Leer El Hada Errante (Novela) Capítulo 294 online gratis en español
🏴 Grupo: Diganmma✍️ Traducción: Diganmma
Ynixia caminaba tranquilamente por el sendero sombrío, sin hacer ningún esfuerzo por silenciar sus pasos. A esas alturas, esconderse era prácticamente inútil. Lo único que Ynixia oía a lo lejos eran los aullidos sordos de las bestias que la acechaban, desesperadas por alcanzarla. Nada podía ocultar su evidente hambre: la Pastora era para ellas como una presa preciada, sin importar adónde fuera.
Al percibir su presencia, Ynixia no pudo evitar bostezar. —¿Crees que estos serán un poco más difíciles de manejar, Albert?
Las sombras que la rodeaban se agitaron, indicando que él estaba de acuerdo.
“Eso espero. Francamente, toda esta exploración se está volviendo cada vez más monótona. Anhelo un poco de emoción…”
En efecto, había una cosa que podría haber satisfecho ese deseo: el paradero de Mordred.
Tras su breve encuentro con Él en la entrada del salón de banquetes, Ynixia esperaba averiguar por qué estaba allí. Y, lo que es más importante, tenía que descubrir qué les había sucedido a los demás Caballeros de la Mesa Redonda después de perder la memoria.
Tras intentar comunicarse con él en numerosas ocasiones, el solemne caballero negro permaneció en silencio. Parecía conforme con observarla desde la distancia. De repente, sin motivo aparente, le dio la espalda y se desvaneció entre las sombras. Por mucho que lo intentara, Ynixia no pudo percibir ni una sola molécula de su ánima, como si hubiera sido borrado por completo.
Se trataba de una anomalía del más alto grado.
Es obvio que este castillo alberga algún tipo de poder oculto que podría estar relacionado con mi autoridad sobre la Niebla Sin Nombre. No cabía duda tras presenciar lo ocurrido en el banquete. Esas extrañas máscaras… y la incomprensible superposición del subespacio. Todo apuntaba a alguna propiedad desconocida vinculada al Castillo de Hyades y a sus propios secretos olvidados.
Sin embargo, lo que más le preocupaba era la conexión de Mordred con este lugar. Después de todo, existía una leyenda asociada a él:
“Todo aquello que refleja el Lago Llorón, se infesta de espinos negros.”
Se mordió la uña con frustración. «Ojalá me equivoque…» Ynixia podía lidiar con muchas cosas sola, pero esa maldita bruja no era una de ellas. Tan solo pensar en ella mareaba al Pastor.
Sacudió la cabeza y sonrió, tranquilizándose a sí misma. Los encontraré pronto si aún están en el castillo. No hay prisa…
Eso es lo que Lancelot le habría dicho, al menos.
Para su disgusto, este pensamiento se había vuelto recurrente desde su llegada a este castillo. Quizás se debía a sus numerosos recuerdos perdidos que parecían despertar lentamente, o simplemente al florecimiento de emociones olvidadas que afloraban a la superficie. Fuera cual fuese la razón, estaba segura de que aquellos antiguos salones eran los responsables.
En efecto, el Castillo de las Híades que ella conoció jamás fue una ruina desolada, llena de sombras y decadencia. Para muchos en el imperio, era una creación hermosa, casi majestuosa. Un tesoro repleto de mitos, leyendas y secretos ocultos que pocos tienen la oportunidad de visitar y descubrir. Fascinantes cerámicas, esculturas, pinturas y muchas otras obras de arte solían poblar estos pasillos ahora oscuros y sombríos.
Cada paso que daba traía a su mente innumerables recuerdos. Recordaba escenas de ella escondiéndose de los otros niños nobles, molesta por su presencia. Escenas de jardines reales, rebosantes de flores recién florecidas que nunca le permitían tocar. E incluso habitaciones secretas que alguna vez albergaron reliquias olvidadas, todas ellas fascinantes para estudiar… a pesar de las advertencias de Lancelot.
Recuerdos entrañables tras recuerdos entrañables… todos enterrados bajo la niebla de la historia.
Ynixia suspiró para sus adentros antes de avanzar un poco más. De repente, notó otro pasaje oscuro, esta vez marcado por dos jarrones de mármol decorados con caligrafía dorada que flanqueaban la entrada.
