Leer El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela) Capítulo 429 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli, Nishino✍️ Traducción: Crowli, Nishino
En algún lugar del Mar de la Conquista, en la isla principal del Archipiélago del Árbol de Verano.
Era de noche en la Isla del Árbol de Verano. En lo profundo de la isla, oculto entre densos bosques, yacía un lago cristalino y tranquilo. En la oscuridad, las aguas prístinas reflejaban las estrellas y la luna, mientras una suave brisa creaba pequeñas ondas en la superficie.
En el centro del lago se alzaba una cabaña de madera, sostenida por innumerables estacas. Dentro de esta espaciosa cabaña, una monja vestida con hábitos blancos permanecía sentada en silencio sobre una estera extendida en el suelo. Con su libertad restringida, rezaba en silencio bajo la luz de las estrellas que entraba por la ventana.
“Oh Señor… por favor, mantén a todos a salvo. Por favor, protege a los inocentes del mal.”
Vania, confinada en aislamiento, rezaba con fervor. Desde lo más profundo de su corazón, esperaba que toda aquella caótica situación se resolviera pacíficamente. Deseaba con fervor que la divinidad interviniera para evitar cualquier tragedia, aunque sabía que era una esperanza vana.
“Ahora mismo… lo único que puedo hacer es esperar a que la señorita Dorothea o la Iglesia envíen ayuda. Pero si es la Iglesia, entonces esta isla probablemente sufrirá una destrucción total. No solo los residentes originales, sino incluso yo y los demás peregrinos… ¿cuántos de nosotros podríamos escapar? Me pregunto si la señorita Dorothea tendrá un plan más adecuado…”
Sentada sola en la cabaña de madera vacía, Vania reflexionaba. Sabía que las marcas de marioneta que había implantado en varios de sus captores probablemente ahora las usaba Dorothy en algún lugar. Esperaba que los esfuerzos de Dorothy a través de esas marcas hubieran dado resultado.
En ese preciso instante, una voz familiar resonó de repente en su mente.
“Gran Aka… Solicito iniciar comunicación directa con la Hermana Vania. Por favor, tiende un puente para mí…”
Al oír la voz en su cabeza, Vania se detuvo un instante. Ya había experimentado ese tipo de contacto antes y comprendió de inmediato lo que sucedía. Respondió mentalmente.
“¿Señorita Dorothea? ¿Ha habido algún progreso por su parte?”
“Sí. Gracias a vuestra ayuda, he podido investigar la isla hasta este punto. En general, he descubierto información bastante interesante, información que podría ayudaros a todos a salir de aquí.”
La voz de Dorothy resonó directamente en los pensamientos de Vania. Al oírla, Vania no pudo evitar soltar un pequeño suspiro de alivio. Inmediatamente se puso en contacto con ella.
“¡Ja… qué bien oír eso! ¿Necesitas mi ayuda para el siguiente paso?”
“Por supuesto que sí. De hecho, Vania, tú eres la clave de mi plan. Ahora, escucha atentamente mientras te explico…
Entonces Dorothy comenzó a detallar su propuesta en la mente de Vania. La monja, sentada en la cabaña, escuchaba atentamente. Pero cuanto más oía, más fruncía el ceño.
“¿Este… este es tu plan? Yo… ¿de verdad puedo hacerlo?”
Vania respondió con una clara ansiedad en su tono. Pero entonces volvió la voz de Dorothy, esta vez suave y tranquilizadora.
“No te preocupes. Creo en ti. Te estaré cuidando y ayudándote en todo momento. Igual que cuando nos enfrentamos a ese hombre lobo llamado Smith.”
“¿Como en la mansión de los hombres lobo, eh?”
Vania, murmurando entre dientes, recordó aquella peligrosa experiencia. Tras un instante de vacilación, reconoció que quedarse de brazos cruzados no era una opción. Con la profunda confianza que había depositado en Dorothy, decidió, una vez más, seguir sus indicaciones.
Y así, tras una larga sesión de planificación estratégica y preparación a través de su vínculo espiritual, todo estuvo finalmente listo.
Sentada en el suelo de la cabaña de madera, Vania respiró hondo y miró por la ventana el cielo estrellado.
Se tranquilizó, caminó hasta la puerta herméticamente cerrada de la cabaña y llamó suavemente dos veces.
Luego, esperó en silencio.
Al poco rato, la puerta se abrió con un crujido. Al otro lado había varios hombres vestidos con atuendos de Árbol de Verano, con rostros llenos de sospecha y las armas firmemente aferradas en sus manos. La miraron con recelo.
