Leer El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela) Capítulo 567 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli, Nishino✍️ Traducción: Crowli, Nishino
Mar de la Conquista, Isla de Moncarlo.
Durante el día, la isla principal del archipiélago de Moncarlo estaba inusualmente animada. El único lugar de culto de la isla, la Iglesia de la Conversión, estaba abarrotada de gente. La pequeña plaza frente a la iglesia estaba repleta de gente, y la capilla interior, no muy grande, ya estaba llena.
En Moncarlo, una ciudad rebosante de anhelo, este centro religioso público solía pasar desapercibido. Casi a diario, el número de visitantes era lamentablemente escaso. La Iglesia de la Conversión en sí no era grande; en una ciudad de varios cientos de miles de habitantes, se consideraba bastante modesta. Aun así, el lugar solía estar desierto, con solo unos pocos sacerdotes y monjas atendiendo a un puñado de ancianos devotos. Una escena tan animada como la de hoy era totalmente inédita.
El motivo del revuelo de hoy radica en el inicio de la Exposición de Reliquias Sagradas dentro de la iglesia. Por primera vez, una reliquia del Monte Athos se exhibía en la Iglesia de la Conversión, atrayendo a multitudes de lugareños y turistas.
Dentro de la modesta capilla, las cabezas se apiñaban. El púlpito habitual había sido retirado y sustituido por una gran vitrina de cristal custodiada solemnemente por cuatro caballeros. En su interior, sobre un mantel de seda, reposaba un gran trozo de lino grisáceo, áspero y raído. Los bordes estaban claramente carbonizados. A pesar de su aspecto sucio, la tela estaba cubierta de escrituras densamente bordadas. Un cartel delante de la vitrina explicaba la historia de la reliquia.
“Las Sagradas Restos de la Escritura de Vitamio”
Según la leyenda, este era el sudario del mártir y santo Vitamio, quien pereció en la Guerra del Arroyo Lodoso. Su cuerpo fue robado y profanado por herejes durante la guerra. Los devotos guerreros que lo habían seguido intentaron recuperar sus restos, pero resultó ser una trampa: el grupo de rescate sufrió graves bajas.
En ese instante, el alma de Vitamio, reacia a ver a otros sacrificarse por su cadáver, provocó que su propio cuerpo se incendiara espontáneamente. Al destruirse, eliminó el objetivo del escuadrón. Tras extinguirse las llamas, solo un fragmento del sudario permaneció, cayendo en manos de los supervivientes. Misteriosamente, los guerreros fueron bendecidos por Vitamio y, en su dolor y furia, adquirieron una fuerza descomunal. Rompieron la emboscada e incluso cambiaron el curso de la batalla, aniquilando a los herejes que los rodeaban y asegurando una victoria trágica pero gloriosa.
Posteriormente, uno de los Siete Santos Vivientes del Monte Athos realizó un ritual transcribiendo las Escrituras sobre la tela, otorgándole así la bendición divina. Se convirtió en una reliquia sagrada reconocida, venerada en memoria de Vitamio y del valiente equipo de rescate. Dicha reliquia solo podía ser custodiada en una iglesia designada o por un comisario de visitas de reliquias sagradas debidamente acreditado.
Todo esto se detallaba en la placa. La reliquia sagrada en la vitrina era, sin duda, la pieza central de la exposición. Sin embargo, curiosamente, a pesar de la multitud congregada en la iglesia, pocos se acercaban a la reliquia. Para tratarse de una exposición de reliquias sagradas, la atención del público estaba sorprendentemente centrada en otra parte.
Aunque el cuerpo de Vitamio nunca fue recuperado, su fe inquebrantable y su valentía permanecen con nosotros a través de estas Sagradas Restos. Para honrar su sacrificio, un santo viviente transcribió las Escrituras sobre el lienzo, elevándolo a la categoría de reliquia sagrada…
Una monja vestida con hábito blanco relataba esta historia a un grupo reunido cerca de la exposición. Su dulce sonrisa acompañaba el relato. La multitud asentía en señal de comprensión al terminar, murmurando con admiración.
“Con esto concluye la historia de la reliquia. Ahora pueden acercarse para observarla más de cerca. Si no tienen más preguntas, por favor, continúen por ahí; necesito prepararme para el siguiente grupo.”
Vania Chafferon les habló amablemente. Pero en lugar de dispersarse, la multitud permaneció reunida a su alrededor. Muchos no mostraron interés alguno en la reliquia y, en cambio, se lanzaron a hacer preguntas con avidez.
“¡Hermana Vania! ¡Tengo una pregunta! ¿En qué año naciste? ¿Cuántos años tienes ahora?”
