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Leer El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela) Capítulo 558 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli, Nishino✍️ Traducción: Crowli, Nishino
Fuera de la puerta de la cabaña, un hombre llamado Dioro permanecía de pie junto a la entrada entreabierta, escuchando a escondidas la conversación conspirativa que tenía lugar dentro. Las palabras secretas que se filtraron inadvertidamente le helaron la sangre. “Matanza… ganado… cerdos… Lord Enviado… ¿de qué está hablando Lord Enviado?” Al escuchar la conversación en el interior, Dioro sintió un escalofrío. Comparar al ganado con los humanos y hablar abiertamente sobre la matanza le hizo pensar en implicaciones aterradoras. Sin embargo, no se atrevió a sacar conclusiones definitivas todavía. Decidió quedarse en la puerta y seguir escuchando a escondidas. “Olvídalo. Es solo la pérdida de uno. Apenas aceptable. De todas formas, estamos a punto de atracar. Ahora debemos centrarnos en el traspaso. Todos los preparativos para la entrega están completos, ¿verdad?” “Todo está listo. Su bando está en posición. En cuanto desembarquemos, nos llevamos todo el ganado. El dinero y las mercancías se intercambian el mismo día. No hay riesgo de complicaciones por retrasos.” “¿Es seguro el punto de entrega? ¿Los guardias de Moncarlo no lo encontrarán?” “No te preocupes. La banda Hookshark es de aquí, de Moncarlo. Conocen cada movimiento de los guardias. Eligieron la mejor ubicación posible. He oído que incluso los guardias cercanos al lugar del trato ya están sobornados. Pase lo que pase, los guardias harán la vista gorda. Lo único que podría preocuparnos son esos fanáticos de la Iglesia.” “¿La Iglesia? ¿Qué pueden hacernos en Moncarlo con su influencia?” “Eso era antes. Ahora las cosas son un poco diferentes. Una monja bastante famosa ha llegado recientemente a Moncarlo para una especie de peregrinación en busca de una reliquia sagrada. Y, para colmo, acaba de llegar hoy. Debido a su visita, se ha reforzado la seguridad en toda la ciudad. Al parecer, va a recorrer la ciudad, y me preocupa que, si se mueve con demasiada libertad, pueda trastocar nuestros planes sin querer…” “¿Una monja? ¿Te refieres a la hermana Vania de la diócesis de Pritt? Sí, últimamente ha causado sensación. Pero dudo que su visita cause muchos problemas; probablemente sea solo una parada rutinaria en Moncarlo. ¿Estamos siendo demasiado precavidos?” “Es difícil decirlo. En fin, una vez en tierra, todos deben estar alerta. Basta de charla, vamos a avisar a la gente y prepararlos para desembarcar.” “Mm…” La conversación dentro de la cabina llegó a su fin. A continuación, se oyeron una serie de pasos cada vez más fuertes. Al oírlos, Dioro comprendió que la gente de dentro estaba a punto de salir. El pánico lo invadió, y de inmediato se dio la vuelta y echó a correr. Sin embargo, tal vez debido a la fuerza de sus movimientos, las personas que estaban dentro oyeron el alboroto. Una voz severa gritó desde el interior. ¿Quién anda ahí fuera? Al oír esto, a Dioro se le aceleró el corazón. Aceleró el paso y salió corriendo de la cabaña. Pero apenas había dado dos pasos cuando una mano enorme le apretó el hombro por detrás. La presión fue tan fuerte que le hizo perder el equilibrio y caer al suelo. Rodó una vez antes de darse la vuelta y vio el rostro furioso del hombre de mediana edad de la Sociedad de los Devoradores de Tripas. “Ah… señor Ander, no oí nada, yo… mmm…” Justo cuando Dioro intentaba explicar, un joven desconocido salió de al lado de Ander. Se inclinó y le tapó la boca con la mano. Dioro ya no podía hablar, solo podía yacer en el suelo y forcejear desesperadamente. Pero el joven lo tenía completamente sometido; no podía moverse en absoluto. Ante los dos hombres que tenía delante, Dioro estaba completamente aterrorizado pero indefenso. Una vez que el joven lo sujetó con firmeza, se volvió hacia Ander y le dijo con voz sombría. “¿Qué hacemos? Creo que esta vaca salvaje oyó todo lo que dijimos…” Ander lo miró fijamente y respondió con gravedad. “Si lo oyó, no podemos dejarlo ir. Si alerta a los demás animales, la cosa se puede poner fea. El ganado no debe saber que va a ser sacrificado antes de ser