Leer El Descenso del Santo (Novela) Capítulo 95 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Yan Shixu daba vueltas y más vueltas por la habitación.
En el interior no había plumas caídas ni rastros de sangre, lo que descartaba la posibilidad de que hubiera entrado un gato salvaje o un ladrón.
Corrió de nuevo al patio para revisar si había huellas bajo la ventana y si el polvo acumulado en el marco presentaba anomalías.
Confirmó que Xueyi se había marchado por su propia cuenta.
Esto le dio un ápice de consuelo; al menos, Xueyi no había sufrido daño.
Yan Shixu recogió su equipaje y se sentó con las piernas cruzadas en la cama baja para regular la respiración y nutrir el qi, esperando el regreso de Xueyi.
Fuera de la ventana, la luz del sol se intensificaba y el trinar de los pájaros pasó de ser melodioso a un bullicio agitado. En la habitación de al lado resonaban los ronquidos ensordecedores de Huangfu Yi.
Yan Shixu esperó desde el inicio de la hora mao hasta el comienzo de la hora si.
Cuatro horas completas.
La pizca de optimismo que albergaba en el corazón terminó por hacerse añicos.
'¡Algo ha pasado!'
Yan Shixu volvió a guardar la caja de libros bajo llave en el armario, salió de los dormitorios y comenzó a buscar con angustia por toda la Academia Daoísta. De tanto en tanto alzaba la voz para llamarlo, y los gritos de "¡Xueyi!" resonaban una y otra vez en el silencioso recinto.
Inspeccionó minuciosamente las ramas de los árboles, los tejados y demás lugares donde solían congregarse las aves, pero no halló ni rastro de Xueyi.
Incluso fue a mirar a la sala de alquimia; Lianyangzi no estaba, probablemente había salido a comprar hierbas espirituales.
Yan Shixu trepó el alto muro y se adentró en el Monasterio Chongzhen.
Los pabellones y salones del Monasterio Chongzhen se sucedían unos tras otros; al no encontrar a ninguno de los tres Eruditos Asistentes con los que tenía trato, no le quedó más remedio que recurrir a un sacerdote daoísta que barría el atrio delantero para pedirle ayuda.
Tras esperar unos quince minutos en medio de la zozobra, por fin vio aparecer al Maestro Daoísta Wangyuan con sus amplias mangas ondeando al viento.
"Erudito Asistente, este estudiante necesita su auxilio", dijo Yan Shixu con premura extrema. "El pájaro que crío ha desaparecido. Por lo general le gusta venir al Monasterio Chongzhen a arrancar semillas de loto para comer; ¿podría el maestro daoísta ayudarme a buscarlo?".
"¿Un pájaro que come semillas de loto...?". El Maestro Daoísta Wangyuan se quedó perplejo. "¿Un lorito negro que huele a tinta? ¿Ese pájaro es tuyo?".
Yan Shixu mostró un destello de alegría: "¡Es él! Esta mañana desapareció de improviso. He buscado por toda la Academia Daoísta sin encontrarlo, así que quise probar suerte en el Monasterio Chongzhen".
El Maestro Daoísta Wangyuan reflexionó un instante y dijo: "Espera un momento, iré a revisar por ti en los jardines. Ese es el lugar de retiro a puerta cerrada de mi venerado maestro Yunmo, y los forasteros tienen prohibido el paso".
"Muchas gracias por su molestia, maestro daoísta". Yan Shixu se apresuró a hacer una reverencia.
Al ver su expresión de apremio, el Maestro Daoísta Wangyuan sacó un talismán daoísta de su manga y se lo pegó en la parte exterior del muslo. De inmediato se formó bajo sus pies una corriente de aire que lo elevó ligeramente, y en apenas dos o tres pasos desapareció de su campo de visión.
