Leer El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela) Capítulo 489 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli, Nishino✍️ Traducción: Crowli, Nishino
Tierra adentro del norte de Ufiga, en Yadith, la capital de Addus.
Era por la tarde y densas nubes cubrían Yadith. El cielo estaba oscuro y sombrío, llenando las calles de una atmósfera opresiva. Los curiosos ciudadanos alzaban la vista, preguntándose cuánto tiempo hacía que no veían algo así. Muchas familias recogieron la ropa tendida ante la posibilidad de lluvia.
A lo largo del bulevar que conducía al Palacio Real de Baruch, Muhtar” con la cabeza cubierta por un turbante a modo de corona, ataviado con una túnica blanca y dorada, y el rostro adornado con una espesa barba” viajaba en una gran litera tirada por varias personas. A sus lados iban algunos clérigos de confianza de la secta. Ocultos entre las estrechas callejuelas y los pequeños bosques que rodeaban el palacio, innumerables guerreros del ejército revolucionario, completamente armados, se movían. Procedentes de todas direcciones, convergieron silenciosamente hacia el palacio, rodeándolo desde las sombras.
Muhtar era el máximo representante de la Secta del Advenimiento del Salvador en Addus. Se dirigía ahora al palacio real para la tercera y última ronda de negociaciones. Sentado en la litera, fijó la mirada en el imponente palacio de Baruch, a lo lejos. Sabía que aquella prolongada e inútil negociación llegaría por fin a alguna conclusión ese día.
Cuando la litera de Muhtar llegó a las puertas del palacio, la depositaron en el suelo y él descendió de su lujoso asiento. Con las pupilas enmarcadas por un tenue brillo, escudriñó el área, realizando una poderosa detección mística de todo el palacio de Baruch y el distrito circundante, confirmando que sus fuerzas se encontraban en posiciones predeterminadas alrededor del palacio y que todos sus objetivos estaban presentes en el interior.
“La guardia de la delegación hereje, incluyendo a esa monja hereje” cuatro de Ceniza Blanca, seis de Tierra Negra y doce Aprendices”, está en su lugar. Shadi y su escolta personal, incluyéndose a sí mismo, cuentan con dos de Ceniza Blanca, cuatro de Tierra Negra, seis Aprendices, además de ese extraño no muerto ancestral… La situación es la misma que en las conversaciones anteriores…”
Tras emplear la espiritualidad necesaria para superar las débiles defensas de la delegación, Muhtar obtuvo información detallada sobre los enviados de la Iglesia y la guardia de Shadi en el palacio. Convencido de que no había refuerzos ni trampas ocultas, concluyó que ninguno de los dos bandos se había percatado aún de sus intenciones.
Por supuesto, Muhtar razonó que, incluso si tuvieran alguna sospecha, no importaría. Gracias a la enorme diferencia de poder, ninguna preparación defensiva podría detenerlo; cualquier resistencia sería en vano.
Tras esa rápida verificación, Muhtar prosiguió su camino, seguido por sus acompañantes hacia el palacio real de Baruk, y desde allí directamente a la gran sala de negociaciones.
Esta sala se encontraba en un edificio aparte dentro del complejo palaciego. Una gran estructura abovedada con una única y vasta cámara, lujosamente decorada, había sido utilizada durante mucho tiempo por la monarquía Baruch para reuniones importantes, lo que la convertía también en el lugar idóneo para estas negociaciones.
Familiarizado con el lugar, Muhtar entró en el salón. Enseguida vio a Shadi, Vania y los demás, que lo esperaban.
A diferencia de otras veces, Shadi y Vania no estaban sentados tras la amplia mesa redonda esperando en silencio su llegada. En cambio, permanecían de pie al borde de la mesa con sus escoltas, observando en silencio la entrada de Muhtar. Aunque la expresión de Shadi y Vania parecía tan tranquila como siempre, sus guardias estaban visiblemente tensos y alerta ante la proximidad de Muhtar. Entre ellos, Gaspard, el guardia de Vania, era el más precavido y se dirigió directamente a Muhtar.
“Lord Muhtar, ¿puede explicar el escaneo de gran área que acaba de realizar?”