enviado al mercado… Déjenlo inconsciente. Átenlo y tráiganlo.” Ander había dado su veredicto. En cuanto terminó de hablar, el joven actuó. Dioro sintió un dolor agudo en la nuca; entonces todo se volvió negro. Cayó al suelo, inconsciente. Al ver a Dioro completamente inconsciente, el joven y Ander intercambiaron una mirada. Una leve sonrisa se dibujó en sus labios. El joven rebuscó entre sus pertenencias y sacó una pluma. Tras bajarle la camisa a Dioro para dejar al descubierto su espalda, comenzó a escribir sobre su piel con la pluma. … Pasó el tiempo, y pronto el enorme crucero” guiado por un barco piloto” navegó entre innumerables arrecifes de coral y pequeñas islas, pasando entre islotes fortificados y torres costeras hasta que finalmente llegó a la isla principal del archipiélago de Moncarlo. Entre vítores, los pasajeros de la cubierta de proa del crucero divisaron por fin su destino: Ciudad Moncarlo. Desde allí, se podía apreciar a lo lejos un denso conjunto de rascacielos y un puerto bullicioso y bien organizado. En lo alto de una hilera de rascacielos frente al mar, unas enormes letras con estructura de acero formaban la palabra ivengardiana que significa “Ciudad de las Oportunidades”, una exhibición que denotaba cierta ostentación. Bajo la supervisión de profesionales, el crucero entró en el bullicioso puerto y atracó en un muelle. Al conectarse las rampas de embarque, los pasajeros, bien organizados, comenzaron a desembarcar ordenadamente. Por supuesto, no todos los pasajeros desembarcaron por los medios convencionales. “¡Usted, está usted arrestado por asesinato! ¿Causando disturbios en un barco rumbo a Moncarlo? Debe estar cansado de vivir.” En la cubierta de popa del barco, había varios policías uniformados con cascos de hierro. Un oficial, claramente el líder, esposó a un joven y le habló con tono severo. El joven lo miró con reproche y replicó. “¿Hmph...? ¿Ahora un montón de piratas jugando a ser policías? Solo maté a un borracho bocazas; algo así ni habría causado revuelo en tu ciudad hace unos años. ¿Y ahora me metéis en la cárcel por eso? Bandidos con traje, ¡qué chiste...! ¡Uf!” Antes de que pudiera terminar, el agente le propinó un fuerte puñetazo en el estómago. El impacto hizo que el joven se doblara de dolor y cayera al suelo, retorciéndose de sufrimiento. “¿Sigues respondón, eh? Si me vuelves a hablar así, te voy a dar una buena lección cuando volvamos. ¡Llévenselo!” El agente gruñó e hizo un gesto. Los policías que lo rodeaban obedecieron sus órdenes y se llevaron al joven a rastras. Tras ver cómo se lo llevaban, el jefe de escuadrón se volvió hacia las dos figuras que estaban cerca: el capitán William y el detective Ed. “No esperaba que ocurriera un asesinato en un crucero tan sencillo como este, y menos aún que ustedes mismos atraparan al sospechoso. Es impresionante. Si otros barcos gestionaran sus asuntos así de bien, nos ahorraríamos mucho trabajo.” “Debemos la rápida resolución de este caso enteramente al detective Ed.” El capitán William respondió, volviéndose hacia el hombre que estaba a su lado. Ed respondió con una sonrisa modesta. “No fue nada. Un caso rutinario. Solo estaba haciendo mi trabajo.” “Detective Ed, usted es demasiado modesto.” El capitán William continuó con admiración. “Identificar al culpable con tan solo unos pocos testimonios y un par de listas de pasajeros… ¡verdaderamente revelador!” “Jaja, una vez que la información se recopila y organiza adecuadamente, puede revelar muchas pistas ocultas. Ese tipo de análisis es el pan de cada día de un detective.” Al oír esto, el jefe de la brigada policial se animó con interés. Mirando a Ed, habló con un dejo de entusiasmo. “¿Ah, sí? Así que fuiste tú quien resolvió el caso. Debes tener mucha habilidad para haberlo solucionado tan rápido. Dime, ¿has pensado alguna vez en quedarte en Moncarlo? Aquí tenemos más casos de los que puedas imaginar. Si lo haces bien, puede que incluso llames la atención de algún pez gordo; la riqueza y la gloria no serán un problema. “Jaja, gracias por la oferta, señor, pero soy de Pritt. Vine a Moncarlo solo para viajar un poco. Por ahora no pienso en mudarme al extranjero, pero lo tendré en cuenta si eso cambia alguna vez.” Ed respondió cortésmente, y el jefe de