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Leer El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela) Capítulo 530 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli, Nishino✍️ Traducción: Crowli, Nishino
Addus occidental, Dorsa. La noche había caído sobre Dorsa. La oscuridad y el silencio se extendieron por la ciudad mientras la brisa vespertina soplaba suavemente. Toda la ciudad estaba sumida en la oscuridad de la noche, con solo unas pocas luces dispersas parpadeando. Mientras la mayor parte de la ciudad yacía sumida en una tranquila penumbra, en una casa a las afueras, una luz seguía encendida. Dentro, un golpeteo rítmico resonaba constantemente. En una larga mesa en un rincón de la habitación, dos hombres de Ufigard del Norte, ataviados con túnicas, estaban encorvados sobre varios cables conectados a un dispositivo mecánico dispuesto sobre la mesa. Los dos hombres se afanaban en realizar ajustes, mientras que detrás de ellos permanecía de pie un joven blanco del Continente Central, también con túnica. Seguía inmóvil, con expresión tensa, esperando algo. “Señor Khurashi… ha llegado una respuesta de Karnak.” De repente, uno de los hombres con túnica que estaban sentados a la mesa se puso de pie, sosteniendo una hoja de papel, y se dirigió al joven. Al oír el mensaje, el joven llamado Khurashi se iluminó y enseguida preguntó: “¿Qué dijeron?” “La respuesta de Karnak confirma que han recibido información sobre los movimientos de Adan para mañana por la mañana. Prepararán una emboscada. Además… con respecto a tu mensajero espiritual, Karnak informó que ningún espíritu llegó allí esta tarde. Parece que tu mensajero no llegó a su destino.” El hombre de túnica prosiguió su informe. Al oír que Karnak había recibido la información, Khurashi se relajó visiblemente, exhalando levemente. Pero cuando supo que su mensajero espiritual no había llegado, frunció el ceño de inmediato. “¿No llegaste a Karnak…? Eso significa que algo salió mal a mitad de camino. ¿Qué sucedió? ¿Fue atacado por una criatura con forma de alma en el Reino Etéreo? ¿O acaso Adán descubrió espías en la ciudad y plantó espíritus en el Reino Etéreo como contramedida?” Mientras reflexionaba, Khurashi repasó mentalmente todas las posibilidades. Estaba convencido de que algo le había sucedido al espíritu en el Reino Etéreo: o bien había sido interceptado por los agentes espectrales de Adan, o atacado por alguna entidad malévola que acechaba en el vacío. A Khurashi le parecía improbable que el propio Adan hubiera interceptado al mensajero. La proyección de Dorsa en el Reino Etéreo era inmensa, y el alcance de percepción de un solo fantasma era limitado. Vigilar un espacio tan amplio requeriría desplegar un gran número de fantasmas. Pero Khurashi ya había inspeccionado la proyección etérea de Dorsa y no había encontrado ninguna señal de ello. Sin duda, Adan no tenía la capacidad para desplegar tantos. Así pues, concluyó que su mensajero probablemente había sido víctima de una aberración etérea hostil: algún espíritu maligno que vagaba por las grietas entre los planos físico y espectral. “Así que probablemente fue solo un accidente… El mensajero debió de ser emboscado por algún espectro malicioso en el camino. No debería ser obra de Adán. Si lo fuera, habría tenido que inundar toda la proyección etérea sobre Dorsa con espíritus de vigilancia, o conocer mi ubicación exacta en el mundo real y mapearla con precisión en la capa etérea, para luego tenderme una emboscada…” “Pero si Adán supiera mi ubicación exacta en Dorsa, no estaría aquí todavía. Ya habría asaltado este lugar con sus tropas.” Khurashi razonó así, luego caminó lentamente hacia un lado y tomó una taza de té. Pero justo cuando se llevó la taza a los labios, de repente, se produjo un cambio drástico. “¡———!!!” Sin previo aviso, los sentidos espirituales de Khurashi, inmersos en el sendero del Silencio, fueron asaltados por un chillido agudo y penetrante. Era un sonido que ninguna persona común podría oír: el grito de alarma de un fantasma centinela que había apostado fuera de la casa segura. ¡Era su fantasma personal dando la alarma! Al oír esto, a Khurashi se le heló la sangre. Su expresión cambió drásticamente. Le tembló la mandíbula y, sin dudarlo un segundo, se giró bruscamente y les gritó a los dos subordinados vestidos con túnicas. ¡Nos han descubierto! ¡Quemen los archivos! ¡Evacúen! ¡Dispersaos y huid por separado! En cuanto habló, Khurashi corrió hacia la mesa, agarró una botella de queroseno y la roció sobre la pila de documentos que había encima. Luego sacó una caja de cerillas de