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Leer El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela) Capítulo 811 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli, Nishino✍️ Traducción: Crowli, Nishino
En Ufiga del Sur, durante la Cuarta Época, la Iglesia de la Radiancia, que durante mucho tiempo había dominado el mundo material, libraba su segunda Gran Guerra Santa en varios siglos. Gracias a la inmensa acumulación de poder a lo largo de los años y al firme apoyo del Gremio de Artesanos Blancos, el Ejército Sagrado de la Iglesia había logrado ventajas abrumadoras en todos los frentes de batalla. Como objetivo de esta cruzada, el culto de la Madre del Cáliz se encontraba bajo una inmensa presión militar. Solo después de que sus fuerzas de rango Oro se unieran a la contienda pudieron estabilizar sus líneas. Pero aun así, seguían en desventaja. Para revertir el curso de la batalla, el culto necesitaba más poder, y esa oportunidad estaba a punto de llegar. En el dominio central del culto, dentro del grotesco y retorcido Templo de los Extremidades Sangrientas, se retorcía un gigantesco círculo ritual formado por innumerables extremidades humanas entrelazadas. En su centro, Unina, la líder mortal de mayor rango del culto, realizaba solemnemente un ritual: guiaba un inmenso poder, una vez sellado más allá del mundo, hacia el reino material. “Nacido en el vientre de la Gran Madre… Oh tres Venerables Progenitores… El velo de los reinos es fino… La cruel Luz se debilita… Por el gran destino de la Madre… Desciende a este mundo… Vosotros que tenéis hambre… Vosotros que tenéis sed… Vosotros que os pudrís… Revelad vuestras formas sagradas… Empapa los mares de rojo… Devora el sol abrasador… Corrompe la tierra… ¡Acabemos con esta tiranía de la Luz de una vez por todas!” Su voz, llena de anhelo desesperado y deseo ferviente, resonó por el templo. Mientras cantaba, los innumerables brazos que surgían del círculo ritual ensangrentado se elevaron, meciéndose como hierba silvestre, formando diversos gestos arcanos. Las oraciones de Unina fueron replicadas por innumerables bocas que surgían de diversas partes del templo. Juntas, recitaron sus invocaciones al unísono, y su canto resonó en el espacio, penetrando los reinos internos e incluso alcanzando las capas más profundas del mundo. Estas voces se convirtieron en conductos, caminos, que guiaron el poder divino hacia el descenso. Sin embargo, el proceso no estuvo exento de obstáculos. En un reino interior cercano al mundo físico, existía un vacío oscuro, turbio y monótono. En su interior, varias fuerzas inmensas se movían. Desde las profundidades de este vacío miasmático, tres inmensos rayos de luz rojo sangre surgieron a gran velocidad. Uno era tenue, otro estaba teñido de un tenue resplandor azul, y el tercero brillaba con un verde fantasmal. Estos tres rayos perforaron el velo espacial y estaban a punto de salir de un reino a otro, cuando ocurrió una anomalía inesperada. Un cuarto rayo de luz, aún más brillante, de un dorado cobrizo y mucho más grande, salió disparado desde la dirección opuesta. Apuntaba directamente a las tres luces rojo sangre, que claramente tenían prisa. Al percibir la luz dorada, los tres rayos rojos aceleraron de inmediato. Pero incluso con ese aumento de velocidad, la luz dorada fue más rápida. En cuestión de segundos, la alcanzó, y los cuatro rayos colisionaron violentamente. En ese instante, cuatro grandes poderes divinos chocaron en el vacío, sacudiendo todo el dominio. El espacio se fracturó bajo el peso de su conflicto, abriendo enormes fisuras que revelaron atisbos de otros reinos interiores. Acero, mareas de sangre, rugidos y peste: estas cuatro fuerzas lucharon con furia. Los tres poderes rojos unieron fuerzas para rodear y eliminar a la fuerza dorada, con la esperanza de una muerte rápida. A pesar de su ventaja, la tríada roja no pudo destruir la fuerza dorada rápidamente. Cada vez que intentaban separarse y continuar su misión, el poder dorado los alcanzaba y reanudaba la persecución. Finalmente, tras la destrucción y los reinos destrozados, llegó un momento decisivo. En medio del dominio desmoronado, tres cuerpos divinos comenzaron a tomar forma a partir de sus formas de energía pura. Primero: una serpiente colosal de múltiples cabezas, de más de mil metros de grosor y una longitud insondable, cuyo cuerpo se extendía hacia el vacío. Cada una de sus nueve cabezas tenía rostros color sangre en sus escamas, todos con la mirada fija en la misma dirección. Segundo: un enorme lobo demoníaco de pelaje negro, de decenas de kilómetros de largo, cubierto de sigilos rojo oscuro, con cinco cabezas