Leer El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela) Capítulo 813 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli, Nishino✍️ Traducción: Crowli, Nishino
Paisaje onírico: En lo profundo del bosque.
En las profundidades del bosque de Paisaje Onírico, donde imponentes árboles antiguos protegían el infinito cielo nocturno, el tranquilo espacio entre los troncos colosales estaba lleno de extrañas y coloridas flores que emitían una dulce fragancia a través de las extensas praderas.
Esta noche, como de costumbre, el bosque permanecía en calma. La única diferencia era que las criaturas del Paisaje Onírico que se movían entre las flores y los árboles habían sido reemplazadas por arañas con patrones rojo oscuro. Correteaban por el bosque, buscando y espiando a su amo, buscando secretos ocultos en los sueños.
“La cosa se está calentando de verdad…”
En el centro de este enjambre de diminutas arañas se encontraba una mujer con un largo vestido negro. Su figura era elegante, noble y digna. Tenía la piel pálida y enfermiza, labios rojos como la sangre, cabello negro hasta la cintura bajo un intrincado velo negro, y uñas como garras que se extendían desde dedos tan delgados como el hueso. En sus ojos, abiertos con apatía, ocho pupilas de diferentes formas se arremolinaban inquietas.
Aunque residía en el Paisaje Onírico, la Reina Araña Morrigan seguía empleando sus múltiples y sutiles recursos para monitorear el mundo actual y otros reinos internos clave. Se mantenía informada de todo lo que sucedía: acontecimientos que definirían el gran destino del cosmos.
Y ella pretendía aprovechar ese momento… para dar otro paso adelante en el camino de su ambición.
Las Progenies de la Placenta… el Árbitro… el Señor de la Forja… incluso el antiguo Rey Espíritu Maligno y el Emperador del Norte, todos se han unido a la contienda, tal como se esperaba. Con eso, ya no queda ni un solo ser poderoso con tiempo para buscar en otra parte…
Sintiendo los grandes poderes chocando en los reinos, sintiendo las ondas de choque de sus luchas distantes, la Reina Araña sonrió suavemente y murmuró para sí misma, levantando su mirada hacia la niebla blanca en las profundidades del bosque sombrío.
“En otras palabras… ya no queda nadie para protegerte… Cría de Sueño…”
Mientras contemplaba aquella pálida niebla, sus numerosas pupilas se entrecerraron con codicia. Era evidente que lo que buscaba se encontraba en las profundidades de aquella niebla.
Sí, la Reina Araña aún codiciaba el Capullo Sagrado del Sueño. Anhelaba devorar la divinidad de la Mariposa del Sueño, apoderarse de la autoridad del Dios de las Ilusiones y los Sueños y reclamar todo lo que no había logrado obtener durante la Catástrofe Divina de Tivian.
Durante esa catástrofe, el plan de la Reina Araña se vio frustrado, lo que provocó la caída masiva del poder de la Luna Espejo. Como resultado, no logró completar la mitad de su objetivo, un resultado que le había dado vueltas desde entonces. Ahora, ardía de resentimiento y ansiaba reclamar lo que creía legítimamente suyo. Y hoy era una oportunidad única.
La apertura del sello de la Madre del Cáliz había llamado la atención de casi todos los poderes divinos no caídos, quienes, casualmente, eran los mayores enemigos y obstáculos de la Reina Araña. Ahora, todos estaban distraídos por las acciones del Culto de la Placenta.
El Señor de la Forja se encontraba enfrascado en una batalla contra el Lobo Glotón y la Serpiente Abisal. El Rey del Mar de Hielo se enfrentaba a su némesis de siempre, el Rey Espíritu Maligno. Y el joven Árbitro más problemático había sido atrapado por el Podrido. En cuanto a la mayor enemiga de la Reina Araña, Luna Espejo, se encontraba atrapada en el Palacio de la Noche Eterna debido a las heridas del mundo. Sin un rito divino a gran escala y un Árbitro elegido para liderar su poder, Luna Espejo ya no podía detener a la Reina Araña.
Ahora, todos sus rivales divinos estaban ocupados. Ninguno tenía tiempo ni energía para interferir en sus acciones. Ahora podía moverse con total libertad; incluso si la descubrían, no importaría. Quienes siempre saboteaban sus planes estaban simplemente demasiado ocupados... a menos que quisieran que la Madre del Cáliz, una diosa mucho más aterradora que ella, descendiera.
El Culto de la Placenta y la Reina Araña no se habían aliado formalmente, pero la Reina no desaprovecharía esta oportunidad. Cuanto más tomara para sí misma, más daño sufrirían los enemigos del Culto de la Placenta, algo que este agradeció.
Sin nadie que la detuviera en el Paisaje Onírico, la única resistencia efectiva que quedaba provenía de la propia Mariposa Onírica. Pero el dios onírico seguía dentro del capullo, creciendo. Aunque estaba a punto de madurar, aún no había dado el paso final hacia el despertar.
