Leer El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela) Capítulo 799 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli, Nishino✍️ Traducción: Crowli, Nishino
En lo profundo del reino interior, apegado a fragmentos de historia antigua, dentro del dominio del trono divino.
Sobre el cielo turbio y turbio, relampagueaban relámpagos y rugían truenos. Gruesos rayos caían uno tras otro desde el vacío, convergiendo en una sola dirección. En el mar de escritura, compuesto por innumerables símbolos, enormes entidades retorcidas emergieron de las olas, blandiendo gruesos tentáculos de más de cien metros de largo. Desde el trono, entre las mareas, los gritos desgarradores del infante seguían chillando, acompañados por una cascada de cadenas escarlatas.
Ataques de diversas formas llovieron desde todos los rincones de este espacio caótico, y su objetivo común era un resplandor dorado brillante, que brillaba como el sol mismo y proyectaba una luz infinita sobre el mundo oscurecido.
Las llamas doradas incineraron los tentáculos que se elevaban desde el mar.
El relámpago dorado colisionó con los turbios rayos del cielo. Cuando el poder de la "desviación inevitable" dictada por el destino se topó con un rayo dotado de absoluta precisión y doble autoridad divina, la fuerza de la desviación se debilitó: un rayo dorado podía ahora interceptar múltiples turbios impactos.
En cuanto a las cadenas carmesí, al acercarse a su objetivo, se encontraron con cadenas de luz dorada y roja que danzaban velozmente. Estas cadenas, imbuidas de los poderosos principios legales del Imperio de la Tercera Época y la Iglesia de la Cuarta Época, se enredaron con las Cadenas de Atar el Destino del enemigo y las destrozaron. Aunque ambas eran “Cadenas de Atar el Destino”, las de color rojo dorado encarnaban claramente una ley divina mucho mayor, a pesar de ser menos numerosas.
En el centro de esa luz radiante, similar a la del sol, se alzaba una joven de ondulante cabello dorado, ojos divinos y sellos sagrados grabados en su piel desnuda. Ejercía simultáneamente los poderes de la Linterna y la Revelación, resistiendo los ataques del malvado dios con llama eterna, relámpagos dorados y cadenas rojizas. Su resplandor atravesaba la penumbra, sus llamas quemaban el mar y el cielo, y su mirada permanecía fría e inflexible.
Tras revelar la forma de Vástago Radiante, Dorothy poseía ahora las cualidades necesarias para enfrentarse al dios en persona. Contemplando en silencio al infante que lloraba sentado sobre el trono divino, alzó su arco divino, lo apuntó al trono monumental en la distancia, tensó la cuerda y lo soltó.
La flecha de luz se convirtió en un rayo resplandeciente, volando hacia el trono a una velocidad cegadora. Mientras volaba, se dividió repetidamente: una en dos, dos en cuatro, cuatro en ocho... En un instante, una lluvia de flechas radiantes inundó el espacio, como si quisiera perforar cada centímetro del enorme pedestal del trono.
Pero a medida que las flechas se acercaban al trono, ocurrió un extraño fenómeno. Las flechas de inevitable resplandor se desviaron repentinamente de su trayectoria. Una a una, se desviaron de su curso, sin impactar en el trono, sino cayendo al mar circundante.
La expresión de Dorothy no vaciló. Con un solo gesto de su mano, un torrente de llamas doradas surgió. Estas llamas incendiaron el mar, ardiendo desde todas las direcciones alrededor del trono, convergiendo como una esfera que se cierra, sin dejar espacio para la desviación.
Y sin embargo…lo inesperado volvió a ocurrir.
Al acercarse al trono, las llamas doradas se atenuaron bruscamente y se extinguieron por completo, desapareciendo en la nada. En el centro del trono, un radio circular perfecto permaneció intacto, mientras el fuego consumía todo lo que había más allá.
Al ver que sus llamas sagradas se desvanecían por sí solas, Dorothy entrecerró los ojos. Cambió de táctica. Su arco divino se fundió y se transformó, transformándose en una lujosa y refinada empuñadura de espada. De su interior, se extendía una espada dorada de luz, de varios cientos, casi mil metros de largo.
Blandiendo esta espada de luz, Dorothy se convirtió en un rayo radiante, corriendo hacia el trono a toda velocidad. Al acercarse, blandió su enorme espada en un ataque desgarrador, con la intención de partir el trono en dos.
Pero una vez más, ocurrió algo “inesperado”.
La hoja de luz titiló violentamente cerca del trono y luego, como una bombilla moribunda, se apagó. Al mismo tiempo, el resplandor radiante que envolvía el cuerpo de Dorothy comenzó a parpadear erráticamente, aumentando y disminuyendo rápidamente, al borde de la extinción.
Dorothy sintió al instante la extrema inestabilidad de su divinidad. Detuvo su ataque y se retiró rápidamente. En respuesta, la deidad lanzó más rayos, cadenas y monstruos hacia ella. Pero Dorothy invocó de inmediato la campana de piedra sin nombre, protegiéndose mientras se defendía y se retiraba.
Finalmente, una vez que se retiró a una distancia segura y su divinidad se estabilizó, el brillo regresó a su forma. Dejó la campana y se quedó quieta.
Tres asaltos fallidos.