enormes. Entre sus colmillos goteaba baba, densa de hambre. Las cinco miradas del lobo también se dirigieron en la misma dirección. Y a lo lejos observaban: una enorme construcción, más grande que la mayoría de las lunas: un planeta mecánico. En su superficie, vastas fábricas operaban sin descanso, con engranajes gigantescos moliendo en perfecta sincronía. Ríos de metal fundido fluían hacia antiguas runas grabadas en su caparazón. Suspendido a lo largo de su "ecuador" de mil kilómetros se alzaba un enorme anillo de forja: una estructura que se asemejaba a un ojo monumental forjado en acero y orbitaba como un satélite. Mientras el Dios Serpiente y el Dios Lobo se miraban fijamente, el Núcleo del Orden emitió un zumbido atronador que resonó por todos los reinos. Su horno divino se puso a toda marcha, y la fábrica infinita comenzó a funcionar a toda potencia, lista para producir máquinas de guerra sin fin para librar batalla contra las deidades de carne y hueso. Y así, de las cuatro fuerzas divinas que chocaban en los reinos internos, tres revelaron sus formas divinas para la batalla, mientras que el cuarto poder, curiosamente, aún no aparecía en este campo de batalla. … De vuelta al reino físico: Ufiga del Sur. La guerra santa continuó sin dar señales de apaciguarse. La intensidad solo aumentó con la participación de los enemigos de rango Oro. En el frente occidental, sobre la vasta bahía, se desarrollaba un choque primordial de agua y fuego. Innumerables mangas marinas se elevaban hacia el cielo desde el océano, formando juntas una serpiente de agua de cien metros de ancho, que avanzaba y se agitaba a través de la bahía, tratando de aplastar a la flota que se encontraba debajo. Mientras tanto, desde el cielo nublado, innumerables llamas llovieron como un castigo divino, fundiéndose en un gigantesco dragón de fuego que chocó con la serpiente de agua. Lucharon y se enroscaron en el cielo, cubriendo la bahía con vapor ardiente. Sin sus poderosas protecciones, los soldados de la flota habrían muerto. Protegidas por equipos avanzados, las naves avanzaron a través del infernal campo de batalla. En el frente norte, el suelo se abrió cuando un gigantesco insecto mutado, una de las entidades de rango Oro, batió sus alas y se elevó hacia los cielos, alcanzando el nivel de la flota aérea. A su alrededor se alzaba una densa nube verde oscura de gas de plaga putrefacto, que se desató en oleadas por la jungla y amenazó con arrasar toda la región. Esta niebla pestilente estaba repleta de patógenos microscópicos, extensiones de la voluntad de la criatura. Estos microbios eran capaces de corroer armaduras a velocidades aterradoras e invadir la carne, causando mutaciones irreversibles y la muerte. A bordo de la Monja Aniquiladora, Amanda se encontraba en el puente y, con una sola mirada, se dio cuenta de lo peligrosa que era la niebla. Había visto niebla corrosiva antes, pero nada tan potente. Si la niebla cubría el campo de batalla, aniquilaría a las fuerzas terrestres e incluso amenazaría a la flota aérea. Ante la nube de muerte que se acercaba, los ojos de Amanda brillaron. Una serpiente blanca fantasmal se enroscó a su alrededor, y su poder se elevó hacia el cielo, extendiéndose por los cielos para purificar la niebla de la plaga con luz redentora, neutralizando los microbios mortales uno por uno. Amanda contuvo la muerte que caía. Sobre la selva, el cielo permanecía envuelto en nubes verde oscuro, pero no podían descender más; una fuerza invisible las mantenía en su lugar, incapaces de tocar el suelo. Mientras Amanda impedía que la niebla se extendiera, la flota y las unidades terrestres antiaéreas lanzaron todo tipo de descargas antiaéreas —proyectiles de acero, rayos abrasadores—, pero ninguna surtió efecto. El metal se corroyó rápidamente, y la niebla de plaga, ahora de rango Oro, incluso comenzó a devorar la propia energía. Por el momento, Amanda y el monstruo de plaga de rango Oro, que propagaba una enfermedad mortal, se encontraban en una especie de punto muerto. Tras darse cuenta de que el fuego continuo tenía poco efecto, el Ejército Sagrado de la Iglesia en tierra dejó de atacar al monstruo y, en su lugar, atrincherado bajo el "paraguas" de Amanda, avanzó con paso firme hacia su objetivo sureño. … En los frentes occidental y norte, el Ejército Santo había sido atacado por las fuerzas de rango Dorado de la Madre del Cáliz, pero gracias a las acciones decisivas de los respectivos cardenales que comandaban cada frente, el impacto de los Dorados enemigos fue relativamente contenido. Sin embargo, la situación en el frente oriental era menos favorable. Sobre las vastas y aparentemente