Leer El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela) Capítulo 777 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli, Nishino✍️ Traducción: Crowli, Nishino
Muy por encima de Aransdel, por encima de las nubes.
Fabrizio, el Señor de la Muerte de la Orden del Ataúd Abisal y antiguo Cardenal de la Inquisición de la Iglesia de la Radiancia, controlaba al dragón esquelético, manteniendo sus mandíbulas abiertas mientras desataba aliento tras aliento sobre la tierra de abajo, intentando congelar la totalidad de Frisland.
El aliento azul negruzco envolvió el cielo sobre Aransdel, mientras las llamas doradas opuestas, destinadas a proteger la ciudad, eran repelidas constantemente, comprimidas bajo el abrumador asalto. Ahora parpadeaban precariamente, como si pudieran colapsar en cualquier momento.
Tras recuperar la divinidad utilizada originalmente para suprimir el Monte Sagrado, el poder del dragón esquelético había alcanzado un nivel suficiente para suprimir por completo incluso al Vástago Radiante. Al ver a su enemigo, que hacía apenas unos momentos tenía la ventaja, ahora luchando por mantener la línea, Fabrizio no pudo evitar sentir una oleada de triunfo.
inútil no sirve de nada... Incluso entre poderes divinos, hay diferencias de magnitud. Por mucho que Faetón intentara, jamás podría compararse con un verdadero cadáver de deidad...
Con la mirada fija en la parpadeante pared de llamas celestiales que había debajo, Fabrizio rebosaba confianza, hasta que un repentino rayo de luz atravesó el mar de aliento azul negruzco que se extendía.
No hubo tiempo para reaccionar. Ninguna posibilidad de adaptarse. En el momento en que Fabrizio percibió la luz, ya había impactado.
Ni siquiera el ataúd de cristal de hielo condensado de la esencia divina del Señor del Frío Calamitoso, ni sus propios huesos divinos, pudieron detenerlo. El dragón esquelético, el ataúd cristalino en su pecho y el alma de Fabrizio en su interior fueron traspasados en un instante. El cristal se hizo añicos, el cuerpo del dragón comenzó a desmoronarse y el alma de Fabrizio ardió. No fue hasta que su consciencia comenzó a disiparse que se dio cuenta de que algo andaba mal.
“¿ Qué… qué es esta luz…? ¡¿Qué ha pasado?! ¿Por qué de repente…? ¿Por qué no puedo defenderme de ella…? ¿Por qué…?”
Mientras su alma ardía y su consciencia se desmoronaba, Fabrizio se sintió abrumado por la conmoción y la confusión. No podía comprender cómo el enemigo, que acababa de estar bajo presión, pudo desatar de repente un ataque tan abrumadoramente poderoso e irrazonable. No podía comprender cómo su fuerza había aumentado tan rápidamente, lo suficiente como para amenazar el cadáver de una deidad.
“ Maldita sea… Le he fallado a mi Señor… Debo retirarme...”
La velocidad con la que su alma se disolvió no dejó lugar al análisis. Al darse cuenta de su estado, Fabrizio supo que ya no podía seguir luchando. Tenía que retirarse, al menos temporalmente.
Sí, aunque había sido impactado directamente por esta inmensa luz divina, incluso mientras su alma era destruida, Fabrizio no creía que perecería de verdad. Creía que el dios al que servía —el Rey del Inframundo, la deidad de los muertos— jamás permitiría que la muerte lo reclamara.
Fabrizio creyó que su dios lo salvaría. Tal como lo había hecho durante su batalla contra Faetón siglos atrás, cuando su alma casi se extinguió, fue el Padre Infernal quien intervino.
Si el Señor lo había salvado una vez, podría salvarlo de nuevo. Fabrizio estaba convencido de que, como uno de los agentes más importantes del Padre Infernal en el reino mortal, no sería abandonado tan fácilmente. Incluso si este plan hubiera fracasado, con unos cuantos siglos de preparación, podría intentarlo de nuevo.
Y así, con una fe inquebrantable en su dios, Fabrizio esperó la salvación mientras su alma ardía. Ya sentía el poder divino del Padre Infernal descender sobre él. Era precisamente esta fuerza la que había mantenido su voluntad intacta durante tanto tiempo.
Pero sólo un momento después, sintió que algo andaba mal.
“ ¿Qué… Por qué… mi Señor… Por qué…?”
Mientras su consciencia se acercaba a la disolución total, Fabrizio aún no sentía la salvación. En cambio, sentía algo… extraño. El poder que descendía sobre él no parecía salvación.
Fue en ese instante que Fabrizio comprendió: lo habían abandonado. Abandonado por su propio dios. Y con un terror abrumador, también comprendió por qué.
“ Entonces… esta es tu elección…”
“ Ya no quieres esperar…”
En ese último instante de desesperación, el alma de Fabrizio se consumió por completo. Su voluntad se dispersó. Su cuerpo y el ataúd helado se desvanecieron bajo la luz radiante de la flecha. El dragón esquelético, también, tras ser atravesado en el pecho, emitió un último aullido antes de quedarse sin aliento. Su enorme cuerpo se desplomó y comenzó a caer del cielo.
