Leer El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela) Capítulo 412 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli, Nishino✍️ Traducción: Crowli, Nishino
Costa norte del Mar de la Conquista, Navaha.
Desde la puesta de la luna hasta el amanecer, volvió a amanecer. Tras una noche tranquila, la ciudad costera recibió de nuevo la mañana.
A última hora de la mañana, en una pequeña colina en las afueras noroccidentales de Navaha, se alzaban los restos de una estructura. Muros derruidos y torretas fracturadas sobresalían de montones de escombros: ruinas de lo que parecía ser una construcción olvidada hace mucho tiempo.
Entre las ruinas se alzaban algunas figuras dispersas, mirando a su alrededor con curiosidad. Parecían ser un par de ancianos que guiaban a un grupo de estudiantes.
“Estudiantes, estos son los restos de una fortificación militar. A juzgar por su arquitectura, probablemente data de hace más de quinientos años, de la dinastía Feonando. Durante esa época, la región de Cassatia aún sufría los estragos de la guerra…”
Mientras paseaba por el yacimiento, el profesor John, de la Universidads Corona Real de Tivian, impartió una clase a sus alumnos sobre la importancia histórica de las ruinas. Los estudiantes lo siguieron de cerca, escuchando con total atención.
El grupo universitario llegó a Navaha únicamente porque la nave que utilizaban para ir a Ivengard sufrió un grave accidente. Como consecuencia, se vieron obligados a abordar una nave de la Iglesia, que los trajo a esta pequeña ciudad casitiana, la cual no figuraba originalmente en su itinerario.
A pesar del contratiempo, ni los estudiantes ni el profesorado estaban demasiado preocupados. Su objetivo era asistir a una exposición de valiosas reliquias culturales en Adria, Ivengard, y aún tenían tiempo de sobra antes del evento. En lugar de apresurarse a buscar otro barco, decidieron quedarse en Navaha un par de días para explorar sus sitios históricos y conocer la cultura de Cassatia.
Mientras el profesor John seguía relatando historias de la historia de los Casitianos, los estudiantes de arqueología de la Universidads Corona Real recorrían las antiguas ruinas, claramente abandonadas durante generaciones. Entre los que se quedaban atrás del grupo estaba Neftis, quien contemplaba en silencio el desolado paisaje con una mirada pensativa.
“No esperaba que la primera parada de nuestro viaje de estudios fuera Navaha en lugar de Adria. Pensaba que sería una ciudad pequeña sin nada que ver… pero después de preguntar, resulta que hay bastantes ruinas…”
Le sorprendió descubrir que, a pesar de su modesta apariencia, Navaha parecía poseer una rica herencia cultural.
“Anoche, la señorita Dorothy me contactó en plena madrugada y me advirtió que tuviera cuidado con mi sueño. Me dijo que intentara entrar en los sueños mediante sueños lúcidos, si fuera posible, pues afirmaba que existe una secta oculta en esta ciudad vinculada al Paisaje Onírico… Si una secta oculta es suficiente para llamar la atención de la señorita Dorothy, entonces que aparezca en un lugar como este… probablemente tenga algo que ver con la profundidad histórica de la ciudad.”
Mientras escuchaba la conferencia del profesor John sobre la historia de los Casicianos, Neftis reflexionaba sobre las corrientes subterráneas de misticismo que fluían bajo la superficie de la ciudad.
Tras lanzar una mirada preocupada a las ruinas, los ojos de Neftis finalmente se posaron en una chica cercana que estaba absorta en la lectura de un periódico: su compañera de estudios y de dormitorio, Emma.
“Oye, Emma, el profesor está hablando. No es apropiado que estés leyendo otra cosa ahora mismo” susurró Neftis mientras se acercaba a ella.
Emma hizo una breve pausa al oír las palabras de Neftis, luego la miró con una sonrisa pícara y susurró: “Aiya~ está bien~ Es solo un pueblo pequeño, no hay mucha historia importante que valga la pena escuchar”.
Volvió a leer el periódico con indiferencia despreocupada.
Neftis parpadeó con leve sorpresa, luego preguntó con tono perplejo: “Emma… ¿No solías leer periódicos? Y este… lo compraste aquí en la ciudad, ¿verdad? ¿Sabes siquiera leer a Casiciano?”.