interminables llanuras orientales, un deslumbrante y cegador "sol en la tierra" causaba estragos. Todo el paisaje llano estaba bañado por un resplandor tan intenso que nadie podía abrir los ojos; incluso el sol en el cielo parecía tenue comparado con este resplandor abrumador. Este tipo de fenómeno de luz normalmente se confundiría con un arma de la Iglesia, pero curiosamente, no lo era. La luz cegadora arrasaba las formaciones del Ejército Sagrado, destruyendo las unidades blindadas a su paso. En ocasiones, incluso saltaba por los aires y derribaba naves de guerra aéreas. De no ser por las adaptaciones de blindaje basadas en sombras que permitían a las tropas fundirse con sus propias sombras para protegerse, el daño habría sido incalculable. ¡Jajaja! ¿Qué pasa, Cardenal de las Sombras? ¿Esto es todo lo que tienes? ¡Mira! ¿Quién brilla más ahora? A través del campo de batalla, la figura resplandeciente persiguió una estela de sombra que se deslizaba por el suelo. Las espadas forjadas por las sombras respondieron desde la oscuridad, pero la luz abrumadora las debilitó considerablemente, y finalmente fueron absorbidas por el núcleo cegador. El resplandor se burló sin piedad. “Gaytt Garganta de Lobo… el más antiguo de los miembros de rango dorado de la Madre del Cáliz… un sobreviviente de la Guerra Santa de hace cuatrocientos años… y ahora, regresa en esta forma…” Moviéndose a gran velocidad en forma de sombra, el Cardenal de los Secretos Artcheli esquivó la implacable persecución de Gaytt mientras revisaba mentalmente todo lo que había aprendido sobre los miembros del culto. Antes de que Unina reapareciera en el mundo físico, este tipo era teóricamente el más fuerte de los tres apóstoles de rango Oro... En la última Guerra Santa, devoró a incontables miembros de la Iglesia, incluyendo a varios arzobispos Carmesí e incluso parte del cuerpo del entonces Cardenal de la Guerra Santa... Esa carne probablemente no se ha digerido completamente ni siquiera ahora... por eso puede liberar una luz tan abrumadora... Puede que se haya sometido a algunas mejoras adaptativas... este tipo es un verdadero fastidio... De hecho, su análisis no estaba equivocado: aparte de Unina, Gaytt era el poder mortal más fuerte dentro del culto. Después de haber devorado a numerosos miembros de alto rango de la Iglesia Radiante durante la Guerra del Arroyo Fangoso y consumido innumerables elementos de almacenamiento espiritual de los Linternas, Gaytt ahora podía liberar una luz mística inmensamente concentrada y pura, transformándose en una bombilla superlumínica viviente. Ahora, cada centímetro del cuerpo de Gaytt irradiaba una intensa luz mística, dispersando todas las sombras a su alrededor y convirtiéndolo en un "lobo sin sombras", lo que limitaba severamente a Artcheli, que dependía de las sombras en el combate. Sin sombras, Artcheli no podía teletransportarse mediante golpes de sombra, manipular la sombra de su enemigo para que lo traicionara ni empalarlo con púas de sombra para inmovilizarlo. Incluso cuando creaba espadas de sombra para golpearlo directamente, la luz radiante las debilitaba hasta el punto de hacerlas casi ineficaces: eran absorbidas antes de infligir daño. Anteriormente, Gaytt había sido engañado por la ilusión de la Devoción Crepuscular y había caído en una trampa de sombras que Artcheli había tendido. Pero incluso eso fue deshecho por su resplandor omnidireccional. En resumen, frente a este hombre lobo de rango Oro, saturado de Linterna espiritual, Artcheli no contaba con una contraestrategia fiable. Solo podía proteger al Ejército Sagrado, teletransportando tropas vía sombra a posiciones más lejanas para eludir a Gaytt y continuar el avance hacia el territorio del culto. Maldita sea… ¿por qué siempre soy yo quien termina con el oponente más duro…? No pudo evitar maldecir por dentro. De los tres Dorados del culto, Gaytt era el más difícil de tratar, y casualmente lo atrajo. O quizás lo habían asignado específicamente para contrarrestarla, ya que sus habilidades anulaban por completo las de ella. Mientras Artcheli se enfrentaba a Gaytt en un punto muerto táctico, se unieron refuerzos del Ejército Sagrado. Tanques en tierra y buques de guerra en el cielo abrieron fuego contra el faro de luz móvil que era Gaytt. Aunque lograron herirlo, su regeneración fue tan poderosa que sanó al instante, y luego contraatacó con abrasadores rayos de luz de sus tres bocas, destruyendo tanques y destrozando buques de guerra. En un momento crítico, Artcheli emergió de una sombra y atacó con una espada larga de sombra condensada, interceptando y cortando los rayos de luz de Gaytt. Luego reabsorbió la espada, la