La Reina Araña había sufrido graves heridas durante su anterior batalla contra la encarnación de la Luna Espejo, y aún no se había recuperado por completo. Pero incluso en ese estado, era más que capaz de derrotar a un dios menor inmaduro. Mientras pudiera acercarse al Capullo Sagrado, sería suyo.
Con una sonrisa de suficiencia, la Reina Araña dio un paso al frente. Con un destello de ilusiones fantasmales, desapareció de su lugar y se adentró en la pálida niebla de las profundidades del bosque.
Al entrar, se encontró rodeada de una neblina blanca, la encarnación de la divinidad onírica, una niebla de confusión que hacía que todos los que entraban se perdieran. Era un mecanismo de defensa del Capullo Sagrado del Sueño.
Sin embargo, en medio de esta niebla, la Reina Araña no dudó. Su forma espectral la atravesó a toda velocidad, con paso deliberado, como si supiera exactamente adónde ir. La niebla no representaba un obstáculo real para ella.
Durante la Catástrofe Divina de Tivian, logró alcanzar el Capullo Sagrado y lo mordió, absorbiendo parte de su poder. Aunque pronto fue repelida, ese atisbo de divinidad aún persistía en su interior.
Guiada por ese fragmento, la Reina Araña pudo ahora navegar por la niebla y encontrar el camino correcto. Con solo un poco de tiempo, volvería a estar ante el Capullo Sagrado, y esta vez, reclamaría lo que le pertenecía.
“Espérame… Selene…
“Los restos del linaje Hyperion pronto se desmoronarán… y yo personalmente te enterraré bajo sus ruinas…”
Con una anticipación y un odio desbordantes, la Reina Araña atravesó la niebla onírica a gran velocidad, corriendo hacia su objetivo. Alguna vez se apoderó del poder del Sendero de la Sombra Sangrienta en el caos de la Calamidad del Eclipse, ascendiendo a la divinidad. Tras reclamar la Corona de la Tormenta, ahora se apoderaría de la autoridad del Sueño.
Por fin… enterraría el legado de Hyperion y reviviría su linaje divino caído hace mucho tiempo.
…
Reino Interior – Campo de Guerra Divina.
Este era un espacio de caos. Inmensos poderes divinos chocaron violentamente, destrozando el reino.
Lo que comenzó como un conflicto local de divinidad se extendió a reinos adyacentes. Con el tiempo, múltiples reinos se vieron involucrados, desgarrados y fusionados en un único campo de batalla fragmentado y accidentado.
Sin sol, sin luna, sin cielo, sin suelo, solo un espacio desgarrado, lleno de luz y sombras deslumbrantes. Y ahora, estaba inundado de sangre. Sangre —sangre inagotable— llenaba cada centímetro de este reino destrozado. Desde la cima infinita hasta el fondo infinito, desde todas direcciones, la sangre fluía como el éter legendario, transformando el paisaje en un abismo escarlata.
Sólo un lugar permaneció intacto ante este mar de sangre.
Allí, una luz abrasadora brillaba como un sol en la oscuridad.
No… era un sol. Un sol de acero.
Un planeta metálico supermasivo flotaba en el cielo, con sus engranajes gigantescos girando a toda velocidad. Ríos de oro y hierro fundido fluían por canales místicos a una velocidad vertiginosa. El calor abrasador y la luz generados por la rotación del planeta lo asemejaban a una estrella; su brillo era tan intenso que vaporizó el mar de sangre que se aproximaba mucho antes de que pudiera alcanzar la superficie.
Desde todas direcciones, la marea de sangre se alzaba, con un volumen suficiente para inundar planetas enteros. Pero el resplandor del sol de acero lo quemó todo. A miles de kilómetros de distancia, la sangre se convirtió en vapor carmesí. Entre el mar de sangre y la estrella de acero se extendía un reino de niebla roja sobrecalentada, que teñía la luz divina con un tono crepuscular.
Más cerca aún, incluso la niebla roja se desvaneció. Al levantar la vista desde la superficie del mundo de acero, se podía ver la atmósfera llena de vapor color sangre y, muy por encima, el gran océano de sangre hirviente.
Envolviendo el sol de acero en una esfera gigantesca, el mar de sangre hirviente se agitaba y se retorcía. Desde su superficie, olas se unieron y se fusionaron formando enormes serpientes de sangre, que se lanzaron hacia el sol de acero, con los colmillos al descubierto y las garras extendidas.
Estas monstruosas serpientes de sangre —formas concentradas del mar hirviente— poseían extraños poderes que les permitían resistir el intenso calor. Aun así, no podían alcanzar la abrasadora superficie del sol.
Desde la superficie giratoria del planeta industrial, se producían miles de millones de titanes mecánicos forjados en acero. Estos titanes, de decenas de metros de altura, portaban armamento divino recién forjado y abordaban enormes naves de guerra. Desde todas las superficies del planeta fundido, se lanzaban al cielo, interceptando a las serpientes de sangre.