Dorothy frunció el ceño y murmuró solemnemente.
Una barrera del destino… una zona prohibida forjada mediante la manipulación de la probabilidad. Esto es problemático…
Dorothy, que portaba las divinidades de la Linterna y la Revelación, y poseía conocimiento divino, pudo identificar claramente la causa: era una manipulación del destino. Las probabilidades mismas estaban siendo alteradas.
Sentado en el Trono del Destino, aunque el dios no pudiera usar todo su poder, sus habilidades inherentes basadas en el destino se habían amplificado enormemente. Desde el centro del trono, podía ejercer una intensa influencia sobre todos los eventos cercanos, alterando sus probabilidades a voluntad.
En este mundo, todo es posible. Por muy infinitesimales que sean las probabilidades, ninguna es realmente cero. Y a los ojos de quien se sienta en el Trono del Destino, la certeza absoluta no existe. Incluso las flechas que "nunca fallan" contienen microfracciones de desviación más allá del punto decimal, y dentro del dominio del trono, el dios podría magnificar esas mínimas probabilidades hasta casi convertirlas en certeza.
Las llamas doradas eternas eran iguales. Así como todo ser vivo tiene una mínima probabilidad de muerte súbita, cada llama "eterna" conlleva una ínfima probabilidad de autoextinguirse. El dios amplificó esa probabilidad hasta que la llama se extinguió.
Cuando Dorothy cargó hacia adelante para el combate cuerpo a cuerpo, el dios incluso alteró la estabilidad de su divinidad interna, aumentando drásticamente las probabilidades de un "fracaso divino", obligándola a abandonar el asalto.
En resumen, cuanto más se acercaba Dorothy al Trono del Destino, más se distorsionaban sus probabilidades. El control de la deidad sobre la probabilidad disminuía con la distancia, pero de cerca, Dorothy no podía hacer nada.
Y, de la misma manera, como el dios aún no podía controlar completamente el trono, tampoco podía hacerle daño a Dorothy desde lejos.
Esta era la defensa forjada por el destino del dios: un escudo de infinita manipulación de probabilidades. Dorothy podía verlo con claridad: un dominio enorme, centrado en el trono, donde todos los resultados existían en un flujo caótico. Ni siquiera su cognición divina podía predecirlo con precisión.
La divinidad de la Revelación del dios no era mucho mayor que la de Dorothy. En términos de poder, no era más fuerte que el Rey del Inframundo, enfundado en la armadura del Esqueleto Negro Maldito. Pero debido al Trono del Destino, seguía siendo desesperantemente difícil de controlar.
“ Parece que esto llevará tiempo…”
Con un murmullo bajo, Dorothy comenzó a preparar su siguiente ofensiva. Ahora entendía: esta batalla no terminaría pronto.
A medida que los ataques de Dorothy disminuían, el dios, sentado en el trono divino, sintió que la situación se había estabilizado. Sus agudos gritos comenzaron a disminuir. Ahora, también necesitaba tiempo...
Es hora de que un desastre de avaricia se desarrolle y se desarrolle…
…
Fuera del dominio del trono divino, el dominio central del mundo destrozado.
Para detener la culminación del ritual devorador del mundo, Artcheli y los demás lanzaron un asalto final a la torre central de la sede del Universo Verdadero. En respuesta, el dios pequeño usó su pieza más peligrosa en este reino.
En lo alto de la imponente aguja, el pilar de luz que antaño simbolizaba el progreso ritual había cesado. El Noble de la Moneda Oscura, envuelto de pies a cabeza en un tenue brillo negro y dorado, se erguía ahora como una estatua esculpida en oro oscuro en el borde de la torre. Esa misma textura dorada oscura se extendía desde sus pies por toda la torre.
Como si se volcara un tanque de laca dorada, el brillo dorado oscuro se derramó desde lo alto de la torre, envolviendo rápidamente la estructura y extendiéndose en todas direcciones. Todo lo que tocaba se "doraba", se transformaba en un metal dorado tenue; el mundo entero se convertía en oro ennegrecido.
Al ver la marea de oro oscuro que se acercaba rápidamente desde el suelo, Artcheli, que había estado surcando las sombras a gran velocidad, se desprendió de inmediato y saltó hacia el cielo con su cuerpo real y sus clones de sombra. Miró hacia abajo mientras la marea dorada se elevaba bajo sus pies, hacia la ciudad que se alzaba a sus espaldas.
Cardenal Secreto... ¿qué pasa? ¡Todo se está convirtiendo en oro! ¿Es esto alquimia?
La voz de Vania resonó ansiosamente desde la sombra de Artcheli.
La expresión de Artcheli era grave.
“¿ Esto es… la divinidad?”
¡ Cuidado, Cardenal! ¡Es la influencia de la divinidad del Oro Oscuro! ¡El poder de ese oro ennegrecido se ha amplificado enormemente!
La voz de Aldrich llegó a través de la red de información. Sus gólems se habían fusionado en una nave voladora que surcaba el cielo.
“ Esta es… la divinidad del Oro Oscuro...”
Sentado sobre un dragón de hielo que se elevaba, Setut, cabalgando a través de Neftis, observó la marea metálica que se extendía y advirtió a Hafdar que estaba más adelante.