entre sus ropas, encendió una y la arrojó sobre los papeles empapados. En un instante, las llamas estallaron y comenzaron a propagarse rápidamente. Con el fuego encendido, Khurashi corrió hacia la pared, abrió de golpe una ventana y saltó, desapareciendo en la noche. Los dos hombres con túnicas que se encontraban en la habitación intercambiaron una breve mirada y enseguida reaccionaron, lanzándose cada uno por una ventana distinta. Tras ellos, el fuego envolvió rápidamente la habitación. Uno de los hombres encapuchados aterrizó en un callejón estrecho y sucio, sin dudarlo. Al tocar el suelo, echó a correr. Pero justo al doblar una esquina, una silueta alta y oscura surgió del lado opuesto y se abalanzó sobre él. El hombre no tuvo tiempo de reaccionar y fue derribado con fuerza al suelo por una fuerza abrumadora. Atrapado bajo la figura, el hombre encapuchado forcejeó frenéticamente por liberarse. Pero entonces una sensación de dolor insoportable, como nunca antes había sentido, le recorrió el cuerpo. Todo su cuerpo se convulsionó incontrolablemente. En cuestión de segundos, empezó a echar espuma por la boca. Su cabeza se ladeó y perdió el conocimiento. Tras perder el conocimiento, la imponente figura se elevó lentamente desde encima del hombre. Contemplando al inconsciente, rebuscó entre sus ropas y sacó… un sello. … Al otro lado, Khurashi, tras saltar por la ventana, echó a correr a toda velocidad hacia las afueras de la ciudad. Debido a la pobreza generalizada, en Dorsa apenas se encendían farolas por la noche, y Khurashi se vio corriendo por calles en penumbra, con la luz de la luna como única iluminación. Con zancadas rápidas, se abrió paso a toda velocidad por los estrechos callejones, dirigiéndose rápidamente hacia las afueras de la ciudad sin encontrar obstáculo alguno. Sin embargo, mientras corría, su mente estaba llena de frustración y confusión: ¿cómo habían descubierto su ubicación? ¿Dónde se había producido la brecha? El camino seguía abierto y despejado, pero Khurashi no bajó la guardia. Permaneció en alerta máxima, atento a cualquier ataque repentino, y con razón. Poco después, cayó en una emboscada. Justo al llegar a una intersección de cuatro caminos, una figura que lo esperaba al acecho surgió repentinamente por la derecha y se abalanzó sobre él. Khurashi reaccionó al instante, esquivando el ataque. Acto seguido, sin dudarlo, sacó dos dagas del bolsillo de su abrigo y las arrojó hacia el atacante, clavándolas con precisión en puntos vitales. La figura dejó escapar un grito y se desplomó al suelo, inmóvil. Aunque había logrado neutralizar al atacante, Khurashi no tuvo tiempo de respirar aliviado antes de que una silueta mucho más grande apareciera de repente detrás de él y se abalanzara sobre él. Esta vez, no pudo esquivarlo y fue atrapado por la espalda en un poderoso abrazo de oso, quedando completamente inmovilizado. Intentó liberarse, pero se dio cuenta de que el agarre era mucho más fuerte de lo que esperaba; sus esfuerzos eran inútiles. Reaccionando con rapidez, Khurashi sujetó los brazos del atacante. En ese instante, sus habilidades del Sendero del Silencio se activaron y unas motas negras comenzaron a extenderse velozmente por el brazo del atacante, recorriendo su cuerpo como una enfermedad invasiva. A medida que las motas se apoderaban de él, su fuerza disminuía, debilitándose visiblemente. Al sentir que el agarre se aflojaba, Khurashi reanudó sus esfuerzos por liberarse. Pero en ese instante, varias figuras corpulentas irrumpieron desde distintas direcciones en la intersección. Khurashi, a punto de escapar, fue superado en número, inmovilizado en el suelo por varios atacantes, completamente aprisionado. Por mucho que forcejeó, fue inútil. “¡Maldita sea… ¿Cómo puede haber tantos?!” Khurashi, tendido contra el suelo, sintió la fuerza aplastante de unas manos que le apretaban la espalda. La presión era inmensa, tanta que se le desgarró la piel y la sangre brotó de profundas heridas. El dolor era intenso. Indefenso y atrapado, la desesperación se apoderó de él, cuando de repente, un sonido agudo y ensordecedor resonó en la noche. ¡Bang! ¡Bang! ¡Bang! Los disparos resonaron en el cruce. Uno tras otro, los que sujetaban a Khurashi cayeron abatidos, desplomándose con gemidos. Liberado de su agarre, Khurashi se puso de pie de inmediato y se giró” entre el persistente olor a pólvora” para ver a un hombre con túnica, conocido suyo, al otro lado de la intersección, con un revólver humeante en la mano, apuntando a sus atacantes. Era uno de sus subordinados, el mismo hombre que acababa de abatir a todos los