Los gigantes mecánicos, a bordo de enormes acorazados a vapor, desataron implacables descargas de fuego. Sumado a la incesante ráfaga ascendente de artillería antiaérea del planeta, más densa que un monzón, cada serpiente de sangre fue destruida mucho antes de alcanzar la estrella. Ni una gota de sangre alcanzó la superficie; toda se vaporizó antes del impacto.
Por muchas serpientes de sangre que surgieran del hirviente mar de sangre, y desde cualquier ángulo desde el que atacaran, al final no pudieron atravesar la aterradora red de fuego de la estrella de acero. En medio de esta gran guerra de colisiones de poder divino, solo una fuerza había demostrado el potencial para quebrantar esta defensa abrasadora e inagotable.
¡Era una enorme sombra negra y roja que cruzaba el campo de batalla!
Esta sombra extrema, completamente negra —mitad real, mitad ilusoria—, era mucho más grande que cualquier serpiente de sangre nacida del mar hirviente, y mucho más grande que cualquier nave de guerra lanzada desde la estrella de acero. Recorrió la superficie del mar de sangre hirviente, dando innumerables vueltas al mar esférico, acelerando a una velocidad aterradora, mucho más allá de la percepción de los humanos comunes... o incluso de los Linternas Beyonders de alto rango. Su velocidad creaba tsunamis por donde pasaba.
“¡¡¡ROAAR!!!”
Con un rugido que sacudió todo el reino, la sombra del Dios Lobo se desprendió de la superficie del mar de sangre y cargó directamente hacia la estrella de acero ardiente a una velocidad increíble, tan rápido que la flota de defensa orbital ni siquiera tuvo tiempo de reaccionar.
En un destello imperceptible, una enorme cantidad de naves defensivas a lo largo del anillo orbital fueron destruidas y detonadas por la sombra negra a su paso. Entre las interminables explosiones, el Dios Lobo se sumergió en la atmósfera abrasadora, deslizándose hacia la superficie de la estrella de acero.
Los sistemas de defensa de la superficie del planeta se fijaron en el intruso que se acercaba y desataron una tormenta de fuego. Incluso a tal velocidad, era inevitable que el Dios Lobo fuera alcanzado. Pero los proyectiles que lo impactaron fueron devorados por las innumerables fauces dentadas que se abrieron por todo su cuerpo sombrío.
Mientras devoraban la embestida, aún más bocas se abrieron y escupieron los proyectiles tragados, bombardeando las plataformas de defensa de abajo y destrozándolas una por una.
Con una membrana divina de sangre otorgada por la Serpiente Abisal cubriendo su cuerpo, el Dios Lobo resistió las temperaturas extremas, atravesó capas tras capas de defensa aérea y se lanzó directo hacia el suelo de acero. Parecía que un solo golpe sería suficiente para perforar y destrozar el gran planeta mecánico.
Las defensas convencionales de la estrella de acero parecían impotentes contra este meteorito negro, hasta que llegó un momento crítico.
De repente, innumerables válvulas gigantescas se abrieron en la superficie del planeta, liberando un vapor blanco abrasador que inundó instantáneamente la atmósfera inferior. El aire alrededor de la estrella de acero quedó completamente saturado y oscurecido.
Al sumergirse la sombra del Dios Lobo en la atmósfera vaporosa, percibió de inmediato algo inusual. Su velocidad extrema se redujo notablemente en la niebla blanca, y de repente perdió el sentido de la orientación; ya no podía determinar su trayectoria.
Este vapor blanco estaba equivocado... El poder que contenía no pertenecía enteramente al Señor de la Forja. El Señor de la Forja había tomado prestada otra fuerza para ayudar en esta defensa, lo que hizo que el Dios Lobo se burlara por dentro... Tales trucos nunca me detendrán, pensó con desdén.
Dentro de la niebla humeante, el Dios Lobo que descendía abrió más de sus gigantescas bocas con colmillos y comenzó a devorar la niebla en grandes bocados.
En un instante, toda la capa de vapor blanco fue perturbada por la enorme fuerza de succión, formando un gigantesco vórtice en espiral que arrastró toda la niebla en una sola dirección. Al disiparse la niebla, la visión del Dios Lobo se aclaró rápidamente. Volvió a ver el suelo de acero. La desorientación y la resistencia se desvanecieron. Pudo reanudar su asalto sin obstáculos.
El meteorito negro continuó su caída.
Pero justo cuando estaba a punto de colisionar con la superficie de la estrella de acero, el suelo comenzó a moverse, transformándose mecánicamente en un instante. El terreno donde estaba a punto de impactar se abrió, revelando un abismo inmenso e insondable.
“¡¿?!”