Vania, hablando con cortesía y en tono amable, se dirigió a ellos.
Buenas noches, caballeros. Tengo algo que quisiera comentar. ¿Podría solicitar una reunión con su Sacerdote del Árbol Generoso?
Vania se dirigió a los dos guardias en ivengardiano. Tras un breve instante de sorpresa, uno de ellos respondió en un ivengardiano algo chapurreado.
“No… usted es un prisionero. No tiene derecho a ver al sacerdote.”
“¿No puedo? Qué lástima…” respondió Vania con dulzura.
“Verás, acabo de recibir nueva información de la Iglesia. Es algo que el sacerdote debería escuchar.”
Habló con calma, imperturbable. El guardia que la entendía hizo una pausa por un segundo antes de soltar una ráfaga.
“¿Información de Radiante? ¿Cómo se pusieron en contacto con usted? ¿Le enviaron alguna respuesta?”
El guardia la interrogó con expresión seria. Vania simplemente sonrió y asintió en silencio, confirmando sus palabras. Al ver esto, el guardia no se atrevió a demorarse y se marchó rápidamente.
“Espere aquí un momento.”
Poco después, el guardia regresó, esta vez acompañado por varios más. Entre ellos se encontraba una figura familiar: Bahoda, el líder del grupo de captores.
“¿Radiante logró contactarte? ¿Respondieron a nuestras demandas? ¿Qué dijeron?” preguntó Bahoda apresuradamente, mirando fijamente a la monja que tenía delante.
Pero Vania solo sonrió y dijo con calma: “Necesito hablar directamente con el Sacerdote del Árbol Generoso. Hay mucho que discutir con él cara a cara”.
Sus palabras hicieron que Bahoda se detuviera. Se quedó pensativo un momento, y finalmente asintió.
“…De acuerdo. Te llevaré con él. Será mejor que no intentes nada.”
Así pues, acompañada por Bahoda, Vania abandonó la cabaña junto al lago donde había estado prisionera. Cruzaron el agua en una pequeña barca, guiados por la luz de las lámparas, hasta llegar a la orilla. Al amparo de la noche, Bahoda la condujo por las calles tenuemente iluminadas hacia el centro del pueblo.
Su destino era la enorme plaza a los pies del imponente árbol sagrado, ahora prácticamente vacía y silenciosa. Desde allí, Bahoda guio a Vania detrás del árbol hasta una gran casa comunal de madera.
Subieron los escalones de madera y llegaron a la puerta. Bahoda le hizo un gesto para que esperara y luego entró solo. Poco después, salió de nuevo con semblante serio.
“El Señor Anman te verá.”
Vania entró en la casa comunal. Dentro había una modesta habitación de madera impregnada del intenso aroma de las hierbas. Manojos de plantas secas colgaban del techo. Huesos diminutos y tiras de carne seca adornaban las paredes, junto con una pintura descolorida sobre tela con un motivo de árbol. No había mesa; solo estantes atestados de botellas y frascos. En el centro de la habitación, un brasero de piedra crepitaba y brillaba, proporcionando una luz tenue.
Sentado con las piernas cruzadas detrás del fuego, un anciano vestido con toscas túnicas y una cuerda atada a la cintura, tenía el rostro surcado de arrugas y la barba y el cabello completamente blancos. Miró a Vania con solemnidad y habló en un ivengardiano bastante fluido.
“¿Qué ha dicho Radiante sobre nuestras demandas, Hermana?”
Aunque su voz era tranquila, una tensión oculta y una ansiosa esperanza brillaban en los ojos de Anman. Estaba desesperado por conocer la postura de Radiante, desesperado por saber si esta apuesta a todo o nada traería la salvación” o la perdición” para su pueblo.
Mientras Anman esperaba su respuesta, Vania se giró para mirar a Bahoda, que estaba detrás de ella. Luego volvió a mirar al anciano sacerdote y dijo: “Para lo que sigue, quisiera hablar contigo a solas, Sacerdote del Árbol Generoso”.
Apenas hubo terminado de hablar, Bahoda frunció el ceño.
“¡De ninguna manera! Soy responsable de la seguridad de Lord Anman. No me iré. Di lo que tengas que decir, pero no intentes engañarme.”
Bahoda le habló con dureza a Vania, pero ella no respondió directamente. En cambio, se volvió hacia Anman, se llevó las manos al pecho y comenzó a moverlas rápidamente en una serie de gestos intrincados.