Con el aliento del dragón esquelético extinguido, las llamas azul negruzcas que cubrían todo el cielo sobre Aransdel se desvanecieron. Al caer en picado, el enorme cuerpo del dragón abrió un enorme agujero en las llamas doradas que aún cubrían el cielo de la ciudad. Luego continuó su descenso, estrellándose violentamente contra la zona norte de Aransdel, precipitándose hacia la Bahía de la Separación del Dragón. Con un estruendo atronador, una imponente ola surgió del impacto, inundando brevemente los muelles costeros.
“ Gracias por su misericordia con el mundo mortal… Gracias, señorita Dorothy…”
Presenciando la escena, Vania, de pie en la plaza de la catedral, ofreció una sentida oración de alegría. Al otro lado de la plaza, el Chamán del Espíritu Verdadero jadeó de incredulidad.
Ha caído... El Señor del Frío Calamitoso ha caído... ¿Qué poder era ese de ahora? ¿Qué clase de fuerza podría abatir a un antiguo dios del desastre?
El chamán lanzó un grito de asombro. Nunca imaginó que el mismísimo dios de la calamidad, propio de un antiguo mito chamánico, pudiera ser abatido ante sus ojos. El asombro de los dos cardenales cercanos fue aún más profundo.
Ese dragón… ese dragón divino hereje… ¿Ha sido derribado? ¿Hemos ganado? ¿Podría ser este puro poder divino el descenso de un ángel? ¿Ha regresado el Pontífice? ¿O ha mostrado el Señor misericordia al mundo?
El cardenal Kramar habló con alegría e incredulidad mientras contemplaba al dragón esquelético caído en el mar del norte. Amanda, a su lado, asintió con una expresión igualmente conmocionada.
respeto . Quizás tengamos que presentar nuestros respetos en persona...
Amanda habló con voz firme.
Ahora que el dragón esquelético había caído, el poder divino responsable —aunque su origen seguía siendo incierto— muy probablemente tenía una conexión directa con el Pontífice o con el dios de la Radiancia. Como cardenales de la Iglesia de la Radiancia, no tenían más remedio que comprobarlo por sí mismos. Y hacerlo con la mayor reverencia: una audiencia.
El Rey Helado había caído. El poderoso vórtice polar que una vez se cernió sobre el Mar del Norte se disolvió en un instante. Bajo la luz del amanecer, las tormentas de nieve cesaron, las nubes oscuras se dispersaron y las llamas doradas que antaño habían encendido los cielos se desvanecieron lentamente, revelando el pálido cielo matutino. El frío anormal sobre la parte norte del continente principal retrocedía rápidamente.
El mar helado comenzó a agrietarse y muchas de las almas antiguas que habían sido convocadas cayeron en la confusión y el desorden.
Todo apuntaba a un retorno a la normalidad. El plan de la Orden del Ataúd del Inframundo había fracasado. Este cataclismo que azotó dos continentes parecía haber terminado.
Y, sin embargo, quien había terminado con todo (la vástago de Radiante, Dorothy) no mostró el más mínimo indicio de alivio.
En la cima del Acantilado de la Separación del Dragón, Dorothy se encontraba en medio de una reluciente luz sagrada, con su cabello dorado ondeando mientras sostenía el arco sagrado. Su mirada ardiente permanecía fija en el cielo. Aunque había derribado al dragón esquelético y eliminado por completo a Fabrizio, el ancla más fuerte de la Orden del Ataúd del Inframundo en el mundo material —presumiblemente convirtiendo todo el ritual en un fracaso—, no había la menor señal de alivio en su rostro. Al contrario, su expresión se había vuelto cada vez más seria.
En ese momento, Dorothy poseía una visión de linterna casi divina. Podía ver numerosas anomalías apareciendo tanto en las capas materiales como en las reflejadas de Frisland.
Algo estaba viniendo.
“ Entonces esta… es tu elección, Rey Espíritu Maligno…”
Murmuró suavemente mientras miraba hacia arriba, y al instante siguiente, un cambio repentino estalló. El cielo y la tierra se conmocionaron.
“¡ ¡¡AAAAAAHHHH!!”
Gritos. Gritos desgarradores y agonizantes, llenos de resentimiento, odio, crueldad y maldiciones, brotaron de las profundidades de la tierra. El sonido recorrió toda la ciudad de Aransdel, extendiéndose por cada región de Frisland como si la tierra misma aullara. Todos los seres conscientes, vivos y no muertos, sintieron un dolor agudo en la cabeza, incapaces de soportar el chillido.
¿ Qué... qué es esto? ¿Aullidos espirituales? ¿Cómo es que vienen de tan profundo... y a esta escala? ¿No habían derribado ya el cadáver de la deidad del dragón de hielo?
En la azotea de un edificio alto en el centro de Aransdel, el espíritu de Rachman hizo una mueca y habló en estado de shock mientras soportaba los gritos psíquicos de la tierra.
Cerca de allí, Neftis, que estaba apoyada contra una pared y se preparaba para terminar su "modo espectador", frunció el ceño ligeramente y volvió a sentarse.
“ Uf… qué ruido… ¿Aún no termina? Estos tipos son muy insistentes. ¡Menuda molestia!… Vamos, señorita Dorothy, aguante…”
Neftis se tapó los oídos y se acomodó de nuevo para seguir observando la situación. En otro lugar, en la plaza de la catedral, las reacciones fueron mucho más intensas.
Este nivel de resentimiento... este odio tan profundo... ¿Qué pasa? ¿Por qué se manifiestan tantos espíritus de repente?
