Leer El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela) Capítulo 823 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli, Nishino✍️ Traducción: Crowli, Nishino
En lo más profundo del Reino Inferior, en el lugar donde todas las almas regresan: la Ruina de la Miríada de Almas.
Rompiendo límites, trascendiendo todas las restricciones y barreras, el recién nombrado Soberano del Destino había llegado al destino final de todos los viajes del alma: el lugar donde se encontraban las Lápidas del Fin.
Flotando silenciosamente en el vacío, el cementerio final —el lugar de descanso eterno del silencio— flotaba allí, su superficie iluminada por el brillante resplandor de miles de millones de almas que convergían en él. El magnífico poliedro irregular se movía lentamente bajo esta luz de almas, y sobre su superficie cristalina, blanca como el hueso y lisa como una lápida, innumerables nombres de los difuntos cobraban existencia y se desvanecían de nuevo.
Esta lápida definitiva había permanecido en pie quién sabe cuántas eras. Toda vida en este universo —todas las alegrías y las tristezas, todas las épocas y las tribulaciones— terminó aquí, enterrada aquí... Y ahora, incluso este lugar donde todo descansaba parecía destinado a ser enterrado a su vez. Ese momento, al parecer, era ahora.
De pie ante la monumental “lápida”, la expresión de Dorothy era tranquila, su mirada etérea, absolutamente impasible.
Con el rostro impasible, se acercó lentamente a la lápida. En un destello de luz violeta, toda la estructura empezó a temblar.
“¡¡¡Uuuuuuuuuuu!!!”
Gemidos. Todas las almas reunidas en la Gran Alma, esparcidas por todo el Reino Infernal, lanzaron un grito al unísono. Como si presentieran algo aterrador, estallaron en fuertes sollozos de pánico. Los gritos abrumadores sacudieron no solo el Reino Infernal, sino también el mundo entero, y el universo entero.
Innumerables seres que acababan de experimentar la gran guerra divina se despertaron ante esta perturbación del más allá.
…
"¿Qué... qué está pasando?"
Las almas están en pánico... ¿Por qué? ¿Qué está pasando en el Reino del Inframundo?
La primera en verse afectada fue la tierra sagrada de la Fe Chamánica en el Continente Caída de las Estrellas: el Valle Ancestral. Los chamanes, tras completar sus tareas, intercambiaban pensamientos cuando, de repente, percibieron la intensa agitación de los espíritus salvajes a su alrededor. Incluso los espíritus guardianes de los terrenos sagrados quedaron desorganizados, descontrolados y atacando indiscriminadamente, como si estuvieran aterrorizados.
De inmediato, todos los chamanes intentaron calmar a los furiosos espíritus salvajes. Algunos de los grandes chamanes miraron al Chamán Espíritu Verdadero, sentado en el trono más alto, buscando respuestas. Pero su rostro se había tornado extremadamente serio.
“…Es la Gran Alma… ¿Podría ser…”
El Chamán Espíritu Verdadero comprendió al instante el origen de la anomalía. Inmediatamente intentó proyectar su consciencia al reino interior para comprobar el estado de la Gran Alma.
Pero justo cuando estaba a punto de hacerlo, un destello de luz violeta pasó ante sus ojos.
Y luego se quedó en silencio.
La ansiedad y la solemnidad de su rostro se desvanecieron, reemplazadas por una inexpresiva apatía. Detuvo todo movimiento y simplemente permaneció allí sentado, inmóvil.
En ese mismo instante, el mismo resplandor violeta atravesó los ojos de los demás chamanes y los espíritus salvajes de abajo. Al igual que el Chamán Espíritu Verdadero, también guardaron silencio. Los espíritus cesaron su furia, los chamanes cesaron en sus esfuerzos por calmarlos; todos simplemente permanecieron inmóviles. La paz invadió el Valle Ancestral.
…
En una región apartada y poco conocida, en las profundidades del Reino del Inframundo, se estaba desarrollando una persecución. Pero ahora, se topó con una interrupción inesperada.
¡Ja! ¡No puedes correr más!
Con una armadura dañada y alas cubiertas de escarcha, el guerrero dracónico lanzó su hacha de batalla. El Rey Espíritu Maligno, que huía, recibió un golpe preciso: hielo sólido cubrió la mitad de su cuerpo esquelético, reduciendo drásticamente su velocidad e imposibilitando su escape.
“¡Ríndete, payaso!”
Inut cargó hacia adelante riendo, al ver a su enemigo acorralado. Pero el Rey Espíritu Maligno, sintiendo que no había escapatoria, apretó los dientes y se preparó para un contraataque final y desesperado.
¡Jamás me destruirás! ¡Te lo haré pagar caro!
Las llamas de su alma esquelética se intensificaron. Sin huir más, el Rey Espíritu Maligno desató su poder y atacó a Inut.