En el primer jarrón, la antigua escritura Dulvali decía: «A quienes lleguen, Camilla estuvo aquí», mientras que en el segundo se leía: «A quienes estuvieron aquí, Ynixia puede llegar».
La pastora se quedó paralizada al leer el antiguo texto, una mezcla de sonrisa y ceño fruncido se dibujó en su rostro. «De todas las cosas que desaparecieron, pensar que esto aún permanecía…»
Ella soltó una risita y negó con la cabeza ante lo absurdo de la situación.
Desde pequeña, las visitas al castillo de Hyades eran algo habitual. Lancelot la llevaba consigo cada vez que se celebraba una reunión, especialmente durante los banquetes de la Cumbre de las Casas.
Aunque nunca se le permitió asistir formalmente a los eventos, esto era algo que atesoraba profundamente. Después de todo, haber sido criada como una Doncella Sagrada no le otorgaba mucha libertad. Sin mencionar que la mayoría de los demás niños nobles de su edad la veían como una molestia o una oportunidad para ganarse su favor. Rara vez tenía a alguien cercano, aparte de Lancelot y algunos otros en el templo.
Por eso, para ella, viajar al castillo de Hyades era una oportunidad para relajarse, para liberarse de las obligaciones del templo. Y, sobre todo, una manera de encontrar cierto grado de consuelo y aislamiento de este mundo que tanto le exigía.
Pero a pesar de estos deseos, el destino quería empujarla por un camino diferente.
—Camilla… —susurró el nombre suavemente. Sin darse cuenta, Ynixia había extendido la mano hacia el jarrón, sintiendo la superficie rugosa donde estaba grabada la caligrafía. En su mente, se imaginó a sí misma y a aquella niña frente al jarrón, hacía mucho tiempo, grabando esas mismas palabras que se habían conservado durante tanto tiempo.
Su sonrisa se ensanchó lentamente.
De hecho, fue su encuentro con esa chica lo que más cambió el rumbo de su vida.
De entre todas las personas, recordaba a Camilla por su extravagancia. Siendo la hermana menor de Cassilda, la joven gozaba de un estatus superior desde su nacimiento. Y… casualmente, también tenía la misma edad que Ynixia.
Sin embargo, a diferencia de su hermana, conocida por su mal genio, Camilla era mucho más amable y simpática, incluso con aquellos de menor estatus que ella. Existen numerosos registros de ella ayudando a los sirvientes del castillo en sus tareas, a pesar de las frecuentes críticas de otros nobles. Muchos parecían tenerle más aprecio que a la futura duquesa.
Sin embargo, a pesar de su carácter afable, gran parte de su reputación siguió estando definida por sus payasadas descontroladas.
Travesuras que, finalmente, hicieron que sus caminos se cruzaran.
Durante una visita sin incidentes al Castillo de Hyades, Ynixia, torpemente, olvidó ocultar sus huellas como solía hacer. Casualmente, era el cumpleaños de Camilla, quien también se encontraba en el castillo ese día. Por pura coincidencia, la extrovertida joven logró descubrir a Ynixia en una de las habitaciones secretas donde solía esconderse.
Aunque al principio Ynixia la encontraba muy molesta, pronto empezó a darse cuenta de lo diferente que era la princesa de los demás niños de su edad. A Camilla nunca le importó su estatus superior, ni se preocupó por la etiqueta que se debía seguir al conversar con el famoso Pastor. Era como si la niña realmente los considerara iguales, sin importarle las ventajas ni las oportunidades. Ni siquiera temía su maldición borradora, pues la veía como un poder fascinante en lugar de algo a lo que temer…
En cierto modo, en este aspecto se parecía un poco a Soren.
Además, ambos parecían disfrutar trasteando con las antiguas reliquias del castillo. Romperlas era, sin duda, la especialidad de Camilla… Ynixia no podía ni contar las veces que Lancelot los había regañado por sus travesuras infantiles.
En efecto, después de todas esas experiencias compartidas, era innegable la verdad: Camilla había logrado convertirse en su primera amiga.
Una persona como ella, conocida solo por el título de Santa Doncella —despreciada y venerada por todos—, había encontrado a alguien a quien nada de eso le importaba… En retrospectiva, probablemente fue entonces cuando Ynixia empezó a desear vivir de verdad. Todo a su alrededor había cobrado color poco a poco, gracias a la presencia de Camilla.