Sintiendo la abrumadora ola de malicia que se elevaba desde la tierra, Amanda, que se estaba preparando para ir a presentar sus respetos, habló con asombro.
No muy lejos de ella, el Chamán del Espíritu Verdadero cerró los ojos en concentración y luego habló con un tono grave.
¡ Esto es… resonancia de espíritus malignos! La primera capa de espíritus malignos enterrados bajo tierra ha despertado y ha comenzado a resonar. Están guiando algo… invocando algo… ¡Esto es terrible!
¡¿ Qué?! ¿Dices que es el Ritual de Quejas de la Tierra?
El rostro de Kramar se retorció de horror al gritar. Su voz temblaba de miedo e incredulidad.
¡¿ Cómo?! ¿Cómo pudo activarse el Ritual de Queja Terrestre? El Ataúd del Inframundo no cumplía las condiciones. ¡No debería ser posible! ¡¿Por qué?!
El pánico se apoderó de toda la plaza de la catedral.
En otra parte, Vania miraba hacia el cielo con profunda preocupación.
¿ Cómo pudo pasar esto...? ¿No se suponía que todo había terminado? ¿Por qué es tan difícil exterminar la maldad del mundo mortal...?
Ante sus ojos, en medio de la cacofonía de almas que lloraban por toda Frisland, el cielo de Aransdel, que hacía poco había recuperado su tranquilo azul, empezó a oscurecerse. Un gris humo, como tinta en el agua, se desvaneció en el cielo, extendiéndose rápidamente hasta que todo el firmamento se tiñó de una penumbra opaca y opresiva.
Al ocultarse de nuevo el sol matutino del este, Aransdel cayó bajo un manto gris sofocante. Y entonces, aparecieron más anomalías en lo alto.
Letras. Caracteres. Textos de diferentes culturas —idiomas de todos los países del mundo— comenzaron a manifestarse en el cielo. Palabras negras y retorcidas se unieron para formar palabras y frases aún más retorcidas, arrastrándose como gusanos por la superficie celeste. Su número creció rápidamente… grotescamente…
En poco tiempo, el cielo, que ahora parecía una hoja de papel, se llenó hasta los topes de estos "gusanos de texto". Se deslizaban y se retorcían por el firmamento, con significados todos uniformemente viles y repugnantes.
Matar. Autolesionarse. Saquear. Profanar. Secuestrar. Torturar.
Tales frases, escritas en innumerables idiomas, se extendían por la ciudad como una plaga. Incluso una mirada fugaz llenaba la mente de repulsión.
En medio de este grotesco océano de gusanos de texto, había un área que se destacaba.
Los gusanos aquí eran mucho más grandes que los demás y formaban un círculo giratorio. A diferencia de los demás, no representaban maldiciones ni odio, sino alabanzas.
Y en el momento en que esos gusanos alabadores comenzaron a aparecer, los gritos de los espíritus malignos en toda la tierra se sincronizaron.
Miles de almas malévolas comenzaron a cantar, exaltando el significado que transmitían los gusanos que los alababan.
“ Origen de las Maldiciones… Génesis de la Malicia…
Heraldo de las Descomposiciones… Orador del Funeral del Mundo…
Poeta de la Muerte… Boca de los Patriarcas Soberanos…
Acepta estas ofrendas… Descienden sobre nosotros con versos de miríada de veneno…
“Maldito esqueleto negro”.
En medio del coro de espíritus malignos, en el centro del anillo de gusanos en lo alto, una enorme boca negra, de labios secos y cientos de metros de ancho, comenzó a manifestarse y a abrirse.
Tras la primera boca, comenzaron a formarse más cerca: una segunda, luego una tercera. Todas se abrieron de par en par. Pronto, todo el cielo, ya plagado de gusanos de texto, se llenó de bocas negras y marchitas. La grotesca y opresiva presencia de la escena se intensificó drásticamente.
De pie en el Acantilado de la Separación del Dragón, Dorothy murmuró al ver esta vista.
" Entonces... ¿Eres el Maldito Esqueleto Negro? Ya veo... Así que, ya sea el Agravio de la Tierra o el Consumo de Cadáveres... al final, todo fue por tu llegada.
Para derribarte… el Rey del Inframundo incluso estuvo dispuesto a sacrificar a Fabrizio, su mejor representante divino en el mundo material. Parece que ya no está dispuesto a esperar…
Contemplando el cielo sombrío y retorcido, Dorothy habló con solemne claridad. La llegada del Esqueleto Negro Maldito no la sorprendió. Lo esperaba.
Si el Ataúd Abisal pudo preservar a Fabrizio durante la Guerra del Arroyo Fangoso hace siglos, incluso bajo el ataque del Pontífice, entonces ciertamente podrían intentarlo de nuevo ahora bajo su mano.
Pero cuando abatió al dragón esquelético hace un momento, Dorothy lo vio claramente: Fabrizio quedó completamente aniquilado. Nadie lo salvó. No había posibilidad de sobrevivir.
Eso fue sospechoso.
Y la respuesta era clara. El Rey del Inframundo había usado el alma de Fabrizio para completar la última pieza faltante del Ritual de Agravio de la Tierra.
Fabrizio ya había sacrificado muchas almas antiguas del Mar del Norte mediante la invocación de almas del dragón esquelético. El ritual estaba casi completo, faltando solo una última parte. Se interrumpió cuando Dorothy activó su forma de Vástago Radiante.