Como parte de la Gran Alma, el Rey Espíritu Maligno sabía que no podía ser destruido por completo. Ni siquiera el Emperador de la Luz había podido purificarlo. El recién nacido Soberano del Destino no sería la excepción. Su único temor era ser encarcelado por Dorothy durante incontables eras, como cuando estuvo encerrado en el Ataúd Negro.
Pero ahora, sin escapatoria, estaba decidido a extinguirse como un rayo, infligiendo heridas inolvidables a estos dioses que pretendían construir un nuevo orden cósmico. Aunque no pudiera morir, al menos podría herirlos antes de ser sellado.
Como un perro rabioso acorralado, estaba dispuesto a morder. Pero justo cuando estaba a punto de liberar su poder...
"Qué…"
Se quedó congelado.
Su cuerpo, la llama de su alma, se quedó completamente congelado, como si el tiempo se hubiera detenido. Ni el Rey Espíritu Maligno ni Inut podían creerlo. Este último estaba particularmente conmocionado: la extraña inmovilización no provenía de sus propios poderes.
"¿Mmm?"
Inut intentó apresurarse para examinar al Rey Espíritu Maligno más de cerca. Pero de repente, el cuerpo de llama del alma del Espíritu Maligno comenzó a moverse de nuevo; no para atacar, sino para girar. Rápidamente. Retorciéndose violentamente en un enorme vórtice de energía espiritual.
Ese vórtice espiritual arremolinado formó un remolino centrado alrededor del núcleo del Rey Espíritu Maligno y comenzó a encogerse, tal como agua que se drena de una palangana.
La enorme imagen esquelética del Rey Espíritu Maligno se retorció en el remolino. Su voz se deformó y se fragmentó.
"Ayúdame…"
Con un grito ronco y entrecortado, el Rey Espíritu Maligno, que una vez había maldecido a todos los dioses, pidió ayuda... a uno de sus enemigos más odiados.
Él tenía miedo.
Realmente asustado. Ni siquiera cuando lo habían acorralado antes había mostrado miedo. Pero ahora, lo que fuera que estuviera sucediendo era mucho más aterrador que estar sellado.
Al ver esto, la expresión de Inut se endureció. Agitó sus alas de dragón, invocando una poderosa tormenta de viento gélido para intentar detener el extraño vórtice.
Pero a medida que la tormenta de hielo divina se acercaba al Rey Espíritu Maligno, este se desvaneció. Sin hacer ruido. Solo tenues cristales brillaban en la oscuridad.
“¡¡¡Ayúdenmeee!!!”
El vórtice se aceleró. El Rey Espíritu Maligno se encogió rápidamente, deslizándose en espiral hacia un destino desconocido. Inut se abalanzó, intentando atraparlo, pero justo entonces, innumerables glifos violeta pálido aparecieron en el aire, rodeando la garra extendida de Inut.
En ese instante, sintió que su poder divino era reprimido por la fuerza. Su enorme cuerpo quedó inmóvil, incapaz de moverse.
Al sentir la fuerza que lo retenía, Inut se congeló y luego rugió al darse cuenta.
¡Mocoso de la Casa Hyperion! ¡¿Qué demonios intentas hacer?!
Pero no hubo respuesta.
Aplastado bajo un poder aún mayor, Inut no pudo hacer nada, solo observar impotente cómo el Rey Espíritu Maligno, gritando desesperado, era comprimido en un solo punto... y desaparecía.
…
En el continente central, en la cima del Monte Sagrado bañado en resplandor, dentro de la gran Catedral Sagrada, los cardenales, recién regresados al reino material y todavía tambaleándose como si despertaran de un sueño, acababan de comenzar a hablar de la guerra divina... cuando sintieron el cambio.
¿Qué pasa? Esta sensación es…
Artcheli frunció el ceño y miró a su alrededor con creciente ansiedad.
Hilbert dio un paso adelante con expresión grave.
¿Algo anda mal con los reinos otra vez? ¿Serán restos de la facción del Cáliz?
—No… la perturbación está en el Reino Inferior. No es el Cáliz.
Kramar respondió con gravedad, luego se giró hacia el anciano sentado en el alto trono frente al altar y se inclinó.
“Su Eminencia… esta situación…”
Pero antes de que pudiera terminar, una luz violeta brilló en sus ojos y en los de los demás cardenales. Uno a uno, se quedaron paralizados.
Toda la Santa Catedral quedó en silencio. Todos, mente y cuerpo, se quedaron inmóviles como estatuas.
Faetón, sentado en el trono, miraba al cielo con una mirada de impotencia. A su alrededor, glifos arcanos y fantasmales brillaban.
“¿Es esta tu arrogancia? ¿O tu caída? ¿O… algún plan mayor? Oh, mi noble familia…”
El impotente Papa de la Iglesia Radiante sólo pudo suspirar con resignación.
…
En un acantilado junto a la costa sur del continente principal, donde las olas del Mar de la Conquista se estrellaban, una monja vestida de blanco contemplaba el cielo. La alegría que una vez iluminó su rostro se transformó en preocupación. Con el corazón apesadumbrado, Vania susurró una oración.
