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Leer El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela) Capítulo 152 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli, Nishino✍️ Traducción: Crowli, Nishino
Ciudad Alta de Igwynt, Iglesia de la Radiación. Por la mañana, la luz del sol entraba a raudales por los enormes vitrales e inundaba la espaciosa capilla. Vestida con un hábito de monja, Vania se arrodilló ante el altar sagrado, con expresión devota mientras recitaba sus oraciones matutinas. Oh Señor… Te doy gracias por concedernos tu nuevo resplandor en este día, permitiéndonos una vez más deleitarnos en tu gracia. Me presento ante ti nuevamente para ofrecerte mi gratitud y alabanza. Que tu grandeza sea eterna. Que tu sabiduría perdure para siempre. Siempre recordaré tus revelaciones. Gracias por proteger mi mente de la corrupción del conocimiento herético. Tú… tch…” En medio de la oración, Vania sintió de repente que algo andaba mal. Se abofeteó bruscamente la cara e interrumpió inmediatamente su recitación. “No, no, esto no está bien. La oración de la mañana no debería ser así. Empezó con normalidad, ¿cómo es que se desvió al final? En las oraciones de la mañana no se menciona alabar el conocimiento… ¡¿Y qué tontería fue esa que acabo de decir?!” La frustración y la vergüenza la invadieron. Esto la había estado preocupando durante días. Siempre que rezaba, sus palabras se desviaban inexplicablemente hacia rumbos extraños, sobre todo cuando se sumergía en un estado de sincera devoción. En resumen, mientras sus oraciones fueran superficiales, todo iba bien. Pero en cuanto rezaba con sinceridad, como solía hacerlo desde lo más profundo de su corazón, la oración se desviaba cada vez más. Esto la había estado inquietando durante los últimos dos días, y casi se le escapó algo delante de las demás monjas. “Suspiro… Debería practicar más e intentar corregirlo.” Con un suspiro silencioso, Vania decidió continuar practicando sus oraciones. Pero justo entonces, una voz la llamó desde su lado. “Vaya, vaya, hermana Vania, ¿sigues aquí ofreciendo las oraciones matutinas?” Vania se volvió hacia la voz y vio acercarse a un sacerdote corpulento. Lo reconoció: se llamaba Conde, uno de los líderes de la iglesia local, conocido por su afición a la adulación y la jactancia. “Jaja… La oración de la mañana terminó hace más de una hora, pero la hermana Vania persiste en su devoción. Semejante piedad es verdaderamente admirable. ¡Como se espera de una monja de Tivian, un ejemplo para todos nosotros!” exclamó Conde, provocando que Vania sintiera una profunda incomodidad. “Ah, jajaja… Es usted un bromista, Lord Conde. Simplemente recé un poco más de lo habitual. No es nada extraordinario…” respondió Vania con una sonrisa cortés, pensando para sí misma que solo estaba practicando, ya que solía cometer errores en sus oraciones. “Jaja, ¡qué humildad!... ¡Una verdadera virtud, hermana Vania…!” Dicho esto, ambos entablaron una charla trivial. Tras intercambiar saludos, Conde preguntó por el progreso de la misión de recuperación de la reliquia del obispo Dietrich. Vania respondió que la mayor parte del trabajo ya estaba terminada y que regresarían a Tivian en una semana. Al enterarse de que se iría en una semana, Conde aprovechó para preguntarle a Vania sobre su impresión de Igwynt. Quería saber qué opinaba de la iglesia local, con la esperanza de averiguar si, a su regreso, informaría de algo desfavorable a las autoridades. Sin embargo, Vania esquivó hábilmente sus preguntas con vagas cortesías, afirmando que tenía una muy buena impresión del lugar. Satisfecha con su respuesta, Conde se despidió con una sonrisa y se marchó. Vania, por su parte, suspiró aliviada antes de arrodillarse de nuevo ante el altar para continuar con sus oraciones. Esta vez, sacó las sagradas escrituras de su cintura, con la intención de recitar directamente de ellas para fortalecer su fe. Sin embargo, al pasar a una de las páginas, su mirada se dirigió repentinamente a una línea de texto que acababa de aparecer. “¿Está ahí?” … Unos días más tarde, en las afueras occidentales de Igwynt, la escuela Santa Amanda. Había caído la noche. Una luna menguante brillaba en el cielo. Aunque la oscuridad se cernía sobre ellos, la escuela Santa Amanda estaba iluminada con intensidad, y sus pasillos rebosaban de actividad. Los alumnos internos estaban en plena clase, y sus recitaciones resonaban en el aire nocturno, extendiéndose a lo lejos como siempre. A poca distancia de la escuela, en el sinuoso camino de montaña que descendía de una colina baja, había un carruaje estacionado. Dentro, dos figuras permanecían en silencio: Goffrey y Oswan. A través de la ventanilla del vagón, observaron la escuela, bien iluminada y a lo lejos, escuchando los ecos de sus lecciones. Oswan dejó escapar un resoplido helado. “¿Todavía dan clases a estas horas? Hmph… Ese