Leer El Descenso del Santo (Novela) Capítulo 99 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
"¿El Sello de la Concesión de Deseos?"
Al contemplar la luz dorada que se expandía, la consternación asomó al rostro del Oficial de Enlace Li Huai'an.
El Sello de la Concesión de Deseos era sumamente infrecuente en las escuelas budistas. Su método de cultivo resultaba en verdad sencillo: realizar tres buenas acciones al día, jornada tras jornada, sin interrupción alguna.
Sin embargo, a lo largo de las eras, contadísimas almas habían logrado comprenderlo a partir de los sutras budistas, pues dominar tal sello exigía la renuncia absoluta a uno mismo; e incluso los más eminentes monjes albergaban el deseo obsesivo de alcanzar la budeidad.
"Quién iba a imaginar que hoy tendría la fortuna de presenciar el Sello de la Concesión de Deseos", Li Huai'an soltó una seguidilla de risas frías. "En cualquier otra ocasión, este funcionario sin duda te reclutaría bajo su mando. Pero dado que eres su amo, no puedo permitirte salir con vida de la Oficina de Enlace".
Los oficiales marciales contuvieron el aliento y recompusieron la formación de la serpiente larga, lanzándose a la carga como una marea arrolladora de miles de soldados y corceles.
Gao Mei retrocedió a paso vivo en un intento por esquivar la embestida, pero a sus espaldas resonó el silbido cortante de hojas hendiendo el aire.
En algún momento indeterminado, dos guardias encubiertos habían saltado del tejado, deslizándose en silencio tras él para cortar su retirada.
Gao Mei giró en redondo y lanzó un puñetazo en barrido transversal; con la luz de Buda protegiendo su cuerpo, no temía al filo de las hojas.
Los dos guardias encubiertos evitaron el choque frontal y se replegaron de inmediato.
El Abanderado Zong Yue cargó a la cabeza de sus hombres; su sable de acero cien veces templado arrancó una estela de chispas al rozar el hombro de Gao Mei. Con un solo golpe ejecutado, Zong Yue siguió avanzando a la carrera para transferir su qi a los camaradas que venían tras él.
Repitiendo la maniobra sucesivamente, para cuando el último hombre descargó su ataque, Gao Mei se hallaba bañado en sangre de pies a cabeza, y el resplandor dorado de su piel se había apagado por completo.
El poder de los votos no era inagotable; igual que el qi, se acumulaba lentamente en tiempos ordinarios, pero se consumía con voraz rapidez al entrar en combate.
"Está a punto de agotar sus fuerzas". Zong Yue lanzó otra carga mientras los guardias encubiertos bloqueaban las vías de escape de Gao Mei.
Gao Mei, imperturbable, sacó de su regazo un talismán de papel amarillo y lo apretó con suavidad contra una de sus heridas.
Empapado en sangre fresca, el talismán liberó al instante cinco orbes de tenue luz amarillenta que, al tocar tierra, se transformaron en colosos de armadura dorada de un zhang de estatura.
Los colosos vestían armaduras completas, tenían espaldas descomunales y cinturas anchas, y sus rasgos faciales eran meras sombras borrosas.
"Talismanes daoístas...", la expresión de Li Huai'an, que observaba la contienda, cambió levemente.
La bestia espiritual había sido recuperada en la Academia Daoísta, y ahora este monje portaba talismanes... ¿Acaso la fuerza que movía los hilos era el Monasterio Chongzhen?
De ser así, no podría quedarse con aquella ave espiritual; tendría que entregarla al Comisionado Militar.
Pero si pertenecía al Monasterio Chongzhen, ¿por qué no habían querido alimentarla ni siquiera con una mísera fruta espiritual?
En ese instante, uno de los colosos de armadura dorada echó a correr a toda velocidad, embistiendo al Abanderado Zong Yue como un toro enfurecido. Este concentró de inmediato su qi en el filo del sable y descargó un tajo con todas sus fuerzas.
¡Clang!
El sable cien veces templado que empuñaba Zong Yue estalló en pedazos ante el impacto, despidiendo esquirlas de hierro como una lluvia torrencial. La violenta fuerza de retroceso desgarró la comisura entre su pulgar e índice, revolviendo su sangre y qi.
El coloso retrocedió dando traspiés, haciendo retumbar el suelo a cada paso, con media mitad de su cuerpo cuarteándose como arcilla seca.
'¿Un artista marcial de etapa intermedia?', pensó Zong Yue, sobrecogido. Justo cuando se disponía a advertir a los oficiales, vio que otros dos colosos ya habían flanqueado la posición, embistiendo contra la formación de la serpiente larga.