escuadrón, claramente sin tomarse su propia oferta demasiado en serio, agitó la mano con indiferencia. Bueno, ya lo pensaré cuando llegue el momento. En fin, tengo trabajo que hacer. Esa monja famosa de la Iglesia apareció hoy, y de repente tengo más trabajo. En serio, ¿qué tiene de malo quedarse en una capilla rezando? ¿Para qué venir hasta un sitio como Moncarlo sin motivo alguno…? Refunfuñó, visiblemente irritado. El capitán William, intrigado, preguntó con curiosidad. “¿Una monja? ¿Podría ser la enviada de la Iglesia de Addus, la hermana Vania? ¿Ya ha llegado?” “Sí… está aquí. Allá. Esa monja princesita insistió en hacer un tour por la ciudad antes de registrarse en su hotel. Es una verdadera lata.” Mientras se quejaba, el jefe de escuadrón levantó la mano y señaló a lo lejos. Allí, atracado en el puerto que indicó, había un barco con la bandera de la Iglesia. En el muelle contiguo se encontraba una guardia de honor ceremonial, una banda de música tocaba alegremente y multitudes de curiosos se congregaban en tropel: una estampa innegablemente festiva. Al ver cómo se desarrollaba la escena, Ed suspiró con emoción. “Hermana Vania, la estrella en ascenso de la Iglesia… trayendo reliquias sagradas a esta ciudad de deseo. Me pregunto cuánto pecado espera purificar aquí.” … Buenas tardes, Moncarlo. En un callejón apartado de las calles principales de la extensa ciudad de Moncarlo, se alzaba una pequeña taberna escondida. En su entrada, varios hombres fornidos montaban guardia. Su piel desnuda lucía tatuajes de tiburones atravesados por ganchos de hierro. Los peatones que pasaban instintivamente mantenían la distancia al ver los tatuajes. Sabían lo que significaban esas marcas. En Moncarlo, solo un tipo de personas las llevaban: los miembros de una de las bandas más notorias de la ciudad: la Banda Hookshark. No lejos de la entrada de la taberna, un gran carruaje negro estaba estacionado, custodiado por varios hombres. Dentro de la taberna, fuertemente vigilada, se estaba gestando un siniestro trato. En el salón, tenuemente iluminado, varios hombres y mujeres yacían atados y amordazados en el suelo, forcejeando aterrorizados. Pero cada uno estaba firmemente sujeto por dos o tres miembros de la Banda del Tiburón, haciendo inútiles sus esfuerzos. Los miembros de la banda extraían sangre de los cautivos con jeringas y la analizaban inmediatamente allí mismo. Tras un frenético trabajo, el alquimista de la banda obtuvo los resultados y se apresuró a la barra para informar a un hombre corpulento sentado allí, vestido con chaqueta y pantalones de cuero, sombrero de cuero y con una cicatriz en la cara. “Señor Glass, estos productos están en regla. Todos son ganado de pura raza de primera calidad…” El alquimista presentó su informe. Glass asintió tras escucharlo, dio una profunda calada al cigarrillo que tenía en la boca y exhaló una nube de humo. Luego se volvió hacia el miembro de la Sociedad de los Devoradores de Tripas sentado frente a él” Ander” y preguntó. “La mercancía está bien, pero ¿por qué solo hay cinco aquí? ¿Dónde está el resto?” “El resto está en el vagón de afuera. Estas son solo muestras para pruebas. Una vez que se haya efectuado el pago, traeré las demás.” Ander respondió con calma, imperturbable ante el humo de Glass. Glass insistió. “¿Cuántos más hay en el vagón?” “Siete.” “¿Siete? Eso hace un total de doce. ¿No se suponía que eran trece?” “Uno murió en el trayecto. Hubo un accidente. La sangre del cadáver se habría echado a perder antes de que pudiéramos procesarla, así que la arrojamos al mar. Ya sabes cómo son las cosas, Segundo Jefe Glass: las pérdidas durante el transporte largo son normales.” El tono de Ander se mantuvo neutral. Glass arqueó ligeramente una ceja y luego respondió. “Las pérdidas son normales, claro. Pero deducir un poco por la pérdida también es normal. Lo siento, pero no podemos pagar la cantidad total acordada. ¿Qué le parece esto?” Glass fijó su precio. En este contexto, el lir era la moneda de Ivengard: 10 000 lir equivalían a unas 375 libras. Cada res de sangre valía alrededor de 250 libras. (Nota del traductor: El texto original es confuso/erróneo en esta parte, así que lo modifiqué ligeramente basándome en algunas cifras y realizando cálculos