Leer El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela) Capítulo 23 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli, Nishino✍️ Traducción: Crowli, Nishino
Tras decidir asistir a la reunión secreta, Dorothy se enfrentó a un dilema: qué tipo de moneda de cambio podría usar para obtener el codiciado conocimiento místico, si es que lo encontraba. Aunque creía tener algo de dinero, no estaba segura de que fuera suficiente en un entorno tan clandestino.
Tras reflexionar, Dorothy concluyó que sería más apropiado intercambiar objetos místicos por otros. Los únicos objetos místicos que le sobraban eran unos pocos dedos espirituales. Calculó que podría quedarse con uno para recargar su anillo de cadáveres, vender los dos restantes y aún así tener suficiente espiritualidad para mantener el anillo operativo durante mucho tiempo.
Sin embargo, usar los dedos espirituales para comerciar en la reunión secreta planteaba otro problema. Se sabía que la Eucaristía Carmesí asistía a tales eventos, y el intercambio abierto de sus objetos sin duda atraería la atención. Si la localizaban después de la reunión, se avecinaban problemas. Por lo tanto, lidiar con los posibles perseguidores de la Eucaristía Carmesí se convirtió en otro desafío a resolver.
¿La solución de Dorothy? Aprovechar al máximo su apariencia infantil. Planeaba actuar como si fuera una simple participante ingenua enviada por alguien. Al fin y al cabo, pocos creerían que una niña aparentemente inocente asistiera a tales reuniones por iniciativa propia.
Dorothy y su marioneta cadáver representarían entonces una función, engañando a los perseguidores de la Eucaristía Carmesí y haciéndoles creer que la marioneta era la mente maestra detrás de sus acciones. Esto desviaría su atención y permitiría a Dorothy escapar. Aprovechando las habilidades de la marioneta, podría hacerla saltar a un río para evadir la persecución.
Mientras tanto, su cuervo de vigilancia controlaría los movimientos de los perseguidores, lo que le permitiría rastrearlos hasta su base.
Ahora, Dorothy solo tenía que pasarle sutilmente cierta información a su hermano mayor, lo que provocaría que la Oficina de la Serenidad iniciara una investigación. Con sus recursos, podría desmantelar la base de la Eucaristía Carmesí.
Pero Dorothy decidió no tomar medidas inmediatas.
“Es poco probable que este sea su cuartel general; como mucho, es solo un punto de contacto. Si destruirlo solo les cuesta un pequeño centro de operaciones, no merece la pena el esfuerzo por ahora…”
Dorothy, mientras tomaba un sorbo de su café excesivamente dulce, murmuró en voz baja. Para ella, centrarse en ese punto de contacto no reportaría mucho beneficio e incluso podría alertar prematuramente a la Eucaristía.
Lo que necesitaba era esperar el momento adecuado: una oportunidad para asestar un golpe aún más devastador a la Eucaristía.
Tras dar otro sorbo a su café, Dorothy sacó un libro viejo y delgado de su pequeño bolso. Este libro, Las Crónicas del Buscador de Sueños, era un libro místico que había adquirido de Grayhill. Según Grayhill, supuestamente enseñaba a dominar los sueños y a entrar en el Paisaje Onírico.
“Un libro sobre la interpretación de los sueños… interesante. Me pregunto cuánta espiritualidad contendrá.”
Mientras Dorothy se preparaba para comenzar a leer, otro pensamiento cruzó su mente.
En la reunión, había oído repetidamente el término “veneno cognitivo”. Muchos de los artículos que se intercambiaban supuestamente protegían contra este supuesto veneno. Por ejemplo, el polvo medicinal que vendía la anciana al principio tenía precisamente ese propósito.
Dorothy sentía curiosidad: ¿Qué era exactamente ese “veneno cognitivo”? ¿Por qué los asistentes lo valoraban tanto? ¿Era algún tipo de toxina? ¿Y por qué les preocupaba tanto exponerse a él?
El individuo adinerado con el nombre en clave “Perro Pastor” había proporcionado algunas pistas.
Rechazó comprar un libro de misticismo a Grayhill, alegando que aún no había terminado de estudiar el último que había adquirido. Temía que el estudio de nuevos conocimientos pudiera acumular veneno cognitivo, contaminándolo y, finalmente, llevándolo a perder el control.