Al cabo de lo que tarda en beberse una taza de té, el Maestro Daoísta Wangyuan regresó cabalgando el viento y sacudió la cabeza: "No lo he visto. En la orilla del estanque no hay vainas de loto recién arrancadas; hoy no ha venido al Monasterio Chongzhen".
La esperanza en los ojos de Yan Shixu se extinguió poco a poco.
"Muchas gracias, maestro daoísta. Este estudiante irá a buscar a otra parte". Yan Shixu dio media vuelta y se marchó.
Tras abandonar el Monasterio Chongzhen, trepó de nuevo el muro y regresó a la Academia Daoísta.
Mientras caminaba hacia los dormitorios, se devanaba los sesos analizando la situación:
A juzgar por los indicios en la habitación, Xueyi se había marchado por su propia cuenta, sin haber afrontado peligro alguno.
Tal circunstancia no admitía más que dos posibilidades: primero, que alguien conocido lo hubiera llamado para salir; segundo, que algo lo hubiera seducido o atraído hacia afuera.
La primera opción era poco probable, a menos que... hubiera venido su verdadero dueño, aquel Señor de la Montaña del Monte Niutou.
Las bestias espirituales eran raras, y Xueyi no solo comprendía el lenguaje humano, sino que poseía un potencial ilimitado; si aquel Señor de la Montaña había perdido a su pájaro, con seguridad saldría a buscarlo.
Pero no debía marcharse sin despedirse, ni había motivo para hacerlo.
Después de todo, si un "menor" de la familia se extraviaba y era acogido por alguien afuera, recibiendo sus favores, aunque no retribuyera la gratitud, al menos daría aviso para saldar la causa y efecto y forjar un buen lazo kármico.
Sin embargo, la segunda posibilidad tampoco era muy factible. Xueyi era asustadizo, y tras haber estado cautivo una vez, se había vuelto todavía más cauteloso.
Además, si alguien tenía los medios para atraer a Xueyi, significaba que lo había localizado con precisión, por lo que entrar a la habitación a atraparlo habría sido mucho más sencillo.
Al entrar en el patio, se sentó junto al escritorio bajo la acacia, sintiéndose cada vez más inquieto y angustiado a medida que le daba vueltas al asunto.
Xueyi se había perdido desde la noche anterior; el periodo de oro era de apenas veinticuatro horas y ya había transcurrido la mitad. Cuanto más se demorara, menores serían las probabilidades de recuperarlo.
Pero la Capital Oriental era inmensa y Xueyi podía volar; ¿adónde demonios iría a buscarlo?
En ese momento, Huangfu Yi salió de su habitación bostezando y sosteniendo una jofaina de madera. Al ver a Yan Shixu junto a la mesa de piedra, no pudo evitar sorprenderse: "Boheng, ¿cómo es que todavía no te has ido a casa?".
Yan Shixu permaneció sumido en sus pensamientos sin pronunciar palabra, inmóvil como una escultura.
Huangfu Yi se puso en cuclillas frente a la tinaja de agua y comenzó a asearse, diciendo encantado: "El hermano Gao es de verdad muy atento; antes de marcharse me llenó la tinaja de agua. En cuanto terminen los días de descanso, le devolveré el poder de los votos".
Esas palabras cayeron como un relámpago, disipando de golpe la niebla en la mente de Yan Shixu.
Se puso de pie de un salto y exclamó con júbilo: "¡Hermano Ziyao, gracias!".
Dicho esto, corrió a toda prisa al interior de la habitación, se cargó la caja de libros y el hatillo a la espalda, se ciñó el cuchillo corto y salió disparado del patio como una tromba.
"Qué tipo tan raro", murmuró Huangfu Yi viendo su espalda alejarse.
...
Barrio Zhende, Mercado Wugeng.
Un corcel castaño irrumpió al galope en el barrio, avanzando con premura por la vía principal repleta de baches.
Bajo un sol abrasador, el destartalado barrio comercial permanecía en completo silencio; apenas se divisaba a nadie por las calles.
