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Leer El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela) Capítulo 481 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli, Nishino✍️ Traducción: Crowli, Nishino
Interior del norte de Ufiga: capital de Addus, Yadith Tras llegar Vania y su grupo a salvo a la estación de Yadith a bordo del tren Flecha del Desierto, el Ejército Revolucionario de Addus les brindó una bienvenida oficial y ceremoniosa. Al salir de la estación, Vania y sus guardias fueron escoltados en un vehículo privado hasta el antiguo Palacio Real de Baruch, donde pasaron la noche. A la mañana siguiente, después del desayuno, Shadi, el líder del Ejército Revolucionario de Addus, visitó a Vania y la invitó a acompañarlo en un recorrido por Yadith. Vania, naturalmente, no tenía motivos para negarse. Aún era de mañana; el sol había salido por el este, pero aún no había alcanzado su cenit. La temperatura del día aún no había llegado a su punto máximo, y aprovechando esto, Shadi llevó a Vania y a un grupo de sirvientes a las calles de Yadith. La otrora grandiosa y próspera avenida principal yacía ahora en ruinas. Muchos edificios presentaban daños visibles, escombros cubrían el suelo y marcas de quemaduras se extendían por las paredes y las calles. La enorme estatua del antiguo rey, que una vez se alzaba imponente en la intersección, había sido derribada y hecha añicos. Por doquier se veía gente trabajando: reparando casas, retirando escombros o cargando fragmentos de la estatua caída en carretas. Soldados del Ejército Revolucionario montaban guardia en cada cruce, manteniendo el orden con las armas en mano. Este lugar fue en su día el Camino del Cetro Dorado, el distrito más lujoso de Yadith y de todo Addus. Fue construido para que la élite y los visitantes extranjeros se entregaran a un estilo de vida decadente. La dinastía Baruch invirtió ingentes recursos en su construcción, marcándolo con innumerables símbolos de la autoridad real. Ahora estamos borrando sistemáticamente todo rastro de aquella época y reparando los daños causados por los combates. Una vez finalizados los trabajos, este lugar estará abierto a todo el público. “Aquí había muchos negocios extranjeros, pero huyeron durante el caos de la guerra. Aunque derrocamos al régimen de Baruch, no guardamos rencor a los extranjeros. Siempre que se protejan los intereses de Addus, damos la bienvenida a todos nuestros amigos internacionales. Los comerciantes que se marcharon son bienvenidos a regresar, siempre que acepten las nuevas y más justas leyes de Nueva Addus y dejen de lado su arrogancia pasada. Garantizamos su seguridad.” Mientras caminaban, Shadi le describió a Vania los alrededores y, al hacerlo, también le explicó las políticas y los principios del Ejército Revolucionario. Vania escuchó atentamente, asintiendo en señal de aprobación. A decir verdad, se encontró genuinamente de acuerdo con gran parte de lo que Shadi decía. “Cuando estaba en el Continente Principal” dijo Vania en voz baja”, a menudo leía artículos periodísticos que informaban sobre los disturbios en las regiones periféricas. Esos artículos a menudo retrataban a los rebeldes antigubernamentales como simples bandidos violentos, incultos y salvajes que solo sabían matar y robar, con el objetivo de quemar y saquear sus países enteros. “Antes creía que tú y tus seguidores erais como ellos: insurgentes bárbaros capaces de saquear una nación. Pero al ver la disciplina que demostráis, me doy cuenta de que estaba equivocado. Ahora os veo de una manera muy distinta.” Su tono era amable, pero se comportaba con serenidad y dignidad. Vania no tenía una habilidad natural para manejar ocasiones formales como esta, pero desde el año pasado se había enfrentado a cada vez más situaciones similares. Afortunadamente, siempre contaba con la ayuda de Dorothy, ya fuera para brindarle orientación o para tomar las riendas en los momentos delicados. Gracias a la mentoría de Dorothy, Vania había afrontado numerosos eventos de gran trascendencia: desde enfrentarse