Zong Yue bramó:
"¡Formación cuadrada...!"
Las tropas se dispersaron con rapidez para adoptar la formación cuadrada.
Sin embargo, los dos colosos de armadura dorada se impulsaron en el aire y, cual meteoritos vivientes, se estrellaron de lleno en el centro de las filas.
El caos se desató en un instante.
Li Huai'an impartió órdenes con serenidad:
"¡Que todos los guardias encubiertos contengan a los colosos de armadura dorada! ¡Zong Yue, mata primero al monje!"
Frente a aquellos colosos que desafiaban la muerte sin vacilar, las tropas atadas a mantener una formación resultaban menos eficaces que los guerreros libres y ágiles.
Los colosos de armadura dorada carecían de intelecto y no comprendían de tácticas; bastaría con resistir hasta que su poder mágico se agotara para que se desvanecieran por sí solos.
Los guardias encubiertos abandonaron a Gao Mei y se volvieron para asediar a los cinco colosos. Los sirvientes apostados en el caballete del tejado tampoco permanecieron ociosos: tensaron sus arcos y dispararon flechas, o arrojaron redes de alambre de hierro, concentrando su fuego contra aquel coloso cubierto de grietas.
Zong Yue y los suyos se abrieron en abanico, cercando a Gao Mei con un ímpetu feroz.
En ese preciso momento, una lluvia de flechas cayó sobre ellos.
Zong Yue y los oficiales marciales desviaron las saetas con sus sables y miraron hacia lo alto del muro: aquel tipejo insoportable había regresado y disparaba flechas a traición apostado en la tapia.
Los sirvientes del tejado cambiaron de blanco y tensaron sus arcos con vigor para acribillarlo.
Huangfu Yi encogió la cabeza y gritó:
"¡Ah Gui, ¿ya está lista la catapulta?!"
"¡Lista!"
"¡Disparen!"
¿Una catapulta? En el patio, todos palidecieron de espanto. ¿Acaso los asesinos contaban incluso con semejante arma de asedio?
Al segundo siguiente, vieron una silueta oscura alzarse por encima del muro exterior, desplegar un par de alas en el aire y planear en descenso como un ave, aterrizando frente a Gao Mei.
Era un perro mecánico de rostro blanco y cuerpo laqueado en amarillo.
Un chasquido de engranajes resonó cuando la mandíbula inferior del perro mecánico se abrió; un cañón de hierro oscuro escupió una densa nube de aceite inflamable, mientras un pedernal en el fondo de sus fauces chispeaba, encendiendo al instante una feroz lengua de fuego que barrió hacia los oficiales marciales.
Zong Yue y los demás se arrojaron al suelo en desbandada, pero el aceite rociado caía como lluvia y ardía en cuanto tocaba algo; aun habiendo esquivado la llamarada directa, no consiguieron librarse de que el fuego se les prendiera al cuerpo.
Los oficiales batían los brazos con desesperación intentando sofocar las llamas.
Unas cuchillas brotaron de las extremidades delanteras del perro mecánico; dando un salto voraz, hundió sus filos en el pecho de un oficial.
En su último estertor, el oficial lanzó un contraataque agónico, descargando su sable de acero con todas sus fuerzas contra la cabeza del perro y provocando una densa lluvia de chispas.
Aprovechando que los combatientes estaban ocupados apagando el fuego, Gao Mei se lanzó a la carrera a grandes zancadas. Con puños veloces como el trueno, cargó con determinación implacable contra el Abanderado Zong Yue, buscando aniquilar al eje central de la formación.
Li Huai'an miró a los tres guardias encubiertos que quedaban a sus espaldas y ordenó con voz sombría:
"Vayan a prestar apoyo, no se preocupen por mí. El poder de los votos de ese monje está al borde del agotamiento; mátenlo primero a él".
Los mecanismos y marionetas de la Escuela Mohista contrarrestaban a la Escuela Militarista. Primero habían sido los colosos de armadura dorada y luego este artefacto que escupía fuego; si no los neutralizaban, sus oficiales marciales tendrían las horas contadas.
Los tres guardias encubiertos cruzaron miradas y se incorporaron de inmediato al combate para ayudar a la tropa a sitiar y liquidar a Gao Mei.
Li Huai'an permaneció de pie con las manos a la espalda, clavando la mirada en el campo de batalla mientras su mente analizaba los hechos con presteza.
