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Leer El Hada Errante (Novela) Capítulo 295 online gratis en español

🏴 Grupo: Diganmma✍️ Traducción: Diganmma
Ynixia caminaba con cautela entre el silencio, apartando la niebla sombría a su paso con cada movimiento silencioso. El entorno ahogaba el caos de su mente, que no oponía resistencia al abrazo del vacío del castillo. Con semblante solemne, se adentró cada vez más en el decrépito y brumoso pasillo; la oscuridad no ofrecía respuestas a las interminables preguntas de su mente. Preguntas como: ¿Por qué me ha ayudado este castillo, a pesar de sus intentos por silenciarme? Sentía como si las sombras vivientes que ansiaban devorar su carne no fueran más que un festín para ellas mismas. Como si el castillo conociera su poder y las estuviera enviando deliberadamente hacia su perdición. Sin embargo, y lo que es más importante, se preguntaba sobre otra cosa que parecía mucho más simple en la superficie: ¿Por qué aún no he llegado a mi destino? Era cierto que sus recuerdos estaban fragmentados; había muchas cosas que aún no había descubierto o comprendido del todo. Pero eso no significaba que estuviera completamente a oscuras. Cada pasillo que había recorrido hasta el momento revelaba numerosas escenas del pasado; después de todo, este era un castillo que visitaba con frecuencia. Mientras lo explorara a fondo, los recuerdos comenzarían a aflorar de inmediato, sin importar cuántos siglos hubieran transcurrido. Pero parecía que ese efecto ya había empezado a desvanecerse. Los oscuros pasillos que recorría ya no le producían la misma sensación de nostalgia. Era casi como si ya hubiera pasado por allí hacía unos instantes… No, tal vez esa fuera realmente la verdad. "¿El castillo me está desorientando?" El subespacio estaba siendo manipulado, pero ella no sabía cómo. Percibir el vacío circundante era prácticamente imposible debido a la complejidad de la niebla. Pero antes de que pudiera reflexionar más sobre su difícil situación, Albert despertó repentinamente; las sombras que la rodeaban indicaban su presencia. Ynixia se quedó paralizada, "¿Un enemigo?" La niebla se movió en respuesta, provocando que ella chasqueara la lengua. «Esto realmente nunca termina…» Permaneció inmóvil un rato, sin querer moverse ni un ápice. La niebla a su alrededor seguía agitándose en silencio, como si fueran olas del océano rompiendo contra la orilla con un ritmo marcado. Ynixia sabía que la marea pronto subiría, anunciándole la llegada de algo… Y, efectivamente, sus instintos no le fallaron. En una fracción de segundo, la niebla que la rodeaba perdió su ritmo; ella, rápidamente, giró ligeramente la cabeza hacia la derecha. Al instante, Ynixia sintió un fuerte pinchazo en la mejilla izquierda. Lo había sentido intrínsecamente: ¡una flecha de oscuridad había pasado sin dejar rastro! Chasqueando la lengua, dirigió la mirada hacia la fuente del sonido y divisó una criatura esquelética carbonizada que sostenía un arco tejido con niebla. Sus ojos vacíos la observaban desde la distancia en absoluto silencio, como un cazador acechando a su presa. Entonces, antes de que pudiera observarlo más detenidamente, la capa de niebla que lo envolvía lo hizo desaparecer una vez más de su vista. Ynixia maldijo para sus adentros. «Al diablo con esto, ¡vamos a correr!». Apretó con fuerza su mano izquierda mientras corría hacia adelante, sintiendo la familiar forma del anillo de calavera en su dedo anular. Varias veces más, flechas de oscuridad volaron hacia ella, las cuales percibió gracias a su control sobre las sombras circundantes. En cada ocasión, se apartaba ligeramente para esquivarlas o se agachaba, dejando que el extraño proyectil pasara por encima de ella. Pasillo tras pasillo se desplegaba ante ella mientras cambiaba de rumbo repetidamente, pero despistar a