Leer El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela) Capítulo 771 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli, Nishino✍️ Traducción: Crowli, Nishino
Al otro lado del océano, Continente Lluvia de Estrellas.
En la misteriosa y primigenia tierra sagrada del chamanismo —el Valle Ancestral, en lo profundo del interior occidental del continente—, la tensión latente por largo tiempo finalmente alcanzó su punto más agudo. Ahora, ante la mirada de todos, estalló.
A altas horas de la noche, en el centro del Valle Ancestral, durante el Gran Rito Salvaje, ahora suspendido, innumerables espíritus malignos grotescos y deformes asolaban la tierra sagrada, atacando a todo ser vivo. Los chamanes hacían todo lo posible, utilizando sus poderes, para resistir la oleada aparentemente interminable de espíritus malignos que emanaban del Reino Inferior.
Desde los bosques de todas direcciones, una multitud de espíritus salvajes se unió a la batalla, ayudando a los chamanes a resistir el asalto. Estos espíritus bestiales desgarraron con eficacia las formas de los espíritus malignos, disolviéndolos entre gemidos agónicos. Gracias a su esencia espiritual superior, la llegada de los espíritus salvajes cambió rápidamente la situación. Los espíritus desenfrenados estaban siendo controlados y la situación mejoró gradualmente.
Sin embargo… eso fue sólo lo que pareció.
En este nivel de confrontación, el resultado final no dependería del progreso de la batalla de rango inferior. Lo que realmente importaba era el choque de rango superior. Y en este sentido, los chamanes se enfrentaban a una enorme incógnita.
Con expresiones sombrías, el Chamán Espíritu Verdadero, flotando en el aire, junto con los tres Grandes Chamanes que acababan de recuperar la compostura, miraron sin pestañear la matriz de invocación en el cielo que se estaba disipando rápidamente, concentrándose en la entidad que había emergido de ella.
Era, sorprendentemente, una masa de polvo blanco flotando en el cielo nocturno. Fino y seco... como polvo de hueso. Este polvo blanco era lo único que había emergido de la matriz. En ese momento, se condensaba rápidamente hacia un punto central, adquiriendo una forma más sólida.
En un abrir y cerrar de ojos, el polvo blanco flotante se fusionó en una pálida estructura esquelética. Parecía un esqueleto humano típico. Al materializarse por completo, unas llamas espirituales verdes y fantasmales se encendieron en las cuencas huecas de sus ojos. Una túnica y una corona translúcidas comenzaron a manifestarse sobre él, solidificándose gradualmente.
Era un conjunto de vestimentas arzobispales, al estilo distintivo de la Iglesia de la Radiancia: antiguas, andrajosas, pero inconfundiblemente majestuosas. La figura esquelética vestía estas túnicas, marcadas por agujeros y hilos podridos, como si hubiera sido desenterrada de una cripta antigua. Una presencia noble pero decadente. Su corona rota descansaba sobre su cráneo. Miraba fijamente a todo lo que había debajo con sus ojos hundidos e inescrutables.
“¡ Expulsa el espíritu maligno!”
Frunciendo el ceño, el Chamán Espíritu Verdadero invocó de inmediato un destierro nigromántico, intentando expulsar del mundo físico a esta entidad no muerta, invocada por Kudoshum. Olas de luz espiritual rodearon la figura del obispo esquelético, mientras el poder del chamán la envolvía, intentando obligarlo a regresar al Reino Inferior.
Sin embargo, la fuerza del alma del obispo era demasiado inmensa. El destierro no surtió efecto. Incluso cuando el Chamán Espíritu Verdadero ejerció toda su fuerza, el obispo esquelético permaneció completamente impasible.
“¡ Apoya al Verdadero Espíritu Chamán!”
Al ver el peligro, los tres Grandes Chamanes, tras recuperar la compostura, siguieron rápidamente la iniciativa. Juntos, canalizaron su poder para apoyar la expulsión. Tras ellos, más de cien chamanes comunes, recién liberados de la lucha contra los espíritus malignos gracias a los espíritus salvajes, también se unieron, atacando al obispo esquelético con hechizos de destierro coordinados.
Gracias a la fuerza combinada de tantos chamanes, parecía haber progreso. Alrededor del obispo, comenzaron a aparecer tenues distorsiones. Una señal de que el Reino del Inframundo comenzaba a reconectarse. Parecía que realmente podrían desterrar al obispo de este reino.
En ese momento, el obispo esquelético giró la cabeza en silencio. Tras observar el lugar del ritual, extendió lentamente su mano huesuda e hizo un gesto de bienvenida.
En un instante, todos los chamanes comunes que apoyaban al Chamán Espíritu Verdadero sintieron una oleada de dolor y malestar insoportables. Gritaron y se desplomaron, sus almas arrancadas de sus cuerpos y atraídas hacia el obispo en forma de llamas fantasmales.
Incluso los tres Grandes Chamanes cayeron de rodillas bajo la influencia del obispo. Sus almas también eran arrancadas dolorosamente de sus cuerpos, y lucharon con todas sus fuerzas para resistir.
Al comprender que el obispo pretendía aniquilar la fuerza fundamental de la Iglesia Chamánica de un solo golpe, el Chamán Espíritu Verdadero redirigió urgentemente su atención a las llamas del alma que surcaban el aire. Con gran esfuerzo, las estabilizó a la fuerza, atrayendo las luces fantasmales de vuelta a sus cuerpos.
Al ver esto, el obispo esquelético volvió su atención hacia el Chamán del Espíritu Verdadero, extendiendo su mano seca. Fijó la mirada y apretó los dedos hacia abajo.
Una terrible maldición descendió sobre él. El cuerpo espiritual del Chamán Espíritu Verdadero pareció ser agarrado por una mano gigante invisible, retorciéndolo y aplastándolo hasta que se derrumbó en un remolino de polvo espiritual brillante que se elevó por los aires.