viejo tonto no sabe nada.” “Sí, parece que aún no se ha dado cuenta de nada. Pero por si acaso… ¿deberíamos enviar a un espíritu a investigar?” sugirió Goffrey, con la intención de realizar un último reconocimiento de la escuela. Sin embargo, Oswan rechazó la idea de inmediato. “No hace falta. Ya hemos explorado el lugar nosotros mismos. Hay una barrera protectora en el interior que detecta entidades espectrales. Si enviamos un espíritu, será descubierto inmediatamente; no tiene sentido alertarlos.” “Ese anciano es astuto. Siendo un enemigo jurado del señor Cráneo de Ciervo, es imposible que no haya tomado precauciones contra los espíritus.” Goffrey asintió. En los últimos días, habían llevado a cabo diversas investigaciones en el recinto escolar. Habían encontrado claras huellas de actividad de los Beyonders; concretamente, rastros del Sendero de Piedra. Tras una exhaustiva investigación, finalmente pudieron confirmar su objetivo. El enemigo jurado de su maestro, Cráneo de Ciervo, se ocultaba en esta misma escuela. Ahora que la investigación había concluido y su presa había sido identificada, era hora de cerrar la red. El tiempo transcurría lentamente. Los dos hombres alternaban la mirada hacia la escuela a lo lejos y consultaban sus relojes de bolsillo. Por fin, llegó el momento señalado. “Ha llegado el momento. Comencemos.” “Sí. El momento óptimo para el ritual es ahora. Invoquemos al Sr. Cráneo de Ciervo.” Tras intercambiar unas breves palabras, ambos salieron del vagón y se dirigieron a la parte trasera. Al abrir el compartimento de almacenamiento, dejaron al descubierto dos maletas grandes y un ataúd largo y macizo. Primero, retiraron las maletas. Luego, trabajando en equipo, sacaron el ataúd y lo colocaron en el suelo. Después, recuperaron una gran vasija de barro del carruaje. Al abrirla, descubrieron que estaba llena de cenizas blancas y finas. Oswan comenzó a verter las cenizas sobre el suelo, trazando con esmero intrincados símbolos a su paso. Finalmente, completó una formación ritual circular. En su centro se encontraba un círculo atravesado por un triángulo invertido: el símbolo de la Piedra, la esencia de este ritual. Debajo, un símbolo más pequeño con forma de ojo cerrado representaba el Silencio. La Piedra como vía principal, con el Silencio como auxiliar: esa era la esencia de este ritual y del arte místico del Herrero de Huesos, una rama de la vía de la Piedra. Una vez finalizado el ritual, los dos hombres abrieron el ataúd. Dentro yacía un esqueleto humano completamente intacto. Contemplando los pálidos huesos, ambos extendieron las manos al unísono. El esqueleto flotó fuera del ataúd, deslizándose sobre el arreglo ritual antes de posarse lentamente sobre los símbolos dibujados con ceniza. Luego, Oswan sacó de entre sus ropas un estuche de madera finamente labrado. Al abrirlo, reveló un único hueso humano: un húmero derecho, de un negro azabache y cubierto de innumerables runas inscritas. Sosteniendo con reverencia el hueso maldito, Oswan se arrodilló ante la formación. Goffrey hizo lo mismo, retirando el húmero derecho del esqueleto y reemplazándolo con el hueso ennegrecido y grabado con runas. Luego, ambos hombres inclinaron la cabeza y comenzaron a cantar al unísono. Mientras sus conjuros resonaban en la noche, el hueso negro comenzó a emitir un brillo misterioso. La luz se extendió gradualmente, envolviendo todo el esqueleto. Un leve crujido llenó el aire al moverse los huesos, y lentamente, dentro del arreglo ritual, el esqueleto se irguió. Bajo los murmullos de los conjuros, el esqueleto humanoide se irguió por completo. Las cenizas que formaban el círculo ritual se elevaron en el aire, arremolinándose alrededor del esqueleto antes de adherirse a su forma. Gradualmente, las cenizas se condensaron, formando “piel”, luego “músculos”, luego “dedos”, luego una “nariz”, luego “orejas”, luego una “boca”... Un “hombre”. Finalmente, las cenizas se consumieron por completo, dejando tras de sí un ser formado: su cuerpo entero era de un blanco ceniciento, su rostro cincelado y hermoso como una escultura tallada en piedra. Sus ojos eran vacíos negros, sin pupilas, que emanaban una presencia inquietante. “El señor Cráneo de Ciervo…”
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El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela) Capítulo 152

Estás leyendo el capítulo 152 de El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela), un novela. En medio del vapor de la revolución industrial, los misterios surgen bajo la superficie. Las sectas y las sociedades secretas buscan lo extraordinario en las sombras, mientras que los dioses ocultos contemplan a la… Este capítulo tiene publicado el 17 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli, Nishino. El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela) tiene 828 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.