“Oh Señor… ¿es esta verdaderamente tu voluntad?”
…
Las profundidades más profundas del Reino Inferior: El Cementerio Final.
Un vacío negro como la boca del lobo llenaba el lugar al que regresan todas las almas: la Ruina de la Miríada de Almas. El inmenso y frío sol-alma que una vez habitó aquí, más grande que cualquier estrella, había perdido su brillo; se desvaneció sin dejar rastro. Sin embargo, el huésped inesperado que había llegado, el joven Soberano del Destino, aún flotaba en silencio en este lugar.
Su palma extendida se volvió hacia arriba y ahora descansaba en ella algo que antes no estaba allí.
Era un poliedro geométrico blanco —parecido a un cristal, a un hueso— que cambiaba constantemente de forma y giraba lentamente en la mano de Dorothy. Tenía la misma forma que el cuerpo divino de la Gran Alma… solo que mucho más pequeño, no más grande que su palma.
Esta era la Gran Alma, capturada con éxito por Dorothy. Aunque de alto rango divino, la Gran Alma carecía de autoconciencia. Frente a Dorothy, ahora el Señor Dios de la Revelación, esta cáscara de cuerpo divino solo podía ser retenida y manipulada a su antojo.
Con la Ruina de la Miríada de Almas descansando tranquilamente en su mano, Dorothy no mostró ningún cambio en su expresión. Dio un paso adelante, y el paisaje a su alrededor giró violentamente. Cuando se estabilizó, se encontró en un espacio completamente nuevo.
Bajo un cielo brumoso, un océano de runas se agitaba con violencia. En el centro de ese mar emergía la imponente base de una pirámide, cubierta de murales, y sobre ella se alzaba un imponente trono, como un monumento.
Tras atravesar instantáneamente incontables capas de reinos, Dorothy regresó a su trono divino. Contemplando el vasto mar de escrituras, agitó la mano ligeramente, y de inmediato, el mar comenzó a agitarse con mayor violencia.
Las aguas de las escrituras se agitaron con furia frente al Trono del Destino. Las olas rúnicas se desvanecieron como si se hubieran borrado, y en su lugar se abrió un vacío completamente negro, del cual algo comenzó a surgir lentamente.
¡Era… otra base de pirámide!
Pero a diferencia de los murales bellamente pintados de la base del Trono del Destino, este se construyó con los restos de innumerables especies y formas de vida: capas tras capas de huesos blancos formaban su base. Sobre esta base se alzaba un trono igual al de Dorothy.
El trono era blanco, cristalino y de apariencia ósea, casi idéntico al Trono del Destino. La diferencia radicaba en que el Trono del Destino tenía detrás una estela monolítica tallada con innumerables inscripciones, mientras que el respaldo de este trono blanco solo albergaba un monumento vacío y sin palabras.
Y así, dentro del mar de escrituras, dos tronos de igual tamaño y forma similar se encontraban uno frente al otro.
Dorothy flotó entre ellos.
No se sentó en ninguno de los dos. En cambio, permaneció suspendida ante su trono original, dejando que el poliedro en su palma volara hacia adelante, flotando ahora frente al trono de los restos huecos.
Como si completara una preparación, la conciencia divina de Dorothy se extendió al reino material, al continente norteño de Ufiga.
…
En ese momento, en las profundidades del desierto del norte de Ufiga, en la recién surgida ciudad de la revelación divina —Heopolis—, Setut se encontraba en lo alto del gran altar, frunciendo el ceño hacia el cielo.
Habló con inquietud en su voz.
Esa perturbación en los reinos de ahora... ¿provino del Reino del Inframundo? ¿Qué pasó? ¿Podrían los dioses caídos del Cáliz haber dejado un plan final? ¿Ves algo?
Se giró confundido hacia su compañera, Shepsuna, pero su expresión no reflejaba pensamiento, sino miedo. Miraba al cielo con puro terror… como si hubiera visto algo horrible.
“Destino… el curso del destino ha cambiado… No, no solo ha cambiado. Se ha vuelto caótico… se ha vuelto mutación… esto… ¿qué es esto?”
Su voz tembló. Shepsuna cayó de rodillas, mirando ciegamente cosas que otros no podían ver.
Setut, alarmado, gritó: "¡Shepsuna! ¿Qué pasa? ¿Qué viste?"
“…Vi la falsedad y la verdad del destino… esto es falso… esto es real… no, esto es real… esto es falso… Señor Sucesor… por favor…”
Antes de que pudiera terminar su oración, un destello de luz violeta atravesó sus ojos. Se quedaron en completo silencio. Sus cuerpos se congelaron en su lugar, con expresiones vacías y vacías. No dijeron ni una palabra más.
Todo el gran altar cayó en un silencio inquietante.
…
“Waaahh~~~”
En ese momento, en el centro del altar, Neftis, vestida con una ornamentada túnica de sacerdotisa, finalmente se despertó. Frotándose los ojos, se incorporó de la formación ritual, aún aturdida, y miró a su alrededor.
