Leer El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela) Capítulo 573 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli, Nishino✍️ Traducción: Crowli, Nishino
En la oscuridad de la noche, entre la densa niebla en las afueras de Moncarlo, el campo de batalla devastado seguía siendo testigo del enfrentamiento entre el gobernante de Moncarlo, el antiguo señor pirata Edward, y el Cazador de Polillas de la Manada de Caza de Sueños Negros, Ala Marchita. A medida que avanzaba la batalla, la ventaja de Edward se hacía cada vez más evidente. Luchando en su propio territorio y con información previa, había logrado tomar la delantera.
“Cof… cof, cof…”
Agarrándose el pecho, Ala Marchita tosió bocanadas de sangre. Su rostro palideció y su cuerpo temblaba incontrolablemente. Poco antes, Edward había usado una espiritualidad oculta para lanzar un ataque sorpresa desde el interior del propio cuerpo de Ala Marchita. Aunque rápidamente usó los tentáculos de su pseudopolilla para expulsar la espiritualidad ajena, el daño ya estaba hecho: sus órganos internos habían sido brutalmente devastados. Sus pulmones y sistema digestivo quedaron reducidos a pulpa, e incluso su corazón sufrió daños. Si no hubiera activado un Sello de Frenesí oculto en su anillo” un Sello del Cáliz” para aumentar temporalmente su resistencia física y evitar la muerte, ya sería un cadáver.
Sin embargo, incluso un refuerzo tan poderoso no duraría mucho en esas condiciones. Tenía que actuar de inmediato. Si los efectos del sigilo se debilitaban aunque fuera un poco, o si Edward lanzaba otro ataque a gran escala, todo habría terminado.
Edward no tenía ninguna intención de desaprovechar la oportunidad de oro que había creado. En el instante en que Ala Marchita resultó gravemente herido, Edward lanzó otro ataque. Con un rápido movimiento de su mano, innumerables flechas de agua espesa se formaron en el aire y se dispararon hacia Ala Marchita. Al mismo tiempo, el propio Edward se lanzó hacia adelante: sus piernas elementales expulsaban agua a alta presión como propulsores de cohetes mientras cargaba con su espada de agua desenvainada, abriéndose paso directamente hacia su objetivo.
Bajo este feroz ataque, los numerosos tentáculos oníricos que protegían a Ala Marchita se hicieron añicos y se dispersaron uno tras otro. De no ser por la premonición de Ala Marchita de que algo no andaba bien” y su decisión de retirar la mayoría de sus tentáculos del ataque para formar una barrera defensiva” la carga de Edward habría atravesado todas las defensas con un golpe devastador.
Justo cuando Edward atravesó el último escudo de tentáculos espirituales y se acercó a su enemigo, Ala Marchita completó su contramedida. Tras usar el sigilo para prolongar su vida, extrajo de entre sus ropas una pequeña esfera de plata intrincadamente tallada. La esfera estaba incrustada con numerosas gemas diminutas y coloridas, y su capa de filigrana revelaba esferas anidadas y superpuestas en su interior. Nadie podía ver cuántas capas contenía ni qué yacía en su núcleo.
En el momento en que Ala Marchita sacó la esfera plateada, esta comenzó a emitir un extraño y embriagador vapor por sus aberturas. El humo se extendió rápidamente a su alrededor, envolviendo todo su cuerpo. Para cuando Edward logró atravesar las defensas y llegar frente a él, Ala Marchita ya estaba sumido en la bruma. Edward frunció el ceño ligeramente al verlo y se apresuró a cortar los remolinos de vapor con su espada de agua.
Pero justo entonces, ocurrió algo inesperado.
En el instante en que la hoja de Edward tocó el humo, este comenzó a distorsionarse y a centellear, volviéndose más transparente, más ilusorio. Luces iridiscentes centelleaban sobre su superficie. Parecía… onírico, idéntico a los tentáculos oníricos que Ala Marchita había invocado antes.