Mientras los chamanes observaban aterrorizados, ese polvo espiritual comenzó a acumularse de repente, transformando rápidamente la figura del Chamán Espíritu Verdadero. Sin embargo, su alma parecía más apagada que antes, y su expresión era sombría.
¡ Todas las fuerzas... terminen el Gran Rito Salvaje! ¡Desalojen el lugar inmediatamente!
El discurso del alma del Chamán Espíritu Verdadero resonó por todo el campo de batalla. Todos los chamanes, incluyendo a los tres Grandes Chamanes y a los que acababan de regresar a sus cuerpos, se levantaron rápidamente y comenzaron a huir, abandonando sus puestos y retirándose del recinto ritual.
Con su partida, el Gran Rito Salvaje, suspendido, comenzó a mostrar signos de colapso. Al ver esto, el obispo esquelético volvió la mirada hacia los chamanes que huían, con la clara intención de esclavizar sus almas y arrastrarlos de vuelta al ritual.
Previendo esto, el Chamán Espíritu Verdadero actuó con rapidez. Con un gesto de la mano, la tierra que rodeaba el terreno ritual comenzó a temblar violentamente. Entre los temblores, la tierra se agrietó, y la tierra y la roca se fusionaron para formar una colosal mano de piedra de diez metros de altura. Esta se elevó del suelo y se extendió hacia el cielo, aferrándose al obispo esquelético.
¡ Espíritus de la tierra, combatan conmigo! ¡Defiendan la tierra sagrada!
Ante la mano terrosa que se acercaba, el obispo esquelético permaneció inexpresivo. Agarró el aire y, bajo una oleada de poder de maldición, la mano se hizo añicos al instante.
Pero el Verdadero Espíritu Chamán no había terminado.
Incluso cuando la primera mano de piedra fue destruida, su voluntad se extendió por el campo de batalla. Con temblores aún más fuertes, más manos de piedra comenzaron a alzarse de la tierra —docenas, luego cientos—, formándose de tierra y roca y extendiéndose desde todas las direcciones, acercándose al obispo esquelético.
Ante la avalancha de enormes manos de piedra que lo atacaban desde todas direcciones, el obispo esquelético lanzaba maldiciones sin cesar, destrozándolas una tras otra. En el aire, una tras otra explotaban en escombros y caían al suelo. Sin embargo, eran demasiadas. No pudo destruirlas todas a tiempo, y su margen de maniobra se reducía cada vez más ante el implacable ataque.
En ese momento, una barrera azul pálido brilló alrededor del obispo esquelético. Al sacudir ligeramente su túnica andrajosa, la barrera se expandió en una onda. Al tocar las manos de piedra que se acercaban, estas se congelaron al instante en bloques de hielo, que se rompieron y cayeron al suelo en fragmentos de hielo.
En ese momento, el Chamán Espíritu Verdadero volvió a alzar la mano. La tierra circundante se agitó, formando aún más manos de piedra que golpearon al obispo esquelético. Pero justo cuando se preparaba para responder con otra onda gélida, el Chamán Espíritu Verdadero señaló hacia el cielo , donde, en algún punto desconocido, se había formado un denso cúmulo de nubarrones negros como la brea.
“¡ Respondanme, espíritus del cielo!”
¡Boom!
Ante su agudo grito, las nubes negras estallaron con un trueno ensordecedor. Un denso rayo partió el cielo y cayó con precisión, alcanzando al obispo esquelético justo cuando este conjuraba la ola gélida. El impacto lo hizo temblar, interrumpiendo sus movimientos. La ola de energía fría se desvaneció al instante.
Aprovechando la abertura, la siguiente oleada de manos de piedra se abalanzó sobre el alfil esquelético. Dos lo sujetaron con fuerza, y otras se amontonaron, capa tras capa, hasta formar una enorme esfera de decenas de metros de ancho, sellando al alfil esquelético en su centro.
" ¡ Sello!"
Mientras el Chamán Espíritu Verdadero cantaba, vides y raíces brotaron de la tierra y se envolvieron firmemente alrededor de la esfera de piedra. Runas brillantes aparecieron en la superficie, anunciando la gestación de un poderoso hechizo de sellado.
Dentro de esta prisión, el obispo esquelético no pudo liberarse de inmediato. El sello parecía funcionar.
Pero entonces, Kudoshum actuó.
Tras invocar con éxito al obispo esquelético, Kudoshum ya había comenzado a preparar la siguiente invocación. Mientras el Chamán Espíritu Verdadero se disponía a sellar al obispo, Kudoshum desató su siguiente movimiento.
“¡ Santuario del Osario!”
Al apoyar ambas manos en el suelo, su vasta espiritualidad se extendió por el espacio. Una enorme ilusión comenzó a manifestarse, transformando la tierra sagrada de los chamanes en una escena diferente y misteriosa.
Era una enorme catedral, de cientos de metros de altura, magnífica y sobrenatural. Aunque parecía una capilla sagrada de estilo Radiante, estaba construida enteramente de hueso escalofriante. Enormes pilares se apilaban cuidadosamente de innumerables huesos. Cráneos formaban candelabros circulares concéntricos en lo alto, y los murales de las paredes estaban magistralmente dispuestos a partir de diversos restos, representando escenas de personas indefensas que morían de formas horrorosas. A ambos lados se alzaban filas de sarcófagos de mármol, y en el altar había un gigantesco trono de huesos, con su asiento ominosamente vacío.
Este era el santuario funerario donde residía el obispo esquelético. Al invocar su dominio espiritual en este mundo, el poder del obispo ascendió a un nuevo nivel.
En silencio, las enredaderas y plantas que rodeaban la esfera de piedra se marchitaron y se desmoronaron. La enorme prisión de piedra comenzó a erosionarse y desintegrarse rápidamente, desmoronándose como escombros.