En otras palabras, ¿practicar el misticismo podría exponer a alguien a este veneno cognitivo?
Esta revelación sobresaltó a Dorothy. Ya había terminado de estudiar un libro místico: el manuscrito parcial de “El Arte de la Anatomía Sagrada”. Siendo así, ¡debía de estar ya contaminada por ese veneno cognitivo!
Pero el problema era que ella no había notado ningún efecto.
Para ella, “El Arte de la Anatomía Sagrada” no era más que un conocimiento anatómico curioso. Le resultaba un tanto inquietante, pero no lo suficiente como para abrumarla mentalmente. Si esta mínima exposición se consideraba contaminación, ¿Qué decir de las rigurosas disecciones que realizaban los estudiantes de medicina en su vida anterior? ¿Existirían siquiera los cirujanos bajo tales reglas?
Esta discrepancia desconcertaba a Dorothy. Los asistentes a la reunión parecían convencidos de que el estudio del misticismo causaba un envenenamiento cognitivo y buscaban métodos para resistirlo. Sin embargo, ella no había experimentado ninguno de esos problemas.
¿Fue cuestión de cantidad de exposición? ¿O acaso ya había sido sutilmente contaminada sin darse cuenta? ¿Pudo haber sido alterada su consciencia sin que lo supiera?
Negando con la cabeza, Dorothy descartó la idea de haber sido contaminada sin darse cuenta. De ser así, alguien a su alrededor” en especial su hermano Gregor, líder de escuadrón de la Oficina de la Serenidad habría notado algo extraño.
Además, si el veneno cognitivo fuera insidioso e indetectable, no habría forma de resistirlo ni de prevenirlo. El hecho de que tantas personas buscaran remedios en la reunión sugiere que sus efectos eran perceptibles para la mente consciente.
Así pues, parecía ser una cuestión de grado.
Con esta idea en mente, Dorothy decidió realizar un pequeño experimento.
Tras terminar su café, tomó un carruaje hasta una zona apartada a orillas del río, en las afueras de la ciudad.
Bajo el sol de la tarde, Dorothy se sentó en la orilla del río, cubierta de hierba, mientras la brisa susurraba entre los juncos. Tomó “Las Crónicas del Buscador de Sueños” y se dispuso a leerlo página por página. Mientras leía, vigilaba atentamente su estado mental para observar cualquier cambio que pudiera indicar los efectos de un envenenamiento cognitivo.
Si sentía alguna molestia, estaba preparada para parar inmediatamente.
Dorothy eligió un lugar tan remoto para leer el libro porque, en caso de que ocurriera lo peor” si perdía el control inesperadamente”, no lastimaría a nadie de los alrededores. Al menos, podría arrojarse al río para refrescarse y recuperar la compostura.
En resumen, el experimento de Dorothy comenzó oficialmente. Se sentó bajo un árbol, abrió con cuidado el viejo libro y comenzó a leer con atención.
Una página más abajo… no pasó nada. Dos páginas más abajo… seguía sin pasar nada. Tres páginas más abajo… todo seguía igual.
Y así, Dorothy continuó leyendo, página tras página.
A la orilla del río, en una tranquilidad absoluta, bajo la frondosa arboleda, la serena y hermosa joven estaba absorta en su libro. La brisa del río mecía suavemente la hierba y su cabello, las hojas caídas flotaban perezosamente y el suave murmullo del viento y el agua armonizaba de fondo. En ese instante, si el libro que sostenía en sus manos fuera una obra maestra de la literatura clásica en lugar de un conocimiento prohibido, la escena habría sido el comienzo perfecto para un drama romántico escolar protagonizado por una heroína estudiosa.
Lamentablemente, el libró no podía ser cambiado.
…
En el número 22 de la Calle Elmwood Oeste.
En un estudio meticulosamente decorado, un hombre de mediana edad, de complexión normal, vestido con pijama, calvo y con la piel flácida, estaba sentado en un sillón. Sostenía un cigarrillo en la mano y su expresión era grave. Arrodillados sobre la alfombra frente a él, había dos hombres.