¡El humo tenía propiedades corruptoras!
Al darse cuenta de esto, Edward comprendió al instante el peligro. Su espada de agua, transformada en una forma onírica, perdió su conexión con él. La espiritualidad que le había infundido fue expulsada. Mientras tanto, el extraño humo que rodeaba a Ala Marchita comenzó a expandirse con una repentina oleada, como si intentara engullir al propio Edward.
Reaccionando con rapidez, Edward emprendió una huida a toda velocidad, lanzando una vez más potentes chorros de agua con sus piernas elementales para alejarse de la niebla que se aproximaba. Por suerte, escapó antes de que el humo pudiera alcanzarlo.
Ya a una distancia segura, Edward observó la escena con cautela. El humo no duró mucho; pronto comenzó a disiparse. Al desaparecer, Ala Marchita reapareció ante sus ojos, completamente transformado.
Su cuerpo se había vuelto semitransparente, su rostro indistinto, sus colores fluidos. Tras ser envuelto por el humo, Ala Marchita se había transformado en una entidad onírica. Había abandonado las limitaciones de la carne, convirtiéndose en una criatura del reino de los sueños.
“Él… se ha convertido en un ser formado en el Reino Interior…”
“murmuró Edward, reconociendo la transformación. Pero Ala Marchita, ahora en forma onírica, no se detuvo ahí. Lanzó su siguiente movimiento.
“Polilla… desciende por mi cuerpo…”
Con solemne reverencia, Ala Marchita abrió las palmas de las manos y comenzó a cantar. Al instante, su cuerpo sufrió una rápida metamorfosis.
Se elevó del suelo. Las alas ilusorias de su espalda se expandieron de repente con una fuerza aterradora. Los tentáculos de su armadura espiritual se retorcían violentamente y se extendían a una velocidad vertiginosa. Su armadura onírica se transformó y alargó, creciendo rápidamente hacia adelante y hacia atrás.
La expresión de Edward se ensombreció. Con un rápido movimiento de mano, transformó toda la niebla circundante en flechas de agua y las disparó contra Ala Marchita. Innumerables proyectiles masivos cayeron desde todas direcciones, bombardeando a la creciente entidad onírica y destrozando su cuerpo en plena expansión.
Pero aun así, la velocidad a la que evolucionaba la forma onírica de Ala Marchita seguía superando el daño infligido por las flechas de agua.
Finalmente, su transformación llegó a su fin.
Sobre Moncarlo flotaba una criatura colosal y translúcida: un insecto aberrante y fantástico. Sus enormes alas desgarradas centelleaban con colores cambiantes y patrones espirales como ilusiones ópticas. Su largo y abultado abdomen estaba erizado de nódulos brillantes, semejantes a capullos. En lugar de extremidades, de su torso brotaban innumerables zarcillos ondulantes. La cabeza del insecto no tenía boca ni ojos; solo una superficie lisa de la que se extendían dos antenas.
Esta era la pseudopolilla: una poderosa criatura del reino de los sueños, nacida de las escamas de Pan-Moth, el dios venerado por la Manada de Cazadores de Sueños Negros. Los miembros de la Manada obtienen poderes místicos mediante la simbiosis con estas criaturas. Una sola pseudopolilla puede formar vínculos con innumerables miembros de los Sueños Negros, aunque solo una actúa como su huésped principal y dirige sus acciones.
Una pseudopolilla madura posee un poder de rango Carmesí. Su huésped vinculado” el miembro central de Sueño Negro” también se considera de rango Carmesí. Ala Marchita era precisamente una de esas figuras. Ahora, había invocado por completo a su pseudopolilla simbiótica al mundo físico, manifestándola en los cielos sobre Moncarlo.
