Leer El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela) Capítulo 518 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli, Nishino✍️ Traducción: Crowli, Nishino
Costa sur del Mar de la Conquista, Kankdal.
Por la tarde, en lo profundo de una zona boscosa a las afueras de Kankdal, se alzaba una construcción humana, acurrucada bajo las amplias hojas de densas palmeras: una pequeña villa ricamente decorada con un patio. Desde fuera, parecía la finca de una familia adinerada de Kankdal.
En el patio había fuentes y árboles esculpidos. En aquel entorno tranquilo, varias patrullas uniformadas vigilaban el recinto. Dos guardias custodiaban la puerta principal, con semblante serio, firmes en su deber de proteger el acceso.
Dentro de la villa fuertemente custodiada, en el tercer piso del edificio principal, una mujer estaba sentada en una de las habitaciones. Aparentaba tener unos veinte años, vestía ropa de colores sencillos, tenía el pelo castaño rizado hasta los hombros y la piel amarillenta; no era originaria del norte de Ufiga, sino que sus rasgos eran más propios de alguien del Nuevo Continente.
La habitación que ocupaba no tenía ventanas, salvo una claraboya que dejaba entrar la luz. Solo contenía una cama y una mesa; nada más. La mujer estaba sentada en la cama, encorvada, con la mano agarrando la cabeza, los ojos muy abiertos y el rostro pálido, con una expresión de terror.
Sola en aquella habitación austera, miraba con los ojos muy abiertos a su alrededor, con todo el cuerpo acurrucado en el rincón entre la cama y la pared, temblando ligeramente mientras murmuraba para sí misma en un murmullo constante.
“Ahh… Madre del Cáliz… Santa Madre… mi madre… Madre del Cáliz… Santa Madre… mi madre…”
Repitió las palabras en un susurro neurótico, con el rostro pálido marcado por el cansancio y mostrando todos los signos de una grave crisis nerviosa. En ese instante, la puerta de la habitación se abrió y entró un hombre con una túnica del norte de Ufiga y un turbante. Sus rasgos eran inconfundiblemente los de un lugareño. Miró a la mujer temblorosa en la cama y frunció ligeramente el ceño antes de hablar.
“Sadroya, ¿te sientes mejor? ¿Te ayudó en algo la medicina de antes?”
Al oír las palabras del hombre, la mujer llamada Sadroya giró la cabeza. Sus ojos, llenos de cansancio, lo miraron. Tras esforzarse por reprimir un murmullo, negó levemente con la cabeza y habló con voz débil.
“Ja… ja… me ayudó… un poco, supongo. Pero solo un poco… En general, sigo sintiéndome igual. Me zumba la cabeza todos los días. La voz de esa monja resuena en mi cabeza… a veces siento tanto calor que no lo soporto… Me acuerdo constantemente de esa mujer sin corazón a la que nunca he conocido, y cada vez que lo hago, solo quiero llorar… snif, snif…”
Mientras hablaba, Sadroya rompió a llorar desconsoladamente, ocultando el rostro bajo la manta y sollozando a gritos. La habitación entera se llenó con el sonido de sus lamentos.
Al ver las emociones descontroladas de Sadroya, el hombre comprendió que la medicina que le había dado apenas había surtido efecto. Solo pudo suspirar con resignación.
“Parece que el veneno cognitivo te afectó mucho más de lo esperado… Los métodos simples no curarán esto. Una vez que cumplamos nuestro contrato con Robert, regresaremos de inmediato. Quédate en la base y recibe el tratamiento adecuado.”
Él le habló con dulzura a Sadroya. Tras un esfuerzo, ella logró serenarse. Secándose las lágrimas, le habló al hombre con voz cansada.
“Ja… ja… Por ahora, es todo lo que puedo hacer. ¡Maldita sea! ¿Por qué esa monja solo tuvo que recitar dos líneas de un texto místico para afectarme así?”
Agarrando la sábana, Sadroya maldijo con amargura. El hombre a su lado respondió con calma.
El veneno cognitivo afecta a las almas desencarnadas con mucha más intensidad que a las personas comunes. En ese momento, como alma errante, estabas poseyendo el cuerpo de otra persona, así que, naturalmente, tuvo un efecto más profundo en ti. Esa monja debió saberlo, por eso usó veneno cognitivo específicamente para expulsarte. Según los informes, trabajaba para el Departamento de Escrituras Históricas de la Iglesia. Que conozca algunos textos místicos no es de extrañar.
“Pero claro, incluso entre los Trascendentes del Silencio, el hecho de que el veneno cognitivo dañe más gravemente a las almas desencarnadas no es de dominio público. ¿Cómo pudo saberlo aquella monja? ¿Acaso lo leyó en algún libro oscuro?”
