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Leer El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela) Capítulo 822 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli, Nishino✍️ Traducción: Crowli, Nishino
Nubes oscuras se cernían densamente sobre el cielo sombrío. Bajo este manto, la tierra estaba árida y sin vida: un páramo desolado de roca negra como la brea que se extendía hasta el horizonte borroso. Grietas irregulares se extendían por toda la tierra ennegrecida, de la que emanaban humos abrasadores sin cesar. En el corazón de este vasto y negro páramo se alzaba una montaña solitaria. Sus empinadas laderas, del mismo tono obsidiana que el suelo, se alzaban hacia el cielo. En su cima, se elevaba una densa humareda negra mientras las llamas centelleaban bajo ella. En la base de la montaña, atronadores gritos de batalla resonaban sin cesar. Desde el extremo más lejano del páramo surgió una marea de cuerpos: un ejército enorme, vasto y abrumador, que avanzaba como olas. De imponente estatura, ataviados con armaduras rudimentarias y empuñando armas primitivas, los hombres bestia de piel roja emitían aullidos salvajes mientras cargaban sin miedo bajo el rugido de los tambores de guerra. Su objetivo: la imponente Montaña Negra en el centro del páramo. Al pie de la montaña los esperaba un ejército humano completamente armado, con armadura pesada estándar. Aunque ondeaban estandartes diferentes, estas tropas de élite habían formado formaciones cerradas alrededor de la Montaña Negra, resistiendo al enjambre de hombres bestia que atacaba desde todas direcciones. Entre el choque de espadas y la explosión de hechizos, el campo de batalla se convirtió en una brutal cosecha de vidas. Los guerreros al pie de la montaña se alzaban como un muro de carne y acero contra la marea incesante. Cada vida perdida era como un grano de arena arrastrado por una violenta corriente. Las bestias de guerra pisoteaban los cuerpos de los soldados, avanzando paso a paso, mientras todos los defensores restantes luchaban desesperadamente por mantener la línea. Mientras la feroz batalla se desarrollaba abajo, una escena diferente se desarrollaba en la cima de la Montaña Negra, cerca de la boca del volcán que arrojaba humo y llamas. Encaramada en un acantilado escarpado al borde del cráter, se encontraba una niña pequeña. Tenía el pelo canoso y vestía un extraño vestido con runas arcanas. De pie en el precipicio, observaba con resolución el magma agitado que se alzaba bajo sus pies, como si hubiera tomado una decisión. —Salitya... muchacha del destino... ¿estás segura de que quieres darlo todo por una profecía tan elusiva y vaga? Aún hay tiempo de volver atrás —dijo un gato viejo, de pelaje gris amarillento, sentado tranquilamente detrás de ella. Usó lenguaje humano para expresar esta última advertencia. Pero el corazón de la muchacha ya estaba tomado. Por muy incierta que sea la profecía del Sabio... ahora mismo, solo tenemos un camino. El destino de todo el reino —no, del mundo entero— recae sobre mis hombros. Tantos se han sacrificado solo para escoltarme hasta aquí. ¡No puedo defraudar a esos héroes! Con determinación, la muchacha abrió los brazos de par en par, encarando el creciente fuego que se extendía debajo, y gritó en voz alta. ¡Oh, Dragón de Leyenda! ¡De acuerdo con la antigua profecía, la descendiente de Alessia se encuentra aquí! ¡Acepta esta ofrenda! ¡Despierta una vez más! Con un grito, la chica saltó desde el borde, sumergiéndose en las fauces ardientes del volcán. Su pequeña figura se desvaneció rápidamente en el resplandor fundido, desapareciendo en un instante. Su atrevido salto fue recibido con silencio. Aparte de los abrumadores sonidos de la guerra que resonaban abajo, no se oyó ningún otro ruido. Era como si la chica consumida por la lava fuera insignificante y olvidada. El viejo gato en el acantilado suspiró profundamente al verlo. Pero poco después, el suelo empezó a temblar. La imponente Montaña Negra empezó a temblar, dificultando que quienes se encontraban abajo pudieran mantenerse en pie. La lava del cráter empezó a agitarse violentamente, y el viejo gato, sobresaltado, se elevó rápidamente y se alejó volando del borde del cráter. "Qué es esto…" ¡¡BOOM!! Antes de que el felino volador pudiera terminar su exclamación, el volcán entró en erupción con un rugido ensordecedor. La lava brotó en todas direcciones, formando orbes llameantes que cayeron como bolas de fuego sobre el ejército de bestias, reduciendo a cenizas innumerables vidas. En medio de la fuerza explosiva, la montaña se quebró, y entre el humo y las llamas, un rugido profundo y resonante resonó. De la cima destrozada surgió una figura gigantesca. Se elevó hacia los cielos y extendió sus alas, oscureciéndolos por completo. Su largo grito resonó por cielo y tierra. Cubierto de escamas brillantes, similares a rocas fundidas, y con enormes alas grabadas con runas arcanas, el dragón llameante descendió del cielo. Voló a baja altura sobre las filas de hombres bestia, trayendo consigo un viento abrasador y huracanado. Bajo la sombra de sus alas, ese viento abrasador atravesó las filas de bestias. La carne se consumió en un instante, dejando