“Así que esa es… la polilla onírica simbiótica del Sueño Negro…”
Edward murmuró en voz baja mientras contemplaba el coloso de treinta metros de largo, con alas ilusorias, que flotaba en el aire. En su núcleo, Ala Marchita ahora utilizaba el poder de la pseudopolilla para curarse. Si bien carecía de la capacidad de regenerar su propia carne, se había transformado en una forma onírica, y la capacidad de autocuración de su simbionte fluía ahora hacia él, sanando rápidamente sus heridas.
Una vez recuperado, Ala Marchita inició una nueva maniobra.
Con un leve aleteo, la inmensa polilla emitió un pulso invisible desde su cuerpo, centrado en sí misma y que se extendió por todo Moncarlo. En ese instante, las decenas de miles de personas que aún permanecían despiertas, maravilladas por la extraña niebla, fueron invadidas por una repentina somnolencia. Una a una, cayeron inconscientes.
En un abrir y cerrar de ojos, toda la isla principal de Moncarlo cayó en un profundo sueño, a excepción de Edward y Ala Marchita.
Se trataba de un pulso hipnótico, una onda mental de máxima potencia liberada por una pseudopolilla completa. El pulso anterior que Ala Marchita había desatado solo había cubierto dos o tres kilómetros, y no había afectado a Edward debido a su anclaje espiritual. Pero esta vez, el pulso se extendió por toda la isla.
Por primera vez, incluso la cordura de Edward flaqueó ligeramente. Su consciencia se nubló por un breve instante.
“Ugh…”
La inesperada oleada de sueño hizo que su cuerpo se tambaleara. Se agarró las sienes para no caerse. Y en ese instante, Ala Marchita, alojada en la pseudopolilla, activó otra habilidad.
“Manifiesto de pesadilla…”
Murmuró.
De repente, cuatro sombras surgieron junto a Edward, nacidas de la nada. Estas sombras se retorcían y se contorsionaban, transformándose rápidamente en cuatro formas oníricas de una oscuridad absoluta.
Las cuatro formas oníricas, cada una con su propia apariencia única, eran: un inquisidor obeso de la Iglesia de la Radiación que sostenía una escritura sagrada y lucía una expresión severa; un marinero cubierto de sangre; una pirata nativa vestida con una túnica con estampado de serpientes y cabello trenzado de serpientes, que blandía una espada escamosa; y finalmente, una versión envejecida del propio Edward, tan viejo que se apoyaba en un bastón y había perdido todos los dientes.
“¡Esta aldea es culpable de conspirar con herejes! ¡Todos sus habitantes serán condenados a arder en la hoguera!”
El corpulento inquisidor acunó su sagrada escritura mientras pronunciaba sentencia, mientras llamas translúcidas se encendían a su alrededor y se dirigían hacia Edward.
“¡Capitán… sálvanos! ¡Por favor, no nos abandone!”
El marinero empapado en sangre gritó desesperado, blandiendo su espada curva y abalanzándose sobre Edward.
“Tejedor de Sangre… ¡Tarde o temprano, pagarás el precio por lo que has hecho!”
La mujer de la trenza de serpiente gritó mientras atacaba a Edward con su espada serpentina.
“Es inútil… completamente inútil… Ningún método funcionará… Todos los esfuerzos son en vano… Nos hemos quedado sin opciones…”
La versión aún más anciana de Edward se tambaleó hacia su yo presente con pasos temblorosos, murmurando palabras de desesperanza.
“…¿Qué es esto?”
Ante el ataque de estas cuatro formas oníricas, los ojos de Edward se abrieron de par en par e instintivamente retrocedió varios pasos. Esquivando sus ataques, invocó una espada y una daga de agua para contraatacar. Sin embargo, a diferencia de la batalla anterior contra los tentáculos de la polilla, estas formas oníricas se regeneraron casi al instante tras dispersarse. En menos de un segundo, se reformaron cerca y reanudaron su ataque.
