arrow_back

Leer El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela) Capítulo 551 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli, Nishino✍️ Traducción: Crowli, Nishino
En el vasto e infinito mar, tres buques de guerra con un inconfundible diseño eclesiástico surcaban las aguas iluminadas por el sol. Entre ellos navegaba una embarcación común que portaba la bandera de la Iglesia, escoltada por el trío de navíos militares. De pie en la cubierta del barco que la escoltaba, Vania” vestida con un hábito blanco de monja” miraba hacia el viento que azotaba el mar. Contempló el océano a lo lejos, con una expresión que denotaba cierta melancolía. “Tras un descanso tan prolongado… por fin volvemos a partir. Esta vez, nuestro destino es la tierra que Aka me indicó. ¿Qué me encontraré allí?” Observando a las gaviotas blancas volar bajo junto al barco, la monja vestida de blanco reflexionó en silencio. En ese momento, un hombre con uniforme militar de la Iglesia se le acercó y le habló. “Hermana Vania, el mar está picado y el viento sopla fuerte. Es un poco peligroso permanecer en cubierta. Por favor, regresa a tu camarote y descansa un poco; necesitarás energías para las actividades cuando lleguemos a Moncarlo.” Al ver a la monja que tenía delante, Gaspard le ofreció su consejo. Vania giró la cabeza y respondió con dulzura. “Gracias por tu preocupación, hermano Gaspard. Vuelvo enseguida, un momento más. Por cierto, ¿cómo va tu lesión? Si todavía te sientes mal, no te esfuerces en seguir de servicio.” “Gracias a ti, Hermana Vania, mi lesión se ha estabilizado casi por completo. No es nada grave. Ja, si no fuera por esas bestias de la Inquisición, nos habríamos recuperado del todo hace mucho tiempo. Eran peores que los herejes.” Mientras hablaba, Gaspard se frotó el brazo, sintiendo el dolor persistente de sus heridas. Incluso ahora, al recordar aquellos días a bordo del Azote de la Llama, el resentimiento lo invadía. Vania habló entonces en el momento oportuno. “Fue gracias a todos ustedes, que se mantuvieron firmes en la verdad y permanecieron fieles a pesar de la tortura, que tuve la oportunidad de limpiar mi nombre y reclamar mi inocencia…” “No fue nada. Esas bestias blasfemas cometieron actos inhumanos; no podíamos permitir que se salieran con la suya. Todos luchamos junto a ti en Addus contra la herejía. No nos dejamos abatir tan fácilmente por las sombras de la Iglesia. Siempre creí que la verdadera justicia existe dentro de la Santa Iglesia, y que los creyentes sinceros no serían vencidos por las conspiraciones. Al final, fuiste tú quien nos trajo la salvación, Hermana Vania.” La voz de Gaspard resonó con convicción. Vania respondió con humildad. “Yo no hice mucho… Quien nos salvó fue la ley justa inherente a la Iglesia; fue la bendición del Señor.” Al ver la expresión piadosa de Vania, Gaspard asintió. Luego, como si recordara algo, añadió. “En realidad… mientras nos torturaban en el Azote de la Llama, recuerdo que, a pesar de lo terribles que parecían los castigos, no dolieron tanto como esperaba. Aquellos días fueron agonizantes, sí, pero nunca hasta el punto del colapso total… Me pregunto si fue la mano invisible del Señor protegiéndonos, dándonos fuerza en nuestro injusto sufrimiento. Quizás todo fue una prueba, y si así fue, espero que la hayamos superado.” Contemplando las olas embravecidas, la expresión de Gaspard se tornó solemne, cargada de fe. Al oír sus palabras, Vania se quedó momentáneamente paralizada, sumida en sus pensamientos. “En efecto” reflexionó. “Fue protección divina, pero no de los Tres Santos. Había sido Aka, y más precisamente, la señorita Dorothea, una de las apóstoles de Aka, quien los había protegido secretamente mediante las Marcas de Marioneta que había implantado en sus cuerpos.” “Sí… Si siempre hemos permanecido fieles en nuestra devoción, el Señor nunca nos abandonará…” Vania compartió esta reflexión en