solo cadáveres carbonizados y desmoronados. Al pie de la Montaña Negra, donde las líneas casi habían colapsado, los soldados restantes levantaron sus armas ensangrentadas en un aluvión de esperanza y emoción, gritando: “¡Larga vida! ¡Larga vida! ¡Viva el Dragón de Leyenda! ¡Viva la Santa Dragón! ¡Viva la Santa Dragón! Sus gritos resonaron en el brutal campo de batalla mientras los guerreros sobrevivientes contemplaban al poderoso dragón que anunciaba la destrucción, mirándolo como si estuvieran viendo la esperanza del mundo mismo. … Los vientos aullaban en el mar turbulento bajo un cielo oscuro y nublado. Este era un mundo de agua. Ningún barco podía navegar las olas embravecidas de este océano. Entre las mareas agitadas, solo existía un pedazo de tierra firme. Había sido una montaña. Pero tras la furia del océano, la mayor parte se había hundido, dejando solo la cima expuesta como una isla solitaria. Sobre esta isla se alzaba una ciudad, cuya silueta se alzaba desafiante contra el mar embravecido. Muros de hierro rodeaban la antigua ciudad en la cima de la montaña. En lo alto de las murallas, soldados uniformados, fusiles en mano, disparaban contra las olas a monstruosos hombres-pez con cuerpos humanoides y cabezas de pez que saltaban del mar. Una densa lluvia de disparos formó una cortina mortal, aniquilando a los monstruos marinos invasores. Sin embargo, eran demasiados. Mientras caían montones de cadáveres, otros se apiñaban, escalando las murallas de hierro. Pero quienes lograron colarse se encontraron rápidamente con cuchillas afiladas. Soldados autómatas, armados con cuchillas giratorias, se deslizaban por los raíles incrustados en las paredes, abatiendo a cualquier intruso. Los cañones instalados en las murallas de la ciudad retumbaban sin cesar, destrozando a enormes monstruos marinos a medida que emergían, tiñendo de sangre las aguas circundantes. Pero aún llegaban más: una marea interminable de hombres-pez y criaturas marinas que atacaban sin temor a la muerte. “…Esto nunca va a terminar…” En una sección del muro de acero, un joven oficial de piel ligeramente oscura, vestido con uniforme militar, murmuraba con tristeza mientras abatió a un gyojin que acababa de trepar. Al enfundar su pistola y girarse para observar el campo de batalla, que se deterioraba cada vez más, un soldado cercano gritó alarmado. ¡Comandante Hardy! ¡Mire allá! Hardy se giró hacia el mar lejano. Lo que vio ensombreció su expresión: una ola gigantesca se precipitaba hacia ellos. Un tsunami de más de cien metros de altura. Ante esta abrumadora fuerza de la naturaleza, Hardy no dio órdenes de evacuación. En cambio, caminó con calma hasta una plataforma en el borde interior del muro, cogió un receptor con cable y habló con voz firme. Devorador Marino de Nivel Siete se acerca... Hemos agotado nuestras fuerzas. ¿Estás listo, Odiseo? Su mensaje viajó a través de intrincados relés mecánicos hasta el corazón de la ciudad, a una sala de control subterránea llena de engranajes y palancas. Allí, un anciano escuchaba mientras trabajaba. ¡Perfecto! Los ajustes están completos. Con lupas sujetas a la cabeza, el anciano —Odiseo— terminó de ajustar la velocidad del último engranaje. Se giró hacia una gran palanca, la sujetó con fuerza, respiró hondo y dijo: “Ahora… es hora de escapar de este mar de muerte de una vez por todas”. Con esas palabras, Odiseo bajó la palanca. Al instante, la maquinaria circundante cobró vida. Cadenas y engranajes giraron desenfrenadamente, y el zumbido se extendió por toda la ciudad. Ese zumbido se convirtió en un temblor. Engranajes gigantescos incrustados por toda la ciudad comenzaron a girar. La ciudad entera empezó a temblar y luego, lentamente, a elevarse. Era visible a simple vista: la ciudad sitiada se elevaba desde la isla, flotando en el aire, cada vez más rápido. ¡Vuela, Vicktell! ¡Vuela donde el mar codicioso no puede llegar! ¡Que tu rugido sea el grito de guerra para que todos los habitantes de la tierra recuperen lo que es nuestro! Con la declaración de Odiseo, la ciudad mecánica se elevó hacia el cielo gracias al poder de potentes motores, dejando atrás el mar, los monstruos infinitos y la isla sumergida. Al azotar el enorme tsunami, solo consumió la roca estéril. La ciudad se había convertido en una isla suspendida en el aire, encaminándose hacia un horizonte más amplio. Dentro de la ciudad, los civiles que habían vivido aterrados y los soldados que habían luchado desesperadamente en las murallas estallaron en vítores. Hardy, observando la escena, dejó escapar un suspiro de alivio. Mirando hacia el océano embravecido y los monstruos marinos que se retorcían bajo sus pies, dijo fríamente: “Solo espera... Un día, recuperaremos todo lo que nos pertenece”. … Bajo el cielo nocturno completamente negro, las luces brillaban intensamente. En la bulliciosa metrópolis, los rascacielos se alzaban desde el suelo y la densa arquitectura estaba adornada con deslumbrantes luces de neón que proyectaban sobre toda la ciudad una radiante exhibición de color. Innumerables anuncios holográficos flotaban en el cielo oscuro, mientras la gente en tierra se entregaba al caos decadente y onírico del mercado