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Leer El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela) Capítulo 364 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli, Nishino✍️ Traducción: Crowli, Nishino
South Tivian, Plaza del Obispo. En la fría noche de invierno, el presentador en el escenario daba inicio al último segmento del evento. El animado público vitoreaba, expectante ante la cuenta regresiva para los últimos momentos del año. El ambiente festivo en la plaza alcanzaba su punto álgido. Mientras tanto, en la azotea de un alto edificio al borde de la plaza, en un ático lleno de humo, Sado acababa de terminar su discurso motivacional previo a la batalla. Los indígenas presentes, tras escuchar las palabras de Sado, se pusieron de pie uno a uno. Empuñaron con fuerza sus armas, con expresiones resueltas mientras miraban a Sado. “Muy bien, ha llegado el momento. Kum y los demás están a punto de comenzar su sacrificio. Debemos seguir sus pasos. Es hora de que esos demonios blancos prueben el poder de las armas y la pólvora. Aunque muramos aquí hoy, cuando regresemos a la Gran Alma, nuestros ancestros nos recibirán como héroes.” De pie en el centro del desván, Sado se dirigió a la multitud con una voz potente. Los indígenas que se encontraban allí respondieron con gritos de aprobación, blandiendo sus armas. Al ver esto, Sado asintió satisfecho, tomó un rifle y se dispuso a salir del desván. La multitud lo siguió y, poco después, todos los indígenas habían abandonado el desván, dejando únicamente a tres hombres enmascarados que observaban la escena en silencio. Tras dispersarse la multitud, los tres hombres intercambiaron un gesto de asentimiento y los siguieron. Nada más salir, oyeron a Sado exclamar en Glifo Espiritual, una lengua que no comprendían. Sobresaltados, los tres hombres se volvieron hacia el origen de la exclamación. Vieron a Sado inmóvil, con el rostro lleno de incredulidad mientras miraba al frente. No muy lejos, frente a él, se alzaba la figura de un joven. Bajo la luz de los focos, pudieron ver que este hombre, aunque vestido con ropa de civil, tenía la misma tez morena que los demás indígenas. Parecía ser también originario del Nuevo Continente. ¡Kapak! ¿Qué haces aquí? Usando el Glifo Espiritual, Sado gritó al joven conocido que estaba frente a él, con expresión de sorpresa. Kapak, encarando a Sado, respondió con una mirada decidida. “Estoy aquí para detenerte, Sado, y a todos los que lo han seguido. ¡Ríndanse! Lo que están haciendo no traerá ningún bien a nuestra tribu. Si esto continúa, ¡solo traerá un desastre aún mayor!” Kapak gritó a la multitud de sus compañeros de tribu. Al oír sus palabras, los indígenas intercambiaron miradas, muchas de ellas con ojos llenos de burla y desdén. “Ja, pensé que habías venido porque no podías contener tu odio y querías unirte a nuestra causa. Pero jamás esperé que vinieras a detenernos. ¡Hmph... Qué ilusión! ¡La sangrienta enemistad entre nosotros y esos demonios blancos no se detendrá con tus palabras!” De pie frente a Kapak, Sado habló con tono arrogante. Kapak tragó saliva, se recompuso y respondió. “Sé que es difícil... pero debo detenerlos a todos. Este tipo de venganza no tiene sentido. No traerá ningún buen resultado, solo un desastre mayor para nuestra tribu. Entiendo su odio, pero esta forma de buscar venganza es errónea.” “Además de lamentar lo que hemos perdido, debemos valorar lo que aún tenemos. Así que volvamos ahora a nuestra patria y resolvamos los problemas más urgentes que enfrenta nuestro pueblo, en lugar de buscar una venganza inútil aquí que solo traerá mayor calamidad a quienes se quedan.” Kapak extendió las manos y suplicó con fervor a la multitud. Sin embargo, sus palabras fueron recibidas con la risa burlona de Sado. “Jajaja... ¿Nuestra venganza no tiene sentido? ¡No necesitamos que nos digas qué tiene sentido! Escuchen todos, este hombre es Kapak, de la tribu Tupa. Habla el idioma de los blancos, usa sus herramientas y conoce su tecnología. ¡No es de los nuestros! ¡Está de su lado!” ¡Hermanos! No crean en las palabras de este muchacho. Aunque finge ayudar a la tribu, curando a nuestra gente y haciendo favores constantemente, ¡todo es una farsa! Aunque nació entre nosotros, ¡su corazón está con nuestros enemigos! Puede que haya engañado a la tribu Tupa e incluso a los chamanes, ¡pero a mí no