Leer El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela) Capítulo 144 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli, Nishino✍️ Traducción: Crowli, Nishino
La noche en Igwynt, en Calle Caballero, iluminada por tenues luces de color naranja amarillento.
En el piso superior de la casa número 26, en la habitación de Anna, el intenso sonido de los disparos la despertó sobresaltada. Ahora estaba acurrucada en su cama, asustada, mientras dos cazadores, disfrazados de sirvientes, la protegían.
En el balcón frente a ella, Elena, vestida de sirvienta, había preparado un rifle y disparaba contra los enemigos de abajo. La batalla era demasiado caótica: ambos bandos se enzarzaban en combates cuerpo a cuerpo, lo que dificultaba que Elena apuntara con precisión. Como artillera de los Linternas, le resultaba difícil ser eficaz en tales condiciones.
“¡Maldita sea… Están todas mezcladas, no puedo apuntar bien…”
Frustrada, Elena murmuró una queja. Por suerte, la caótica pelea dio un giro inesperado cuando, inexplicablemente, los matones comenzaron a atacarse entre sí. La balanza de la batalla cambió. Los Cazadores, liberados de su desventaja, contraatacaron de inmediato. Con varios de sus compañeros caídos uno tras otro, los matones restantes perdieron la moral y se dispersaron como pájaros asustados.
De pie en la calle Calle Caballero, Gregor, que había recuperado la movilidad, observó cómo los matones huían dispersos. Suspiró aliviado y luego dirigió la mirada a sus compañeros cazadores heridos.
¿Están todos bien...?
“¡Uf… Uf… Estamos bien, capitán! Esos bastardos tenían armas de mierda, ni siquiera pudieron atravesar nuestra armadura… La mayoría solo tenemos heridas leves… Fue solo porque nuestros cuerpos de repente dejaron de obedecernos que estábamos en este lío antes…” respondió uno de los Cazadores.
Al oír esto, Gregor asintió.
“Lo entiendo. Justo ahora, mi cuerpo también se paralizó por completo, como si estuviera poseído por un espíritu maligno. Si no hubiera sido por esos hombres que de repente se volvieron para ayudarnos, quizá ya estaría muerto…”
Mientras hablaba, Gregor dirigió la mirada al otro lado de la calle. Allí estaba un matón corpulento que blandía una maza: el mismo hombre que lo acababa de salvar traicionando a sus propios aliados. Junto a él había otros dos matones que habían actuado de forma similar.
En ese momento, los tres matones estaban alerta, escudriñando su entorno como si sospecharan algo. Al verlos, Gregor intentó saludarlos.
“Oye, hermano de allá, ¿puedes venir y…?”
¡Zas!
Antes de que Gregor pudiera terminar la frase, un sonido agudo y penetrante rasgó el aire. Una sombra surgió de la oscuridad, abalanzándose sobre los matones restantes. En un instante, al matón que blandía el mazo le cortaron la cabeza. La sangre brotó violentamente de su cuello.
“Qué-?!”
Los ojos de Gregor se abrieron desmesuradamente por la conmoción al ver morir a su “salvador” en el acto. Antes de que pudiera reaccionar, un sonido agudo resonó en el espacio. Algo volaba rápidamente hacia los matones y cazadores que quedaban.
Uno de esos objetos se dirigía directamente hacia Gregor. Intuyendo el peligro, alzó instintivamente su arma para bloquearlo. Con un fuerte estruendo, desvió el ataque y lanzó el objeto lejos, haciéndolo girar. Al observarlo detenidamente, se dio cuenta: ¡era una hoja de hueso serrada sin mango!
¡Zas! ¡Zas! ¡Zas!
Más hojas de hueso se abalanzaron sobre los Cazadores. Algunos lograron desviarlas a tiempo, mientras que otros fueron alcanzados y cayeron al suelo con gritos de dolor. Las hojas de hueso volvieron a girar en el aire, ajustando sus ángulos antes de lanzar otra oleada de ataques. Los Cazadores no tuvieron más remedio que desenvainar sus espadas para contrarrestar el implacable asalto.
El sonido nítido de las armas chocando resonaba continuamente en la noche. Gregor y su equipo luchaban por mantener la posición contra esas extrañas cuchillas de hueso voladoras que pululaban desde todas direcciones como mosquitos implacables.
Luchar contra un oponente físico era una cosa, pero estas cuchillas óseas flotantes y sin tripulación eran increíblemente difíciles de enfrentar. Atacaban desde ángulos sin restricciones, sin dejar espacio para contraataques; solo una defensa interminable.
Peor aún, eran rápidos. Bloquear un ataque ya era difícil, pero siempre venía un segundo, un tercero… Si seguían recibiendo golpes sin poder contraatacar, inevitablemente cometerían errores y caerían. Ya estaban cayendo más Cazadores, y su número disminuía rápidamente.
¡Entra en la casa!
Ante esta abrumadora desventaja, Gregor ordenó la retirada al interior. Permanecer a la intemperie era demasiado peligroso contra esas cuchillas de hueso.
