Leer El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela) Capítulo 464 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli, Nishino✍️ Traducción: Crowli, Nishino
.
Hacia el mediodía, en una biblioteca municipal elegantemente decorada junto a un tranquilo canal del Adria, Dorothy estaba sentada en un rincón mirando hacia el río. Sobre una mesita frente a ella había varios libros publicados localmente en Ivengard. Aunque había abierto uno de los volúmenes de la biblioteca, su mente estaba en otra parte, absorta en la situación que se desarrollaba lejos, en Tivian.
“Tras recopilar la información que me han enviado Gregor y Adèle, ya puedo localizar aproximadamente a esos bandidos del norte de Ufiga: la calle Aguas Negras en Tivian. Jamás pensé que elegirían un lugar así para esconderse…”
Sentada allí, Dorothy contempló los barcos que se deslizaban por el canal, reflexionando que la decisión de los ladrones de refugiarse en el Distrito Sur de Tivian no era, desde su punto de vista, la ideal.
En Tivian, tanto el Distrito Sur como el Oeste son conocidos por su escasa seguridad y el caos reinante, siendo Aguas Negras Street uno de los peores lugares. Si no conocen la ciudad, no se esperaría que eligieran un sitio así. Esto sugiere que deben tener un asesor que conoce bien Tivian. O, más probablemente, simplemente asesinaron a un miembro del hampa local y convocaron su alma para obtener información. Hmph… en cierto modo, los Beyonders del Silencio son preocupantemente buenos recopilando información…
Dorothy reflexionó un momento, y luego centró sus pensamientos en el desafío al que se enfrentaba: con el traslado de los ladrones al Distrito Sur, gran parte de la red de inteligencia que ella dirigía había perdido su alcance.
La policía que Gregor ha movilizado procede mayoritariamente de Tivian Oriental, donde también se encuentra la principal base de poder de Adèle. Ahora, estas personas se han trasladado repentinamente a Tivian Meridional, una zona que ni Gregor ni Adèle controlan a fondo. Yo tampoco tengo contactos importantes en esa zona… Buscar a alguien allí va a ser complicado.
Sumergida en sus pensamientos, la mirada de Dorothy se desvió del canal hacia el cuaderno de bitácora literario que había sobre la mesa. En una página en blanco, las notas de Adèle eran claramente visibles.
No hacía mucho, Adèle había ordenado a sus subordinados que investigaran la calle Aguas Negras en busca de cinco extranjeros del norte de Ufiga y su rehén secuestrado, pero no encontraron nada. Nadie afirmaba haber visto recientemente a ningún extranjero entrar en Aguas Negras, y los secuestros eran tan frecuentes que pocos prestaban atención a algún caso en particular. La influencia de Adèle en el Distrito Sur era demasiado limitada como para desenterrar los secretos más profundos que yacían ocultos en esa zona.
Mientras Dorothy leía las palabras de Adèle en el Diario de A bordo, dedujo que los bandidos, al haber elegido Aguas Negras Street, debían haberse percatado de que las autoridades los perseguían. Habían sido más osados al llegar a Tivian porque pretendían asaltar la mansión Boyle para robar el cetro dorado y luego huir rápidamente. El secreto era menos importante si solo planeaban una breve estancia.
Pero la cámara secreta de Davis resultó ser un obstáculo mayor del que esperaban. No les quedó más remedio que secuestrar a Nust para sonsacarle el secreto de cómo abrir la bóveda. Al hacerlo, ya habían cometido una descarada intrusión en su domicilio. Su anonimato se había esfumado, así que se volvieron cautelosos y pasaron a la clandestinidad. Era lógico que ahora estuvieran borrando sus huellas con mucho más esmero.
Esto es un poco problemático. Están atrincherados en Aguas Negras Street, a la que ni Adèle ni Gregor pueden acceder fácilmente a corto plazo… Podemos localizarlos eventualmente, pero Nust quizá no resista tanto. Necesitamos un plan más rápido.
Con el ceño fruncido, Dorothy reflexionó sobre la situación con expresión preocupada. Pensó que, si estuviera físicamente en Tivian, explorar todo un distrito no sería difícil dadas sus propias habilidades de investigación.