la criatura parecía mucho más difícil de lo que había previsto. Para entonces, la familiar distribución del castillo se había convertido en un laberinto que ni siquiera ella podía comprender del todo. Era tal como lo había supuesto: el subespacio, en efecto, estaba jugando con ella. «¡Maldita sea!», maldijo su suerte mientras intentaba esquivar otra flecha sombría. Debido a la extraña naturaleza de este castillo, percibir algo más allá de su campo de visión era prácticamente imposible. En esencia, se trataba de una batalla entre dos formas de la Niebla Sin Nombre: una que pretendía anular sus sentidos, mientras que la otra intentaba contrarrestar ese efecto. Solo que esta última era mucho más limitada que la primera. ¡Piensa, Ynixia, piensa! Intentó concentrarse de nuevo. ¿Qué es exactamente lo que intenta hacer el subespacio? ¡Necesito encontrar el patrón para poder atravesarlo! Mientras reflexionaba sobre esto, sintió que otra flecha se dirigía hacia ella. ¡Extrañamente, la niebla indicaba que venía de frente! Los ojos de Ynixia se abrieron de par en par. En menos de un segundo, el rayo de oscuridad se dirigió hacia su frente; intentó apartarse, pero era demasiado tarde. ¡Estaba segura de que la alcanzaría antes de que pudiera esquivarlo! Pero justo cuando sentía que su vida estaba a punto de terminar, la niebla que rodeaba a Ynixia se agitó, manifestando un colosal brazo esquelético de carbón que bloqueó la trayectoria de la flecha. “¡Albert!” El impacto fue ensordecedor: el radio y el cúbito se astillaron mientras los fragmentos de hueso salían disparados por todas partes. Ynixia también fue empujada hacia atrás, protegiéndose los ojos de la metralla. Apretó los dientes. “¡Cómo te atreves!” Pero su ira duró poco. Le dispararon tres flechas más, todas desde direcciones diferentes. Esquivó rápidamente las dos primeras gracias a las advertencias de la niebla circundante, mientras que desvió la última con la daga sombría de Soren. Fue entonces cuando finalmente lo comprendió. Sus ojos se abrieron de par en par. “Ya veo… Ahora lo entiendo”, Ynixia se quedó inmóvil, dejando que la niebla circundante se agitara libremente. “Este laberinto… Nunca fue obra del castillo; tú fuiste el responsable desde el principio.” Su mirada se agudizó. “No te pareces en nada a las otras sombras vivientes. Esa capa oscura y brumosa… Ahora la recuerdo. Eres un miembro de élite de la Legión de las Sombras del Imperio de la Muerte, ¿verdad? El famoso Escuadrón Insomne de la Noche del Terror.” Si encuentras este relato en Amazon, significa que ha sido tomado sin el consentimiento del autor. Denúncialo. No llegó respuesta. Pero el silencio en sí mismo se sentía como tal. Ynixia negó con la cabeza. «Pensar que alguien como tú se rebelaría contra su propio amo. ¡Qué traición! Si el rey Arturo supiera de esta transgresión, muchas cabezas ya habrían volado por los aires». Le resultaba extraño pronunciar esas palabras; al fin y al cabo, odiaba profundamente al imperio y sus costumbres. Pero, al parecer, surtió efecto. El Merodeador Insomne, como se les conocía, había cesado todos los ataques. Esto lo desconcertó enormemente: el Escuadrón Insomne era conocido por servir como Guardianes del Templo, así que atacar a la Santa Doncella, precisamente a ella, iba en contra de sus deberes. Aprovechando el momento, Ynixia respiró hondo mientras permanecía allí de pie en medio del oscuro silencio, reflexionando sobre su próximo movimiento. Por lo que sabía de los Merodeadores Insomnes, todos solían estar equipados con reliquias de Magia Tecnológica creadas con el poder de la Niebla Sin Nombre imbuida en ellas. El que estaba frente a ella no era diferente: su capa era simplemente una manifestación de la oscura niebla que lo rodeaba y que había envuelto a Ynixia sin que ella se diera cuenta. Dentro de esa burbuja