Leer El Descenso del Santo (Novela) Capítulo 93 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Que el predecesor de Xingchadu fuera la Oficina de Asuntos de Inspección era algo que ni los autores de relatos populares se atreverían a plasmar por escrito.
Con razón el Juez Yang había insinuado que Xingchadu mantenía turbios vínculos con ciertas figuras encumbradas de la corte imperial.
Yan Shixu comprendió que debía reexaminar a aquella organización bajo una nueva óptica.
Un antiguo departamento gubernamental que, tras ser revocado y pasar a la clandestinidad, continuaba operando sin disolverse demostraba con creces que poseía pretensiones políticas.
Entonces, ¿cuáles eran esas pretensiones políticas?
A juzgar por la postura del Anciano Letrado Confuciano, pacificar a los feudos militares constituía uno de los reclamos de Xingchadu, pero sin duda distaba mucho de ser el único.
Si su único propósito consistiera en suprimir a los señores feudales, no habría existido la menor necesidad de romper amarras con la corte imperial.
Dado que el Sacerdote Daoísta Wangji no se mostraba dispuesto a entrar en pormenores, Yan Shixu optó por callar y sepultar sus dudas en el fondo del pecho. Tras dirigir la mirada hacia Gu Hanzhang, inquirió: "¿Puedo contarle estas cosas a la Erudita Asistente Gu?".
El Sacerdote Daoísta Wangji entornó los ojos hacia él con evidente fastidio: "¡¿Tú qué crees?!".
"¡El sigilo asegura el éxito, el sigilo asegura el éxito!", rio Yan Shixu de forma seca.
Al notar que el sacerdote no tenía la menor intención de prolongar la charla, Yan Shixu se apresuró a plantear:
"Hacer recados para la Secta Chongzhen, ¿acaso incluye una paga?".
Wangji quedó pasmado un instante y se rascó la coronilla: "Quienes hemos dejado el mundo secular no tocamos las cosas amarillas y blancas... Yo no toco el dinero ni administro plata. No obstante, puedo concederte unos cuantos talismanes daoístas para que juegues un rato".
Extendió la mano, tanteó el vacío y extrajo de la nada tres hojas de papel amarillo con encantamientos.
"Este es un talismán de fuerza bruta. Puede elevar tu vigor físico al nivel de la etapa tardía del Reino Humano durante media vara de incienso". Wangji le tendió la primera lámina.
Yan Shixu la recibió y grabó con detenimiento en su memoria el trazo de cada runa.
Wangji le ofreció la segunda: "Un talismán de armadura dorada. Te permite invocar a cinco guerreros acorazados para que te auxilien, con un poder comparable al de artistas marciales de la etapa media del Reino Humano; se desvanecerán por sí solos transcurrida media vara de incienso".
A renglón seguido, le entregó la tercera: "Un talismán de escape subterráneo. Sirve para huir a treinta li de distancia. Su único defecto es que el destino queda librado al azar de la providencia celestial".
'¡Esto resulta infinitamente más provechoso que el dinero!'. Yan Shixu guardó los talismanes con extrema pulcritud, pensando para sus adentros que con sobrada razón la Escuela del Caldero de Alquimia y la Secta Shangqing enviaban discípulos año tras año a prestar servicio en la Academia Daoísta.
Capaces de aguantar castigo, golpear con contundencia y escapar velozmente: ¿quién no envidiaría semejantes recursos?
"Muchas gracias, Erudito Wangji. ¿De qué manera se utilizan estos talismanes?".
"Basta con dejar caer una gota de tu sangre sobre el papel y formular la intención en tu mente para que se activen de inmediato".
"Comprendido".
El Sacerdote Daoísta Wangji soltó un prolongado bostezo: "No le divulgues lo ocurrido esta noche a nadie, ni siquiera a mis hermanos marciales mayores. De aquí en adelante, a menos que tropieces con alguna pista crucial o con un obstáculo insalvable referente al tesoro imperial, no me busques para ninguna otra pequeñez. Bien conoces mi talante: aunque el cielo entero se derrumbe, me daría pereza mover un dedo. Si no fuera porque mi venerado maestro me forzó a hacerlo, jamás me habría molestado en cargar con semejante fardo".