Incluso cuando Edward se movió a gran velocidad para cambiar de posición, las cuatro formas oníricas sombrías lo siguieron como espectros, teletransportándose con precisión fantasmal. Era imposible evadirlas o destruirlas, y sus ataques dañaban directamente su espíritu.
Finalmente, tras repeler sus ataques durante un tiempo, Edward pareció comprender algo. Se detuvo y volvió a recoger flechas de agua, pero esta vez no apuntó a las criaturas oníricas, sino a sí mismo.
¡Fuera… fantasmas!
Con un grito agudo, Edward disparó las flechas de agua contra su propio cuerpo, disolviendo simultáneamente su forma elemental. En ese instante, su carne demacrada fue atravesada por varios finos proyectiles de agua, de los que brotó abundante sangre. El intenso dolor que lo recorrió devolvió la claridad a su mente confusa. Su ancla mental, antes vacilante, se solidificó de nuevo, y las oscuras formas oníricas se desvanecieron.
“Ja… ja… ja…”
Jadeando con fuerza, el viejo pirata ensangrentado enderezó lentamente la espalda. Alzó la vista hacia el cielo. A través de la niebla, divisó la silueta onírica de una polilla colosal que extendía sus alas y se alejaba volando.
Ala Marchita sabía que enfrentarse a Edward en su propio terreno era una batalla perdida. Por eso, tras lanzar Manifestación de Pesadilla para atraparlo en ilusiones, ordenó de inmediato la retirada de la pseudopolilla. Mientras Edward estaba enredado en las formas oníricas, la pseudopolilla había volado una gran distancia y alcanzado el borde de la isla principal de Moncarlo; estaba a punto de abandonarla.
Durante la huida, el cuerpo ya translúcido de la pseudopolilla se volvió aún más tenue, casi hasta desaparecer. Esto se debía a que Ala Marchita intentaba que se fusionara con el reino de los sueños para escapar por completo. La niebla que cubría a Moncarlo actuaba como barrera, impidiendo tal transformación, por lo que primero tuvo que salir del alcance de la isla.
“No te vas a escapar…”
La voz de Edward era fría y firme. Mirando fijamente a la polilla que huía, sacó una varita de bronce rota y la sujetó con fuerza. Unas tenues marcas brillantes iluminaron su superficie.
Cuando Edward reactivó su poder, los mares que rodeaban Moncarlo cobraron vida de repente. Las olas se alzaron violentamente, y el rugido de las mareas fue ensordecedor.
Desde el océano embravecido, enormes serpientes de agua” de siete a ocho metros de espesor” surgieron de la superficie y se abalanzaron sobre la polilla que acababa de salir del territorio de Moncarlo. En un instante, alcanzaron su altura. Ala Marchita reaccionó con rapidez, ordenando a los tentáculos de la polilla que atacaran las serpientes de agua. Pero eran demasiadas y demasiado grandes. La polilla no pudo defenderse de todas a la vez.
Más de diez serpientes de agua ascendieron simultáneamente hasta la altura de la polilla. Sus fauces gigantes se abrieron, mordiendo su cuerpo translúcido desde todas las direcciones. Por un instante, no pudo seguir volando.
“Qué…!”
Al ver a la polilla atrapada por incontables fauces de serpiente, el pánico se apoderó de Ala Marchita. Intentó desesperadamente liberarla, pero eran demasiadas. Por mucho que lo intentara, no pudo romper las ataduras. Peor aún, la polilla corría el riesgo de ser derribada por completo.
“No puedes escapar… Este es mi mar.”
Observando a la pseudopolilla que forcejeaba, Edward intensificó su control. Más serpientes de agua surgieron de las olas para morderla. Como él mismo había dicho, este era su dominio, construido a lo largo de siglos. Aquí, tenía una ventaja absoluta. Mientras siguiera atacando con todo su poder, Ala Marchita no tenía escapatoria.
