Leer El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela) Capítulo 594 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli, Nishino✍️ Traducción: Crowli, Nishino
A plena luz del día, en la zona portuaria de Tivian Este, en una intersección, lo que antes era una calle bulliciosa y ordenada se había convertido en un caos. Un carruaje desbocado se precipitó sobre la acera sin frenar, estrellándose contra el arcén. El vehículo volcó, los caballos relincharon frenéticamente y una farola estuvo a punto de caer por el peso del carruaje. Un escaparate quedó destrozado, varios peatones resultaron heridos y una multitud de curiosos se congregó rápidamente en el lugar. A lo lejos, los agentes de policía hacían sonar sus silbatos mientras corrían para restablecer el orden.
Mientras todos estaban pendientes del accidente, la mirada de John estaba perdida en otra parte. De pie junto al camino, observó con asombro el carruaje que tenía delante. Aunque el cochero lo invitó a subir con entusiasmo, John, aún conmocionado por los peligros anteriores, dudó en aceptar. Hasta que vio que los rasguños aparentemente insignificantes en la puerta del carruaje se transformaban de nuevo en letras que reconoció.
“Entra…”
Al ver la misteriosa escritura que solo él podía percibir, John tragó saliva. Tras una breve lucha interna, decidió abrir la puerta y subir al carruaje alquilado. Aunque aún no tenía ni idea de dónde provenían los crípticos mensajes, le habían salvado la vida en cada ocasión. En este mundo lleno de peligros” donde algo parecía empeñado en matarlo” lo único que podía hacer ahora era confiar en la escritura. Era su único salvavidas.
Una vez dentro, John cerró la puerta rápidamente y se sentó. El cochero que estaba sentado delante no tardó en preguntar.
“¿Adónde, señor?”
“Distrito Norte, la intersección con Camino de los Álamos.”
“De acuerdo, por favor, espere.”
Tras confirmar el destino, el cochero soltó las riendas de inmediato, lanzando el carruaje a toda velocidad. Mientras los caballos aceleraban, una sonrisa levemente siniestra se dibujó en los labios del cochero, inadvertida para el pasajero.
Ni siquiera sentado, John podía relajarse. Miraba con ansiedad por la ventana el paisaje que pasaba, alerta ante cualquier peligro repentino. Solo cuando no ocurrió nada se permitió, por fin, un suspiro de alivio.
Una vez más tranquilo, John empezó a reflexionar sobre cómo interpretar la situación. Si aquel vagón mostraba esos mismos mensajes que salvaban vidas, entonces quizá su dueño estuviera relacionado con ellos; tal vez incluso fuera quien los había escrito.
Este pensamiento despertó en John el deseo de intentar hablar con el conductor. Quería indagar, ver si el hombre sabía algo sobre la crisis en la que se encontraba atrapado o sobre la situación general.
Justo cuando John iba a hablar y giró la cabeza hacia delante, vio algo familiar.
En el panel de madera que tenía enfrente, los viejos arañazos comenzaron inesperadamente a moverse y reorganizarse por sí solos” igual que en la puerta del carruaje antes” reformando nuevas frases.
“No hables con el cochero. No está de tu lado. Hay un bolígrafo escondido debajo de tu asiento. Úsalo para dibujar este símbolo en algún lugar oculto de tu mano. Luego espera pacientemente aquí dentro la oportunidad.”
“No está de mi lado…”
El nuevo mensaje heló la sangre de John. Si el cochero no era un aliado, ¿por qué le había dicho que subiera? ¿Acaso no lo estaba poniendo en peligro?
Por un instante, John volvió a sentirse profundamente confundido y ansioso. Pero no era momento de buscar respuestas. Ya había seguido las instrucciones del texto al subir al vagón; no había vuelta atrás. Lo único que podía hacer era seguir obedeciendo.
Como indicaba el mensaje, metió la mano debajo del asiento y, efectivamente, encontró un pequeño bolígrafo. Luego volvió a mirar el símbolo que acababa de aparecer bajo el texto: un pentagrama invertido, con un cáliz y una figura parecida a un ojo en el centro.