Sin esperar a que nadie más hablara, Gaspard formuló esta pregunta. En el mundo del misticismo, escanear a alguien por la fuerza y sin previo aviso se considera una grave ofensa” podría decirse que un acto hostil” ya que nadie desea ser examinado de pies a cabeza contra su voluntad.
Con un tono de hostilidad, Gaspard exigió una respuesta. Quienes estaban fuera de la Secta del Advenimiento del Salvador intuyeron que Muhtar no se acercaba con buenas intenciones. Al oír el desafío de Gaspard, Muhtar miró a su alrededor y respondió con voz plana e inexpresiva.
“No es nada… solo quería comprobar quién estaba presente. Dado que esta es la última ronda de conversaciones, no quisiera que todos estos días de esfuerzo terminaran en vano por la ausencia de alguien.”
Habló con naturalidad, sin mostrar emoción alguna, y Vania” que estaba cerca” repitió sus palabras con una expresión amable.
“Le agradezco, Lord Muhtar, que aún mantenga la esperanza en estas conversaciones. Ayer se marchó temprano y temí que hubiera renunciado por completo a negociar, lo cual habría sido nefasto para el futuro de Addus. Me alegra verlo aquí de nuevo hoy.”
Vania, con voz cortés, lo observó. Muhtar respondió en el mismo tono sereno.
“Sí… Ya veremos qué le depara el futuro a Addus y qué forma de gracia divina brillará realmente sobre esta tierra. Concluyamos hoy…”
Mientras decía esto, la mirada de Muhtar se volvió más penetrante. En ese momento, Shadi hizo un gesto cortés y se unió a la conversación.
“En ese caso, podemos comenzar esta ronda final ahora, Lord Muhtar. Por favor, tome asiento. Procederemos como antes: despacio, paso a paso…”
No hace falta. Estoy harto de tanta palabrería sin sentido en esta mesa. Prefiero usar métodos más prácticos para continuar nuestras conversaciones, así que permanezcamos de pie. Terminaremos esto pronto…
La mirada de Muhtar se tornó más amenazadora. La tensión se hizo palpable en la habitación. A lo lejos, en el cielo, el trueno retumbó de nuevo. El estruendo del trueno dio un tono inquietante a las palabras de Muhtar sobre “medios prácticos”, y al oírlas, los guardias de Vania” liderados por Gaspard” apretaron con fuerza sus armas, plenamente conscientes de que Muhtar no estaba allí de buena fe.
“Señor Muhtar, ¿qué quiere decir exactamente con 'medios prácticos'?”
Shadi, de pie a un lado, se dirigió a Muhtar con tono grave, pero Muhtar no le respondió directamente. En cambio, se volvió y proclamó en voz alta a la delegación de Vania.
“¡Monja hereje Vania, he perdido la paciencia con este tira y afloja sin sentido! En la tierra de Addus, solo brillará la luz de nuestro Señor, no la de los tres dioses falsos que se atreven a usurpar su gloria. Con fe y espada, defenderemos esta verdad para siempre, inquebrantables. ¡Ni una pizca de esa seductora herejía trinitaria puede quedar en la tierra de Addus! ¡Quien aún se aferre a tales mentiras aquí será erradicado por mi propia mano!”
La imperiosa declaración de Muhtar resonó en la sala, revelando por completo su letal determinación a todos los presentes. En ese instante, la sed de sangre alcanzó su punto álgido. Gaspard y los demás desenvainaron sus armas de inmediato, apuntándolas a Muhtar en tensa alerta, al borde del violento enfrentamiento.
…
Mientras Muhtar se dirigía al salón de reuniones del palacio para entregar su último ultimátum, los que permanecían en la Catedral de la Oración de la Luz” miembros de la Secta del Advenimiento del Salvador” se congregaron en su gran sala. En este momento crucial para su futuro en Addus, se arrodillaron en oración ante el altar del Salvador, implorando el favor divino en la inminente guerra santa.
“Que el Señor proteja a Addus, para que more eternamente bajo tu luz…”
“Que el Señor despierte… que su resplandor desenmascare a esos tres dioses falsos…”
“En esta hora de crisis inminente… el mal campa a sus anchas bajo Tu santo nombre. Te suplicamos que uses a Addus de nuevo como Tu instrumento para salvar este mundo…”
En la antigua sala del templo, los clérigos se arrodillaban en filas ordenadas, y sus oraciones y recitaciones de las Escrituras resonaban en el vasto espacio. Decenas de devotos creyentes se inclinaban ante el altar del Salvador” en marcado contraste con el estilo del resto del templo”, sumidos en una ferviente devoción.