dividió en dagas de sombra y las arrojó contra el radiante hombre lobo. Las dagas se movían rápido, pero en cuanto entraron en su campo de luz, comenzaron a debilitarse rápidamente. Gaytt abrió la boca con naturalidad y se las tragó todas, desatando entonces varias ondas de luz cortantes con sus garras, arremetiendo contra Artcheli. La ola la golpeó y se hizo añicos, solo para disiparse en una niebla de sombras, un señuelo. En ese mismo instante, bajo los pies de Gaytt, surgieron espadas de sombras, surgiendo de las grietas de la tierra. Artcheli había usado fisuras naturales para moverse bajo tierra, lanzando un ataque sorpresa desde abajo. Esto minimizaba el tiempo que sus sombras estaban expuestas al campo radiante de Gaytt. Aun así, las espadas de sombra seguían debilitadas al atravesar la luz. Aunque lograron herir a Gaytt, no fue suficiente para causarle daño grave. Se regeneró rápidamente, levantó la pata y golpeó el suelo. La tierra estalló violentamente, lanzando escombros al cielo. Artcheli, oculto bajo tierra, salió despedido hacia arriba. Gaytt abrió entonces sus enormes fauces, creando un poderoso vórtice de vacío que succionó todo lo que se encontraba cerca. Artcheli fue arrastrada por el aire, evitando por los pelos ser arrastrada al anclarse con cadenas de sombra unidas a nuevas fisuras. Mientras tanto, tuvo que parar los golpes de las hojas ligeras con su espada. La presión era inmensa. “Esto se está poniendo complicado… ¿Ya estás listo, Alberto?” Apretando los dientes, gritó. Y muy arriba, en órbita, más allá de la atmósfera de Ufiga del Sur, una voz tranquila respondió. —Ah... más o menos. No te preocupes, Cardenal Secreto. Cada campo de batalla requiere un ritual diferente, eso es todo... En la órbita planetaria sobre Ufiga Sur, una modesta Nave de Acero Santo, de aspecto macizo y con forma de ladrillos entrelazados, flotaba silenciosamente. Desde su plataforma de observación, contemplaba el campo de batalla. Dentro, el Cardenal Alberto, enmascarado y sereno, respondió con suavidad. Con un gesto de la mano, un complejo conjunto de Piedras se activó bajo él. Bajo la nave, numerosos brazos mecánicos, gruesos y multiarticulados, se extendieron, formando intrincados gestos que trazaban runas místicas en el espacio. Mientras estos brazos trabajaban, en el suelo, una fuerza invisible talló un enorme conjunto ritual —de más de un kilómetro de diámetro— en la llanura, atrapando a Artcheli y Gaytt en su centro. El patrón coincidía exactamente con el que estaba bajo los pies de Alberto. En el instante en que la matriz se activó, todo el campo de batalla retumbó. El suelo destrozado estalló, y toneladas de roca se precipitaron hacia Gaytt desde todas las direcciones, envolviéndolo en una enorme esfera de piedra, comprimiéndose cada vez más. "¡¿Qué?!" Gaytt empezó a forcejear con furia, destrozando las rocas. Pero ni siquiera su calor abrasador fue suficiente: no logró liberarse. Las enormes piedras, aunque se derretían rápidamente, formaron una gruesa costra que opacó su resplandor. En ese momento, su luz se atenuó drásticamente. Al percibir su oportunidad, Artcheli entrecerró los ojos. Su espada larga de sombra cobró vida y se lanzó, totalmente a la ofensiva. Sin la interferencia del campo radiante, su espada impactó con precisión, cortando el cuerpo de Gaytt en pedazos y provocando un aullido horroroso del hombre lobo. Esta Vasija de Acero Santo era la Piedra Sagrada Forjadora de Pasos, bajo el mando de Alberto, una de las fortalezas tácticas más poderosas de la Iglesia, especializada en la construcción ritual de largo alcance. Desde la órbita, podría proyectar conjuntos rituales sobre cualquier punto de la superficie del planeta, como éste, brindando un apoyo abrumador a los aliados. Por supuesto, la influencia de Alberto no se limitó únicamente al campo de batalla de Artcheli. “Ahora bien… con todo calibrado, podemos pasar a la siguiente etapa…” Con un susurro, Alberto volvió a agitar la mano. Un nuevo círculo ritual se iluminó bajo él, y los brazos mecánicos de la Piedra Sagrada Forjadora de Pasos comenzaron a girar rápidamente, dibujando otro sigilo a gran escala en la superficie inferior. … En el frente norte, en lo profundo de los densos bosques, la jungla estaba siendo moldeada por una fuerza invisible, formando una misteriosa formación ritual. A medida que poderosas formaciones de hechizos se desplegaban y activaban rápidamente, la Vasija de Acero Santa en el centro, la Monja de Aniquilación, experimentó una transformación. Un escudo semitransparente con un brillo amarillo terroso se materializó a su alrededor. “Ivy, entra.” “¡Entendido, Excelencia!” Siguiendo