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Leer El inmortal del escuadrón de prisioneros es malinterpretado (Novela) Capítulo 1 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Cuando abrí los ojos, ya me encontraba en este maldito mundo.
Una lluvia torrencial caía sin tregua.
El asfalto estaba gélido, hasta un punto despiadado.
Al levantar la cabeza del fango en el que yacía sepultado, divisé un letrero de neón que parpadeaba con un brillo vacuo.
A decir verdad, apenas recordaba nada de lo ocurrido antes de llegar aquí.
Lo único que conservaba de forma vaga era la certeza de que, sin importar cómo lo mirase, este lugar pertenecía al interior de un videojuego.
Eso lo demostraba el mensaje flotante que permanecía anclado en un rincón de mi campo de visión.
\[Tutorial en curso.\]
Pero eso era todo.
Había olvidado casi por completo quién era y a qué solía dedicarme.
Fui arrojado a este mundo gélido habiéndolo olvidado absolutamente todo.
“Oye, niño... ¿acaso estás solo?”
Y la persona que me recogió en ese entonces no fue otra que una chica que apenas debía rondar los veinte años; mi hermana mayor.
De cabello carmesí y hermosos ojos dorados.
En medio de las luces de neón, su mirada destellaba con tanta calidez y belleza que, sin darme cuenta, asentí con la cabeza como si estuviera embrujado.
Ignoraba si aquello había sido fruto de una compasión pasajera o de un simple capricho.
El caso fue que ella me recogió tal cual estaba y, a partir de ese mismo día, comenzamos a vivir juntos.
Sin embargo, con el tiempo descubrí que aquí... en el Distrito Especial 8 de Dun City, los huérfanos abundaban hasta el hartazgo.
Tal vez fuera porque era una ciudad donde una policía sumamente incompetente y escorias humanas desprovistas de cualquier respeto por la ley campaban a sus anchas según sus más bajos deseos.
En el fondo más bajo de esta urbe, lo raro era encontrar a alguien que tuviera a sus padres vivos y en buen estado.
Por eso me carcomía la curiosidad.
¿Por qué precisamente yo?
Seguramente en los callejones traseros había montones de mocosos abandonados a los que cualquiera se tropezaba al caminar.
Cuando le pregunté aquello en su momento, ella se limitó a sonreír con un gesto indescifrable.
Bueno, a decir verdad, la razón me daba igual.
Si ella no me hubiera recogido en aquel entonces, a estas alturas ya me habrían convertido en conejillo de indias para los experimentos de algún brujo oscuro, o me habrían vendido a una fábrica para explotarme hasta la muerte.
Solo por haberme librado de un destino tan atroz, ella era mi salvadora.
¿Quién fue el que dijo aquella frase?
Los favores se pagan siempre, pero a los enemigos se les devuelve el doble.
Por eso decidí retribuir su bondad.
Hice todo lo posible por no causar problemas, ser obediente y ocuparme diligentemente de las labores de la casa cada vez que ella salía a trabajar.
Pero con eso no bastaba.
“¿Qué te parecería si te ayudo en tu trabajo?”
Cierto día, varios años después.
Le hablé fijando la vista en su nuca.
Allí tenía incrustado algo parecido a un puerto de conexión que para mí resultaba sumamente ajeno.
Con el tiempo me enteré de que su profesión era algo similar a la de un hacker, y que realizaba sus encargos conectando cables y terminales directamente a ese conector.
Era una estampa grotesca con solo imaginarla, pero en este mundo no parecía ser algo tan inusual.
“Ya soy prácticamente un adulto, así que si me someto a un procedimiento de implante como el tuyo...”
Ante mis palabras, en su rostro se dibujó de inmediato una sonrisa compungida.
“Bueno... mmm. Más que eso...”
Pronto desvió la mirada hacia la ventana, contemplando el cielo del Distrito 8 teñido por la densa contaminación, y murmuró:
“Yo... preferiría que vivieras una vida más normal.”