“¡Yo también! Hermana Vania, ¿cómo convertiste a esos herejes en Addus? ¿Qué les dijiste? ¿Es cierto que derrotaste a la Banda del Tiburón Gancho en cuanto llegaste a Moncarlo?”
“Hermana Vania, usted pasó de ser una monja común a una celebridad de la iglesia de la noche a la mañana. ¿Qué opina de eso? ¿Cómo logró hazañas aparentemente imposibles? ¿Algún secreto?”
“Además, hermana Vania, ¿cuánto mide? Si no es mucha molestia, ¿podría compartir su peso y las medidas de su busto, cintura y cadera…?”
…
Una avalancha de preguntas extrañas y personales la invadió desde todas direcciones. Vania se sorprendió al descubrir que la multitud que la rodeaba se comportaba como reporteros demasiado entusiastas, bombardeándola con preguntas, no sobre la reliquia, sino sobre ella como persona.
“Ehm… por favor, tengan cuidado con sus preguntas. Mi deber aquí es presentar la reliquia sagrada. Estoy aquí principalmente para responder preguntas sobre la reliquia y las escrituras.”
Vania dijo con una sonrisa forzada. Pero el público respondió.
“¿A quién le importan las reliquias o las escrituras cuando la hermana Vania es tan fascinante y hermosa? ¡Cuéntanos más sobre ti!”
¡Sí! A nadie le importa ese trapo quemado; ¡estamos aquí para ti!
“¡Hermana Vania, te quiero mucho! ¡Rezo devotamente por ti todos los días!”
“Ah… um…”
Ante aquella situación caótica e incómoda, Vania solo pudo reaccionar con una expresión de desconsuelo, sin saber cómo actuar. Hizo lo posible por controlar a los “devotos seguidores”, que más bien parecían fans enloquecidos.
Finalmente, abrumada, Vania encontró una oportunidad para escapar y huyó a una de las habitaciones traseras de la iglesia. Allí, por fin pudo respirar.
“Ja… ja… Exposición de la Sagrada Reliquia… ¿No se suponía que todos venían por la reliquia? ¿Cómo es que terminó así…?”
Suspiró sentada en una silla, escapando por fin del caos. En ese instante, una voz familiar habló a su lado.
“Mis disculpas, Hermana Vania. A diferencia de otros lugares, el ambiente religioso aquí en Moncarlo es bastante débil. La gente carece de respeto hacia la Iglesia; por eso sucedió esto.”
Vania hizo una pausa y se giró hacia la voz. Era Laurent, que acababa de entrar en la habitación y hablaba con tono de disculpa.
“¿Señor Laurent? ¿Usted también está aquí? Tuve un pequeño percance, pero no fue lo suficientemente grave como para pedirle ayuda…”
Vania habló con sorpresa, pero Laurent sonrió y respondió.
“No me entiendes. No estoy aquí por la exposición. Vine a verte, hermana Vania, por otro asunto.”
“¿Es otro asunto?”
“Sí. Mi padre” el verdadero gobernante de Moncarlo” ofrece un banquete esta noche en la Fortaleza Marina Soberana, y desea recibiros a ti y a tus caballeros escoltas. Espera que asistas como estaba previsto.
Laurent habló con calma, y Vania pareció desconcertada.
“¿Tu padre… el capitán Edward? ¿No había acordado previamente reunirse conmigo?”
“Ah… fue un error nuestro; los niños malinterpretaron sus intenciones. Nunca tuvo la intención de evitar verte. Lo malinterpretamos y le dijimos que no tenías planes, y nos regañó muy duramente cuando se enteró.”
Laurent ofreció una explicación tímida, y Vania asintió pensativa.
“Así que así son las cosas…”
“Exacto. Fue un error nuestro. Ya que estás aquí en Moncarlo, por supuesto que el padre querrá conocerte. Por favor, prepárate para asistir al banquete esta noche.”
“Como es una invitación del capitán Edward, no hay motivo para rechazarla. Estaremos allí a tiempo” respondió Vania.
Laurent sonrió y respondió cortésmente.
“Entonces esperaremos su distinguida presencia.”
…
El tiempo pasó rápidamente y, en poco tiempo, el sol se ocultó tras el horizonte occidental. La luz del día se desvaneció y llegó la noche.
Al caer la noche sobre Moncarlo, luces parpadeantes iluminaron cada rincón de la ciudad. El edificio más imponente, la Fortaleza Marítima Soberana, resplandecía con una luz especialmente brillante.
Dentro del gran salón de la fortaleza, largas mesas de banquete estaban dispuestas con diversas exquisiteces. Vania permanecía sentada en el mismo lugar que había ocupado hacía poco, disfrutando en silencio de los sencillos y modestos platos que tenía en su plato. La mesa estaba casi llena de invitados, muchos más que los que habían asistido al banquete de bienvenida anterior.