Y así, sin siquiera tocar la superficie, el Dios Lobo cayó en la grieta abisal que partió la estrella de acero, cayendo en picado sin fin, quizás hasta el otro lado del planeta. Era muy posible que el impacto se anulara de esta manera.
Al darse cuenta de esto, el Dios Lobo inmediatamente comenzó a desacelerar, intentando disminuir la velocidad y detenerse dentro del interior del planeta, para desatar su destrucción desde adentro.
Sin embargo, probablemente debido a la desorientación provocada por el vapor y al proceso de alteración de su impulso, la respuesta de la estrella de acero fue más rápida esta vez.
Desde los talleres mecánicos que rodeaban la sombra del Dios Lobo, innumerables picos enormes de color bronce sobresalieron repentinamente, apuñalando desde todas las direcciones hacia la bestia divina que se desaceleraba.
En una fracción de segundo, el enorme Dios Lobo fue alcanzado por estas púas. Pero sus mecanismos defensivos también se activaron al instante: numerosas bocas con colmillos se abrieron por todo su cuerpo y mordieron las púas, intentando engullirlas.
El Dios Lobo podía desarrollar fauces devoradoras en cualquier parte de su cuerpo para absorber ataques, una forma de defensa extremadamente poderosa. En teoría, podría usar esto para neutralizar el contraataque del Señor de la Forja. Pero la realidad tenía sus propias complicaciones.
Estos no eran proyectiles comunes. Las púas que intentaba tragarse no eran flechas, proyectiles ni misiles encantados. Eran gruesas y ardientes varillas de armadura divina, que no se rompían al morderlas.
En cambio, estas varillas continuaron extendiéndose desde las forjas circundantes, clavándose más profundamente en las bocas del Dios Lobo, donde luego se expandieron y se transformaron, inundando su cuerpo con energía violenta y fuerza mecánica, causando estragos en su interior.
Devorar, después de todo, era el acto de introducir objetos extraños en el cuerpo y digerirlos. Si el objetivo seguía conectado a algo más, primero había que masticarlo.
Pero el Dios Lobo tenía un problema: las varas divinas de acero forjadas por el Señor de la Forja eran demasiado resistentes. Sus colmillos se rompieron al impactar. Incapaz de morder, ya no estaba "devorando", sino que estaba siendo violentamente empalado. Sus propias bocas se habían convertido en aberturas para armas invasivas.
El Señor de la Forja estaba usando estas varas producidas sin cesar (acero divino indestructible) para atravesar cada fauces del Dios Lobo, canalizando hacia él un poder inmenso e indigerible, devastándolo desde adentro hacia afuera.
Ahora, el enorme Dios Lobo estaba inmovilizado por innumerables varillas, cada una de las cuales le perforaba la energía, provocándole convulsiones de agonía. Luchó con furia, intentando morder las púas, pero solo consiguió romperse más dientes.
Cuando el Dios Lobo, el atacante, cayó en desventaja, la Serpiente Abisal, ya fusionada con el infinito mar de sangre fuera de la estrella de acero, comenzó a moverse. Aumentó la potencia y la velocidad ofensiva de sus serpientes de sangre, pero aún no pudo penetrar la red de defensa orbital.
Por el contrario, el contraataque de la estrella de acero se adentró en el hirviente mar de sangre. Proyectiles de alta potencia atravesaron a las serpientes y explotaron en el abismo, provocando detonaciones masivas que iluminaron aún más el mar y lo agitaron violentamente.
Frente al Núcleo del Orden, el Señor de la Forja, tanto el Hambriento como el Sediento se encontraron momentáneamente en desventaja. Para cambiar el rumbo, necesitarían desatar plenamente su naturaleza divina y expandir su poder hacia nuevos ámbitos.
Al comprender la gravedad de la situación, el Dios Lobo actuó primero. Humillado y empalado, comenzó a retorcerse y distorsionarse. Su forma lobuna comenzó a disolverse en una masa creciente de color negro y carmesí, expandiéndose y extendiéndose rápidamente, consumiendo todo lo que tocaba.
En ese momento, el Señor de la Forja se dio cuenta de que la conexión divina con las varas dentro del Dios Lobo se había roto por completo. Cuantas más varas producía, más eran absorbidas por la esfera creciente, y al hacerlo, solo alimentaban su crecimiento...
El Lobo Glotón abandonó su forma, transformándose en una Esfera Devoradora en constante expansión. Su superficie negra, veteada de rojo, estaba cubierta de "bocas" conceptuales intangibles, capaces de tragarse todo lo que tocara. Cuanto más devoraba, más rápido crecía. A su ritmo actual, pronto podría consumir un planeta entero.
Ante la rápida expansión de la Esfera Devoradora, el Señor de la Forja respondió de inmediato. La estrella de acero comenzó a transformarse a gran velocidad. Entre violentas colisiones metálicas y engranajes giratorios, el cuerpo del planeta se deformó y desplazó para evitar el contacto directo con la esfera devoradora. Durante este proceso, liberó continuamente un extraño vapor blanco para frenar su crecimiento, pero con poco efecto. La esfera simplemente absorbió el vapor y continuó expandiéndose.
