Leer El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela) Capítulo 462 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli, Nishino✍️ Traducción: Crowli, Nishino
Pritt, Tivian Oriental.
Frente a la mansión de la familia Boyle, dos guardias de la entrada mostraban rostros perplejos ante el repentino cambio de actitud de su jefe. Por un instante, no supieron qué decir.
¿Qué está pasando? ¿El jefe Mayschoss? ¿Este jovencito ya es jefe? ¿Podría haber algún error?
Al escuchar las palabras de Homan, ambos guardias quedaron completamente perplejos. Volviendo la vista al joven, que aparentaba tener poco más de veinte años, lo vieron cerrar su billetera de identificación y entrar junto a Homan. Atravesaron la puerta y accedieron al patio, y tras recorrer una corta distancia, Homan se giró bruscamente para dirigirse con severidad a los dos guardias.
“Ustedes dos, vigilen esta puerta. No dejen entrar a nadie ajeno a la organización. ¿Entendido?”
“¡Sí, sí, señor!”
En respuesta a Homan, los guardias reanudaron su vigilancia en la entrada. Homan, tras amonestarlos, le dedicó a Gregor una sonrisa deferente y señaló la puerta principal de la mansión.
“Entremos entonces, señor Mayschoss. Mis hombres llegaron hace poco, así que la escena aún está intacta.”
“Mm. Buen trabajo” respondió Gregor.
Él y Homan caminaron juntos hacia la mansión. Durante el trayecto, Homan echó un vistazo a su alrededor antes de inclinarse para hablar en voz baja.
“Entonces, señor Mayschoss… ¿cree que este caso podría, eh… estar bajo su jurisdicción?”
Gregor, al oír la pregunta de Homan, no la confirmó ni la negó directamente.
“Es demasiado pronto para saberlo. Veo algunas señales sospechosas, pero decidir si entra dentro de nuestra competencia requerirá una investigación.”
“¿Señales sospechosas? ¿Qué exactamente…?” comenzó Homan.
“Eso es algo que no te debe preocupar” interrumpió Gregor secamente.
“A veces, saber demasiado te perjudica más que te beneficia.”
Al oír la advertencia de Gregor, el rostro de Homan se ensombreció y no dijo nada más.
Dicho esto, cruzaron el patio y entraron en la mansión Boyle. En cuanto pusieron un pie dentro, Gregor se encontró con un caos absoluto.
Jarrones rotos, mesas y sillas volcadas, armarios abiertos, sofás desgarrados, alfombras enrolladas… La otrora espléndida habitación yacía ahora en ruinas. No quedaba ni un solo rincón en orden.
El agua de los floreros se había derramado por el suelo; incluso habían esparcido las cenizas de la chimenea. Cenizas húmedas, fragmentos de vidrio y restos del relleno del sofá estaban por todas partes, haciendo casi imposible encontrar un lugar donde pararse.
“Brutal” comentó Gregor en voz baja, observando la escena. Homan asintió.
“La familia se llama Boyle. Esta mañana temprano recibimos un aviso de sus sirvientes diciendo que habían robado en la casa. Cuando llegamos, ya estaba así. Según los sirvientes, además de que todo el lugar estaba saqueado, su mayordomo había desaparecido.”
“Un mayordomo y algunos sirvientes… ¿Dónde están los dueños?”
preguntó Gregor.
Homan explicó: “Los sirvientes dijeron que los dueños se fueron al campo el año pasado por enfermedad. Su única hija, que vivía aquí, se fue de viaje a estudiar a principios de este año y no ha regresado. Así que el mayordomo y los sirvientes se han estado encargando de la casa. Ayer fue el día de la coronación, así que el mayordomo les dio la noche libre. Cuando regresaron esta mañana, la encontraron así, y el mayordomo ya no estaba”.
“¿Interrogaste a los vecinos?” continuó Gregor.
Homan asintió.
“Claro que sí. Muchos de ellos oyeron un buen alboroto anoche; todas las luces estaban encendidas. Algunos pensaron que se estaban mudando.”