"Gran Erudito, usted es como un dragón celestial que revela la cabeza pero esconde la cola; ¿cómo haré para comunicarme con usted?", indagó Yan Shixu.
A partir de mañana, su nombre pasaría a formar parte de la lista negra de la Secta Chongzhen; le resultaría imposible presentarse a plena luz del día en el monasterio en busca de alguien.
"Casi se me pasa por alto ese detalle". Wangji se propinó un manotazo en la frente, hurgó en los pliegues de su túnica y sacó un fajo de papeles amarillos: "Si surge algún contratiempo, quema una hoja; seré capaz de percibirlo".
'Este medio de contacto resulta de lo más lúgubre...'. Yan Shixu extendió el brazo dispuesto a recibir el conjunto cuando vio que el sacerdote extraía una única tira y se la ofrecía con desgana.
"¿Solo una?", protestó Yan Shixu, aturdido.
"Darte más solo serviría para interrumpir mis horas de sueño". El Sacerdote Daoísta Wangji entornó los párpados caídos y advirtió con aspereza:
"Grábate esto a fuego: ante cualquier asunto ajeno al tesoro imperial, no moveré un dedo... E incluso si atañe al tesoro, a menos que tu vida corra peligro real, ni se te ocurra llamarme; no pienso acudir".
'¿Acaso cabe mayor indolencia en este mundo? Aunque, bien mirado, en cierto sentido representa al superior ideal: no se entromete en lo cotidiano, pero no duda en respaldarte si surge una crisis auténtica ligada al deber'.
Yan Shixu guardó el papel amarillo a buen recaudo y tanteó el terreno para negociar: "Gran Erudito, ¿no podría concederme un par de talismanes más?".
Soñar con que semejante holgazán le sirviera de escolta era una quimera; por consiguiente, lo más sensato radicaba en sacarle más talismanes para salvar el pellejo.
"Te daré tres cada mes a modo de salario", zanjó Wangji. "Si logras ayudar a la Secta Chongzhen a dar con el tesoro imperial de Mingzong, el cupo de transmisión de registros daoístas del próximo año contará con una plaza para ti".
"Este estudiante jamás defraudará las elevadas expectativas del Gran Erudito". Aquella promesa, fuera un espejismo inalcanzable o no, consiguió que el corazón de Yan Shixu latiera con redoblado vigor.
La ingenua beldad Gu Xiyin le había comentado en su día que el poder inherente a los talismanes daoístas emanaba del tesoro supremo, el "Decreto Soberano del Origen Misterioso", y no del cultivo ascético personal. Es decir, incluso alguien ajeno a las escuelas daoístas, con tal de ser investido con la transmisión de registros, podía dominar las artes de los talismanes.
El Sacerdote Daoísta Wangji asintió ligeramente, soltó la escoba y el recogedor que llevaba en la mano, y ambos enseres se esfumaron al instante en la penumbra del vacío.
Acto seguido, tomó el tazón de té que flotaba suspendido en el aire y apuró su contenido de un único sorbo: "Me retiro a dormir".
Dicho esto, colocó ambas manos a la espalda y descendió los peldaños con parsimonia, alejándose con paso cansino.
Yan Shixu empuñó la linterna y avanzó unos pasos tras él, pero el descansillo de la escalera yacía sumido en tinieblas; la figura del clérigo se había disipado por completo sin dejar rastro.
En ese preciso instante, advirtió que la fuerza arcana y misteriosa que colmaba el ático se desvanecía a pasos agigantados.
Yan Shixu retornó presuroso al lado de Gu Hanzhang y adoptó de nuevo la postura que guardaba con anterioridad.
Apenas unas cuantas respiraciones más tarde, las pestañas de Gu Hanzhang aletearon levemente; el ritmo de su aliento y los latidos de su pecho regresaron acompasados, y el curso del "tiempo" en el interior del desván recobró su cadencia natural.
Yan Shixu apagó la linterna de un soplido certero y murmuró: "Ya casi es la hora Mao, Erudita Asistente. Es momento de marcharnos".
Wangji había dejado el suelo impoluto tras barrerlo, y sabiendo que Gu Hanzhang no era en modo alguno una mujer descuidada, mantener la mecha encendida solo habría servido para que notara cualquier anomalía en el entorno.