El Señor de la Forja parecía confiar en su veloz transformación para esquivar al Lobo Glotón, pero la Serpiente Abisal, también participante en esta batalla, no se quedó de brazos cruzados. Siguiendo al Lobo, comenzó a desatar todo su poder divino.
De repente, el mar de sangre hirviente que rodeaba la estrella de acero quedó en silencio. No emergieron más serpientes de sangre. Las olas cesaron. Todo el mar se retiró ligeramente del planeta caliente para reducir el efecto de la ebullición.
Entonces llegó el cambio. El vasto mar esférico de sangre empezó a moverse, no caóticamente esta vez, sino sistemáticamente.
Las corrientes marinas ahora se superponían, unas girando en sentido horario, otras en sentido antihorario, cada una fluyendo en direcciones diferentes. Estas corrientes circulantes se entrelazaban, apilándose capa sobre capa, envolviendo completamente la estrella de acero de arriba abajo.
Estos flujos ejercían una influencia mística, tan fuerte que incluso el espacio mismo parecía arrastrado. Aunque las naves de guerra y los mechas que orbitaban el planeta no se habían sumergido, seguían girando sin control, arrastrados por el ritmo fluido.
La propia estrella de acero parecía atrapada en las mareas. Si hubiera habido una sola corriente direccional, todo el planeta podría haber sido arrastrado a una espiral. Pero con múltiples corrientes fluyendo en direcciones opuestas, cada región de la estrella de acero estaba siendo arrastrada en una dirección diferente. Empezaron a aparecer grietas en la superficie del acero. El chirrido del metal al deformarse bajo presión resonaba sin cesar.
Fluyendo… agua que nunca cesa…
Esta era una manifestación de alto rango de la divinidad de la Serpiente Abisal. Incluso sin estar sumergida físicamente, cualquier cosa tocada por su influencia sería arrastrada. De continuar así, la robusta estrella de acero sería destrozada por las discordantes corrientes marinas, triturada, reducida a pulpa y finalmente tragada por la esfera devoradora en expansión.
Pero eso nunca sucedió.
A pesar del caos, la estrella de acero no se derrumbó. En cambio, se transformó de nuevo, brillando con luz divina.
Desde los puntos más tirados, la estrella de acero se rompió en varios segmentos, no desgarrándose, sino partiéndose deliberadamente. Estos segmentos se reestructuraron por sí solos. El suelo de acero se derrumbó, gigantescas aletas inclinadas, como cuchillas, se alzaron a su alrededor y comenzaron a girar, alineadas con la dirección de la atracción del mar.
En un instante, la estrella de acero se transformó de un planeta mecánico en una gigantesca turbina compuesta por innumerables hélices gigantes. Cada una se adaptaba a una de las caóticas corrientes marinas. Todas giraban en consonancia, perfectamente sincronizadas.
El Señor de la Forja había convertido el planeta entero en una forma optimizada para manejar el caos que fluía: un motor de turbina colosal compuesto de hélices adaptables, cada una conectada a otras en una red de alta ingeniería.
La Serpiente Abisal, al darse cuenta de esto, aceleró las corrientes y añadió más direcciones para romper el ritmo de la turbina. Pero el Señor de la Forja reaccionó con la misma rapidez, ajustando y añadiendo nuevas piezas. Al final, la transformación perduró.
Este… era el Dios del Artesano… el Dios de la Maquinaria… el Dios de la Industria.
El verdadero núcleo de la divinidad del Señor de la Forja no residía solo en la producción en masa infinita. Las innumerables creaciones industriales eran meras expresiones de su esencia. En su núcleo residía el espíritu de «adaptación y transformación».
Sí, nacido del Príncipe de Piedra, el Señor de la Forja fue una manifestación de la voluntad de evolución del Príncipe. Podía reformarse continuamente, adaptándose a cualquier entorno y alcanzando su forma óptima.
Al ver este gran cambio, la Serpiente Abisal vio frustrados sus esfuerzos ofensivos. La estrella de acero no solo había sobrevivido, sino que ahora giraba alegremente en su nueva forma. Presa del pánico, la Serpiente vertió aún más poder divino en sus flujos.
Las corrientes de sangre estaban ahora impregnadas de potentes toxinas divinas, destinadas a filtrarse en el cuerpo del Señor de la Forja mediante la influencia invisible del mar. Pero antes de que esta táctica surtiera efecto, el Señor de la Forja actuó de nuevo, pillando a la Serpiente completamente desprevenida.
Entre las enormes turbinas giratorias, la Serpiente sintió de repente una inmensa fuerza de succión. Se dio cuenta, para su sorpresa, de que el Señor de la Forja estaba tirando directamente del mismísimo mar de sangre.