voz alta y la siguió con una breve oración. Gaspard, conmovido por el ambiente, inclinó la cabeza y también oró. Al concluir sus oraciones, se volvió hacia Vania una vez más. “Por cierto, hermana Vania, hay otra cosa que quería preguntarle: ¿por qué eligió Moncarlo para su primera peregrinación? A simple vista puede parecer una tierra tocada por la luz divina, pero su corrupción es bien conocida. Es un lugar peligroso…” Con tono serio, Gaspard expresó su preocupación. Vania respondió con voz serena y devota. Precisamente porque Moncarlo alberga rincones oscuros donde la luz ordinaria no llega, es digno de ser lugar de peregrinación. El propósito de una peregrinación de reliquias es llevar el resplandor de la sagrada reliquia a quienes se encuentran al margen de la gracia del Señor, para que sientan su llamada. Por eso, a mi parecer, Moncarlo es un lugar que merece ser visitado. Si nos contentamos con la paz y la comodidad, la peregrinación pierde su sentido. Que el Señor nos acompañe en nuestro camino. Frente al vasto mar, Vania volvió a orar con profunda sinceridad. Gaspard, al oír sus palabras, quedó profundamente conmovido por su fe inquebrantable. En silencio, decidió redoblar sus esfuerzos para cumplir con sus deberes como su escolta. … Al mismo tiempo, al otro lado del vasto Mar de la Conquista, a través de la misma extensión oceánica interminable, un crucero mediano blanco y negro navegaba sobre las aguas. Su gran casco cortaba las olas bajo el sol, dejando una larga estela mientras se dirigía hacia el este. En la espaciosa cubierta de popa del barco, muchos pasajeros bien vestidos disfrutaban de la brisa marina y del océano abierto. Algunos descansaban plácidamente en mesas de comedor fijadas a la cubierta, comiendo cómodamente. Otros, con más tiempo libre, se habían reunido cerca de la barandilla para pescar desde los altos costados del barco con sus propias cañas, rodeados de curiosos observadores. Sentada en un asiento de la cubierta trasera, Dorothy vestía un ligero vestido hasta la rodilla, un sombrero de sol y sandalias. Disfrutaba tranquilamente del paisaje marino mientras picoteaba la fruta dispuesta sobre la mesa frente a ella. De vez en cuando, su mirada se desviaba hacia el periódico que tenía en la mano. En él aparecían titulares recientes sobre la estrella en ascenso de la Iglesia, la Hermana Vania, que anunciaban su nombramiento como Enviada Portadora de Reliquias y el inicio de su primera peregrinación a Moncarlo. “La hermana Vania se convierte en portadora de una reliquia sagrada: primera peregrinación a la capital del juego de Moncarlo, en busca de llevar la gracia a la tierra del deseo.” “Moncarlo, otrora ciudad pirata, acogerá su primera peregrinación en busca de una reliquia sagrada: ¿Podrá el resplandor de la reliquia calmar los pecados inquietos de la codicia?” “La primera elección de peregrinación de la hermana Vania refleja su resolución de difundir el llamado del Señor a todos los rincones: bajo la luz del Señor, no hay límites…” La mirada de Dorothy recorrió los artículos y comentarios sobre las acciones de Vania, deteniéndose repetidamente en el nombre de la ciudad: Moncarlo. Tras terminar la fruta tropical de forma extraña que tenía en la mano, cerró el periódico y suspiró para sus adentros. “Moncarlo… Parece que este lugar no tiene la mejor reputación en la sociedad en general. No es de extrañar que la reacción de los medios ante la elección de Vania como primera parada de su peregrinación fuera más fuerte de lo esperado.” Tras pensarlo un poco, Dorothy peló un plátano y empezó a comer despacio. Mientras comía, su mente repasaba la información que había recopilado sobre Moncarlo” gran parte de la cual provenía de Beverly”, que incluía tanto lo mundano como lo secreto. Moncarlo era una ciudad portuaria situada en una isla al este del Mar de la Conquista. Era un centro de libre comercio independiente. A pesar de