Leer El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela) Capítulo 467 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli, Nishino✍️ Traducción: Crowli, Nishino
Pritt, Tivian.
Había caído la noche. Dentro de un almacén abandonado en las afueras meridionales de Tivian, densas nubes de polvo y arenilla procedentes de una reciente explosión flotaban en el aire. Quienes se encontraban dentro apenas podían ver nada, solo siluetas difusas entre la bruma.
Atif permanecía de pie en medio de aquella nube de polvo, con la mirada recorriendo con cautela las formas borrosas. Recordó la última advertencia del “verdadero Hadi”, ahora muerto, y se preparó para la posibilidad de que otro de sus subordinados fuera un impostor. Esta sería la oportunidad perfecta para una emboscada.
“¡Vamos, escurridizo cambiaformas! ¡Muéstrame en qué te has disfrazado esta vez!”
Sus ojos se fijaron en las tres figuras sombrías frente a él. Tenía la firme intención de responder en cuanto una de ellas mostrara el más mínimo signo de hostilidad. Esperó con calma en la penumbra polvorienta. Finalmente, cuando el velo de polvo comenzó a disiparse, una de las tres sombras se abalanzó repentinamente en su dirección.
“¡Aquí vamos!”
Al ver el ataque, Atif lanzó al instante un fragmento de hueso que tenía preparado. De él brotaron más de una docena de fantasmas semitransparentes, que se abalanzaron sobre la figura en el polvo y se aferraron a ella.
Atrapado por esos espectros, el agresor quedó momentáneamente inmovilizado. Atif aprovechó la oportunidad para abalanzarse sobre él, sujetando la mano del atacante y canalizando el poder del alma extraordinaria que albergaba.
Al instante, una escarcha blanca se extendió desde el punto de contacto, cubriendo rápidamente todo el cuerpo del atacante con hielo. En cuestión de segundos, el presunto agresor quedó congelado, completamente inmovilizado.
Tras someter a este atacante, Atif sintió alivio, suponiendo que por fin había derrotado al segundo impostor. Pero justo cuando se inclinó para examinar el rostro del cautivo, sucedió algo inesperado.
Las otras dos figuras que se vislumbraban en el aire polvoriento se abalanzaron sobre él desde ambos lados. Cansado del último combate y creyendo que la amenaza estaba neutralizada, Atif no estaba del todo preparado. Nunca esperó que más de sus subordinados pudieran atacar de repente. ¿Acaso los habían reemplazado a los cuatro?
Sobresaltado, Atif intentó esquivar, pero, desprevenido como estaba, no pudo evitar ambos ataques. Un golpe” una hoja curva” le cortó el hombro izquierdo. El otro” un conjunto de garras” le arañó el abdomen. De no ser por los rápidos reflejos de Atif, ambos golpes probablemente le habrían alcanzado órganos vitales.
Atif recurría al alma de un elementalista de hielo, por lo que podía controlar el poder del hielo, pero no las defensas de piedra. Al no poder usar activamente un aspecto de la habilidad de un alma, carecía de una coraza de piedra que lo protegiera. Sin embargo, gracias al aspecto del Cáliz de su senda auxiliar, era increíblemente resistente, por lo que estas dos heridas graves no resultaron mortales de inmediato.
Escupiendo sangre, Atif ordenó a las docenas de fantasmas que aún estaban unidos al atacante congelado que cambiaran de huésped. Los espectros se abalanzaron sobre los dos que lo habían emboscado, ralentizándolos. En ese instante, Atif vislumbró sus rostros.
Vio a dos camaradas de toda la vida” hombres que habían compartido innumerables peligros con él a lo largo de los años” mirándolo fijamente con una furia descontrolada que jamás había visto. En circunstancias normales, semejante rabia habría alarmado a Atif. Pero en ese momento, tras haber sido herido por ellos, su propia ira afloró, un impulso desesperado por protegerse, por matar a esos traidores.
Ese deseo salvaje había estado gestándose en su interior desde que comenzó el caos, y ahora que estaba herido, no le quedaban fuerzas para mantener la calma. La furia se apoderó de él.
¡Mueran, impostores!
Con un rugido, Atif agarró el brazo con garras que aún le atravesaba el abdomen. Una súbita ráfaga de escarcha blanca lo cubrió, congelándolo y sellando la herida. Gruñendo, canalizó el poder de su Cáliz de segunda etapa, arrancando el brazo congelado de un tirón. Su dueño cayó al suelo con un aullido, agarrándose el muñón sangriento. Atif alzó la extremidad congelada como un martillo de guerra, estrellándola contra el cráneo del segundo atacante, que empuñaba la espada curva. Al hacerse añicos el arma improvisada, el asaltante armado con la espada se tambaleó con la cabeza destrozada.