No conseguía determinar con certeza los orígenes del enemigo: un monje que cultivaba el Sello de la Concesión de Deseos había irrumpido en la Oficina de Enlace armado con armas ocultas y venenos letales, recurriendo a los talismanes daoístas distintivos del Monasterio Chongzhen, y luego, en el instante más crítico, convocaba el auxilio de una marioneta mecánica.
Eran elementos demasiado heterogéneos.
¿En verdad los enviaba el Monasterio Chongzhen?
Mientras cavilaba en ello, el arquero abatido con anterioridad por las flechas de Huangfu Yi y el oficial al que Yan Shixu le había destrozado la garganta se pusieron súbitamente de pie. Empuñando uno un sable cien veces templado y arrancándose el otro la flecha clavada en el cuerpo, se abalanzaron para asesinar a Li Huai'an.
...
A pesar de correr la época fresca y despejada del otoño, Wei Chengshuo sentía como si se hubiese precipitado en una cueva de hielo; un escalofrío atroz brotaba de su ser, de adentro hacia afuera.
En ese fugaz instante, comprendió infinidad de cosas.
Aquella ave había aparecido precisamente durante su encuentro secreto con Yan Shixu; y nada más caer apresada por la Oficina de Enlace, Yan Shixu, quien hasta entonces no había hecho más que poner pretextos y largas, se presentó para ofrecer sus servicios.
Ahora que los oficiales marciales y los guardias encubiertos habían sido alejados por sus cómplices, en la Oficina de Enlace solo quedaban escribanos y cortesanas hu... Sin decir una palabra más, Wei Chengshuo dio media vuelta y echó a correr.
Apenas dio dos pasos, sus pies perdieron el suelo y una punzada de dolor le atenazó la nuca: alguien lo había levantado en vilo por el cuello.
"Llévame con ella, o mueres".
La voz gélida de Yan Shixu resonó a sus espaldas.
Wei Chengshuo farfulló con dificultad:
"Her... hermano Yan... ¿De verdad me perdonarás la vida?"
Yan Shixu no respondió a su pregunta. Sus dedos apretaron con lentitud implacable mientras decía con fría indiferencia:
"Antes de que te asfixies, guíame hasta encontrarla".
El rostro de Wei Chengshuo se fue poniendo cada vez más rojo mientras pataleaba con fuerza en el aire. Tras un breve forcejeo entre ambos, alzó la mano con dificultad y señaló hacia las profundidades del patio trasero.
Apretándole el cuello, Yan Shixu lo llevó a través del salón central de deliberaciones, cruzó la puerta de luna que conducía al patio trasero, pasó por los aposentos de los oficiales militares y se detuvo frente a una casa de piedra con tejado de tejas azules.
La casa de piedra estaba construida con pesados bloques de roca gris, firme e inexpugnable. Tanto puertas como ventanas contaban con gruesos cerrojos de hierro, y dos oficiales armados con sables montaban guardia en el exterior.
A pesar de que el combate en la Oficina de Enlace estremecía los cielos y sacudía la tierra, ellos permanecían firmes en sus puestos.
Al ver que Yan Shixu se acercaba usando a Wei Chengshuo como rehén, los dos oficiales desenvainaron de inmediato sus sables y se lanzaron al ataque.
Yan Shixu arrojó a Wei Chengshuo contra uno de ellos y, aprovechando el choque entre ambos, aceleró en una carrera fulgurante y asestó un feroz golpe directo en el pecho del otro oficial.
El tórax del hombre se hundió y salió despedido como un saco de arena.
Acto seguido, barrió con una patada larga que cruzó el aire como un látigo fugaz. \*¡Paff!\*... El oficial que acababa de empujar a Wei Chengshuo recibió un golpe demoledor en la cintura, y su columna vertebral crujió con un chasquido seco.
Tras despachar a los dos oficiales, Yan Shixu recogió un sable, agarró a Wei Chengshuo, se acercó a la puerta de la casa de piedra, arrancó las cadenas de hierro con violencia y empujó la puerta para entrar.
El espacio interior era reducido; solo había una escalera de piedra que descendía hacia las profundidades de la tierra.
Yan Shixu miró a Wei Chengshuo.
Wei Chengshuo se apresuró a decir:
"Abajo está la mazmorra de la Oficina de Enlace, la usamos para interrogar espías. Tu ave está allá dentro".
Yan Shixu le dirigió una mirada gélida:
"¡Baja!".
Tragándose el miedo, Wei Chengshuo empezó a descender por los peldaños, con Yan Shixu siguiéndolo a cinco pasos de distancia.
Cuanto más descendían, más pesado se volvía el hedor rancio a sangre; aquella pestilencia putrefacta y fermentada revolvía el estómago.
