Leer El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela) Capítulo 407 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli, Nishino✍️ Traducción: Crowli, Nishino
Mar de la Conquista del Norte, Navaha
En las afueras del norte de la ciudad costera de Navaha, Dorothy, aún en medio de su recorrido turístico, descubrió un gran recinto amurallado al pie de una colina justo cuando se disponía a regresar al centro de la ciudad. Con su aguda vista, notó de inmediato algo extraño en la estructura de hierro montada sobre la pesada puerta del recinto.
A juzgar por el contraste entre los agujeros de los tornillos, relativamente limpios, y la estructura de hierro oxidada y polvorienta, Dorothy dedujo que allí había colgado un letrero hasta hacía muy poco, para luego ser retirado repentinamente. Eso, por sí solo, despertó su curiosidad, así que ordenó a una marioneta con forma de cadáver que se colara en el recinto e inspeccionara los edificios.
Lo que encontró la dejó genuinamente sorprendida.
En una de las columnas del edificio había letras pegadas que formaban el nombre del centro: Hospital Psiquiátrico North Hill. Este era el segundo hospital de este tipo que Dorothy veía en Navaha.
Justo ayer, tras atender a Massimo y regresar de la costa, pasó por el Hospital Psiquiátrico Anxica, un lugar que le había llamado la atención por su agradable entorno, que creía que sería bueno para la recuperación de los pacientes. Pero ahora, apenas un día después, se topó con otro hospital psiquiátrico en la misma ciudad.
Dorothy, de pie en silencio junto a su marioneta guardiana, un cadáver, en el camino silencioso frente al nuevo hospital, se detuvo apenas un instante antes de continuar hacia la ciudad. Sin embargo, su expresión había pasado de relajada a ligeramente sombría.
“Navaha… Por lo que vi antes en la cima de la colina, esta ciudad no es muy grande. Es incluso más pequeña que Igwynt. Me sorprendería que la población superara los cien mil habitantes. ¿Por qué una ciudad tan pequeña necesitaría dos hospitales psiquiátricos?”
Mientras caminaba por la calle, Dorothy reflexionaba sobre esto. En su memoria, ni siquiera Igwynt tenía un hospital psiquiátrico especializado, ¿y sin embargo Navaha tenía dos? Aquello le parecía, cuanto menos, extraño.
“Y el letrero del hospital de North Hill… parecía que lo acababan de quitar. ¿Por qué? ¿Estaba dañado? ¿Van a poner uno nuevo? ¿O hay algo más?”
Inquieta por estas preguntas, ordenó a la pequeña marioneta que aún se encontraba dentro del hospital que iniciara un reconocimiento básico. Tras esta inspección inicial, Dorothy confirmó que el Hospital Psiquiátrico North Hill seguía en funcionamiento, aunque sus puertas y ventanas permanecían cerradas a cal y canto.
A través de la visión de la marioneta, vio a numerosos pacientes en las habitaciones que bordeaban los largos pasillos. Hombres y mujeres, jóvenes y ancianos por igual: delgados, pálidos y visiblemente demacrados. Algunos yacían en sus camas, mirando fijamente al techo. Otros estaban sentados junto a la ventana, con la mirada perdida. Todos tenían grandes y oscuras ojeras.
Dorothy hizo que su marioneta inspeccionara varios edificios del recinto y estimó que había entre cuarenta y cincuenta pacientes. Lo que más le impactó fue el extraño parecido entre todos: apáticos, ausentes y con evidentes signos de privación de sueño. A pesar de la amplitud del terreno del hospital, ningún paciente había salido. Todos permanecían en sus habitaciones.
El personal estaba formado por una docena de personas, y según observó Dorothy, estaban desempeñando diligentemente sus funciones: ayudar a los pacientes a comer, asearse y sujetarlos cuando, de repente, estallaban en ataques de histeria.
Mientras regresaba a la ciudad, Dorothy seguía vigilando el hospital a través de su marioneta. Tras más de una hora de observación, aún no había detectado nada abiertamente anormal. Las conversaciones que escuchó entre el personal sugerían que eran simplemente lugareños navajos comunes y corrientes, charlando sobre sus rutinas diarias y la vida. Nada de lo que decían insinuaba nada místico ni secreto. No había rastro visible de lo extraordinario en ninguna parte del recinto.
Si algo llamó la atención, fue la uniformidad de los síntomas de los pacientes.
En opinión de Dorothy, la enfermedad mental solía manifestarse de innumerables maneras impredecibles. Pero todos y cada uno de los pacientes aquí parecían casi idénticos: débiles, aturdidos, con signos de insomnio; más bien un caso de deterioro neurológico que otra cosa.