al Tribunal hasta a la Sociedad Sangre de Lobo, pasando por los Ancianos del Árbol del Verano y el Arzobispo de Ivengard. Con esa experiencia, había aprendido gradualmente a valerse por sí misma. Este momento era un ejemplo de ello. Shadi soltó una risita. “Es lógico que los periódicos del continente nos menosprecien, a nosotros, los “salvajes de la frontera”. Pero no les falta razón. De las incontables revueltas en el norte de Ufiga, pocas pueden considerarse verdaderas revoluciones. La mayoría fueron simples disturbios. Muchos de los supuestos rebeldes no solo atacaron a sus opresores, sino también a otros ciudadanos oprimidos. Lamentablemente, las revueltas sangrientas y caóticas son frecuentes. La gente como yo… somos la excepción”. Vania asintió pensativa, escuchándolo. El recorrido continuó hasta que llegaron a una plaza, donde largas filas de civiles vestidos con túnicas esperaban, aparentemente en busca de algún tipo de ayuda. “Esto es…?” “Ah, aquí es donde distribuimos pan plano a los afectados por la guerra. La vida y la producción aún no han vuelto a la normalidad, ni aquí en Yadith ni en ningún otro lugar de Addus. Mucha gente depende de estas distribuciones de ayuda para sobrevivir.” Shadi respondió, y Vania rápidamente hizo lo propio. “Ya veo. Casualmente, trajimos alimentos y suministros médicos de Kankdal. Espero que puedan ayudar a la gente de aquí. Los productos aún están en el tren, señor Shadi; por favor, haga los arreglos necesarios para que alguien los recoja y organice su distribución.” “¿Trajiste suministros de ayuda? ¡Qué maravilla! Necesitamos mucho de estos artículos de primera necesidad. Gracias, hermana Vania, por pensar en la gente de Addus. Y gracias por mostrarme tanto respeto.” Shadi habló con sinceridad. Lo que le sorprendió no fue que Vania trajera ayuda, sino que le entregara los bienes para que él los administrara y distribuyera, en lugar de usar el nombre de la Iglesia para ganarse el favor del público. Este pequeño pero simbólico gesto demostró su deferencia hacia su liderazgo en Yadith, lo que mejoró la opinión que Shadi tenía de ella y aumentó sus esperanzas para las próximas negociaciones. En respuesta a su gratitud, Vania mantuvo su semblante piadoso y dijo: “Que el pueblo de Addus tenga un futuro brillante bajo el resplandor de la Santa Madre”. Justo cuando terminó, una voz anciana la llamó desde cerca. “Je… Puede que el resplandor de vuestra Santa Madre no alcance a Addus. Ni tampoco la luz de las otras dos.” Sobresaltadas, tanto Vania como Shadi se volvieron hacia la voz y vieron a Muhtār, ataviado con su túnica de siempre, acercándose con varios asistentes. La expresión de Shadi reflejó una leve sorpresa. “Señor Muhtār, ¿no tenía previsto predicar en el santuario esta mañana?” “Lo era” respondió el anciano. “Pero como la primera ronda de conversaciones es esta tarde, decidí descansar y estirar las piernas un poco. Pensé en predicar yo mismo en las calles hoy… y oí que ustedes dos estaban aquí, así que vine a echar un vistazo.” Mientras hablaba, Muhtār dirigió una mirada brillante a Vania, con ojos penetrantes y agudos. Vania hizo una breve pausa y luego le devolvió la mirada con una dulce sonrisa. “Ah, Señor Muhtār. Como figura prominente de la Iglesia del Sur, su predicación personal es admirable. Sin embargo, si las escrituras que predica están mínimamente distorsionadas, podría dañar su reputación…” Tras consultar internamente, Vania mantuvo un tono cortés al dirigirse a Muhtār. Al oír sus palabras, la mirada de Muhtār se agudizó ligeramente antes de responder. “En efecto, las escrituras no deben ser tergiversadas ni alteradas; pero entonces, me pregunto, ¿quién es realmente culpable de distorsionarlas? ¿Nosotros o ustedes?” “El Señor mora en la rueda solar que todo lo ilumina. El resplandor de la salvación, el milagro de la redención, provienen del Señor; a Él regresan, y no a otros. Los fieles honran al Salvador, porque Él es el Redentor de todos. Es el Señor quien salva, y a Él se le debe toda la gratitud, no a intermediarios