“Mi abuela es cassatiana, así que sé un poco…” respondió Emma.
“Es cierto que no suelo leer el periódico, ¡pero el número de hoy es especial! ¡Miren, es la primera vez que Su Excelencial Ladrón K aparece en las noticias!”
Sus ojos brillaban de emoción.
“¿¡Ladrón K ?! ¿¡Tú… tú le llamas Excelencia Ladrón K ?!” tartamudeó Neftis.
“¡Por supuesto!” respondió Emma sin dudarlo. “Alguien tan apuesto, elegante y carismático como el Ladrón K merece sin duda un título respetuoso. ¿Qué tiene de malo?
Atónita, Neftis se quedó momentáneamente sin palabras. Tras un instante, finalmente dijo: “¡Eso es un problema grave! ¡Emma, es un ladron! ¿Y a una ladrona le llamas “Excelencia”?”.
“¡Tsk, tsk…! Si de verdad crees que el Ladrón K es un ladrón cualquiera, estás siendo demasiado superficial” le reprochó Emma.
¿Has oído hablar alguna vez de un ladrón que avisa antes de robar algo? ¿De uno que hace apariciones públicas ante tanta gente? No viste lo que pasó la otra noche: ¡convirtió la exposición en su escenario personal! ¡No fue un robo, fue una performance! ¡Una obra de arte! ¿Acaso eso no la convierte más en artista que en delincuente? Y los grandes artistas merecen admiración, ¿no?
Con el periódico en la mano, Emma le hablaba a Neftis con una naturalidad asombrosa. Neftis, al escuchar los comentarios de su compañera de piso, se quedó sin palabras. Tras permanecer allí aturdida un rato, finalmente respondió, incrédula.
“¿Una artista… una intérprete…? ¿De verdad la gente dice cosas así ahora? ¡Por mucho que lo intenten, sigue siendo un ladron! ¿No es un poco excesivo darle ese tipo de elogios y ese título a un ladron?”
“¿Qué tiene de malo? Ser ladrón y artista no son cosas mutuamente excluyentes” respondió Emma sin dudarlo.
“Además, esto no se me ocurrió a mí; lo dice el periódico. Mira, aquí y aquí: son artículos sobre el Ladrón K. El autor es un famoso poeta de Falano, y de hecho también iba a bordo del Perla Resplandeciente. En el artículo, elogia efusivamente la maestría del Ladrón K en el robo. Dijo que era la mejor actuación que había visto en años, y la calificó de increíblemente romántica. Y, sinceramente, estoy completamente de acuerdo con él.”
Visiblemente disgustada por la reacción de Neftis, Emma defendió su postura señalando el texto del artículo. Neftis, por su parte, no sabía qué decir. No esperaba que alguien que cometía un robo recibiera semejantes comentarios. La idea le parecía increíble y la dejó con una vaga sensación de inquietud.
“¿De verdad… existen artículos así? ¿Este tipo de cosas se publican en los periódicos?”
Murmuró, exasperada. Justo entonces, la mirada del profesor John se dirigió hacia ellos desde la distancia, y les habló con un tono ligeramente severo.
“Señorita Boyle, señorita Becker, todavía estamos en clase. Estar fuera del aula no es excusa para charlar.”
“Lo siento, profesor…”
Sobresaltadas, Emma y Neftis se disculparon rápidamente. Emma guardó el periódico y ambas volvieron a prestar atención en silencio.
Al verlos calmarse, el profesor John asintió antes de volverse hacia una sección de pared rota y reanudar su clase.
Si observas con atención los grabados de este muro, verás la imagen de una polilla. Este motivo de la polilla” y, con menos frecuencia, un emblema similar de mariposa” aparece a menudo entre las ruinas del sur de Cassatia. Por ello, muchos creen que eran el símbolo heráldico de una familia noble que residió en esta región…
Explicó con detalle, señalando la imagen desgastada y apenas perceptible de un insecto alado con las alas extendidas. Neftis siguió su gesto y entrecerró los ojos, observando el grabado desvanecido y meditando en silencio.
“¿Polillas y mariposas, eh…?”