Este nivel de liberación no proviene de su propio recipiente divino; está fuera de control. ¡¿No ves la locura del dios, Hafdar?!
¡ Tú eres el ciego! Si esta es la decisión del Mentor Divino, entonces debe haber una razón detrás, Setut.
Hafdar respondió con severidad desde lo alto de su dragón rojo, aunque él también se sentía incómodo.
“ Pensar que ha recurrido a este peligroso poder… las cosas tampoco deben ir bien por el lado del dios”.
La marea dorada y ennegrecida continuó extendiéndose rápidamente desde la torre central, envolviendo todo el conjunto urbano. De horizonte a horizonte, todo en la superficie estaba cubierto de un tono metálico oscuro y uniforme.
Entonces, en lo alto de la torre, el cuerpo del Noble Moneda Oscura comenzó a ablandarse y derretirse; en un instante, se derrumbó en un fluido líquido parecido al mercurio, fluyendo hacia la parte superior de la torre... y desapareciendo.
A continuación, la torre comenzó a licuarse, al igual que el Noble de la Moneda Oscura. Se hundió, se derritió y colapsó, disolviéndose en el mar dorado oscuro. El fenómeno se extendió aún más, irradiando en oleadas. En cuestión de instantes, la tierra, antes sólida y dorada, se convirtió en un pantano metálico, con los rascacielos derrumbándose y disolviéndose en un cieno brillante.
A medida que cada edificio se derretía, la ciudad entera desapareció, reemplazada por un vasto océano metálico uniforme, inquietantemente quieto, intacto incluso por el viento.
Pero entonces... el océano metálico empezó a cambiar. Ondulaciones se extendieron por la superficie plana. Extrañas energías la recorrían. La perturbación se intensificó y, en un radio de varias decenas de kilómetros, el mar metálico empezó a retorcerse y deformarse.
El mar se moldeó a sí mismo, remodelándose… hasta convertirse en un patrón enorme en el suelo: un rostro.
¡Una cara!
Un rostro humano grotesco y deformado se extendía sobre un área perfectamente circular de varias decenas de kilómetros de ancho. Era redondo e hinchado, con una enorme sonrisa que casi le llegaba a las orejas. Sus ojos bizcos carecían de pupilas, y toda su expresión era una sonrisa monstruosa y exagerada, como la de un avaro codicioso contemplando un tesoro inagotable.
" ¿ Qué es eso?"
“ Una cara… una cara sonriente… tan grande… y tan espeluznante…”
Al contemplar la sonrisa surrealista que se extendía allá abajo, el horror se dibujó en los rostros de Artcheli y los demás. Neftis tragó saliva con dificultad. Y entonces, el rostro gigante se movió.
Su grotesca sonrisa se retorció. Entonces se oyó un zumbido profundo, como el estruendo de un terremoto.
" Mío…"
“ Todo… es mío…”
La voz era baja y atronadora, tan fuerte que la gente en el cielo se apretaba los oídos con dolor. Y al resonar el sonido, el rostro comenzó a transformarse de nuevo. De su borde, innumerables tentáculos dorados oscuros, como brazos, comenzaron a retorcerse, extendiéndose hacia el cielo a una velocidad aterradora.
Era como un bosque de ramas de color dorado oscuro que brotaban de la tierra.
“ ¡Tch… tantos!”
Artcheli frunció el ceño. Había visto brazos metálicos similares al luchar contra la Gárgola de Umbrum, pero nada parecido a esta escala. Estas criaturas cubrían todo el cielo, posiblemente con cientos de millones de ejemplares.
“ ¡Crack!”
Apretando los dientes, Artcheli blandió su espada, desatando una oleada masiva de cortes de sombra que derribaron los brazos. Por otro lado, Aldrich lanzó una descarga de poderosas bombas alquímicas desde su nave aérea.
Pero todos los ataques, ya fueran de corte o bomba, se retorcieron en el aire, transformándose en pequeñas cajas antes de caer inofensivamente en el mar dorado. Los brazos metálicos permanecieron completamente intactos.
¡ Es el poder de la divinidad del Oro Oscuro! ¡Cuidado, Cardenal!
“ Basura molesta…”
Vania advirtió desde las sombras, mientras Artcheli fruncía aún más el ceño. Preparó un contraataque más fuerte, pero entonces la situación empeoró.
“ Mío… mío…”
“ Todo… me pertenece…”
Con otro pulso estremecedor, Artcheli sintió de repente un dolor de cabeza terrible. El golpe que planeaba se detuvo a mitad de camino. Hiciera lo que hiciera, no podía lanzar un ataque descendente.
“ Ugh… ¿qué es esto…?”
—¡Cardenal ! ¡Sus manos...!
“¿ Mis manos?”
Impulsada por Vania, Artcheli miró hacia abajo y vio, para su sorpresa, que un par de esposas habían aparecido alrededor de sus muñecas, conectadas por una larga cadena.
¿ Esposas? ¿Cuándo...?
¡ Ah! ¡Yo también los tengo!
“¿ Cómo… cuándo estos—?”
Mientras Artcheli se tambaleaba con incredulidad, tanto Vania como Aldrich exclamaron: ¡ellos también habían sido encadenados de la misma manera, incapaces de atacar la cara gigante de abajo!