menores…” Muhtār habló con tono solemne. Tras escuchar atentamente, Vania respondió con sincera piedad. “En efecto. El Salvador redime a todos, y a Él le corresponde toda la gratitud. Sin embargo, los Tres Santos son manifestaciones del Salvador; ellos son el Salvador, y el Salvador es ellos. En esencia, no hay distinción. ¿Cómo, entonces, pueden ser llamados 'otros'?” Tras la tranquila respuesta de Vania, Muhtār hizo una breve pausa y continuó. “El poder divino del Señor es ilimitado. La salvación y el cuidado del mundo no requieren encarnaciones.” “Y sin embargo, el poder divino del Salvador es tan excelso que no necesita humillarse ni actuar directamente. No necesita intervenir personalmente para salvar o pastorear” respondió Vania sencillamente. Muhtār, sosteniendo su escritura en la mano, preguntó nuevamente. “El Señor realizó actos supremos de salvación; ¿acaso no debería recabar personalmente la voluntad colectiva de todos los seres vivientes? Si una manifestación no es más que una mera herramienta, ¿por qué debería usurpar la adoración de miles de millones? ¿Por qué robar el protagonismo?” “La voluntad de miles de millones contiene también sus pensamientos, deseos, sufrimientos y pecados” respondió Vania de inmediato. “Dado que el Salvador lleva sobre sus hombros el peso de la salvación, ¿por qué habría de perturbarlo también todo el ruido y la impureza del mundo? Él reposa en el Palacio Solar, velando por el mundo y escuchando las oraciones de la gente. Confiar tales tareas a los Tres Santos, ¿qué tiene de malo? Ya hemos recibido la gracia. ¿Por qué habríamos de imponerle más cargas al Salvador y exigirle que se encargue personalmente de todo?” La respuesta de Vania fue inmediata, casi al instante en que Muhtār terminó de hablar. Su tono era firme, incluso con un matiz de réplica. Muhtār no esperaba que esta monja de aspecto juvenil fuera tan elocuente e ingeniosa, y, al no haberse preparado del todo, se quedó momentáneamente sin palabras. La vacilación de Muhtār en el debate sorprendió incluso a Shadi, quien hasta entonces había escuchado en silencio como un mero observador. Pero tras la rápida sucesión de contraargumentos de Vania, su mirada se volvió más favorable hacia ella. Al ver esto, los ojos de Muhtār brillaron con disgusto. Tras una breve pausa, volvió a hablar. “La luz de los Tres Santos solo brilla en vuestro territorio continental. Vuestra Iglesia está profundamente enredada con poderosas naciones continentales, explotando al pueblo de Addus. Cuando el pueblo de Addus sufrió, ni un solo creyente de los Tres Santos acudió en su ayuda. Fuimos nosotros, bajo la luz del Señor, quienes salvamos a esta nación.” Su voz era cortante y directa. Al oír este último comentario mordaz, la ceja de Shadi se crispó casi imperceptiblemente. Vania volvió la mirada hacia Shadi y habló. “Quien más ha hecho por salvar a esta nación es usted, señor Shadi. Con una lucha incansable, logró grandes hazañas. Una vez se arrodilló ante el altar del Hijo Santo. A pesar de innumerables dificultades, se fortaleció y se convirtió en el héroe que salvó a Addus. Esa es una hazaña que pocos podrían igualar. Creo que esto debe estar guiado por un destino que va más allá de la mera coincidencia. Quizás… alguna voluntad divina lo condujo hasta donde está ahora.” Vania atribuyó el éxito de la revolución a Shadi, en lugar de a la Secta del Advenimiento del Salvador, insinuando sutilmente que Shadi había sido originalmente seguidor de los Tres Santos. Al oír esto, Shadi la observó de nuevo, mientras Muhtār simplemente se reía. “Eh... ¿O sea que Shadi cree en los Tres Santos? Shadi, dinos tú mismo: ¿en quién crees?” Muhtār se volvió hacia Shadi y lo apretó. Shadi guardó silencio y, tras una breve pausa, habló despacio. “Creo… en el Señor.” ¡Sé específico!” ladró Muhtār. “¿Cuál? ¿Uno de los Tres Santos? ¿O el Señor mismo? Ya lo has explicado claramente antes.” Su voz era severa. Shadi no respondió de inmediato. Cayó en otro silencio, sus ojos, antes firmes, ahora llenos de confusión. El ambiente a su alrededor