aislada, la realidad seguía presentándose con normalidad. Había recorrido varios pasillos intentando escapar del atacante, pero todo fue en vano. Los mismos pasillos sombríos se repetían una y otra vez, haciéndole creer que el subespacio del castillo intentaba atraparla en un laberinto intrincado. Si bien su suposición era correcta, la verdadera razón no lo era. El castillo nunca fue responsable; si hubiera tenido la capacidad de hacer algo similar, ya lo habría intentado desde el comienzo de su exploración. En efecto, todo se debía a la capa del Merodeador Insomne. Ella sonrió levemente. Él la había rodeado con su presencia, haciéndole creer que recorría el castillo libremente. Por eso podía atacarla desde todos los ángulos y direcciones, a pesar de sus intentos por huir. Su presencia la había rodeado desde el principio. Negó con la cabeza. Si pretende atraparme bajo su patética influencia sobre la Niebla Sin Nombre, entonces debo grabarle a fuego en la cabeza que mi autoridad siempre será mucho mayor que la suya. De lo contrario, mi título de Santa Doncella no valdría nada. Abrió los ojos y fijó la mirada en el borde de la niebla sombría. La vio arremolinarse a su alrededor, como una prisión brumosa improvisada. Sin duda, el Merodeador Insomne se escondía en su ilusorio abrazo. Ella sonrió y dijo: "Si tanto deseas consumirme, con mucho gusto te alimentaré". Mientras decía esto, las sombras que la rodeaban comenzaron a expandirse de forma explosiva, como si se hubiera roto una represa, derramando todo lo que contenía. En un instante, el pasillo por el que corría se transformó en un vacío absoluto, borrado por la Niebla Sin Nombre bajo su control. El mundo comenzó a temblar mientras las dos Nieblas Sin Nombre chocaban entre sí. Pero a pesar de la resistencia del Merodeador, la oscuridad de Ynixia continuó desbordándose sin cesar, ejerciendo una presión cada vez mayor. La «burbuja» no tardó en estallar. Ynixia observó cómo la oscuridad se abría paso entre la niebla circundante, consumiéndola en el proceso. Inmediatamente, lo vio a lo lejos, con su arco en posición de combate, pero sin saber si debía seguir atacando o no. —Permíteme que me encargue de esa capa de ahora en adelante —dijo riendo—. Ya no es tan difícil leer sin ella, ¿verdad? Pero la criatura esquelética permaneció allí en silencio, incapaz de responder. Pero antes de que Ynixia pudiera pensar en su siguiente movimiento, una voz solemne pero melódica resonó a su alrededor: [Has hecho todo lo posible, Merodeador Olvidado. Retírate.] Un escalofrío recorrió la espalda de Ynixia. Recordó al instante a quién pertenecía esa voz. Además, las sombras que había liberado finalmente volvían a ella, revelando más de su entorno. Aquel no era un pasillo cualquiera del castillo. Esta… era la sala del trono. En efecto, en sus ojos se reflejaba una colosal estructura cristalina, con forma de un asiento enigmático que irradiaba poder. La cámara se extendía más allá, decorada con innumerables estandartes y esculturas cristalizadas, custodiadas por feroces maniquíes acorazados que se erguían al unísono a cada lado. “El Trono de Cristal…” susurró. Así lo llamaba la mayoría en el imperio. Como primer bastión de su legendaria conquista, el Castillo de Hyades fue la residencia del mismísimo Rey Arturo. Allí solía sentarse. Tras entregar el castillo a la Duquesa Cassilda, la sala del trono quedó sellada para siempre; nadie podía sentarse en ella, ni siquiera la propia Duquesa. Entonces, ¿por qué...? ¿Por qué Ynixia veía a alguien sentado allí ahora? Y no a una persona cualquiera. Sino a alguien odiado por todo el Imperio de la Muerte... “La Dama del Lago… Morgana el Hada.” Su voz tartamudeó al pronunciar el nombre. A lo lejos, la silueta de la mujer finalmente se hizo visible a medida que las sombras se disipaban. Cruzó las piernas