Yan Shixu frunció el ceño en silencio. La Oficina de Enlace de Yunshuo no era una sede prefectural y no tenía tantos prisioneros que retener; el ambiente no debería estar tan corrompido.
La mazmorra no era muy profunda y más adelante había un recodo. Wei Chengshuo caminó a paso normal hasta el final de la escalera y, de pronto, se escabulló tras la esquina, desapareciendo del campo de visión de Yan Shixu.
Yan Shixu se lanzó en su persecución de inmediato. No temía que Wei Chengshuo escapara, pues la mazmorra era un callejón sin salida, un auténtico encierro sin camino al cielo ni puerta a la tierra.
Lo que le preocupaba era que utilizara la vida de Xueyi como amenaza.
Saltó los últimos peldaños y llegó a un pasillo tenebroso. El sonido de los pasos de Wei Chengshuo resonaba en la oscuridad, alejándose cada vez más.
La mazmorra de Yunshuo era más grande de lo que había imaginado.
Yan Shixu no continuó la persecución, pues la primera cámara de piedra tras la esquina estaba iluminada por la luz de una vela. Sobre una mesa, dentro de una jaula, un pequeño loro gris yacía acurrucado en silencio, inmóvil como una escultura.
'¡Xueyi!'.
Sin preocuparse por alcanzar a Wei Chengshuo, rompió la cadena y entró en la cámara de piedra.
"Xueyi...", lo llamó en un susurro frente a la mesa.
Xueyi alzó la mirada hacia él. No habló ni se movió; tan solo derramaba lágrimas en silencio.
En sus ojos ya no quedaba el brillo de antaño, solo una opacidad que presagiaba que su lámpara de vida estaba a punto de extinguirse.
Yan Shixu se estremeció. Destrozó los barrotes de la jaula, se desató la bolsa del cinto y vertió un puñado de mijo en la palma de su mano:
"Come algo".
Xueyi entreabrió el pico con gran esfuerzo.
Yan Shixu le acercó el mijo al pico:
"Vamos, come...".
Xueyi se esforzó por abrir el pico, pero un gesto tan simple parecía consumir hasta la última gota de sus fuerzas.
'Está a punto de morir...'. El corazón de Yan Shixu se encogió.
"Te sacaré de aquí de inmediato". Yan Shixu acunó a Xueyi entre sus manos con sumo cuidado, como si fuera un puñado de arena que pudiera escurrirse entre sus dedos en cualquier instante.
En ese momento, un susurro sibilante y continuo resonó desde lo profundo del corredor.
Era el sonido de miles y decenas de miles de reptiles avanzando al unísono.
"Espérame aquí".
Yan Shixu devolvió a Xueyi a la jaula, tomó una lámpara de aceite, vertió el combustible sobre la hoja de su sable, le prendió fuego y salió empuñando el arma en llamas.
El pasillo estaba sumido en las sombras. Levantó el sable en alto y el fulgor resplandeciente del fuego disipó la oscuridad.
El suelo y las paredes del corredor estaban atestados de pequeñas serpientes de vivos colores que se arrastraban en masa, contándose por cientos y miles.
A unos cinco zhang de distancia, yacía enroscado un monstruo con torso humano y cuerpo de serpiente.
Su parte superior correspondía a la de un anciano de cabello ralo, piel pálida y rostro surcado de arrugas, con pupilas verticales de un rojo escarlata.
De la cintura para abajo, se extendía el cuerpo de una serpiente cubierto de escamas carmesíes.
Wei Chengshuo estaba de pie junto al anciano con cuerpo de serpiente, y las coloridas víboras se apartaban solas a su paso.
Abanicándose con su abanico plegable, Wei Chengshuo sonrió:
"Hermano Yan, no te lo esperabas, ¿verdad? Una Bestia Espiritual es tan importante que jamás la dejaríamos custodiada únicamente por dos oficiales militares sin rango. Creíste ser muy astuto al hacer que tus cómplices retuvieran al Oficial de Enlace, sin saber que este lugar es la verdadera guarida del dragón y la fosa del tigre. ¡Mayor, este es el hombre que lideró a sus secuaces para asaltar la Oficina de Enlace! Las bajas entre los oficiales militares han sido cuantiosas y el Oficial de Enlace está encabezando a nuestras fuerzas para repeler al enemigo".
El anciano mitad humano y mitad serpiente abrió la boca en una mueca feroz, dejando al descubierto unos colmillos alargados:
"Qué oportuno. Mis pequeños llevan varios días sin probar carne fresca; te usaré para que se den un festín".