Con los ojos muy abiertos, Artcheli inspeccionó las esposas: en el dorso de su mano, vio un sigilo triangular místico con el símbolo de la Piedra y, dentro de él, una serie de números, números que seguían aumentando.
Los dígitos comenzaron como números individuales —123… luego ascendieron rápidamente— hasta las centenas… acercándose a los millares. Artcheli no entendía el significado, pero una abrumadora sensación de terror la invadió.
¡ Maldita sea! ¡Aléjate de mí!
Finalmente, los brazos dorados oscuros alcanzaron su altura. Artcheli intentó huir, pero su cuerpo se negó a moverse. Ni siquiera podía mover un dedo para escapar. Solo pudo observar con impotencia cómo los brazos de metal la sujetaban y se transformaban en aún más grilletes, apretándola por todo el cuerpo.
Este mismo fenómeno ocurrió en otro lugar también: Vania, Aldrich y Nephthys (que estaba poseída por Setut) se encontraron atados con grilletes similares, cada uno con una creciente cadena de dígitos brillando en el dorso de sus manos.
¡ Ah! ¿Qué son estas cadenas? ¡¿No podemos congelarlas?!
“ Imposible… No puedo resistirme a ellos… este es el poder de… un dios…”
Ja ... ¿Así que ya lo ves? Esto es... ¿eh? ¡Espera, no! ¡Mentor Divino, por favor, sujeta esto!
Hafdar había empezado a regodearse al ver a Setut y Neftis atados. Pero al instante siguiente, descubrió que muchos de esos mismos grilletes se formaban en su propio cuerpo. Él también estaba siendo arrastrado hacia abajo, incapaz de resistirse.
“¿ Qué… qué demonios es esto…”
En medio de sus luchas indefensas, Artcheli y los demás de repente oyeron un susurro, una voz baja y fina que rozaba sus oídos...
“ La deuda… debe ser pagada…”
“ Hazte mía… para siempre…”
El Noble Moneda Oscura, después de atraer demasiada divinidad de Oro Oscuro a su cuerpo, había mutado en lo que solo podría describirse como una "Aberración Divina", una manifestación de divinidad descontrolada.
Ahora transformado en una Aberración Divina de Oro Oscuro, el Noble de la Moneda Oscura ejercía un poder divino aún mayor. No solo podía forzar transacciones, obligando a otros a "comprar" lo que ofrecía, sino que también poseía la aterradora habilidad de la "definición de valor". Podía asignar valor arbitrariamente a objetos o fenómenos, haciéndolos absurdamente baratos, o imposiblemente caros.
El efecto divino que se extendía por la escena podía resumirse así: la Aberración Dorada Oscura había puesto el aire y objetos insignificantes similares a un precio astronómico, y luego obligó a Artcheli y a los demás en el cielo a "comprarlos". Al recibir objetos tan caros, el grupo quedó inmediatamente abrumado por una deuda impagable, sin importar su riqueza o poder.
Para pagar esa deuda, sus derechos de propiedad (sus propios seres) ahora pertenecían a la Aberración del Oro Oscuro.
Ante un acreedor, estos esclavos de la deuda —Artcheli y los demás— no tenían capacidad de resistencia. Cada una de sus acciones podía ahora ser dictada por la Aberración Dorada Oscura. Los números que brillaban en sus muñecas no carecían de significado: representaban cuántos años de trabajo a plena capacidad les tomaría saldar sus deudas.
Incluso alguien tan poderoso como el cardenal Artcheli, en un instante, acumuló una deuda que valía más de un siglo de esfuerzo. A los demás les fue aún peor.
Para el dios, permitir que el Noble de la Moneda Oscura mutara a este estado era sumamente arriesgado. Ya no podía controlar por completo ese poder divino. La Aberración Divina ya estaba al borde de perder el control por completo. El dios apenas podía mantener una dirección general de su agresión, y ni siquiera podía garantizar que no atacaría a sus aliados.
Si la situación no se hubiera deteriorado tanto, el dios joven nunca habría tomado esta decisión. Ahora, tras estabilizar los asuntos del mundo destrozado, estaba a punto de introducir esta aberración en el dominio del trono divino para que pudiera luchar contra Dorothy. Aunque el control del dios se debilitaba, esperaba al menos dirigir la agresión de la aberración hacia Dorothy. Pero incluso ese control limitado no duraría mucho.
" No es bueno…"
Atados por la divinidad del Oro Oscuro, Artcheli y los demás no tenían forma de resistirse. Justo cuando el dios se disponía a atraer la Aberración Divina al dominio del trono divino, justo cuando su desesperación alcanzaba su punto máximo, un cambio inesperado los golpeó de repente.
¡Crack!
Un sonido agudo, cristalino, resonó mientras el mundo entero temblaba. En ese temblor, el cielo, antes dominado por el gigantesco ojo violeta, se quebró como un cristal roto. Una enorme grieta se abrió en lo alto del firmamento, extendiéndose en todas direcciones.
Todas las miradas se volvieron hacia arriba.
" Qué es eso…"
“ Esa sensación… no, no puede ser, pero claro…”
Aún atado por innumerables cadenas de oro oscuro, Aldrich pareció presentir algo. Sus ojos se abrieron de par en par, incrédulos, y luego se fijaron en la grieta, donde había empezado a surgir un resplandor resplandeciente.