Finalmente, al desmoronarse lo último de la prisión, el obispo esquelético reapareció en el aire. Esta vez, la llama de su alma ardía con más fuerza, y su cuerpo estaba rodeado de sombras retorcidas de almas que gemían y forcejeaban. Innumerables marcas negras se extendían por sus pálidos huesos.
“ Guardián del Camino del Alma… ¿Esa es toda tu fuerza?”
Habló con voz ronca, mirando al distante Chamán Espíritu Verdadero. El chamán, sintiendo el poder elevado y maligno que emanaba del obispo, respondió con tono solemne.
“¿ Un sirviente… del Espíritu Maligno?”
Frente al obispo esquelético, ahora liberado una vez más, el Chamán Espíritu Verdadero respiró profundamente y luego elevó su voz al cielo y a la tierra.
¡ Grandes Espíritus! ¡Todos los Espíritus! ¡Ancestros! ¡Concededme vuestra protección! ¡Espíritus de los cielos y la tierra, uníos a mí!
Ante su llamado, todo el Valle Ancestral se estremeció con violentos temblores. La tierra se retorció y deformó como arcilla, concentrándose en un solo lugar. Simultáneamente, relámpagos y truenos rugieron en el cielo. Vientos feroces azotaron el valle. Los vendavales aullaban en cada rincón. En ese instante, fue como si el mundo entero gritara de rabia.
El intenso terremoto finalmente provocó el colapso total del Gran Rito Salvaje, ya desmoronado. Al ver esto, Kudoshum desvió parte de sus fuerzas para estabilizar el ritual. Fue una tarea difícil. Afortunadamente, el obispo esquelético también intervino, ayudando a Kudoshum a sofocar la agitación en la tierra bajo el ritual, evitando que la ceremonia se desmoronara por completo.
El viento aullaba. La tierra gritaba.
En ese momento, el Valle Ancestral y todo lo que lo rodeaba respondieron a la invocación del Chamán Espíritu Verdadero de la manera más violenta.
En el corazón de los temblores, donde la tierra se retorcía y convergía, una figura gigantesca comenzó a alzarse. Similar a las manos de piedra anteriores, pero esta vez, ¡era un gigante de piedra!
Este imponente guardián de tierra y piedra medía más de 200 metros de altura. Su vestimenta, tejida con gruesas enredaderas y zarzas, tenía la forma del atuendo tradicional de un guerrero de la Lluvia de Estrellas. En su mano, blandía una gigantesca lanza de piedra de más de 300 metros de largo. Mientras el gigante se alzaba firme sobre la tierra sagrada del Valle Ancestral, nubes negras descendieron desde arriba y lo rodearon. Relámpagos crepitaban entre ellas, y una tormenta se formó en la punta de la lanza, formando un torbellino de relámpagos y viento.
Cuando el guardián se formó, el viejo cuerpo del alma del Chamán Espíritu Verdadero voló hacia él, fusionándose por completo.
El Chamán Espíritu Verdadero no solo era el chamán de mayor rango del mundo actual. También era el guardián de la tierra sagrada, el Valle Ancestral. Todo Chamán Espíritu Verdadero de la historia había fusionado su alma con la tierra misma, convirtiéndose en uno de sus espíritus salvajes.
En esencia, el Chamán del Espíritu Verdadero era la encarnación suprema del espíritu salvaje.
El Chamán Espíritu Verdadero era también el espíritu salvaje del Valle Ancestral. Una vez liberado por completo y fusionado con la tierra sagrada, podía controlar todas las fuerzas naturales que la habitaban como si fueran sus propias extremidades: vegetación, piedra, truenos o tormentas. Aunque no era un invocador elemental, como espíritu de la naturaleza, podía ejercer simultáneamente diversos poderes de la naturaleza.
"¡Regresa a tu tumba sombría... sirviente del Gran Espíritu Maligno!"
Ahora encarnado como el gigante guardián de la tierra sagrada, el Chamán Espíritu Verdadero bramó furioso contra el obispo esquelético. Su rugido resonó en los cielos. Lluvia de rayos cayó de las nubes, impactando tanto al obispo como a Kudoshum, quien mantenía el ritual abajo. Simultáneamente, feroces ciclones se formaron alrededor del obispo esquelético, convirtiéndose rápidamente en un tornado que envolvió al obispo y a todo el Gran Rito Salvaje, intentando aniquilarlos.
Tormenta y relámpagos: fuerzas elementales salvajes se abalanzaron sobre el obispo bajo el mando del Chamán Espíritu Verdadero. Pero justo cuando la tormenta se arreciaba y el relámpago estaba a punto de caer, todo cesó abruptamente. La tormenta cesó, el relámpago se desvaneció y la violenta furia se calmó en un instante.
Este era el efecto de un poder divino que el obispo esquelético ahora ejercía. Tras el casi fracaso del plan de la Orden del Ataúd del Inframundo en Stinam y la huida de la mitad del alma de Kramar, el obispo había recuperado gran parte de la divinidad previamente canalizada en la Maldición del Olvido. Ese poder divino provenía originalmente de él, y como una de las máximas autoridades bajo el Rey del Inframundo, tenía un control casi total.
Aliento Marchitante: esta era la nueva aplicación de esa divinidad por parte del obispo esquelético. Creó un límite a su alrededor y al Gran Rito Salvaje. Todo lo que lo atravesara se descomponía rápidamente: las plantas se marchitaban, la piedra se erosionaba, las tormentas morían, e incluso los relámpagos, aunque breves, se desvanecían al contacto. El obispo usaba este Aliento Marchitante para asegurar que el ritual permaneciera intacto.
Tras neutralizar el primer ataque del Chamán Espíritu Verdadero, el obispo esquelético contraatacó. Extendió la mano e hizo un gesto aplastante hacia el gigante distante. Con un inmenso poder de maldición, hizo que la enorme figura del guardián se hiciera añicos violentamente, fragmentando su alma con ella.