Tras memorizar el extraño símbolo, John lo dibujó en silencio en la parte interior de su antebrazo izquierdo, bajo la manga. Luego guardó el bolígrafo, exhaló profundamente y comenzó la larga espera, respirando con calma para tranquilizarse.
La espera fue tortuosa. Mientras el carruaje avanzaba, John miraba por la ventana, viendo cómo las calles se desdibujaban ante sus ojos, esperando el “punto de inflexión” que le habían prometido las palabras. Pero la incertidumbre absoluta, sin poder prever lo que sucedería a continuación, lo mantenía muy nervioso.
Lo único que podía hacer era rezar en silencio para que todo saliera bien.
El tiempo transcurría. El carruaje avanzaba con paso firme hacia las afueras de Tivian Oriental. Tras recorrer innumerables calles y callejuelas, de repente se abrió ante nosotros el paisaje. Los altos edificios desaparecieron, reemplazados por un ancho río cuyas aguas brillaban.
Resultó que el carruaje había llegado a las orillas del río Corriente Lunar, cruzando un puente hacia el otro lado: el centro de la ciudad.
“Qué raro… ¿Tengo que cruzar el río Corriente Lunar para llegar a Camino de los Álamos?”
John frunció el ceño al observar los barcos que navegaban por el ancho río. Su confusión aún no se había disipado cuando…
De repente, un agudo relincho del caballo lo sobresaltó. Una fuerza poderosa lo estrelló contra el asiento. Sin previo aviso, el carruaje aceleró descontroladamente, no hacia el otro extremo del puente, ¡sino en diagonal hacia la barandilla!
Con un estruendo ensordecedor, el carruaje desbocado se desvió de su trayectoria, impactando directamente contra la barandilla de madera del puente. Los caballos, enloquecidos, arrollaron la barrera con brutalidad. El cochero esbozó una sonrisa maliciosa mientras el carruaje, enorme y pesado, salía volando del puente, elevándose por los aires sobre el río.
Luego, se precipitó al río turbulento que corría abajo.
“¡¿Qué demonios?!”
Dentro del vagón, los ojos de John se abrieron con horror. La repentina caída le revolvió el estómago. Dejó escapar un grito involuntario. Un chapoteo enorme lo envolvió, y el mundo a su alrededor dio vueltas y vueltas cuando el impacto lo estrelló con fuerza contra la pared interior del vagón. Un dolor agudo le recorrió todo el cuerpo.
John apretó los dientes a pesar del dolor que le recorría el cuerpo, esforzándose por incorporarse en el carruaje volcado mientras luchaba por abrir la puerta. Pero por más que lo intentó, la puerta parecía soldada, completamente inamovible. En ese instante, el agua del río comenzó a entrar a raudales por las rendijas de la puerta del carruaje.
Los carruajes de esta época solían ser de madera y no se hundían fácilmente, ni siquiera al caer a un río. Sin embargo, este parecía diferente; algo había sido manipulado. En cuanto tocó el agua, empezó a inundarse rápidamente. Tras los dos caballos desbocados que se hundieron un par de veces, el carruaje también comenzó a descender a gran velocidad. Justo cuando los curiosos empezaban a congregarse junto a la barandilla rota del puente, más de la mitad del carruaje ya estaba sumergido.
El agua se colaba por todas las rendijas del carruaje. Enseguida, le llegaba a la cintura a John. Luchó frenéticamente, intentando por todos los medios abrir la puerta, pero fue en vano.
En su desesperación, John divisó de repente una figura fuera de la ventana. Era el mismo cochero que lo había llevado a bordo. Ahora, el hombre permanecía impasible fuera del cristal, observando en silencio el pánico de John dentro del vagón inundado. John gritó y golpeó la ventana, suplicando ayuda.
Pero el cochero permaneció impasible. Observó en silencio cómo el agua subía y lentamente envolvía el cuerpo de John, cómo luchaba, cómo el pánico se convertía en asfixia y, finalmente, cómo perdía el conocimiento. El rostro de John se tornó azul, sus extremidades flácidas, flotando como un cadáver en el carruaje, una celda ahora casi completamente sumergida.