de forma sugerente mientras estaba sentada en el trono mítico, inclinándose hacia un lado y observando atentamente a Ynixia. El pastor hizo lo mismo, capturando cada rasgo de la misteriosa mujer. Aparte de que su cabello plateado era de un color similar al de ella, la mujer llevaba una corona casi idéntica de flores blancas pálidas que rodeaba su cabello recogido. La única diferencia era que… parecían estar empapadas en sangre carmesí. Su túnica negra, completamente hecha jirones, también tenía una característica similar, pero los fragmentos de sangre tenían forma de mariposas, creando un patrón distintivo. Sin embargo, lo que más llamó la atención de Ynixia fue la piel pálida de la mujer bajo la túnica suelta. Sentía como si estuviera mirando fijamente a un fantasma o a una criatura tenebrosa y aterradora disfrazada de hermosa mujer. La extrañeza se hizo aún más palpable cuando notó las alas espectrales de color blanco grisáceo que flotaban tras ella. Tenían una forma similar a la de una polilla o una mariposa, completamente translúcidas, y aleteaban con gracia a sus espaldas. Ynixia chasqueó la lengua. «Debería haber sabido que estabas detrás de esto. Los Merodeadores Insomnes son conocidos por su lealtad al imperio. De lo contrario, no se les permitiría servir en el Templo». La mujer sentada en el Trono de Cristal sonrió. [Te he echado de menos, querida Ynixia. ¿Tú también me has echado de menos?] La pastora apretó los dientes. "¿Qué demonios quieres?" [Qué frío…] Aguzando la mirada, Ynixia deslizó los dedos sobre el Anillo Calavera como si golpeara un pedernal, encendiéndolo en una extraña llama blanca y negra. «¡Oh, Estrellas Negras… Atiended a mi llamado!», la cámara entera se oscureció repentinamente mientras las antiguas palabras de Dulvali resonaban para que todos las oyeran. En un instante, todo quedó sumergido en la presencia de su Reino del Alma. Ynixia observó cómo su palma se envolvía en la extraña llama sombría que no irradiaba calor. La apretó con fuerza en un puño. [Magia de encantamientos], susurró Morgan, pero su voz llenó la cámara de todos modos. [Interesante, creí que odiabas las enseñanzas del Templo.] —Me enfrento a alguien a quien desprecio aún más —Ynixia agitó la mano de repente, dejando que la llama negra formara un arco que instantáneamente se transformó en numerosas flechas llameantes. ¿Soy tan depravado a tus ojos? Ynixia no respondió; continuó canalizando su encantamiento: "Vuela, Llama de las Sombras Arr—" Antes de que pudiera completar su orden, la colosal puerta de la cámara que conduce a la sala del trono comenzó a crujir repentinamente. Ynixia se detuvo, girándose para ver quién había llegado. Sus ojos se abrieron de par en par de inmediato. Del umbral del salón real emergió un gigantesco caballero oscuro ataviado con una armadura silenciosa, cuya espada de sombras con espinas se arrastraba por el suelo con un chirrido áspero. Lo más extraño aún fue que sujetaba con fuerza el cuerpo inerte de una joven inconsciente que colgaba sobre su hombro. [¡Oh, vaya! Has vuelto muy rápido. Y parece que también has traído a otro invitado contigo…] Ynixia se mordió el labio, “Mordred…” Una vez más, recordó aquel dicho popular: “Todo aquello que refleja el Lago Llorón, se infesta de espinos negros.”
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El Hada Errante (Novela) Capítulo 295

Estás leyendo el capítulo 295 de El Hada Errante (Novela), un novela. **Explora. Sueña. Descubre.** Esta fue la respuesta que Soren obtuvo tras realizar un extraño ritual que encontró en línea. El ritual pretendía responder a preguntas que ningún mortal podía responder en ese momento,… Este capítulo tiene publicado el 27 de agosto de 2026, Traducido por el grupo Diganmma. El Hada Errante (Novela) tiene 303 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.