“¿Normal...? ¿A qué te refieres con 'normal'?”
“Ya sabes, ir a la escuela, cosas como esas. Siempre has sido inteligente, así que podrías estudiar allí, enamorarte...”
“Hermana...”
No pude evitar mirarla con perplejidad.
¿Ir a la escuela?
“Ni siquiera tenemos ciudadanía. ¿Cómo diablos voy a ir a la escuela?”
“Jaja. En eso tienes razón.”
Ella soltó una risita avergonzada.
No solo yo, que había caído de pronto en este mundo, sino también ella... éramos simples no-ciudadanos. En otras palabras, residentes ilegales.
O mejor dicho, la inmensa mayoría de los que malvivían en los estratos más bajos de esta metrópoli estaban en la misma condición.
Existencias similares a polillas atraídas por el resplandor de una ciudad opulenta, sin que se les concediera siquiera el derecho a la ciudadanía.
Para nosotros, a quienes nada en la vida nos estaba garantizado, la 'normalidad' de la que hablaba era un lujo inalcanzable.
“La escuela, ¿eh...?”
“¿Qué pasa? ¿Tienes alguna preocupación?”
“No. Ninguna.”
Una taberna vacía, sin un solo cliente.
Detrás de la barra apareció un anciano de nariz aguileña sosteniendo un sobre ajado lleno de billetes, el cual me tendió mientras decía:
“Ten, toma. Este es el pago correspondiente al trabajo que entregó tu hermana ayer.”
“¿No podría pagarnos esto a tiempo de vez en cuando?”
“Maldito mocoso. Por este lado también tenemos nuestras complicaciones. Además, ¿acaso le he birlado un solo centavo a tu hermana alguna vez?”
“Supongo que no hace falta que revise el monto, ¿verdad?”
“Vaya insolencia. ¿Crees que llevo comerciando con ella solo un par de días?”
“Sí, sí. Ya entendí.”
Mientras yo guardaba el sobre, el viejo me echó una mirada de reojo y preguntó:
“¿Y por qué no vino Rena en persona?”
“Parece que el encargo de esta vez fue agotador. Ahora mismo está descansando en casa.”
“... Ya veo.”
El anciano, que fumaba en silencio de su pipa, añadió:
“Ven con ella a cenar cualquier día de estos. Al menos los invitaré a una buena comida.”
“Así lo haremos.”
Tras asentir con la cabeza, el viejo agitó una mano en el aire y se retiró hacia el fondo del local.
Aparté la vista de él, crucé las rancias cortinas y salí al exterior.
El cielo comenzaba a oscurecerse poco a poco.
Caminando por las calles como de costumbre, de pronto contemplé mi propio reflejo proyectado en un charco de agua.
Si llevara una mochila y ropa adecuada, bien podría pasar por un estudiante universitario.
Cuando caí por primera vez en este mundo, era mucho más pequeño.
“Bueno, supongo que ya han pasado varios años.”
Hacía mucho tiempo que me había acostumbrado a estos callejones hediondos a basura podrida.
Pasé junto a varios vagabundos que pataleaban aturdidos en el suelo como idiotas con aparatos de realidad virtual encasquetados en la cabeza, y comencé a subir por las calles empinadas del familiar barrio marginal.
¿Sería posible en este mundo asistir a la escuela con normalidad?
‘Para eso, lo primero sería conseguir la ciudadanía.’
Si obtenía la ciudadanía, podríamos escapar de este pozo de inmundicia que era el Distrito 8 y mudarnos a un distrito administrativo como es debido.
Entonces, sin duda alguna, también podría estudiar.
‘Sin embargo...’
Por desgracia, para los residentes ilegales como nosotros, obtener la ciudadanía era tan difícil como bajar una estrella del firmamento.
Ni siquiera tenía una idea remota de cuánto dinero se necesitaría reunir para alcanzarla...
“... ¿Eh?”
Al levantar la vista, me encontré con dos hombres que me bloqueaban el paso.