Sin embargo, tan solo un segundo después del colapso, los fragmentos dispersos comenzaron a recomponerse. El gigante recuperó rápidamente su forma original, con alma y todo.
Ahora, sustentado por toda la tierra sagrada, el alma del Chamán Espíritu Verdadero se había extendido por cada centímetro de ella. Su forma podía ser compuesta a partir de cualquier parte de la tierra. Destruir un solo avatar no era suficiente para destruirlo.
Con su forma restaurada al instante, el Chamán Espíritu Verdadero impulsó al gigante hacia adelante, lanza en mano, arremetiendo contra el obispo esquelético y el ritual que custodiaba. Con pasos atronadores y estremecedores, alcanzó al obispo y clavó la colosal lanza con una fuerza inmensa.
Cuando la lanza de piedra tocó el límite del Aliento Marchito, la tormenta que la rodeaba se disipó rápidamente y la lanza misma comenzó a desmoronarse. Pero el Chamán Espíritu Verdadero, maestro de la tierra sagrada, no se dejó disuadir fácilmente. Al disiparse la tormenta, convocó a otro del cielo para que volviera a envolver la lanza. Cuando la punta se rompió, formó nueva piedra para extender aún más el asta. La lanza se alargó continuamente, permitiendo al gigante seguir atacando.
Por un instante, la batalla se estancó. Aunque el obispo esquelético ejercía autoridad divina, el Chamán Espíritu Verdadero contaba con vastos recursos espirituales de la tierra sagrada que lo igualaban en resistencia. Este tipo de desgaste no era algo que el obispo hubiera previsto.
Probando una táctica diferente, el obispo esquelético agitó la mano y desató otro poder. Una ola invisible de frío se extendió por el aire, y enormes cristales de hielo comenzaron a formarse espontáneamente. Estos rápidamente tomaron la forma de enormes estructuras esqueléticas: cinco o seis imponentes esqueletos de hueso helado, cada uno de 70 a 80 metros de altura. Empuñaban enormes armas de asta, espadas y otras armas descomunales. En cuanto estuvieron completamente formados, se lanzaron a atacar al gigante.
Ante estos enemigos ligeramente más pequeños, el gigante guardián los ignoró al principio y siguió atacando al obispo. Pero cuando sus golpes impactaron y la escarcha comenzó a extenderse por su cuerpo, presentía que algo andaba mal. Detuvo su ataque y barrió a los esqueletos de hueso helado con un amplio corte de su arma, destrozándolos. Sin embargo, los huesos destrozados se recompusieron rápidamente, transformándose en nuevos gigantes de hueso helado.
El gigante guardián se volvió cauteloso. Aunque las partes congeladas de su cuerpo habían sido reemplazadas y ya no mostraban escarcha, el Chamán Espíritu Verdadero descubrió, alarmado, que una parte de su alma —compartida con la tierra sagrada— había sido congelada a la fuerza, y no podía revertirla.
Estos esqueletos de hueso helado habían sido encantados por el obispo esquelético con una porción de poder divino. Sus armas podían infligir una congelación irreversible del alma a todo lo que golpeaban, incluyendo espíritus. Si bien el cuerpo del Chamán Espíritu Verdadero podía regenerarse con la ayuda de la tierra, los fragmentos de alma congelados no se restauraban tan fácilmente. Tendría que enfrentarse a estos esqueletos con cuidado. Un paso en falso, y su alma entera podría quedar atrapada en el hielo.
Mientras tanto, tras obligar temporalmente al gigante guardián a retirarse, el obispo esquelético contempló el Gran Rito Salvaje, que se encontraba en apuros. Estaba casi terminado, pero aún requería un último momento. Con todos los chamanes expulsados y sus intentos de esclavizar sus almas frustrados, continuar el ritual no sería fácil. Tenía que pagar un precio.
“ Kudoshum… Te concedo el poder de mi Señor… Fractura del Alma.”
Sin dudarlo, el obispo separó otra porción del poder divino y se la entregó a Kudoshum, quien aún mantenía el santuario y el ritual.
Kudoshum, al recibir la fuerza divina, apretó los dientes.
" Comprendido."
Aunque no era un recipiente divino de alto rango, Kudoshum soportó el dolor insoportable que venía con el poder divino y lo usó para fracturar su propia alma en más de una parte.
Innumerables imágenes residuales emanaron de él, extendiéndose y formando docenas de almas duplicadas, cada una una copia perfecta de sí mismo. Estos eran fragmentos del alma de Kudoshum.
Con ayuda divina, creó más de cien duplicados y los colocó en las posiciones originales de los chamanes fallecidos. Él mismo ocupó la posición anterior del Chamán Espíritu Verdadero y comenzó a dirigir el ritual.
“ Escúchame… Oh grande de los días antiguos… una vez más, atiende al llamado…”
El cántico rítmico se elevó de nuevo sobre el terreno ritual. Kudoshum, solo, había reanudado el Gran Rito Salvaje. Aunque este método de dividir el alma para realizar a la fuerza un ritual a gran escala era sumamente agotador, especialmente para alguien con poca afinidad divina, afortunadamente, el ritual solo requería un poco más para completarse. Solo tenía que terminar lo que faltaba.
Al ver que el ritual se reanudaba, el gigante guardián lanzó un nuevo ataque para detenerlo. Pero el obispo esquelético desplegó inmediatamente sus poderes y ordenó a los esqueletos de hueso helado que lo interceptaran, bloqueando el ataque del gigante. Bajo la protección multifacética del obispo, Kudoshum avanzó con calma hacia la fase final del ritual.
…
"Eso es... realmente lo es..."
Dentro del Valle Ancestral, no lejos del campo de batalla y de pie silenciosamente en medio del bosque, Neftis, vistiendo una versión ilusoria de las altas túnicas ceremoniales de la Iglesia, miraba a lo lejos, con su mirada fija en el obispo esquelético que chocaba contra el Chamán Espíritu Verdadero en los cielos.