En el instante siguiente —¡BUM!—, el cielo explotó, y el interior del mundo destrozado fue violentamente atravesado por una enorme grieta. A través de ella, algo cayó como un meteorito: una enorme bola de fuego, que descendió del cielo y se estrelló contra la tierra dorada y oscura.
¡¡Crash!!
El meteorito impactó directamente en la sonrisa retorcida y grotesca del enorme rostro en el mar dorado oscuro, estrellándose contra su nariz. La onda expansiva excavó un cráter de varios kilómetros de ancho, deformando horriblemente el rostro gigante, como si alguien hubiera perforado una enorme hendidura en medio de un rostro humano, desplazando sus rasgos hacia los lados.
Y en el corazón de ese cráter yacía una gigantesca esfera metálica, de color bronce, con su superficie grabada con patrones densos pero ordenados. Era claramente el verdadero cuerpo del meteoro.
¿ Una esfera de metal? ¿Qué es eso?
Neftis preguntó sobresaltada.
La voz de Aldrich llegó silenciosamente por la red, llena de incredulidad.
“ Eso es… un Trabajador del Horno de Ceniza… un componente del Mecanismo Eterno… un sirviente del Soberano del Horno…”
“¿ Trabajador del Horno de Ceniza…? ¿Te refieres a…”
“¿ Un apóstol del Dios de la Forja?”
Justo cuando Aldrich dejó escapar esas palabras, y los demás se tambalearon por la sorpresa, se escuchó un zumbido profundo y furioso. El mar dorado oscuro que rodeaba el cráter hirvió con violencia, e innumerables brazos se lanzaron hacia la esfera de bronce.
Pero entonces, la esfera se quebró, liberando torrentes de vapor al rojo vivo. El vapor abrasador derritió al instante todas las extremidades que la sujetaban.
Las grietas se ensancharon. Pronto, la esfera se partió por completo, revelando un complejo interior de engranajes y mecanismos. En instantes, la esfera se reconfiguró, transformándose en un colosal autómata de latón, de casi cien metros de altura. Su cuerpo estaba blindado y rebosaba de pistones, engranajes que giraban y vapor silbaba por todas sus articulaciones. Blandía un martillo enorme y de su boca emanaba un fuego furioso.
Blandiendo su martillo y ardiendo con vapor y llamas, el gigante de acero comenzó a destrozar la tierra metálica retorcida, impidiendo que el grotesco rostro se regenerara. Su furioso zumbido resonó una y otra vez, hasta que gruesos grilletes de color dorado oscuro se formaron en el aire y lo envolvieron, atando sus extremidades e impidiendo todo movimiento.
Al igual que Artcheli y los demás, el gigante estaba encadenado. Sus llamas y vapor cesaron. Su cuerpo de latón, antes brillante, se volvió opaco e inmóvil.
—¡No ! ¡A ese gigante de hierro también lo ataron!
Neftis gritó alarmada.
“ Maldita sea… ¿ni siquiera el apóstol del Dios Artesano puede superar esta cosa?”
Artcheli apretó los dientes.
Pero Aldrich mantuvo la calma.
Los sirvientes del Maestro de la Forja… no son como otros enviados divinos. Nunca vienen solos…
Mientras Aldrich murmuraba, más estruendos resonaron en el cielo. El cielo, ya agrietado, se fracturó aún más, y luego volvió a hacerse añicos. A través de estas fisuras crecientes, meteoritos de acero comenzaron a llover, perforando los límites del mundo y cayendo a la tierra.
En una tormenta de impactos fulminantes, cada meteorito se estrelló contra la tierra dorada y oscura, abriendo profundos cráteres. La tierra que la Aberración había intentado consolidar quedó destrozada; la sonrisa retorcida no pudo recomponerse.
Cada impacto dejaba tras de sí una gigantesca esfera de metal que se abría paso, arrojando vapor y fuego, y se transformaba en un coloso de acero, cada uno atacando el suelo corrupto.
Los meteoritos seguían cayendo. Cada vez más gigantes de hierro entraban en el mundo, lanzando un ataque total contra la Aberración Divina de Oro Oscuro.
El estridente zumbido de la Aberración se hizo cada vez más fuerte. Rápidamente comenzó a esclavizar a los gigantes que ya habían desembarcado, convirtiendo a los que había comprado en soldados para matar a los recién llegados.
Uno… dos… tres… diez… veinte… treinta…
No importaba cuantos llegasen, la Aberración los reclamó a todos.
“ Mío… mío… todo es mío…”
Artcheli comenzó a atacar a los gigantes recién llegados, con su cuerpo esclavizado impulsado a atacar a sus posibles aliados. A medida que su voluntad se debilitaba, gritó en su interior.
“ No sirve de nada… no importa cuántos vengan… todos serán esclavizados…”
—No … no todos. Mira de nuevo: más allá de este mundo, Cardenal…
La voz tranquila de Aldrich resonó.
Aprovechando la oportunidad durante un salto mortal hacia atrás en el aire, Artcheli miró hacia el cielo y se quedó congelado.