Dicho esto, Gregor asintió pensativo y luego avanzó hacia el interior, caminando con cuidado entre los escombros mientras examinaba el interior de la mansión.
Gregor entró en el interior caótico, estudiando la escena con más detenimiento. Observó huellas de diversos tamaños y formas por todo el suelo, superpuestas en una maraña confusa.
“Estas huellas… no son de tu gente, ¿verdad?” preguntó a Homan, que estaba cerca. Homan se apresuró a negar con la cabeza.
“No, no, definitivamente no son nuestras. Deben pertenecer a los intrusos. Nos hemos asegurado de preservar pistas tan importantes.”
Satisfecho con esa respuesta, Gregor reanudó su inspección de la casa, saliendo del salón principal y revisando las demás habitaciones. Todas se encontraban en un estado igualmente catastrófico.
Los armarios estaban volcados, los adornos hechos añicos, los cristales rotos, las estanterías derribadas… En muchos sitios, las tablas del suelo habían sido levantadas, dejando al descubierto los cimientos de piedra. Las paredes presentaban daños considerables: el yeso y la pintura se habían desprendido, estaban plagadas de abolladuras y grietas, y el suelo de piedra expuesto bajo las tablas también estaba desconchado y marcado.
Acompañado por Homan, Gregor recorrió las habitaciones, deteniéndose a veces para examinar los agujeros en las paredes o las tablas del suelo arrancadas, y otras para inspeccionar cada huella que encontraba. Tras terminar con el segundo y el tercer piso” ambos igualmente devastados”, regresó a la planta baja, haciendo una pausa en una de las salas de exposición de la finca.
Era evidente que aquel lugar había sido un espacio elegante, repleto de objetos de colección, pero ahora estaba tan destrozado como el resto de la mansión. Las vitrinas yacían hechas añicos, los fragmentos esparcidos por el suelo y los retratos arrancados de las paredes, arrojados a un lado sin orden ni concierto. Algunos objetos de las vitrinas estaban tirados por todas partes, mientras que otros habían desaparecido por completo. El suelo estaba levantado a trozos y las paredes presentaban múltiples marcas. En un rincón de la habitación, Gregor incluso descubrió un pequeño montón de cenizas.
Gregor permaneció un rato en la sala de exposición, se arrodilló en un rincón y cogió un poco de ceniza, llevándosela a la nariz para olerla. Tras asentir pensativo, se puso de pie, se volvió hacia Homan y preguntó.
“Homan, ¿cuál es tu opinión sobre estos ladrones?”
Homan, con el ceño fruncido, pensó un momento antes de dar su respuesta directa.
“Estos ladrones… yo diría que son descarados y muy inusuales. Nada típicos.”
“¿Ah, sí? ¿Cómo es eso?” insistió Gregor. Homan hizo una pausa, ordenando sus ideas, y continuó.
“Bueno, para empezar, irrumpieron en una casa, la destrozaron por completo y, de paso, secuestraron a alguien. Eso ya demuestra su descaro. Pero lo más extraño es la magnitud del saqueo. Un ladrón normal quizá rebuscaría en los armarios y cosas así, pero estos tipos fueron mucho más allá: arrancaron las tablas del suelo, rompieron jarrones, abrieron boquetes en las paredes e incluso sacaron las cenizas de la chimenea. Derribaron una estantería enorme…
“Sinceramente, señor Mayschoss, llevo muchos años siendo policía y he tratado numerosos casos de robo con allanamiento y robo a mano armada. Esta es la primera vez que veo un lugar tan destrozado. Uno pensaría que vinieron a demoler o remodelar la casa, no a robarla.”
Gregor asintió en señal de aprobación.
“En efecto. No son bandidos comunes. Son del norte de Ufiga; una banda que se dedica a robar artefactos antiguos.”
“¿Norte Ufi”? ¿Extranjeros?!”
Homan exclamó, sorprendido. No podía comprender cómo un robo aquí en Tivian podía estar relacionado con ladrones de tan lejos.
En lugar de responder directamente, Gregor volvió a recorrer con la mirada la habitación. Tras una breve pausa, habló.