Cuando Fabrizio fue atravesado por su flecha de luz y el plan del Ataúd del Inframundo fue completamente derrotado, el Rey del Inframundo activó su último recurso.
En lugar de rescatarlo como antes, utilizó el vínculo divino con Fabrizio y, en el momento del colapso del alma, lo sacrificó inmediatamente para completar el ritual.
Fabrizio, asesinado una vez por el Pontífice y ahora destruido por Dorothy, vástago de Radiante, encaja perfectamente en los criterios de un alma "dañada por Radiante".
Su alma era de calidad rango Oro: excepcionalmente potente.
Después de sacrificarlo, el Rey del Inframundo cumplió rápidamente la condición final del Ritual de Queja de la Tierra... y comenzó a invocar al Esqueleto Negro Maldito.
Ahora, el dios de las maldiciones de la Orden del Ataúd Infernal había proyectado con éxito su poder al mundo material mediante el ritual. El Esqueleto Negro Maldito era diferente a Inut. Al igual que muchos otros dioses malignos, una fuerza poderosa le impidió descender y, por lo tanto, no pudo entrar al mundo mediante despertares como el Gran Rito Salvaje. Solo mediante un ritual maligno masivo y una gran cantidad de ofrendas sacrificiales pudo ser invocado.
¿ Q-qué es eso...? Esa presencia... tan inmensa... tan malévola... ¡Es incluso más fuerte que el cadáver divino de antes! ¿Qué clase de monstruo es este? ¿Será esta su verdadera forma...?
Incluso Kramar, un Santo de la Iglesia, se tambaleó al contemplar el temible cielo de innumerables bocas negras y gusanos de palabras reptantes. Sintió como si mil voces venenosas le maldijeran mentalmente. Agarrándose la cabeza y luchando por mantenerse consciente, habló horrorizado.
Cerca de allí, Amanda, igualmente conmocionada, calmó sus pensamientos y respondió.
Multitud de palabras viles… innumerables frases malditas… Este es el dios de las maldiciones, venerado por el Ataúd del Inframundo… Este nivel de interferencia con el mundo material… ¿Está descendiendo? ¿Puede algún Resplandor divino resistir a semejante dios…?
Mientras Amanda miraba el cielo grotesco con creciente desesperación, el Chamán Espíritu Verdadero también gritó alarmado.
“ Esto… esto deben ser los restos del legendario Portador de la Palabra, completamente corrompido por un gran espíritu maligno… convertido en Su sirviente…
“ Esto es… una gran catástrofe…”
Ante la intrusión de un verdadero dios maligno en el mundo, los dos cardenales y el chamán se sintieron abrumados por la desesperación. Incluso Vania, que había estado rezando con sinceridad, comenzó a flaquear.
Señorita Dorothy… ¿Se encuentra bien…? Si es demasiado, deberíamos retirarnos por ahora…
Incluso la devota Vania se sintió conmocionada por la opresiva presencia del dios. Mientras soportaba el tormento espiritual, no pudo evitar preocuparse.
Dorothy, de pie en el Acantilado de la Separación del Dragón, escuchó la plegaria de Vania, pero no decidió retirarse. En cambio, alzó la mirada hacia el cielo lleno de bocas negras y se encontró con la mirada de la más grande de ellas.
Con un movimiento de su brazo, un mar de llamas doradas se encendió en el cielo. Envolvió a los gusanos de texto que se arrastraban y a las bocas marchitas. Los cielos sobre Aransdel volvieron a brillar con llamas sagradas.
Sin embargo, esta llama parecía menos pura que antes, carecía de la intensidad que antaño tenía al repeler el aliento del dragón. El tono dorado se había apagado notablemente.
Tras encender el cielo, Dorothy volvió a conjurar una lanza radiante en su mano. Al sujetarla, cientos más aparecieron a su alrededor, flotando en el aire. Sin decir palabra, lanzó su lanza hacia el cielo, seguida de una lluvia de lanzas doradas; cientos de ellas se precipitaron hacia las enormes bocas negras que se alzaban sobre ella.
Pero entonces, una de las bocas llameantes en el cielo comenzó a hablar.
“ Extinguir…”
Una voz áspera brotó de las fauces retorcidas, seca y débil como el último aliento de un anciano enfermo. Sin embargo, resonó por cielo y tierra, resonando en cada alma.
En ese instante, el cielo llameante se extinguió al instante. Las lanzas radiantes que ascendían al cielo se cubrieron de repente de gusanos de palabras que formaban la orden de "extinguir", y se disolvieron en la nada.
Incluso enormes Naves de Acero Santo como la Monja de la Aniquilación y el Juez de la Ley Sagrada, que alguna vez flotaron en el cielo, fueron vencidas por estos gusanos. Sus motores se apagaron en el aire y se desplomaron indefensos al suelo.
¡ Señora Amanda! ¡Mi núcleo de energía se ha congelado! ¡Nos hemos quedado sin energía! Todos los sistemas... están fallando...
Antes de que el mensaje pudiera completarse, la transmisión se cortó. Amanda ya no podía oír ni una palabra de Ivy.