nocturno. Aunque ya era muy de noche, la energía y la pasión de la ciudad no daban señales de decaer. Esta ciudad insomne estaba repleta de rascacielos, algunos de los cuales pertenecían a las élites gobernantes de la metrópoli. Como territorios clave, estos edificios siempre ofrecían entretenimiento. Un ejemplo de ello se desarrollaba ahora en la sede de "Corporación LifeTech". En uno de los pisos superiores, tenuemente iluminados, de la sede de LifeTech, un grupo de figuras sombrías acechaba. Estos individuos no identificados, enmascarados y armados con armas de fuego, estaban dispersos por toda la planta, vigilando atentamente todos los movimientos. En el centro de este piso oscuro había una sala de servidores repleta de innumerables servidores y cables enredados. Varias figuras estaban reunidas allí. Una de ellas tenía un cable conectado desde el puerto de datos de su frente a un servidor, y también estaba conectado a una computadora portátil que operaba rápidamente. Sus dedos bailaban sobre el teclado, mientras sus ojos escudriñaban el denso flujo de datos en la pantalla. “Ya casi llegamos…ya casi llegamos… “Muy pronto… la gente de esta ciudad… despertará a la verdad de la Madre…” Murmurando con un dejo de locura, el hacker de la Banda Mosquito Sangriento intensificó sus esfuerzos. En ese momento, estaba hackeando activamente los servidores de LifeTech, insertando un virus que se propagaría a través de la red de LifeTech en los chips médicos implantados en todos los residentes de la ciudad. Este virus desactivaría varias funciones críticas de los chips médicos, incapacitando los sistemas de refuerzo inmunológico implantados en decenas de millones de personas. Una vez que esto sucediera, la nueva plaga se propagaría libremente e incontrolablemente por toda la ciudad. Los miembros de la banda extremista ejecutaron su plan con precisión calculada: el grupo de hackers gestionó la infiltración, mientras que el grupo de seguridad mantuvo la vigilancia en toda la planta. Hasta el momento, no habían encontrado nada inusual. ¿Qué es ese sonido? En ese momento, a un lado del piso, un pandillero que patrullaba se quedó paralizado como si hubiera presentido algo. Se acercó a un ventanal y miró hacia abajo, solo para presenciar una escena que lo dejó atónito. Debajo de su piso activo, algo corría por la elegante superficie de vidrio del rascacielos LifeTech. Al observar más de cerca, vio que era —increíblemente— una motocicleta. ¡Una motocicleta que subía a toda velocidad por la cara vertical de 90 grados del rascacielos! Usaba las ventanas de vidrio reforzado del edificio como vía de acceso, acelerando directamente hacia su piso. ¡Alerta! Algo... ¡AARGH! Al girarse para advertir a sus compañeros, dos enormes neumáticos negros aparecieron contra la ventana que tenía detrás. Con un estruendo atronador, el cristal reforzado se hizo añicos. Una motocicleta pesada irrumpió, aplastando al pandillero bajo sus ruedas al estrellarse contra el suelo. "¿¡Quién está ahí!?" Sobresaltados por el ruido, los demás pandilleros que patrullaban apuntaron rápidamente sus armas al intruso, pero antes de que pudieran abrir fuego, se oyeron disparos desde la motocicleta. En una ráfaga de fogonazos y explosiones, los pandilleros se desplomaron uno tras otro antes de poder reaccionar. Mientras desataba una lluvia de balas, la motocicleta rugió hacia adelante a través del interior del rascacielos, atravesando una puerta y estrellándose contra la amplia sala de servidores. Chocó con fuerza contra el hacker en la terminal, lanzándolo por los aires. El cable de datos le fue arrancado de la frente y dio dos vueltas en el aire antes de estrellarse contra el suelo, vomitando sangre. Buenas noches, escoria de la Banda Mosquito Sangriento. ¿Qué pasa? ¿Intentan animar la lotería de cadáveres esta noche? En medio de la neblina de dolor y confusión, el hacker moribundo oyó una voz femenina nítida. Con sus últimas fuerzas, levantó la cabeza para vislumbrar al intruso. Era una mujer alta y llamativa, vestida con un ajustado traje de cuero negro que realzaba su seductora figura. La cremallera de su pecho estaba ligeramente desabrochada, revelando un ligero volumen. Un pie se apoyaba en su motocicleta zumbando, una mano agarraba el manillar y la otra sostenía una pistola humeante. Su larga cabellera, suavemente rizada, ondeaba tras ella, y tras sus brillantes gafas de sol, que reflejaban la imagen, se veían unos labios rojos, sonrientes y seductores. “C-Cazarrecompensas… Caballero… Vlera…” Al comparar la figura que tenía ante sí con los datos de su memoria, los últimos pensamientos del hacker se desvanecieron en la inconsciencia. La oscuridad lo invadió y perdió el sentido del mundo. Al igual que el resto de sus compañeros, en esta noche por lo demás normal, fue perseguido por uno de los depredadores que acechaban el inframundo de la ciudad. … Innumerables mundos… incontables hilos del destino… incontables historias… En el choque entre dos fuerzas divinas, casi toda la existencia se vio arrastrada al conflicto. Dominios incalculables se formaron como incontables mundos, cada uno imbuido del poder de estas dos vastas fuerzas, dando lugar a una guerra