Sus manos danzaban ante ella” a veces ahuecadas, a veces desplegadas” en lo que parecía un ritual silencioso. En el fluir de sus gestos, se vislumbraban ecos de vida: un embrión formándose, una semilla brotando… Los ojos de Anman se abrieron de par en par mientras la observaba, con la boca entreabierta por el asombro.
“¡¿Qué estás haciendo?! ¡Detente ahora mismo!”, gritó Bahoda, listo para intervenir.
Pero antes de que pudiera actuar, Anman levantó la mano y lo detuvo.
“¡Retírate, Bahoda!”
“¿¡Qué!? Lord Anman… ella…”
Bahoda parecía completamente desconcertado, pero Anman lo interrumpió con firmeza.
“Lo sé. No pasa nada. Haz lo que te digo y vuelve afuera. Hablaré con ella a solas. No representa ninguna amenaza para mí.”
“…Sí, señor.”
Aunque seguía visiblemente incómodo, Bahoda obedeció. Lanzó una última mirada confusa a Vania antes de darse la vuelta y salir de la casa comunal.
Ahora solo quedaban Anman y Vania.
“Por favor, siéntese” dijo Anman en voz baja.
Vania se sentó con las piernas cruzadas frente a él, y él arrojó unas cuantas ramas más al brasero central, avivando las llamas. Luego preguntó, con voz tranquila pero curiosa.
“¿Dónde aprendiste esas señas?”
“Las conozco desde que era niña. Me las enseñó la sacerdotisa de mi tierra natal” respondió Vania con seriedad.
“¿Tu tierra natal…? ¿De dónde eres? Y esta sacerdotisa… ¿qué culto profesaba?”
“Provengo de un asentamiento remoto, muy lejos, en el interior del continente. Era muy parecido a vuestra isla, un lugar aislado con sus propias tradiciones y creencias. Pero ahora… ese lugar se ha convertido en un santuario dedicado a la Santa Madre. Aun así, la sacerdotisa que me crió, la que me guio, también veneraba a la Madre de la Abundancia.”
“Sí. Soy como tú. Creo firmemente en la Diosa de la Abundancia. Compartimos la misma madre divina.”
Vania se llevó la mano al corazón mientras hablaba en voz baja. Los ojos de Anman se abrieron de nuevo, y un claro asombro cruzó fugazmente su rostro curtido.
“Así que es cierto… No me lo esperaba. Que fuera de Árbol de Verano aún hubiera seguidores de la Diosa. Supongo que el anterior sumo sacerdote tenía razón: su culto floreció una vez por todo el continente, y nosotros no somos más que una rama superviviente… Ja… Después de lidiar con Radiante durante tanto tiempo, había empezado a creer que el mundo exterior les pertenecía por completo.”
“Escuché de Bahoda y de los demás que actuaste de forma diferente al resto de Radiante; que trataste a los heridos sin distinción entre amigos y enemigos. Por eso… eres uno de nosotros.”
Anman murmuró asombrado. Claramente, no esperaba que aquella monja que tenía delante fuera una correligionaria.
“Sí. Nunca imaginé que encontraría vestigios de la fe de la Diosa en una parte tan remota del mar” respondió Vania con sinceridad.
“Mientras hablaba con los guerreros, empecé a sospechar. Y después de llegar a la isla y ver los ornamentos, las estatuas… me convencí. Fue entonces cuando decidí ir a ver al sacerdote de la isla, aunque eso significara fingir que traía un mensaje de Radiante.”
Conmovido por su honestidad, Anman suspiró.
“Así que esto es lo que es… Admito que esperaba que de verdad trajeras noticias de Radiante. El destino de nuestro pueblo depende de su respuesta.”
Había un leve dejo de decepción en su voz. El encuentro con otro devoto de la Diosa lo había conmovido profundamente, pero su mente seguía preocupada por la desesperada realidad que afrontaba su pueblo.
Al ver ese destello de decepción, Vania hizo una pausa… y luego continuó hablando.
“Ofreciste a los peregrinos como moneda de cambio para presionar a la Iglesia a que detuviera la conversión forzada de Árbol de Verano, ¿verdad, sacerdote?” preguntó Vania a Anman con calma solemne.
“¿Pretendes usarnos como moneda de cambio para que respeten la fe de la Diosa? Pero… ¿de verdad crees que la Iglesia aceptará tales condiciones? ¿Que negociarán contigo por el bien de simples peregrinos como nosotros?”
Sus palabras hicieron que Anman se detuviera. Su expresión se tensó ligeramente mientras respondía con un tono más cauteloso.
¿Qué intentas decir con esto?