Montando el caballo que había pedido prestado a la Secta Chongzhen, a Yan Shixu solo le tomó media hora cruzar a galope desde el oeste hasta el sur de la ciudad.
Frente a las puertas del Estudio Ruyuan se congregaban plebeyos vestidos con harapos, esperando en silencio la llegada de la noche.
Al rodear la propiedad hasta el patio trasero, Yan Shixu aporreó el portón con insistencia.
Al cabo de un instante, un anciano de túnica de tela burda, cabello canoso y una prominente nariz aguileña abrió el portón.
"Tío Hong, ¿el hermano Gao está adentro?", se anticipó a preguntar Yan Shixu a toda prisa.
"¿Ocurre algo urgente?". El tío Hong se hizo a un lado para franquearle el paso, al tiempo que extendía la mano para tomar las riendas: "Está meditando en la habitación del ala oeste".
Yan Shixu entró a paso presuroso y empujó la puerta del aposento occidental.
Gao Mei meditaba sentado en la estancia y alzó la vista con sorpresa: "¿Boheng? ¿Cómo es que has venido?".
'¿Acaso no había dicho que no vendría?'.
Yan Shixu dijo con apremio: "Hermano Gao, mi pájaro ha desaparecido".
Recordaba a la perfección que la última vez un mercader de sedas había acudido a implorar medicina para su padre y Gao Mei le había señalado el camino indicado. Del mismo modo, Gao Mei podía ayudarlo a encontrar a Xueyi; era la vía más rápida.
"¡Eso es fácil de resolver!". Gao Mei se puso de pie con parsimonia y lo miró fijamente en silencio.
Yan Shixu le devolvió una mirada de perplejidad.
Gao Mei sentenció con voz grave: "Para formular un voto debe haber sinceridad. Entre tú y yo no es menester quemar incienso, pero sí postrarse".
"¿Ah? Siempre pensé que el hermano Ziyao solo hacía demasiado teatro...". Yan Shixu era un hombre recto y cabal; no como Huangfu Yi, quien, aparte de comer, beber y hacer sus necesidades, deseaba pedir bendiciones para cualquier nimiedad, de modo que cada dos por tres se postraba hasta el suelo ante Gao Mei.
Yan Shixu solo lo había imitado un par de veces para pedir deseos recién ingresado en la academia; después de aquello, jamás había vuelto a recurrir a un voto. Siempre había creído que arrodillarse hasta tocar el suelo con la frente no era más que una de las payasadas de Huangfu Yi.
Gao Mei explicó: "Es un ritual imprescindible. En mi condición de buda, requiero la postración de los fieles para cosechar el Poder de los Votos".
Yan Shixu se hincó de inmediato e inclinó la cabeza hasta el suelo: "He perdido a mi pájaro, le ruego al hermano Gao que me auxilie".
Gao Mei juntó las palmas: "Ya lo he percibido... Boheng, ¿tu poder de los votos es en verdad tan intenso?".
Un destello de asombro cruzó por sus ojos, pero recobró el aplomo con presteza y cerró los párpados.
Un tenue resplandor búdico brotó de su cuerpo, otorgándole una apariencia solemne e imperturbable, desprovista de gozo y de pesar.
Tras una decena de respiraciones, Gao Mei abrió los ojos. Aquel semblante impasible quedó ensombrecido por la gravedad, y pronunció con lentitud: "Está... en la Oficina de Enlace de Yunshuo".
"¡¿La Oficina de Enlace de Yunshuo?!".
El rostro de Yan Shixu palideció de golpe.
Aquel resultado rebasaba por completo cualquier conjetura. ¿Cómo podía hallarse Xueyi en la Oficina de Enlace de Yunshuo?
Así pues, había sido la Oficina de Enlace de Yunshuo la que había atraído y apartado a Xueyi mediante ardides... Pero ¿cómo sabían que Xueyi se encontraba en la Academia Daoísta?
Al instante siguiente, el corazón de Yan Shixu dio un vuelco al desentrañar el motivo.