Mientras se concentraba en el obispo, la media alma de Kramar que residía dentro de ella jadeó con incredulidad.
Neftis, al oír esto, preguntó con curiosidad.
Ese tipo huesudo de ahí arriba viste como tú. ¿Formaba parte de la Iglesia en vida? Espera, ¿lo conoces?
Ella le planteó la pregunta directamente a Kramar, quien permaneció en silencio por un momento, sumido en sus pensamientos, antes de responder finalmente en un tono grave.
Es… difícil decirlo con certeza. Pero tengo una hipótesis. Suena ridícula, pero podría ser correcta… y si lo es… es aterradora.
Kramar murmuró solemnemente dentro de la mente de Neftis.
¿Una hipótesis? ¿Qué tipo de hipótesis? ¿Tiene algo que ver con ese obispo de huesos? ¡Dime! ¿Se puede verificar?
Neftis presionó aún más y habló con franqueza.
Después de una breve pausa, Kramar respondió.
"Se puede verificar…"
Cuando Kramar tomó el control del cuerpo de Neftis, esta alzó la cabeza hacia el cielo lejano donde se alzaba el obispo esquelético. Entonces, al abrir la boca de nuevo, su voz era profunda y autoritaria.
¡Tú, pecador de culpa inconmensurable! ¡Un traidor imperdonable ante los cielos! ¡Una de las mayores manchas en la historia milenaria de la Santa Iglesia!
¡Fabrizio, excardenal de la Inquisición! ¡Un hereje que debería haber sido consumido por las llamas purificadoras del pecado! ¡Tu mera existencia es una concentración de maldad!
“¡ En nombre de San Kramar, te condeno al castigo máximo!”
Por boca de Neftis, Kramar proclamó un veredicto espiritual que resonó en los cielos. Al resonar el nombre sagrado, algo sucedió de inmediato alrededor del obispo esquelético.
Púas de hierro aparecieron de la nada, empalándolo y clavándolo en el aire. Al mismo tiempo, abrasadoras llamas del alma se encendieron en su cuerpo, envolviéndolo en una feroz llamarada que continuó expandiéndose.
"Un veredicto de nombre sagrado... qué nostálgico..."
A pesar de estar atado y envuelto en llamas, el obispo esquelético no parecía inmutarse. Mientras aún controlaba a los esqueletos de hueso helado que luchaban contra el gigante guardián a lo lejos, sacó con calma un objeto de su manga.
Era un pergamino antiguo.
"El Pergamino del Logos…"
Entre las llamas del alma, el obispo esquelético desplegó el pergamino, cubierto de densa escritura en el idioma principal del continente, adornado por completo con símbolos de la Iglesia de la Radiancia. Lo levantó y comenzó a recitar en voz alta.
Las cargas de la doctrina atan el cuerpo y oscurecen la verdadera voluntad del Señor. El dogma es una mentira elaborada por falsos intermediarios.
"En nombre de San Kramar, absuelvo a Fabrizio de todos los cargos, otorgándole la más alta absolución: libertad de toda esclavitud, para perseguir la verdadera voluntad divina".
Mientras sus palabras resonaban, los clavos que lo sujetaban desaparecieron y las llamas que lo quemaban retrocedieron rápidamente, hasta que desaparecieron por completo.
Abajo, Kramar estaba atónito.
"Ese pecador... ¡se dejó un perdón!"
Fabrizio, el obispo esquelético, fue Cardenal de la Inquisición, uno de los Siete Santos Vivientes de la Iglesia. Hace unos siglos, ostentaba el nombre de San Kramar.
Quizás previendo que algún día traicionaría a la Iglesia y se enfrentaría a Kramar, Fabrizio había usado un raro objeto místico, el Pergamino del Logos, para registrar un perdón divino por adelantado mientras aún llevaba el nombre del Santo. Incluso después de perderlo, el pergamino conservó el poder de la declaración grabada.
Ahora, Fabrizio había activado la absolución autograbada, escrita siglos atrás, eliminando todos los cargos de la Iglesia de la Radiancia y otorgándose un período extendido de inmunidad. La sentencia que Kramar le había impuesto quedó anulada al instante.
Tras liberarse, Fabrizio volvió la mirada hacia la fuente de la proclamación: Neftis. Extendió una mano y la temperatura del aire a su alrededor se desplomó. La escarcha cubrió instantáneamente el suelo y su cuerpo, envolviéndola en hielo y congelándola.
Pero eso no fue todo.
Mientras reprimió el movimiento de Neftis, Fabrizio desató una poderosa atracción espiritual, intentando arrancarle el alma a Kramar. Neftis sintió que perdía el control.
"No… no, esto es malo…"
Justo cuando parecía que el alma de Kramar sería arrancada a la fuerza, llegó el gigante guardián. Controlado por el Chamán Espíritu Verdadero, saltó alto, se liberó de los esqueletos de hueso helado y aterrizó entre Neftis y Fabrizio con un estruendoso temblor.
El impacto rompió la escarcha que la aprisionaba. Protegida por su resistente cuerpo, Neftis se liberó.
"Retroceder."
El Chamán Espíritu Verdadero habló en voz baja. Luego, controlando al gigante una vez más, cargó contra Fabrizio. Fabrizio respondió al instante, ordenando a los esqueletos de hueso helado que lo ayudaran, iniciando así otro enfrentamiento. La tierra tembló y las almas rugieron de nuevo.
—Uf... uf... eso estuvo cerca. Casi me descontrolo. Tu ley sagrada... ¿no le funcionó para nada?
Mientras Neftis volaba hacia atrás y recuperaba el aliento, le habló a Kramar dentro de ella.
Kramar respondió pesadamente.