“Lo digo muy claramente” dijo Vania con seriedad.
“Por lo que sé de la Iglesia, jamás accederán a tus exigencias. Aunque mataras hasta al último peregrino, la Iglesia de la Radiación no haría la menor concesión. Al contrario, responderían con una venganza devastadora.”
Por eso les ruego que no depositen sus esperanzas en usarnos como una amenaza para forzar la actuación de la Iglesia. La Iglesia preferiría abandonarnos por completo antes que transigir con “herejes”. Si continúan por este camino, el único futuro para Árbol de Verano es la destrucción.
“Sacerdote Anman… ¿es ese realmente el destino al que desea usted conducir a su pueblo?”
Sus palabras fueron contundentes y claras. Dorothy había leído una vez los textos secretos que detallaban cómo la Iglesia trataba a los disidentes; sabía perfectamente cuál era su límite. Jamás negociarían con herejes por unos cientos de rehenes.
Anman permaneció sentado en silencio. Su expresión era indescifrable; contempló el brasero durante un largo rato antes de responder con severa resolución.
“Por supuesto que sé que la Iglesia no cederá fácilmente. Pero nosotros también tenemos una línea que nunca cruzaremos.”
“El Árbol de Verano fue en su día un pueblo marginado, un pueblo quebrantado. Fue la bendición de la Diosa la que nos dio el derecho a sobrevivir. El Árbol de Verano no puede existir sin Ella. La Diosa es la raíz de nuestro pueblo; nuestra reverencia por Ella es la esencia de lo que somos.”
“Si Radiante no cede, nosotros tampoco. Jamás aceptaremos sus creencias.”
Su tono se endureció, al igual que su mirada. Señaló a Vania y la acusó directamente.
“Dices ser seguidora de la Diosa, pero hablas de una manera que favorece a Radiante. ¿Acaso intentas hacernos perder la esperanza y convertirnos?”
“Dices que eres uno de nosotros, pero tus palabras te delatan. ¿Podemos siquiera creer en tu supuesta fe? Quizás solo aprendiste algunos gestos y viniste aquí para engañarme.”
“Nunca he oído hablar de una monja que adore a la Diosa delante de las narices de la Iglesia. Radiante tiene tantas reglas… ¿cómo podrías ocultar tu fe a sus ojos?”
“Eres desconfiado. Quizás la Iglesia te enseñó esos gestos, te dijo que te disfrazaras de converso de la fe de la Abundancia, para ablandarme, para convencerme de rendirme. Si es así, olvídalo. ¡Eso jamás sucederá!”
La voz de Anman se alzó con justa furia. Desde el principio, no había confiado realmente en Vania basándose solo en unos gestos ceremoniales. Su cautela nunca había disminuido; simplemente había fingido estar receptivo para obtener más información.
Tras escuchar sus palabras anteriores, sospechó que era una infiltrada de la Iglesia, una monja de Radiante enviada para hacerse pasar por una creyente “convertida” en Abundancia, con la esperanza de manipularlo. Al fin y al cabo, esos signos rituales no eran tan complejos; cualquiera podía aprenderlos.
Pero Vania no se inmutó. Permaneció sentada con calma y miró fijamente a Anman.
“En efecto, soy seguidora de la Diosa. No tienes por qué dudarlo, sacerdote” dijo en voz baja.
“Si los gestos rituales no son suficientes, puedo ofrecer más pruebas.”
“En cuanto a cómo practico mi fe a espaldas de la Iglesia, es muy sencillo. Adoro a la Santa Madre de la Radiación… como si fuera la Madre de la Abundancia.”
Anman parpadeó sorprendido. Tras un instante, repitió sus palabras.
“¿Qué…? ¿Adoras a la Santa Madre de Radiante… como si fuera la Diosa?”
“Sí” confirmó Vania con dulzura.
“Así es como mantengo mi fe bajo el dominio de Radiante. Es un método muy eficaz. Y es uno que les recomiendo a todos.”
“Puedes hacer lo mismo que yo: convertirte exteriormente, mientras que interiormente superpones la imagen de la Santa Madre con la de la Diosa. Adórala como la Madre de la Abundancia.”
“Y tengo… un método para hacerlo.”

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Estás leyendo el capítulo 429 de El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela), un novela. En medio del vapor de la revolución industrial, los misterios surgen bajo la superficie. Las sectas y las sociedades secretas buscan lo extraordinario en las sombras, mientras que los dioses ocultos contemplan a la… Este capítulo tiene publicado el 17 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli, Nishino. El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela) tiene 828 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.