“Hmph… Ninguno de ustedes se va a librar…”
Desde la ventana del cuarto piso de un edificio cercano, un hombre llamado Goffrey observaba la escena. Al ver a los Cazadores intentando refugiarse en el interior, ajustó su estrategia. En lugar de centrarse en eliminarlos directamente, priorizó bloquearles la entrada, asegurándose de que quedaran atrapados en la calle; quizá con la intención de acabar con todos ellos a la intemperie.
…
Mientras tanto, desde un tejado lejano, Dorothy observaba la situación que se desarrollaba con creciente preocupación.
“¿Qué demonios es esto… una técnica para controlar espadas? No… ¡Estas cosas están siendo controladas por esos espíritus de antes! ¡Están usando espíritus para blandir objetos! Ese bastardo oculto no es un cualquiera…”
Dorothy reflexionó. Este nivel de habilidad de Beyonder superaba con creces lo que un Beyonder de rango Aprendiz podía alcanzar. La figura oculta que controlaba estos ataques probablemente era de rango superior a Aprendiz; ¡muy probablemente de rango Negro!
“¡Ja… Parece que Igwynt tiene una nueva visita…!”
Con un resoplido helado, Dorothy volvió a centrar su atención en el campo de batalla. Al ver cómo las cuchillas de hueso habían reducido su presión ofensiva para bloquear la calle, de repente vaciló.
“¿Renuncian al ataque... solo para mantener a los Cazadores atrapados afuera? ¿Por qué? ¿Acaso las cuchillas de hueso perderían efectividad en un espacio interior más pequeño? ¿O hay alguna otra razón? ¿Podría ser...?”
Dorothy frunció el ceño, sumida en sus pensamientos, antes de que se le ocurriera una idea.
“Tal vez… debería probar algo…”
Rápidamente comenzó a controlar su marioneta cadavérica.
Bajo el implacable ataque de las cuchillas de hueso, Dorothy ya había perdido a todos sus secuaces no muertos, salvo a uno. El último títere que quedaba era un matón bajo y ágil, al parecer un ladrón en vida, que había muerto por una bala perdida durante el caos anterior. Cuando Dorothy tomó el control de su cadáver, lo encontró inusualmente ágil y útil.
Ahora bien, esta marioneta de ladrón convertida en cadáver era la última herramienta que le quedaba a Dorothy para un experimento.
Bajo su control preciso, la marioneta esquivó una hoja de hueso que se aproximaba. Esa hoja ya había destrozado a todos los demás secuaces no muertos de Dorothy y ahora parecía decidida a hacer trizas a esta también. Sin embargo, con la plena concentración de Dorothy, la marioneta se movió aún más rápido que en vida, evadiendo cada ataque.
Aprovechando la oportunidad, Dorothy ordenó a la marioneta que se lanzara hacia la puerta abierta de la Casa No. 26. La hoja de hueso que la perseguía se detuvo bruscamente en la entrada, negándose a seguirla adentro.
Los ojos de Dorothy se iluminaron al ver aquello. Esperó mientras la hoja de hueso se cernía sobre ella antes de darse la vuelta, lista para reincorporarse a la batalla contra los Cazadores. Fue entonces cuando ordenó a la marioneta que corriera de vuelta afuera.
La hoja de hueso pareció reaccionar, persiguiendo de nuevo a la marioneta; sin embargo, cuando la marioneta corrió más allá del alcance de las farolas hacia un oscuro macizo de flores, la hoja de hueso se detuvo una vez más, negándose a seguirla en la oscuridad.
“Je... ¡Así que eso es! ¡Ese tipo no puede dejar que los objetos que controla salgan de su campo de visión! ¡No puede compartir los sentidos de los espíritus en tiempo real!”
Dorothy soltó una risita. Acababa de descubrir la principal debilidad del enemigo que controlaba espíritus. Si los Cazadores lograban entrar, estarían fuera de su vista, lo que inutilizaría las cuchillas de hueso.
Recordó haber visto espíritus entrar en la Casa N.° 26 durante el día, aparentemente inspeccionando la zona antes de retirarse. Esos espíritus habían mostrado signos de confusión y miedo, emociones que una simple marioneta no debería tener.
En aquel entonces, ella sospechaba que esos espíritus eran más bien como familiares o sirvientes, que recibían órdenes y regresaban para informar, en lugar de ser controlados directamente.
Pero ahora, los espíritus se comportaban como armas teledirigidas, totalmente desprovistas de autonomía y respondiendo a órdenes en tiempo real. A diferencia de sus propias marionetas, que podían compartir su visión, el enemigo dependía únicamente de su línea de visión directa para controlar a sus espíritus.
“Así que solo puede controlarlos dentro de su campo de visión... Eso sí que es interesante.”
Al percatarse de este fallo crucial, Dorothy sonrió con malicia. Con esta información vital en mano, comenzó a formular un plan para contraatacar al enemigo invisible que acechaba en las sombras.

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Estás leyendo el capítulo 144 de El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela), un novela. En medio del vapor de la revolución industrial, los misterios surgen bajo la superficie. Las sectas y las sociedades secretas buscan lo extraordinario en las sombras, mientras que los dioses ocultos contemplan a la… Este capítulo tiene publicado el 17 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli, Nishino. El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela) tiene 828 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.