Mmm... ya no hay más cosas desagradables por ahí... ¿Eso significa que ganamos? ¿Lo logramos? Genial... Señorita Dorothy, ¿podemos salir ya?
Se puso de pie, temblorosa, y habló para sus adentros con su dios. La respuesta llegó rápidamente.
Al escuchar la respuesta divina, su expresión se oscureció.
“…Ah… otra vez horas extras… ugh…”
Gruñendo y suspirando, Neftis se enderezó y se frotó el hombro antes de regresar al centro del altar.
“Terminemos esto rápido…”
Con una leve queja, la sacerdotisa volvió a bailar en el centro del altar. Las runas, densamente inscritas en la plataforma, se iluminaron, y proyecciones de glifos se expandieron desde Neftis, en su centro, en todas direcciones.
Sin ninguna interferencia mental, sin la menor vacilación o pregunta, obedeció completamente las órdenes de Dorothy y reanudó su trabajo.
Entre todas las existencias de rango Oro que aún estaban vivas en el reino material, ella era la única que no estaba controlada, y la única que no necesitaba estarlo.
…
En otro lugar, en otro continente, en el centro del Valle Ancestral, el Verdadero Espíritu Chamán, todavía inexpresivo sobre el tótem flotante, abrió la boca y comenzó a cantar antiguos encantamientos.
Con su voz, ondas de ilusión pulsaron desde el tótem hacia afuera, extendiéndose desde el Valle Ancestral a regiones cada vez más distantes.
Así, desde Heópolis y el Valle Ancestral, se formaron dos núcleos que enviaron ondas de glifos y ondas por todo el planeta. Estos glifos comenzaron a extenderse por la superficie del mundo.
Una vez que conocieron las ondas, comenzaron a cambiar, evolucionando desde símbolos fijos a otros cada vez más complejos.
Desde letras básicas hasta palabras compuestas, desde ilustraciones literales hasta íconos abstractos… cada forma escrita siguió un camino evolutivo: desde el nacimiento a la complejidad, a la muerte, para luego renacer nuevamente en la simplicidad, repitiendo el ciclo.
…
“…Ha comenzado…”
En la orilla de un pueblo costero, Beverly, aún contenida, miró hacia el cielo recién cambiado y habló con resignación. No había nada que pudiera hacer para detenerlo. Solo podía esperar que no ocurriera lo peor.
“Ahora… todo depende del azar…”
Los glifos que cubrían el planeta comenzaron a expandirse hacia el universo.
En la inmensidad del espacio, flotaron y se expandieron, para luego reagruparse, formando planetas ilusorios en órbitas donde antes no existían. Alrededor de estrellas distantes, estos planetas con forma de texto comenzaron a girar.
Algunos incluso crearon sus propios sistemas estelares fantasma.
Sobre estos mundos construidos por texto, aparecieron vastas ciudades: civilizaciones y razas de todo tipo. Al igual que el ritual de ascensión de Dorothy, las ilusiones de todas las civilizaciones pasadas se reconstruían. Pero a diferencia de aquella ceremonia, estos no eran monumentos estáticos: eran móviles.
Los seres sintientes primitivos alcanzaron la iluminación, surgiendo de orígenes tribales. Mediante la guerra y la paz, el comercio y el arte, la esclavitud y la liberación, construyeron ciudades-estado, luego naciones, luego imperios…
Hasta que finalmente llegó el desastre, la división y el colapso.
Los glifos en evolución penetraron los reinos interiores, causando enormes ondas. En el universo mayor, aparecieron ilusiones aún más grandiosas, que no representaban mortales, sino dioses.
El Rey Sol Tirano es asesinado por una espada oscura durante una rebelión.
En el reino del Soberano de la Muerte brotan árboles que se extienden hasta el cielo, y los ejércitos de no muertos están adornados con flores florecientes.
Un héroe intrépido se enciende en el vacío, trayendo luz perdida hace mucho tiempo al cosmos muerto.
La Madre de la Inmundicia cae en una red tejida con hilos del destino…
En el ámbito material, las civilizaciones antiguas recrearon su ascenso y caída.
En los reinos interiores, las proyecciones divinas recrearon las luchas míticas de los dioses, tanto conflictos como alianzas.
Todo el multiverso se convirtió en una epopeya en constante cambio.
Y quien lo leía era Dorothy, desde su asiento en el dominio del trono.
…
Quizás por haber leído tantos cuentos, Dorothy sintió de repente una ligera somnolencia. Bostezó suavemente, se giró de lado y se acostó, apoyando la cabeza en una mano y cayendo en un sueño profundo.
Aún así sus ojos permanecieron abiertos.
No muy lejos de ella, la extraña construcción geométrica que flotaba cerca de repente se iluminó y luego se distorsionó en otra forma: una "niña", idéntica a Dorothy, en forma espiritual, acostada de lado en la misma postura, con los ojos cerrados.
Entonces, atraídas por una fuerza misteriosa, la Dorothy real y la Dorothy espiritual se acercaron… hasta que se fusionaron en una sola.