Aprovechando el momento, Atif rodeó el cuello del hombre con la mano, apretando con fuerza hasta que se rompió, dejando escapar un chorro de sangre. Mientras el atacante se desplomaba, tomó la hoja curva y, de un golpe, decapitó al asaltante manco justo cuando este se ponía de pie con dificultad.
Finalmente, empapado en sangre, Atif había masacrado a tres de sus propios subordinados con sus propias manos. Aunque dos heridas graves desfiguraban su cuerpo, su vitalidad de segundo nivel del Cáliz le permitía seguir adelante, por muy sombría que fuera la lucha.
“¡Uf... uf... uf... ¿Qué... qué acabo de...?”
Empuñando la cimitarra ensangrentada, con los ojos inyectados en sangre y desorbitados, Atif permanecía de pie entre los restos de cadáveres, con el rostro lleno de absoluta confusión, como si no pudiera creer lo que acababa de hacer. En ese instante, una ráfaga de explosiones atronadoras lo sacó de su ensimismamiento.
¡Bang! ¡Bang! ¡Bang! ¡Bang!
Un estruendo agudo y ensordecedor resonó en el almacén. Una ráfaga de balas cayó sobre Atif. La primera le dio en la espalda, alertándolo al instante del peligro. Apretó los dientes y se tambaleó para esquivar, logrando evitar los disparos restantes tras recibir un segundo impacto en el costado.
Sangrando por dos heridas de bala, Atif apretó la mandíbula y activó rápidamente su habilidad para congelar las heridas y detener la hemorragia. Luego, alzando la vista hacia el origen de los disparos, divisó una figura familiar de pie en la entrada del almacén.
Allí estaba el “verdadero Hadi”“ el hombre que debería haber muerto hacía mucho tiempo” mirándolo con frialdad. En su mano sostenía un revólver ahora vacío, del cañón aún se desprendían tenues volutas de humo.
“¡Tú… ¡eres tú de verdad!”
Al ver a Hadi, supuestamente muerto, de pie en la puerta, los ojos de Atif se abrieron desmesuradamente por la sorpresa. Su corazón comenzó a latir con fuerza. En ese momento, finalmente lo comprendió: había estado atrapado en una enorme conspiración desde el principio. Los supuestos impostores a los que había matado antes… probablemente…
“¡¡Morir!!”
En el instante en que esa aterradora conclusión cruzó su mente, Atif estalló de furia. Consumido por un odio incontenible, lanzó un ataque frontal contra Gregor. Invocó a la docena de fantasmas que había depositado en sus dos subordinados, ordenándoles que se abalanzaran sobre Gregor y lo poseyeran.
Pero justo en ese instante, Atif sintió que perdía la concentración. Su sed de sangre hacia Gregor flaqueó drásticamente y, como consecuencia, su control sobre los fantasmas se debilitó y se desvaneció. La mitad de ellos se dispersaron sin rumbo en lugar de atacar, mientras que los pocos que quedaban eran demasiado pocos para que Gregor pudiera resistir.
Con calma, Gregor sacó un Sigilo Repelente de Espíritus y dos monedas, golpeándolas contra el suelo. Al encenderse el sigilo, una onda invisible emanó de su cuerpo. Cuando los espíritus hostiles entraron en contacto con la onda, chillaron y se dispersaron presas del pánico; ninguno se atrevió a acercarse.
Era un sigilo para repeler espíritus, una de las herramientas más comunes para ahuyentar a grandes cantidades de fantasmas débiles; equipo estándar en unidades de respuesta mística de diversas naciones. Se dice que este tipo de sigilo por sí solo podría resolver el 80% de los casos de apariciones.
Los fantasmas de Atif, aunque numerosos, eran débiles individualmente. Su método se basaba en la cantidad para abrumar a un objetivo mediante posesión masiva. Pero controlar tantos fantasmas a la vez debilitaba inherentemente su control sobre cada uno, y la repentina caída en su determinación provocó que su control flaqueara aún más, permitiendo que los fantasmas fueran expulsados con un solo sigilo, para nunca ser recuperados.
Tras dispersar a los débiles con un sigilo emitido por la Oficina, Gregor se centró de nuevo en Atif. Arrojó a un lado su pistola vacía y buscó en su abrigo otra, cargada y lista para disparar. Pero Atif no iba a darle esa oportunidad.