la orden de Amanda, Ivy aceleró la enorme nave, embistiendo directamente contra la densa nube fúngica del cielo. En el momento en que atravesó la capa de nubes verde oscuro, el miasma corrosivo comenzó a erosionar el casco, pero el poderoso escudo lo contuvo temporalmente. Protegida por el escudo y los poderes purificadores de Amanda, Ivy atravesó la niebla mortal a gran velocidad. Cuando finalmente emergió por el otro lado, un insecto gigante deforme se aferró a la proa de la nave. El grotesco insecto había sido arrancado a la fuerza de su miasma protector por la carga. Emitió un chillido agudo y desgarrador. Ivy no perdió tiempo: un par de enormes arpones de acero salieron disparados de la proa del barco, empalando a la criatura e inyectándole un suero especialmente formulado por Amanda. Amanda entonces extendió su mano hacia el insecto que chillaba y desató su poder, destrozando y reconstruyendo sus tejidos a gran velocidad. … En el frente occidental, el mar embravecido comenzó a reflejar una gran formación ritual desencadenada por fuerzas misteriosas. Desde dentro de esa formación, enormes piedras se alzaban del fondo del océano, rompiendo las olas. Estos titánicos bloques de arena y roca se fundían bajo un intenso calor, moldeándose y forjándose en el aire. Para cuando alcanzaron el cielo, estas vastas masas de arena y roca se habían transformado en sólidas placas de armadura. Estas placas se adhirieron al furioso dragón elemental de fuego, envolviendo sus llamas en una brillante armadura de acero. El radiante blindaje lo protegió del ataque de la serpiente de agua. Al mismo tiempo, la Llama Purificadora del Mundo de la Vasija de Acero Santo, que había estado bombardeando desde lejos, comenzó a cambiar. Ya con forma de espada, su cuerpo, similar a una cuchilla, se transformó aún más: hojas de luz radiante se extendían desde los bordes, y la cola se transformó en una larga y robusta empuñadura, convirtiendo toda la nave en un auténtico espadón. Con un rugido, el dragón de fuego elemental ahora acorazado extendió sus brazos enguantados y agarró la "Espada de Acero Santo" voladora, luego la blandió en un poderoso corte, desatando un brillante arco de luz que vaporizó a su oponente enredado. Gracias a la oportuna intervención de Alberto, el curso de la batalla cambió una vez más. Los frentes de guerra que el culto había estabilizado con sus fuerzas de rango Oro se estaban derrumbando; las tres líneas de batalla estaban al borde del abismo. Ante la enorme preparación bélica de la Iglesia de la Radiancia, los invasores de rango Oro se encontraron en grave peligro. Pero incluso ahora, Unina, Matriarca del culto de la Madre del Cáliz y maestra del Templo de la Extremidad Sangrienta, no se dejó llevar por el pánico. Porque sabía que, por muy buenas que fueran las ventajas que la Iglesia de la Radiancia consiguiera, no servirían de nada. El verdadero poder abrumador que derrocaría la guerra... ya había descendido. “Está aquí… está aquí… respondiendo a mi oración… desciende ahora, oh nacido del vientre de la Madre… Uno de los Tres Venerados Hijos… Rompe las falsas ataduras de la Radiancia, desciende de nuevo sobre este mundo y extiende tu podredumbre devoradora a todo ser vivo. Que toda vida mortal se arrodille bajo las alas del Señor de la Plaga... “¡Despejen el camino para nuestra Gran Madre!” A medida que el cántico fanático de Unina se elevaba con fervor, el cielo sobre el Templo de los Extremidades Sangrientas comenzó a transformarse. El cielo, antes oscuro, ahora se tiñó de un verde oscuro, y el espacio mismo comenzó a ondularse y a hincharse con innumerables protuberancias. Estas protuberancias —densos bultos parecidos a erupciones— se extendían por el espacio como llagas purulentas en la piel del mundo. El tejido mismo de la realidad parecía enfermo, como infectado por una enfermedad incurable. Las erupciones se convirtieron en forúnculos llenos de pus y se hincharon aún más hasta que finalmente estallaron con explosiones húmedas. Con cada explosión, salía un pus verde pálido, y gigantescos gusanos blancos, parecidos a larvas, de cuatro a cinco metros de largo, caían de las llagas reventadas. Los forúnculos seguían estallando por el cielo, haciendo llover estas grotescas larvas sobre la tierra empapada de sangre. Después de aterrizar, las larvas gordas se retorcieron y arrastraron, fusionándose unas con otras, agrupándose en masas más grandes, hasta que una entidad abrumadora comenzó a tomar forma. De la marea interminable y retorcida de gusanos, un gigantesco coloso emergió entre el cielo y la tierra: un buitre colosal de decenas de kilómetros de altura, con una envergadura