Sin embargo, solo duró hasta aquella maldita catástrofe que le arrebató todo de nuevo.
La pastora negó con la cabeza lentamente. «Niña tonta, me pregunto dónde estarás ahora mismo…» ¿Quizás vagando por Carcosa? ¿O tal vez ella también había desaparecido por completo? Era imposible saberlo. Sus recuerdos aún eran demasiado borrosos para comprenderlos del todo.
—Al final encontraré la respuesta —se dijo a sí misma. Tras un breve silencio, Ynixia soltó el jarrón de mármol; por fin había tomado una decisión firme.
Dominando las sombras circundantes, formó una gran esfera de oscuridad sobre la palma de su mano. En un instante, observó cómo la Niebla Sin Nombre se transformaba, adoptando una forma reconocible.
La daga de Soren: Colmillo Fantasma el Pálido.
—Permítame tomar esto prestado —susurró suavemente. Tras un instante de reflexión, clavó la punta de la hoja de sombra en el jarrón de mármol. No tardó en grabar las siguientes palabras en dulvali bajo la caligrafía ya escrita:
“Ynixia ha regresado.”
Ynixia retrocedió y contempló con orgullo la reliquia ahora vandalizada. Sin duda, su valor de mercado había disminuido considerablemente; era prácticamente un producto inservible.
Ella soltó una risita.
De todos modos, no había por qué preocuparse... Al fin y al cabo, se trataba de una reliquia que ella y Camilla habían creado desde cero, dejada para que las futuras generaciones la descubrieran y aprendieran sus nombres.
Pero ¿quién iba a pensar que sería ella misma, del futuro, quien acabaría redescubriéndolos?
No pudo evitar reírse entre dientes.
“Bueno, entonces supongo que debería terminar esta sección del castillo.”
Los aullidos, antes lejanos, de las bestias sombrías se habían vuelto mucho más fuertes que antes. Sabía que pronto la alcanzarían.
Mientras hacía girar entre sus dedos al sombrío Colmillo Fantasma Pálido, Ynixia sonrió ante el abismo invisible que se extendía ante ella. «Parece que lo he gafado; nuestra nueva presa podría ser más emocionante de lo que esperaba… ¿Qué dices, Albert? ¿Deberíamos capturar también a estos? Creo que será un poco más difícil que con los lotes anteriores».
La oscuridad la envolvió una vez más. Al oír su respuesta, Ynixia no pudo evitar reírse.
“Tienes razón. Mejor hagamos nuestras tareas temprano.”
Bajo un mar de luces doradas, melodías suaves y el eco de risas lejanas, Soren hizo girar apasionadamente a la glamurosa mujer de cabello carmesí en sus brazos antes de terminar con una dramática inclinación. Se inclinó hacia ella, escudriñando su expresión bajo la máscara mientras sus respiraciones se volvían agitadas.
No pudo evitar soltar una risita. Su ceño fruncido era inconfundible, incluso bajo un disfraz tan impecable.
—¿Qué —susurró en tono burlón—, fueron mis palabras tan hirientes?
Chasqueó la lengua cuando él la hizo girar de nuevo. Cassilda negó levemente con la cabeza.
“Tu explicación es lógica, así que sí, me resulta molesto. Sin embargo, me preocupa algo completamente distinto.”
Los labios de Soren se curvaron en una sonrisa. "¿Mi compañero hizo algo?"
“...”. Hubo una breve pausa que hizo innegable la deducción de Soren. Finalmente, sonrió, ocultando un atisbo de enfado bajo su cálida fachada. “Dime tú. Creí que tus ojos místicos te decían todo lo que necesitabas”.
Su sonrisa se amplió mientras negaba con la cabeza en respuesta: «No. No soy un dios omnisciente. Mi visión se limita a lo que el Más Allá me revela. Tú, en cambio… supongo que ves todo lo que sucede en el castillo, ¿verdad?».
No llegó respuesta, pero Soren ya se esperaba esa reacción. Simplemente se encogió de hombros, dejándose llevar por la música. «Ya que estamos jugando a las adivinanzas, ¿qué tal si creo mi propia versión para pasar el rato?».
—¿Qué sugieres? —Lo miró fijamente a los ojos con pasión, como si fueran dos amantes desdichados abrazados por última vez. Soren no pudo evitar sentirse asombrado por su talento interpretativo.