En ese momento, en medio del “sueño”, Dorothy sintió que extraños recuerdos surgían en su interior.
Una sensación onírica la invadió.
Ella comenzó a soñar.
…
Tras una breve neblina, la consciencia de Dorothy se aclaró. Lo que vio fue un espacio familiar: sobre ella, un cielo que se arremolinaba con tonos densos y turbios; abajo, un vasto océano construido con escrituras. «Ella» ahora estaba sentada en lo alto de una alta torre que se alzaba sobre ese océano, cuyo suelo estaba inscrito con misteriosos sigilos e imágenes.
Esta escena le resultaba muy familiar a Dorothy: era la vista desde el Trono del Destino, dentro del dominio del trono divino. Pero algo era diferente: la perspectiva ahora parecía más alta de lo que solía ver.
Y no solo su perspectiva era diferente; Dorothy pudo ver que la mano que descansaba sobre el reposabrazos del trono también había cambiado. Era más larga, más poderosa, adornada con elaborados brazaletes dorados con la estética de la Primera Dinastía. El tono de piel era ligeramente más oscuro. No parecía su propia mano, sino la de un hombre.
Y lo más importante, no era solo su mano. Lo que apareció ante «Dorothy» lo dejó inequívocamente claro: frente a ella, el Trono de los Restos Huecos había desaparecido. En su lugar había una figura.
Una muchacha, de dieciséis o diecisiete años por su estatura. Vestía ropa rústica y casera, y sobre sus hombros se extendía la piel de una bestia desconocida. Alrededor de su cuello colgaban varios collares con pequeños huesos ensartados, principalmente colmillos y garras, mezclados con otros fragmentos no identificables. La piel visible de sus brazos y piernas era de un suave tono bronce, y misteriosos tatuajes recorrían sus esbeltas extremidades. Sus pies descalzos estaban al descubierto.
Estaba sentada con las piernas cruzadas en el aire. La parte superior de su rostro, incluyendo los ojos, estaba oculta por el cráneo de una criatura bovina sin cuernos. Un cabello revuelto se desbordaba bajo el cráneo, y en lugar de cuernos, dos largas orejas grises de conejo brotaban de las cuencas abiertas, ondeando ligeramente en el aire, como si fueran suyas.
Con una pipa larga y blanca en la mano, daba caladas suaves. La pipa, decorada con cuerda y brocado, parecía cristalina, o huesuda. Un humo psicodélico emanaba de sus labios, enroscándose en torno a su figura en una neblina que a veces se condensaba en bestias, a veces en personas, en constante cambio, extraña y etérea.
Dorothy, sentada en el Trono del Destino, observaba en silencio a la muchacha. Tras un largo momento, Dorothy finalmente habló, con voz firme y masculina.
—Gitché Manitou… ¿Qué te trae por aquí?
Así lo preguntó “Dorothy”.
La muchacha, a la que llaman Gichet Manitou, exhaló otra bocanada de humo y apuntó su pipa hacia “Dorothy”, respondiendo con ligereza.
No te hagas el tonto. Terminaste el ritual de invocación y te desvaneciste sin decir una palabra. No explicaste nada sobre el nuevo forastero de este ciclo; dejaste a un montón de idiotas ahí parados, completamente despistados. Estoy aquí en su nombre, intentando averiguar qué demonios tramas, viejo cabrón.
Su tono era agudo y claramente hostil.
“Dorothy” se rió entre dientes en respuesta.
—Je... Sigues tan indiscreta como siempre. Igual que cuando llegaste a este universo. No has cambiado nada...
“Cuando hablo con un dios murmurador como tú, no necesito ser educado”.
Manitou no se echó atrás. Apuntó con su pipa hacia adelante y continuó sin rodeos.
—Deja de perder el tiempo, viejo. Dime qué demonios estás planeando o te vuelvo la silla.
Ante su franqueza, “Dorothy” finalmente volvió al tema principal.
Bien, bien... Seré claro. La razón es simple. Ya lo sabes: casi he llegado a mi límite en este ciclo. Es hora de encontrar un sucesor. Este nuevo forastero es el que he elegido. Yo mismo decidiré su destino. Ningún otro dios tiene por qué interferir.
Sentada en el Trono del Destino, “Dorothy” habló con solemnidad.
Al oír eso, Manitou hizo una pausa y luego respondió con interés.
—Así que quieres el control absoluto del nuevo transmigrante... mmm, comprensible. Pero aun así, ¿no les dijiste ni una palabra a los demás? Espera... no me digas... ¿has empezado a desconfiar de ellos?
Observó atentamente a "Dorothy". Pero incluso después de un largo silencio, "Dorothy" no respondió. Esto pareció sorprender sinceramente a Manitou.
—…Ni hablar. Solo estaba especulando. ¿De verdad ya no confías en ellos?
“Dorothy” negó lentamente con la cabeza y finalmente respondió.
—No… No es solo que no confío en ellos. Tampoco confío en ti. No confío en mí mismo. No confío en todo este universo.