…
Más tarde esa mañana, en algún lugar de las afueras de Navaha
En una colina cubierta de hierba, Dorothy estaba sentada tranquilamente con su ropa de estar por casa de mangas suaves, mirando hacia la ciudad aparentemente pacífica que se extendía a sus pies.
Tras los sucesos de la noche anterior, decidió investigar la secta oculta que se cernía sobre la ciudad. En cuanto a pistas, su mejor punto de partida eran los hospitales psiquiátricos dispersos por las afueras. Con tantos lugareños afectados por el Síndrome de Decadencia Onírica, era evidente que algo místico estaba en juego, probablemente orquestado por la secta clandestina. Estos hospitales podrían tener la clave.
Sentada en la cima de la colina, Dorothy desplegó sus marionetas de cadáveres en miniatura y se infiltró sigilosamente en dos hospitales psiquiátricos, realizando una vigilancia meticulosa en busca de cualquier pista. Su investigación ya llevaba un tiempo en marcha.
Al igual que en su primer intento de exploración, Dorothy no encontró nada sustancial. Los hospitales, de principio a fin, parecían normales. Aparte de que todos los pacientes sufrían síntomas inquietantemente similares, no había nada externamente sospechoso. El personal se comportaba con normalidad, nadie actuaba de forma extraña y no había señales de actividad mística.
Sin desanimarse, Dorothy continuó observando durante varias horas más. Pero al no obtener resultados, decidió cambiar de táctica.
Utilizando una de sus marionetas en miniatura, se infiltró en los archivos del hospital, rebuscando entre los expedientes y registros. Finalmente, encontró algo útil.
Al revisar las listas de pacientes, Dorothy notó un patrón sorprendente: un gran número de pacientes compartían los mismos apellidos. De hecho, muchos de ellos eran parientes consanguíneos.
“Enrique Lesías… Diego Lesías… Raúl Lesías… Díaz Castellón… Alfonso Castellón… Julio Castellón…”
“Mmm… tantas personas con el mismo apellido. Eso debe significar que muchos de estos pacientes están emparentados, ¿muchos de ellos pertenecen a la misma familia? ¿Podría ser que… este llamado Síndrome de Decadencia del Sueño sea en realidad una afección hereditaria?”
Dorothy murmuró con expresión seria. El fenómeno de la agrupación de enfermedades mentales en familias la intrigaba profundamente, y su primera hipótesis fue, por supuesto, la herencia genética.
“Si es hereditario, eso abre una nueva vía de investigación. Si investigo sus antecedentes familiares, podría encontrar algo nuevo.”
Dorothy siguió esta línea de pensamiento y no tardó en ponerla en práctica. Como ya no podía obtener más información de los propios hospitales psiquiátricos, centró su atención en investigar a las familias de los pacientes.
Regresó de las afueras al centro de la ciudad y encontró un pequeño restaurante cerca del ayuntamiento. Pidió algunos bocadillos y se sentó a comer mientras enviaba a su marioneta de cadáver en miniatura a infiltrarse en el ayuntamiento.
Poco después, Dorothy localizó los registros de población de Navaha y comenzó su búsqueda.
Gracias a su gran capacidad de procesamiento de información, pudo revisar los archivos en cuestión de horas, descubriendo rápidamente los registros familiares de los pacientes hospitalizados. Identificó las direcciones de todos los familiares que residían en la ciudad, tanto de los hospitalizados como de los que aún vivían en casa. En el proceso, notó otro patrón extraño.
Al revisar los registros de parentesco, Dorothy se dio cuenta de que muchos de los pacientes que ella había supuesto que eran parientes consanguíneos” debido a que compartían apellidos” eran, en realidad, matrimonios. Las esposas habían adoptado los apellidos de sus maridos tras la boda, lo que había llevado a Dorothy a creer erróneamente que eran parientes de sangre.
“Parejas… Si tantas están casadas, entonces hay que reconsiderar la teoría de que la enfermedad sea hereditaria. Las parejas casadas normalmente no comparten lazos de sangre. Los trastornos genéticos no se transmiten entre ellas. Y a juzgar por estos expedientes, muchos de los hogares afectados tienen vínculos matrimoniales: la hospitalización de un hogar precede a la de otro. Es como si esta enfermedad pudiera transmitirse de la familia del esposo a la de la esposa, y viceversa. Así no funcionan las enfermedades hereditarias…”
Sentada en el restaurante, Dorothy reflexionó sobre la nueva información. Tras revisar todos los archivos, recuperó su marioneta de cadáver en miniatura y volvió a vagar por las calles.