sin fin. ¿Cuánto duró esta guerra? ¿Cuán extensa fue? Nadie podía decirlo con certeza. Seguían creándose nuevos mundos como campos de batalla donde ambas potencias se enfrentaban. Cada uno de estos mundos, que existían simultáneamente, había sobrevivido cientos de miles, millones, de años. Algunos de estos mundos eran reales, otros simulados. Pero todos, por igual, los sirvientes predestinados de estos poderes se convirtieron en peones de sus grandes maestros, reencarnándose una y otra vez, viviendo vidas turbulentas en incontables reinos, luchando por dioses cuya existencia misma permanecía incierta, todo en nombre de erradicar al otro bando. Por fin, después de incontables siglos y un caos incesante, esta guerra aparentemente eterna finalmente se acercaba a su fin. … Año gregoriano 2057, veintiún años después del Cataclismo. Gracias a los incansables esfuerzos de las naciones de todo el mundo, y bajo el liderazgo de las Hermanas de la Salvación, el brote global del virus bioquímico finalmente se controló. Con el despliegue de poderosas armas especializadas desarrolladas por las Hermanas, legiones de zombis y mutantes monstruosos fueron rápidamente erradicadas, y la humanidad comenzó a reclamar las tierras que había perdido. En la antigua capital de la Unión del Sur, Dolon City, el lugar del brote original, se había logrado la victoria. Descuidada y desolada durante años, la ciudad estaba siendo recuperada, e innumerables desplazados regresaban con entusiasmo a sus antiguos hogares. En el centro de la ciudad, el ejército libertador se estaba reuniendo para un desfile ceremonial. Los ciudadanos se congregaron para celebrar en torno a los soldados victoriosos. Por primera vez en años, la ciudad, antes silenciada por los no muertos, se llenó de alegría y vida. La música festiva resonaba por las calles, los vítores resonaban bajo la lluvia de flores, y los guerreros triunfantes marchaban en orgullosa formación. Al lado de una de esas calles festivas, se alzaba un alto edificio con una ventana de madera abierta de par en par. Una figura permanecía allí, contemplando la jubilosa escena. Era un hombre, un joven de veintipocos años. Vestía una gabardina amarilla, tenía rizos negros y despeinados, y la piel tan pálida que parecía enfermiza. Su expresión severa estaba teñida de melancolía. Al observar el desfile, su mirada se contradecía. Parecía querer decir algo, o quizás actuar, pero al final se contuvo. Con un suspiro silencioso, apartó la mirada y regresó a la habitación. En marcado contraste con la ciudad, largamente desolada, que se veía desde el exterior, la escena tras la ventana era completamente distinta. Dentro del rascacielos de acero y hormigón se encontraba un estudio de madera cálido y refinado. Estanterías altas cubrían las paredes, pergaminos desordenados se apilaban sobre el escritorio y delicados adornos decoraban la habitación. Era claramente un espacio privado y personal. En un rincón había un reloj que hacía tictac. Debajo, una mesita de té. A un lado, una niña de cabello plateado tomaba té tranquilamente; al otro, un poco más lejos, una anciana yacía en un sillón reclinable, vestida con una sencilla túnica blanca, con los ojos cerrados en un tranquilo descanso. Dos niños, de no más de diez años, jugaban cerca de ella. ¡Guau, guau! ¡Te voy a morder! ¡Jaja! ¡Te pillé! Un niño sostenía un lobo negro de peluche, el otro una serpiente roja. Chocaban y jugaban sin control. La anciana no hizo ningún esfuerzo por detenerlos, como cualquier abuela dormitando junto a sus nietos. Al ver esta escena, el joven suspiró nuevamente y regresó a la habitación, caminando hacia la mesa de té. “Esta ronda… parece que he ganado otra vez.” Sentada tranquilamente tras la mesa de té, bajo el reloj, la chica de cabello plateado sonrió y dijo mientras tomaba otro sorbo de té. El joven respondió con franqueza. —Sí. Como siempre… tal como lo esperaba. Mientras hablaban, volvió su mirada hacia el tablero de ajedrez que había sobre la mesa: un juego poco convencional, donde las piezas no eran blancas y negras, sino rojas y moradas. En ese momento, el tablero había llegado a su final. El bando rojo se retiraba a toda velocidad, la mayoría de sus piezas habían sido capturadas, e incluso el rey estaba en jaque: una situación claramente desesperada. —Bueno, entonces te toca a ti. Por favor, —dijo la chica de cabello plateado con una sonrisa mientras dejaba su taza de té sobre la mesa, invitando al joven a hacer su siguiente movimiento. El joven se acercó al tablero de ajedrez y tomó su rey, que estaba en jaque, luego miró a través del tablero en busca de una casilla adecuada para colocarlo. Sin embargo, ante el estado destrozado del tablero, su expresión se ensombreció de nuevo. Tras considerarlo detenidamente, seguía sin encontrar una solución satisfactoria. Finalmente, con un suspiro silencioso, devolvió el rey a su posición original, sin hacer ningún movimiento. "¿Qué es esto? ¿Rendirse ya? Aún debería haber una pequeña oportunidad", preguntó la chica de cabello plateado con curiosidad. La situación era jaque, no jaque mate, así que ella cuestionó por qué se negaba a continuar. El joven, con las manos a la espalda, respondió