Al sentir que otra oleada de interferencia mental se acercaba, Atif abandonó de inmediato su estrategia de ataque fantasmal. En su lugar, retiró el fragmento de hueso vinculado a su alma de guerrero elementalista de hielo y convocó uno nuevo: esta vez, un espíritu femenino con apariencia de monja. Absorbió su espíritu y pálidos círculos de luz ondularon ante sus ojos.
Atif se había transformado en un espíritu Linterna Trascendente y, con la pequeña y valiosa reserva de espiritualidad Linterna que poseía, activó la habilidad del espíritu conocida como Concentración. Esta le permitía al Linterna Trascendente concentrar su atención al extremo. Gracias a ello, las perturbaciones mentales que había sufrido anteriormente disminuyeron considerablemente.
Pero eso no fue todo. Esa concentración le proporcionó la claridad precisa que necesitaba para lo que venía después.
Alzando su brazo derecho ileso, Atif apuntó a Gregor. Desde el interior de su manga, varios pernos oscuros salieron disparados, cada uno con una punta de veneno letal. Los había extraído de una pequeña trampa para tumbas que había desmantelado en un antiguo sepulcro y transformado en un arma oculta. Con su puntería precisa, los disparos eran inquietantemente exactos: un solo impacto podía matar a un hombre normal en menos de diez segundos.
“¡Cuidado! ¡Dardos ocultos en camino…!”
Justo cuando Atif alzó el brazo, una voz familiar resonó en la mente de Gregor. Desistió al instante de desenfundar su arma y se movió hacia un lado. A su velocidad de Sombra de segunda fase, Gregor esquivó los dardos envenenados en pleno vuelo. Los proyectiles impactaron contra la puerta metálica a sus espaldas con un tintineo seco.
“Está usando el alma de un Linterna; no entres en un tiroteo. Desenvaina tu espada. Acércate y entabla combate cuerpo a cuerpo. Si intenta dispararte de nuevo, bloquea con tu espada.”
“Pero… esos dardos son diminutos y rápidos. Ni siquiera puedo verlos bien. ¿De verdad puedo bloquearlos?”
“Confía en mí. Puedes. Dije bloquear, así que bloquea.”
La voz del detective resonó de nuevo en la mente de Gregor. Tras dudar apenas un instante, obedeció la orden. Soltó su arma reglamentaria, desenvainó una daga de la cintura y se lanzó hacia Atif como una flecha nacida de las sombras.
Al observar la aproximación, Atif no mostró temor alguno. Los separaban unos setenta u ochenta metros. Rápido o no, el “Sombra” aún necesitaba unos segundos para acortar la distancia, lo que le dio a Atif tiempo para disparar varios dardos más. En una carrera así, esquivar a izquierda o derecha suponía el riesgo de exponer puntos débiles fatales.
“Decisión imprudente.”
Con una calma letal y gracias a su intensa concentración, Atif alzó la mano y lanzó una andanada de dardos envenenados. Los finos y mortales proyectiles silbaron por el aire hacia Gregor, que cargaba contra él. Gregor blandió su espada para pararlos, pero la dificultad era demasiado grande. Un dardo rozó el filo de su espada y se dirigió directo a su ojo.
Y justo en ese momento, un tenue arco eléctrico parpadeó sobre el cuchillo de Gregor.
El dardo, como impulsado por una fuerza invisible, se curvó en el aire y se desvió hacia la hoja metálica. Con un chasquido seco, se clavó en el acero, atraído por el intenso magnetismo que recorría el arma. Con la ayuda remota de Dorothy, Gregor acababa de realizar una desviación magnética perfecta.
Con la hoja reluciendo, Gregor desvió los dardos restantes uno tras otro, golpeándolos con un rítmico ding, ding, ding! Ninguno dio en el blanco.
Cuando llegó hasta Atif, los ojos del anciano estaban muy abiertos por la incredulidad.
“¿Cómo... puede ser esto…?”
¡Barra oblicua!
Un arco plateado cruzó el aire. La espada de Gregor cortó la garganta de Atif. Gravemente herido, Atif ya no tenía fuerzas para resistir.
Se tambaleó en el sitio, herido de muerte.
En sus últimos momentos, seguía sin poder comprender cómo alguien podía bloquear todos sus dardos envenenados solo con pura habilidad.
“¿En este mundo… existe tal destreza marcial…?”
Ese fue el último pensamiento de Atif antes de desplomarse y exhalar su último suspiro.

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Estás leyendo el capítulo 467 de El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela), un novela. En medio del vapor de la revolución industrial, los misterios surgen bajo la superficie. Las sectas y las sociedades secretas buscan lo extraordinario en las sombras, mientras que los dioses ocultos contemplan a la… Este capítulo tiene publicado el 17 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli, Nishino. El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela) tiene 828 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.