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Leer El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela) Capítulo 269 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli, Nishino✍️ Traducción: Crowli, Nishino
Dentro del Teatro de la Ascension, los miembros de la orquesta tocaban sus instrumentos con pasión, llenando el vasto espacio tenuemente iluminado con una melodía melancólica pero encantadora que resonaba en los oídos de cada espectador. En el escenario, bajo el foco, Adèle, vestida con un llamativo vestido rojo, seguía bailando con desenfreno. Los movimientos de Adèle eran gráciles y naturales, fluidos como el agua. Junto con su vestido carmesí, la fluidez de su danza a veces recordaba a la sangre, impulsada por el corazón y fluyendo por las venas. La elegante danza de Adèle cautivó la atención de todo el público. Todos estaban absortos en la actuación, incluida la propia Adèle. Sin embargo, sin que lo supieran, un peligro oculto se cernía tras aquella magnífica danza. Sin que nadie lo notara, una de las bailarinas se separó silenciosamente de su posición y comenzó a acercarse a Adèle por detrás, con pasos ligeros y rítmicos. El público lo atribuyó a la coreografía, y aunque algunas de las otras bailarinas notaron la anomalía, no se atrevieron a comentarlo. La función continuaba y Adèle seguía bailando. Detenerse arruinaría todo el espectáculo, así que solo pudieron observar cómo la bailarina rebelde se acercaba a la espalda de Adèle. No vieron el afilado cuchillo de piedra tallado que estaba escondido bajo la falda de la bailarina. Girando y danzando, la bailarina rebelde finalmente llegó a la espalda de Adèle. Con un giro cuidadosamente coreografiado, sacó el cuchillo de piedra de debajo de su falda y lo clavó en la espalda de Adèle, con la intención de atravesar su cuerpo y manchar su vestido rojo con sangre real. Pero justo cuando la bailarina apretó el cuchillo con más fuerza y se abalanzó sobre Adèle, su cuerpo tembló de forma antinatural. Su mano, que apuntaba a Adèle, se desvió, y el cuchillo la rozó por poco. En las sombras, un par de ojos que observaban la escena fruncieron el ceño con frustración. La repentina anomalía de la bailarina finalmente captó la atención del público. Muchos jadearon sorprendidos, y algunos de los bailarines de apoyo, al darse cuenta de que algo andaba mal, dejaron de bailar momentáneamente. Solo la orquesta, ubicada debajo del escenario, continuó tocando. La función parecía estar a punto de colapsar debido a este incidente inesperado. En ese instante, Adèle, aún bailando, se giró de lado y agarró la muñeca de la bailarina rebelde. Con un leve movimiento, le quitó el cuchillo, que cayó al suelo con un tintineo. Luego, con un suave tirón, la atrajo hacia sí y la rodeó con el otro brazo por la cintura. En un instante, Adèle y la bailarina rebelde adoptaron una pose de dúo. Adèle, con una fuerza admirable, continuó guiando a la bailarina por el escenario. La aspirante a asesina y su objetivo bailaron juntas, y los jadeos del público se transformaron rápidamente en vítores y aplausos. Mientras Adèle giraba en el centro del escenario, su mirada penetrante recorrió a las bailarinas de apoyo que se habían detenido. Bajo su mirada dominante, reanudaron de inmediato su baile, siguiendo el ritmo de la música. Y así, la música continuó y el baile siguió su curso. Entre los aplausos del público, Adèle y el bailarín rebelde improvisaron un dúo, un baile que no formaba parte de la coreografía original. Bajo la guía de Adèle, el asesino, antes inerte, volvió a bailar, mientras los demás bailarines lo seguían como de costumbre. Mientras bailaban, Adèle miró fijamente el rostro inexpresivo del bailarín y susurró suavemente. “¿Eres... María?” Como si hubiera escuchado la pregunta de Adèle, la bailarina llamada María relajó su expresión, su comportamiento se volvió más natural, como si hubiera vuelto a la vida. “Casi mueres. Lo mejor es que termines tu actuación ahora.” Mirando a Adèle, “María” habló en voz baja. Adèle sonrió y respondió en un susurro. “Lo sé. Gracias. Pero mientras la música no haya terminado, el baile debe continuar.” “¿Sabes bailar, desconocido?” Adèle, aparentemente consciente de la situación, continuó sonriendo mientras sostenía a “María”. “María” respondió directamente. “No.” “Está bien. Yo iré al frente. Solo síganme.” Dicho esto, Adèle intensificó sus movimientos, y “Maria” hizo todo lo posible por seguirle el ritmo. Gracias a la agilidad mental y la improvisación de Adèle, el baile se transformó en un dúo, y la función continuó. La técnica de baile de Adèle era magistral. Percibió claramente que su pareja, “Maria”, era principiante, pero la guió con destreza mediante sutiles indicaciones y técnicas, asegurándose de que los movimientos de “Maria” se mantuvieran dentro de los límites del baile sin ningún percance. Mientras la música continuaba, el baile, que originalmente tenía un tono teatral, comenzó a desviarse del guion. Se convirtió en una actuación improvisada protagonizada por Adèle y “Maria”. Los bailarines