“¿!?”
Aturdida y confundida, la Serpiente Abisal comenzó a perder el control sobre partes del mar. Varias corrientes que había creado fueron arrancadas y se precipitaron hacia las enormes turbinas.
No había duda: esto era obra del Señor de la Forja. Su turbina no solo reaccionaba, sino que ahora generaba energía a partir de las corrientes de sangre.
Como un molino de agua moliendo harina... como una presa hidroeléctrica generando energía... ¡el mar de la Serpiente ahora estaba alimentando al Señor de la Forja!
Cuanto más rápido el mar impulsaba las turbinas, más fuerte se hacía el Señor de la Forja. Transformaba el poder que la Serpiente usaba contra él y lo usaba contra ella.
El Señor de la Forja no solo se adaptaba al entorno, sino que buscaba superarlo. Como dios de la industria, tomó el poder de la naturaleza y lo utilizó para transformarla y trascenderla.
Si la Serpiente, un dios cercano a la naturaleza, manejaba mal este choque, corría el riesgo de que su propio poder divino se convirtiera en un enemigo.
Impulsado por el poder divino robado, el Señor de la Forja realizó otra pequeña mejora: construyó una bomba de agua divina y comenzó a extraer el mar de sangre de la Serpiente.
En unos instantes, varias corrientes que formaban el cuerpo divino de la Serpiente fueron redirigidas (canalizadas en una sola dirección) hacia la esfera negra en rápida expansión que era el Lobo Glotón.
Cuando las corrientes del mar de sangre impactaron la esfera devoradora, la consumieron por completo; no quedó ni una gota. La esfera lo engulló todo, creciendo cada vez más.
Si no puedes pescar el pez, drena el agua.
Dado que la Serpiente se había fusionado por completo con el mar de sangre, destruirlo significaba consumirlo por completo. Alimentar con todo a la esfera devoradora parecía viable, pero estas corrientes eran tóxicas. La esfera podría no soportar una inundación de veneno tan masiva.
Bajo las maniobras del Señor de la Forja, los dos dioses de la Placenta se encontraron repentinamente en un punto muerto. Si esto continuaba, o el Lobo bebería a la Serpiente hasta agotarla, o la Serpiente envenenaría al Lobo hasta la muerte; ninguna de las dos cosas querían.
Así pues, ambos intervinieron.
En un instante, las corrientes de sangre se detuvieron. El mar de sangre se calmó. Las turbinas se detuvieron al desaparecer la fuerza externa. La bomba del Señor de la Forja enmudeció.
Al mismo tiempo, la Esfera Devoradora cesó su expansión. Con un violento estallido, explotó, revelando al enorme Dios Lobo, temblando violentamente. Abrió todas las bocas de su cabeza y cuerpo, vomitando torrentes de sangre.
¿Qué pasa? ¿No vas a continuar? ¿No quieres saber quién habría ganado?
La voz serena pero burlona del Señor de la Forja resonó por el campo de batalla destrozado. Los dos dioses respondieron con gruñidos llenos de amarga frustración.
“No te hagas el engreído… Ironheart…”
Reconocemos tu poder, como el más fuerte entre los dioses menores, pero hoy, esa fuerza no significa nada...
¡BUM! ¡BUM! ¡BUM!
Mientras los hermanos divinos de la Placenta emitían su ronca proclamación, un sordo redoble de tambor resonó por todo el reino. Su rítmico sonido recorrió cada rincón del espacio divino destrozado, creando ondas en el mar de sangre, ahora inmóvil.
No solo aquí, sino en casi todos los reinos interiores, incluso en el mundo material, resonaban tambores similares. Su estruendo resonaba por todos los reinos, resonando con el latido de cada ser vivo, llenándolos de una sutil conciencia de su propio ritmo.
“¿Puedes sentirlo… Ironheart?”
Escucha... El latido del corazón de la Gran Madre es tan claro ahora. Con su bendición, te expulsaremos del trono divino...
Entre los redobles estremecedores, los dos dioses brillaron con energía divina. El Señor de la Forja lo presentía: una nueva y poderosa fuerza entraba al campo de batalla desde el más allá.
El Lobo dejó de vomitar sangre. Alzó sus cinco enormes cabezas y emitió un aullido largo y lejano.
Mientras aullaba, runas rojas oscuras se extendieron por su cuerpo negro. Bajo el estímulo de una fuerza desconocida, su ya enorme figura comenzó a crecer aún más.
Al otro lado, el mar de sangre, antes tranquilo, comenzó a agitarse con innumerables ondas. Del centro de cada onda emergían rostros contorsionados por el dolor y gimiendo de agonía.
Entre los gritos y aullidos entrelazados, el Señor de la Forja percibía que tanto el Lobo Glotón como la Serpiente Abisal crecían rápidamente en poder. Y el Señor de la Forja comprendía claramente por qué.