Un brillo febril iluminaba cada rostro. Todos sabían que ese día marcaba el inicio oficial de la guerra santa de Addus, cuando la fe que habían mantenido en secreto durante años por fin echaría raíces abiertamente en una nación. Para la Secta del Advenimiento del Salvador en el norte de Ufiga, era un acontecimiento de enorme trascendencia, uno que, creían, sería vital para el renacimiento del Salvador Radiante. Sus cánticos y plegarias resonaban entre las imponentes columnas, solo interrumpidos por los ocasionales truenos que retumbaban en lo alto.
Este antiguo templo databa de hace unos siete milenios, y sin embargo, allí estaban ellos, venerando devotamente a un dios que originalmente no tenía nada que ver con él. La mirada de cada persona estaba fija en el altar del Salvador, ricamente labrado.
En los albores de la era actual, este altar se erigió aquí cuando la Catedral de la Oración de la Luz aún estaba dedicada al Verdadero Señor Radiante. Tras la llegada de la Secta de los Tres Santos al norte de Ufiga, el edificio también albergó altares dedicados a ellos. Pero una vez que la Secta del Advenimiento del Salvador y el Ejército Revolucionario tomaron Yadith, los altares de los Tres Santos fueron destruidos, dejando únicamente el altar del Salvador, lo que devolvió a la catedral su aspecto de hace mil años.
Para la Secta del Adviento del Salvador, su empresa en la Catedral de la Oración de la Luz representaba un auténtico retorno a su propósito original. Creían estar restaurando al legítimo ocupante de mil años atrás, ofreciendo su más pura devoción a la gran obra del Adviento del Salvador de la nueva era. Muchos de ellos vinculaban el destino de Addus al de la propia catedral, elevando sus voces en ferviente súplica.
“¡Oh Señor! Derrama tu gracia sobre nosotros, para que todo Addus abrace una vez más el verdadero camino de la fe. ¡Que Addus, como esta Catedral de la Luz y la Oración, regrese después de siglos a tu bendita gracia!”
¡¡Boom!!
Justo cuando la sala resonaba con oraciones por la catedral, un brillante rayo blanco rasgó las densas nubes. Surcando el cielo hasta la tierra, se desvió a través de una abertura en el techo del templo, impactando directamente frente a los fieles.
En un instante, una luz eléctrica cegadora y un estruendo atronador inundaron la sala. Decenas de clérigos, sobresaltados por el destello cegador y el estruendo ensordecedor, se taparon los ojos y los oídos con las manos, con el rostro contorsionado por el dolor.
Un instante después, el relámpago se desvaneció y el trueno se alejó, sumiendo el templo en un silencio repentino. Los clérigos, que apenas un momento antes habían estado orando con devoción, ahora se acurrucaban aterrorizados, con el corazón palpitante. Ninguno había imaginado jamás que un rayo pudiera caer dentro de su lugar de culto. El roce tan cercano con el rayo los dejó profundamente conmocionados.
Pero les aguardaba una sorpresa aún mayor. Una vez recuperados del susto, se percataron de que el altar del Salvador ante el que se habían postrado había desaparecido por completo. En su lugar yacía un montón ennegrecido y en ruinas. Entre los pocos escombros que quedaban, apenas se podía distinguir lo que quedaba del altar.
Ante esta escena, a todos los clérigos se les desencajó la mandíbula y sus rostros reflejaban incredulidad.
“¿C-cómo… cómo sucedió eso?”
“Fue un rayo… ese relámpago de hace un momento…”
“El altar del Señor, destrozado por un rayo…”
Los clérigos, atónitos, contemplaron con horror lo sucedido. Sus devotas plegarias pidiendo ayuda divina no les habían traído la salvación, sino un golpe devastador del cielo. Desesperados por una explicación, se enfrascaron en especulaciones: ¿era una coincidencia, una manifestación del Salvador o la ira de los Tres Santos? En medio de la confusión, una voz femenina resonó desde lo alto.
“Esta tierra, este país, este templo… nada de esto pertenece a ningún supuesto Señor o Salvador.”