de apoyo, aunque profundamente confundidos, recurrieron a su amplia experiencia para seguir el ritmo. Su coreografía permaneció prácticamente intacta, pero el baile de Adèle y “Maria” fue completamente diferente al original. Adèle guió a “Maria” a través de los pasos. Al principio, notó que su compañera tenía dificultades para seguirle el ritmo, con movimientos torpes y poco naturales. Pero con el paso del tiempo, Adèle observó que la torpeza de “Maria” fue desapareciendo gradualmente. Sus movimientos se volvieron más fluidos y, en ocasiones, incluso empezó a anticiparse a las indicaciones de Adèle, incorporándose al baile por sí misma. La coordinación entre ambas se hizo cada vez más perfecta. Aprendiendo. Adèle se asombró al darse cuenta de que “María” aprendía su baile improvisado a una velocidad asombrosa. Aprendía mientras bailaba, aplicando al instante lo aprendido. Bajo la tutela de Adèle, las habilidades de baile de “María” mejoraron rápidamente. En menos de un minuto, pasó de ser guiada pasivamente a participar activamente. “Qué interesante...” Al ver el increíble progreso de “María”, la sonrisa de Adèle se ensanchó. Incrementó deliberadamente la dificultad del baile, aumentando gradualmente la complejidad de los movimientos a medida que evaluaba la velocidad de aprendizaje de “María”. Su baile se volvió más rápido y audaz, con “María” siguiendo las indicaciones de Adèle y ejecutando pasos cada vez más intrincados, incluso superando el nivel de habilidad de la María original. El baile cada vez más intenso entre la maestra y la alumna provocó exclamaciones de asombro entre el público. Mientras tanto, el personal del teatro, que había presenciado los ensayos, estaba completamente perplejo. El baile en el escenario no se parecía en nada a lo que habían practicado. Observaban con nerviosismo, temiendo que esta actuación totalmente improvisada y sin planificación pudiera descontrolarse. Pero, para su alivio, no se produjeron errores graves. El baile de Adèle y “Maria” se intensificó, los movimientos se volvieron más complejos y los pasos más rápidos. La danza parecía encaminarse hacia un clímax frenético, trascendiendo gradualmente los límites del baile convencional y adentrándose en territorio desconocido. La música comenzó a transmitir una sutil inquietud. Adèle quería llevar la danza al límite, al borde de la locura. Pero al darse cuenta de que la música se acercaba a su fin y que ya no había tiempo para poner a prueba los límites de su misterioso compañero, comenzó a ralentizar el ritmo, devolviendo la danza a un final apacible. Finalmente, cuando la música llegó a sus últimas notas, Adèle y “Maria” se detuvieron, colocándose en fila con los demás bailarines para saludar. El público estalló en un estruendoso aplauso. El público estaba eufórico. Tras semejante actuación, el teatro entero se llenó de aplausos y vítores entusiastas. Muchos espectadores se pusieron de pie y aplaudieron con fervor, entre ellos algunos de los fans de toda la vida de Adèle, visiblemente emocionados. ¡Adèle! ¡Adèle! ¡Adèle! Entre el clamor de la multitud, la gente comenzó a corear el nombre de Adèle al unísono. Al mismo tiempo, el gran telón empezó a cerrarse, ocultando gradualmente a los artistas. Una vez que el telón se cerró por completo, los bailarines de apoyo corrieron hacia Adèle, vitoreándola. El personal del teatro, que había estado muy nervioso, finalmente no pudo contenerse y subió al escenario, rodeando a Adèle. Para el público, había sido una actuación increíblemente exitosa, pero para quienes conocían la verdad, toda la experiencia les había dejado el corazón en un puño. Tras la cortina, Adèle fue asediada por las preguntas de quienes la rodeaban. Sonrió y tranquilizó a todos asegurándoles que estaba bien. Mientras lo hacía, su mirada recorrió el lugar, buscando a una persona: su compañera de baile, María. Sin embargo, pronto se dio cuenta de que “María” había desaparecido. Tras la cortina, no había rastro de ella. “Se ha ido...” En medio del ruido, Adèle murmuró suavemente mientras miraba a su alrededor en el caótico escenario. … Aunque el telón había caído, el entusiasmo del público no daba señales de amainar. Los vítores se habían transformado en animadas conversaciones mientras los espectadores debatían con avidez sobre la increíble actuación que acababan de presenciar. “¡Fue increíble... verdaderamente increíble! ¿Es Adèle quien baila? ¡Es precioso! Y su pareja también estuvo increíble. Al principio, pensé que iba a matar a Adèle; me asusté. No me esperaba que fuera parte del espectáculo. ¡Qué idea tan brillante!” Sentada en su asiento, Neftis, que había estado aplaudiendo con entusiasmo, no podía parar de exclamar emocionada. Luego se volvió hacia Dorothy, que estaba a su lado. “Señorita Dorothy, ¿vio eso? ¡Siento que venir hoy aquí valió totalmente la pena... ¿Eh?” Neftis habló con entusiasmo con Dorothy, pero de pronto notó que algo no andaba bien. Dorothy estaba recostada en su asiento, secándose el sudor de la frente con un trozo de papel, respirando con dificultad, como