Tenían tatuajes de escorpiones grabados en el cuello. Tras intercambiar una mirada entre ellos, uno me señaló con un gesto del mentón.
“¿Tú eres Kyle?”
“...”
Kyle.
Ese era, con total certeza, el nombre que ella me había otorgado.
Sin embargo...
Sintiendo cómo un escalofrío me recorría desde la punta de los pies, en ese instante arrojé con violencia el sobre con el dinero directo hacia ellos.
“¡Oye! ¡Maldita sea, sí es ese infeliz!”
En cuanto intenté desenfundar con rapidez la pistola que llevaba para defensa personal, un disparo ensordecedor me desgarró los oídos.
¡Bang—!
“¡¿Gugh?!”
Mi pierna, destrozada por un impacto certero, cedió por completo y me desplomé de bruces contra la tapa helada de una alcantarilla.
En ese instante, un dolor ardiente como el fuego me atravesó el cuerpo.
“¡Agh...!”
“¿Quién diría que este bastardo es el hermanito de esa perra? Tiene reflejos rápidos, el desgraciado.”
“Oye, déjate de charlas y acaba con él de una vez para no dejar cabos sueltos.”
“Entendido.”
No tuve tiempo de ofrecer resistencia ante el hombre que se acercó.
¡Bang! ¡Bang!
Tan solo dos disparos.
Aquel sujeto, sin vacilar ni una milésima de segundo, me reventó la cabeza a balazos.
\*
Y entonces, abrí los ojos.
“¡Haaah...!”
Al recobrar el conocimiento, me palpé la cabeza por puro instinto.
Aún conservaba vívida la sensación de la nuca destrozada sin piedad por los proyectiles de la pistola.
No obstante, de inmediato me vi obligado a abrir los ojos de par en par.
“¿Qué...?”
Estaba completamente intacto.
“¿Qué diablos... es esto...?”
Por más que me palpaba, mi cabeza se encontraba ilesa, como si nada hubiera ocurrido hasta hacía apenas unos instantes.
‘¿A-acaso fue un sueño?’
No.
Aquel dolor, aquella sensación tan tangible, no tenían nada de ilusorio.
Presa del desconcierto, me revisé también la pierna que había recibido el balazo.
“¡...!”
Tragué saliva al comprobar que estaba completamente sana, limpia y sin una sola cicatriz.
“Cómo es posible...”
En ese instante, una idea me cruzó la mente como un rayo y me puse de pie de un salto sin darme cuenta.
No era momento para quedarse paralizado.
“¡Rena...!”
Antes de dispararme, aquellos sujetos habían mencionado sin lugar a dudas a mi hermana.
Eso significaba que...!
Subí la pendiente a toda prisa, corriendo con el corazón en un puño. Al llegar a la casa, contuve el aliento.
“...”
El caos que se percibía desde la entrada misma era aterradoramente siniestro.
Por todas partes se apreciaban rastros evidentes de forcejeo.
Con pasos temblorosos, empujé la puerta y me adentré en la vivienda.
Y entonces, me quedé sin habla.
El suelo, cubierto de sangre, formaba un charco grotesco.
Sumergido en él yacía un cadáver que, a todas luces, había sido ultrajado incluso después de haber sido asesinado con una crueldad atroz.
El cabello empapado de rojo entró en mi mirada perdida.
“...”
A diferencia de mi corazón, que se había desplomado en un abismo, mi reacción exterior fue sorprendentemente serena.
Tal vez fuera porque, en el fondo, era algo para lo que me había preparado de manera inconsciente.
En este bajo mundo, dedicarse a cosas como el hackeo implicaba llevar una vida en la que uno nunca sabía en qué momento encontraría la muerte.
Sin pronunciar una sola palabra, di un paso al frente y me adentré pisando aquel charco.
Extendí la mano hacia los ojos apagados que contemplaban la nada en el vacío y se los cerré suavemente, para que pudiera descansar en paz.