Eran unos cinco. Tres hombres medían alrededor de 165 centímetros, uno unos 172 y otro quizá 175. Son ufigos del norte; probablemente con tez más oscura que la nuestra y acostumbrados a llevar barbas más espesas. Si hablan prittis, lo harán con un fuerte acento, así que cualquiera que los oiga sabrá que son extranjeros.
Probablemente no sean personas muy fáciles de tratar. Si tienen que comunicarse con alguien, es muy probable que causen problemas. Vendrán equipados con muchas herramientas extrañas: palas raras, martillos, incluso algunos utensilios de hueso cuyo propósito no es obvio. Es casi como si se dirigieran a una obra en construcción.
Dado que no llevan mucho tiempo en Tivian, es probable que no se hayan adaptado del todo. Podrías intentar buscar alguna pista por la zona del puerto. Además, puede que aún necesiten comprar ropa, así que si te acercas al puerto o a las tiendas cercanas, podrías preguntar si alguien ha pasado por allí…
Con aparente naturalidad, Gregor describió con todo lujo de detalles a personas que jamás había visto en persona. Homan se quedó allí, atónito y sin habla, hasta que Gregor se giró y preguntó bruscamente.
¿Lo has entendido todo? ¿Necesitas que lo repita?
Gregor escuchó en silencio mientras Homan formulaba su pregunta con un atisbo de intriga en la mirada.
“Ah… sí, señor Mayschoss. Oí que dedujo sus características con tanta rapidez, pero ¿cómo averiguó exactamente tantos detalles sobre esos criminales?”
Gregor respondió con una leve sonrisa y una voz que denotaba un dejo de misterio:
“Un razonamiento estándar, además de algunos métodos de mi área de especialización. En fin, no entraré en detalles ahora. Necesitamos concentrarnos en encontrar pistas sobre esos ladrones y en rescatar a su rehén.”
Jefe Homan, utilice la información que le he proporcionado e instruya a sus hombres para que concentren la búsqueda en la zona portuaria y sus alrededores. Que interroguen en los hoteles, tiendas de ropa, restaurantes, etc. Si encuentran alguna pista, avíseme de inmediato.
“Ah, y si logras dar con su escondite, bajo ninguna circunstancia intentes capturarlos por tu cuenta. Infórmame primero. Yo me encargaré de lo necesario.”
Su tono fue firme. Al principio, Homan había mostrado demasiada curiosidad, pero al oír a Gregor mencionar “mi área de especialización”, asintió solemnemente y se abstuvo de hacer más preguntas.
“Muy bien, le agradezco su ayuda, Sr. Mayschoss. Haré lo posible para que mis oficiales se encarguen del asunto. Pero antes de hacerlo, ¿no le importará si regreso a la comisaría y envío un telegrama para confirmar sus credenciales, verdad?”
“En absoluto. Básicamente me estás cediendo el mando, y es lógico ser prudente. También explicaré la situación a mis superiores” dijo Gregor. Homan continuó.
“Excelente. Déjenme ir a hablar con mi gente ahora.”
Dicho esto, Homan salió de la sala de exposiciones. Gregor, observándolo marcharse, exhaló lentamente y luego se rascó la cabeza murmurando en voz baja.
“¡Uf… El detective trabaja muy rápido, desenterrando todos estos detalles con tanta rapidez!”
Un atisbo de envidia apareció en los ojos de Gregor.
“¡Ojalá tuviera yo sus habilidades…!”
…
.
En un hotel de lujo cerca de la plaza de la catedral, Dorothy estaba sentada en un mullido sofá, con expresión concentrada. Momentos antes, había utilizado los sentidos de Gregor a distancia para investigar la mansión Boyle en Tivian, llegando a algunas conclusiones preliminares.
La casa de la familia Boyle había sido asaltada por ladrones de tesoros del norte de Ufiga, quienes secuestraron a Nust, el mayordomo. Su objetivo, muy probablemente, era el cetro dorado que protegía a los Boyle de la maldición familiar.