ser un puerto comercial, no se encontraba en las principales rutas comerciales entre el Continente Principal y el norte de Ufiga. De hecho, estaba bastante apartado. Sin embargo, a pesar de ello, siguió siendo uno de los puertos más prósperos de la región. ¿Por qué? Porque Moncarlo era la mayor zona gris del Mar de la Conquista, sirviendo como importante punto de tránsito para muchos comercios místicos y como la mayor ciudad de juego legal de la región, ganándose su apodo: la Ciudad de los Jugadores. Hablar de Moncarlo es hablar de su fundador: el infame pirata Edward Gibbs. Hace cuatrocientos años, durante la Guerra de la Corriente Corrupta, el arrogante rey Leo de Ivengard, apoyado por el Culto del Nacimiento Posterior, lanzó una guerra contra la Iglesia de la Radiación y sus naciones protectoradas. La guerra comenzó en Ivengard, pero finalmente se extendió hasta las puertas del Monte Sagrado y a través del Mar de la Conquista. Este caos destrozó el orden en toda la región y dio lugar a una explosión de piratería. Tras la derrota de Leo y sus aliados, la Iglesia se dedicó de inmediato a sofocar el problema de la piratería. Pero pronto se dieron cuenta de que no era algo que pudiera resolverse rápidamente; en cierto modo, era más difícil que la propia guerra. Al principio, la Iglesia se alió con poderosas naciones navales del Continente Principal y desplegó flotas y combatientes de élite para aniquilar a los piratas más infames, dotados de habilidades místicas. En poco tiempo, eliminaron a la mayoría de los principales líderes piratas. Pero la piratería no cesó. Los piratas de poca monta siguieron proliferando. Estas tripulaciones piratas menores” muchas de las cuales no contaban con ningún Beyonder entre sus filas” representaban más del 80 % del total de piratas y eran la verdadera raíz de la plaga pirata. Incluso cuando las armadas de la Iglesia ganaban todas las batallas, no podían hacer frente a su enorme número. El coste en mano de obra, recursos y espiritualidad era inmenso, y aun así, el problema persistía. Finalmente, la Iglesia analizó la causa fundamental y descubrió que el aumento de la piratería provenía de civiles desplazados de las naciones derrotadas en la guerra, quienes temían las purgas extremistas de la Iglesia. Debido a la amplia influencia del Culto del Nacimiento Posterior” en particular la Iglesia Abisal” en Ivengard y sus alrededores, la Iglesia llevó a cabo brutales “órdenes de purificación” durante la guerra, arrasando ciudades y masacrando herejes. Muchos inocentes quedaron atrapados en el fuego cruzado. Poblaciones enteras huyeron, no necesariamente por ser herejes, sino por temor a ser tachados de tales. Estos incontables refugiados de guerra” mucho más numerosos que el ejército original de Leo” huyeron a las islas del Mar de la Conquista o al norte de Ufiga. Para sobrevivir, muchos recurrieron a la piratería. Exsoldados, nobles desplazados y refugiados desesperados formaron nuevos grupos piratas, uniendo fuerzas con piratas nativos para sumir la región en el caos absoluto. Saqueaban barcos mercantes y asentamientos costeros. En un momento dado, el comercio entre el norte de Ufiga y el Continente Principal estuvo a punto de paralizarse. Lo que comenzó con la Guerra del Arroyo Corrupto no terminó con el fin de la guerra. De hecho, la piratería empeoró. La represión religiosa de la Iglesia tras la guerra, para prevenir un resurgimiento de la herejía, avivó aún más la situación. La Iglesia estableció numerosos tribunales inquisitoriales en las naciones derrotadas. Los inquisidores de herejía recorrían las calles, arrestando a personas con cargos infundados o inventados. Esto dio paso a un siglo de terror religioso. Durante este período, innumerables personas huyeron por mar para escapar de la persecución, y también se convirtieron en nuevas víctimas de la piratería. Aprovechando la oportunidad, la derrotada Iglesia Abisal