arrow_back

Leer El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela) Capítulo 506 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli, Nishino✍️ Traducción: Crowli, Nishino
En la oscuridad de la noche, el tren Flecha del Desierto avanzaba velozmente por las tierras salvajes del norte de Ufiga, sin descanso. Ya se acercaba a su destino final: el puerto de Kankdal, en la costa del Mar del Norte. Pronto completaría su viaje desde Yadith y regresaría a su punto de partida. Dentro del tren, iluminado con luz brillante, en uno de sus vagones, Gaspare yacía semireclinado en una cama, con el torso cubierto de vendajes bajo una sotana. Su expresión reflejaba cansancio mientras extendía una mano hacia la mesilla. El vendaje de esa mano había sido retirado, dejando al descubierto una horrible herida. Junto a él, Vania, vestida con su hábito blanco de monja, permanecía sentada con serenidad. Sostenía su mano sobre la herida de Gaspare, y mientras un tenue resplandor emanaba de su palma, la herida en el brazo de Gaspare comenzó a sanar, de forma visible y constante. En poco tiempo, solo quedaba una pequeña cicatriz. “Bien, la herida de tu mano derecha está casi curada. Te aplicaré más medicamento y, si la tratamos de nuevo pasado mañana, debería estar completamente curada. Hasta entonces, intenta no moverte demasiado. Lo mismo aplica para tus otras lesiones” dijo Vania en voz baja, con el mismo tono de un médico en un hospital. Gaspare, que escuchaba, respondió con un leve gruñido: “Tch… Qué herida tan molesta. Ni siquiera los poderes del Camino de la Madre Sagrada pudieron curarla rápidamente. Esos herejes estaban claramente preparados”. Si nos hubieran atacado específicamente, habrían tenido en cuenta el poder de la Santa Madre. He oído hablar de venenos que debilitan las habilidades curativas, pero es la primera vez que lo veo. Manejar esto es mucho más complicado de lo que esperaba… Si mis habilidades fueran un poco mejores, quizá podría haber salvado a más personas. Tras su queja, Vania respondió con serena reflexión. Durante el incidente del Juicio Relámpago, muchas de las armas que empuñaban los herejes armados que asaltaron el palacio estaban impregnadas de un extraño veneno espiritual. Si bien no causaba daños físicos graves, reducía considerablemente la eficacia de la curación, en particular la del Sendero de la Madre Sagrada. Hermana Vania, no debería culparse. Estos herejes llevan siglos oponiéndose a la Iglesia; es lógico que hayan desarrollado contramedidas. Este veneno de la Corrupción de las Sombras es una de ellas. Se originó en antiguas sociedades de las Sombras y, de alguna manera, acabó en sus manos. “Sinceramente, cuando me di cuenta de que todas mis heridas graves habían sido causadas por la Corrupción de las Sombras, pensé que no tenía remedio. No esperaba que tus habilidades médicas, más allá de tus dones curativos, fueran tan refinadas… De hecho, me has salvado la vida.” Gaspare miró la herida, ahora vendada de nuevo, en su brazo y no pudo evitar elogiarla. Vania, en cambio, respondió con modestia. “No fue nada grave. Solo conocimientos básicos de primeros auxilios. Trabajaba en el Departamento de Lesiones Místicas de un hospital en Pritt, así que estoy familiarizado con algunos tratamientos médicos básicos.” “Ja… Eres demasiado modesta, Hermana. He visto sanadoras de la Santa Madre que se dedican a la medicina, pero nunca he conocido a una tan hábil como tú.” Gaspare continuó elogiándola. Y no le faltaba razón. Debido al uso generalizado del veneno de la Putrefacción de las Sombras, muchas de las heridas de la guardia enviada no podían tratarse únicamente con sanación espiritual. En tales casos, la pericia médica convencional se volvía crucial. Esa misma tarde, tras recobrar la consciencia, Vania comenzó de inmediato a atender a los supervivientes heridos de la batalla palaciega. Casi la mitad de los siete u ocho guardias supervivientes presentaban heridas por el veneno. A pesar de haber despertado hacía poco, Vania se puso manos a la obra enseguida, realizando cirugías y combinando la medicina con sus poderes espirituales para salvar vidas. Debido a los efectos del veneno, su poder curativo se vio muy debilitado. Tenía que evaluar con precisión el estado de cada guardia herido, priorizar las lesiones más críticas y usar sus limitados poderes con moderación pero eficacia, todo ello manteniendo estable al paciente. Esto requería no solo una habilidad extraordinaria, sino también un profundo conocimiento médico. Gracias a la guía de Aka, los conocimientos de medicina de Vania superaban con creces los de la mayoría de los Trascendentes del Sendero de la Madre Sagrada. Fue gracias a esta pericia que salvó a muchos de los guardias del enviado, quienes le estaban profundamente agradecidos. Sin embargo, a pesar de sus mejores