asaltantes que lo retenían. Khurashi miró a la figura con sorpresa. ¡Corran! ¡Hay más! ¡Sepárense! El hombre encapuchado gritó antes de salir corriendo hacia una de las direcciones de la intersección y desaparecer entre las sombras. Khurashi se quedó paralizado un instante, luego se giró y huyó en dirección opuesta. Su figura se desvaneció rápidamente en la oscuridad al final de la calle. Una vez que Khurashi desapareció por completo, el silencio se apoderó del cruce de caminos. Solo quedaban varios cadáveres en el suelo y sangre salpicada; nada parecía diferenciar la escena de lo que había sido momentos antes. Pero entonces, desde un extremo de la calle, reapareció una figura. Era el mismo hombre encapuchado que acababa de “huir” del lugar. Tras ayudar a Khurashi, se había marchado corriendo, solo para regresar ahora a paso lento, caminando de vuelta hacia la intersección. Al llegar, se quedó de pie con las manos a la espalda, observando la escena con calma. Ante él, los atacantes, que parecían muertos, comenzaron a levantarse, resucitados e ilesos. La expresión del hombre no cambió en lo más mínimo. En cambio, esbozó una leve sonrisa burlona. Los atacantes, ya recuperados, le devolvieron la misma sonrisa, idéntica en cada detalle. Tras un breve y silencioso momento de mutuo reconocimiento, todos se volvieron al unísono, mirando hacia el sendero por donde Khurashi había desaparecido. Sus expresiones permanecieron fijas, inmutables e impasibles. … Tras ser “rescatado” por su subordinado, Khurashi huyó sin detenerse. Salió disparado de Dorsa y llegó a las afueras de la ciudad, donde le esperaba un establo apartado y preparado con antelación. Allí, tomó un caballo enjaulado, montó rápidamente y, al amparo de la noche, partió a toda velocidad, alejándose de Dorsa. En el desierto abierto, el viento aullaba. Khurashi galopaba en la oscuridad, dejando tras de sí el resplandor de la ciudad que se desvanecía rápidamente hasta desaparecer de su vista. Tras cabalgar durante buena parte de la noche por el desierto desolado, comenzó a aminorar la marcha. Alzando la vista al cielo del desierto, usó su visión espiritual para observar los espectros flotantes que se desplazaban en el aire. Verlos le trajo alivio. La tensión que lo había atenazado toda la noche comenzó a disiparse. Metió la mano entre sus ropas y sacó un hueso como amuleto, luego espoleó a su caballo, adentrándose directamente en el páramo custodiado por los no muertos. Sin embargo, los muertos no le impidieron el paso. Los no muertos que vigilaban aquella región parecían ajenos a su presencia. No le advirtieron, no mostraron hostilidad. Y así, Khurashi cabalgó entre los muertos, sin interrupción, directamente hacia Karnak, la ciudad que protegían. Lo que Khurashi ignoraba, sin embargo, era que no estaba solo. Bajo su ropa, en la piel de su espalda, se apreciaban unos leves rasguños: pequeñas marcas, casi imperceptibles, hechas durante el asalto en Dorsa. Cuando varios atacantes lo inmovilizaron, uno de ellos utilizó un objeto afilado, similar a una aguja, para grabarlas en su piel. En medio del caos y el pánico, y entre las numerosas heridas en su espalda, estas minúsculas marcas habían pasado completamente desapercibidas. Y así Khurashi continuó su camino, ajeno a todo, a través del inmenso desierto oscuro, viajando junto a los muertos, hacia la ciudad de Karnak que custodiaban. Y todo lo que veía a su paso se transmitía directamente a los ojos de Dorothy. En ese instante, Dorothy estaba sentada en lo alto de una torre en Dorsa, contemplando el lejano paisaje nocturno. Khurashi, mucho más allá de su campo de visión, llevaba consigo, sin saberlo, su visión, transportándola a un lugar al que de otro modo no podría llegar. Sin darse cuenta, se había convertido en el agente infiltrado perfecto. Lo que Khurashi jamás podría haber imaginado fue esto: Puede que haya sido un espía en Dorsa, pero lo seguiría siendo en Karnak.
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El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela) Capítulo 530

Estás leyendo el capítulo 530 de El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela), un novela. En medio del vapor de la revolución industrial, los misterios surgen bajo la superficie. Las sectas y las sociedades secretas buscan lo extraordinario en las sombras, mientras que los dioses ocultos contemplan a la… Este capítulo tiene publicado el 17 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli, Nishino. El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela) tiene 828 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.