si estuviera exhausta. “Señorita Dorothy, ¿se encuentra bien? ¿Hace demasiado calor aquí?” “Ah... algo así. Quizá llevo demasiada ropa y hay demasiada gente aquí” respondió Dorothy, recuperando el aliento. Pero la verdad era muy distinta. En cierto sentido, Dorothy acababa de bailar toda una actuación con Adèle en el escenario; mentalmente, claro está. Sí, la pareja de baile de Adèle no era la difunta María, sino Dorothy. Dorothy había usado sus poderes espirituales para controlar a María y hacerla bailar con Adèle. Cuando Dorothy se dio cuenta de que María era una marioneta controlada por otra persona y que pretendía asesinar a Adèle durante el baile, intervino. Valiéndose de la habilidad de titiritera que había simulado como erudita, Dorothy extendió sus hilos espirituales a María y arrebató el control de la marioneta a su creador. María había sido controlada por un objeto místico similar al Anillo de Marionetas de Cadáveres de Dorothy, que la volvía rígida, torpe e incapaz de hablar. El control era débil, y Dorothy, como titiritera más hábil, tomó el control fácilmente. Cuando María intentó apuñalar a Adèle, Dorothy hizo que fallara a propósito. Dorothy había planeado inicialmente advertir a Adèle, pero para su sorpresa, Adèle, decidida a que la función continuara, arrastró a Maria, controlada por Dorothy, a un baile, aparentemente ajena al hecho de que casi había sido asesinada y aún podía estar en peligro. A Dorothy le pareció intrigante y decidió seguirle el juego, controlando a Maria para que bailara con Adèle. Para perfeccionar la danza, Dorothy aprovechó la poderosa capacidad de aprendizaje de la Erudita para estudiar los movimientos de Adèle en tiempo real. Pero Adèle pronto se percató de la rapidez con que Dorothy aprendía y, deliberadamente, aumentó la dificultad del baile, como si quisiera poner a prueba los límites de sus habilidades. Aunque Dorothy no se rindió, la intensa concentración la hizo sudar. A sus ojos, el baile cada vez más complejo y frenético de Adèle se volvía cada vez más difícil de seguir. Dorothy tenía la sensación de que si la música no se hubiera detenido, Adèle la habría conducido a algún reino prohibido. “Esta mujer... definitivamente no es normal”, pensó Dorothy. Luego centró su atención en otro asunto: María. Mientras controlaba a María, Dorothy podía sentir que quien la controlaba originalmente intentaba constantemente recuperar el control de la marioneta usando su objeto místico, pero Dorothy lo mantenía a raya. Dorothy sintió curiosidad por saber quién controlaba a María. Tras finalizar la función, aflojó deliberadamente su control, pues había descifrado las órdenes enviadas a María, que le indicaban que se marchara de inmediato. El controlador original parecía haber empleado una energía espiritual adicional en un intento por arrebatarle el control a Dorothy. Dorothy intuyó que el controlador querría recuperar a María. Así que, manteniendo un hilo espiritual unido a ella, fingió perder el control y la devolvió al controlador original. Como era de esperar, este hizo que María huyera del escenario en medio del caos. Gracias al hilo espiritual restante, Dorothy aún podía rastrear su ubicación. Si el controlador pretendía recuperarla, Dorothy podría encontrarlo. “¿Y bien… dónde está ahora la señorita María?” Con este pensamiento, Dorothy comenzó a intuir el paradero de María. … Teatro de la Ascension, dentro de un baño. Una bailarina vestida de rojo oscuro empujó la puerta del baño y entró. Tras cerrarla, se dirigió al espejo, donde el reflejo mostraba la expresión vacía e inexpresiva de María. Tras contemplar el espejo durante un instante, María alzó la mano derecha, que ahora sostenía un cuchillo de hierro común. Con movimientos rígidos, María agarró el cuchillo y lo apuntó a su abdomen. Luego, sin dudarlo, se apuñaló. Una, dos, tres veces... Con una expresión fría e inexpresiva, María se apuñaló repetidamente el abdomen, salpicando sangre por todas partes. El baño pronto quedó cubierto de sangre, y su abdomen era un amasijo destrozado. Entonces, María levantó el cuchillo y se lo llevó a la cara, haciéndose varios cortes profundos en su hermoso rostro, llegando incluso a arrancarse los ojos. Finalmente, María arrojó el cuchillo por la ventana del baño y se desplomó en el suelo. Con los ojos muy abiertos, mojó sus dedos en su sangre y comenzó a escribir letras temblorosas y torcidas en el suelo. Una a una, las letras formaron un nombre sencillo. “Adèle.”
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Estás leyendo el capítulo 269 de El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela), un novela. En medio del vapor de la revolución industrial, los misterios surgen bajo la superficie. Las sectas y las sociedades secretas buscan lo extraordinario en las sombras, mientras que los dioses ocultos contemplan a la… Este capítulo tiene publicado el 17 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli, Nishino. El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela) tiene 828 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.