Ese hombre… Fabrizio… fue un gran pecador de la Iglesia de siglos atrás. Uno de mis predecesores.
Mientras aún llevaba el nombre del Santo, usó el Pergamino del Logos para crear una protección para sí mismo... Con mi poder actual, ya no puedo afectarlo...
Durante años, solo hemos confirmado la identidad de dos de los tres Señores de la Muerte de la Orden del Ataúd Infernal. El último, el líder de todos ellos, conocido como el Obispo Silencioso... no hemos tenido información concreta.
"Y ahora... pensar que su verdadera identidad era esa."
"Uno de tus predecesores, eh... Eso significa que más de un Santo de la Iglesia desertó a una secta herética. ¡Dios mío!... ¿Por qué todo ex Santo que se une a una secta acaba siendo un gran jefe?"
Neftis no pudo evitar murmurar, recordando a Unina de Busalet.
Kramar suspiró.
No es momento de debates filosóficos. La prioridad ahora es impedir que el culto complete ese ritual.
Está protegido por barreras divinas. Los chamanes nativos de aquí, aunque poderosos, no pueden violarlo solos. Y mi ley sagrada es inútil contra él ahora mismo...
"Entonces... dime. ¿Tu patrocinador tiene algún plan?"
Kramar, ligeramente impaciente, interrogó a Neftis. Ella parpadeó sorprendida ante lo ansioso que estaba por confiar en Dorothy, y luego ofreció una oración mental, preguntándole si Dorothy tenía alguna solución.
Pronto, Dorothy respondió.
"Mm, he estado observando tu situación desde tu perspectiva y desde la de Kapak.
"Sospechaba del tercer rango dorado de la Orden del Ataúd del Inframundo, pero no esperaba que fuera tan difícil...
Aun así, no te preocupes. Aunque Fabrizio se parece a Unina en algunos aspectos, puedo decir que no es tan poderoso. Su poder divino es limitado y se divide entre tareas. Esa es nuestra oportunidad.
En resumen, es más fácil lidiar con él que con Unina. Ya he empezado a trabajar en una contramedida. Marcaré un lugar. Nos reuniremos allí. Necesitamos coordinar nuestros planes finales.
La voz de Dorothy resonó tranquilamente en el corazón de Neftis.
Hizo una pausa y luego pensó con alivio.
Así que la señorita Dorothy ya está planeando... Eso me tranquiliza. Con ella, nada es imposible. ¿Un rango Oro divino? Ya lo hemos hecho antes...
Consolada, Neftis voló velozmente hacia el lugar designado. Al llegar, encontró a muchas figuras ya reunidas. La mayoría eran chamanes que se habían retirado del campo de batalla. Los tres Grandes Chamanes también estaban presentes.
Los ancianos del clan Tupa han hablado extensamente con nosotros. Extranjero… seguimos las órdenes del Chamán Espíritu Verdadero. Te ayudaremos con todas nuestras fuerzas.
Uno de los tres Grandes Chamanes se adelantó para saludarla. Entre la multitud, Neftis también vio rostros familiares: Kapak y su mentora Uta, junto con las almas de Harald y Rachman cerca. Al verla llegar, Kapak sonrió y dijo:
¡Señorita ladrona! ¡Por fin ha llegado! Estamos más o menos listos. ¡Comencemos!
"Tch... Pensé que podría quedarme fuera de esto. ¡Qué fastidio!"
Señorita Boyle, la Orden del Ataúd del Infierno es una grave amenaza para nuestra patria. Le daré todo lo que tengo.
Al ver a toda la gente reunida, Neftis dejó escapar un suspiro de alivio en silencio.
Y dentro de ella, Kramar observaba con curiosidad.
“ ¿Podría esta extraña colección de almas… realmente hacer algo en una batalla que involucra a la divinidad?”
…
En el corazón del Continente Caída de Estrellas, en el Valle Ancestral, la batalla entre Fabrizio y el Chamán Espíritu Verdadero continuaba. Su enfrentamiento sacudió la tierra, y en la periferia de aquel tembloroso campo de batalla, parecía que ningún mortal podía intervenir. Pero ahora, Neftis y sus aliados se preparaban para reincorporarse a la contienda.
En un claro cerca del campo de batalla, se habían reunido más de cien chamanes comunes, liderados por los tres Grandes Chamanes. Juntos, formaban una gran formación ritual. En el centro se encontraban dos puntos focales.
Una era Neftis, sentada con las piernas cruzadas y aún canalizando el alma de Kramar. Frente a ella se alzaba un ataúd de hielo frío y sellado.
“ Invocación del Alma…”
Con los tres Grandes Chamanes al frente, comenzó un nuevo ritual de almas. Innumerables chamanes liberaron una luz resplandeciente que convergió hacia Neftis, o mejor dicho, hacia la mitad del alma Kramar que llevaba dentro.
El Camino Chamánico ejercía la autoridad más directa y poderosa sobre las almas. No solo podía invocar, desterrar y consolar a los espíritus, sino que también podía potenciarlos, permitiendo que las almas invocadas se manifestaran con mucha mayor fuerza.
Ahora, con tres Grandes Chamanes e innumerables chamanes regulares uniéndose, comenzaron a fortalecer la media alma de Kramar. Bajo este impulso abrumador, el poder de su alma aumentó drásticamente, y la fuerza que proyectaba a través de Neftis también aumentó rápidamente.
A pesar de este aumento de fuerza, Kramar no dirigió su juicio contra Fabrizio. No, el objetivo de este juicio divino era el ataúd de hielo que tenían ante ellos.
“ Líder de herejes… pecador de gran traición… portador de daño al reino mortal… tus crímenes son irrefutables…”
“¡ En nombre de San Kramar, por la presente te condeno a confinamiento y tormento eternos!
“ Término: ¡setenta millones de años!”
En el momento en que Neftis, canalizando a Kramar, pronunció el veredicto, un fantasma comenzó a materializarse alrededor del ataúd. Rápidamente tomó forma sólida y lo envolvió.