En estas circunstancias, debo confiar en Gregor y Adèle. Para sacarles el máximo partido, necesito aprovechar al máximo sus puntos fuertes.
Reclinándose hacia atrás, Dorothy jugueteó pensativa con la punta de su pluma, casi mordiéndola hasta hacerla pedazos, cuando de repente la inspiración brilló en su mente.
…
Pritt, Tivian.
Por la tarde. En una calle del distrito sur de la ciudad, un carruaje se detuvo tras un largo trayecto. La puerta se abrió de golpe y un zapato lustrado pisó el pavimento sucio. Un joven, vestido con traje y corbata y con un porte distinguido, descendió del carruaje. Una vez erguido, recogió unas monedas y se las entregó al cochero. Este se despidió con un gesto de su sombrero y espoleó el carruaje.
Al ver desaparecer el carruaje, Gregor” con un rostro diferente, disfrazado” se volvió hacia la calle. Por primera vez, contempló una faceta de Tivian que desconocía por completo.
Bajo un cielo grisáceo y brumoso, hileras de edificios ruinosos de tres o cuatro pisos flanqueaban la estrecha calle. Sus paredes sucias estaban cubiertas de múltiples capas de pequeños anuncios. La calle, apenas lo suficientemente ancha para que pasaran dos carruajes, estaba bordeada por cunetas estancadas de agua negruzca. Una fina capa de líquido fétido cubría la propia calle, resultado de los vertidos industriales mal gestionados de una zona cercana. Esta contaminación deterioraba gravemente el entorno local, lo que le valió al distrito su nombre: Calle Aguas Negras.
Haciendo un esfuerzo por soportar un olor dos veces más penetrante que en la mayor parte de Tivian, Gregor se detuvo a observar su entorno. Vio figuras cansadas que caminaban pesadamente por la calle, con la ropa cubierta de polvo. Algunos cargaban pesadas bultos a mano. Desde las entradas de los callejones cercanos surgían miradas recelosas, y al final del camino se alzaban imponentes chimeneas que expulsaban humos oscuros al aire.
“Es incluso peor que los distritos bajos de Igwynt… Esto también es Tivian, ¿eh?”
Gregor murmuró. En su primer año tras llegar a la ciudad, había vivido en los barrios bajos de Igwynt, trabajando día y noche en una fábrica. Ya había visto condiciones terribles, pero la calle Aguas Negras parecía aún más miserable.
“Los lugares mejores se vuelven aún mejores, y los peores, aún peores… Así es Tivian.”
Gregor pensó en el ambiente confortable del que disfrutaba en el Distrito Norte y suspiró para sus adentros. Apartó esos pensamientos y se adentró en las profundidades de Aguas Negras Street.
La calle Aguas Negras era más que una simple calle; era todo un barrio, y bastante grande, además. A Gregor le llevó bastante tiempo recorrerlo. Para cuando terminó de echar un vistazo rápido a la zona, ya casi anochecía.
Este lugar es enorme, no solo laberíntico con innumerables callejones y un terreno complicado, sino también repleto de gente. Sería fácil esconderse o escabullirse aquí. Encontrar a alguien sin tener ningún tipo de influencia sería realmente difícil.
“Así que supongo que tendré que recurrir a otras tácticas…”
Tras comprobar la hora en su reloj, Gregor regresó a la entrada de Aguas Negras Street, el mismo lugar donde había llegado. Observando su entorno, finalmente divisó un carruaje pintado de un carmesí apagado, estacionado en un rincón discreto, junto a varios carros de carga con su mercancía oculta bajo lonas. Varias personas los custodiaban.
Al divisar el carruaje, Gregor caminó directamente hacia él. El cochero, al verlo acercarse, dirigió su atención hacia Gregor.
“Disculpe… ¿es este el vagón de espectáculos?”
“Sí, señor. ¿Puedo preguntarle quién es usted?”
“Soy el actor invitado. Mi papel… es el de mayordomo.”
“Ah, ya veo. Entonces, por favor, suba a bordo, señor. Todo lo que necesita está dentro.”