Es muy sencillo. Haré una suposición y tú solo tendrás que decirme si estoy en lo cierto o no. Si me equivoco aunque sea una sola vez, mi destino después de este baile quedará en tus manos. Pero si acierto, te explicaré mi razonamiento. En resumen, no pierdes nada por participar.
Al no oír ninguna objeción, Soren sonrió y dijo: "Entonces comencemos con la primera: antes estabas molesto por las acciones de Victoria, ¿correcto?".
Hizo una pausa por un momento y luego asintió. «Este castillo debería ser completamente desconocido para ella. ¿Cómo es que sabe adónde ir? De alguna manera, tú eres responsable… ¿verdad?».
—Sencillo —dijo Soren mientras daban vueltas por el salón de baile—. En efecto, le proporcioné la información. Mi Arma del Alma posee una habilidad que me permite transferir conocimiento directamente a la mente de los demás. Ahora intentaré adivinar tus próximos pensamientos.
“Probablemente estés pensando: 'Pero, ¿cómo sabe exactamente la distribución del castillo?', ¿verdad?”
Notó que sus ojos se abrían ligeramente bajo la máscara, lo que le hizo reír entre dientes. «La respuesta a eso también es muy sencilla. ¿No te has dado cuenta de que los caminos que ella recorre ya han sido trazados por otra persona?»
—Ynixia… —susurró la duquesa para sí misma.
—Correcto —dijo riendo suavemente—. Parece que también se te da bien adivinar.
“Pero entonces…”
La interrumpió una vez más: "Y ahora probablemente estés pensando: 'Pero entonces, ¿por qué sabes qué caminos ha recorrido Ynixia?'"
Al ver su silencio, Soren negó con la cabeza mientras giraban bajo la parpadeante lámpara de araña. «Ya deberías saber la respuesta, honorable duquesa. Al fin y al cabo, ¿qué clase de caballero sería si no tuviera un fuerte vínculo con la dama a la que sirvo? Un vínculo que va más allá de lo que este castillo —y los ojos que alberga— te ofrece».
Su ceño se frunció aún más. "¿Algún... algún tipo de contrato de almas?"
“Me gusta llamarlo el contrato [del Anillo de las Hadas]. Aunque, a los contratantes se les suele llamar Anclas.”
“.....”
“Hay alguien más allá del alcance de este plano con quien estoy conectado. Me permite saber dónde se encuentran mis Anclas en todo momento. Sin embargo, recientemente descubrí que este método de comunicación no siempre es tan fiable como creía.”
Sonrió mientras la miraba fijamente a los ojos. «Sin embargo, la conexión entre Ynixia y yo no tendrá ningún problema. Al fin y al cabo, estamos en el mismo lugar ahora mismo; no hay nada lo suficientemente poderoso como para impedirlo».
Cassilda siguió bailando en silencio, lo que provocó que él se riera.
“Hablando de contratos del alma…”
Antes de que pudiera terminar su frase, Cassilda ya se había dado la vuelta con disgusto, chasqueando la lengua. «Los hombres son criaturas astutas y repugnantes. ¡Qué fastidio!»
—¿De verdad era tan fácil de descifrar? —preguntó con una risita, sacudiendo la cabeza—. Pero debe admitir, duquesa, que esta es una conclusión bastante obvia para mí.
La hizo girar con gracia bajo su brazo antes de volver a acercarla:
“Permítanme que esta sea mi última suposición. Este Castillo de las Híades… creo que es un Arma del Alma.”
La revelación provocó que las lámparas de araña del salón de baile parpadearan de forma irregular durante un breve instante.
Soren negó con la cabeza y sonrió. “No, quizás Tesoro Sagrado lo describe mejor. Estás vinculado a él, ¿verdad?”

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Capítulo 295
El Hada Errante (Novela) Capítulo 294
Estás leyendo el capítulo 294 de El Hada Errante (Novela), un novela. **Explora. Sueña. Descubre.** Esta fue la respuesta que Soren obtuvo tras realizar un extraño ritual que encontró en línea. El ritual pretendía responder a preguntas que ningún mortal podía responder en ese momento,… Este capítulo tiene publicado el 26 de agosto de 2026, Traducido por el grupo Diganmma. El Hada Errante (Novela) tiene 303 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.