A medida que más y más serpientes emergían del océano para atacar, Ala Marchita sintió una creciente desesperación. Incluso con la pseudopolilla invocada por completo, seguía sin poder liberarse del agarre de Edward. No podía entrar en el reino de los sueños en Moncarlo, y en las aguas costeras, las trampas de Edward lo aguardaban. El mar era el escenario de su enemigo. Escapar parecía imposible.
¡Boom!
En ese preciso instante, una de las serpientes que se había aferrado a la polilla explotó repentinamente en el aire. Fuego y ondas de choque estallaron en una llamarada que despedazó el largo cuerpo de la criatura. Su cabeza y cola quedaron apenas unidas por una fina columna de agua, temblorosa e inestable.
Al ver esto, tanto Edward como Ala Marchita quedaron atónitos.
¿Qué acaba de pasar?
¿De dónde había surgido esa explosión? Ninguno de los dos bandos había demostrado tener poderes de ese tipo.
Edward sospechó por un instante que se trataba de uno de los sigilos de Ala Marchita, hasta que otra detonación, menor, resonó en la isla, seguida instantes después por una segunda explosión. Esta impactó de nuevo a la serpiente, ya dañada, separándola de su último eslabón. La cabeza de la serpiente, liberada del mar, se disolvió en el agua y se hundió en el océano.
“¡¿Un bombardeo…?!”
Ahora que lo oía con claridad, Edward comprendió de inmediato: ¡alguien estaba bombardeando a sus serpientes de agua invocadas! Y a juzgar por el sonido, los disparos provenían de los cañones de defensa costera que él mismo había instalado en Moncarlo.
“¡Ese bastardo… ¿Cuándo se infiltró en la fortaleza costera y tomó el control de la guarnición? ¡¿También puede viajar en sueños a grandes distancias?!”
Al comprender la verdad, Edward quedó atónito. Instintivamente supuso que Ala Marchita había tomado el control de sus tropas.
Irónicamente, en ese preciso instante, Ala Marchita estaba igual de desconcertado. No tenía ni idea de dónde provenían las explosiones, ni siquiera había reconocido el ruido como fuego de cañón.
“¿Qué está sucediendo?”
Mientras tanto, en una de las numerosas fortalezas costeras fuertemente fortificadas que salpican Moncarlo y sus islotes cercanos” construidas por Eduardo y sus descendientes” se desarrollaba una escena curiosa. Fuera de las murallas, los guardias de la ciudad dormían profundamente en el suelo. Dentro de la batería, varios hombres ataviados con diversos uniformes manejaban con destreza los pesados cañones, apuntándolos a las serpientes que emergían del mar.
A poca distancia de los artilleros, otros hombres preparaban los proyectiles. Algunos usaban herramientas especializadas para desmontar las ojivas, introducir una pequeña cantidad de pólvora y un insecto en la cavidad, y volver a sellar la munición. Las ojivas y las cargas propulsoras se llevaban entonces a los cañones para su carga. Escenas similares se repetían en varios fuertes de Moncarlo.
En alta mar, Dorothy flotaba sobre las olas, volcando una inmensa fuerza espiritual en la tarea. Controlaba docenas” si no cientos” de marionetas cadavéricas para que realizaran disparos de cañón sincronizados. Bajo su mando, numerosos cañones oscuros apuntaban a las serpientes marinas en la distancia.
“Disculpe… Capitán… pero esa polilla es mi presa. No puedo dejar que caiga aquí.”
Con una leve sonrisa, Dorothy murmuró para sí misma. Entonces, con una orden silenciosa de su corazón, los cañones rugieron.

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Estás leyendo el capítulo 573 de El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela), un novela. En medio del vapor de la revolución industrial, los misterios surgen bajo la superficie. Las sectas y las sociedades secretas buscan lo extraordinario en las sombras, mientras que los dioses ocultos contemplan a la… Este capítulo tiene publicado el 17 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli, Nishino. El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela) tiene 828 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.