Una vez que el cochero confirmó que John ya no se movía, asintió en silencio. Luego, con una facilidad casi ensayada, se sumergió, desapareciendo de la vista de los espectadores que estaban sobre el puente. Nadó silenciosamente hacia la orilla, dejando que John y el carruaje siguieran hundiéndose hacia el lecho del río.
Finalmente, el vagón tocó fondo, levantando una nube de limo turbio; un desecho más del río que reposaba en el lecho.
En la oscuridad de aquella prisión sin esperanza, el cuerpo de John flotaba inmóvil como un cadáver. Pero justo cuando parecía que jamás volvería a respirar, sus dedos se estremecieron.
Un instante después, sus ojos, cerrados con fuerza, se abrieron lentamente. El pánico y el terror que antes habían marcado su expresión habían desaparecido por completo, reemplazados por calma y claridad.
Inhaló profundamente, llenando sus pulmones de agua del río, y luego la exhaló, como si respirara la corriente misma. Volviéndose hacia la puerta que lo había atrapado, extendió la mano y la golpeó con la palma de la mano. Con una fuerza descomunal, rompió la cerradura y abrió la puerta a la fuerza.
Sin dudarlo, John salió nadando del carruaje. Manteniéndose sumergido, nadó a lo largo del lecho del río, evitando cuidadosamente las miradas de la multitud que lo observaba desde arriba. Se movió en la dirección opuesta a la que había huido el cochero.
Mientras John escapaba bajo el agua, la escena en la superficie atraía a una multitud. En el puente y a lo largo de la ribera, los espectadores, presas del pánico, señalaban y cuchicheaban sobre la aterradora escena que acababan de presenciar. Incluso los clientes de una casa de té cercana se apiñaban contra las ventanas para ver el alboroto.
Pero en un rincón de esa misma casa de té, una joven con chaleco marrón y falda amarillo claro, medias blancas y zapatos Mary Jane, tomaba tranquilamente su té de la tarde, completamente ajena a los acontecimientos del exterior.
“Con esto… ya debería estar a salvo, profesor… al menos por ahora.”
Dorothy habló en voz baja tras dar otro sorbo a su té negro. En ese instante, controlaba a John bajo el agua, guiándolo hacia un lugar seguro para aterrizar, mientras admiraba la vista de la calle. En el tiempo que le tomó disfrutar de un té por la tarde, había frustrado, una vez más, sin que nadie se diera cuenta, otro complot del Nido de Ocho Torres. Claro que, hasta donde ellos sabían, su plan había tenido éxito.
Tras deducir, a partir de las escasas pistas de los Archivos de la Corona Real, que el Nido de las Ocho Agujas podría ya conocer la existencia de John” y estar planeando actuar”, Dorothy puso en marcha sus contramedidas. Llegó al distrito portuario un día antes que John y desplegó sus micromarionetas de cadáveres por toda la zona, iniciando una intensa búsqueda de cualquier rastro del Nido de las Ocho Agujas.
Primero, obtuvo información de la escuela sobre el barco que John iba a tomar y su hora prevista de llegada. Con esta información como base, investigó a todo el personal portuario de turno ese día y a los responsables de las zonas de atraque correspondientes. Finalmente, encontró una pista” un agente realizando labores de reconocimiento” que la condujo al equipo encubierto que organizaba el ataque.
Una vez que los encontró, todo lo demás encajó. Dado que el Nido de las Ocho Agujas no quería armar un escándalo que pudiera alertar a la Iglesia o a la Oficina de la Serenidad de que su poder había regresado a Tivian, planearon matar a John en un “accidente”, tal como habían hecho con Misha antes. De esa forma, la muerte parecería mundana, sin vínculos con el mundo místico, lo que les permitiría evitar ser investigados.
Al fin y al cabo, podían engañar a la Oficina de la Serenidad por ahora, pero no a la Iglesia. Si la Iglesia se enteraba, sus operaciones se enfrentarían a importantes obstáculos.
Debido al principio de sigilo del Nido, Dorothy decidió seguirles el juego sin delatarse. Esta vez, empleó métodos poco ortodoxos para salvar a John.