Al oír la declaración de Gregor, el conductor abrió rápidamente la puerta y le dio la bienvenida. Una vez dentro, Gregor cerró la puerta y descubrió un traje cuidadosamente doblado sobre el asiento.
Sin dudarlo, Gregor se cambió de ropa y pronto lucía un frac entallado con pajarita y guantes blancos, un atuendo común entre los mayordomos de la adinerada élite de Tivian.
Tras terminar de vestirse, Gregor se volvió hacia el gran espejo empotrado en el interior del carruaje. Después de examinarse, se frotó las mejillas con una mano y todo su rostro comenzó a transformarse.
Sus rasgos se contorsionaron y deformaron; su tez se oscureció, sus extremidades se alargaron poco a poco y su cabello se volvió blanco. En poco tiempo, el joven que había sido Gregor desapareció, reemplazado por una figura alta, de piel oscura, cabello blanco y un bigote bien recortado: nada menos que el retrato de Nust.
Una vez completada esta transformación, Gregor abrió la puerta del carruaje y bajó para dirigirse al grupo que esperaba afuera.
“Muy bien, todos, es hora de que extendamos la gracia de la Santa Madre a las pobres almas de Aguas Negras Street. Mostrémosles bondad.”
“Sí, señor…”
Un coro de voces respondió al unísono. Mientras tanto, la gente que rodeaba los vagones de carga arrancó las lonas, dejando al descubierto un cargamento de alimentos y diversos artículos de primera necesidad.
…
En Tivian, los nobles y ciudadanos adinerados solían demostrar su supuesta benevolencia donando cuantiosas sumas a la caridad, pero la mayor parte de ese dinero rara vez llegaba a quienes realmente lo necesitaban. O bien se perdía entre múltiples capas de corrupción o se canalizaba de vuelta a los donantes originales de forma indirecta. Incluso lo que quedaba y se destinaba a fondos oficiales de beneficencia tendía más a generar mayores beneficios y exenciones fiscales para los donantes que a mejorar de forma tangible la vida de los pobres.
Por lo tanto, la única forma fiable de verdadera caridad en Tivian era tomar cartas en el asunto: ir a los barrios marginales y entregar directamente artículos de primera necesidad a quienes más los necesitaban. Muy pocos tomaban esa iniciativa, pero no era del todo desconocida. Ahora se estaba desarrollando un caso así.
Por la calle Aguas Negras, una hilera de carruajes avanzaba lentamente. Las personas que flanqueaban la caravana anunciaban su propósito, captando la atención de innumerables residentes. Cuando los presentes se percataron de que los pasajeros pregonaban una distribución gratuita de artículos, la confusión dio paso a la emoción y el asombro.
Esta caravana estaba allí para realizar una labor de caridad inmediata, con vagones repletos de suministros: comida, ropa, libros, medicinas, diversos artículos para el hogar; todo lo imaginable. Según la caravana, estaban distribuyendo estos artículos gratuitamente a los pobres de Aguas Negras Street.
Al principio, la mayoría lo tomó a broma, pero en cuanto vieron que los vecinos realmente recibían cosas gratis, se agolparon alrededor de los vagones, formando una fila ansiosa. En cuestión de minutos, la zona que rodeaba el convoy se llenó de gente deseosa de recibir algo.
La noticia se extendió como la pólvora, y pronto toda la calle Aguas Negras era un hervidero de comentarios sobre esta generosa donación. Influenciados” quizás intencionadamente” por los rumores, multitudes de vecinos acudieron de todos los rincones del barrio. Ofrecieron alabanzas a la Virgen María y se apresuraron a reclamar sus regalos.
Multitudes de habitantes pobres del pueblo se agolpaban con avidez, pero gracias a la abundante mano de obra que acompañaba al convoy” cada individuo parecía bastante fuerte” lograron mantener el orden. Bajo su organización, los pobres se dividieron en varias filas, procediendo por turnos a recibir sus provisiones.