En la oscuridad, Gu Hanzhang enganchó un mechón de cabello de su sien con el dedo meñique, lo colocó tras su oreja y dejó escapar un suave: "Mjm".
Envueltos por la tenue penumbra de la noche, ambos regresaron a la residencia de Gu Hanzhang.
Yan Shixu dejó en el suelo el farol y la base del reloj de sol, fue directo hacia la mesa de té, alzó la jarra de cerámica y bebió a grandes tragos, haciendo gorgotear el agua por su garganta.
Tras más de diez segundos, dejó la jarra y soltó un sonoro eructo.
Gu Hanzhang tomó en silencio una mandarina del frutero y se sentó a un lado a pelarla.
Cuando ambos hubieron calmado la sed, fijaron al unísono la vista en la base del reloj de sol abandonada al descuido sobre el suelo.
Yan Shixu meditó cómo disponer de ella.
Según las intenciones del Maestro Daoísta Wangji, debía entregar la base a la Oficina de Asuntos de Inspección para dar inicio oficial al magno suceso de buscar el tesoro imperial perdido.
La postura del Anciano Letrado Confuciano era exactamente la misma.
Sin embargo, ahora que la base del reloj de sol había sido robada entre él y Gu Hanzhang, cómo disponer de ella requería escuchar la opinión de su cómplice.
Yan Shixu tomó la iniciativa y preguntó:
"Erudita Asistente, ¿cómo dispondremos de la base del reloj de sol? ¿Acaso la mayor Emisaria del Inframundo tiene instrucciones para el siguiente paso?".
Gu Hanzhang sacudió la cabeza:
"Mi maestra se encuentra lejos, en la secta, y no puede controlar lo que ocurre en la Capital Oriental a miles de li de distancia. Yo actúo como Emisaria del Inframundo suplente; en los asuntos de la Capital Oriental, las decisiones me corresponden a mí. Ahora que tenemos la base, el siguiente paso natural es idear un modo de infiltrarnos en la Oficina de Asuntos de Inspección para robar la esfera. No obstante, con mis fuerzas y las de los antiguos subordinados de mi maestra, es sumamente difícil infiltrarse en la Oficina de Asuntos de Inspección. El plan correcto en este momento consiste en reunir al Pintor, al Médico Oficial y al Letrado para deliberar un gran plan conjunto".
"Solo que..." Frunció el ceño y añadió: "El reloj de sol es un asunto de suma trascendencia, incomparable con una misión ordinaria. Ni siquiera me atrevo a revelarlo a los antiguos subordinados de mi maestra, y mucho menos al Letrado o al Médico Oficial, a quienes jamás he visto en persona. Si esto llega a filtrarse, tú y yo sufriremos una calamidad irremediable".
Una misión confidencial de tan extrema dificultad era idónea para que la ejecutaran élites experimentadas.
Cuanta más gente participara, más fácil sería que surgieran contratiempos.
Gu Hanzhang miró al joven a su lado:
"Podría pasarme un año entero desplegando una red con calma e indagando información de inteligencia, pero eso consumiría demasiado tiempo. El Letrado reside de forma habitual en la Capital Oriental; ¿quizá ya cuente con algún plan dispuesto?".
¡Qué alivio daba conversar con gente inteligente! Yan Shixu precisamente aguardaba esas palabras de su parte, así que respondió de inmediato:
"El señor ciertamente tiene sus estratagemas, pero los asuntos triunfan con el secreto, por lo que no me resulta conveniente divulgarlo. Si la Erudita Asistente confía en mí, puede dejar la base del reloj de sol en mis manos".
Gu Hanzhang reflexionó por un instante y asintió:
"Si es así, me parece bien".
Yan Shixu quiso preguntarle si deseaba alguna compensación, pero al pensarlo mejor, ambos pertenecían a la misma organización; cualquier recompensa que ella quisiera se la pediría a la Emisaria del Inframundo o a las altas esferas de Xingchadu. No era asunto del que un peón de bajo rango como él tuviera que preocuparse.
Yan Shixu se quitó la túnica lisa de cuello redondo y envolvió con firmeza la base del reloj de sol.
Miró a la belleza de encanto innato bajo la luz de la lámpara y dijo en voz baja:
"Pasado mañana es día de descanso... es probable que ya no regrese aquí".