de decenas de kilómetros más. Todo su cuerpo estaba compuesto de gusanos fusionados, entrelazados. Su carne blanca y pálida estaba marcada con sigilos verde oscuro, y al extender las alas, el cielo mismo parecía eclipsado. Este era uno de los Tres Dioses del Cáliz. El Señor de la Plaga, el Maestro Inmortal, Buitre de la Pestilencia, Dios de la Podredumbre y la Enfermedad… Mientras que sus dos hermanos divinos habían sido interceptados en los reinos internos por el Dios de la Forja, solo él había descendido con éxito al mundo. —¡Ese... ese es... el Señor de la Plaga! ¡¿Descendió tan rápido?! En el Monte Sagrado, el seráfico Kramar miró hacia el sur, hacia el horizonte, con expresión de horror. Todos los cardenales combatientes volvieron la vista hacia el Templo de los Miembros Sangrientos. Desde la distancia, ya podían ver aquella figura divina que se alzaba sobre la tierra. “Ha llegado…” Mientras los cardenales se tensaban y un sinnúmero de Guerreros Santos permanecían paralizados por el terror, Unina abrió los brazos dentro del templo, llamando en éxtasis al cielo. “Oh, venerado vástago de la podredumbre… por amor a nuestra Gran Madre… Extinguir toda Luz de este mundo… ¡Rompe por completo las falsas barreras!” Ante sus palabras, el Buitre de la Plaga batió ligeramente sus enormes alas. Entonces, una niebla verde oscura comenzó a emanar de ellas. Mucho más densa, más pútrida y más letal que las nieblas de plaga de los monstruos insectos anteriores, la plaga divina llovió en torrentes desde los cielos y luego explotó en todas direcciones. La niebla verde se extendía del cielo a la tierra, formando nubes gigantescas, más grandes que cualquier tormenta de arena. La plaga divina se extendió desde el Templo de los Extremidades Sangrientas, en el corazón de Ufiga Sur, arrasando rápidamente los tres frentes. Por donde pasaba, sin importar cuán potente fuera el equipo del Ejército Sagrado, los hongos brotaban instantáneamente en sus armaduras. Cuando la armadura se agrietaba, la plaga invadía el cuerpo y los infectados se desplomaban en agonía, para luego perder el conocimiento. Más rápida que el viento, la plaga divina consumió todas las fuerzas terrestres y la mayoría de las flotas aéreas. Solo las Naves de Acero Santo de clase catedral y unas pocas naves de élite que lograron alcanzar la altitud orbital sobrevivieron, por ahora. Pero la plaga divina no había terminado. Después de inundar el sur de Ufiga, continuó propagándose, infectando todas las regiones del planeta. “¿Es esto… la plaga de un dios?” En órbita, Alberto observaba el planeta: una niebla verde se extendía rápidamente por el continente, pasando por Ufiga del Sur para consumir a Busalet, Addus, Kankdal y las naciones de Ufiga del Norte. Luego, continuó avanzando, cruzando el Mar de la Conquista, hasta llegar al continente principal. Ivengard… Cassatia… Falano… incluso Pritt… Las naciones cayeron en rápida sucesión, cada una devorada por la plaga divina. Toda vida se derrumbó en la enfermedad, inconsciente, y la brillante cumbre del Monte Sagrado se atenuó; su luz fue absorbida por la peste. ¿Y las personas que se desplomaron por la plaga? Pronto se levantaron, con los ojos verdes brillando y la expresión aturdida. Ya no eran ellos mismos, sino que habían sido superados por el virus que llevaban dentro. Lejos al oeste, en las profundidades del Continente Caída de las Estrellas, en la sagrada y ancestral patria chamánica —el Valle Ancestral—, innumerables chamanes se reunieron alrededor de un enorme tótem. Siguiendo el ritmo del Chamán Espíritu Verdadero en lo alto del pilar, entonaron cantos e invocaron ritos ancestrales, invocando a los espíritus para que transformaran el mundo. Cuando la plaga divina —con la forma de un imponente y fantasmal muro verde forjado a partir de la peste devoradora de vida que había engullido a incontables tribus— arrasó desde el sureste, los chamanes entraron en pánico. Incluso las barreras espirituales más poderosas fueron completamente inútiles contra la corrupción de la plaga divina. En cuestión de instantes, todo el Valle Ancestral quedó envuelto. Ni siquiera los espíritus de los muertos pudieron escapar de las garras de la enfermedad. Finalmente, el planeta entero quedó cubierto por una plaga divina. La atmósfera rebosaba de patógenos letales. En un instante, una niebla verde envolvió el planeta. El Buitre de la Plaga, con solo su apariencia, había infectado a miles de millones de habitantes, transformando el mundo en una Estrella de la Plaga, convirtiendo a todo ser vivo en su marioneta. Donde una vez la Iglesia Radiante tenía la ventaja, la llegada de una peste divina imparable ahora