'¡Había sido Wei Chengshuo!'.
Él había visto a Xueyi en la Academia Daoísta, e incluso lo había contemplado a escasa distancia.
Cuando el Oficial de Enlace de Yunshuo perdió a Xueyi en su día, organizó una búsqueda ostentosa y multitudinaria. Como espía de Yunshuo, resultaba natural que Wei Chengshuo tuviese encomendada esa misión.
Era de lo más comprensible que hubiese reconocido a Xueyi.
En aquel momento seguro no lo reconoció de inmediato, pues de lo contrario no habría tenido el ocio ni la insolencia de burlarse diciendo que el pájaro era feo. Tuvo que ser a posteriori cuando cayó en la cuenta de que aquel pajarraco negro tan feo era, en realidad, el loro blanco que el Oficial de Enlace había extraviado.
Sin embargo, lo que Yan Shixu seguía sin explicarse era cómo se las había arreglado Wei Chengshuo para seducir y llevarse a Xueyi.
Gao Mei observó a su amigo, abstraído y desencajado, y comprendió que el asunto distaba de ser ordinario. Frunció el ceño y preguntó:
"¿Qué procedencia tiene ese pájaro?".
Una simple ave común jamás habría provocado semejante desasosiego en Boheng, ni habría terminado implicando a la Oficina de Enlace de Yunshuo.
Yan Shixu exhaló un largo suspiro: "Xueyi es una bestia espiritual".
Una bestia espiritual era una rareza extraordinaria, y tales prodigios desataban inevitablemente la codicia y el conflicto.
Gao Mei enmudeció al instante.
Al cabo de un momento, advirtió con tono resignado: "La Oficina de Enlace de Yunshuo está atestada de expertos; aquello no difiere de una cueva de dragones o una guarida de tigres. No es algo comparable a Yuan Feng".
Y frente a Yuan Feng casi habían quedado sepultados en la derrota.
Yan Shixu captó la advertencia subyacente, mas sacudió la cabeza con firmeza: "Xueyi no es una simple mascota espiritual; es mi familia".
El tono de Gao Mei se tornó sombrío:
"Boheng, si insistes en irrumpir en semejante foso de fieras, puedo ayudarte. Pero no será más que arrojar tu vida en vano, sin sentido alguno".
Yan Shixu exclamó con angustia: "Hermano Gao, déjame pensar... déjame pensar...".
Se sentó en el umbral de la puerta y permaneció inmóvil durante un buen rato.
Gao Mei permaneció de pie a su lado, en silencio. No intentó disuadirlo más; la avasalladora intensidad del poder de los votos lo decía todo.
En el patio, el tío Hong alimentaba al caballo con mijo y habas crudas.
De pronto, Yan Shixu se incorporó, tomó las riendas de su montura y se marchó sin mediar palabra.
"Joven amo...". El tío Hong contempló su espalda hasta que se desvaneció tras el portón trasero, y frunció el entrecejo: "¿Qué le ocurre al señor Yan?".
Gao Mei dejó escapar un suspiro: "Tío Hong, esta noche el Estudio Ruyuan no abrirá. Saldrás conmigo a recabar informes sobre la Oficina de Enlace de Yunshuo".
...
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• Novela: Lín Shèng / 临圣
• Autor: Mai Bao Xiao Lang Jun (卖报小郎君)
• Traductor: Inmensurable
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El Descenso del Santo (Novela)
Capítulo 96
El Descenso del Santo (Novela) Capítulo 95
Estás leyendo el capítulo 95 de El Descenso del Santo (Novela), un novela. En este mundo, ¿quién mueve las piezas del tablero y quién es tan solo un peón? La pluma y la espada grabaron la lealtad y la rectitud, solo para volverse y conspirar con traición. Las danzas en el Salón del Trono… Este capítulo tiene publicado el 17 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Descenso del Santo (Novela) tiene 108 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.