Su tono era pesado.
El semblante de Manitou cambió. Sus largas orejas de conejo se inclinaron ligeramente al responder.
—¡Whoosh!... Viejo, parece que se te acabó el tiempo. ¡Lo estás perdiendo!
—No… Manitou, estoy tan lúcido como siempre. Siempre lo he estado. Esta desconfianza no nace de la nada; tiene un origen. Uno muy claro.
El fracaso anterior de nuestro universo. Y el anterior. Y el anterior... Todos y cada uno de los fracasos.
«Dorothy» continuó con calma. Manitou ahora mostraba una clara confusión.
¿Te refieres al fracaso de nuestros ciclos? Pero… ya tenemos conclusiones al respecto, ¿no?
Cada vez que fallamos es porque no introducimos suficiente causalidad externa en el universo.
No hay suficientes variables. Así que no podemos vencer al Huevo del Caos ni evitar el inevitable final.
Claro que conozco esas conclusiones. No las niego. Simplemente… he desarrollado una comprensión más profunda.
Continuó explicando.
“Sabes cómo las alas de una mariposa pueden provocar una tormenta en la distancia, ¿verdad?
Las variables pueden amplificarse. Si se organizan con el suficiente cuidado —si los destinos se entrelazan en una vasta red interconectada—, colocar la variable crítica en el centro puede desencadenar reacciones en cadena.
“Transformar una pequeña variable en una enorme…”
Mmm... un efecto dominó del destino. Lo entiendo. Siempre has estado tejiendo esos destinos desde las sombras en cada ciclo, intentando crear la reacción en cadena perfecta. Pero... nunca lo has logrado, ¿verdad?
Manitou asintió pensativamente.
“Dorothy” respondió.
—No. No lo he hecho. Por muy intrincados que sean mis diseños... Cada vez, algo hace que la cadena falle.
“A lo largo de incontables ciclos, he diseñado tantos juegos, creado tantos scripts… He colaborado con dioses abiertamente y en secreto, he eliminado toda fuente conocida de interferencia… Y aún así, el resultado nunca fue el que pretendía.
"Es desalentador."
Su tono estaba lleno de decepción.
Manitou suspiró y dijo: «Quizás… El Caos es simplemente mucho más fuerte de lo que pensábamos. Quizás no se pueda detener su corrupción con solo una cadena de variables».
“No… no creo que el problema esté en el Caos.”
Esa respuesta la sorprendió.
¿Qué? ¿No es Caos?
Al menos no del todo. Empecé a pensar así porque, en cada ciclo, mis guiones nunca triunfan del todo. La mayoría de las veces, sí, el fracaso parece deberse a que Caos supera las expectativas. Pero a veces… a veces, todo se derrumba incluso cuando Caos no está involucrado.
Tomemos como ejemplo la «Mansión de Marionetas de Seda» del último ciclo. No fue tocada por el Caos, y aun así se desmoronó. Se desvió completamente de mi diseño... terminó en un colapso total.
“Y esto ha sucedido más de una vez.
Normalmente, solo la corrupción del Caos —o el sabotaje de otro dios principal— podría alterar el destino hasta ese punto. Pero incluso habiendo cooperado con todos los dioses y bloqueado todo el Caos… alguna fuerza inesperada sigue interfiriendo. Siempre.
Sentada en el Trono del Destino, “Dorothy” continuó su monólogo.
Manitou golpeó su máscara de calavera con su pipa y luego preguntó con cautela.
—¿Y qué? ¿Crees que alguno de los otros te ha estado saboteando en secreto?
Pero la respuesta de “Dorothy” fue aún más sorprendente.
No. No creo que ninguno de los otros dioses principales sea responsable. Incluso si alguien lo fuera, no es la causa del problema. De hecho… mi teoría es más radical.
“Creo que existe, más allá del Caos, otra fuerza.
Un poder oculto e intangible en este universo… que ayuda al Caos. Que se opone a nosotros.
¿Qué? ¿Un enemigo que no sea Caos…?
Los ojos de Manitou se abrieron de par en par, incrédulos. Insistió.
—Eso es… atrevido. ¿Tienes alguna prueba o pista?
—Todavía no. Pero… si estás dispuesta… quizá pueda encontrar algo.
“Dorothy” la miró directamente.
Las largas orejas de Manitou se levantaron con cautela.
¿Yo? ¿Qué estás planeando?
Nada drástico. Solo quiero elevar mi pensamiento. He estado intentando deducir si tal fuerza existe... Pero ni siquiera con el intelecto de un dios principal, puedo encontrar una respuesta.
“Hace mucho tiempo, comencé a buscar la capacidad de pensar más allá de la mente de un Dios Señor”.
"Dorothy" expresó sus pensamientos con franqueza, y al oírlos, Manitou se puso visiblemente más alerta. El humo que la rodeaba empezó a arremolinarse con más rapidez, transformándose en diversas criaturas míticas y gruñonas.