con un suspiro. Hay espacio... ¿y qué? Solo sería alargar las cosas. Ya has tomado el control de casi el noventa por ciento de los reinos y las leyes. La situación general es inamovible; ya no tiene sentido seguir jugando. El joven… o mejor dicho, el Buitre de la Plaga, respondió así. Al oír esto, Dorothy respondió con calma con una pregunta tenue. “¿Quieres decir… que estás reconociendo que he ganado?” O quizás, desde el principio de este supuesto juego, ya habías ganado. Oh, Soberano del Destino, has tenido demasiadas ventajas y recursos. Nuestro encuentro solo tenía sentido antes de que ascendieras a la divinidad. Una vez que ascendiste, toda competencia perdió sentido... Así le habló el Buitre de la Plaga a Dorothy. El significado era claro: aunque tanto Dorothy como la Madre del Cáliz eran dioses principales, los recursos que controlaban eran muy diferentes y sus poderes no eran iguales. Dorothy tenía una clara ventaja. Para actuar como Árbitro de la Historia, el Señor de la Revelación no se dividió en dioses subordinados para distribuir su poder. Así, aunque ambos eran dioses principales, la fuerza divina de Dorothy se mantuvo relativamente completa y más formidable. En cambio, la Madre del Cáliz carecía del apoyo de sus dioses subordinados del Camino del Deseo y, naturalmente, su fuerza divina era menor que la de Dorothy. Además, Dorothy contaba con la ayuda de muchos otros poderes divinos: los descendientes del Señor de la Linterna, de la Sombra, el Dios de la Maquinaria, el Dios de los Sueños, el Dios de la Redención e incluso la divinidad del Oro Oscuro. Con acceso a todos estos recursos, la brecha de poder entre ella y la Madre del Cáliz se había vuelto enorme, insalvable incluso. Como dijo el Buitre de la Plaga, el verdadero juego ya había terminado cuando Dorothy se convirtió en diosa. Desde entonces, a lo largo de incontables eras y mundos, todo había sido poco más que tiempo de basura. El resultado ya estaba decidido. “Esta guerra la hemos perdido.” Con esas últimas palabras, el Buitre de la Plaga inclinó al rey rojo y luego se dio la vuelta en silencio, caminando hacia el sillón reclinable. Arrodillándose junto a la anciana sentada allí, le habló con dulzura. “Mamá… vámonos.” Al oír esto, la anciana abrió lentamente sus ojos nublados, asintió levemente y permitió que el Buitre de la Plaga la levantara con gran cuidado. Has ganado... joven Inquisidor. No nos arrepentimos de nuestra derrota. Pero debo advertirte: esto no significa que todo haya terminado. Tú sabes mejor que nadie quién es tu verdadero enemigo. Ese no desaparecerá del universo solo porque hayamos caído... Apoyando a la anciana, el Buitre de la Plaga dio esta última advertencia de espaldas a Dorothy. En respuesta, Dorothy simplemente se bajó el sombrero y dijo con calma: Gracias por recordármelo. Lo sé perfectamente. El Buitre de la Plaga no dijo nada más. Guiando a la anciana y conduciendo a los dos niños ruidosos, caminó hacia la puerta de la habitación. Al abrir la puerta común, se adentraron uno tras otro en el vacío vago y brumoso que se extendía más allá. Justo antes de cruzar, la anciana se detuvo de repente, se giró ligeramente y miró a Dorothy, que seguía sentada ante el tablero de ajedrez. Movió los labios suavemente y pronunció sus primeras palabras. "…Gracias." Dicho esto, ella también cruzó la puerta con su hijo, desapareciendo en la neblina. La puerta se cerró suavemente tras ellos. El estudio quedó en silencio. Solo el tictac del reloj de pared resonaba por la habitación. “Uwaaah…” En medio del silencio, Dorothy no pudo evitar bostezar y estirarse con un movimiento largo y perezoso. Se levantó lentamente de la silla, miró a su alrededor, al estudio ahora vacío, y murmuró en voz baja. “Por fin se acabó… Bueno entonces… hora de ir a casa…” Sin dejar de hablar consigo misma, Dorothy se dirigió a otra puerta al final de la habitación. La abrió y salió al vacío. Al adentrarse en el vacío... lo que apareció ante los ojos de Dorothy fue una vasta y turbia extensión llena de innumerables burbujas flotantes. A su voluntad, las líneas temporales de los mundos creados durante la guerra divina comenzaron a acelerarse, permitiendo que cada uno viviera incontables años de paz, llegando al final de su propia historia. Entonces, Dorothy comenzó a emitir fallos sobre la historia misma, devolviendo las burbujas del mundo a sus dominios originales, provocando que todo el universo retrocediera hacia la forma que ella deseaba. Para entonces, la Madre del Cáliz había caído. No quedaba ningún otro dios principal que pudiera competir con ella por el control del universo y sus leyes. Las estrellas pasaron. El tiempo brilló… En un solo pensamiento, en un abrir y cerrar de ojos, el paisaje que rodeaba a Dorothy cambió drásticamente. El vacío brumoso se desvaneció, reemplazado por la oscuridad del espacio. Las infinitas burbujas del mundo que simbolizaban incontables reinos desaparecieron, volviendo a sus respectivos reinos interiores. El cosmos ahora solo mostraba estrellas, como antes. Innumerables estrellas… incontables galaxias volvieron a su forma original, brillando como joyas dispersas en el firmamento distante. El sol