El hombre parecía desconcertado. Mientras tanto, Sadroya se irritaba visiblemente y apretaba con fuerza la sábana.
“Esa maldita zorrita… Si tengo la oportunidad, juro que me aseguraré de que muera de la forma más miserable… ¡Uf…!”
Su furia contra la monja que la había expulsado con veneno mental era evidente. Pero en medio de su diatriba, de repente se llevó las manos a la cabeza con dolor, y su rostro se contrajo de sufrimiento. Al ver a su compañera atormentada una vez más, el hombre de la puerta solo pudo negar con la cabeza y volver a hablar.
“Cuando el plan de Robert tenga éxito, esa monjita tampoco se librará fácilmente. Por ahora, descansa. Para nosotros, custodiar eso es nuestra última tarea. Una vez que terminemos, volveremos y te daremos el tratamiento adecuado.”
Dicho esto, el hombre se dio la vuelta y salió de la habitación, cerrando la puerta tras de sí. Al verlo marcharse, Sadroya no tuvo más remedio que encogerse de nuevo en un rincón de la cama, temblando mientras retomaba su murmullo obsesivo.
En ese preciso instante, posada tranquilamente en el borde de la claraboya entreabierta, una pequeña y discreta mariposa observaba la habitación desde las sombras.
…
Mientras tanto, en un bosque a cinco o seis kilómetros de la villa, Neftis permanecía de pie bajo una densa sombra, mirando fijamente en una dirección a través de los árboles. A su lado, un lince en forma de espíritu flotaba perezosamente, lamiéndose la pata.
Tras observar el bosque durante un rato, Neftis bajó la mirada al suelo. Allí, extendida sobre la tierra, había una manta de picnic con té y dulces. Junto a los dulces, Dorothy estaba sentada con las piernas cruzadas, con los ojos cerrados, meditando mientras bebía su té con calma. Después de unos sorbos más, dejó la taza y abrió los ojos, justo a tiempo para que Neftis aprovechara la oportunidad para hablar.
“Señorita Dorothy, ¿cómo fue la investigación allí? ¿Encontraron el alma del príncipe?”
“Más o menos” respondió Dorothy con calma, bajando su taza de té.
“Dentro de esa villa hay un número considerable de guardias. El sótano está especialmente fortificado, con una alta concentración de patrullas de fantasmas y un potente sistema de detección espiritual. Con semejante despliegue de seguridad concentrado en un solo lugar, es prácticamente seguro que han sellado su alma allí abajo.”
Al oír esto, Neftis suspiró aliviada. Las palabras de Dorothy confirmaban que su razonamiento no había sido erróneo: el alma que buscaban estaba allí.
“Ahora que hemos confirmado la ubicación, busquemos la manera de robar el alma. Señorita Dorothy, ¿cree que ese sello para el alma es fácil de arrebatar?”
Neftis continuó insistiendo en obtener detalles, mientras Dorothy se frotaba la barbilla y respondía pensativa.
“A juzgar por el dispositivo de seguridad desplegado, sería extremadamente difícil llevarse eso sin que nadie se diera cuenta. El sótano donde se guarda no solo está protegido por un sistema de detección mística de alto nivel, sino que también está patrullado por una densa red de fantasmas; prácticamente no hay puntos ciegos. Incluso a mis marionetas de insectos les costaría mucho entrar volando, y ni hablar de enviar a alguien a robarlo físicamente.”
Recordando la exploración inicial de la lejana villa, Dorothy explicó mientras Neftis fruncía el ceño. Luego, volvió a expresar su preocupación.
“Mmm… entonces robar está descartado… Si no podemos sacarlo a escondidas, señorita Dorothy, no me diga… ¿está pensando en tomarlo por la fuerza?
Su tono denotaba cierta preocupación. Pero Dorothy negó con la cabeza.
“Atacarlos directamente tampoco es viable. Esa villa tiene al menos dos Beyonders de rango Ceniza Blanca apostados dentro. No es realista que solo nosotros dos podamos entrar, derrotarlos rápidamente y escapar con el alma.”
Si actuamos y no logramos neutralizarlos con la suficiente rapidez, tendrán tiempo de pedir refuerzos. Para entonces, la guardia de la ciudad de Kankdal” e incluso el mismísimo alcalde Robert” nos atacarán en masa. Nos enfrentaremos a toda la ciudad antes incluso de poder apoderarnos del alma. Un ataque frontal sería un desastre.
Dorothy lo explicó con naturalidad. Al oír esto, Neftis dejó escapar un leve suspiro de alivio, tranquila al saber que no tendrían que arriesgarlo todo en una confrontación directa. Acto seguido, formuló otra pregunta.
“Entonces, no podemos robarlo en secreto… ni podemos tomarlo por la fuerza… ¿Cómo se supone que vamos a obtener el alma del príncipe Mazarr?”