Disculpa que te lo diga, pero tu idea es demasiado peligrosa... Viejo tonto... ¿No me digas que de verdad esperas que me ofrezca como material de fusión para tu ascensión? En serio... viejo...
El tono de Manitou estaba teñido de clara amenaza y advertencia, pero las siguientes palabras de “Dorothy” no intentaron aumentar la tensión.
Tranquilízate, Manitou… No tengo intención de usurpar tu poder. De hecho, anhelo el poder de los Dioses Primordiales, pero no en su totalidad. Solo me interesa su pensamiento.
"¿Pensamiento?"
Así es, solo era una idea. Entiendo que si la divinidad Primordial regresa, la invasión del Caos en el universo será aún más difícil de reprimir. Por eso nunca he tenido la intención de ascender. No busco el poder del Dios Primordial, solo su mente.
Lo que quiero hacer es, en condiciones donde nuestros cuerpos y poderes divinos estén completamente separados, fusionar únicamente nuestra consciencia, conmigo como ancla. Mediante un ritual especial, elevaremos nuestras mentes más allá de las limitaciones de la divinidad, permitiéndonos percibir más, comprender más causalidades y calcular lo que antes era incalculable. Una vez terminado, nos separamos de nuevo.
Frente a la Diosa de la Muerte, «Dorothy» explicó con seriedad. Manitou se quedó paralizado un instante antes de estallar en carcajadas.
“Solo las mentes fusionadas, solo eleva el pensamiento… Ja, deja que seas tú quien invente tal plan, viejo…
Una idea descabellada, algo que solo un dios medio podrido en las últimas podría imaginar... Suena bien en teoría —fusionar solo la mente—, pero este tipo de acoplamiento profundo entre autoridades divinas opuestas nunca se ha logrado. ¿Quién sabe qué pasará si algo sale mal? ¿Y si la fusión va más allá de la mente? ¿Puedes garantizar que no?
Manitou preguntó con dureza, y “Dorothy” respondió con calma, como si ya hubiera anticipado la duda.
No puedo garantizar que no haya accidentes. Pero sí puedo garantizar que, si algo sale mal, podré cancelar todo el proceso de inmediato.
Terminar el proceso es más fácil decirlo que hacerlo. ¿Cómo lo lograrías? Para entonces, puede que la situación ya no esté bajo tu control...
Después de una breve pausa, “Dorothy” respondió con voz solemne.
Usaré mi propia caída como medida de seguridad. Antes de que nuestras mentes se fusionen, instalaré en mí un protocolo de autoejecución. No necesitas fusionar completamente tu consciencia con la mía; solo deja un pequeño fragmento fuera del ritual.
Ese fragmento de tu consciencia tendrá la autoridad para activar el programa de autoejecución. Si ocurre algo imprevisto durante la fusión, tu fragmento puede activar el protocolo, colapsando mi divinidad y sumiéndome en la ruina inevitable, lo que detendrá el ritual por la fuerza.
Por eso, este ritual solo puede llevarse a cabo conmigo como ancla, y solo en este ciclo, porque estoy destinado a caer en esta misma ronda de la existencia. Solo deseo que, antes de morir, pueda obtener información valiosa para el próximo sucesor. Si tiene éxito, maravilloso. Si falla, no es ninguna pérdida. Estaba destinado a perecer de todos modos...
Sentada en el Trono del Destino, «Dorothy» habló con solemnidad, dejando al descubierto todo lo que sentía. Manitou se quedó atónito al oírla. Después de un rato, dio una larga calada a su pipa.
Uf... Sigues tan despiadado como siempre, ¿eh? Ya sea con tus enemigos o contigo mismo. Admito que es un plan genial, pero no está exento de riesgos. Ya estás medio muerto, así que quizá no te importe, pero ¿por qué demonios debería arriesgarme? Todavía estoy en la flor de mi vida divina, ¿sabes?
Manitou exhaló una larga bocanada de humo y se dirigió a “Dorothy” con seriedad, pero “Dorothy” respondió con un tono ligeramente cambiado.
“Porque una vez fuiste el principal ejecutor de la Banda Chengtan Yi-Long… luego su jefe más fuerte, 'Dragón Muerto' Ma Hong… Por los años de camaradería entre nosotros… Porque cuando llegaste por primera vez a este universo, fui yo quien te ayudó… ¿O has olvidado esas deudas ahora que te has alzado?”
Mirando al ex pandillero convertido en diosa de la muerte, Dorothy habló con severidad. Al escuchar esas palabras, Gitché Manitou sonrió y dijo:
“¿Cómo podría olvidarlo…? Osse, viejo…”
...
Quién sabe cuánto tiempo después, seguía siendo el mismo tranquilo y divino trono. El infinito mar de escrituras seguía fluyendo como siempre, y en su centro, el majestuoso Trono del Destino aún se alzaba.
«Dorothy» —no, era Dorothy a través de los ojos de Osiris— seguía sentada en el Trono del Destino. Todo parecía igual que antes, salvo por una diferencia: la joven que se había sentado frente a ella había desaparecido. En su lugar flotaban dos chispas de llamas del alma: una grande y otra pequeña.