resplandeciente regresó en todo su esplendor, rodeado de planetas que giraban en órbitas ordenadas, incluyendo ese planeta azul con su fiel luna. Dorothy ahora flotaba en el espacio sobre el planeta azul, mirando en silencio todo lo que había debajo. En ese momento, había restaurado el universo a su estado anterior a la intervención de la Madre del Cáliz, antes de que comenzara la gran guerra divina. El universo del reino material reapareció, y el reino interior en su interior, la «Nación de la Noche», volvió a estar completo. La línea temporal rota reanudó su curso. … En el centro del continente principal, en la cima sagrada del Monte Sagrado, dentro de la solemne y grandiosa Catedral Sagrada, los seis cardenales de la Radiancia permanecían en silencio. De repente, cada uno de ellos recuperó la consciencia de un extraño estupor, visiblemente desorientado, como si despertaran de un sueño profundo. —Uf… me duele la cabeza… ¿Qué acaba de pasar? ¿Por qué todo se siente tan borroso…? Sosteniendo la cabeza, la Cardenal de los Secretos, Artcheli, frunció el ceño y habló con seriedad. Sentía como si hubiera olvidado algo importante, incluso muchas cosas. No estaba sola. Los demás cardenales, desconcertados, se miraron entre sí, confundidos, y justo cuando estaban a punto de hablar, vieron la figura sentada en el trono central. Todos se quedaron paralizados y luego hicieron una profunda reverencia al unísono. “Saludamos a Su Eminencia…” Sentado ante el altar de la Radiancia estaba Faetón, aún en su forma anciana. Tenía una expresión de profundo alivio, mirando a lo lejos; nadie sabía dónde se posaba su mirada. “…No te fallamos. Ganamos… Padre…” … En el sur del continente, en una costa tormentosa, la joven monja Vania se encontraba frente al mar. El viento aullante agitaba sus blancas vestiduras. La alegría iluminaba su rostro mientras rezaba con devoción. “Alabado sea el Señor… Gracias al Señor… por salvar este mundo… por salvar todos los mundos… “Te seguiré siempre… mi Señor…” … En el corazón del continente occidental de Caída de Estrellas, en los terrenos sagrados de la Fe Chamánica —el Valle Ancestral—, el Chamán Espíritu Verdadero se sentó sobre un alto tótem. Junto con innumerables chamanes desconcertados, contempló el cielo, ahora ordinario, y suspiró. ¿De verdad todo terminó bien al final? Qué bien... Espero que el Enterrador de Almas también haya tenido algo que ver, sea como sea... … En las profundidades del sombrío Reino del Inframundo, la otrora feroz batalla se había convertido en una persecución unilateral. El Emperador Dragón de Hielo ahora perseguía sin descanso a sus enemigos. ¡Ja! ¿Huir ahora que la situación ha cambiado? ¡Cobarde! ¡Solo te mereces la desgracia eterna! En su gigantesca forma de dragón, Inut rugía de risa y burla mientras perseguía a su eterno némesis. Y ese Rey Espíritu Maligno, ante este revés del destino, no tuvo más remedio que huir con todas sus fuerzas. En las profundidades del desierto de Busalet, en el norte de Ufiga, el gran sitio divino de Heopolis emergió una vez más de la historia oculta, elevándose sobre esta tierra antigua. En el centro de Heopolis, sobre el imponente altar piramidal, los Reyes Sabios de la Primera Dinastía, Setut y Shepsuna, estaban uno al lado del otro, contemplando el cielo despejado con un deleite manifiesto. Parece que todo está decidido. ¡El sucesor —no, el gran Árbitro— ha superado todas las pruebas! ¡Ahora tenemos un nuevo dios! Setut apenas pudo contener su emoción, mientras que Shepsuna simplemente sonrió y respondió con calma. —Por supuesto. Después de todo, fue elegida por el Mentor Divino... Los antiguos descendientes anhelaban ahora el resurgimiento de su civilización perdida. Tras ellos, en lo alto del gran altar piramidal, Neftis dormía profundamente con sus ropas de sacerdotisa ceremonial, tumbada en paz, incluso murmurando en sueños. “Ronquido… ronquido… jeje… cómo se atreven esos tontos a desafiarme en esta ciudad… deben estar cansados de vivir… ronquido…” Lejos de Heópolis, en las interminables praderas de Ufiga, Adele se arrodilló sola con un vestido rojo. Ahora, portadora de Astarté, su expresión reflejaba una silenciosa tristeza. Con un delicado ramo en sus manos, rezó en silencio. “Que descanses en paz… mi Reina…” … En el desolado templo bajo la Nación de la Noche, Luna Espejo, tras haber suprimido con éxito el Huevo del Caos, también miraba a lo lejos. Aunque lo percibía todo, permaneció en silencio y no pronunció palabra. … En la costa norte del Mar de la Conquista, en un pueblo comercial costero, Beverly, que había recuperado su forma humanoide, se recostó en una silla cercana con una sonrisa de alivio en los labios. Tras acomodarse, habló con satisfacción. “Finalmente~ se acabó~ “Uf… después de tantos problemas, todo está resuelto… aunque hubo muchos más giros de los esperados, todo salió bien…” Mientras hablaba, Beverly se estiró perezosamente, con un crujido audible en sus articulaciones. Tras un breve estiramiento relajado, concentró su mente y envió un mensaje a la presencia que aún se encontraba en lo alto del firmamento. Oye, oye... ¿me oyes? ¿Cómo te sientes, mi querida Soberana del Destino? —Mmm... en general, no