Mientras Gregor inspeccionaba la devastada finca Boyle, Dorothy ya había convencido a Nephthys Boyle de que le entregara a Aka sus recuerdos más precisos de la casa. Al comparar las observaciones actuales de Gregor con los recuerdos de Nephthys sobre cómo lucía la mansión intacta, Dorothy dedujo lo siguiente.
Gran parte de las obras de arte y antigüedades de la mansión” en su mayoría originarias del norte de Ufiga” habían desaparecido, lo que sugería que ladrones expertos las habían robado. Esa fue la primera pista de Dorothy de que los culpables eran del norte de Ufiga.
En segundo lugar, las numerosas grietas y abolladuras en las paredes y el suelo llamaron la atención de Dorothy. Mientras que otros podrían haberlas ignorado, Dorothy” que había estudiado las obras de Berlar, el erudito saqueador de tumbas” reconoció las marcas como producidas por una pequeña herramienta similar a un martillo, especializada para el saqueo de tumbas. Su propósito era golpear paredes y tablas del suelo para comprobar la existencia de compartimentos ocultos, habitaciones o incluso criaturas al acecho. Además, en un rincón de la sala de exposición, encontró los restos de un “símbolo de escucha”; sus cenizas indicaban el uso de un método especializado para detectar cámaras secretas.
Su tercera pista provino de las huellas, que” tal como señaló Homan” podían ofrecer numerosas pistas. A partir de las huellas superpuestas en los tres pisos, Dorothy concluyó que había cinco intrusos en total, cada uno con huellas que indicaban una altura aproximada específica. Más importante aún, el dibujo de las suelas en estas huellas claramente no correspondía a zapatos típicos de Tivian; eran botas más adecuadas para terrenos arenosos. El norte de Ufiga es conocido por su clima desértico.
Evidentemente, estos ladrones tenían demasiada prisa o desconocían demasiado Tivian como para adquirir calzado adecuado al clima local, lo que implica que pronto podrían necesitar ropa de abrigo. Si bien el clima de Tivian no era extremadamente frío, seguía siendo más fresco que el del norte de Ufiga, especialmente en marzo, a una latitud mucho más alta. Aunque cierta adaptabilidad corporal gracias al Cáliz podría serles útil, probablemente preferirían ropa más cómoda; de ahí la sugerencia de Dorothy de que Gregor le pidiera a Homan que vigilara las tiendas de ropa.
El grupo había levantado tablas del suelo y golpeado paredes, no por vandalismo, sino para buscar compartimentos ocultos o habitaciones secretas, en concreto la bóveda que contenía el cetro dorado. Afortunadamente, según recordaba Neph, el mecanismo para abrir esa cámara secreta permanecía intacto, a pesar de todos los destrozos. Posiblemente frustrados por no encontrar su botín, habían destrozado objetos innecesarios en un arrebato de ira. Dorothy sospechaba que estaban muy enfadados.
Dado que la cámara había sido construida por Davis, un experimentado cazador de tesoros, estaba meticulosamente diseñada teniendo en cuenta todas las tácticas conocidas para saquear tumbas, dejando a los aspirantes a ladrones completamente desconcertados. Su último recurso fue secuestrar a Nust con la esperanza de que los guiara hasta el cetro.
“Parece que esta gente podría estar relacionada con ese supuesto “príncipe” de alguna manera. Solo sabremos más cuando los atrapemos” reflexionó Dorothy. “Pero hacerlo en Tivian no debería ser demasiado difícil.
Dicho esto, murmuró para sí misma y abrió las páginas en busca del contacto de Adele. En Tivian, Dorothy tenía algunos contactos.

Continúa leyendo
El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela)
Capítulo 463
El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela) Capítulo 462
Estás leyendo el capítulo 462 de El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela), un novela. En medio del vapor de la revolución industrial, los misterios surgen bajo la superficie. Las sectas y las sociedades secretas buscan lo extraordinario en las sombras, mientras que los dioses ocultos contemplan a la… Este capítulo tiene publicado el 17 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli, Nishino. El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela) tiene 828 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.