“Algunos pacientes así, claro, pero ¿todos?”
Fue demasiado extraño.
“Es imposible que todo un pueblo se vea repentinamente afectado por la misma enfermedad mental…”
Tras recorrer todo el hospital con sus marionetas de reconocimiento, Dorothy no podía sacudirse la impresión de que algo no cuadraba. Si los pacientes hubieran presentado síntomas más variados, tal vez lo habría descartado. Pero la consistencia de los síntomas era demasiado sospechosa.
Y la enfermedad mental no era contagiosa. ¿Cómo era posible que tantas personas desarrollaran la misma afección al mismo tiempo?
Esa duda persistente la mantuvo vigilando durante dos horas más, pero no surgieron nuevas pistas. Aun así, logró averiguar, gracias a una conversación entre el personal, que el letrero del hospital había sido retirado como parte de un proyecto de embellecimiento municipal. La orden se había emitido la tarde anterior y el nuevo letrero aún no había llegado.
Sin más información que recabar, Dorothy recuperó sus marionetas dispersas del centro y continuó su regreso a la ciudad. Para entonces, el cielo se había oscurecido considerablemente; una nueva noche se acercaba.
De vuelta en Navaha propiamente dicha, rápidamente encontró un restaurante que parecía decente, pidió algunas especialidades locales y comenzó a disfrutar de una cena tranquila.
“Ese hospital psiquiátrico… parecía estar bien en apariencia, pero la uniformidad de los síntomas entre los pacientes aún me preocupa. ¿Se está propagando ese tipo de enfermedad mental en esta ciudad o algo así?”
Sentada a la mesa, masticando un poco de jamón cassaciano, Dorothy reflexionaba sobre los hallazgos del día. Sus años inmersa en el mundo del misticismo la habían vuelto extremadamente sensible a tales anomalías.
Aún intranquila, decidió empezar a preguntar. Mientras comía, recordó las marionetas que había enviado antes a buscar una filial del Gremio de Artesanos Blancos. Aunque no habían encontrado ninguna, aún podían servir para sonsacar información sobre los hospitales psiquiátricos.
Bajo las órdenes de Dorothy, varias marionetas cadavéricas comenzaron a entablar conversaciones con los residentes navajos cercanos bajo diversos pretextos, intercalando casualmente preguntas sobre los hospitales psiquiátricos locales.
Tras una ronda de sondeos, Dorothy logró obtener información ligeramente valiosa de un vendedor ambulante de comida.
“¿Eh? ¿Te refieres a esos hospitales psiquiátricos a las afueras de la ciudad?”
“Sí… Ayer salí a caminar y me di cuenta de que esta ciudad tiene no uno, sino dos hospitales psiquiátricos. Me pareció un poco raro. Soy de Falano, un pueblo de tamaño similar, y aquí ni siquiera tenemos uno. Así que tenía curiosidad… ¿atienden aquí a pacientes de otras ciudades?”
En la esquina de un pequeño callejón, una marioneta de turista, controlada por Dorothy, lamía con aire despreocupado un caramelo redondo que acababa de comprar mientras charlaba con el vendedor. El vendedor reflexionó sobre la pregunta y luego respondió.
“Bueno… has abarcado bastante para alguien que acaba de llegar, ¿eh? Pero en realidad, te equivocas un poco. Nuestra ciudad no solo tiene dos hospitales psiquiátricos, sino tres. Y no, no se construyeron para forasteros. ¿La mayoría de los pacientes? Son navajos locales.”
“¿Tres hospitales? ¿Y todos los pacientes son de Navaha? ¿Qué pasa, es que esta ciudad tiene una alta incidencia de enfermedades mentales o algo así?”
La marioneta fingió sorpresa y el vendedor asintió con un suspiro.
“Sí… de vez en cuando, alguien del pueblo” a veces de esta casa, a veces de aquella” empieza a comportarse de forma extraña. Personas perfectamente normales se vuelven ausentes y raras en un instante. Luego empiezan a gritar, a descontrolarse, sobre todo por la noche… es muy molesto. La gente no puede ni dormir.”
“Aquí los ancianos lo llaman Síndrome de Deterioro del Sueño. Al parecer, es algo exclusivo de los navajos; existe desde hace mucho tiempo, así que a nadie le parece tan raro. Cuando alguien de tu familia lo contrae, bueno… simplemente lo atribuyes a la mala suerte.”
“¿Síndrome de deterioro del sueño? ¿Entonces dices que esta enfermedad existe aquí desde hace mucho tiempo?”