está mal. Diría que me siento bastante bien. La voz de Dorothy resonó en la mente de Beverly y ella se rió entre dientes en respuesta. “Je, solo tú podrías describir cómo te convertiste en un Señor Dios tan casualmente…” Sentimientos y demás... la verdad es que ya me había acostumbrado a casi todo esto mientras libraba una larga guerra contra la Madre del Cáliz. Reflexionar ahora no me deja mucho que decir. Si no te apetece hablar de emociones, ¿qué tal si hablamos de otra cosa? Como por ejemplo, cómo estamos celebrando, la herencia de los Faroles o los planes para el próximo ciclo. En fin, baja primero. Busquemos un lugar más tranquilo para hablar. Beverly continuó, pensando ya en cómo ella y Dorothy, junto con Faetón, coordinarían el manejo del tiempo y la historia restantes de este ciclo. Lo que no esperaba... era que Dorothy se negara. —No… No bajaré todavía. Y no creo que sea el momento de hablar de eso… “…Ahora que la Madre del Cáliz ha caído y nuestro mayor enemigo se ha ido, ¿de qué más hay que hablar?” Beverly frunció el ceño, visiblemente desconcertada, y preguntó a cambio. Pero Dorothy respondió con calma. No… nuestra guerra no ha terminado. Nuestro enemigo aún permanece. ¿Lo has olvidado? Fuiste tú quien una vez me dijo cuál era la raíz de toda crisis en este universo… cuál es el origen de toda calamidad… La voz de Dorothy sonaba serena, incluso serena, pero Beverly, al oírla, se quedó paralizada de repente. Su expresión se endureció de repente. ¿¡Qué intentas hacer!? Ya te lo dije: ¡cualquier cosa sobre la Caída, sobre el Huevo del Caos, lo dejaríamos para el siguiente ciclo! Este ya es demasiado frágil. Deja que se desarrolle naturalmente hasta su fin y afronta el juicio. ¡Basta de riesgos imprudentes! La voz de Beverly era aguda y urgente. Parecía comprender lo que Dorothy planeaba y hacía todo lo posible por detenerlo. ¿Riesgo temerario? No... No lo veo así. Sabes, Beverly... Ahora estoy a la altura de Osiris. Puedo percibir todo este universo desde una perspectiva de dimensiones superiores. Veo todo el destino... y toda la historia... Y desde las profundidades del río del destino, he llegado a una conclusión. La misma, quizás, a la que llegaron Osiris... e Hiperión... Suspendida en el espacio cósmico, Dorothy contemplaba el hermoso planeta azul que se extendía a sus pies. Sus ojos, entrecerrados, brillaban con un extraño destello. Estoy seguro: la fusión de las naturalezas divinas opuestas, el renacimiento de la divinidad primordial, esa es la clave para romper la prisión del Caos. Así es como escapamos de las ataduras del Huevo del Caos... y alcanzamos un nuevo universo. Esta es mi conclusión. Una conclusión extraída de todo lo que he visto desde esta altura. Creo que también fue la conclusión de Osiris... Innumerables símbolos densos y flujos de datos parpadearon en sus ojos mientras Dorothy murmuraba para sí misma. Su tono transmitía un vacío inquietante, como si careciera de emoción. Al oír sus palabras, Beverly gritó con ansiedad. ¡Ríndete, Dorothy! ¡Hiperión ya intentó ese peligroso experimento! ¡Viste las consecuencias! Hiperión fracasó, ¡porque no era un transmigrador! No era un forastero en este universo. Ni siquiera con el ritual pudo trascender de verdad. Pero yo soy diferente. Soy un forastero. ¡Un transmigrador a través de estos ciclos! ¿Entiendes, Beverly? Desde mi perspectiva actual, no hay nada malo con la información y el ritual que Osiris dejó. El error fue que estaban destinados a mí, no a Hyperion. Ese tercio de la divinidad, la divinidad de la Revelación y los detalles del Ritual del Eclipse... todo estaba destinado a mí desde el principio. Hyperion... de alguna manera lo interceptó. Los ojos de Dorothy brillaron con innumerables caracteres mientras transmitía su conclusión. Beverly se quedó allí, atónita, paralizada por la incredulidad. ¿Qué? Hyperion dijo que en las ruinas de la Revelación vio la información que Osiris dejó, junto con la naturaleza divina que contenía... y que originalmente estaba destinada a ti... —¡Exactamente! Por eso está claro por qué cayó Hyperion. Como deidad nativa, llevó a cabo un ritual reservado para un forastero como yo, y ese error desencadenó una catástrofe. Pero ahora… el error ha sido corregido. He llegado al lugar donde siempre debí estar. Y ahora, debo hacer lo que siempre me correspondió… Esta es mi voluntad... y también la de Osiris. Aun así, ¿aún lo dudas? La voz de Dorothy bajó mientras hablaba con solemnidad. Beverly dudó, visiblemente aturdida, como si realmente empezara a flaquear. Sin embargo, la vacilación de Beverly no duró mucho. Su expresión recuperó rápidamente la firmeza al volver a hablar con tono serio. ¡Sigo sin estar de acuerdo con que corras ese riesgo! Es demasiado peligroso. ¡Ya pasamos por esto una vez! Aunque esta idea la dejó Osiris, todo se descontroló cuando Hiper la alteró. Mejor no lo intentemos. Esperemos al siguiente ciclo, al siguiente transmigrador... dejemos que este universo descanse un poco... ¿de acuerdo? Las palabras de Beverly fueron solemnes y firmes. Al oírlas, Dorothy se quedó en silencio por un instante en el vacío cósmico, y luego respondió con voz hueca y tranquila. ¿Así que en esto se