Esta era la señal: el sello de la Madre del Cáliz se había desvanecido casi por completo. En ese momento, la Madre irradiaba más poder hacia afuera, nutriendo a sus hijos y permitiendo que tanto sus formas como su poder evolucionaran aún más.
Al comprender que ni siquiera sus fuerzas combinadas eran suficientes para derrotar al Núcleo del Orden, los dos dioses recurrieron a su Gran Madre en busca de fuerza. Y lo que recibieron fue la leche de la vida, que impulsó su crecimiento...
“Así que finalmente ha comenzado… la alimentación de la Madre del Cáliz…”
Ante esta situación, el Núcleo del Orden, Beverly, reflexionó con calma. No parecía sorprendida en absoluto por la situación actual.
“Entonces… es hora de continuar.”
Con un simple pensamiento, Beverly reanudó la batalla, creando un arsenal infinito de armas para lanzar contra el Lobo Glotón, cada vez más fuerte. Y el Lobo, soportando la persistente agonía del veneno divino, rugió y cargó para enfrentarse a ella.
Rápidamente, el Lobo se lanzó a una nueva ronda de combate aún más feroz. En medio de la implacable potencia de fuego y el tormento tóxico, no se dio cuenta: una tenue brizna de poder divino se escapaba silenciosamente de su cuerpo.
…
Paisaje onírico, el bosque.
Vagando entre la pálida niebla, la mujer del vestido negro siguió la guía de su corazón, buscando la dirección hacia su objetivo en medio de la confusión. Tras lo que pareció una espera interminable, la niebla finalmente comenzó a disiparse.
“Por fin… te vuelvo a ver…”
Al salir de la niebla, la Reina Araña se detuvo en un campo de hierba y miró hacia arriba. Suspendido entre los imponentes árboles se encontraba el enorme Capullo Sagrado blanco. Una leve sonrisa curvó sus labios al avanzar.
Con una sonrisa triunfal, caminó paso a paso hacia su objetivo. En el camino, se activaron numerosas trampas: sombras, tormentas, ilusiones, dolor... varios ataques predefinidos la asaltaron, pero todos fueron neutralizados sin esfuerzo.
Luna Espejo sí había dejado trampas aquí. Pero sin su presencia, ni siquiera un heredero divino que las vigilara, no fueron suficientes para detener a la Reina Araña.
Acercándose al capullo, la Reina Araña se elevó lentamente, flotando frente a él. Extendió una mano larga, con la punta de una garra, y rozó la superficie brillante del capullo. Sin percibir ninguna presencia poderosa, su sonrisa se ensanchó.
“El Cáliz de Sangre descenderá… El fin está cerca… Nadie está aquí para detenerme ahora…
“Tú… ahora me perteneces…”
Mientras hablaba, la Reina Araña metió la mano en el resplandor del capullo. Pero justo cuando se disponía a abrirlo y consumir con avidez su poder, ocurrió algo inesperado.
El resplandor del capullo se intensificó repentinamente, estallando en un resplandor abrumador de luz blanca que nubló por completo la visión de la Reina. Frunció el ceño, sorprendida por el inesperado acontecimiento.
"Qué…?"
Puede que te estés equivocando otra vez, Señora del Dolor. Desde el principio, siempre ha habido gente que se preocupa por mí, que me ama... entonces, ahora... y siempre. Tú y yo somos muy diferentes~
De repente, entre la luz, se escuchó una voz joven, tierna y ligeramente indistinta. Al oírla, el corazón de la Reina Araña se encogió. Apretó los dientes y gritó.
¿Quién eres? ¿Quién eres?
Mientras la Reina Araña exigía una respuesta, el brillo comenzó a desvanecerse. Una pequeña figura emergió gradualmente de la luz.
Era una niña pequeña, de no más de siete u ocho años. Tenía una larga y ondulante cabellera verde, lucía un vestido resplandeciente tejido con hilos cristalinos y sus pies descalzos y suaves, adornados con luminosas tobilleras verdes. Un chal transparente, que semejaba alas de insecto, le cubría la espalda, reflejando innumerables patrones deslumbrantes. Su rostro angelical esbozaba una dulce sonrisa. Entre sus orejas puntiagudas se alzaban unos ojos grandes y brillantes, cuyas pupilas irradiaban una luz radiante y multicolor.
Soy la encarnación del poder que anhelas, la guardiana de este sueño... y de todos los sueños... la recién nacida tan esperada. Es un placer conocerla, Lady Morrigan.
Con una elegante reverencia, la chica soñadora saludó dulcemente a la Reina Araña. Al reconocer plenamente quién estaba frente a ella, la Reina retrocedió sorprendida.
¡Imposible... Imposible! ¡Claramente necesitabas más tiempo para completar tu metamorfosis! ¡No deberías poder aparecer aquí todavía!
Pero la sonrisa de la niña no flaqueó. Con una voz suave e infantil, respondió.
