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Leer El Hada Errante (Novela) Capítulo 293 online gratis en español

🏴 Grupo: Diganmma✍️ Traducción: Diganmma
Capítulo 290: El segundo baile Soren hizo una reverencia ante la mujer de cabello carmesí, lo que la hizo detenerse. No pudo evitar notar el ceño fruncido bajo su máscara dorada. —¿Perdón? —preguntó ella, casi sin poder creer lo que había oído. Él simplemente sonrió y rió entre dientes, repitiendo su propuesta una vez más: “Me gustaría tener el honor de bailar conmigo.” El ambiente entre ellos se volvió más denso. Ella golpeaba repetidamente el abanico de papel contra su palma, como imitando el ritmo que los rodeaba. —¿Te das cuenta de lo que esto significa, verdad? ¿Deseas descubrir mi verdadera identidad? —No necesito descubrirlo —dijo Soren con una sonrisa—. Ya lo sé. “¡Qué insolente…!” Chasqueó la lengua. “Bien. Te concederé la oportunidad. Sin embargo, debes saber que me he enfrentado a muchos como tú en el pasado. Todos ellos ya han sido…” —Asimilado —la interrumpió Soren con una sonrisa—. Tengo razón, ¿no? “....” Miró a su alrededor, observando las expresiones de júbilo de los nobles que lo rodeaban mientras extendía la mano. «Después de mi breve encuentro con el Pastor, lo comprendí. Este lugar es mucho más perverso de lo que aparenta. Las reglas de las que hablas… No, este juego no es más que una farsa». Al oír sus palabras, Cassilda no pudo más que sonreír. Le tomó la mano y la apretó con fuerza, acercándose un poco más. «Entonces, ¿no deberías ofrecerle la mano a esa pobre chica, Victoria? Seguro que no la dejarás sola para afrontar los retos de este supuesto "juego falso", ¿verdad?». Soren negó con la cabeza, rodeando con la otra mano la cadera de la duquesa. «No tienes que preocuparte por ella. Como ya te dije, mis planes han cambiado un poco. Ahora ella también tiene un papel que desempeñar para romper esta maldita maldición». Cassilda no dijo nada mientras se abrazaban. Solo pudo devolverle la sonrisa en silencio. A su alrededor, los nobles de Azratheilli comenzaban a notar su presencia; cada uno murmuraba mientras esperaba el siguiente baile. Sin embargo, parecía que la mayor parte de la atención se centraba en el extraño con túnicas andrajosas, que sostenía las manos de su magnífica duquesa. Pronto, la melodía resonó en todo el salón, anunciando el comienzo de los juegos. Como marionetas, los nobles volvieron a acercarse al baile. Soren y Cassilda decidieron unirse. —Tengo curiosidad por saber tu lógica. ¿Qué te hizo sospechar de este juego? —preguntó con una sonrisa bastante inocente. Aunque Soren sabía que no era diferente de la máscara que llevaba: una fachada elaborada con esmero. Él caminó al unísono con ella mientras giraban con gracia por el salón de banquetes. “Como dije antes, asimilación. Esa palabra te hizo reaccionar, ¿verdad?” Se rió entre dientes, “A pesar de las horribles condiciones de Carcosa, ni siquiera las oscuras manchas que ocultan su historia pudieron ocultar este hecho a mis ojos místicos. “La asimilación es la esencia de este lugar.” Al percibir su silencio, Soren simplemente negó con la cabeza mientras giraban bajo la brillante lámpara de araña. «Al principio, yo también me pregunté qué significado simbólico tendría esta palabra. Después de todo, una sola palabra no podía desentrañar todo lo que se ocultaba tras esta fachada tan bellamente decorada. Solo después de hablar con Victoria todo empezó a tener sentido». Su sonrisa se acentuó. «Estas máscaras que todos ustedes usan… No solo intercambian nuestras identidades, sino que también las asimilan a la suya propia». Cassilda mantuvo su sonrisa fingida, sin reaccionar a nada. Él decidió continuar: «Según mis observaciones, noté que las máscaras parecen tener su propia firma de ánima única. Lo que significa que probablemente poseen una voluntad