Como en ocasiones anteriores, los asistentes al banquete eran todos miembros de la familia Gibbs, la casa gobernante de Moncarlo. Además de Buna y Perine, a quienes ya habíamos visto, muchos otros miembros de la familia Gibbs estaban presentes: algunos ancianos, otros jóvenes, incluyendo niños de tan solo siete u ocho años, y personas mayores de sesenta o setenta años.
A pesar de la numerosa reunión familiar, nadie se comportó como antes; nadie se atrevió a hablar mal de Vania ni a ser grosero. Todos se sentaron erguidos y comieron con el mayor decoro. Incluso la generalmente descortés Buna ahora usaba el cuchillo y el tenedor correctamente y se concentraba en su comida en silencio. El salón solo se llenaba con el sonido de los cubiertos y la masticación; un aire de silencio opresivo lo envolvía todo.
La fuente de esa presión se encontraba a la cabecera de la larga mesa: un anciano demacrado, envuelto en una túnica de piel de animal, masticando su comida lenta y deliberadamente. Cada movimiento de aquel hombre, de una edad aterradora, irradiaba un dominio silencioso. Ningún miembro de la familia Gibbs se atrevía a hacer un movimiento en falso. No era otro que Edward, el patriarca indiscutible de aquel lugar.
“Oí que la Iglesia de la Conversión estaba abarrotada hoy. En todos mis siglos, jamás había visto a la gente de Moncarlo tan fervorosa. Que tanta gente se apiñe en una iglesia que la mayoría no visita ni una vez al año… Hermana Vania, su atractivo es realmente admirable.”
Mientras daba un bocado al pescado, Edward se dirigió a Vania con una leve sonrisa. Vania respondió de inmediato con humildad.
“Los habitantes de Moncarlo se sintieron atraídos por la santa reliquia debido a su llamado divino. Es el poder otorgado por la bendición del Señor…”
“¿Eh… la bendición del Señor, dices? Para los laicos ajenos al mundo místico, esa supuesta reliquia sagrada no es más que un trozo de tela vieja. Lo que los atrajo no fue la reliquia, sino tu propio encanto, hermana Vania…”
Edward siguió sonriendo mientras hablaba, y Vania, nerviosa, respondió rápidamente.
“Oh, no, yo solo soy un clérigo… No diría que tengo nada que se parezca al encanto…”
¿Por qué no? Una joven monja con logros tan legendarios” y una presencia que los complementa”, claro que atraería la admiración de muchos, especialmente de los jóvenes. En esta era de medios de comunicación tan influyentes, ser noticia y demostrar las propias capacidades suele tener más peso que la capacidad de predicar. Para muchos, eres la estrella en ascenso de la Iglesia, comercializada para satisfacer las necesidades publicitarias modernas. Igual que un bailarín o cantante famoso. Escúchame, si aprendieras a cantar y bailar un poco… podrías eclipsar a la mayoría de las celebridades.
Edward dijo todo esto como si fuera lo más natural del mundo. Vania se quedó completamente sin palabras ante sus palabras.
“U-uh…”
“Jaja… No se lo tome tan en serio, hermana Vania. Tómelo como una broma de viejo. En cualquier caso, su visita a Moncarlo ha sido muy grata. No solo nos ayudó a desmantelar una ruta de contrabando clandestina, sino que también propició que muchos reflexionaran sinceramente en la iglesia. Le agradecemos de todo corazón. Permítame brindar por usted.”
Edward alzó su copa de vino tinto. Al verlo, todos los miembros de la familia Gibbs también hicieron una pausa y alzaron sus copas hacia Vania. Vania respondió rápidamente, alzando su vino y bebiéndolo lentamente tras el brindis.
Al ver que Vania terminaba su bebida, Edward dejó en silencio su propio vaso y continuó.
“Dado que la hermana Vania ha viajado desde muy lejos, como anfitriona, me corresponde presentarle una muestra de respeto. Tengo el honor de haber adquirido un ejemplar de las Sagradas Escrituras con un baño de oro; no es un objeto místico, sino uno de gran valor. Se lo ofrezco como regalo.”
Con un gesto de la mano, una doncella avanzó lentamente desde un lateral del salón. Sobre la bandeja que portaba reposaba una Escritura Radiante, cuya cubierta estaba adornada con oro y grabada con intrincados motivos. En cuanto Vania la vio, sus ojos se detuvieron, claramente cautivada por su belleza.
Inmediatamente, uno de sus escoltas Caballeros del Sacramento se levantó, tomó la escritura y comenzó a examinarla. Vania apartó la mirada de la escritura y la dirigió al anciano sentado a la cabecera de la mesa.