revirtió el rumbo de la guerra. “Alabado sea el Señor de la Plaga…” En medio de la neblina verde y arremolinada, Garganta de Lobo Gaytt se había recuperado por completo de las devastadoras heridas que había sufrido anteriormente. Ahora, su cuerpo se hinchaba más que nunca, cubierto de hilos de hongos, y bajo su piel negra, los parásitos se retorcían visiblemente, arrastrándose bajo la superficie. Para sus enemigos, la plaga divina fue una catástrofe. Pero para el culto de la Madre del Cáliz, fue una bendición. Bañado por su "favor divino", el otrora condenado Gaytt ahora poseía una fuerza inmensa. Todos los seres leales al culto habían sido fortalecidos. Frente a él, su oponente yacía desplomado, apenas respirando. Ni siquiera con las bendiciones de la curación de rango Oro pudo resistir la corrupción de la plaga divina. “¡Ahora… se acabó!” Gaytt se acercó al pequeño cuerpo que yacía a sus pies. Baba de codicia goteaba de sus fauces con colmillos. Esta escena se repitió en los campos de batalla. En la jungla del norte, el enorme insecto mutado, que casi había sido destrozado, ahora se hinchaba violentamente, potenciado por el miasma verde. Su cuerpo deformado estalló con nuevos crecimientos, de los cuales brotaron afiladas púas que perforaron el casco, antaño inexpugnable, de la Nave de Acero Santo. Dentro de la nave, Amanda, bajo el intenso ataque de la plaga divina, solo pudo arrodillarse, débil, usando toda su fuerza para proteger unas pocas unidades vitales. Pero su fuerza no duraría mucho más. Otra púa tóxica la atravesó. Su visión se nubló y perdió el color de sus ojos. En el mar occidental, bajo la niebla opresiva, el otrora poderoso dragón de fuego acorazado, con su espada llameante, vio cómo sus llamas se debilitaban considerablemente. Mientras tanto, la colosal serpiente de agua, previamente reprimida, comenzó a crecer de nuevo. Sus aguas se tornaron de un verde turbio, plagadas de innumerables patógenos y parásitos. Al morder las llamas del dragón, el fuego se apagó. El descenso del Buitre de la Plaga, en un instante, trastocó el destino de todo el mundo material. Al percibir el cambio, Unina, en el Templo de los Miembros Sangrientos, ofreció fervientes alabanzas al dios de la enfermedad. “Alabanza a Ti… canciones para Ti… Oh Señor de la Plaga… Vuestra llegada ha ahogado la Luz, entregando todos los reinos en manos de la Madre. El resplandor se ha extinguido. La crisis ha terminado. Continuemos ahora allanando el camino para el descenso de nuestra Madre... Podía sentir cómo la hostilidad de Radiante se desvanecía poco a poco. No solo el Ejército Sagrado había sido aniquilado, sino que toda la población del mundo se había convertido en esclava del dios de la plaga. El núcleo de la fe de Radiante estaba completamente destrozado. Su poder y sus cimientos terrenales se habían derrumbado por completo. Unina todavía estaba ofreciendo adoración a su dios cuando de repente recibió una respuesta inesperada. “No… esto está lejos de terminar…” La voz del Buitre sonaba como millones de bocas de insecto chillando a la vez, aguda y ronca, reverberando por el cielo y la tierra. Unina, atónita, preguntó. ¿Qué... cómo que esto está lejos de terminar? ¿Acaso no han sido ya todos los seres vivos de este mundo...? Antes de que pudiera terminar, el mundo cambió una vez más. En las zonas de guerra de Ufiga, en las ciudades del continente principal, aquellos que se habían convertido en zombis de plaga y marionetas comenzaron a desdibujarse y desvanecerse, transformándose en ilusiones de color púrpura pálido. Ya fueran Guerreros Sagrados, civiles comunes o incluso animales, todo ser vivo infectado por la plaga divina desapareció repentinamente, dejando solo un tenue destello de luz violeta. En un instante, el mundo se sumió en un silencio absoluto. La única vida que quedaba eran los organismos microbianos activos en la niebla. “Se fueron… Todos desaparecieron… ¡¿Cómo?!” Al sentir que sus marionetas infectadas se desvanecían, Unina quedó paralizada. Mientras tanto, el Buitre permanecía tranquilo. Miraba a lo lejos, en el horizonte, más allá de la neblina de su propia plaga. “Tú eres el responsable… ¿no es así… Joven Árbitro…?” “Qué sorprendente… Que tu poder haya alcanzado tal nivel… Lo suficiente para crear un milagro como este…” En el otro extremo del horizonte de la plaga, flotando en el aire por encima de las nubes verdes, en el continente principal, Dorothy estaba sentada tranquilamente en el cielo, sonriéndole al dios de la plaga desde miles de kilómetros de distancia. Gracias por el cumplido... Eres más educado que tus hermanos. Es un placer cruzar espadas contigo, Señor de la