Al oír aquella voz, todos alzaron la vista hacia su origen. Lo que vieron fue una figura que descendía lentamente desde el aire.
Su piel oscura, de un tono jade, estaba adornada con una profusión de exquisitos ornamentos de oro. Una sencilla túnica blanca envolvía su grácil silueta, y un tocado dorado sujeto a su turbante ocultaba su rostro, salvo por una mirada solemne tras un misterioso velo. Vestida con prendas de marcado aire exótico” aparentemente reliquias halladas solo en antiguas tumbas del norte de Ufiga”, esta mujer descendió del cielo y aterrizó sobre los restos destrozados del altar del Salvador, presentándose ante los clérigos allí reunidos de la Secta del Advenimiento del Salvador. Aquellos con cierta formación lo notaron de inmediato: todo lo que vestía parecía sacado de las excavaciones de tumbas de siete mil años de antigüedad de aquel imperio desaparecido.
“¿Quién eres? ¿Acaso ese rayo que acabas de ver fue obra tuya?”
“¿Os habéis atrevido a invocar un trueno maligno para destruir el altar del Señor? ¿Sois herejes, por casualidad? ¿Os dais cuenta de la escandalosa blasfemia que habéis cometido?”
Varios clérigos, ya recuperados del susto, gritaron y señalaron acusadoramente a la misteriosa mujer. Ella solo respondió en voz baja.
“¿Trueno maligno? Ja… Hubo un tiempo en estas tierras en que se veneraba como algo sagrado, pero para gente como ustedes, ciegos, se considera maligno. Si alguien aquí es irreverente, no soy yo, son ustedes…”
“¡Silencio! ¡Esta es la iglesia del Señor, no un lugar para sus divagaciones delirantes!”, bramó indignado uno de los clérigos. La mujer, sin embargo, permaneció impasible. Continuó con voz pausada.
“Ya lo dije: ni este templo, ni esta nación, ni esta tierra pertenecen a vuestro supuesto Salvador ni a esos Tres Santos. Desde hace siete mil años hasta ahora, solo han tenido un verdadero maestro.
“¡Ese maestro es el dios al que sirvo! ¡El Antiguo Iluminador, el Dador del Conocimiento, el Soberano del Trueno, el Árbitro Celestial! ¡Nacido de esta misma tierra, Él es el único soberano bajo estos cielos!”
Habló, y los clérigos en la sala la miraron boquiabiertos, confundidos. Sin prestarles atención, extendió los brazos como quien pronuncia un edicto, alzando la voz.
“¡Me llamo Isis, sacerdotisa al servicio del Árbitro Celestial! Tras siete mil años de letargo, el Árbitro Celestial ha despertado de nuevo. Cumpliremos su voluntad, expulsando a todo dios extranjero que se asienta en esta tierra. Esta tierra volverá a ser guiada por la sabiduría del Árbitro Celestial, ¡y todo comienza con Addus!”
“¡Adeptos de estas deidades extranjeras, devuelvan lo que han robado y márchense! ¡Regresen a su lugar de origen y yo pasaré por alto sus afrentas…!”
Con aire altivo, ataviada con el traje y los adornos que había robado del museo la noche anterior (y que luego modificó a toda prisa), Neftis pronunció esas palabras con el corazón latiéndole con fuerza. Como era de esperar, sus palabras enfurecieron de inmediato a los clérigos.
“¡Pura tontería! ¡Atrápenla!”, ordenó alguien, y los demás se abalanzaron sobre Neftis desde todos lados. Ella permaneció inmóvil, sin moverse ante el ataque.
En ese instante, Dorothy” ubicada en el reino oculto del templo y controlando sus defensas” actuó. Con un simple pensamiento, invocó varios rayos de la densa capa de nubes que se cernía sobre ella, alcanzando a quienes atacaban a Neftis.
De repente, una lluvia de relámpagos blancos cayó sobre el templo, y un trueno ensordecedor sacudió toda la ciudad de Yadith.

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El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela) Capítulo 489
Estás leyendo el capítulo 489 de El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela), un novela. En medio del vapor de la revolución industrial, los misterios surgen bajo la superficie. Las sectas y las sociedades secretas buscan lo extraordinario en las sombras, mientras que los dioses ocultos contemplan a la… Este capítulo tiene publicado el 17 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli, Nishino. El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela) tiene 828 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.