independiente de la persona que las usa. Esa voluntad, independientemente de sus intentos de imitar al portador, siempre tendrá cierto grado de independencia». “Y esa voluntad independiente, esa identidad original que todos comparten, es muuuy importante, ¿entiendes?”, rió suavemente. “Se puede definir de forma bastante sencilla a través de nuestra comprensión de otro concepto: la nobleza Azratheilli”. “¡Increíble!” Victoria jadeaba con dificultad, corriendo hacia adelante con toda la fuerza que sus piernas le permitían. “¡Esto es increíble! ¡Inconcebible! ¡Incomprensible! “¡Ese… ese maldito bastardo! ¿Cómo se atreve a engañarme?!” Sus gritos quedaron eclipsados por los aullidos que resonaban a sus espaldas. La oscuridad se extendía ante sus ojos; parecía como si todo el castillo no fuera más que un vacío infinito. Un vacío que no deseaba otra cosa que hacerla rendirse. “Yo…” Apretó los dientes mientras corría hacia adelante con todas sus fuerzas. “¡No puedo creer que haya confiado en alguien como él!” En realidad, no le quedaba más remedio que confiar en él. Bajó la mirada hacia sus manos: entre sus palmas sostenía con fuerza una tarjeta dorada que irradiaba una luz que ninguna sombra podría apagar. Extraños símbolos estaban grabados en la placa, dándole un aura misteriosa que no lograba comprender. Victoria apretó los dientes. Minutos antes, había tenido en su poder dos de esas extrañas cartas. Mientras se escondía bajo la mesa, las encontró instantes después de que el misterioso hombre se marchara. Su luminiscencia las hacía prácticamente imposibles de pasar por alto. Como una polilla atraída por una llama, Victoria, imprudentemente, decidió tocarlas. Una de las cartas desapareció al instante al contacto con su piel, mientras que la otra permaneció. Pero lo que ocurrió después la dejó aturdida. Información. Una avalancha de información que no podía comprender del todo inundó su mente. Aún más extraño, la misteriosa voz del Viajero resonaba en su cabeza como una campana de iglesia, más fuerte incluso que los susurros de su máscara. Lo único que pudo comprender entre el dolor punzante no fue más que un simple mensaje: “Abandona el salón de banquetes. Hazlo ahora, antes de que empiece el próximo baile.” “Eso es… si quieres vivir, claro. No tienes otra opción.” En efecto, esa siempre había sido una de las opciones. El hombre misterioso le dijo que se enfrentaba a un ultimátum: o abandonaba el salón de banquetes para enfrentarse a las innumerables sombras vivientes, o permanecía como participante del salón de baile, que inevitablemente perdería su verdadera identidad para siempre. Por supuesto, después de conocer a ese hombre, ella había asumido que él encontraría una solución diferente, una que la liberaría de ambas opciones retorcidas. ¿Quién iba a pensar que simplemente elegiría un camino para ella? ¡Te maldigo! ¡Te maldigo en nombre del Dios Máquina! ¡Que la ingeniosidad te abandone! Sin embargo, nada de eso importaba realmente. Nadie podía oír sus maldiciones en aquel castillo aterrador que pronto la consumiría. Corrió frenéticamente por los pasillos oscuros; lo único que marcaba su camino eran las escasas velas que parpadeaban en el instante en que llegaba a ellas. Su respiración entrecortada no lograba acallar los inimaginables aullidos de las monstruosidades que la acosaban. Cada paso que daba le provocaba escalofríos, como si sus instintos presintieran la inminente fatalidad; sin embargo, sabía que un destino aún peor la aguardaba si se detenía siquiera un segundo para recuperar el aliento. Esta… ¡esta era la primera vez en su vida que tenía que correr tan rápido! Y pronto, incluso podría ser la última. Ingenuamente, Victoria echó un vistazo hacia atrás, ansiosa por saber cuán cerca se habían acercado los depredadores del castillo. Sus gritos se habían intensificado a medida que corría. Sin