Apareció una imponente y aterradora Doncella de Hierro. Su torso hueco se abrió, se tragó el ataúd de hielo entero y lo selló, aprisionándolo.
Esta Doncella de Hierro era la manifestación física del juicio de la ley sagrada de Kramar. Actuaba como una prisión, engullendo a los condenados y confinándolos a una pena de setenta millones de años.
Una vez sellado el ataúd, el Gran Chamán Oriental cerró los ojos y envió un mensaje de alma al Chamán Espíritu Verdadero en medio de la batalla.
“ Todo está listo. ¡Comienza!”
Al recibir la señal, el Chamán Espíritu Verdadero respondió de inmediato. Controlando al gigante guardián, abandonó a los esqueletos de hueso helado, abandonó la defensa y lanzó un feroz ataque contra Fabrizio.
Ignoró las armas encantadas por la escarcha que le perforaban el cuerpo, ignoró el daño que congelaba el alma y se extendió por su cuerpo, y cargó contra el recinto ritual una vez más. Mientras atacaba, innumerables manos de piedra surgieron de la tierra para ayudarlo, las tormentas volvieron a surgir sobre el ritual y los rayos cayeron en una tormenta de agresión coordinada dirigida contra Fabrizio y el círculo ritual inferior.
Sin embargo, todo –cada rayo, cada ráfaga y golpe– fue deshecho por la Barrera Marchitante.
Las tormentas amainaron, los truenos se desvanecieron, la piedra se convirtió en polvo y la vegetación se marchitó. Una descomposición invisible devoró todo lo que penetraba la barrera. Nada podía atravesarla, hasta que, de los restos desmoronados de un puño de piedra destrozado, algo enorme se desplomó.
Era la Doncella de Hierro.
Traída por la mano de piedra, la Doncella de Hierro comenzó a oxidarse en cuanto tocó la barrera. Pero a diferencia de las rocas y las plantas, se descompuso lentamente, siendo mucho más resistente.
¿Por qué? Porque este era el juicio sagrado materializado de San Kramar. Según la sentencia, la Doncella de Hierro tenía una esperanza de vida equivalente a la sentencia: setenta millones de años. Hasta que ese tiempo expirara, no se rompería fácilmente, y su prisionera sufriría un tormento eterno.
Una sentencia tan absurdamente larga no era algo que un Cardenal de la Inquisición normalmente dictaría, ya que la mayoría solo cumplía unos pocos siglos, y si su sucesor no la prolongaba, esta carecería de sentido. Pero esta situación era diferente: bajo la Barrera Marchitante, millones de años de decadencia ocurrieron en un instante.
Así, incluso la Doncella de Hierro comenzó a corroerse rápidamente.
Aun así, su lenta descomposición le permitió atravesar la Barrera Marchitante antes de ser destruida. Al desmoronarse la Doncella de Hierro, el ataúd de hielo que contenía se abrió dentro de la barrera.
El poder divino de Fabrizio, ya dividido en tres partes, era insuficiente para reforzar completamente la fuerza de la barrera.
Del ataúd destrozado salieron volando docenas de criaturas diminutas: pájaros, ardillas, monos, gatos monteses. En cuanto escaparon, chillaron y se transformaron rápidamente, sus cuerpos se hincharon en el aire, adquiriendo formas aterradoras.
Antes de ser selladas, cada criatura había sido implantada con bombas genéticas desarrolladas por Rachman y administradas a través de Neftis. Al descongelarse, estas desencadenaron una reversión evolutiva instantánea o divergencia, forzando a cada animal a adoptar su forma más feroz posible en su árbol genealógico.
Las aves se convirtieron en dinosaurios. Los monos en simios gigantes. Los gatos monteses en tigres y panteras.
¡De repente, una tormenta de depredadores de todos los tamaños cayó del cielo, apuntando al sitio ritual de abajo!
En ese momento, el Gran Rito Salvaje había entrado en su fase final. Kudoshum, cuya alma se había dividido en muchos fragmentos, estaba llevando a cabo el ritual. Sus duplicados estaban esparcidos por el círculo. Incluso sin intención de destruir, esas bestias que caían —unos dinosaurios gigantescos— podrían aplastar sus frágiles fragmentos de alma y dañar gravemente el ritual.
"¡¿Qué?!"
Conmocionado, Fabrizio actuó de inmediato. Pero ahora tenía que ser extremadamente preciso. Las bestias ya estaban justo encima del ritual. Un paso en falso dañaría todo el conjunto.
No podía usar la extracción de almas: matar sus espíritus aún dejaría cadáveres pesados que caerían.
No podía usar ataques elementales; eran demasiado incontrolables. Incluso congelándolos, creaba bloques de hielo mortales que caían.
Así que eligió la solución más conservadora: matar con maldiciones. Aniquilaría a las bestias en el aire, reduciéndolas a niebla y sangre, minimizando el impacto.
Él actuó de inmediato.
Con una mirada, fijó la mirada en cada bestia que descendía, usando sus formas visibles como médiums de maldición. Al apretar sus dedos esqueléticos, sus cuerpos se contorsionaron —encogiéndose, retorciéndose— y estallaron en nubes de niebla sangrienta en el aire.
Al morir, las bestias volvieron a sus formas originales: de dinosaurios a aves, de tigres a felinos. Pero uno sobresalió...
Un simio gigante se transformó en mono y luego, inesperadamente, en un ser humano.
Un hombre adulto. Justo antes de que su cuerpo se retorciera en una nube de sangre, su rostro se hizo visible.
Era la cara de Kudoshum.
"¡¡AAAAAAAHHHHH!!"
En el momento en que su cuerpo físico fue maldecido, Kudoshum, quien permaneció en forma espiritual en el centro del ritual, aulló de dolor inimaginable. El grito desgarró el aire. Uno tras otro, los fragmentos de su alma comenzaron a desintegrarse en la nada.