ha convertido el llamado Dios de la Innovación? ¡Qué inesperadamente… testarudo! “Innovar significa adaptarse al cambio y a la evolución… reformarse solo cuando es seguro que aportará algo nuevo, no arriesgarse como una loca”. Beverly replicó con dureza a las amargas palabras de Dorothy. Para ella, dijera lo que dijera, el riesgo de realizar otro Ritual Eclipse era simplemente demasiado grande. Las consecuencias eran completamente incontrolables. No había necesidad de correr un riesgo tan imprudente en una era que finalmente había alcanzado la estabilidad. Ella era la Diosa de la Innovación, no la Diosa del Juego. La innovación debía ser racional, no descabellada. —¿De verdad? Es… decepcionante. Suspendida en la inmensidad del espacio, Dorothy suspiró mientras hablaba. Al mismo tiempo, levantó lentamente la mano. En ese instante, su expresión, ya fría, se tornó aún más gélida. —En ese caso… tendré que pedirte que descanses un rato. La voz de Dorothy era suave. En cuanto terminó de hablar, una multitud de glifos arcanos flotantes aparecieron alrededor de Beverly. Estos símbolos comenzaron a cambiar rápidamente, uniéndose en cadenas de puro vacío. Aunque las cadenas no la tocaron directamente, simplemente serpenteando a través del espacio a su alrededor, Beverly fue aplastada instantáneamente por una tremenda presión sin forma. El poder divino que acababa de comenzar a invocar fue reprimido con fuerza y sellado. "…¿Qué?" La expresión de Beverly se tornó de asombro. No solo su avatar humanoide fue suprimido, sino que su ser divino en el reino interior también quedó completamente sellado en un instante. En su estado actual, no podía liberar ni una fracción de su poder divino contra Dorothy. Tras derrotar a la Madre del Cáliz, Dorothy, ahora Soberana del Destino, alcanzó un poder trascendental. En este universo, casi nadie podía detener al Señor Dios de la Revelación. Ella podía hacer lo que quisiera. ¡Tranquila! ¡Dorothy! ¡No hagas tonterías! ¡No te conviertas en otro Hyperion! Ahora, reprimida e incapaz de detener a Dorothy, Beverly solo pudo gritar desesperada, intentando disuadirla de lo que fuera que estuviera a punto de hacer. Pero para la Dorothy actual, tales súplicas casi no tenían peso. Estoy tranquilo... Nunca he estado tan tranquilo. No te preocupes. Sé exactamente lo que hago. Inexpresiva y suspendida en el aire, la voz de Dorothy sonaba hueca. Levantó el pie, dio un paso en el aire y desapareció de la vista. En el instante siguiente, Dorothy reapareció en otro espacio. Este lugar estaba lleno de una oscuridad y un vacío infinitos. En ese vacío, existía una presencia enorme y majestuosa. Era un "sol", un gigantesco, frío y blanco resplandor, mucho más grande que cualquier estrella común. Residía en la gélida oscuridad, y su gélida "luz solar" brillaba fríamente en todas direcciones. Pero al observarla más de cerca, se hizo evidente que esta gélida imagen solar era solo una fachada. Dentro de ese penetrante resplandor se encontraba una intrincada estructura: un enorme poliedro cristalino de un blanco translúcido. Parecía tanto cristal como hueso, cambiando constantemente en diversos patrones geométricos —algunos lógicos, otros ilógicos— como un copo de nieve en constante cambio o un caleidoscopio giratorio. Al observar con más atención, uno se daría cuenta de que esta entidad cristalina no brillaba por sí sola. Su luz provenía de lejos, de la convergencia de innumerables rayos delgados que fluían desde todas direcciones. Cada uno de esos rayos era un río de almas, rebosante de miles de millones de espíritus. Esta "luz" no emanaba de dentro, sino de la confluencia de estos ríos de almas. Al unirse en el cuerpo de cristal en constante cambio, cada alma dejó tras de sí un nombre... el nombre que llevó en vida. De esta manera, el inmenso poliedro se convirtió en un monumento: una colección de lápidas. Un cementerio. El cementerio definitivo. Esta… era la parte más profunda del Reino Inferior. La vasta y magnífica entidad que residía aquí era el origen y el fin de todas las almas. La deidad suprema de la Fe Chamánica: el Señor del Silencio, la Gran Alma. De un solo salto a través de todas las barreras dimensionales, Dorothy —ahora un ser de igual grandeza— se paró frente a la Gran Alma, este dios del Silencio que hacía mucho que había perdido toda conciencia de sí mismo. Ante esta inmensa estructura divina, la indiferencia en los ojos de Dorothy se acentuó. Y dentro de su indescriptible cuerpo divino, un cristal violeta comenzó a tornarse turbio.
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El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela) Capítulo 822

Estás leyendo el capítulo 822 de El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela), un novela. En medio del vapor de la revolución industrial, los misterios surgen bajo la superficie. Las sectas y las sociedades secretas buscan lo extraordinario en las sombras, mientras que los dioses ocultos contemplan a la… Este capítulo tiene publicado el 16 de marzo de 2026, Traducido por el grupo Crowli, Nishino. El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela) tiene 828 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.