importar cuántos pasillos atravesara, parecían acercarse cada vez más. Casi como si estuvieran jugando con su comida… «¡Ah! ¡Al diablo con todo esto!» Borrando toda vacilación, Victoria volvió la cabeza. Necesitaba ver qué aspecto tenían esas supuestas sombras. ¿Quién o qué la estaba persiguiendo exactamente? Ese hombre misterioso las llamaba «sombras vivientes», ¿acaso eso implicaba que estaban hechas de la oscuridad misma? ¿Cómo funcionaban? Tal vez podría encontrar la manera de contrarrestarlas… ¡Necesitaba saber más! Una decisión horrible. En el instante en que sus rostros se reflejaron en sus ojos, todo el color desapareció de su rostro. Por un instante, deseó detenerse, paralizada no solo por el miedo, sino también por la desesperanza. Y, sin embargo, su cuerpo continuó moviéndose por puro instinto, siguiendo inequívocamente el camino que le mostraba la misteriosa carta. Al doblar la esquina, Victoria corrió hacia un pasillo más amplio, iluminado por aún más velas aromáticas de lo habitual. De hecho, ese era el camino exacto que debía seguir, según la información de la tarjeta dorada. A estas alturas, la información ya se le había grabado a fuego en la mente, como si fuera una visitante frecuente del castillo. No tenía ni idea de cómo el Viajero había obtenido esa información, pero era innegable su utilidad. Sin ella, probablemente ya habría sido capturada por esas extrañas sombras. Sombras… La palabra volvió a rondarle la cabeza mientras corría hacia adelante, recordándole lo que acababa de ver. Otra punzada de confusión y miedo le recorrió la espalda. Eran extrañas más que eso… Cubiertas de filamentos de oscuridad líquida, poseían seis extremidades parecidas a las humanas que usaban para arrastrarse. Sus cabezas parecían las de un arácnido, con una expresión humana congelada en el tiempo. Pero eran sus ojos blancos y huecos los que realmente le helaban la sangre. Sentía como si no la miraran a ella, sino a su alma. ¿Qué demonios son esas cosas...? ¡¿Qué demonios es este castillo?! Una parte de ella quería seguir creyendo que todo aquello era una pesadilla. Una de la que inevitablemente podría escapar. Pero el dolor en su pecho, el dolor muscular, el sudor que le corría por la mejilla... nada de eso era fingido. Sabía que no podía engañarse a sí misma. La muerte… se aferraba a ella. Y su sabor era amargo. ¡Me niego! ¡Me niego a aceptarlo! Aún le quedaba mucho por lograr. Tantas cosas sin terminar en el laboratorio. Sin mencionar la alienación de su propia identidad que todavía no comprende del todo… ¡Sigue moviéndote, piernas! Por favor… Victoria avanzaba un pie tras otro mientras oía sus extraños y guturales gritos llenar el pasillo y, finalmente, su mente. Casi podía sentirlos respirando en su nuca, listos para morderla… ¡Empuja! ¡Sigue empujando! Sentía como si cargara pesas mientras caminaba bajo la superficie del océano. Cada movimiento era una lucha dentro de otra lucha… Y entonces, el mundo mismo cambió. “¡¿Ah?!” Antes de que pudiera comprender lo que había ocurrido, su cabeza se estrelló contra el empedrado que tenía debajo. ¡Se había tropezado accidentalmente por puro agotamiento! "¡Mierda!" Se le encogió el corazón al mirar hacia atrás, viendo cómo la oscuridad se arrastraba hacia ella. Cada par de ojos vacíos parecía imaginar la presa que esperaban devorar. En ese instante, su mente se quedó paralizada, como para protegerla de lo que estaba por venir. Empezó a imaginar su vida en el laboratorio, a su familia que dependía de su sueldo, a su hermano menor que aún tenía dificultades con las matemáticas básicas… Incluso se reflejó en su propio interior, con una mirada indiferente, llena de decepción y autodesprecio. Victoria sonrió. Así que esto es todo, ¿eh?... Morir dentro de una pesadilla que nadie podría comprender. Quizás sea lo mejor... Pero justo cuando estaba a punto