Sí. Pero antes era muy raro. Algunos años, ni siquiera se veía un caso. Pero por razones que nadie puede explicar del todo” ya sea el crecimiento demográfico o algo más” los casos han ido en aumento de forma constante durante los últimos siete u ocho años. A medida que más y más personas enfermaban, la ciudad tuvo que construir instalaciones para atenderlas. Un hospital, luego dos, luego tres. Algunas familias incluso han tenido varios miembros ingresados. Da miedo, de verdad. Algunos jóvenes se asustaron tanto que se fueron corriendo a Telva.
El vendedor dejó escapar un largo suspiro mientras relataba la situación. La marioneta asintió y le entregó unas monedas de más.
“Gracias por la información, señor. Me llevaré otro de esos caramelos.”
Para mostrar un poco de agradecimiento al vendedor, Dorothy hizo que la marioneta comprara otro caramelo. El vendedor rió entre dientes y le entregó uno nuevo, esta vez con forma de luna creciente.
“Dulces sueños, viajero.”
“¿Dulces sueños? Vaya… qué manera más inusual de decir adiós.”
“Jaja, es solo una tradición local. Cuando comemos estos caramelos con forma de luna, siempre decimos eso. Cuando era pequeña, les rogaba a mis padres que me los compraran diciendo: '¡Quiero dulces sueños! ¡Dulces sueños!'“
El vendedor soltó una risita mientras explicaba. La marioneta miró el caramelo con forma de luna y murmuró suavemente.
“Dulces sueños, ¿eh…?”
Tras recabar información sobre los hospitales psiquiátricos de los lugareños, Dorothy recordó a todos sus marionetas de cadáveres desplegadas. Aún sentada a la hora de la cena, repasó mentalmente todo lo que había presenciado desde su llegada a Navaha, con el ceño ligeramente fruncido.
“Síndrome de deterioro del sueño… si ese vendedor decía la verdad, entonces esta enfermedad existe en la ciudad desde hace mucho tiempo. Los lugareños la conocen bien. Pero algo debió cambiar en los últimos siete u ocho años; solo recientemente se disparó el número de casos. Y para hacer frente al aumento repentino, tuvieron que construir varios hospitales psiquiátricos uno tras otro…”
“Tch… realmente siento que hay algo anormal acechando bajo todo esto…”
Tras terminar de comer la salchicha cassati que tenía en la mano, Dorothy intensificó su concentración, y sus pensamientos se volvieron más serios.
…
Al caer la noche, en algún lugar de Navaha.
En una modesta sala de estar, una mujer de unos cuarenta años, algo rolliza, estaba sentada en un sofá individual, envuelta en una bata negra. Su expresión era grave mientras miraba fijamente al frente. De pie sobre la alfombra frente a ella, un hombre de unos treinta años, elegantemente vestido con un traje impecablemente planchado, se encontraba de pie sobre la alfombra. La mujer, mirándolo, habló.
“¿Cuál es la situación ahora, Gómez? ¿Has averiguado qué hace realmente la flota de la Iglesia aquí? ¿De verdad solo están aquí para dejar gente?”
Señora García, según nuestra investigación, la flota de la Iglesia es una unidad de escolta. Parece que su decisión de atracar en Navaha fue, en efecto, improvisada. Se toparon con un barco naufragado en alta mar y rescataron a varias personas; después, las trasladaron al puerto más cercano, que resultó ser este. Aparentemente, están aquí simplemente para desembarcar pasajeros y no participan en ninguna operación secreta. Hasta donde sabemos, no han percibido nada inusual en nosotros ni en la ciudad.
El hombre, al que llamaron Gómez, respondió con respeto a la mujer llamada García. Ella hizo una breve pausa al oírlo, y luego continuó con tono frío.
“¿Un desvío improvisado… solo para dejar gente… sin ninguna operación secreta? Hmph. Si fuera así, ¿cómo se explica el ruido en el puerto la tarde de su llegada? ¿Y qué hay del alboroto cerca de las marismas de BarrenRocoso? Si solo estuvieran desembarcando pasajeros… no pasarían cosas así.”
Ella resopló con incredulidad, su expresión ensombrecida por una profunda desconfianza.

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Estás leyendo el capítulo 407 de El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela), un novela. En medio del vapor de la revolución industrial, los misterios surgen bajo la superficie. Las sectas y las sociedades secretas buscan lo extraordinario en las sombras, mientras que los dioses ocultos contemplan a la… Este capítulo tiene publicado el 17 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli, Nishino. El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela) tiene 828 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.