“¿Entonces dices que… apareció un dedo del “Cáliz” en la reunión de Grayhill? ¿Y que era claramente algo fabricado por la organización?” preguntó el hombre de mediana edad con severidad, mientras el humo se arremolinaba a su alrededor. Los dos hombres respondieron de inmediato.
“Sí, señor Burton. Incluso el propio Grayhill confirmó que era algo de la organización. ¡No hay duda al respecto!"
“El vendedor no se atrevió a aparecer en persona y envió a una niña a la reunión para que se encargara de la transacción. Al final, utilizaron el tesoro de la organización para intercambiarlo por un libro místico de Grayhill. ¡Los seguimos la pista, pero salto al río Arcilla de Hierro a mitad de camino!”
Tras escuchar su informe, el hombre llamado Burton guardó silencio, como perdido en sus pensamientos. Después de dar otra calada a su cigarrillo, habló.
"¿Vieron bien la apariencia del vendedor?”
“Sí, señor. Parecía tener unos veinte años, iba bien vestido, era un poco alto y delgado, con la piel pálida, como si estuviera enfermo.”
Los dos hombres describieron la figura con detalle, ya que durante la persecución se habían acercado lo suficiente como para recordar claramente sus rasgos.
El ceño de Burton se frunció aún más mientras escuchaba. Finalmente, tras exhalar una larga bocanada de humo, apagó el cigarrillo en el cenicero y se levantó lentamente del sillón. Caminó hacia su escritorio, rebuscó en un cajón y sacó una fotografía. Luego regresó junto a los hombres arrodillados y les entregó la foto.
“¿Era esta persona?” preguntó Burton.
Los hombres alzaron la vista de inmediato para examinar la fotografía. En ella aparecía un hombre idéntico al que habían perseguido.
“¡Sí! ¡Es él, señor Burton!” confirmaron enfáticamente.
Burton hizo una pausa y luego dejó escapar un resoplido frío.
“Hmph…”
Regresó al escritorio, tomó una tetera y sirvió una taza de un líquido espeso, de color rojo oscuro y con un hedor rancio. Sosteniendo la taza, se acercó a los dos hombres y se la ofreció.
“Repártanlo entre ustedes”, ordenó.
“¡Muchas gracias por su generosidad, señor!” exclamaron los hombres con entusiasmo, tomando cuidadosamente la copa antes de retirarse con reverencias de agradecimiento.
Solo en el estudio, Burton volvió la mirada a la fotografía que tenía en la mano y le dio la vuelta. En el reverso, escrito con tinta roja, había un solo nombre: Edrick.
Burton se acercó a la estantería, tomó un candelabro cercano de la pared y lo giró. La estantería crujió y se movió, revelando una cámara oculta.
Dentro de la cámara se alzaba un pequeño altar, construido con huesos humanos ensangrentados, de aproximadamente la altura de la cintura. Cuatro velas rodeaban el altar, y sus llamas iluminaban la sangre fresca que brillaba sobre la estructura ósea. Esparcidos alrededor del altar yacían huesos, algunos aún con restos de carne intacta.
Sobre el altar reposaba un cráneo ensangrentado, aún unido a restos de carne. Incrustada en la parte superior del cráneo había una oreja humana, grotescamente conectada al cráneo por venas y raíces que se adentraban en el hueso y se retorcían en su interior.
Burton acarició suavemente la oreja, observando cómo se movía ligeramente. Luego, habló en voz baja.
“Caballeros, hay avances en el caso Albert. He identificado a la persona que filtró información a la Oficina de la Serenidad.”
“¡Edrick… esa rata insolente y traidora! ¡No solo está vivo, sino que ni siquiera ha sido detenido en secreto por la Oficina! ¡Fue él… él nos traicionó! ¡Él causó la muerte de Albert en Vulcan! ¡Y ahora se pasea por esta ciudad, sano y salvo, con los tesoros que nos robó!”

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Estás leyendo el capítulo 23 de El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela), un novela. En medio del vapor de la revolución industrial, los misterios surgen bajo la superficie. Las sectas y las sociedades secretas buscan lo extraordinario en las sombras, mientras que los dioses ocultos contemplan a la… Este capítulo tiene publicado el 5 de diciembre de 2025, Traducido por el grupo Crowli, Nishino. El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela) tiene 828 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.