esfuerzos, la Corrupción de las Sombras ralentizó considerablemente su recuperación. A diferencia de las heridas comunes, que podían curarse rápidamente con espiritualidad, estas requerían que el veneno desapareciera gradualmente durante dos semanas antes de que la curación completa fuera posible. “Jamás imaginé que no solo sobreviviría a esto… sino que viviría para ver a la Hermana Vania traer la paz a Addus. Puede que te haya juzgado mal antes, y puede que te haya faltado al respeto durante el viaje. Por eso, te pido disculpas”, dijo Gaspare con un suspiro. Tras finalizar el tratamiento, Vania recogió su botiquín y respondió cortésmente. Fue pura suerte… No tienes por qué disculparte, hermano Gaspare. Cumpliste fielmente con tu deber y luchaste hasta el final. Debería ser yo quien te lo agradeciera… Descansa, por favor. Me voy. Dicho esto, recogió su equipo y se giró para marcharse. Gaspare vaciló un instante y luego pronunció una última advertencia. “Hermana Vania, con la escolta tan mermada, la seguridad del tren es mucho menor que antes. Si algún villano ataca, será peligroso; por favor, tenga cuidado.” Vania se detuvo un momento en la puerta y luego respondió con un leve asentimiento. “Gracias por el recordatorio. Pero nuestro tren llegará a Kankdal mañana por la mañana, y ya estamos en zona segura. No hay de qué preocuparse.” Tras hablar, salió del compartimento. Visitó algunos vagones más con pasajeros gravemente heridos y les proporcionó los cuidados diarios antes de salir del último vagón con un largo suspiro. Luego se volvió hacia un guardia apoyado en el pasillo” no demasiado gravemente herido, solo con un vendaje en la muñeca” y dijo: “Hermano Cidd, por favor, vigila a tus camaradas y asegúrate de que ninguno de ellos camine descuidadamente. De todos ellos, eres el menos herido; por favor, cuida de los demás.” “Eh… Ah, sí, hermana Vania. Me aseguraré de hacer mi parte” respondió Cidd tras una pausa de sorpresa. Vania asintió y abandonó el lugar, desapareciendo por el pasillo con su botiquín en la mano. Al verla marcharse, la mirada de Cidd destellaron brevemente con resentimiento. Resopló con frialdad y murmuró para sí mismo: “¿Soy la menos herida? Hmph… ¿Qué se supone que significa eso? ¿Acaso insinúa que no luché lo suficiente por ella como los demás? ¿Ahora que es un poco famosa, espera que todos arriesguemos nuestras vidas por ella? ¡Ni lo sueñes!” Agarrándose la muñeca vendada, Cidd se dio la vuelta y se marchó. En su corazón” como en el de muchos otros” la opinión que tenían de la hermana Vania había empezado a cambiar. … Tras completar sus tareas de curación del día, Vania salió del vagón enfermería y regresó al suyo. Al pasar por el vagón bar, un impulso repentino la llevó a pedir un vaso de jugo. Se sentó en una de las mesas del comedor, bebiendo lentamente mientras contemplaba por la ventana el oscuro y desolado paisaje nocturno. Mientras reflexionaba sobre su inminente regreso a Kankdal y el final oficial de su viaje a Yadith, una oleada de emoción la inundó. Jamás imaginé que este viaje a Yadith culminaría en un acuerdo de paz. Solo esperaba regresar sana y salva… y, sin embargo, logré traer la paz a Addus. ¡Qué bendición inesperada! “Y esta bendición… se la debo por completo a la señorita Dorothea y a la Orden de la Rosa Cruz que la respalda. Jamás imaginé que la Rosa Cruz estuviera conectada con las antiguas creencias divinas del norte de Ufiga, que fueran capaces de canalizar el poder de un antiguo dios caído como el Árbitro Celestial… “El Árbitro Celestial… Se dice que es el antiguo dios del trueno y la iluminación en el norte de Ufiga. Si la Orden de la Rosa Cruz puede acceder a su poder, ¿podría eso significar que existe alguna conexión entre el Árbitro Celestial y Aka? Muchos saben que el trueno es el elemento que simboliza la Revelación, así que ¿podría el Árbitro Celestial ser, como el Hijo Santo, una deidad elemental subordinada? Si el Árbitro es un dios subordinado… entonces aquel a quien sirve… sería el Señor de la Revelación. ¿Podría ese Señor ser Aka?” Contemplando la noche, Vania reflexionó en silencio, solo para darse cuenta de repente de que especular sobre los dioses de esa manera le parecía una irreverencia. Algo nerviosa, comenzó a ofrecer en silencio oraciones de arrepentimiento a Aka en su corazón. Tras unos instantes de arrepentimiento, Vania comprendió que aquel no era el lugar adecuado para rezar. Así pues, decidió terminar su zumo, regresar a su compartimento y completar allí su arrepentimiento, junto con sus devociones vespertinas. Vania se levantó y salió del vagón bar. Lo que no notó fue que, al salir, un par de ojos la habían estado observando” en silencio, con atención” desde detrás de la barra, ocultos entre el personal del tren. … “Ese es el último tratamiento de hoy…” Sentada en su