“Gracias, capitán Edward.”
Al verla aceptar el regalo, Edward asintió en silencio.
…
Poco después, concluyó el banquete en la Fortaleza Marina Soberana. Tras despedirse de la familia Gibbs, Vania salió de la fortaleza y subió a un carruaje que la llevó de regreso a su hotel. Al entrar, se volvió hacia uno de sus caballeros escoltas y preguntó.
“Hermano Gaspard… ¿Hay algo inusual en ese pasaje bíblico?”
“Mmm… lo hemos examinado minuciosamente. No hay rastro de veneno cognitivo ni de nada místico en su contenido.”
Gaspard respondió tras pensarlo un momento. Vania continuó.
“En ese caso, déjame quedármelo. La artesanía es exquisita; me gustaría admirarla durante el trayecto.”
“Entendido. Un momento, por favor.”
Gaspard le entregó el manuscrito dorado, completamente revisado. Vania lo recibió y subió al carruaje. Con su escolta siguiéndola, el vehículo emprendió el camino de regreso al hotel.
Dentro del carruaje que se mecía suavemente, Vania estudió el libro a la luz de la lámpara, algo absorta. Tras admirar la portada, lo abrió y comenzó a hojear su contenido.
Entre las gruesas páginas se encontraban escrituras que le resultaban más familiares que cualquier otra cosa. Sin embargo, de algún modo, esa misma familiaridad parecía ejercer una atracción mágica, impulsándola a seguir hojeándolas. Su mirada oscilaba entre la elegante caligrafía y las ornamentadas líneas decorativas, como si vislumbrara alguna nueva revelación oculta en su interior.
Su breve lectura durante el viaje no fue suficiente. Incluso después de regresar a su habitación, Vania se quedó despierta hasta tarde, absorta en las conocidas escrituras a la luz de la lámpara, perdida en su encanto, como si buscara una verdad más profunda oculta en ellas. Pasó página tras página hasta terminar el tomo entero. Para entonces, ya era de madrugada.
“El mar… es líquido amniótico… el líquido amniótico original… el líquido amniótico de la Santa Madre…”
Vania, murmurando con voz monótona, se reclinó en su silla tras leer todo el pasaje bíblico. En ese preciso instante, la voz de una mujer resonó en su mente.
“¿Y bien? Vania, ¿cómo te sientes ahora?”
“Mmm… No siento nada particularmente extraño. Solo un poco… raro. Creo que es solo porque me avisaste con antelación, señorita Dorothy. Si no lo hubieras hecho, y no te hubiera prestado atención, quizá no me habría dado cuenta de nada…”
Vania se llevó las manos a las sienes, frunció ligeramente el ceño y luego añadió para sí misma.
“Señorita Dorothy, ¿estoy sufriendo un envenenamiento cognitivo en este momento?”
Sí. Es muy leve, pero la escritura contiene sin duda un veneno cognitivo que está erosionando sutilmente tu mente. No le pidas a Aka que te purifique todavía. Ayúdame primero con algunas pruebas.
La voz de Dorothy resonó de nuevo. Vania respondió con curiosidad.
“¿Qué tipo de prueba?”
“Es sencillo. Te enviaré mentalmente algunas imágenes. Si alguna de ellas te provoca una reacción especial, avísame.”
“¿Imágenes? Muy bien… comencemos.”
Vania le respondió a Dorothy. Poco después, la primera imagen apareció en su mente.
Era una fotografía en blanco y negro de una lujosa olla de plata. Debajo había un pequeño letrero.
“Artículo n.º 1: Urna con asa de jade Lathia”
¿Y bien? ¿Sientes algo al ver esta foto?
“No… absolutamente nada.”
“De acuerdo, la siguiente.”
La voz de Dorothy resonó de nuevo al cambiar la imagen. Esta vez, se trataba de una daga curva con incrustaciones de gemas, con un letrero debajo.
“Artículo n.º 2: Daga ceremonial incrustada del príncipe de Addus”
“¿Y este?”
“Sigue sin haber nada…”
“No hay problema. Iremos despacio…”
Y así, una imagen tras otra pasó fugazmente por la mente de Vania. Cada vez que decía que no sentía nada, aparecía otra imagen. Después de una docena, por fin, la foto de un objeto captó su atención…

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Estás leyendo el capítulo 567 de El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela), un novela. En medio del vapor de la revolución industrial, los misterios surgen bajo la superficie. Las sectas y las sociedades secretas buscan lo extraordinario en las sombras, mientras que los dioses ocultos contemplan a la… Este capítulo tiene publicado el 17 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli, Nishino. El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela) tiene 828 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.