Mi mirada se dirigió entonces a la pistola caída a su lado.
El arma que ella solía llevar consigo para defenderse.
Alcé la mano y sopesé aquel frío trozo de metal.
¿Quién fue el que dijo aquella frase?
Los favores se pagan siempre, pero a los enemigos se les devuelve el doble.
Entonces, si a un favor que ni siquiera pude retribuir se le suma un enemigo jurado... ¿cuántas veces multiplicado tendré que cobrármelo?
“...”
Sin embargo, antes de actuar, había algo crucial que debía comprobar.
Me llevé el cañón de la pistola directamente al cuello.
Mi vista se clavó en el mensaje que flotaba en un rincón de mi campo visual.
\[Tutorial en curso.\]
Evoqué lo ocurrido hacía escasos momentos.
El recuerdo nítido de que, habiendo muerto sin sombra de duda, no había muerto en realidad.
Me pregunté para mis adentros:
¿Acaso yo... realmente no puedo morir?
¿Es porque este lugar es el interior de un videojuego?
No lo sabía.
Pero de lo único que tenía certeza era de que, según la veracidad o falsedad de esa premisa, mi rumbo de acción a partir de ahora cambiaría radicalmente.
“Fuuu...”
Tras soltar un leve suspiro, como si ya hubiera tomado una resolución inquebrantable, apreté el gatillo que sostenía en mi mano.
¡Bang—!
\*
Una semana después.
En una villa de lujo situada en el estrato superior del Distrito Especial 8, donde residían principalmente aquellos que gozaban de ciudadanía.
Frente a la entrada, ostentosa a más no poder, dos hombres de rostros conocidos montaban guardia.
Dos mafiosos vestidos de traje, con el tatuaje de un escorpión marcado en el cuello.
Tras confirmar esa familiar estampa, me encasqueté la gorra hasta cubrirme los ojos y me aproximé hacia ellos.
“... ¿Mmh? Oye. Alto ahí.”
Los ignoré.
“¿Acaso estás sordo? ¡Te dije que te detengas!”
“¡Si das un solo paso más, disparo!”
A esa advertencia, respondí con frialdad:
“Dispara si tantas ganas tienes.”
Al acercarme más, los dos sujetos reconocieron mi rostro y soltaron un alarido de puro espanto.
“¡T-tú...!”
“Hola. ¿Cómo han estado?”
“¡¿Cómo demonios...?!”
Hacia ellos, que me apuntaban con sus armas a toda prisa y con manos temblorosas, bajé la cremallera de la chaqueta que llevaba puesta.
Lo que quedó al descubierto no fue otra cosa que una hilera de explosivos plásticos que rodeaban mi cintura como si fueran un cinturón.
“Bueno, fue un placer volver a verlos.”
Sonreí con frialdad ante sus ojos desorbitados, que parecían a punto de salírseles de las cuencas.
“¡H-hijo de perra...!”
“Hasta nunca.”
Acompañado por un pitido agudo, una explosión colosal se los tragó por completo.
¡Bum—!
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• Novela: El inmortal del escuadrón de prisioneros es malinterpretado (죄수 부대의 불사자는 착각당한다)
• Autor: Full Draw (풀드로우)
• Traducción: Inmensurable
🪖 \[Fin del reporte de misión — Escuadrón 141\]
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El inmortal del escuadrón de prisioneros es malinterpretado (Novela)
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El inmortal del escuadrón de prisioneros es malinterpretado (Novela) Capítulo 1
Estás leyendo el capítulo 1 de El inmortal del escuadrón de prisioneros es malinterpretado (Novela), un novela. Tras perder a la mujer que cuidó de él en una traición atroz, Kyle consuma su venganza y es condenado al infame Escuadrón 141, una unidad militar penal con una tasa de supervivencia prácticamente nula. Al arrojarse sin… Este capítulo tiene publicado el 22 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El inmortal del escuadrón de prisioneros es malinterpretado (Novela) tiene 30 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.