básicos. Si el tipo de cambio cambia en capítulos posteriores, este es el correcto). “Sesenta mil… Eso es demasiado, Segundo Jefe Glass. Solo nos falta uno, ¿y estás recortando veinte mil liras? ¿No es un poco excesivo?” La expresión de Ander se volvió severa al objetar. Pero Glass permaneció imperturbable y respondió. “¿Excesivo? Bah… Estoy siendo generoso. Debes entender que Moncarlo va a estar más ocupado de lo normal estos días. Ya he aceptado muchísimos pedidos. Que te falte tan solo uno afecta a nuestro stock y provoca incumplimientos de contrato. El daño a nuestra reputación es incalculable. Cobrarte esta pequeña penalización ya es indulgente, por respeto a nuestra larga colaboración.” “El número de pedidos que hayas aceptado es asunto tuyo, no mío. Yo solo conozco la regla: pago completo por doce caras. ¡Ni un céntimo menos!” Ander replicó bruscamente, rechazando la exigencia. El rostro de Glass se ensombreció. Apagó el cigarrillo y respondió con aún más vehemencia. Mientras las negociaciones comerciales se tensaban en el interior, en el carruaje negro frente a la taberna, siete personas yacían atadas en el espacioso interior. Drogadas y debilitadas, estaban desplomadas e indefensas. Eran los últimos reductos que Ander había dejado deliberadamente afuera, y entre ellos estaba Dioro. Desde que recuperó la consciencia, Dioro había estado luchando por liberarse de las cuerdas que lo ataban. Mientras vigilaba atentamente el exterior, no había dejado de intentar desatar los nudos. Gracias a lo que había escuchado a escondidas, Dioro ahora comprendía perfectamente qué clase de personas eran en realidad los supuestos “Enviados” y cuáles eran sus verdaderas intenciones al llevarlo ante Moncarlo. Impulsado por la desesperación, forcejeó con más ahínco contra sus ataduras. Extrañamente, entre los cautivos del vagón, parecía ser el único que conservaba fuerzas. Los demás yacían inertes, incapaces solo de girar los ojos con impotencia. “¡Vamos… un descanso…!” Impulsado por su pura voluntad, Dioro dio un último empujón y, de repente, la cuerda que lo sujetaba al carruaje se rompió. Una oleada de euforia lo inundó. Se tranquilizó rápidamente. Asomándose por la ventanilla del carruaje, observó con atención los alrededores. Tras inspeccionar la situación varias veces, confirmó que el único camino sin vigilancia era el callejón frente al carruaje; esa era su oportunidad. Dioro respiró hondo, abrió de golpe la puerta del carruaje y salió disparado. Sin dudarlo, corrió hacia aquel estrecho sendero de escape. ¡Alto! ¡No corras! Un grito resonó a sus espaldas. Pero Dioro no iba a detenerse ahora. Se esforzó al máximo, corriendo con todas sus fuerzas. Detrás de él, oyó el retumbar de pasos: sus perseguidores estaban cerca. Corrió sin parar por los callejones laberínticos de Moncarlo. Cada vez que se encontraba ante una bifurcación, un camino quedaba bloqueado por un accidente o aparecía de repente otro perseguidor. Obligado a tomar las únicas rutas disponibles, Dioro siguió adelante. Finalmente, cuando el cansancio lo venció, milagrosamente salió de los callejones y llegó a una bulliciosa avenida principal llena de gente. Y allí mismo, en la acera no muy lejos de él, se alzaba una figura blanca que inmediatamente captó la atención de Dioro. Rodeada de una multitud y varios guardias, una hermosa joven vestida con un hábito blanco de monja conversaba con alguien mientras admiraba el paisaje urbano. En cuanto la vio, la conversación que había escuchado antes le vino a la mente a Dioro con toda nitidez. Sin pensarlo dos veces, corrió hacia la monja, agitando los brazos y gritando. ¡Ayuda! ¡Por favor, ayúdenme!
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Estás leyendo el capítulo 558 de El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela), un novela. En medio del vapor de la revolución industrial, los misterios surgen bajo la superficie. Las sectas y las sociedades secretas buscan lo extraordinario en las sombras, mientras que los dioses ocultos contemplan a la… Este capítulo tiene publicado el 17 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli, Nishino. El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela) tiene 828 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.