intervino. Contactaron con líderes piratas y grupos de refugiados, reclutándolos en secreto. Utilizaron su poder místico en el mar para ayudar a los señores piratas a eludir a las fuerzas de la Iglesia, alertándolos sobre movimientos navales e incluso manipulando las corrientes oceánicas para que pudieran ocultarse. Con el respaldo de la Iglesia Abisal y otros remanentes del Culto del Nacimiento Posterior, los señores piratas comenzaron a fortalecerse, no solo sobreviviendo a las represiones de la Iglesia, sino prosperando. Algunos incluso alcanzaron niveles de poder de rango Carmesí. La era de la piratería llegó a su fin debido a un cambio de política dentro de la Iglesia. Cuando se hizo evidente que los remanentes abisales estaban utilizando a los piratas como plataforma para resurgir, el liderazgo de la Iglesia comenzó a reconsiderar su postura intransigente. La otrora dominante facción de los Inquisidores, que no había logrado resolver el problema de la piratería, perdió influencia. La Facción de la Redención, más moderada, aprovechó la oportunidad. Cuando el Papa regresó del Reino Superior, utilizaron la reunión del Gran Concilio Cardenalicio para arrebatar el control a los Inquisidores y hacerse cargo de la política antipiratería. La Facción de la Redención impulsó la derogación de las políticas religiosas extremistas que habían asolado Ivengard y otras naciones devastadas por la guerra. Cerraron numerosos tribunales inquisitoriales, liberaron a miles de prisioneros acusados con cargos dudosos y, en poco tiempo, concedieron la amnistía a más de 300.000 personas. También emitieron un indulto para toda la Iglesia, anunciando a todos los piratas y asentamientos del Mar de la Conquista que cualquiera que volviera a la fe de los Tres Santos sería absuelto de sus pecados y los de sus antepasados” por muy graves que fueran” siempre y cuando se arrepintieran. Este indulto tuvo efecto inmediato. La amenaza pirata se desvaneció de la noche a la mañana. Los refugiados dejaron de huir. Decenas de miles de los llamados “pecadores” que vivían en el norte de Ufiga y las islas del Mar de la Conquista comenzaron a regresar a sus hogares. Para la mayoría, lo único que deseaban era un lugar seguro donde vivir. Al quedarse sin hombres, la Iglesia, bajo el mando de la Facción de la Redención, centró su atención en los líderes piratas restantes. Mediante la diplomacia y la división, sembraron la discordia entre los piratas y la Iglesia Abisal. Algunos piratas fueron reclutados; otros, perseguidos. Finalmente, las fuerzas piratas del Mar de la Conquista fueron aniquiladas. Aunque la Guerra de la Corriente Corrupta duró apenas unos años, sus consecuencias fueron inmensas. Desde el siglo X hasta finales del siglo XII del calendario sagrado, la piratería asoló los mares. Esta llamada Era de la Piratería terminó finalmente con las reformas internas de la Iglesia. El último pirata en rendirse no fue otro que Edward Gibbs. ¿Y Moncarlo? Aquella había sido su base, una ciudad construida meticulosamente por piratas. Tras su rendición, la ciudad pirata comenzó a evolucionar con los tiempos.
El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela)

Continúa leyendo

El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela)

Capítulo 552

Siguiente Capítulo ›

El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela) Capítulo 551

Estás leyendo el capítulo 551 de El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela), un novela. En medio del vapor de la revolución industrial, los misterios surgen bajo la superficie. Las sectas y las sociedades secretas buscan lo extraordinario en las sombras, mientras que los dioses ocultos contemplan a la… Este capítulo tiene publicado el 17 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli, Nishino. El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela) tiene 828 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.