En el centro de esta entrega benéfica, a la vista de todos, se encontraba un extranjero mayor, de tez ligeramente morena, vestido con uniforme de mayordomo. Ocupaba una posición de mando sobre un camión cargado de suministros, dirigiendo toda la operación para garantizar su buen desarrollo.
“¡No se preocupen, no empujen! Hay suficiente para todos. Esta es una muestra de la bondad de mi amo hacia todos ustedes, y nadie se quedará sin nada, ¡así que por favor hagan fila de forma ordenada!”
Su voz se impuso al bullicio, haciendo imposible que pasara desapercibido. Siguiendo sus instrucciones” y entre las voces agradecidas de los incontables necesitados” la distribución se llevó a cabo de forma ordenada.
Entre la multitud, cerca del centro del convoy, una mujer encapuchada permanecía en silencio, su elegante figura oculta bajo la capa. Disfrazada para evitar ser reconocida como una celebridad local, Adèle se movía entre la multitud harapienta que llegaba de todas partes. Usaba activamente su don, percibiendo en grupo los deseos de quienes la rodeaban. Ante sus ojos, los anhelos más profundos de cada corazón desamparado quedaban al descubierto. Podía percibir pasivamente cualquier deseo dirigido directamente a ella; para los deseos que no iban dirigidos a ella, necesitaba sondear deliberadamente a pequeños grupos, uno por uno. Solo percibiendo el deseo de alguien podía influir en él.
Anhelo, anhelo, un anhelo incesante. En oleada tras oleada de su habilidad desplegada con cautela, Adèle percibió un mar infinito de esperanzas: la gratitud que sentían esas almas oprimidas por un golpe repentino de buena fortuna y su anhelo de una vida mejor. Naturalmente, también intuyó impulsos más oscuros: aquellos que querían dejar de lado todo decoro y apoderarse de los recursos por la fuerza. Pero Adèle reprimió esos impulsos codiciosos, contribuyendo así a mantener el orden.
El reparto continuó, al igual que la profunda empatía de Adèle hacia los deseos ajenos. Finalmente, a mitad del reparto, Adèle percibió un deseo radicalmente distinto entre un grupo de espectadores recién llegados.
Era una sed insaciable de conocimiento, nacida de la conmoción, la incredulidad y la incomprensión; un impulso intenso por descubrir la verdad tras algo desconcertante. Adèle sabía que una curiosidad tan fuerte solía indicar que alguien acababa de presenciar algo que lo había perturbado profundamente, sintiéndose obligado a desentrañarlo.
Deteniéndose en medio de la multitud, Adèle se volvió hacia aquel extraño deseo, escudriñando a través de los huecos entre la gente. Divisó otra figura encapuchada.
Aquella figura llevaba capucha y el rostro cubierto, y estaba inclinada hacia arriba para mirar fijamente al viejo mayordomo que supervisaba el reparto de limosnas sobre el camión.
“¿¡Ese… ese es el mayordomo de la familia Boyle?! ¡Imposible! ¡Debería estar atado en nuestro escondite! ¿Cuándo escapó? ¿¡Cómo es posible que aparezca aquí repartiendo provisiones?! ¿¡Qué demonios está pasando?!”
El hombre encapuchado, paralizado por la sorpresa, miraba con asombro. Simplemente había acudido para ver qué causaba todo aquel revuelo en Aguas Negras Street, sin imaginar que se encontraría con una escena tan desconcertante. Su asombro se transformó en preguntas apremiantes, y la urgente necesidad de comprender alimentó el deseo que Adèle había percibido.
“Vaya, vaya… parece que hemos encontrado nuestro objetivo.”
De pie entre la multitud, una pequeña sonrisa cómplice se dibujó en los labios de colores vivos de Adèle.

Continúa leyendo
El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela)
Capítulo 465
El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela) Capítulo 464
Estás leyendo el capítulo 464 de El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela), un novela. En medio del vapor de la revolución industrial, los misterios surgen bajo la superficie. Las sectas y las sociedades secretas buscan lo extraordinario en las sombras, mientras que los dioses ocultos contemplan a la… Este capítulo tiene publicado el 17 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli, Nishino. El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela) tiene 828 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.