Por encima de ellos, el cielo agrietado había sido destrozado por tantos meteoritos que ahora eran visibles grandes porciones del mundo que se extendía más allá.
Y allí… en el mundo de más allá, la capa de la que habían venido antes de entrar a este mundo destrozado (el reino interior, lleno de páginas a la deriva de historia fracturada) ahora estaba ofreciendo un espectáculo como nunca antes.
Allí, en el brumoso espacio lavanda, incontables meteoritos de acero flotaban en formación. Alineados con precisión como esteras de bambú, formaban cuadrados infinitos, cada uno dispuesto en perfecto orden, capa tras capa, extendiéndose más allá de la vista.
Meteoritos de acero —innumerables— se alinearon, avanzando a través de la creciente grieta, ensanchando la brecha hacia el mundo destrozado. Entre ellos flotaban cubos de acero aún más grandes, de kilómetros de largo, de diversas formas: triángulos, cilindros, conos y más.
“ T-tantos…”
Artcheli estaba atónita. La cantidad de meteoritos superaba su imaginación. La única imagen comparable que había visto eran los enjambres de insectos que una vez formaron anillos estelares en otro mundo destrozado.
Frente a este diluvio interminable de meteoritos de hierro, el rostro retorcido de la codicia comenzó a reformarse, gritando más fuerte que nunca.
"¡ Mío! ¡Mío! ¡Mío! ¡¡Mío!!"
Su zumbido estridente se expandió, llevando poder divino más allá del confín del mundo. Los meteoritos de acero que aguardaban en el exterior se vieron inmediatamente afectados: comprados a precio de ganga, esclavizados a la fuerza. Sus colores cambiaron de dorado brillante a un tenue deslustre... convirtiéndose en posesiones de la Aberración Divina del Oro Oscuro.
Después de ser corrompido hasta convertirse en una Aberración Divina, los meteoritos de acero que esclavizó comenzaron a mutar y a atacar a sus propios aliados, y en poco tiempo, esos aliados que tomaban represalias fueron comprados y corrompidos por la Aberración Divina de Oro Oscuro.
Cien… doscientos… trescientos… mil… dos mil… tres mil…
A medida que más y más gigantes de acero caían bajo su dominio, una guerra titánica estalló en el reino de los pergaminos. Llamas abrasadoras se extendieron por el cielo, y la formación, antes uniforme, de meteoritos de acero se derrumbó en el caos.
Diez mil… cien mil…
A medida que la divinidad del Oro Oscuro seguía extendiéndose, más gigantes de acero fueron comprados por una miseria y obligados a desertar. Su brillante brillo amarillo se apagó, reemplazado por reflejos ennegrecidos. En poco tiempo, casi todos los meteoritos fuera del mundo destrozado del dios habían caído en las garras de la Aberración. Solo desde la lejanía seguían llegando nuevos meteoritos.
“¡ Mío! ¡Mío!”
El poder de la Aberración continuó extendiéndose, comprando incluso los refuerzos recién llegados, extendiendo su alcance hacia la fuente misma de esos refuerzos, intentando comprar el origen mismo...
Pero, sin importar cuántos comprara, los refuerzos seguían llegando, y más rápido que nunca.
A medida que aumentaba la tasa de apoyo, la tasa de adquisición de Aberración comenzó a estancarse, llegando a un punto muerto. Aberración podía comprar 100.000 meteoritos de acero por segundo, pero los refuerzos llegaban a velocidades exponencialmente crecientes: 1.000 por segundo... 10.000... 100.000... millones...
Una vez que la tasa de refuerzos superó la de compras, el control de la Aberración flaqueó. Ya no podía mantener el ritmo. A medida que los meteoritos que aún no había comprado llegaban en masa, la línea del frente comenzó a contraatacar, y la marea inversa se aceleró.
Desesperada, la Aberración transformó todo su ejército de más de cien millones de meteoritos de acero, lanzándolos contra el frente en colapso. Pero esto solo retrasó brevemente el retroceso. Cuando los refuerzos alcanzaron los 5 millones por segundo, el frente de la Aberración se derrumbó por completo.
Su ejército esclavizado de gigantes de acero fue aniquilado al instante, aplastado bajo un torrente de explosiones y poder radiante. Por cada 100.000 que Aberración compraba, cientos de millones llegaban para aplastarlos.
Y ahora, la verdadera fuente de los refuerzos comenzó a aparecer.
De entre la niebla púrpura pálida emergió una sombra colosal. A medida que la fuente de la sombra se acercaba, esta se expandía.
Cientos de metros… kilómetros… cientos de kilómetros… miles de kilómetros…
La expansión fue rápida. Exagerada. En instantes, la sombra se había vuelto tan vasta que excedía por completo el campo de visión, majestuosa y sublime.
Su crecimiento significaba que algo de tamaño inimaginable se acercaba rápidamente. Desde el mundo destrozado, el objeto aún estaba distante, pero su forma era visible: una esfera perfecta.
Entonces se escuchó un zumbido —mucho más intenso que el de la Aberración Divina del Oro Oscuro— que resonó por todo el reino de los pergaminos. A medida que la monstruosa sombra se acercaba, la niebla ya no podía ocultar su forma.
Sin la niebla, se reveló su verdadera forma.
Un planeta.