me engaña! ¡Lo desenmascaré hace mucho! ¡Es un traidor entre nosotros! Dirigiéndose a los demás indígenas, Sado habló con convicción. Tras escuchar sus palabras, muchos mostraron disgusto e incluso hostilidad hacia Kapak. Algunos incluso alzaron sus armas y lo apuntaron. Ante los cañones, Kapak respondió con calma. Si de verdad fuera un traidor, ya habría traído conmigo a los guardias de los demonios blancos. Pero no lo hice. Sé que tienes mucho rencor contra mí, Sado, pero te aseguro que todo lo que he hecho ha sido por el bien de nuestra tribu. Lo que planeas hacer esta noche solo te servirá para desahogar tu ira, pero no servirá de nada. Los demonios blancos también desahogarán la suya, y será mucho peor que la tuya. Así que, mientras aún haya tiempo, ¡detente ahora mismo! Kapak le habló con seriedad a Sado. Al oír sus palabras, Sado soltó una carcajada. “Jajaja... ¿Todavía hay tiempo? Eso crees tú, Kapak... Te digo que ya es demasiado tarde. Es imparable. Tres de nuestros valientes voluntarios ya están entre la multitud de abajo. ¡En cuanto los demonios blancos celebren el Año Nuevo, todo a su alrededor arderá en llamas! ¡No podéis detenerlo!” Mientras hablaba, Sado sacó un reloj de bolsillo y lo miró. Para asegurarse de que la operación saliera perfecta, incluso había aprendido a usarlo. ¡El momento está casi aquí! ¡Solo quedan unos segundos! ¡Date la vuelta ahora, Kapak, y contempla el sangriento regalo que hemos preparado para esos demonios blancos! Con la mirada desquiciada, Sado alzó el reloj de bolsillo y se dirigió a Kapak. Acto seguido, dio dos pasos al frente, se giró y, alzando el reloj, habló a los indígenas. ¡Vamos, todos, contemos juntos los últimos momentos! ¡Que este traidor sea testigo de nuestra determinación! Mientras hablaba, Sado comenzó la cuenta regresiva en Spirit Glyph, sincronizándose con el presentador en el escenario. Su expresión era aún más entusiasta que la de la multitud que celebraba abajo, como la de un creyente fanático que había encontrado su propósito, gritando con fuerza. ¡Observa atentamente, Kapak! ¡Sé testigo de la tragedia que está a punto de desarrollarse! ¡Luego pregúntate si podrías haberla evitado! ¡Cinco! ¡Cuatro! ¡Tres! ¡Dos! ¡Uno! ¡Mirad! Al ritmo de la cuenta regresiva del presentador, Sado rugió a Kapak y a los demás indígenas. En su guion, una explosión ensordecedora debía surgir de la multitud que celebraba, con llamas voraces y gritos de agonía que enfatizarían sus palabras, haciendo que Kapak y los demás comprendieran qué era lo que realmente valía la pena perseguir. ¡Zas! ¡¡Boom!! En el momento en que terminó la cuenta regresiva, un fuerte ruido surgió detrás de Sado. Al oírlo, los labios de Sado se curvaron en una sonrisa exagerada, y su rostro reflejó una mezcla de locura y triunfo. Sin embargo, Sado pronto se dio cuenta de que algo andaba mal. Notó que el rostro de Kapak no mostraba sorpresa, solo calma. En cambio, los indígenas que lo habían seguido estaban atónitos. La luz que se reflejaba en sus rostros no era el rojo intenso de las llamas, sino un caleidoscopio de colores. Los sonidos de la multitud detrás de él no eran gritos de agonía, sino vítores de celebración sin precedentes. Al darse cuenta de que algo andaba mal, Sado se giró bruscamente. En lugar de las imponentes llamas que esperaba, vio coloridos fuegos artificiales iluminando el Cielo Nocturno. En lugar de una multitud retorciéndose de dolor y gritando, vio un mar de gente vitoreando y celebrando bajo el liderazgo del anfitrión. ¿Qué está pasando? ¿Qué ocurre? ¿Dónde está la explosión? ¿Dónde está la ira que Kum y los demás prometieron? ¿Dónde está? Al ver a la multitud que celebraba abajo, Sado rugió confundido y furioso. A su lado, Kapak respondió con calma. “Se han ido. Ya no están ahí abajo. Antes de venir aquí, encontré a Kum y a los demás. Los convencí de abandonar ese sacrificio sin sentido. Dijeron que se dieron cuenta de que aún había cosas que apreciaban en su tribu y que no querían morir allí. Así que se fueron…” “Ah, y si no me crees, aquí tengo sus talismanes. También me pidieron que te convenciera de que detuvieras esto ahora mismo.” Mientras hablaba, Kapak sacó varios talismanes artesanales hechos de pequeñas tablas de madera ensartadas. Eran talismanes tradicionales de los pueblos indígenas del Nuevo Continente; cada tribu, e incluso cada individuo, tenía