Plaga. Respondiendo suavemente, Dorothy miró hacia abajo a las espesas nubes de enfermedad y suspiró. Había realizado innumerables simulaciones. No había forma de impedir que los tres descendieran y aun así destruir el culto de la Madre del Cáliz... Así que… había que hacer algunos preparativos… para la guerra divina en el mundo material. Comparada con la divinidad, la vida ordinaria es demasiado frágil. Necesitaban… un poco de protección. Ella habló en un suave susurro. Al comienzo de la guerra, Dorothy ya había desplegado su poder divino, usando su Senda de los Sueños Hechizantes para crear algo similar a los mundos narrativos de Hafdar. Pero mientras que las historias de Hafdar solo podían abarcar una ciudad, las de Dorothy eran a escala planetaria. Sí, Dorothy copió todo el mundo principal, creando un vasto mundo de historias semi-interiores, dentro del cual colocó un planeta lleno de vida anecdótica. La mayoría de los seres en ese mundo eran réplicas exactas de los reales, excepto en sus atributos místicos. Luego, en silencio, intercambió los contenidos del mundo real con el de la historia: todos los mortales, incluso los espíritus, y muchos Beyonders, estaban ocultos en el mundo de la historia, y sus dobles anecdóticos los reemplazaron en el reino físico. Así, mientras el mundo seguía girando, seres comunes se protegían sin saberlo en el espacio narrativo, viviendo sus vidas. Para engañar al culto, Dorothy incluso guionó las versiones anecdóticas para que actuaran de forma convincente frente a sus infiltrados. Como no estaban en el reino material, la plaga divina nunca los tocó, y el fundamento de la fe de Radiante se preservó. Mientras esa base permaneciera en pie, el lado de Dorothy aún tendría fuerzas para luchar. “Ahora bien… regresen a la batalla, guerreros de la Guerra Santa… Esta guerra… aún no ha terminado…” Frente al mar verde que se extendía debajo, Dorothy habló con dulzura. En los campos de batalla de Ufiga del Sur, comenzaron de nuevo fenómenos extraños. A través de las praderas, las selvas, los mares —dentro de las armaduras corroídas, los tanques abandonados, los mechas silenciosos, los barcos hundidos—, una luz púrpura titilaba. Y uno a uno, cuerpos translúcidos se materializaron, reanimando armaduras, reactivando máquinas, relanzando naves... Esos Guerreros Sagrados infectados, al igual que el resto de las almas desplazadas del mundo, eran cuerpos anecdóticos que Dorothy había creado. Pero los Guerreros Sagrados eran especiales: sus identidades narrativas estaban vinculadas a sus verdaderas identidades en el mundo de la historia. A través de esta conexión, las formas anecdóticas recibieron el control del original, conservaron su poder espiritual, su conciencia, sus habilidades. La plaga había destruido sus copias, pero los originales permanecieron intactos. Ahora, Dorothy los invocó de vuelta al mundo real en una forma postfísica, revividos, trascendentes y listos para unirse de nuevo a la Gran Guerra Santa. Mientras Dorothy estuviera en pie, los Guerreros Santos serían inmortales. Esto también se aplicó a los Cardenales de rango Oro. Pero aún así, se necesitaría más para cambiar el rumbo… “Por eso… es hora de que los fieles de Radiante sientan las bendiciones de su Luz…” Mientras hablaba, un resplandor divino brilló ante ella, y apareció el Báculo del Decreto Radiante. Dorothy lo sujetó con fuerza. La radiante luz divina, siguiendo su voluntad, se extendió al mundo cubierto por la plaga. En las llanuras de abajo, Gaytt, de tres cabezas, se lamía los colmillos, disfrutando de la victoria, hasta que de repente se congeló al sentir algo. Miró hacia abajo, sólo para ver una luz brillante floreciendo desde su vientre. Con un grito de dolor, su abdomen explotó. De la carne desgarrada surgió un rayo dorado que se detuvo en el cielo cubierto de niebla verde. Al desvanecerse la luz, Artcheli reapareció en su forma completa, con una mirada fría y penetrante. Tras ella, se desplegaron un par de alas radiantes de luz pura.
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El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela) Capítulo 811

Estás leyendo el capítulo 811 de El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela), un novela. En medio del vapor de la revolución industrial, los misterios surgen bajo la superficie. Las sectas y las sociedades secretas buscan lo extraordinario en las sombras, mientras que los dioses ocultos contemplan a la… Este capítulo tiene publicado el 7 de marzo de 2026, Traducido por el grupo Crowli, Nishino. El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela) tiene 828 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.