Dicho esto, emitió un siseo tan agudo que perforaba los tímpanos.
En el angosto y sofocante pasillo, las serpientes de vivos colores saltaron en el aire, arrojándose a morder a Yan Shixu.
Las que estaban más lejos alzaron la cabeza y escupieron veneno.
Yan Shixu no esquivó ni retrocedió; en un abrir y cerrar de ojos, quedó cubierto de serpientes venenosas que lo mordían sin cesar.
"¿Se quedó petrificado del susto?". El anciano mitad humano y mitad serpiente se desconcertó por un instante, pero enseguida curvó los labios en una sonrisa cruel. Las criaturas que criaba no eran serpientes venenosas comunes, sino serpientes Gu.
Su veneno era fulminante y atroz. Incluso los miembros de la Escuela de la Agricultura, expertos en neutralizar toxinas, o los de la Escuela del Caldero de Alquimia, duchos en la farmacopea y la elaboración de píldoras, solo habrían podido retrasar los efectos a costa de perder toda su capacidad combativa.
Cuando un ser humano alcanza el límite de la furia, suele quedarse desprovisto de toda expresión. Yan Shixu ignoró por completo las serpientes venenosas que cubrían su cuerpo y clavó la mirada en el monstruo situado a cinco zhang de distancia:
"Tienes el aura del Gu impregnada en el cuerpo. ¿Por qué un ser humano querría transformarse en un Gu?".
Mientras pronunciaba esas palabras, un hilo de sangre negruzca brotó de la comisura de sus labios y su voz sonó ronca por efecto del veneno.
"¿Te estás burlando de mí?". El anciano mitad humano y mitad serpiente soltó una carcajada furiosa entre siseos: "A este anciano le costó incontables penalidades forjar este cuerpo Gu invulnerable a espadas y lanzas. Es cierto que ya no puedo volver a ver la luz del sol y que debo habitar en una mazmorra sombría, pero con tal de obtener un poder supremo, ¡cualquier precio es aceptable!".
Yan Shixu arrancó una larga serpiente multicolor clavada en su pecho y apretó la cabeza del reptil en su puño:
"Comer Gu todavía tiene un pase; comer personas me daría algo de asco".
El entrecejo de Yan Shixu se rasgó y de la hendidura asomó una pupila vertical escarlata, semejante a un farol ensangrentado, que contempló con fría fijeza a los dos individuos frente a él.
Al ser observado por aquel ojo, Wei Chengshuo solo sintió un escalofrío que le erizó la piel por completo, sin experimentar ningún otro malestar.
Sin embargo, el anciano mitad humano y mitad serpiente sintió como si un rayo lo hubiera alcanzado en seco, experimentando el terror visceral de hallarse ante su depredador natural.
"Sss... sss...".
Se produjo una escena insólita: la masa de serpientes comenzó a retorcerse frenéticamente, huyendo despavorida en todas direcciones.
Yan Shixu se metió la cabeza de la serpiente en la boca y comenzó a masticarla a grandes bocados.
\*¡Crac, crac!\*
Sus dientes de acero trituraron la carne y los huesos, manchándose la boca de sangre, y en cuestión de instantes devoró la serpiente entera.
"Sabe a pescado rancio y apesta; no es nada buena". Las pupilas de Yan Shixu se contrajeron y se alargaron hasta convertirse en hendiduras verticales, sus colmillos se pronunciaron y en sus mejillas brotaron unas finas escamas rojas mientras asimilaba y neutralizaba las toxinas en su cuerpo.
Quizá debido a que sus facciones eran demasiado atractivas, su aspecto en ese momento no resultaba monstruoso, sino que desprendía un encanto salvaje y demoníaco.
"Tú... tú...", balbuceó el anciano mitad humano y mitad serpiente, invadido por el pánico. "¡¿Qué clase de monstruo eres?!".
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• Novela: Lín Shèng / 临圣
• Autor: Mai Bao Xiao Lang Jun (卖报小郎君)
• Traductor: Inmensurable
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El Descenso del Santo (Novela)
Capítulo 100
El Descenso del Santo (Novela) Capítulo 99
Estás leyendo el capítulo 99 de El Descenso del Santo (Novela), un novela. En este mundo, ¿quién mueve las piezas del tablero y quién es tan solo un peón? La pluma y la espada grabaron la lealtad y la rectitud, solo para volverse y conspirar con traición. Las danzas en el Salón del Trono… Este capítulo tiene publicado el 17 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Descenso del Santo (Novela) tiene 108 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.