sus propios diseños únicos. Estos talismanes eran auténticos. Después de que Adèle usara sus poderes para despertar el instinto de supervivencia de los tres terroristas suicidas y los hiciera huir, Dorothy no los dejó solos. Rastreó su ubicación en secreto y luego envió a Kapak a buscarlos. Kapak los ayudó a desactivar las bombas y los condujo a un hotel designado, prometiéndoles llevarlos de regreso a su tierra natal más tarde. En un principio, Dorothy quería que Kapak convenciera a los tres de venir y ayudar a persuadir a Sado y a los demás. Sin embargo, los tres, ahora llenos de ansias de vivir, temían las represalias de Sado y se negaron a venir. Kapak no tuvo más remedio que tomar sus talismanes como prueba y dejarlos ir. Bajo el resplandor de los fuegos artificiales en el cielo, todos pudieron ver claramente los símbolos tribales en los talismanes, ¡que coincidían con los de los tres aspirantes a terroristas! Al ver los talismanes en la mano de Kapak, los indígenas quedaron momentáneamente atónitos. Intercambiaron miradas inquietas, con rostros llenos de incertidumbre. Sado siempre había utilizado a los tres terroristas suicidas como ejemplo en sus discursos, presentándolos como modelos a seguir. Había utilizado su disposición a sacrificarse como punto de encuentro, instando a sus seguidores a imitarlos. Pero ahora, el acto de venganza que se suponía que iniciaría con el sacrificio de los tres terroristas se había desvanecido. Kapak, sosteniendo sus talismanes, afirmó que habían abandonado su misión y se preparaban para regresar a casa. Esto tuvo un profundo impacto en los seguidores de Sado. El poder de los modelos a seguir es inmenso, para bien o para mal. Dado que Sado había puesto a los tres terroristas como ejemplo, su desviación de su plan tuvo un efecto incalculable. ¡Mentiras! ¡Engaño! ¡Todo lo que dice es mentira! ¡El odio de Kum y los demás no se habría apagado tan fácilmente! ¡Los demonios blancos debieron descubrir nuestro plan y los capturaron! ¡Ahora nos han enviado a este traidor con sus talismanes para engañarnos! ¡No le crean! ¡Matémoslo primero y luego disparemos contra la multitud! ¡Vengemos a Kum y a los demás! Al ver la vacilación entre sus seguidores, Sado gritó con urgencia, señalando a Kapak y ordenándoles que atacaran. Los seguidores dudaron, pero alzaron sus armas. Ante las armas que le apuntaban sus compañeros de tribu, Kapak no mostró miedo. Sacó una pequeña pipa del bolsillo y dijo con calma. Ya lo he dicho antes. Si fuera un traidor, ya habría traído conmigo a los guardias de los demonios blancos. Vine aquí para detenerlos a todos, no solo por mi propia voluntad, sino también con la bendición de mi maestro, Uta. Uta no quiere que continúen con esta locura. Quiere que los traiga a todos de vuelta. Mientras Kapak hablaba, los indígenas comenzaron a murmurar entre sí, mencionando a “Uta” y al “Gran Chamán Uta”. Los chamanes son las figuras más respetadas entre las tribus indígenas del Nuevo Continente. Ya sean jefes o guerreros, todos los pueblos indígenas les profesan el mayor respeto. Los chamanes son los guías de todas las tribus del Nuevo Continente. Entre los chamanes también existen rangos. Si bien cada tribu suele tener un chamán, el título de Gran Chamán es raro. Se dice que muchos Grandes Chamanes vagan por la tierra, y solo unos pocos permanecen en tribus específicas durante largos períodos. Uta, de la tribu Tupa, es uno de esos Grandes Chamanes, reconocido entre las tribus del este. El prestigio de los chamanes, especialmente de los Grandes Chamanes, es inmenso entre los pueblos indígenas. Al oír el nombre de Uta, la multitud se mostró aún más dubitativa. Aprovechando el momento, Kapak continuó. “Si no crees que Uta me envió, mira esto. Esta es su pipa. Uta puede imbuir los objetos que ha usado durante mucho tiempo con una parte de su alma, extendiendo su espíritu a ellos. Para convencerte de que regreses, Uta me dio esto.” Entonces Kapak encendió el tabaco de la pipa con una cerilla, dio una calada y exhaló una nube de humo. El humo, influenciado por una fuerza misteriosa, se concentró en el aire y formó el rostro de un anciano: el rostro de Uta. “Sha… Chamán Uta...” Al ver el rostro formado por el humo, los ojos de Sado se abrieron de par en par y su voz tembló. Por primera vez, su expresión mostró un atisbo de vacilación. El rostro formado por el humo