La expresión de Fabrizio pasó a ser de sorpresa.
"¡¿Lo que está sucediendo?!"
La respuesta: cuando maldijo a la bestia con forma humana (el cuerpo original de Kudoshum), su poderosa maldición de muerte, que apuntaba tanto a la carne como al alma, había viajado a través del cuerpo directamente al alma verdadera de Kudoshum.
Para infiltrarse en el Gran Rito Salvaje, Kudoshum había poseído el cuerpo de Pasadiko, mientras que su propia forma física estaba oculta y custodiada por sus subordinados. Pero ahora, con los tres guardias de rango Carmesí abatidos, su cuerpo había quedado desprotegido.
Cuando el Verdadero Espíritu Chamán fusionó su alma con el Valle Ancestral, naturalmente sintió el cadáver desprotegido.
Mientras tanto, en cuanto la situación se volvió crítica, Dorothy ya había enviado a Kapak al recinto ritual. En el camino, se encontró con los chamanes en retirada, y a través de ellos, Dorothy estableció contacto. Especialmente con el Chamán Espíritu Verdadero.
Dadas las circunstancias, el chamán accedió decididamente a cooperar. Dorothy, a cambio, obtuvo información sobre el cuerpo oculto de Kudoshum y lo recuperó rápidamente.
Entonces Dorothy le tendió una sutil trampa a Fabrizio.
Primero, hizo que Neftis canalizara a Rachman y usara su poder para transformar el cuerpo de Kudoshum en un mono, cuidando de preservar tanto la espiritualidad estabilizadora como la bomba genética implantada en su interior. Después, hizo que Harald sellara al mono, junto con todos los demás animales con bombas genéticas implantadas, dentro de la Doncella de Hierro de Kramar. Durante esta fase, las almas de Rachman y Kramar fueron mejoradas drásticamente por los chamanes, lo que incrementó significativamente sus habilidades.
A partir de ahí todo se desarrolló de forma sencilla.
Dorothy ordenó al Chamán Espíritu Verdadero que lanzara un ataque a gran escala contra Fabrizio, lo que permitió que la Doncella de Hierro se infiltrara en la barrera y atravesara la Barrera Marchitante. Entonces, las bombas genéticas dentro de los animales detonaron, transformándolos en bestias gigantes. Fabrizio, reaccionando instintivamente, usó su habilidad de matar maldiciones para eliminarlos en el aire, apuntando sin saberlo al cuerpo de mono disfrazado de Kudoshum entre ellos.
La maldición de Fabrizio mataba tanto el cuerpo como el alma, algo que Dorothy había confirmado previamente con el Chamán del Espíritu Verdadero. Esto significaba que cualquier maldición infligida al cuerpo también se transfería directamente al alma, lo que la hacía mucho más devastadora que simplemente matar a alguien físicamente. Gracias a este mecanismo de doble muerte, el alma de Kudoshum se desmoronó junto con su cuerpo.
“ Aaaaahhhhhh…”
Entre lamentos cada vez más débiles, el alma de Kudoshum comenzó a desintegrarse, desapareciendo en el aire. Junto con él, la tumba y el Gran Rito Salvaje que había mantenido también comenzaron a derrumbarse.
Al presenciar la rápida decadencia de la capilla de huesos y el desenlace del ritual, el rostro sin emociones del obispo esquelético no traicionó ninguna expresión, pero en sus ojos, las llamas fantasmales del alma ardían cada vez más frías, llenas de una rabia furiosa que se filtraba en la escarcha circundante.
Sintiendo a los chamanes y extranjeros más allá de la barrera, el obispo, ahora hirviendo de furia, anhelaba desatar toda su fuerza, derramar hasta la última gota de su espiritualidad y hacerles pagar caro.
Humillado, el obispo esquelético solo anhelaba aniquilar a todo ser vivo y muerto en la zona. Pero lo entendía perfectamente: en su estado actual, debía mantener la calma. Incluso si destruyera todo el Valle Ancestral, su objetivo fracasaría.
El Gran Rito Salvaje… tenía que ser completado.
Y ahora, en estas circunstancias tan desesperadas, el obispo esquelético se vio obligado a recurrir a su última contingencia, un método que no había estado dispuesto a utilizar.
Al contemplar el ritual que se derrumbaba, Fabrizio extendió la mano una vez más para estabilizarlo. Al mismo tiempo, sacó algo en silencio de su maltrecha túnica ceremonial.
Era un casco dañado, desgastado por el tiempo y aparentemente a punto de desmoronarse. A pesar de su estado roto, aún conservaba vestigios de la antigua artesanía frisona... o, más precisamente, del estilo de los mares del Norte.
Si Neftis hubiera estado lo suficientemente cerca para verlo, se habría dado cuenta de inmediato de que el casco roto se parecía mucho al yelmo con cuernos de Harald, pero con diferencias clave. Las decoraciones de este casco eran mucho más elaboradas, y los cuernos a ambos lados no eran simples cuernos de toro.
En cambio, eran mucho más grandes, de formas más agresivas y se extendían hacia afuera con salvaje desenfreno: retorciéndose y elevándose, con puntas mucho más afiladas.
Estos cuernos gruesos y ostentosos no eran de bovinos ni de ninguna bestia común.
Se parecían mucho más a… cuernos de dragón.

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El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela)
Capítulo 772
El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela) Capítulo 771
Estás leyendo el capítulo 771 de El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela), un novela. En medio del vapor de la revolución industrial, los misterios surgen bajo la superficie. Las sectas y las sociedades secretas buscan lo extraordinario en las sombras, mientras que los dioses ocultos contemplan a la… Este capítulo tiene publicado el 23 de febrero de 2026, Traducido por el grupo Crowli, Nishino. El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela) tiene 828 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.