Su investigación entró entonces en su siguiente fase. Utilizando las direcciones obtenidas de los registros de población, Dorothy envió a sus marionetas en miniatura a infiltrarse en los hogares de quienes padecían el Síndrome de Decadencia Onírica, con la esperanza de descubrir más pistas útiles.
Pronto, sus diversas marionetas entraron silenciosamente en más de una docena de hogares de la ciudad y comenzaron sus búsquedas. En algunas casas, Dorothy encontró la casa completamente vacía: los muebles desordenados, todo cubierto de polvo. En otras, aún vivían allí algunos parientes, todos apáticos y agotados. Algunos se sentaban ociosamente junto a las ventanas, mirando al vacío: claros síntomas del síndrome de decadencia onírica en fase inicial.
“Tal como pensaba… el síndrome de deterioro onírico no es tanto un trastorno genético como uno contagioso, concentrado dentro de las unidades familiares…”
Tras hacerse una idea general del estado de esas doce casas, Dorothy procedió a una investigación más exhaustiva. Sus esfuerzos dieron fruto en tan solo media hora.
En una vivienda abandonada y desordenada, el aire cargado de polvo, las sillas volcadas y las sábanas raídas contaban la historia de una familia de tres que hacía tiempo que había sido internada en una institución. Dentro de la casa, encontró un armario grande, cerrado con llave.
Dorothy hizo que una de sus marionetas de cadáveres con forma de rata royera la madera y se colara dentro. Usando la luz que se filtraba por las grietas y los agujeros, lo vio.
En la pared interior del armario, pintada con pigmentos apagados, había un símbolo extraño: una polilla estilizada y abstracta con las alas extendidas.
Su cuerpo, grotescamente grueso, estaba segmentado con marcas planas y simbólicas. Las alas dañadas estaban pintadas con espirales desorientadoras. De su cabeza brotaban dos antenas cortas, curvadas hacia adentro formando medias lunas.
Debajo del mural de la polilla, sobre la base del armario, había una serie de velas de distintas longitudes. En medio de ellas se alzaba una pequeña plataforma, espolvoreada con un polvo desconocido. La composición claramente tenía un significado místico.
“¿Esto... es un altar? ¿Un altar oculto dentro del armario? ¿Estaba esta familia practicando algún tipo de culto antes de ser llevada?”
Dorothy contempló la escena, con la mente a mil. Gracias a sus conocimientos de misticismo, reconoció al instante que se trataba de un altar improvisado, y donde hay un altar, hay culto.
“Si esto es un altar, entonces alguien en esta casa estaba practicando algún tipo de culto. ¿Podría ser que el Síndrome de Decadencia Onírica no esté causado por una enfermedad, sino por esta práctica sectaria oculta?”
“Si se trata de una forma de culto clandestino, podría explicar cómo se propaga: de un miembro de la familia a otro, de amigo a amigo. Es una fe oculta, transmitida en secreto… Esa podría ser la verdadera razón por la que el Síndrome de Decadencia Onírica se presenta con mayor frecuencia en familias.”
Decidida a examinarlo más a fondo, Dorothy se centró en la imagen de la polilla que presidía el altar. Tras observarla con atención varias veces, descubrió unas inscripciones talladas cerca del mural.
Los grabados formaban una frase arcaica de Cassatt. Dorothy la pronunció y tradujo su significado.
“Que Panmoth me traiga hermosos sueños, que los hermosos sueños traigan paz a mi alma.”

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El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela) Capítulo 412
Estás leyendo el capítulo 412 de El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela), un novela. En medio del vapor de la revolución industrial, los misterios surgen bajo la superficie. Las sectas y las sociedades secretas buscan lo extraordinario en las sombras, mientras que los dioses ocultos contemplan a la… Este capítulo tiene publicado el 17 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli, Nishino. El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela) tiene 828 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.