se tornó denso, como un volcán dormido. Vania, observándolo, no pudo evitar sentir una punzada de preocupación. “Creo… en el dios que trae libertad y paz a Addus. Y ese dios es…” “¡Señor Shadi!”, gritó un soldado corriendo de repente, presa del pánico. “Hay una disputa entre una tribu migrante y los lugareños en el campamento exterior, ¡por el agua! Cientos de personas se han congregado. Podría escalar a una violencia a gran escala. ¡La situación es urgente, señor!” Shadi exhaló profundamente, como si recibiera un respiro, y se volvió hacia Vania y Muhtār. “Hay un asunto urgente fuera de la ciudad; tengo que ir a comprobarlo. No podré acompañarlos por ahora. Retomemos la conversación esta tarde...” Dicho esto, Shadi siguió rápidamente al soldado del Ejército Revolucionario y abandonó el lugar. Por un instante, solo quedaron Vania y Muhtār. Intercambiaron una mirada, pero no dijeron nada más antes de separarse. Pronto llegó la tarde y la primera ronda de conversaciones comenzó oficialmente. Dentro del salón de reuniones del palacio real de Addus, los representantes de las tres facciones” Shadi, Muhtār y Vania” tomaron asiento en la mesa de negociaciones e iniciaron las discusiones formales sobre los asuntos de Addus. Al igual que el intercambio matutino entre Vania y Muhtār, esta reunión distó mucho de ser agradable. Las partes entablaron de inmediato un intenso debate, centrado principalmente en cuestiones de fe. El tema central era si la Secta del Advenimiento del Salvador debía ser legitimada oficialmente como la religión estatal del nuevo Addus. Vania, en representación de la Iglesia, se mantuvo firme en su postura: la formalización de cualquier secta herética dentro de Addus era absolutamente inaceptable. El nuevo Addus debía romper todo vínculo con la Secta del Advenimiento del Salvador. Por su parte, la Secta del Advenimiento del Salvador exigía la expulsión de todas las iglesias de los Tres Santos y la toma de control de todos los templos de Radiante. Las dos partes estaban completamente enfrentadas, diametralmente opuestas, sin posibilidad de compromiso. Ante tal estancamiento, la posición de Shadi como líder del Ejército Revolucionario se convirtió en el factor decisivo. Sin embargo, durante toda la reunión, habló muy poco, permaneciendo en silencio la mayor parte del tiempo. Incluso al finalizar la sesión, no había hecho ninguna declaración clara. Así pues, la primera ronda de conversaciones terminó en decepción, sin ningún resultado constructivo. Tras despedirse de ambas partes, Shadi, casi en silencio, regresó solo a su residencia en carruaje. Dentro del vagón, la expresión de Shadi seguía profundamente preocupada. Miraba por la ventana las calles que se extendían más allá, absorto en sus pensamientos. En ese instante, una voz etérea resonó a su lado. “Je... Te lo advertí hace mucho, ¿verdad? Trabajar con esos fanáticos de la fe de los Linternas te traería problemas. Ahora entiendes el precio de estar entre la espada y la pared, ¿no, muchacho?” Al oír la voz, una figura espectral se manifestó junto a Shadi: una aparición marchita, semejante a una momia. Lucía una larga corona dorada ligeramente curvada, el rostro velado y estaba adornada de pies a cabeza con lujosas joyas inspiradas en la Primera Dinastía de la antigua Ufiga. Sus pupilas ardían con llamas fantasmales. Al ver al fantasma, Shadi no mostró la menor sorpresa y murmuró en voz alta. “Setut... ¿Qué debo hacer ahora...?”
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Estás leyendo el capítulo 481 de El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela), un novela. En medio del vapor de la revolución industrial, los misterios surgen bajo la superficie. Las sectas y las sociedades secretas buscan lo extraordinario en las sombras, mientras que los dioses ocultos contemplan a la… Este capítulo tiene publicado el 17 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli, Nishino. El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela) tiene 828 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.