Una vez entregado el reloj de sol a la Oficina de Asuntos de Inspección, su misión habría concluido.
La Oficina de Asuntos de Inspección no tendría motivo alguno para dejarlo infiltrado en la Academia Daoísta; un cambio de puesto era inevitable.
Gu Hanzhang se quedó atónita por un segundo y bajó la mirada:
"La Secta Chongzhen no dejará las cosas así. Los métodos del Maestro Daoísta Yunmo son insondables y no es descartable que disponga de medios de rastreo; lo mejor será que te marches temporalmente de la Capital Oriental".
"Tendré cuidado".
Yan Shixu se colgó el fardo a la espalda y dio media vuelta para abandonar la estancia.
Gu Hanzhang observó su figura alejarse hasta desvanecerse en la noche fuera de la puerta. Retiró la mirada, contempló el poema colgado en la pared y soltó un tenue suspiro.
...
Al regresar a su dormitorio de estudiante, Yan Shixu escondió la base del reloj de sol en el armario.
Se tendió en la cama, mirando embobado hacia el techo.
El aleteo se escuchó desde la ventana; Xueyi entró volando al aposento y, tras un suave batir de alas, se posó sobre su pecho.
"¿Ya robaste esa cosa? Lo vi todito". Dio saltitos sobre su pecho, con una voz tierna, cristalina y rebosante de regocijo.
Para la criatura, parecía que la misión de Yan Shixu fuera también la suya propia.
"Sí, ya la robamos. Pasado mañana volveremos a casa y en el futuro no vendremos más aquí", dijo Yan Shixu mientras le acariciaba la cabeza.
Xueyi recibió tantas caricias que hasta se le voltearon los ojos en blanco, pero giró la cabeza y le propinó dos picotazos para apartarle la mano.
"Pero si todavía no he terminado de leer los libros...", se quejó en voz baja.
Yan Shixu sonrió:
"Cuando más adelante ascienda de rango y prospere, te llevaré a comer y beber a lo grande. Tendrás infinitos libros por leer e inagotable grano para comer".
Al oírlo, Xueyi se alegró muchísimo y pió:
"¡Qué bien, qué bien! Te digo una cosa: las semillas de loto del Monasterio Chongzhen ya empezaron a ponerse amargas, ya ni me gustan".
Faltaba poco para la hora Mao, de modo que Yan Shixu prefirió no dormir y se quedó en la cama haciéndole compañía y charlando durante un buen rato.
Últimamente había estado sumido en el cultivo dual, pasando muchas noches fuera de su cuarto y dejando de lado a Xueyi.
En realidad, a Xueyi le asustaba mucho la soledad; a dondequiera que él fuera, la criatura lo seguía, complacida incluso si permanecían en silencio.
"Entonces, cuando asciendas de rango, ¿podré comer Loto Xuan?".
"De eso sí que no hay".
"¿Y podré comer Fruta Espiritual? Hace muchísimo tiempo que no pruebo una Fruta Espiritual; si no como Fruta Espiritual, me entra sueño. Las píldoras de Lianyangzi están todas guardadas en frascos...". Observaba a Yan Shixu con cautela, igual que un niño que aguardaba ansioso por un dulce.
"¡Si tienes sueño, duérmete!", lo reprendió Yan Shixu. "Pequeño glotón, ¿acaso sabes lo caras que son las Frutas Espirituales?".
"Oh...".
Xueyi se acurrucó junto a la cabecera de la cama y poco a poco dejó de hablar.
Se había quedado dormido.
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• Novela: Lín Shèng / 临圣
• Autor: Mai Bao Xiao Lang Jun (卖报小郎君)
• Traductor: Inmensurable
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El Descenso del Santo (Novela)
Capítulo 94
El Descenso del Santo (Novela) Capítulo 93
Estás leyendo el capítulo 93 de El Descenso del Santo (Novela), un novela. En este mundo, ¿quién mueve las piezas del tablero y quién es tan solo un peón? La pluma y la espada grabaron la lealtad y la rectitud, solo para volverse y conspirar con traición. Las danzas en el Salón del Trono… Este capítulo tiene publicado el 17 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Descenso del Santo (Novela) tiene 108 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.