—Lo … lo entiendo, Ivy… Esto es una maldición… una maldición divina de alto grado…
Amanda se desplomó en la plaza de la catedral, jadeando pesadamente de rodillas. Su cuerpo también estaba cubierto de gusanos extintores que se retorcían. Cerca de allí, Kramar y el Chamán Espíritu Verdadero también habían sido abrumados, inmovilizados por las palabras que se arrastraban. No podían usar sus poderes. Ni siquiera podían moverse.
Estos mismos gusanos de palabras ahora se arrastraban por los edificios del distrito de la Catedral de Réquiem.
No se limitaban a Aransdel; se habían extendido por toda Frisland y gran parte del continente norte.
En esta zona, todas las instalaciones de la iglesia y todos los clérigos, incluso todos los Linternas Beyonders, estaban cubiertos de estos gusanos. Bajo su influencia, todo el poder de las Linternas desapareció. Incluso los Santos y los Cardenales se vieron afectados por igual.
Naturalmente, Dorothy no fue la excepción. Los gusanos extintores habían comenzado a arrastrarse por su cuerpo. Bajo el peso de esta poderosa maldición, el brillo que la rodeaba se atenuó. Su cabello flotante se detuvo. La luz divina en sus ojos se desvaneció. Su aura de divinidad se desvaneció. Ahora parecía simplemente una joven mortal, bellamente vestida.
Bajo la maldición lingüística del Esqueleto Negro Maldito, incluso el poder de Dorothy quedó sellado. Ante semejante incursión divina, parecía no tener forma de resistirse.
Aunque el Esqueleto Negro Maldito era un dios verdadero, no había descendido por completo; se trataba de una proyección parcial de poder. El Ritual de la Queja de la Tierra no permitía un descenso completo.
En teoría, Dorothy, como Vástago Radiante, podría no ser su igual, pero aun así debería haber sido capaz de resistir. Sin embargo, ahora, había sido completamente reprimida.
La razón era simple. Tras derrotar al dragón esquelético, Dorothy perdió la resonancia en el campo de batalla con Hyperion contra el Dragón del Norte. El poder jurídico que podía invocar se desplomó. Su escala de divinidad disminuyó drásticamente. Su fuerza decayó. Después de todo, no existían mitos ni precedentes de que el Emperador de la Luz luchara contra un dios de las maldiciones. Dorothy ya no podía recurrir a un poder histórico imitado.
Ahora, a duras penas podía mantener su estado de Vástago Radiante aferrándose a su identidad de nieta de Hyperion. Su fuerza ya había caído muy por debajo de lo necesario. En ese estado, no tenía ninguna esperanza de oponerse al Esqueleto Negro Maldito.
Con su poder sellado, Dorothy permaneció en silencio sobre el Acantilado de la Separación del Dragón, contemplando el cielo lleno de bocas negras y palabras que se arrastraban. Aunque no podía ver sus ojos, podía sentir la mirada del dios de las maldiciones.
Entonces, otra boca habló.
" Unir..."
Se pronunció otra maldición.
Más gusanos de palabras aparecieron por el cuerpo de Dorothy. Se arrastraron sobre ella con tal densidad que su cuerpo empezó a ennegrecerse por completo. En ese momento, ya no pudo moverse. Toda función motora quedó bloqueada. Toda resistencia quedó cortada. Solo pudo mirar hacia arriba, al cielo, al dios maligno que se preparaba para juzgarla.
Frente a esta indefensa Dorothy, la boca divina en los cielos se abrió lentamente una tercera vez.
Esa boca entregaría su fin. Dorothy podía adivinar lo que estaba a punto de decir, solo por su forma.
“ Exti—”
La boca del dios maligno se abrió, a punto de pronunciar la maldición final. Pero antes de que pudiera terminar la palabra, el mundo fue sacudido por un rugido más antiguo y poderoso.
“¡ ¡¡RUUUUUUU!!!”
La tierra tembló. El mar se agitó.
Desde las estrepitosas aguas de la Bahía Dragon Severance, una enorme aurora azul-negra estalló hacia arriba, congelando la superficie mientras se disparaba hacia el cielo.
En un instante, el cielo oscuro, lleno de palabras y bocas, fue atravesado por la aurora. La tercera boca, a medio maldecir, se congeló, envuelta en hielo invisible. La escarcha se extendió rápidamente por el cielo, congelando también las otras bocas, incluidas las dos que habían maldecido antes.
Las bocas y los gusanos de palabras atrapados en la escarcha quedaron completamente paralizados. A medida que el hielo se extendía, otras bocas más lejanas se abrieron rápidamente, intentando contrarrestarlo.
" Derretir... derretir... derretir..."
Sus palabras empujaron la escarcha, comprimiéndola y provocando que la aurora desvaneciera.
Al mismo tiempo, la bahía helada explotó. De debajo del hielo destrozado, una figura colosal emergió hacia el cielo.
“¡ ¡¡RUGIDOOOOO!!!”
Un enorme dragón de hielo no muerto de 800 metros de largo extendió sus alas y se elevó de nuevo hacia los cielos. El antiguo Rey del Mar de Hielo, el Emperador del Norte Inut, había regresado y, una vez más, se elevaba sobre el Mar del Norte, proclamando su libertad.
Desde lejos, uno de sus antiguos vasallos presenció esto y gritó en éxtasis.
¡ Jajaja! ¡El Emperador... sí que es el Emperador! ¡Por fin te liberaste de esas malditas cadenas! ¡Te lo dije! ¡Las cadenas no pertenecen a un emperador!