Sí, un planeta. Un mundo mecánico forjado completamente de acero, mucho más grande que cualquier luna, con una masa comparable a la de un planeta terrestre.
Flotando a través de la interminable niebla púrpura como una estrella en el espacio, los pergaminos flotantes a su alrededor eran tan pequeños que ni siquiera eran briznas de hierba en comparación.
En su vasta superficie, las capas de nubes se agitaban, ríos de hierro fundido fluían como caudalosos torrentes, runas grabadas en acero formaban intrincados símbolos arcanos, y engranajes gigantescos giraban sobre su superficie. Un anillo ecuatorial elevado rodeaba el planeta como un cinturón mecánico.
En el centro del anillo, en la cara frontal del planeta, se alzaba un enorme cráter, hundido profundamente en la superficie. En su interior ardía un gigantesco núcleo de energía dorado, que brillaba como un ojo en el ecuador. El orbe de energía era su pupila.
Este mundo mecánico fue el origen de los refuerzos de meteoritos de acero. Desde innumerables aberturas en su superficie, meteoritos de acero se forjaban sin cesar y se lanzaban hacia el frente. Millones emergían cada segundo, mucho más allá de lo que la Aberración Divina del Oro Oscuro podía controlar.
Y ni siquiera esto era el límite del Planeta de Acero.
¡ Mío! ¡Mío! ¡Todo mío!
En la tierra quebrada, el rostro avaricioso de la Aberración seguía chillando ante la sombra que se acercaba rápidamente más allá del cielo. Intentó extender su poder no solo sobre los meteoritos, sino sobre el planeta mismo.
¿Pero el resultado?
Su poder era demasiado débil para abarcar un mundo tan grande.
La Aberración intentó endeudar al Planeta de Acero, intentando obligarlo a autodestruirse como compensación, pero incluso cuando la Aberración lo dio todo, el tiempo total de la deuda del planeta nunca superó los cinco segundos. Cualquier daño menor que se causara fue reparado al instante.
Esto… era poderío industrial.
La capacidad de producción infinita del Planeta de Acero era tan vasta que la Aberración no podía comprar productos con la suficiente rapidez. Por muy alta que la Aberración fijara su deuda, el Planeta de Acero podía pagarla en un instante.
En su interior, el planeta fabricaba continuamente miles y miles de millones de objetos valiosos. Para comprar el planeta, la Aberración también tendría que adquirir todos los productos futuros que pudiera fabricar: una suma infinita.
Incluso si fijaba el precio más bajo imaginable, multiplicado por infinito… seguía siendo infinito.
La Aberración… no podía pagar el infinito.
Ante este planeta de acero invasor, la Aberración rugió con todo su poder divino. Pero sin combate divino directo, era impotente. La productividad industrial del planeta por sí sola la derrotó por completo.
Esa salida infinita fue una de las manifestaciones de la propia divinidad del Planeta de Acero.
“ Está aquí…está aquí…”
Mientras miraba la sombra que se acercaba más allá del cielo destrozado, escuchando los gritos locos de la Aberración y sintiendo la presión que se elevaba desde la tierra, Aldrich murmuró con asombro.
“ Señor del Acero… Maestro de la Forja…
“ El Horno Infinito… Soberano de las Construcciones…
“ El núcleo del orden…”
…
“¡ ¡Waaah!!!”
En el tenebroso y turbio espacio de los tronos divinos, la batalla por el Trono de la Revelación aún se libraba. Sin embargo, en medio del caos, sobre el Trono del Destino, los gritos, antes apacibles, del joven dios resonaron de repente en un lamento penetrante que resonó por todo el reino.
—Ah ... ¿y ahora qué? ¿Por qué lloras tan patéticamente otra vez?
Dorothy no pudo evitar sonreír con sorna al oírlo, con un rastro de burla en el rostro. Naturalmente, comprendió por qué el dios aullaba con tanta angustia.
Susurró suavemente hacia el dios pequeño que lloraba, porque sabía que el plan de liberar al Noble de la Moneda Oscura para que lo ayudara ya había fracasado. El ser que se acercaba ya había reprimido al frenético Dorado Oscuro. Incluso con su divinidad Dorado Oscuro plenamente desatada, incluso en la locura y el furor más extremos de la Aberración Divina, el Noble de la Moneda Oscura seguía sin tener ninguna posibilidad contra esa entidad que se acercaba.
Y Dorothy ya había previsto esta llegada.
Mientras murmuraba, sacó un borrador de su caja mágica y comenzó a examinarlo con atención. Era un plano de intrincado diseño mecánico, compuesto por innumerables cilindros y conexiones.
Esto… era el diseño de un motor de combustión interna, algo que Dorothy había ideado hacía mucho tiempo como un invento lucrativo. Pero en aquel momento, su sistema le advirtió que completarlo podría atraer la atención divina, así que abandonó la idea.
En aquel entonces, había asumido que el dios industrial simplemente no permitía la tecnología demasiado avanzada. Pero más tarde, empezó a dudar de esa teoría, pues se había topado repetidamente con tecnologías muy superiores a las actuales, que incluso rozaban la ciencia ficción, y esos inventores no habían sido perseguidos por ningún dios.
Esta contradicción había carcomido a Dorothy durante mucho tiempo, pero no fue hasta que entró en ese mundo destrozado que alcanzó un punto de ebullición.