miró a su alrededor y suspiró suavemente antes de hablar. “Regresa, Sado... Trae a todos de vuelta. Mientras aún haya tiempo, vuelve a casa...” La voz de Uta era tranquila y amable al dirigirse a Sado y a los demás. Justo cuando la multitud iba a responder, sucedió algo inesperado. De detrás de la multitud surgieron tres sombras negras, dispersando el humo que había formado el rostro de Uta y lanzándose a gran velocidad hacia Kapak. Al acercarse, ¡eran los tres hombres enmascarados que habían permanecido en silencio entre los indígenas! Estos tres no eran otros que los supervisores enviados por el Nido de Ocho Agujas para vigilar las acciones de los indígenas. Habían estado observando al grupo en silencio, asegurándose de que cumplieran su misión. La tarea de los supervisores era simple: asegurarse de que los indígenas atacaran a la multitud en el momento señalado, creando caos para encubrir el verdadero intento de asesinato del Nido de Ocho Agujas, a la vez que servían como chivos expiatorios después. Los tres supervisores habían estado observando a Sado y a los demás, creyendo que todo transcurría según lo previsto. Pero entonces apareció Kapak de repente. Como Kapak también era indígena, al principio no intervinieron, suponiendo que era un rezagado que se había reincorporado al grupo. Al no comprender el Glifo Espiritual, los supervisores no pudieron seguir la conversación entre Sado y Kapak. Mucho después se dieron cuenta de que Kapak no estaba allí para reincorporarse al grupo, sino para oponerse a Sado. Por alguna razón, estaba provocando que los indígenas dudaran y consideraran abandonar su misión. Aunque no comprendían la conversación, los supervisores percibieron que los indígenas estaban perdiendo la esperanza. Su misión parecía estar fracasando por culpa de aquel joven inesperado. Tras una breve discusión, los tres decidieron actuar y se dispusieron de inmediato a matar a Kapak. Los tres supervisores eran aprendices del Sendero de las Sombras, con una velocidad muy superior a la de la gente común. Trabajando juntos, confiaban en poder acabar fácilmente con Kapak. Kapak, como aprendiz del Sendero del Silencio, no podía derrotar ni a un solo aprendiz del Sendero de las Sombras en combate directo, mucho menos a tres. Así pues, armados con dagas, los tres supervisores irrumpieron entre la multitud y se abalanzaron sobre Kapak a gran velocidad. Parecía que Kapak caería abatido en un instante. Pero en ese instante, un extraño sonido resonó desde la oscuridad. “Miau~” Tras el sonido, una sombra aún más veloz que los supervisores se abalanzó desde el tejado, atacándolos. Los supervisores, confiando en sus rápidos reflejos, esquivaron el ataque, pero uno no logró evadirlo y cayó al suelo, lanzando un alarido desgarrador. Sobresaltada por el grito, la multitud retrocedió atemorizada, dirigiendo la mirada hacia el origen del sonido. Bajo el resplandor de los fuegos artificiales, vieron una figura negra agazapada sobre el capataz caído. La mano de la figura, con forma de garra, estaba clavada en el cuello del capataz. Con cada espasmo, el cuerpo del capataz se estremeció y, poco a poco, dejó de moverse. Tras acabar con su presa, la figura alzó lentamente la cabeza. La multitud vio el rostro de una mujer con una máscara que le cubría la mitad de los ojos. Tras la máscara, sus pupilas verticales y brillantes resultaban aterradoras. Ante la mirada de la multitud, Neftis, ataviada con una túnica negra y con un espíritu salvaje en su interior, retiró su mano ensangrentada del cuello del capataz. Como una depredadora, lamió suavemente la sangre de sus dedos. Entonces, orejas y cola de gato emergieron de su cabeza y espalda, y sus pupilas verticales se fijaron en los dos capataces restantes como si fueran presas.
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Estás leyendo el capítulo 364 de El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela), un novela. En medio del vapor de la revolución industrial, los misterios surgen bajo la superficie. Las sectas y las sociedades secretas buscan lo extraordinario en las sombras, mientras que los dioses ocultos contemplan a la… Este capítulo tiene publicado el 17 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli, Nishino. El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela) tiene 828 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.