vagón privado, Dorothy confirmó, a través de varios puntos de visión, que Vania había regresado sana y salva a su compartimento. Suspiró aliviada y comenzó a llamar a varias de las marionetas de cadáveres que había esparcido por el tren para vigilancia. Dado que la escolta de Vania había sufrido grandes pérdidas durante la batalla en el Palacio Real de Baruch, tanto sus capacidades de reconocimiento como de protección se habían debilitado considerablemente. Por ello, Dorothy había intensificado su vigilancia durante el viaje de regreso, observando atentamente cualquier amenaza dentro o fuera del tren. Al fin y al cabo, a ojos de muchos, Vania se había convertido en un objetivo de alto valor, y otro intento de asesinato” como el que sufrieron de camino a Yadith” no era para nada imposible. Así pues, durante los dos últimos días, Dorothy había estado utilizando marionetas de cadáveres para proteger el tren. Afortunadamente, hasta el momento no se había producido ningún incidente peligroso. “Mañana por la mañana llegaremos a Kankdal. Ahora estamos oficialmente fuera de las fronteras de Addus y más allá del alcance del Advenimiento del Salvador; por fin estamos a salvo… “Uf... Ya tengo un poco de sueño. Es hora de descansar bien. Mañana, cuando lleguemos a la estación, me daré el gusto de comer bien.” Estirándose con pereza, Dorothy se levantó de su asiento, se puso el pijama y se tumbó bostezando. Acurrucada bajo las sábanas, se quedó dormida como siempre, escuchando las suaves oraciones de Vania a lo lejos. Ni siquiera dormida, Dorothy bajaba la guardia del todo. Dentro de su sueño lúcido, mantenía el control sobre unas marionetas de cadáveres para vigilar el estado del tren. Aunque su percepción no era tan aguda como cuando estaba despierta, cualquier perturbación importante a bordo la devolvía inmediatamente a la consciencia. Por suerte… esta noche no ocurrió nada de eso. … El tiempo transcurría con calma. La noche se hacía más profunda. La Flecha del Desierto continuaba su tranquilo viaje hacia adelante, sin encontrar ninguna anomalía en el camino. De repente, el tren empezó a frenar. Un vigilante nocturno, uno de los guardias heridos, se asomó para comprobar la situación y vio una estación iluminada más adelante. Parecía que se detenían para reabastecerse de agua y carbón. Tranquilizándose, descartó cualquier sospecha y volvió a sus tareas. Efectivamente, una vez que el tren redujo la velocidad lo suficiente, se detuvo en el andén. La tripulación desembarcó y comenzó a coordinarse con los trabajadores de la estación, transfiriendo los suministros preparados previamente al tren. Durante una conversación entre un miembro de la tripulación del Flecha del Desierto y el jefe de la estación, el tripulante notó algo extraño en los gestos y la forma de hablar del jefe. Esas señales peculiares lo pusieron en alerta. “Tenemos otra tanda de vino para cargar. Está ahí dentro. Traigan a algunos amigos y vengan a buscarla.” “De acuerdo. Déjame echar un vistazo primero.” El tripulante asintió, escogió a algunos ayudantes y siguió al gerente al interior. En una de las salas de la estación, vieron varias cajas grandes en el suelo. Al ver las cajas, la tripulación vaciló un instante. Uno de ellos se acercó, las rodeó con la mirada, se detuvo en una en particular y la abrió. Dentro había hileras de botellas: vino, tal como se había dicho. El tripulante metió la mano en la caja, rebuscó entre las botellas y sacó un pequeño folleto. La portada tenía un emblema blanco de la rueda solar, debajo del cual había una frase escrita en escritura ufiga del norte: “Santo es el Señor”. (Nota del traductor: No tiene mucho sentido, pero así es). “Qué es esto…” “No te preocupes por lo que es. Simplemente súbelo a bordo. Todo lo que necesitas saber está dentro.” “Todo se decide mañana por la mañana, en la ceremonia de bienvenida cuando el tren llegue a la estación de Kankdal. Triunfa pase lo que pase. Incluso si fracasas... sigue los planes de contingencia que hay dentro y salva lo que puedas.”
El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela)

Continúa leyendo

El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela)

Capítulo 507

Siguiente Capítulo ›

El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela) Capítulo 506

Estás leyendo el capítulo 506 de El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela), un novela. En medio del vapor de la revolución industrial, los misterios surgen bajo la superficie. Las sectas y las sociedades secretas buscan lo extraordinario en las sombras, mientras que los dioses ocultos contemplan a la… Este capítulo tiene publicado el 17 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli, Nishino. El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela) tiene 828 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.