Miró expectante a Dorothy, quien, lejos de parecer preocupada, seguía disfrutando de sus dulces con total tranquilidad. Eso bastó para que Neftis supiera que Dorothy ya tenía un plan. En efecto, tras terminar un bocado de pastel, Dorothy sonrió y respondió.
“Je, claro que tengo un plan. Mientras exploraba la zona hace un rato, me fijé en algo interesante. Si lo aprovechamos… podríamos robarlo sin que nadie se dé cuenta.”
“¿Algo interesante, eh…?”
Neftis pareció desconcertada mientras la sonrisa de Dorothy se ensanchaba.
…
El tiempo transcurrió y otro día se desvaneció. Mientras el sol se ocultaba en el horizonte y la luna ascendía en el cielo, Kankdal se sumió una vez más en la noche.
Bajo el cielo iluminado por la luna, la villa en el bosque a las afueras de la ciudad permanecía fuertemente custodiada, igual que durante el día.
En el tercer piso, en una habitación austera, Sadroya seguía acurrucada en su cama, temblando de vez en cuando y murmurando para sí misma. Su estado no había mejorado desde aquella mañana. Su mente seguía atormentada por los efectos del veneno cognitivo.
“Santa Madre… Madre del Cáliz… mi madre… Santa Madre… ¡Ay! ¡Maldita sea! ¿Por qué lo estoy recitando otra vez? Eran solo unas líneas… ¡¿Por qué no puedo olvidarlas?! ¡Uf…!”
Sadroya se agarró la cabeza y se aferró al cabello, con el rostro contraído por la angustia mientras se culpaba furiosamente: ¿por qué no podía olvidar aquellas pocas palabras que la monja le había dicho? ¿Por qué su voz resonaba en su mente a cada instante? Deseaba olvidar, pero esa voz seguía reapareciendo sin cesar.
“Ahhh… No puedo soportarlo más…”
Sadroya, llevándose las manos a la cabeza, se desplomó en la cama, presa del dolor. Deseaba con todas sus fuerzas olvidar las palabras de la monja, pero estas se aferraban a su memoria con más tenacidad que cualquier otra cosa en su vida. Quería resistirse a ellas, pero en el fondo, ansiaba que la voz de la monja resonara en su mente, que continuara, que dijera lo que había quedado sin decir. Gran parte de su tormento provenía de ese conflicto interno.
“¡Uf… uf…!”
Tumbada en la cama, aferrada a la sábana, Sadroya jadeaba con fuerza. En ese instante, un sonido nítido llegó a sus oídos desde arriba. Al oírlo, alzó la vista y vio la claraboya en el techo.
En ese instante, la brillante luz de la luna se filtraba a través del cristal transparente. A través de ella, pudo ver la luna llena brillando en el Cielo Nocturno. Y en esa Luz Lunar, divisó innumerables motitas negras que se movían sobre el vidrio; al mirarlas más de cerca, vio que eran hormigas.
Bajo la luz de la luna, un enjambre de hormigas se había congregado misteriosamente y se desplazaba en filas ordenadas por el cristal del tragaluz. Formaban hileras y patrones que se entrelazaban y tejían formando letras. Las letras formaban palabras, y las palabras se unían para formar oraciones.
De repente, Sadroya vio que aquel texto había aparecido justo delante de sus ojos en la claraboya.
“Estoy bañado en el agua amniótica de la madre que dio a luz; estoy bañado en la sangre de la Madre del Cáliz; estoy bañado en las lágrimas de la Santa Madre…”
Sadroya se quedó paralizada mirando las palabras en la claraboya. Su mirada se fijó en las hormigas, en las letras que fluían, se formaban y se desvanecían. Aquellas palabras parecían poseer una especie de magia, atrayendo toda su atención, haciéndole imposible apartar la vista.
“La continuación… la continuación… es la continuación…”
Murmuró, con el rostro inexpresivo. El dolor que antes se reflejaba en sus facciones, y los últimos vestigios de razón en sus ojos, habían desaparecido por completo.
Las hormigas en la claraboya deletrearon las palabras que Sadroya más anhelaba ver. Pero tan repentinamente como aparecieron, las letras desaparecieron. Mientras Sadroya se sumía en la consternación, las hormigas formaron una nueva frase.
“Para buscar el descanso, sube al balcón del tercer piso. No le cuentes a nadie tu deseo…”
“El balcón del tercer piso… el balcón del tercer piso…”
En trance, Sadroya se levantó de la cama, se puso las zapatillas, abrió la puerta y salió de la habitación. Al poco rato, llegó al balcón. Allí, en el pilar de la barandilla, vio innumerables polillas revoloteando. Sus cuerpos entrelazados formaban nuevas líneas de texto que ella podía leer.