“Entonces, ¿están todos listos?”
De la llama más pequeña surgió una etérea voz femenina. Osiris respondió.
Ya está todo hecho. Ya sea para la dinastía, los dioses o el futuro sucesor, he tomado todas las medidas posibles dentro de los límites de la invasión. ¿Y tú?
No hice ni de lejos tanto. Mis riesgos son mucho menores que los tuyos; incluso en el peor de los casos, no será tan grave. Así que no tuve tiempo de preocuparme por cada detalle...
Mientras ella hablaba, la llama del alma más grande flotó hacia Osiris, quien la recibió y la colocó contra su frente.
Bueno, dejémonos de charlas y sigamos adelante. Quiero ver si hoy por fin puedo organizar un banquete para tu maldito funeral.
Desde el interior de la llama más pequeña, esa pequeña porción de la consciencia de Manitou lo animó a continuar. Osiris solo esbozó una leve sonrisa, cerró los ojos y comenzó el solemne ritual con un murmullo.
Mientras el conjunto místico se extendía rápidamente por el mar de escrituras, Osiris empujó la oscura llama del alma hacia su frente, iniciando la fusión de la voluntad de la diosa de la muerte con la suya.
Gracias a una meticulosa preparación, el ritual transcurrió con fluidez. Entre el vaivén de pensamientos infinitos, en el fluir de incontables destinos, Osiris sintió que su ya grande voluntad se elevaba, se refinaba. Su mente, que ya abarcaba el universo, se volvió más vasta y precisa.
En ese momento, Osiris adquirió una comprensión más profunda de la esencia del universo, capaz de descifrar verdades sobre la verdad misma y de calcular el destino del destino. Percibió bajo el río del tiempo, destinos aún más profundos que corrían bajo su superficie visible.
Omniabarcante. Omnisciente. Con este audaz experimento —sin la esencia de un Dios Primordial—, utilizó su pensamiento para simular y proyectar el universo. Y alcanzó resultados asombrosos nunca antes posibles.
A medida que la simulación se profundizaba, descubrió más secretos. Sin embargo, ninguno de ellos era lo que realmente buscaba. Tenía que continuar para descubrir el verdadero secreto.
Y luego lo hizo.
Cuando lo descubrió, se quedó impactado. No solo por lo que era, sino porque lo encontró mientras se simulaba a sí mismo.
“Esto… esto es…”
Incluso en profunda meditación, Osiris no pudo evitar reaccionar. Y justo entonces, una voz resonó desde lo más profundo de su corazón.
“Ah… finalmente me descubriste…”
La voz resonó desde la mente de Osiris. Su tono y timbre eran idénticos a los suyos, como si hablara consigo mismo.
Y mientras conectaba los puntos con el contenido de la impactante verdad que acababa de simular, involuntariamente habló en voz alta.
“¡Tú eres… el Señor del Conocimiento!
“Uno de los Tres Dioses Primordiales, ¡no fuiste destruido después de todo!”
Felicidades... has respondido a tu duda, hijo mío. Pero es un poco tarde. He esperado diez mil millones de años por este momento. Me has decepcionado...
“Pero afortunadamente… todo va bastante bien…”
Con esas últimas palabras, Osiris sintió que una voluntad titánica e irresistible emergía de su mente, tomando el control de su cuerpo. No tenía poder para resistirse.
…
Mientras tanto, en tiempo real —más allá de los recuerdos del pasado—, en el espacio entre los dos tronos divinos, Dorothy aún dormía en el vacío. Mientras la emoción se reflejaba en su rostro, comenzaron a aparecer fisuras en su piel, como si algo en su interior se preparara para liberarse.
En este ritual monumental, la voluntad del antiguo dios primordial revivía en el cuerpo del ascendente. Las otras dos voluntades antiguas se habían desvanecido hacía tiempo, fundiéndose ya con el mundo.
Y con el despertar de esa voluntad, la turbulencia del Huevo del Caos se intensificó. Como la última voluntad primordial restante, guiaría finalmente al universo entero hacia el caos, para fusionarlo todo en uno, y la antigua voluntad lo usaría como su vehículo para convertirse en el Dios del Caos.
Ha llegado el momento. Un ritual que se ha gestado durante diez mil millones de años... concluye aquí. ¡Eclosiona ya!
Los ojos de Dorothy se abrieron mientras dormía. En su mirada turbia, no se veía ningún color. Las palabras que salieron de sus labios ya no pertenecían a su yo original.

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Estás leyendo el capítulo 823 de El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela), un novela. En medio del vapor de la revolución industrial, los misterios surgen bajo la superficie. Las sectas y las sociedades secretas buscan lo extraordinario en las sombras, mientras que los dioses ocultos contemplan a la… Este capítulo tiene publicado el 16 de marzo de 2026, Traducido por el grupo Crowli, Nishino. El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela) tiene 828 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.