ellos había encargado el golpe, se enzarzaron en una guerra civil por el liderazgo de la familia.
En pocas palabras, la Familia Rollione estaba acabada.
“Resulta difícil de creer.”
Una mujer hermosa de cabello corto y semblante gélido hojeaba el informe con una expresión de perplejidad.
“¿Me está diciendo que todo esto fue obra de una sola persona?”
Para colmo de males, el individuo de la fotografía era un muchacho tan joven que apenas debía rondar los veinte años.
Y lo más desconcertante era que este era su primer delito registrado.
Es decir, siendo un delincuente primerizo, había aniquilado él solo a decenas de mafiosos fuertemente armados.
Ante sus dudas, Joseph Howard, líder del equipo Alfa de las Fuerzas Especiales del Departamento de Policía del Distrito 8, que caminaba a su lado por el pasillo, se encogió de hombros.
“Además, me informaron que en el momento del arresto no presentaba una sola herida visible.”
Haberse enfrentado a tiros contra decenas de hombres armados y no tener ni un solo rasguño.
Al escucharlo hablar con un tono que dejaba entrever su asombro ante semejante espécimen, la mujer no pudo evitar murmurar:
“... Es un monstruo.”
¿Qué clase de habilidad poseía?
Fuese lo que fuese, costaba asimilar que semejante portento hubiera sido reducido por un simple disparo de táser que un oficial acertó de pura chiripa.
‘O tal vez simplemente se dio por vencido tras cumplir su objetivo...’
Sin saber nada de la verdad, a ellos no les quedaba más remedio que formular conjeturas.
“De cualquier forma, es algo positivo para nosotros. Significa que nos ha caído del cielo justo el talento que necesitábamos.”
Rara vez se encontraba a un individuo con semejante capacidad de combate que no contara con antecedentes de alta peligrosidad y cuya evaluación psiquiátrica arrojara un resultado completamente cuerdo.
Ella asintió ante sus palabras.
“Sí, bueno, en eso tiene razón.”
Al fin y al cabo, todos ellos no eran más que peones desechables.
Daba igual qué clase de poder tuviera.
Con que cumpliera su cometido, bastaba y sobraba.
¡Clang! Se escuchó el sonido metálico del cerrojo de la sala de interrogatorios al desbloquearse.
Cuando ambos se aproximaron, los agentes que custodiaban la entrada se hicieron a un lado.
“¿Va a entrar conmigo?”
Ante la pregunta de Joseph, la mujer negó con la cabeza.
“No. Yo observaré desde el otro lado del cristal. Para usted también será más cómodo así, ¿no es verdad, líder de equipo?”
Respondiendo con un simple encogimiento de hombros, Joseph tomó el picaporte y se adentró en la sala de interrogatorios.
En medio de una celda oscura y desolada, se encontraba sentado el sospechoso con ambos brazos sujetos por grilletes.
Un breve silencio se instaló entre ellos.
Poco después, Joseph comenzó a pasar las páginas del expediente que sostenía en las manos y rompió el hielo:
“Nombre: Kyle Clarke. Número de interno: 43471...”
Ante esa voz desconocida, Kyle alzó la mirada.
“Residente no-ciudadano. Hace una semana asaltó en solitario la villa de Ronas Rollione, situada en el estrato superior del Distrito 8, asesinando e hiriendo a la víctima Rollione y a sus subordinados antes de ser detenido.”
“...”
“¿Es correcto?”
“Sí, así es.”
“Mmh. A decir verdad, te lo pregunto porque aún me cuesta creerlo.”
Arrastrando una silla de metal desde una esquina para sentarse frente a él, inquirió:
“¿De verdad lo hiciste tú solo? ¿No tuviste ningún cómplice?”
“Fue un asunto motivado por un rencor personal. No tuve ningún cómplice.”
“¿Rencor personal?”
“Rollione asesinó a mi hermana.”
“¿Y por eso tomaste represalias?”
Cuando Kyle asintió, el líder Joseph garabateó algo en su carpeta.
“Hacía tiempo que no me topaba con un muchacho tan colaborador.”