¡ Ve, véngate! ¡Gran Emperador Inut! ¡Haz que paguen quienes se atrevieron a esclavizarte! ¡Bebe de sus cráneos!
Harald gritó de alegría salvaje, deleitándose por el regreso de su emperador.
Al mismo tiempo, una leve sonrisa se dibujó en los labios de Dorothy. Su corazón, por fin, se relajó.
" Por fin lo lograste... Inut. Ese golpe... parece que mi apuesta dio resultado..."
Pensó con un profundo alivio. Había anticipado algo así, pero ahora que realmente había sucedido, por fin pudo respirar.
Su uso del arco sagrado para atacar a Inut había sido un ataque preciso y preciso. Su propósito era destruir la técnica de control y cortar el control de Fabrizio sobre él, a la vez que minimizaba el daño al propio Inut.
En la batalla anterior, Dorothy usó su ojo divino para ver a través de la técnica divina que el Rey del Inframundo había aplicado a Inut, la cual le permitió a Fabrizio controlarlo. Tras un análisis exhaustivo, identificó con precisión su punto débil crítico.
Dorothy calculó que, si lanzaba un golpe preciso en esa vulnerabilidad, toda la técnica de control colapsaría, eliminando al manipulador y cercenando la capacidad del Rey del Inframundo para operar libremente a través de Inut. Podría liberarlo con un daño mínimo.
La razón por la que Dorothy decidió liberar a Inut fue simple: ya había adivinado el plan B del Rey del Inframundo. En cuanto se dio cuenta de que el propio Fabrizio calificaba como un "alma dañada por Radiancia", anticipó que el Ataúd del Inframundo podría sacrificar esta alma de rango Oro para activar por la fuerza el Ritual de Agravio de la Tierra si su plan inicial fracasaba.
En ese momento, Dorothy se preocupó. Si el ritual realmente se desarrollaba de forma tan forzada, y ella misma perdía la bonificación del campo de batalla por "matar al dragón", ¿sería capaz de afrontar las consecuencias?
Después de una cuidadosa deliberación, decidió rescatar a Inut sin herirlo gravemente.
Su lógica era acertada: si el Ataúd del Inframundo necesitaba medidas tan drásticas para controlar a Inut, era evidente que Inut y el Rey del Inframundo no se llevaban bien. Una vez liberado, la probabilidad de que Inut se volviera contra el Ataúd del Inframundo era extremadamente alta.
Además, Dorothy tenía otra razón para liberarlo.
Este mundo de la Cuarta Época era claramente anormal. Los dioses malignos proliferaban, y cada uno de ellos tenía ideologías de destrucción extrema, ya fuera la aniquilación, la devoración o la transformación del mundo.
Según la leyenda, aunque Inut era violento y dominador, un clásico tirano, al menos pudo establecer un reino y gobernar a los mortales con relativa orden. Su reinado quizá no fuera ideal, pero comparado con los cultos inhumanos de los demás dioses malignos, era el mal menor: al menos permitía a los mortales vivir vidas relativamente normales. Comparado con ese grupo de deidades retorcidas, Dorothy consideraba a Inut más aceptable.
Si Inut regresara al mundo mortal, su ideología seguramente chocaría con la de los demás, quizás incluso más que con Radiante. Liberarlo podría ayudar a controlar a los dioses malignos, cada vez más activos.
Además, Dorothy tenía la capacidad de contrarrestarlo hasta cierto punto. Por lo tanto, estaba muy a favor de liberar a Inut.
Y ahora, al parecer, su juicio había sido acertado. Independientemente de la actitud de Inut hacia ella, no cabía duda de que lo que más odiaba era el Ataúd del Inframundo que se atrevía a controlarlo.
“¡ ¡¡Roar!!!”
Otro rugido atronador sacudió el aire cuando Inut desató un soplo de aurora azul negruzca hacia el cielo, lleno de bocas negras y gusanos de palabras, congelándolos. Al congelar una sección del cielo, otro grupo de bocas profirió nuevas maldiciones, contrarrestando su escarcha invisible con encantamientos de "Derretir", a la vez que maldecía directamente a Inut.
“ Atar… Atar… Atar…”
“ Caída… Caída… Caída…”
“ Perecer… Perecer… Perecer…”
Con las innumerables bocas del cielo abriéndose y cerrándose, una abrumadora cantidad de maldiciones venenosas convergió sobre Inut. Su cuerpo de dragón no-muerto se cubrió al instante de gusanos de palabras que se retorcían. Pero justo cuando emergieron de sus huesos, una capa de hielo azul fantasmal los congeló al instante, dejándolos inertes en una escarcha conceptual.
A medida que las maldiciones se acumulaban, Inut las congelaba continuamente. Así era como resistía el aluvión de maldiciones divinas. Pero este método tenía sus límites.
Las bocas negras de arriba parecían infinitas. Congelaba una oleada, y otra pronto la reemplazaba. Cada tanda liberaba nuevas maldiciones divinas, y solo la escarcha divina podía suprimirlas. Pero si toda esa escarcha se aplicaba a sí mismo, Inut acabaría congelando su propio cuerpo, incapacitando incluso sus pensamientos, transformándose en una estatua de hielo sin vida.
Este estancamiento era insostenible. Inut tuvo que tomar nuevas medidas.
“¡ Hrrrnnngh—!”