No hacía mucho, Dorothy viajó con Aldrich en uno de los automóviles de este mundo. Durante el viaje, hablaron de coches. Aldrich mencionó casualmente que diseños similares eran comunes en el Gremio de Artesanos. Esto despertó la curiosidad de Dorothy; después de todo, ¿no le habían dicho que inventar un motor de combustión interna atraería la atención divina? ¿Acaso todos los inventores del gremio habían sido "observados" por ese dios?
Dorothy interrogó a Aldrich con más detalle, preguntándole si tales inventos traían consecuencias graves, y Aldrich lo negó rotundamente. Esto contradecía todo lo que le habían dicho a Dorothy.
Al parecer, otros podrían inventar motores de combustión interna sin problema. Pero para ella, era diferente. ¿Por qué su intento despertaría la atención divina? ¿Podría haber fallado el sistema?
Dado el historial del sistema, Dorothy no lo sospechó. En cambio, empezó a sospechar de sí misma: que tal vez el problema no era el invento... sino ella.
Al reflexionar sobre ello, Dorothy recordó a cierto individuo, alguien que le había dicho exactamente qué dios se interesaría en semejante máquina. Esa persona incluso compartía el título menos conocido del dios, y fue su información la que la llevó a pensar erróneamente que este dios supervisaba cuidadosamente el desarrollo de tecnología revolucionaria.
Pero en verdad…
Al dios no le importó cómo lo inventaron otros.
El cuello de botella tecnológico del mundo no se debió a la voluntad divina, sino al veneno cognitivo.
Sólo el invento de Dorothy atraería la atención divina, porque ese dios se había interesado secretamente en ella, y cuando ella intentó completar el plano, activó un mecanismo para atraer deliberadamente el escrutinio divino...
¿Por qué? Dorothy había adivinado la razón mientras hablaba con Aldrich, pero Shepsuna había borrado ese pensamiento remotamente. Ahora que estaba dentro del dominio del trono divino, ese recuerdo había regresado.
¿ Todo este lío, solo para poner una señal de invocación? ¡Ese cabrón...!
Mirando el plano en su mano, Dorothy no pudo evitar pensar. El borrador olvidado dentro de su caja mágica se había completado en silencio. Las partes faltantes se habían completado por completo, gracias a las marionetas de sus cadáveres que trabajaban dentro de la caja desde el momento en que entró en este dominio.
Y tal como el sistema había advertido, una vez que el plano estuvo terminado, se activó un cierto mecanismo: ella había atraído con éxito la atención de un poderoso ser divino y su poder.
El plano aparentemente había marcado una dirección, abierto un paso…
Y lo más importante, Dorothy ahora entendía algunos de los secretos de este dios.
¡ Uf!, tanto lloriqueo... ¡Qué ruido! Como nuevo dios, ¿no te parece buena idea conocer a alguien de mayor rango? ¿Quieres que te lleve y te deje arrodillarte ante la Tía de Hierro de al lado? ¡Quizás hasta te den un sobre rojo!
Sonriendo, Dorothy le habló con indiferencia al dios llorón, quien ya no podía sonreír en absoluto.
Pues el dios ahora entendía perfectamente que el ser que se acercaba en el reino de los pergaminos, aquel que se acercaba constantemente al mundo destrozado, era algo a lo que no podía enfrentarse. Si ese ser llegaba...
Todo habría terminado.
No quedaría ni el más mínimo margen de maniobra.
Un enemigo poderoso al que no podía enfrentarse se acercaba. La situación del dios se había vuelto desesperada. Ahora lo sabía: el ritual devorador del mundo había sido un fracaso, el plan para apoderarse de la divinidad de Dorothy había fracasado, e incluso sus contingencias de respaldo se habían agotado.
Ya no había ninguna posibilidad de victoria.
Tuvo que huir.
La fase de escape había llegado. ¡El dios tenía que apoderarse del Trono del Destino y huir antes de que llegara esa entidad! Esconderse de nuevo, esperar otra oportunidad; ya había ideado su plan de contingencia para escapar. Pero debía actuar rápido. Cualquier retraso, y sería demasiado tarde.
El dios huiría.
Esa era su única opción.
Pero para Dorothy, ya no había tiempo para jugar al gato y al ratón. Necesitaba terminar con esto de inmediato. No podía dejar escapar al diosito, porque si lo hacía y volvía a esconderse, ¿quién sabía cuándo reaparecería o cuánto tiempo tendría que perseguirlo de nuevo?
El enredo entre Dorothy y el dios había llegado a su capítulo final.
La persecución y la huida que vendrían serían su último enfrentamiento.
Todo se decidiría en la siguiente ola.
Y no tomaría mucho tiempo.

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El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela)
Capítulo 800
El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela) Capítulo 799
Estás leyendo el capítulo 799 de El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela), un novela. En medio del vapor de la revolución industrial, los misterios surgen bajo la superficie. Las sectas y las sociedades secretas buscan lo extraordinario en las sombras, mientras que los dioses ocultos contemplan a la… Este capítulo tiene publicado el 23 de febrero de 2026, Traducido por el grupo Crowli, Nishino. El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela) tiene 828 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.