En resumen, Dorothy hizo que sus marionetas cadavéricas escribieran frases en prittish en distintos lugares del puerto. El texto estaba configurado para que solo John pudiera verlo. Esto le permitió advertirle sobre cada uno de los accidentes que el Nido había planeado: Plan A (un gancho que cae), Plan B (veneno de acción lenta), Plan C (accidente de carruaje), todos los cuales fueron frustrados. Finalmente, el Nido recurrió al Plan D: un “accidente” en el río, que era precisamente lo que Dorothy quería.
Desde la perspectiva del Nido, el plan tuvo éxito. John subió al carruaje preparado, que fue conducido directamente al río. Mientras tanto, Dorothy había escrito preventivamente otro mensaje dentro del carruaje, indicándole a John que se dibujara una Marca de Marioneta en la piel.
Tras perder el conocimiento por ahogamiento, Dorothy activó la marca para controlar el cuerpo de John, canalizando los efectos de un sigilo de respiración acuática y un sigilo devorador a través de hilos espirituales. Esto le permitió respirar bajo el agua y adquirir una constitución de cáliz, lo que no solo lo hizo más difícil de matar, sino que también le dio la fuerza para abrir la puerta del carruaje y escapar evadiendo el agua.
Dado que los agentes del Nido de las Ocho Agujas carecían de la capacidad de respirar bajo el agua, no podían permanecer a gran profundidad para confirmar el estado de John. En cuanto lo vieron perder el conocimiento, lo dieron por muerto y se retiraron. Naturalmente, lo reportarían como fallecido.
“Devorador... Festín... Respirador Acuático... Estos sigilos del Cáliz son cada vez más útiles que el anterior... Y luego está esa espada-bastón devoradora de corazones que salva vidas, y el Anillo de Marionetas de Cadáveres con el que empecé... por no mencionar el Corazón Azul Profundo. Sinceramente, no habría llegado tan lejos sin el Culto del Nacimiento... Gracias, de verdad...”
Dorothy reflexionó para sí misma mientras repasaba mentalmente los acontecimientos. De todos sus enemigos, irónicamente, los de la facción Afterbirth habían sido quienes más la habían ayudado, lo quisieran o no.
Ahora que el Nido de las Ocho Agujas ha concluido esta operación, probablemente informarán. Por desgracia para ellos, sus escondites en Tivian son mínimos... sus bases reales están todas fuera de la ciudad. Seguramente para evitar ser detectados por la Visión Superpuesta. Están siendo mucho más cautelosos esta vez…
Dorothy recordó cómo una vez intentó rastrear sus fortalezas siguiendo a uno de sus subordinados, solo para descubrir que el Nido de las Ocho Agujas había ubicado todas sus operaciones críticas fuera de la ciudad. Esto probablemente significaba que el líder actual en Tivian era un miembro de alto rango de los Carmesí. Para evitar ser detectados por Visión Superpuesta, habían establecido la base lejos de las zonas urbanas. Dorothy no se atrevió a abandonar la ciudad con un Carmesí tan poderoso presente.
Dentro de la ciudad, Dorothy podía neutralizar fácilmente al Nido de las Ocho Torres gracias a las poderosas habilidades de detección de sus marionetas cadavéricas. Con superioridad en inteligencia, era prácticamente imparable. Pero fuera de la ciudad, la líder de rango Carmesí podía detectar e incluso capturar a sus marionetas para rastrearlas hasta ella, así que no se arriesgó.
Dicho esto, no tenía prisa. La situación general en Tivian aún la favorecía. Ahora que John Acheson estaba en sus manos, este momento podía ser su oportunidad para descubrir la información que el Nido de las Ocho Agujas deseaba ocultar con más desesperación.

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El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela)
Capítulo 595
El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela) Capítulo 594
Estás leyendo el capítulo 594 de El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela), un novela. En medio del vapor de la revolución industrial, los misterios surgen bajo la superficie. Las sectas y las sociedades secretas buscan lo extraordinario en las sombras, mientras que los dioses ocultos contemplan a la… Este capítulo tiene publicado el 17 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli, Nishino. El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela) tiene 828 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.