de cerrar los ojos, un destello de luz radiante surgió a sus espaldas, sumergiéndolo todo en su luminosidad, seguido de una explosión ensordecedora que le reventó los tímpanos. Por un breve instante, sintió como si hubiera perdido el conocimiento. “¡¿Qué demonios?!” Victoria se masajeó las sienes, intentando por todos los medios que el mareo desapareciera. El mundo se había vuelto borroso e irreconocible de repente, pero a lo lejos aún podía distinguir lo que quedaba del pasillo, que parecía sumido en la oscuridad. Todo había desaparecido… Los muros de adoquines, envueltos en la oscuridad, se habían derrumbado por completo. Y las sombras vivientes que antaño se arrastraban por cada centímetro cuadrado de su superficie también habían desaparecido. “¿Q-Qué…?” Victoria realmente no podía creer lo que veían sus ojos. Apretó con fuerza la tarjeta dorada entre sus manos. Pero entonces se dio cuenta de que aún no estaba completamente sola. Otra presencia… Podía sentir que aún había algo en ese pasillo además de ella. Tragando saliva para disimular su vacilación, Victoria se giró lentamente. Lo que vio la dejó aún más petrificada que cuando tuvo que enfrentarse a las sombras con aspecto de araña. Un colosal caballero oscuro, envuelto en espesas sombras, permanecía solemnemente detrás de ella. Su armadura era de un negro ónix, recubierta de carbón que no reflejaba la luz. Los ojos blanco rojizos bajo la aterradora visera miraban fijamente a la indefensa muchacha, decidiendo su destino en silencio. Una espada aún más oscura, dentada con espinas sangrientas, descansaba sobre su hombro, mientras que su otro brazo se extendía hacia adelante; su guantelete estaba abierto como un pestillo, revelando un colosal cañón humeante en su interior. Así fue como… Su miedo se transformó milagrosamente en curiosidad. ¡Era la primera vez que veía un artilugio tan extraño! Victoria sonrió. “E-Es un placer conocerle. ¿S-Señor caballero?” Soren hacía girar a Cassilda bajo su brazo, bajo las atentas miradas de los nobles que lo rodeaban. Todos parecían distraídos por su actuación, a pesar de que seguían bailando con normalidad. Sus ojos vacíos, casi inexpresivos, le daban escalofríos. Pero el espectáculo debe continuar. Sonrió mientras la acercaba de nuevo, asegurándose de seguir la rutina de baile que había trazado previamente con sus [Ojos del Hada]. “Los nobles Azratheilli, ¿eh…?” Su voz parecía más que cansada. Sacudió ligeramente la cabeza. «No, quizás sea mejor decir "la nobleza de aquella época". Las máscaras parecen cumplir la función de preservar la historia de los nobles. Al fin y al cabo, las reglas están, en última instancia, sesgadas a su favor». “Dígame, duquesa, ¿cuándo fue exactamente la última vez que un extranjero logró escapar de este castillo?” Ella permaneció en silencio mientras daban otra vuelta. —Ninguno, ¿verdad? —Sonrió con un suspiro—. Es de esperar. Después de todo, ¿cómo podría una invitada de otro mundo como Victoria adivinar la identidad de cualquier noble o nobleza de aquí? ¡Es prácticamente imposible! Para adivinar una identidad, primero hay que compartir una historia con esa persona o mundo. Algo que permita relacionar los rasgos de personalidad con los de un individuo conocido. En otras palabras, quienes provienen de otros reinos, como Victoria, jamás podrían adivinar correctamente.
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Estás leyendo el capítulo 293 de El Hada Errante (Novela), un novela. **Explora. Sueña. Descubre.** Esta fue la respuesta que Soren obtuvo tras realizar un extraño ritual que encontró en línea. El ritual pretendía responder a preguntas que ningún mortal podía responder en ese momento,… Este capítulo tiene publicado el 25 de agosto de 2026, Traducido por el grupo Diganmma. El Hada Errante (Novela) tiene 303 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.