Extendiendo su largo cuello, el dragón esquelético emitió un rugido profundo y resonante. El viento y la nieve se alzaron en torno a su figura voladora, envolviéndola con fuerza.
En medio de la ventisca, el enorme cuerpo esquelético de Inut comenzó a cambiar. Los huesos se desmantelaron, se reestructuraron y se recompusieron rápidamente. Su enorme figura fue reconstruida.
Al completarse, Inut desplegó sus enormes alas, dispersando la tormenta de nieve circundante. Cuando el viento amainó, Inut reapareció con una forma completamente diferente.
Su cuerpo esquelético de dragón se había transformado drásticamente. Su largo cuello se había contraído, colocando su cabeza dracónica directamente sobre su pecho. Sus piernas se alargaron, adoptando una forma humanoide. Sus garras se extendieron, formando brazos más parecidos a los de un hombre gigante. Su postura cambió por completo, pasando del vuelo cuadrúpedo a una postura erguida.
De pies a cabeza, ahora vestía una armadura de hielo negra como la brea. Antigua y pesada, la armadura envolvía sus huesos de no-muerto. Un casco de hielo negro coronaba su cabeza dracónica, cuyos cuernos se volvían aún más imponentes a través del yelmo. Inut se había transformado de un dragón esquelético en un gigante guerrero con alas y cola.
Esta era la forma de hombre dragón de Inut: el Avatar de Guerra del Dragón de Hielo de la Calamidad.
Significó un modo de combate diferente.
Ahora, en esta forma, Inut levantó un brazo. Un enorme martillo de guerra de hielo negro, sin adornos, se formó en su mano. Agarrándolo con ambas manos, se abalanzó hacia una sección helada del cielo, blandió el martillo con una fuerza abrumadora y lo descargó.
¡CLAAAANG—!
Con un temblor atronador que resonó por todo el mundo, en el instante en que el martillo impactó el cielo helado, este se quebró como un espejo hecho añicos. Profundas fracturas recorrieron el espacio mismo.
Bajo ese golpe imparable, la escarcha invisible que sellaba el cielo se hizo añicos por completo. Junto con ella, el espacio que la contenía, las bocas negras y los gusanos de palabras unidos a él, se rompieron en pedazos y se desintegraron.
Las maldiciones pronunciadas por las bocas destrozadas perdieron su efecto al instante. Muchos de los gusanos de palabras que cubrían el cuerpo de Inut desaparecieron. Revirtió gran parte de su congelamiento autoimpuesto, y sus movimientos se aceleraron significativamente.
Entonces, con un aleteo, Inut se precipitó por el cielo a una velocidad increíble. Blandió su martillo una y otra vez, destrozando más paneles celestes congelados, junto con las bocas y las palabras que contenían. Cuantas más bocas destruía, menos maldiciones lo afligían.
Mientras tanto, el cielo sobre el Mar del Norte se agrietaba cada vez más, plagado de lágrimas como un espejo destrozado por innumerables golpes. Más allá de esas lágrimas se vislumbraban reinos extraños: fragmentos del mundo reflejado.
Shatter Ice, el estilo de combate entre guerreros dragones de Inut, se construyó en torno a esto.
A diferencia de su forma dracónica, especializada en el aliento gélido, esta forma se centraba en el combate cuerpo a cuerpo. Aunque sus ataques de aliento eran más débiles, ahora podía empuñar armamento divino. Su martillo de guerra podía congelar a los enemigos, incluso el espacio mismo, y luego destrozarlo. Si el objetivo había sido afectado previamente por su aliento, el efecto era aún mayor.
Durante este proceso, Inut intentó dirigir sus ondas de choque divinas hacia el mundo reflejado, conmoviendo sus profundidades. Aunque el cielo del mundo material fue devastado, sus cimientos permanecieron intactos.
Transformado en un guerrero divino, Inut arrasó los cielos, purgando violentamente la influencia del Esqueleto Negro Maldito del reino material. Cada golpe de su espacio destrozado resonó en el mundo reflejado, como si golpeara una ladera y sacudiera la otra.
Bajo esta constante perturbación, el Esqueleto Negro Maldito tuvo dificultades para mantener su posición.
Su poder ya no podía encontrar anclaje en el cielo destrozado.
En este punto, el Esqueleto Negro Maldito no tuvo más remedio que intentar una táctica diferente.
Justo cuando Inut limpiaba eficientemente el cielo de bocas malditas, ocurrió un cambio repentino. De su armadura brotaron gusanos de palabras.
Al agruparse, rápidamente formaron nuevas bocas negras, que esta vez crecieron directamente sobre el cuerpo de Inut.
Las bocas se expandieron rápidamente y se abrieron.
Como el espacio fragmentado del reino material ya no podía servir como ancla, el Esqueleto Negro Maldito había elegido una nueva táctica: anclarse directamente en Inut.
Si Inut quería permanecer consciente y seguir luchando, debía mantener su propia estabilidad. Esa estabilidad podía ser explotada.
Como resultado, el Esqueleto Negro Maldito concentró todo su poder en resistir los temblores del reino reflejado y comenzó a generar bocas negras directamente sobre el cuerpo de Inut. Estas bocas se formaron rápidamente y lanzaron maldiciones desde su interior. Si Inut quería detenerlas, no tendría más remedio que congelarse, limitando así sus propios movimientos.