“Tengo entendido que, por lo general, colaborar cuando a uno lo atrapan en flagrancia resulta favorable en términos jurídicos. ¿Acaso no es así?”
Ante esa respuesta, el oficial dejó escapar una risa irónica.
‘Favorable en términos jurídicos, dice.’
Desde luego, no eran las palabras que uno esperaría escuchar de un delincuente común de los bajos fondos.
Joseph entrecerró los ojos con genuino interés.
“No te falta razón. Aunque me temo que este caso tuyo será una excepción.”
“Ah, ¿en serio?”
“Asesinaste a un ciudadano con derechos plenos, y encima siendo tú un residente ilegal. En el mejor de los casos, te esperan al menos cuarenta años de trabajos forzados en el Gulag. Como bien sabrás, esta ciudad suele ser sumamente implacable con los indocumentados.”
“¿Incluso si ese ciudadano era un miserable cabecilla de la mafia?”
“Incluso si era un miserable cabecilla de la mafia.”
“... Qué lástima.”
“Jajaja.”
A decir verdad, si Joseph se ponía a pensar en todos los dolores de cabeza que Ronas Rollione le había causado a la policía durante años, personalmente tenía ganas de colgarle una medalla a este muchacho.
Es más, ¿no debería ser la ciudad entera la que le diera una condecoración?
Había exterminado con pasmosa facilidad a una plaga incorregible que gozaba del respaldo corrupto de varios concejales del ayuntamiento y a la que la policía jamás había podido meterle mano.\`
Sin embargo, la realidad no era ni remotamente tan condescendiente.
“Aun así, también es una verdad innegable que desperdiciar tus habilidades en simples trabajos forzados sería una lástima terrible.”
Por encima de todo, era el sujeto que había desmantelado él solo a decenas de mafiosos.
A cada talento le correspondía su lugar adecuado.
“Por eso, me gustaría plantearte una propuesta un tanto distinta.”
“Con razón me parecía que este interrogatorio estaba siendo demasiado civilizado.”
Kyle levantó la vista y clavó los ojos en él.
“¿Hay algo que desea de mí, no es verdad?”
‘Qué muchacho tan avispado.’
Ligeramente impresionado, Joseph asintió.
“Así es. Pero te aseguro que para ti tampoco será un mal negocio.”
“¿No será un mal negocio?”
“Exacto. De todos modos, tal y como están las cosas, vas a pasarte media vida pudriéndote en un infierno como el Gulag, ¿no te parece?”
“Bueno, supongo que sí.”
“Por eso mismo, ya que las cosas se dieron de este modo, podríamos aprovechar tu talento a cambio de que recibas una sustancial conmutación de condena.”
Joseph extrajo un sobre amarillo de entre los documentos del expediente y lo depositó sobre la mesa.
“Sí, para ponerlo en términos claros...”
Aquel sobre llevaba estampado un sello oficial con las siguientes palabras:
\[Unidad de Estabilización del Orden Público 141\]
“Podríamos llamarlo... una especie de acuerdo judicial.”
Las comisuras de los labios del líder Joseph se curvaron hacia arriba.
“¿Qué dices? ¿Te interesa?”
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• Novela: El inmortal del escuadrón de prisioneros es malinterpretado (죄수 부대의 불사자는 착각당한다)
• Autor: Full Draw (풀드로우)
• Traducción: Inmensurable
🪖 \[Fin del reporte de misión — Escuadrón 141\]
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El inmortal del escuadrón de prisioneros es malinterpretado (Novela) Capítulo 2
Estás leyendo el capítulo 2 de El inmortal del escuadrón de prisioneros es malinterpretado (Novela), un novela. Tras perder a la mujer que cuidó de él en una traición atroz, Kyle consuma su venganza y es condenado al infame Escuadrón 141, una unidad militar penal con una tasa de supervivencia prácticamente nula. Al arrojarse sin… Este capítulo tiene publicado el 22 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El inmortal del escuadrón de prisioneros es malinterpretado (Novela) tiene 30 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.