Tienes razón... Aún me faltaba un tiempo para ver el mundo. Pero la leche de la Madre de la Vida acelera el crecimiento de todos los niños inmaduros.
¡¿La leche de la Madre de la Vida?! ¡Eso es imposible! ¡¿La Madre del Cáliz te dio su poder?!
Morrigan gritó con incredulidad. La chica soñadora, sin embargo, respondió con calma y enigmáticamente.
Normalmente, eso sería imposible... Pero dentro del destino tejido por el Soberano del Destino... incluso cosas más fantásticas que los sueños, aún podrían hacerse realidad~
“El Soberano del Destino…”
Ante la serena sonrisa de la muchacha, la expresión de Morrigan se ensombreció al máximo. Ocho pupilas se arremolinaban en sus ojos venenosos: seis se movían frenéticamente mientras dos permanecían fijas. Crujidos resonaban en sus largos y huesudos dedos.
…
En ese momento, en un reino interior secreto envuelto en oscuridad, una figura solitaria flotaba en silencio.
Era un hombre con un traje elegante y guantes blancos en las manos. Aunque su postura era orgullosa y erguida, su rostro estaba oculto tras una máscara: una máscara de metal oscuro grabada con una sonrisa grotesca y exagerada que se extendía hasta las orejas, exudando codicia pura y sin filtros.
Este era el Noble de la Moneda Oscura; más precisamente, el representante humano del Dios del Oro Comercial, un instrumento superapostólico saturado de la divinidad del Oro Oscuro. Aunque el Noble de la Moneda Oscura había ascendido a este rango, seguía bajo el control de Dorothy: era una simple marioneta.
La razón por la que la mariposa en el Capullo del Sueño pudo despertar temprano… se debió precisamente a una maniobra ejecutada por Dorothy usando la divinidad Oro Comercial del Noble Moneda Oscura.
Desde el principio, Dorothy hizo que su marioneta, la Noble Moneda Oscura, portara la esencia divina del Oro Comercial. Comparada con la anterior infante Revelación, Dorothy ahora ejercía un control mucho mayor, asegurando que la marioneta no se descontrolara a pesar de la inmensa carga divina.
Una vez que el Noble de la Moneda Oscura llevó la divinidad, Dorothy le hizo emplear técnicas de "préstamo" para establecer un contrato con el Capullo Sagrado: tomó prestada una porción de la divinidad de los sueños aún no madura y se la prestó a Beverly.
Luego, durante la batalla contra el Lobo Glotón y la Serpiente Abisal, Beverly infundió intencionalmente esa divinidad de sueño prestada en sus ataques (entregados a través de misiles de vapor y otros medios) que finalmente terminaron en la Serpiente Abisal.
Después, Beverly desató su verdadero poder, destruyendo a los dos dioses y obligándolos a buscar la ayuda de la Madre del Cáliz. El poder divino otorgado por la Madre, conocido como "leche", aceleró naturalmente el crecimiento, haciendo que la divinidad del sueño consumida por el Lobo madurara rápidamente junto con él.
Finalmente, Dorothy hizo que el Noble de la Moneda Oscura, actuando como acreedor, reclamara la ahora madura divinidad del sueño del Lobo, que estaba exhausto y debilitado por el veneno y la represión.
Para entonces, la divinidad ya había madurado enormemente gracias a la leche materna. Dorothy encargó al Noble de la Moneda Oscura que purificara la esencia recuperada, eliminando cualquier rastro de corrupción y revendiéndola, tal como lo hizo Beverly.
Una vez limpia, la divinidad onírica madura regresó al Capullo Sagrado. Con tanta esencia madura devuelta, la Mariposa Onírica pudo eclosionar antes de lo previsto.
Sí, este plan fue construido para utilizar el poder devorador del Lobo Glotón y el poder nutritivo de la Madre del Cáliz para acelerar el crecimiento de la divinidad inmadura dentro del capullo, acelerando en última instancia el surgimiento de la Diosa Mariposa.
Ya sea que Dorothy o Beverly se enfrentaran al Lobo Glotón en batalla, siempre encontraban la manera de alimentarlo con la divinidad onírica y forzarlo a la desesperación. En este caso, el Lobo se había presentado ante Beverly, así que Dorothy le transmitió la divinidad, permitiéndole completar el despertar de la mariposa.
En este momento de crisis, el bando de Dorothy necesitaba más guerreros divinos. Necesitaban que la Diosa Mariposa entrara en la guerra.

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Estás leyendo el capítulo 813 de El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela), un novela. En medio del vapor de la revolución industrial, los misterios surgen bajo la superficie. Las sectas y las sociedades secretas buscan lo extraordinario en las sombras, mientras que los dioses ocultos contemplan a la… Este capítulo tiene publicado el 16 de marzo de 2026, Traducido por el grupo Crowli, Nishino. El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela) tiene 828 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.