“Ah, mi madre,
mis tres madres,
mi única madre,
Yo y todos los seres somos hermanos,
y todos los seres, incluyéndome a mí, nacemos de una sola Madre…
“En sueños busco,
el aleteo dentro del cráneo,
Cruzo el bosque sombrío,
y observa el rastro de escamas que dejó la polilla…
En la columna, Sadroya vio la continuación que tanto había anhelado: nuevos versos escritos por las polillas. Sus ojos se abrieron de par en par al absorber cada palabra. Pero, de nuevo, aquellos versos terminaron abruptamente, meros fragmentos. Y en el instante en que los hubo leído todos, un nuevo anhelo surgió en su corazón.
“¿Qué sigue? ¿Qué sigue? Las palabras de mamá, las de la polilla también… ¿qué viene después? ¿Qué viene después?”
Con el rostro inexpresivo, Sadroya murmuró aturdida. Justo entonces, las polillas alzaron el vuelo y se adentraron en el oscuro bosque, como si la guiaran a algún lugar.
Al ver esto, Sadroya bajó inmediatamente las escaleras y salió al patio. Un guardia que patrullaba la vio y le habló con preocupación.
“Señorita Sadroya, ¿adónde va? Todavía no se ha recuperado; por favor, no deambule por ahí.”
“Solo voy a tomar un poco de aire fresco. Hace demasiado calor adentro…”
Ella respondió sin volverse y salió directamente del patio. El guardia solo pudo observar impotente; al fin y al cabo, no tenía autoridad para detenerla.
Dejando atrás la villa, Sadroya se adentró en el denso bosque. No muy lejos, vio un enjambre de polillas danzando sobre un claro. Entre el aleteo de las alas, granos de arena negra como el azabache comenzaron a elevarse del suelo, flotando en el aire y formando nuevas frases.
“Tres Madres como una; en este mundo solo hay una Madre: mi Madre, la Madre de todos, la Madre de este mundo…”
“La polilla me atrae en busca de la luz; me revela la verdad: la realidad es sueño, y el sueño es realidad…”
“Un rayo de luz celestial, un único y atronador tañido; la enseñanza es una: esta es la Primera Revelación…”
Con la mirada perdida en los mensajes que tenía delante, Sadroya permaneció inmóvil, sus ojos devorando por igual las frases antiguas y nuevas como si estuvieran hambrientos. Una vez que terminó de leer los breves fragmentos, la arena negra flotante se reunió de repente formando un arroyo que se alejó a lo lejos. Sin dudarlo, Sadroya lo siguió.
Siguiendo el rastro de arena oscura, Sadroya se apresuró a través del bosque sumido en la más absoluta oscuridad. No supo cuánto tiempo caminó. Sus zapatos salieron volando, sus pies descalzos sangraban por el suelo áspero, hasta que, por fin, la arena negra que flotaba comenzó a disminuir su velocidad y a asentarse.
Entonces, ante ella apareció una figura alta, envuelta en la más absoluta oscuridad, completamente oculta bajo una capucha y un manto. La corriente de arena que la guiaba la rodeaba, formando un remolino. Sadroya se acercó lentamente, buscando con la mirada el rostro de la figura bajo la capucha, pero solo vio una sombra, negra como la noche y sin rasgos distintivos.
“¿Tú… a qué has venido?”
La alta figura sombría habló con voz baja y resonante. Al oír la pregunta, Sadroya murmuró su respuesta.
“Yo… yo quiero saber qué viene después…”
“¿Y después? ¿La Madre? ¿La Polilla? ¿El Número?”
“Todo ello… todo lo que sigue… eso… el resto del texto místico… busco conocimiento… esas enseñanzas místicas…”
Al alzar la vista hacia la imponente figura, Sadroya confesó el único deseo que ardía en su interior. La sombra hizo una breve pausa y luego respondió.
“Muy bien…”
“Entonces… por lo que buscas, ora. Recita la invocación. Ora a Aquel… Él lo revelará todo…”
Mientras la figura hablaba, la arena negra que la rodeaba volvió a agitarse. La arena se acumuló frente a la sombra, formando nuevas líneas de texto. Al verlas, Sadroya murmuró entre dientes:
“El infinito más allá de este mundo... La convergencia del destino eterno... La puerta y la llave de las verdades infinitas...”

Continúa leyendo
El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela)
Capítulo 519
El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela) Capítulo 518
Estás leyendo el capítulo 518 de El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela), un novela. En medio del vapor de la revolución industrial, los misterios surgen bajo la superficie. Las sectas y las sociedades secretas buscan lo extraordinario en las sombras, mientras que los dioses ocultos contemplan a la… Este capítulo tiene publicado el 17 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli, Nishino. El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela) tiene 828 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.