La repentina maniobra hizo dudar a Inut. Pero justo cuando estaba considerando cómo responder, sintió de repente un poder familiar que surgía desde abajo.
Una flecha de luz, que irradiaba un brillo dorado, se disparó hacia arriba desde debajo de él a gran velocidad.
Entonces, en el aire, estalló repentinamente y se astilló, dividiéndose en innumerables rayos de luz más pequeños. Estos rayos se curvaron y redirigieron en pleno vuelo, desviándose por el cielo para golpear con precisión las bocas negras que aún estaban creciendo en el cuerpo de Inut.
En un instante, la figura de Inut quedó envuelta en un radiante resplandor dorado. Cuando el resplandor se dispersó, su imponente figura reapareció, completamente ilesa de las explosiones. Pero las bocas negras que se habían formado en su cuerpo habían desaparecido sin dejar rastro.
Después de mirarse a sí mismo, Inut giró su mirada en la dirección de donde había venido la flecha y vio una figura familiar.
Dorothy permanecía tranquila sobre el Acantilado de la Separación del Dragón, con el arco sagrado en la mano, apuntando hacia el cielo, hacia Inut. Un tenue resplandor luminoso la envolvía de nuevo; su cabello dorado ondeaba hacia arriba, ondeando con energía divina. Los gusanos de la palabra que antes la habían plagado habían desaparecido.
Mientras Inut arrasaba los cielos, destruyendo las bocas malditas de las Fauces Negras, quienes afligían a Dorothy también habían sido aniquilados. Liberada así de la maldición, Dorothy recuperó su fuerza. Y en respuesta, una voz profunda y resonante resonó desde el yelmo de Inut.
"Je... Así que es el pequeño cachorro de la progenie de Hyperion. Al verte atrapado por esa cosa repugnante tan fácilmente, pensé que estarías demasiado exhausto para siquiera tensar el arco".
Inut habló con una risita irónica, su voz resonando con fuerza. Dorothy respondió con una sonrisa serena.
Gracias por su preocupación, Lord Inut. Es cierto que hubo algunas… complicaciones antes. Pero ya me he adaptado. Aunque mi fuerza aún está lejos de la de antes, al menos puedo reincorporarme a esta batalla. Le agradezco que haya estado dispuesto a ayudarme desinteresadamente, a pesar de cualquier agravio pasado entre su linaje y el mío…
Las palabras de Dorothy eran sinceras. Desde que perdió su capacidad de emular arquetipos históricos, su poder había disminuido drásticamente, dejándola vulnerable a las maldiciones de las Fauces Negras. Pero ahora, mediante la experimentación, había encontrado una manera de recuperarse parcialmente.
Dentro del Arco Hyperion que empuñaba se encontraba una reserva de la auténtica divinidad de Hyperion. Al canalizar su divinidad de imitación disminuida junto con esa verdadera esencia divina, Dorothy había logrado liberar a Inut.
Ahora, aunque su divinidad emulada se había debilitado significativamente, permanecía en su estado de Vástago Radiante y había encontrado una forma de atraer la verdadera esencia divina del arco hacia su propio cuerpo, restaurando una parte de su poder de Radiancia.
Este proceso requirió una investigación exhaustiva del Arco Hiperión. Pero como Beyonder de la Revelación y Vástago Radiante, Dorothy no necesitó mucho tiempo para dominarlo. Si hubiera estado sola, quizá no habría sido suficiente para resistir al Esqueleto Negro Maldito. Pero gracias a que los Inut defendían las líneas del frente, logró salir adelante.
“¿ Quejas del pasado?” Inut rió suavemente y continuó.
No te confundas, pequeño vástago de Hyperion. Me liberaste de las maquinaciones de esos viles estafadores; te lo debo. Estos cobardes se atrevieron a esclavizarme. Eso nunca lo perdonaré. Conozco bien la diferencia entre favores y enemistad.
Y además... Para empezar, nunca le guardé rencor a ese mocoso de Hyperion. Simplemente luchamos por el dominio del mundo. Él ganó; esa era su habilidad. Yo perdí. Caí en suelo extranjero, para no volver a levantarme. Ese fue mi fracaso.
“¿ Qué derecho tiene el derrotado a quejarse del vencedor?”
La voz profunda y firme de Inut resonó en el cielo.
Al oír esto, Dorothy se quedó atónita por un momento, pero luego ofreció una leve sonrisa una vez más.
Hablas con la dignidad de un emperador, Lord Inut. Ahora, aplastemos juntos a estos viles conspiradores, de una vez por todas.
Mientras hablaba, colocó otra flecha ligera en su arco sagrado. Su mirada se fijó en el cielo destrozado, donde aún persistían los restos de las bocas malditas.
Sabía bien que lo que le aguardaba podría ser la batalla final contra la Orden del Ataúd Infernal. Esta era la última etapa de la resistencia contra el culto del Silencio. Con esta lucha, expulsaría por completo la influencia del Rey Espíritu Maligno del mundo mortal.
El final de todo estaba cerca.

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Estás leyendo el capítulo 777 de El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela), un novela. En medio del vapor de la revolución industrial, los misterios surgen bajo la superficie. Las sectas y las sociedades secretas buscan lo extraordinario en las sombras, mientras que los dioses ocultos contemplan a la… Este capítulo tiene publicado el 23 de febrero de 2026, Traducido por el grupo Crowli, Nishino. El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela) tiene 828 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.